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Naruto Uzumaki no tardó en aparecer en el vestíbulo.

--- Príncipe Sasuke --- dijo con una sonrisa recelosa ---. Confieso que no se me ocurre qué puede haberle traído por aquí. ¿Un asunto de negocios, tal vez?

--- Un asunto personal.

Los dos hombres se evaluaron con la mirada. Uzumaki no pudo evitar dar un paso atrás, quizá porque había percibido el desagrado que permanecía oculto tras la expresión remota de su visitante. Con sus facciones delicadas y sus ojos azules de cachorro, parecía más joven de lo que recordaba Sasuke.

--- ¿Tomamos un refrigerio en la sala de estar? --- ofreció Naruto Uzumaki con voz titubeante ---. ¿Un té con tostadas, tal vez?

Té con tostadas. Una típica oferta inglesa. Podía considerarse incluso generosa. El refrigerio no era algo que se ofreciese rutinariamente a los invitados en aquel país. En Rusia, la tradición era dar la bienvenida a cualquier conocido, tanto amigo como enemigo, con alguna colación especial. Sasuke pensó con añoranza en la mesa tradicional de "tentempiés" rusos --- platos con pepinillos, caviar, ensaladas y pan untado de mantequilla, que se acompañaban con vasos de vodka bien frío ---, y reprimió un suspiro. Él se había creado un hogar en Inglaterra, pero nunca llegaría a sentirse del todo a gusto en una cultura tan distinta de la suya.

--- No, gracias --- murmuró ---. No te entretendré demasiado. Vengo a hablarte de los Haruno. De un Haruno en particular. --- Hizo una pausa que dedicó a observar cómo el rostro de Naruto se tensaba visiblemente ---. Quiero que pongas fin a tu relación con Sakura.

Los ojos azules se llenaron de sorpresa.

--- No entiendo… ¿El duque le ha pedido que me advirtiera de que debo mantenerme alejado de su hija?

--- No seas estúpido --- dijo Sasuke ---. Haruno es perfectamente capaz de hacer eso sin necesidad de mi ayuda.

Sasuke sacudió la cabeza, visiblemente confuso.

--- ¿Habla a título personal, entonces? ¿C-cuál es su mo-motivo?

--- No necesitas saberlo.

Uzumaki tomó aire.

--- Anoche lo vi bailar con Sakura. Dios mío, ¿qué está pasando? Usted no puede tener ningún interés personal en ella.

--- ¿Por qué no?

--- No hay nada que pueda querer de una joven como Sakura. Ciertamente, no tiene ninguna necesidad de su dote.

Sasuke arqueó una ceja.

--- ¿Piensas que el dinero es lo único que puede ofrecer Sakura?

--- Yo no he dicho eso --- se apresuró a replicar Naruto.

Sasuke mantuvo su rostro vacío de toda expresión, pero el desprecio se infiltró en su voz cuando volvió a hablar.

--- La temporada no tardará en llegar a su fin. Como de costumbre, en cuanto haya terminado aún quedarán libres unas cuantas herederas que no son lo bastante atractivas para encontrar marido. De buena gana te ofrecerán sus gordas manos para que te cases con ellas. Tú sólo quieres dinero, así que siempre te queda el recurso de escoger entre ellas. Mantente alejado de Sakura Haruno.

--- ¡Ni hablar! --- La barbilla de Naruto tembló en lo que parecía ser rabia o miedo, o alguna volátil mezcla de ambas emociones ---. Da la casualidad de que amo a Sakura, y seguiré adelante aunque todo esté en mi contra. Y ahora salga de mi casa, y no vuelva nunca.

La boca de Sasuke se curvó en una sonrisa aterradora. Por muy convincente que se mostrara Naruto en la interpretación de su papel, Sasuke podía ver a través del fingimiento, las mentiras y la manipulación.

--- Me parece que no entiendes --- murmuró.

--- Si lo que intentas es asustarme…

--- No pienso darte otra elección en lo que concierne a Sakura. Nada de visitas, nada de correspondencia, nada de encuentros furtivos. Si intentas verla, lo único que conseguirás con ello será causarte un sufrimiento innecesario.

