¡Hola!

Después de un milenio sin la conti, al fin he podido terminarla, me llegó la famosa inspiración xD

Muchas gracias por todos sus reviews, en serio ¿Aún hay alguien?

Si es así, espero que les guste ^^

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Capitulo 4: Inesperado

Se tiró sobre su cama después de haber tomado un baño, abrazando la almohada como si ésta fuese un osito de peluche. Hizo un puchero, al mismo tiempo que observaba las estrellas por la ventana.

—Que envidia… - Susurró Karin, refiriéndose a la conversación de ésta tarde con sus amigas. De todas, ya era casi la única que estaba soltera, incluso la loca de Sakura tenía su cuento con Sasuke, pero ella ahí seguía abandonada como un perrito sin dueño.

Recordaba lo que les había contado Matsuri y se moría de las ganas por saber qué se sentía, como sería estar con el chico que se ama, si alguna vez a ella le sucedería algo parecido, ya tenía diecisiete años y seguía siendo una aburrida virgen.

—Y encima de todo ese bastardo que no me deja en paz – Se dijo con el ceño fruncido, porque estaba cansada de tener que soportar las idioteces de Suigetsu, ese tipo de verdad la exasperaba, se le notaba que la odiaba en serio y que sólo vivía por fastidiarle la vida.

Después de estar varios minutos lanzando improperios al aire, los que obviamente iban dirigidos al cara de lagartija ese, se quedó profundamente dormida, esperando por que pronto llegara un nuevo día.

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Suigetsu estaba en la casa de Sasuke, en donde había una pequeña reunión de amigos. Estaban también Naruto, Gaara y Sai, los dos primeros jugando Mortal Kombat en un play station y el tercero observando la batalla.

—¿Y dices que finalmente le pediste a Sakura que sea tu novia? – Preguntó Suigetsu divertido, bebiendo de su vaso de cerveza mientras miraba al joven Uchiha asentir con la cabeza, con su habitual seriedad.

—Así es, hoy durante la tarde – Dijo tranquilamente —. Me fue algo difícil, esa mujer es bipolar, pero supongo que me gusta así como es.

—Sí, aunque no te des cuenta la miras con una cara Sasuke… - Comentó riendo, causando que el ceño del azabache se frunciera al oírle, pues en verdad no creía que viera a Sakura con ojos de enamorado ¿O sí? ¿Tanto se le notaba?

—¡Maldición! – Exclamó de pronto Naruto, el cual acababa de perder la partida ante un triunfante Gaara, que al igual que su novia Matsuri andaba más radiante que nunca. A pesar de haber visto la decepción en los ojos de la chica aquella noche, cuando ella le preguntó si esa había sido su primera vez y él lo negó, estaba feliz por lo que había pasado entre ellos, Matsuri era sin duda la persona con quien quería estar por el resto de su vida y de eso no tenía dudas.

El rubio se llevó ambas manos a la cabeza con frustración, mientras que el pelirrojo dejaba a un lado el mando y se bebía despacio una cerveza enlatada.

—Que malo eres Naruto, no has podido vencer ni una sola vez a Gaara – Le dijo Sai con su siempre extraña sonrisa. Sai, otro chico perdidamente enamorado de su novia, a pesar de que en su relación con Ino solían tener altas y bajas, la rubia era demasiado temperamental y se peleaba con él por cualquier cosa, pero siempre lograban reconciliarse y –no porque fuese un pervertido- ahí estaba lo bueno de la relación.

—Cállate Sai, que me duele la cabeza – Dijo Naruto revolviéndose los cabellos, hasta que de pronto se puso de pie exaltado —. ¡Gaara quiero la revancha! – Exclamó, apuntando a su amigo con el índice.

El Sabaku No por su parte, le ignoró olímpicamente.

—¡Hey, no me ignores! – Le exigió Naruto, pero con un gesto de mano Gaara le hizo ver que por esta vez pasaba de largo, ya le había vencido demasiadas veces como para volver a humillarlo tan pronto.

Por su parte, Sasuke y Suigetsu siguieron en su conversación.

—Y bueno ¿Qué hay de ti? Al parecer eres el único sin novia que va quedando ¿Qué hay de Karin? – Interrogó el Uchiha, a lo que Suigetsu chasqueó la lengua.

—Ni aunque estuviera loco me fijaba en esa bruja – Respondió haciendo un desprecio, pero Sasuke no se rindió tan fácil, no era para nada un idiota –como Naruto- para no darse cuenta de lo que sucedía, que aunque Suigetsu lo negara era muy obvia la atracción que sentía hacia su amiguita la pelirroja.

