Capítulo 4: Amistades lejanas
Brook abordo el tren a las tres y media de la tarde para ser exactos, cargando maletas con ligera dificultad, pues sus delgados brazos nunca fueron especialmente fuertes y aquellas maletas estaban rebosantes de souvenirs y artículos curiosos que compró de ultimo minuto. Además que al ingenuo y bien intencionado de Brook se le había ocurrido ayudar a cargar el equipaje de una hermosa señorita que iba en el mismo vagón que el. Aquella joven llevaba un atuendo muy elegante, un abrigo negro estilo Chanel, botines cafés de cuero y un sombrero crochet, que reposaba sobre su hermosa melena color anaranjado, la cual lucía un coqueto corte a la graçone. Sus ojos grises, grandes y redondos estaban enmarcados por unas gruesas pestañas y apenas retocados con un poco de maquillaje negro. ¨Esa mujer parece una muñeca escapada de la juguetería.¨ pensaba Brook mientras le ayudaba a cargar sus maletas.
- ¿Seguro que no quiere que cargue yo mi equipaje? – interrogo la dama a Brook.
- ¡Yohoho! Por supuesto que no. ¿Qué clase de caballero sería si no ayudara a cargar el equipaje de una dama?
- Las cosas han cambiado, hoy en día las mujeres podemos hacer las cosas solas.-protesto la dama mientras se acomodaba el elegante sombrero crochet que traía puesto.
- Tienes razón, por supuesto.- contestó Brook- Pero eso no es una escusa para no ser amable, además las mujeres son un poco más delicadas que los hombres y no me gustaría que usted se lastimara por cargar estas pesadas male...
Antes de acabar de decir su oración Brook se tropezó dejando que callera todo el equipaje que traía en el pasillo del tren.
- ¡Que torpe he sido! Disculpe señorita, no era mi intención haber caído al suelo de esa manera.- se disculpó el austriaco algo adolorido por el golpe.
- No hay de que disculparse, si quiere puedo cargar mis cosas a partir de este punto.- contestó la jovencita mientras cargaba una de sus maletas. – Igual le agradezco todo señor.
- Por favor, señorita yo puedo ayudarle, solo tropecé pero no pasó nada, en serio.- decía Brook notoriamente apenado.
- No se preocupe, usted fue muy amable conmigo al ayudarme a cargar mi equipaje.
- ¿De verdad esta todo bien?- preguntó Brook cortésmente- No me gustaría que usted se lastimara cargando esas pesadas maletas.
- Tranquilo señor, yo suelo cargar objetos pesados en mi trabajo y nunca me he lastimado.- contesto la simpática señorita mientras ayudaba a Brook a recoger las maletas.
Brook la observo detenidamente, si bien su cuerpo se veía fornido, ella no tenía la típica pinta de trabajar como obrera cargando objetos pesados en una fábrica o almacén, lo más probable es que ella fuera enfermera, sin embargo Brook no estaba del todo seguro de su teoría por lo que decidió preguntarle para despejar sus dudas.
- No se si sea mucha molestia preguntar cual es el oficio o profesión que ejerce usted.- preguntó Brook con curiosidad.
- ¡Oh! Yo trabajo como enfermera, de hecho mi tío Jimbei quien es doctor y yo viajamos aquí para ayudar a un asilo instalado por unos misioneros cerca de Tierra Santa, donde estuvimos ocho meses. Fue una tarea agotadora, sin embargo creo que valió mucho la pena.- contestó la jovencita sonriendo.- En fin, se supone que vamos a regresar a Estados Unidos a más tardar en dos o tres semanas, siempre y cuando no haya algún percance.