--- ¿Me está amenazando?

La sombra de diversión desapareció, y Sasuke replicó en un tono de mortífera seriedad:

--- Te estoy prometiendo que serás tan desgraciado que maldecirás a tu madre por haberte traído al mundo. --- Esperó sin inmutarse mientras la frustración flotaba en el aire. Le encantaba ver el apuro de Naruto Uzumaki, la dura batalla que la codicia y el miedo libraban dentro de él. Uzumaki era un chacal, pero además un cobarde. Quería a Sakura y su dinero, pero no hasta el punto de arriesgarse por ello.

--- He oído hablar de todas las vidas que ha destruido --- dijo Naruto, que se había puesto rojo ---. He oído hablar de su brutalidad, de su crueldad… ¡Si se atreve a hacerle daño a Sakura, lo mataré!

--- Nadie sufrirá daño alguno… Siempre que no contradigas mis deseos.

--- ¿Por qué hace esto? --- preguntó Naruto ---. ¿Qué planes tiene para Sakura? ¡Tengo derecho a saberlo!

--- En lo que concierne a Sakura Haruno, ya no tienes derecho alguno. --- Sasuke le hizo una exquisita reverencia antes de irse, mientras Naruto Uzumaki se debatía entre la furia y la perplejidad.

Sakura silbaba alegremente mientras entraba en la villa londinense que los Haruno tenían junto al Támesis. Las mañanas de junio aún eran lo bastante frescas para una vigorosa galopada por Hyde Park. Ese día su caballo, un magnífico pero nervioso pura sangre de dos años de edad, se había mostrado bastante difícil de controlar. Con las mejillas enrojecidas y la ancha frente sudorosa a causa del ejercicio, lo primero que hizo al entrar al vestíbulo fue desabrocharse la chaqueta de montar.

--- Señorita Sakura. --- El mayordomo le ofreció una bandejita de plata sobre la que había un sobre sellado con lacre ---. Ha llegado esta carta para usted.

--- Gracias, Juugo. Me pregunto quién…--- La voz de Sakura se perdió en el silencio cuando reconoció la letra, pequeña y perfecta, que había en el sobre. La carta era de Naruto. Sakura sintió que le daba un vuelco el corazón, y miró al mayordomo ---. ¿Papá o Kurenai sabes que he recibido esta carta?

--- Ninguno de los dos la ha visto --- admitió el mayordomo.

Sakura le dirigió su sonrisa más irresistible.

--- Me parece que no hay ninguna necesidad de contárselo, ¿verdad?

--- Señorita Sakura, si me está pidiendo que los engañe…

--- Por el amor de Dios, Juugo, no te estoy pidiendo que le mientas a nadie. Lo único que quiero es que no digas nada a menos que te pregunten al respecto. ¿De acuerdo?

Juugo dejó escapar un breve, casi imperceptible suspiro.

--- Sí, señorita.

--- ¡Oh, Juugo, eres maravilloso! Te adoro. --- Sakura le dio un gran abrazo al perplejo mayordomo y corrió escaleras arriba para leer la carta en privado.

Después de haber cerrado la puerta de su habitación, se dejó caer sobre la cama sin prestar atención a las partículas de tierra que se desprendieron de sus faldas y sus botas para esparcirse por la colcha bordada. Rompió el sello de lacre y desdobló la carta. Con la punta del dedo resiguió tiernamente las primeras palabras.

"Mi queridísima Sakura:

Ojalá pudiera encontrar palabras con las que decirte lo mucho que te amo…"

Sakura dejó de leer y se llevó la carta a los labios.

--- Naruto --- susurró mientras lágrimas de felicidad acudían a sus ojos. Pero cuando bajó el papel y siguió leyendo, la sonrisa se esfumó de sus labios y la sangre huyó de su rostro.