—Bueno, después de todo aunque no seas tú sé que Karin encontrará un novio tarde o temprano, de hecho me comentó el otro día que le gustaba mucho un chico de universidad que conoció por ahí, en la disco creo – Dijo Sasuke, aparentando que el asunto no tenía ninguna importancia, pero se fijó en la expresión de sorpresa y molestia que ponía Suigetsu y eso le hizo darse cuenta de que había dado en el clavo con el comentario.

—¿A sí? – El albino aparentó despreocupación, pero miraba de reojo las expresiones de Sasuke —. Pues pobre chico, yo pienso que la bruja pelirroja es realmente fea.

—Sí, como digas, de todas formas sé que te gusta – Insistió Sasuke con el tema, a lo que su compañero iba a responder negativamente, pero un nuevo grito por parte de Naruto les interrumpió.

Cuando Gaara decidió darle otra paliza al rubio, los dos siguieron hablando.

—Ya te dije que no, además jamás me podría gustar una mocosa que le tiene miedo al agua – Dijo con cierta ira. La verdad era que siempre se lo había preguntado, le intrigaba saber el motivo por el que Karin jamás se lanzaba a la piscina como el resto de sus compañeros y ahora que tenía la oportunidad de averiguarlo no la dejaría pasar, porque estaba seguro de que Sasuke lo sabía, ellos dos siempre habían sido muy cercanos —. Y a todo esto dime… ¿Eso a que se debe?

—Hmp, eso es algo de ella, yo no tengo por qué contarte – Respondió, negándose rotundamente a hablar.

Suigetsu frunció el ceño, Sasuke definitivamente era muy aburrido.

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El día sábado lucía esplendoroso, mucho más para el grupo de amigas que se habían juntado en el parque a afinar los últimos detalles de su noche de chicas, la cual sería en la casa de Hinata, pues era la más grande y acogedora.

—Y bien ¿Y-ya saben como llegar? – Preguntó la inocente joven Hyûga, viendo asentir con la cabeza a todas sus amigas, las cuales se mostraban alegres por visitarla y hacer cosas de chicas toda la noche.

—Esta noche nuestra linda Matsuri-chan no se escapará de contarnos como fue su primera vez – Dijo Ino con malicia, haciendo que la pobre castaña se sonrojara como un tomate.

—I-Ino-chan, por favor – Se quejó, apenada. Las demás soltaron una risita graciosa, mientras que Karin se daba la vuelta algo frustrada. No era justo, era la única aburrida que no tendría de que hablar esta noche, tal vez lo mejor era no asistir.

—¿Te pasa algo pelos de zanahoria? – Le preguntó Sakura al mismo tiempo que le abrazaba por el cuello. La pelirroja se sonrojó un poco, odiaba cuando Sakura se ponía así y más cuando le llamaba de esa forma.

—Suéltame frentona, y déjame pensar en paz.

—Karin, a mí se me hace que hay algo que no nos has contado, y si es así, prepárate para hablar en este instante – Le amenazó Ino, mirándola con cara de malicia, a lo que la chica de lentes retrocedió unos pasos.

—N-no sé de qué hablas – Dijo algo nerviosa —. Cómo sea, iré a mi casa ahora, nos vemos en la noche… adiós – Después de sus palabras salió corriendo, dejando a sus amigas muy desconcertadas, pero nadie intentó seguirla, sabían muy bien lo loca que era Karin.

—Y-yo invité a Sari-chan – Dijo Matsuri para romper el silencio —. Y también a Temari-san ¿No hay problema verdad Hinata-chan?

—N-no, claro que no, mientras más seamos será más divertido – Respondió con una dulce sonrisa la chica Hyûga. Las demás asintieron con la cabeza y cada quien se fue por su lado.

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—Maldición – Se quejó el chico mientras miraba la lista que llevaba en la mano. Justo hoy a su mamá se le había ocurrido enviarlo a hacer el mandado, y con las ganas que tenía de ir a nadar un rato a la piscina con los chicos. Se estaba descargando de lo lindo, cuando sin querer tropezó con una persona y la tiró al suelo —. Auch, lo siento mucho.

—¿Qué no te fijas por donde caminas lagartija mal nacida? – Escuchó aquella molesta y a la vez graciosa voz que a veces le colmaba la paciencia y otras tantas le hacía reír como nunca. Había chocado con Karin y la había arrojado al suelo. Genial, justo tenía que encontrarse con la brujita cuatro ojos.

—Ya me disculpé, no fue mi intención – Dijo sereno, pero con el ceño levemente fruncido. Karin frunció los labios y el entrecejo, poniéndose de pie apresurada para limpiarse el polvo de la ropa.