"¡Bingo!" pensó Brook para sus adentros, feliz de haber adivinado correctamente la profesión de aquella dama. Aunque por otro lado le llamo un poco la atención el acento de esa mujer, no sonaba muy típico de Estados Unidos, había un curioso acento el cual no podía identificar con precisión. Por un momento estuvo tentado a preguntar de donde venía, sin embargo Brook pensó que sería muy invasivo hacer esa clase de preguntas en ese momento. Tal vez si luego coincidían en el vagón comedor y tenia la oportunidad de hablar con ella y su tío podría saberlo. La muchacha recogió sus maletas y tras agradecer a Brook se marcho a su compartimiento en compañía de su tío, un imponente hombre rollizo de piel aperlada y cejas gruesas. Seguidos de ellos venían un señor alto y canoso, que charlaba en portugués, con su nieto un joven de complexión atlética y cabellos negros el cual parecía tener no más diecinueve o veinte años. Brook no hablaba portugués, sin embargo tenía algunas nociones básicas de la conversación de aquellos hombres. Aparentemente ellos hablaban de algo de relacionado con comida y dulces. Estos dos hombres entraron a sus respectivos compartimientos (el número dos para el nieto y el tres para el abuelo), no sin soltar una carcajada sonora, como si hubieran contado un chiste.
- ¡Hola señor Brook! – Exclamó una voz femenina. Brook de inmediato reconoció esa voz, aquella voz pertenecía a la mujer rusa con la que había compartido su merienda esa tarde. Robin permanecía tomada de la mano de su esposo, mientras buscaban sus compartimientos.
- Oh muy buenas tardes. – contestó Brook con cortesía- ¡Que agradable coincidencia encontrarlos aquí en este mismo vagón! No sabía que ustedes también viajaría esta tarde.
- ¡Nosotros pensábamos lo mismo! – contestó Franky sonriente.
- Vamos a dejar nuestro equipaje en nuestros compartimientos, espero que nos podamos encontrar pronto y charlar un rato juntos.- comentó Robin.
- ¡Yohoho! Ya casi se me olvidaba meter mi equipaje al vagón.- exclamó Brook mientras recogía sus maletas tiradas en el piso- ¡Nos vemos pronto Mr. Franky! ¡Fue un gusto saludarla señorita Robin!
- El gusto fue nuestro.- contestó Robin sonriendo de forma agradable.
Brook se apuro a buscar su compartimiento, el compartimiento numero 10 para ser exacto. ¨Me preguntó quien será mi acompañante en este compartimiento, llevo un buen rato sin subirme a un compartimiento de segunda clase.¨ pensaba Brook mientras caminaba buscando los números 10 y 11 de el compartimiento que usaría durante ese viaje. Perdido en sus pensamientos Brook se tropezó contra un muchacho joven quien cargaba muchas maletas entre sus brazos, las cuales estuvieron a punto de desparramarse por los suelos. Afortunadamente el muchacho pudo sostener todas las maletas antes de que se tiraran al piso, evitando una brutal tragedia. Brook observo al muchacho de las maletas, era rubio de vestimenta pulcra y cuerpo esbelto.
- Disculpe, no fue mi intención tropezar.- dijo el muchacho.
- No te preocupes, el error fue mío.- contestó el austriaco.
Al voltear a ver el rostro del joven Brook noto como este tenía notorias cicatrices de quemaduras en el lado izquierdo del rostro, siendo más pronunciadas en la parte cercana a su ojo izquierdo, el cual parecía estar ciego. Brook pudo también observar detalladamente la cantidad de maletas que el joven rubio estaba cargando. ¨Tres maletas de cuero, dos maletines negros, una mochila y un par de bolsas de tela, aparentemente llenas de papel o basura. Mucho equipaje para una sola persona.¨ pensó Brook. Algo de esas maletas le parecía familiar a Brook, como si ya las hubiera visto antes. Brook pensó que sería buena idea ayudarlo a cargar las maletas que llevaba, para evitarle percances al joven, pero antes de que el pudiera intervenir el joven se adelantó a entrar a el compartimiento de primera clase número uno, donde entró de forma trabajosa, esforzándose por no tirar las maletas que cargaba. Tras dejar las maletas en el compartimiento el rubio volvió a salir cargando ahora solo una maleta y se dirigió de inmediato al compartimiento doce y trece de segunda clase, dos lugares delante de el compartimiento uno de primera clase y un lugar delante el compartimiento diez y once, en el cual dormiría Brook. ¨Este joven seguro es el asistente o mayordomo del pasajero del compartimiento uno. ¨ fue la deducción de Brook.
Finalmente Brook entró a su compartimiento, donde no tuvo que esperar para conocer a su compañero de compartimiento, pues este ya se encontraba reposando en catre de abajo, roncando de forma desvergonzada. Era un hombre japonés, tuerto, de facciones fuertes y complexión atlética.