"Mi vida ha cambiado para mejor durante estos últimos meses, ahora que te conozco, ahora que he podido disfrutar de la inmensa alegría de tenerte en mis brazos por unos instantes, algunas veces. Por eso me ha llenado de pena… No, de angustia… comprender que cualquier clase de relación entre nosotros es completamente imposible. Tu padre nunca aprobará que estemos juntos. No quiero someterte a una vida de penalidades y sacrificios, así que me veo obligado a renunciar a mi sueño de felicidad. Es difícil no ser egoísta, amor mío, pero el honor me obliga a liberarte de tu compromiso. Dejo el país durante una temporada, y no tengo idea de cuándo regresaré. No me esperes. Deseo que algún día encuentres la felicidad con alguien que pueda cuidar de ti del modo que espera tu padre. Como final a esta carta no diré au revoir sino adieu.

Siempre tuyo,

Naruto"

Sakura sintió que la mente se le quedaba en blanco por unos instantes, pero aun así fue consciente del terrible dolor que acechaba tras la nada, a la espera de poder engullirla.

--- No, no podré soportarlo. Oh, Dios… --- Se dio la vuelta en la cama y apretó la carta contra su estómago mientras intentaba respirar. Sentía la cara extrañamente seca. La pena era tan grande que ni siquiera podía llorar ---. Naruto…, no tenías que dejarme…, dijiste que esperarías. Dijiste… --- Se le hizo un nudo en la garganta. No se dio cuenta de que contenía la respiración hasta que el aire entró a sus pulmones con un brusco jadeo, al que enseguida siguió otro ---. Naruto --- murmuró, y luego guardó silencio mientras se preguntaba desesperadamente si llegaría el día en que pudiese volver a sentir algo.

Sentado frente a la chimenea, Asuma contemplaba las llamas con Kurenai apoyada en su pecho. Compartían una copa de coñac, y alternaban los sorbos con el besarse para compartir el sabor. El resplandor dorado del fuego bañaba la sala de estar, que se comunicaba con su suite privada.

--- ¿Dónde están los niños? --- preguntó Asuma.

Kurenai volteó el coñac dentro de la copa y le ofreció otro sorbo, inclinando delicadamente el borde de cristal sobre la boca de su marido.

--- En el cuarto de juegos. Ya casi es hora de bañarlos, así que supongo que debería subir a ocuparme de ellos.

--- Todavía no --- dijo él sujetándole el brazo con su mano enorme ---. Espera, que ésta es mi parte favorita de la tarde, cuando te tengo sólo para mí.

Kurenai rió y posó sus labios sobre el cuello, su zona más suave, antes del inicio de la barba.

--- Tengo que ir a ayudar a la institutriz, o los niños lo pondrán todo perdido de agua con sus chapoteos. Y quiero que vayas a ver qué le pasa a Sakura. Lleva todo el día encerrada en su habitación. Hice que la cocinera le subiera la cena, pero no sé si la habrá tocado.

Asuma frunció el ceño.

--- Probablemente echa de menos a su Uzumaki.

--- Probablemente.

--- Pensaba que a estas alturas ya se le habría pasado. ¿No hay nada que podamos hacer para acelerar el proceso?

--- Es obvio que tú nunca has padecido de la pena del amor no correspondido --- dijo Kurenai secamente.

--- La padecí contigo.

--- ¡No me digas! Pero si todo fue decidir que me amabas, y dos días después viniste a mi cama…

--- Pues fueron los dos días más largos de mi vida.

Lo dijo de todo corazón, y Kurenai no pudo evitar echarse a reír. Luego dejó la copa en el suelo y le pasó los brazos por detrás de la cintura, para que sus manos se posaran delicadamente sobre la musculosa espalda de su marido.

--- Y desde entonces hemos estado juntos prácticamente todas las noches.

--- Salvo cuando la aparición de Sasuke Uchiha se encargó de impedirlo --- dijo Asuma con expresión sombría.

--- Chis. --- Kurenai lo besó ---. Acordamos que perdonaríamos y lo olvidaríamos todo. Ya hace siete años de eso.

--- No lo he olvidado.

--- Y parece que tampoco has perdonado. --- Kurenai clavó la mirada en los ojos color marrón de Asuma y sacudió la cabeza lentamente ---. Querido mío, eres la segunda persona más terca que he conocido nunca.