—Eres un bastardo, ni siquiera me ayudaste a levantar – Le insultó.

—Oye, no me diste tiempo – Se defendió el albino. Karin le hizo un desprecio, cruzándose de brazos, al mismo tiempo que comenzaba a dar unos pasos para alejarse de él. Suigetsu la tomó del brazo entonces, impidiéndole que se fuera —. Espera, no te vayas brujita, quiero hacerte una pregunta.

—Suéltame baboso, y no tengo por qué responderte nada, déjame ir – Decía la chica molesta, tratando de liberarse del agarre, aunque claro, él tenía mucha más fuerza que ella. Suigetsu se dio cuenta de que de seguir así ella no iba a responder a lo que quería saber, así que no halló una idea mejor que sacarle la verdad por la fuerza. Jalándola del brazo, la guió hasta el enorme parque central de Konoha, que estaba cerca de donde ellos andaban.

Al centro se encontraba un hermoso y gigantesco lago, de clarísima agua, que dejaba ver incluso el fondo lleno de piedras. Al llegar ahí, Karin miró espantada el agua.

—¿Le tienes miedo al agua, verdad? – Interrogó él, con voz autoritaria y demandante, notando enseguida que la chica se veía mucho más nerviosa, desesperada por salir corriendo de ese lugar. Suigetsu rió altivamente —. Vaya, no eres tan ruda como parecías ¿No es así? Siempre creyéndote la mejor cuando no eres más que una cobarde que le teme a un poquito de agua.

—S-suéltame…

—¿Quieres que te suelte? ¿Para qué? ¿Para salir corriendo?

Karin bajó la mirada, mientras trataba de liberarse a como diera lugar del chico albino, quién no pensaba soltarla, necesitaba darle una lección y en realidad, no entendía por qué de pronto estaba tan molesto con ella, tal vez por lo que le dijo Sasuke la noche anterior.

Karin por su parte estaba reviviendo un suceso de su pasado, algo que la había marcado profundamente y que la había convertido en la chica con miedo al agua que era ahora.

—¡Déjame en paz, no me lances al agua! – Exclamó de pronto, dejando a Suigetsu sorprendido.

¡Basta, déjenme en paz! – Gritaba la pequeña Karin asustada, mientras un trío de niños algo mayores que ella la levantaban por el aire, como si fuera un saco de papas —. ¡Suéltenme!

¡Deja de llorar, tonta! – Respondió uno de ellos. Miró a sus compañeros y entre los tres asintieron con la cabeza, para luego lanzarla, directo hacia donde estaba la piscina de la escuela —. ¡Eso te pasa por desafiarnos!

Karin no sabía nadar, por lo que apenas se dio cuenta de que su pequeño cuerpo estaba en la parte más honda de la piscina, se desesperó por tratar de salir, pues sentía que se hundía cada vez más, mientras más se movía. El agua entró por su boca y su nariz, impidiéndole respirar. La vista se le nubló, los parpados pesaban.

En ese momento creyó que era su fin.

—¡Déjame, déjame sola! – Volvió a gritar, dejando al chico realmente perturbado. Él nunca pensó que Karin reaccionaría de esa manera, que la alteraría a tal punto, pero ahora que gritaba como una demente estaba en verdad preocupado, pues no parecía que se fuera a detener pronto —. ¡Vete, no quiero que me lances al agua, no quiero, no sé nadar! ¡Me voy a ahogar!

—¡Cálmate Karin! – Le gritó Suigetsu para tranquilizarla, pero nada funcionaba, ella no paraba de gritar, llevándose las manos a la cabeza como si ésta le doliera —. ¡Karin! – Insistió el albino, que ahora recibía fuertes golpes en el pecho por parte de la pelirroja.

No sabía como callarla, no sabía como detenerla, hacer que se tranquilizara. Odiaba ver como las lágrimas bajaban por sus mejillas con ahínco.

No quería verla así por más tiempo.

—¡Vete, vete de aquí, vet… ¡ - Karin no terminó su frase al sentir que sus labios era abruptamente callados ¿Por qué cosa? Por los labios de otra persona.

Suigetsu acababa de besarla, la había tomado por la cintura y sus labios permanecían unidos. Entonces ella ya no pudo ni moverse, estaba tan sorprendida que no era capaz de pensar.

De pronto se sentía envuelta por una inmensa ola de que no podía hacer que se ahogara.

Continuara…

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Bueno, eso ha sido todo por ahora.

¿Se esperaban un beso de estos dos? Pues yo, cuando comencé a escribir, no creí que terminaría así xD Lo que hacen las ideas repentinas.

En fin, nos encontramos en mis otros fics ^^

¡Bye!