- ¿ Oficial Roronoa Zoro, es usted?- preguntó Brook en ingles al reconocer el rostro de su compañero.
- ¿Brook san? – contestó Zoro despertándose de manera lenta.
- ¡Yohohoho! Claro que soy yo.- contestó Brook- Que agradable encontrarlo aquí en Estambul.
- No puedo creer que nos volvamos a encontrar, han pasado casi dos años desde su estadía en Sapporo.- contestó Zoro en un inglés impregnado de acento japonés.- La Policía de Japón aún le agradece la ayuda que nos brindo para atrapar a el infame asesino de la señora Otohime.
- ¡Oh! No hay nada que agradecer, yo solo cumplía con mi deber. Además de no haber sido por su ayuda el caso hubiera sido irresoluble. – contestó Brook.
- No seas tan modesto, tu eres por mucho uno de los mejores detectives del mundo.
- Y usted uno de los mejores oficiales de policía que he conocido.- admitió Brook con franqueza.-
Zoro se limitó a sonreír con el alago de Brook.
- ¿Cómo van las cosas en con su familia en Austria?- preguntó Zoro a Brook.
- La verdad es que llevo más de dos años sin poner pie en mi patria.– contestó Brook con tono sombrío- El clima político se ha vuelto una pesadilla, es imposible conseguir un buen trabajo y ya casi la mayoría de mi familia ha emigrado. De hecho ya he hecho los arreglos necesarios para migrar a los Estados Unidos en cuanto antes. ¿Y como se encuentra su esposa?
- Murió. – contestó Zoro secamente.
- ¡Oh! Cuanto lo siento, le doy mis más grande pésame, Roronoa san.
- Fue el año pasado, justo un día antes de su cumpleaños. Esa noche llegue tarde del trabajo y se me hizo raro que las luces de la casa estuvieran apagadas y que no hubiera nada de cenar listo. Pensé que ella pudo haberse enfermado y que había escogido dormir temprano. Pero cuando llegue a las escaleras que daban a nuestro cuarto, ella estaba tirada en el piso sin vida. Los forenses dictaminaron que se había tropezado al bajar las escaleras y se había roto el cuello y parte del cráneo. Yo no estaba convencido, así que traté de buscar pistas que indicaran un posible asesinato o el involucramiento de alguna mafia, pero la evidencia apuntó lo contrario. Fue un accidente.
- ¡Pero que horrible! Y pensar que Kuina san era tan joven y buena.- contestó Brook conmocionado.
- La muerte no respeta a la juventud ni a las buenas costumbres, buenos y malos, jóvenes y viejos, la muerte nos toca a todos.- contestó Zoro rascando la cicatriz que tenía sobre su ojo ausente.
- Simplemente no encuentro las palabras para brindar apoyo...
- No se preocupe Brook san, ha pasado tiempo y he empezado a tomármelo de mejor manera. Sigo extrañándola pero he aprendido a vivir con ello. – contestó Zoro despreocupado
- Entiendo, señor Roronoa …
- Puedes decirme Zoro, no hay necesidad de tantos formalismos.
- Si necesita algo de ayuda… - Brook fue interrumpido por el ruido del tren que se empezó a poner en marcha.
- No necesito ayuda.- contestó Zoro con confianza- Lo que necesito es saber a que hora abre el vagó comedor. Me muero por comer algo de pescado frito y tomar un par de buenos tragos. ¿Qué dices Brook? ¿Tomamos un trago para recordar los viejos tiempos?
- No suelo tomar mucho alcohol, pero pensándolo bien no me iría mal una copita de un buen vino o algo de whisky.- contestó el austriaco.
- Ese es el espíritu. – dijo el japonés sonriendo.
Bueno ¿Qué les pareció el cuarto capítulo de mi fanfic? Yo disfrute mucho escribiéndolo.
XXXXX
Al principio tenía la duda existencial de si dejar o quitar los honoríficos japoneses que usa Zoro, pero decidí dejarlos al final de forma parecida a la que usaba Agatha Christie con Poirot al mezclar los diálogos en inglés con frases o expresiones francesas. Espero que hayan disfrutado este capítulo y recuerden que los espero con más.