--- ¿Sólo la segunda?

--- Creo que Sakura puede realmente superarte por un escaso margen.

Asuma se inclinó sobre ella y sonrió.

--- Los Haruno llevan la terquedad en la sangre --- dijo a modo de información ---. Ni Sakura ni yo podemos evitar ser un poco obstinados.

Kurenai rió suavemente y volvió la cara para esquivar sus besos.

--- ¡La sangre de los Haruno es tu excusa para todo!

Asuma usó su peso para mantenerla atrapada bajo él, y le mordisqueó amorosamente el cuello mientras Kurenai se debatía.

--- Tercos y muy apasionados… Espera, te mostraré lo apasionado que puede llegar a ser un Haruno.

--- Ya me lo has demostrado muchísimas veces --- dijo ella sin poder contener la risa.

Sus juegos se vieron interrumpidos por una brusca llamada a la puerta. Kurenai miró en esa dirección y tuvo una visión invertida de la alta silueta de Sakura. Se apartó de su esposo y se apresuró a incorporarse.

--- Sakura, querida… --- Se calló y parpadeó al ver lo pálida y abatida que estaba, como si algo le hubiera afectado muchísimo. Asuma debió de verla en el mismo instante, puesto que también se apresuró a sentarse y pronunció el nombre de su hija en un tono interrogativo.

--- Perdonen que los interrumpa --- dijo Sakura fríamente.

--- ¿Qué pasa? --- preguntó Kurenai con preocupación ---. ¿Ha ocurrido algo? Tienes muy mala cara…

--- Oh, estoy bien. --- Sakura abrió el puño y dejó caer a los pies de Asuma una hoja de papel hecha una bola. Las llamas del fuego que ardía en la chimenea la pintaron con destellos rojos y dorados ---. Espero que esto te complazca, papá.

Asuma tomó la carta sin decir palabra, sin apartar los ojos del rostro demudado de su hija.

--- Léela --- dijo Sakura secamente ---. Es de Naruto. Ha renunciado a toda esperanza de casarse conmigo. Se marcha del país, y está fuera durante una larga temporada. Gracias a ti, nunca tendré a nadie. --- Los pequeños músculos de su mandíbula temblaron violentamente ---. Nunca te perdonaré que me hayas arrebatado mi única posibilidad de ser amada.

Asuma la miró con expresión consternada.

--- Naruto Uzumaki no te amaba --- dijo en voz baja.

Sakura frunció los labios amargamente.

--- ¿Quién eres tú para decidir si me amaba o no? ¿Y qué pasa si realmente me amaba, sinceramente y con amor verdadero? ¿Cómo puedes estar tan seguro de que no te has equivocado? Mi padre, tan noble, tan sabio… ¡Tan perfecto que le basta con mirar a un hombre para ver lo que hay en su corazón y poder juzgarlo! ¡Tiene que ser estupendo saber que uno es infalible!

Asuma no respondió.

--- Tú no quieres verme casada --- continuó Sakura con creciente vehemencia ---, si no es con algún títere al que puedas controlar a tu antojo, como lo haces con todo el mundo…

--- ¡Basta! --- la interrumpió Kurenai.

Sakura volvió hacia ella su mirada llena de angustia.

--- Supongo que no pensarás que a mi padre le ha dolido oírme decir eso, ¿verdad? Tienes que querer a alguien para que sus palabras puedan hacerte daño, y yo no tengo el privilegio de figurar en la corta lista de personas que le importan a mi padre.

--- Eso no es verdad --- dijo Asuma con voz enronquecida ---. Yo te quiero, Sakura.

--- ¿De veras? Y yo que pensaba que querer a alguien significaba desear que fuese feliz… Bueno, pues guárdate eso a lo que tú llamas amor, papá. Ya me has dado bastante, tengo para toda la vida.

--- Sakura…

--- ¡Te odio!

Un estremecimiento visible de emoción le recorrió el cuerpo. En el espeso silencio que siguió a esas palabras, Sakura dio media vuelta y desapareció.