Disclaimer:
Ni los personajes ni la historia me pertenecen. El fic es de Reiya, autora en ao3,
quien amablemente me ha permitido traducirlo y adaptarlo al español que es lo único por lo tengo crédito.
Los links del fic original y links de contacto con el/la autor estan en mi perfil. Por favor revisar
Traducción realizada con su permiso.
Ver las notas finales
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Capítulo 4
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Yuuri vio a Phichit tan pronto como la puerta se abrió.
Su amigo se encontraba desparramado sobre el único sofá que tenían, sus piernas colgaban laxas al borde de este y tenía uno de sus brazos detrás de su cabeza. Tenía su teléfono en la mano y el brillo de la pantalla alumbraba siniestramente su rostro. Yuuri podía leer el cansancio en su postura y en sus pesadas pestañas.
Sin embargo, todo aquello se desvaneció cuando el sonido de la puerta cerrándose resonó en el departamento. Los ojos de Phichit se abrieron de golpe y se enfocaron en Yuuri. En el instante que sus ojos se encontraron, la expresión de Phichit se iluminó y éste se levantó del sillón, saltando hacia dónde se encontraba parado el nipón.
— ¿Cómo te fue? —preguntó con una enorme sonrisa en su rostro—. Estás sonriendo, así que algo bueno debió haber pasado.
—Estuvo... —empezó a decir Yuuri pero dejó la respuesta en el aire, no muy seguro de cómo explicar en palabras lo que había sucedido esa noche.
Sus labios continuaban cosquilleando con la persistente sensación del beso de Viktor, y él solo recuerdo ya era capaz de enviar escalofríos a través de su piel. Todavía podía sentir el pulso acelerado de su corazón, latiendo a un desenfrenado ritmo que delataba lo mucho que el ruso le había afectado. El zumbido de felicidad que había crecido en su pecho a medida que la noche había avanzado no se había desvanecido en absoluto, es más, permanecía aun ahora.
—Estuvo bien —estableció finalmente. La frase no hacía justicia, pero no había palabras que fueran capaces de resumir el modo exacto en que se estaba sintiendo.
Phichit lo observó con expectativa, esperando por más.
— ¿Y? ¿ Cómo fue? —insistió Phichit cuando Yuuri se quedó callado—. ¿A dónde te llevó? ¿Lo besaste? ¿Quieres volver a verlo?
—Sí quiero —confesó Yuuri a modo de respuesta a la última pregunta de su amigo, sabiendo que aquella sería la respuesta más fácil. A pesar de sus dudas iniciales, ahora mismo no había nada que quisiera más que volver a ver al ruso. Su ansiedad y preocupaciones originales todavía se encontraban presentes, acechando justo debajo de la superficie, pero caer en un cómodo ritmo junto a Viktor había sido tan fácil. Tan lindo sentarse juntos y simplemente compartir historias, conocerse el uno al otro. Tan adictivo saborear el beso del ruso y desear tenerlo una y otra vez, incluso después que se hubieron separado.
—Estoy feliz por ti, Yuuri —le dijo Phichit, viéndose complacido ante su respuesta—. Te mereces algo lindo en tu vida para variar.
Tomando al nipón por el brazo, Phichit lo arrastró hacia el sillón y lo arrojó sobre este, de modo que ahora se encontraran sentados lado a lado.
—Entonces, —continuó el morocho—, cuéntame más. Quiero saberlo todo.
Yuuri se quedó callado por un momento, intentando decidir por dónde comenzar. La noche entera se había sentido como un torbellino. Se había visto absorbido por el encanto de Viktor desde el momento en que esta había comenzado, incluso ahora continuaba cautivado por ello.
—Me llevó a un restaurante —comenzó a contar, decidiendo que lo mejor era comenzar por las bases—. Y debiste verlo, Phichit. Era muy elegante. Me alegra haber ido de traje porque si no…
Dejó las palabras en el aire y sacudió la cabeza, pensando en el brillo y glamur del restaurante al igual que en la impecablemente vestida clientela. Aún con el traje se había sentido sin brillo y harapiento en comparación con ellos. Si se hubiera puesto algo mucho menos formal, hubiera salido corriendo antes de que siquiera llegaran los aperitivos.
—Bueno, con el lugar que escogió para su primera cita, al menos ya sabes que él sabe cómo tratarte correctamente —señaló Phichit, viéndose medianamente impresionado de forma repentina.
Yuuri asintió, decidiendo que era mejor no mencionar lo fuera de lugar que se sintió durante todo el rato. En teoría, la locación que Víctor había escogido era maravillosa. Pero en la práctica, no mucho en realidad. La comida había sido excelente y la compañía muchísimo más, pero durante toda la noche el silencioso fondo de intranquilidad no había sido capaz de abandonarlo. Se había encontrado constantemente pensando y sobreanalizando las cosas, comparándose con todo a su alrededor y sintiéndose menos.
Pero aquello no era algo que Phichit necesitara saber. Tampoco era algo sobre lo que quisiera pensar porque, a pesar de todo, se la había pasado muy bien. Mucho más que eso, a pesar del lugar, había amado el tiempo que pasó junto a Viktor. Podía ignorar todo lo demás y simplemente enfocarse en ese hecho.
— ¿Y qué hicieron durante la cena? —continuó Phichit con una juguetona sonrisa marcándose en la esquina de sus labios—. ¿Te quedaste mirando su hermoso rostro como haces cada vez que va al café? ¿jugaron a los piecitos debajo de la mesa? ¿follaron en el baño del restaurante? Vamos, Yuuri. ¡Detalles!
— ¡No! —farfulló Yuuri y golpeó a Phichit en el hombro con una mirada de reproche en sus ojos. Sabía que su amigo sólo intentaba molestarlo, pero siempre funcionaba de todos modos.
—Solo... hablamos—respondió, rememorando la noche que acababa de vivir sin siquiera molestarse en esconder la soñadora sonrisa que sabía se estaba formando ahora mismo en su rostro. El solo sentarse y hablar nunca le había parecido algo tan atractivo antes de conocer a Viktor. Pero Yuuri podría hacerlo durante horas. Atesoraba cada uno de los nuevos detalles que había aprendido de la vida del ruso y cada una de sus propias historias había sido entregada libremente.
Cuando Yuuri regresó su mirada a Phichit, este se encontraba observandolo con una ceja levantada y una mirada evaluadora.
— ¿Qué? —preguntó Yuuri, sintiéndose cohibido de repente.
—Nada —dijo Phichit cariñosamente—. Es solo que nunca antes te había visto tan feliz por una cita.
—Me he sentido feliz por otras citas —protestó Yuuri, sintiéndose un poco insultado. Puede que su vida amorosa hubiera sido prácticamente inexistente durante el año pasado, pero antes de eso sí que había tenido un par de citas ocasionales. Era cierto que al final no habían durado, pero eso no significaba que fuera un completo inútil con respecto al romance.
—No —replicó Phichit, hincando al nipón con su dedo y haciendo que éste se retorciera—. Siempre llegas de una primera cita en estado de completo pánico por todas las cosas que crees que salieron mal y te saboteas a ti mismo antes de que algo siquiera pueda comenzar. Este es un buen cambio. Viktor realmente debe ser alguien especial.
—Lo es.
Phichit se vio satisfecho con su respuesta. Luego, después de unos segundos, su expresión se tornó pícara.
—Todavía no has respondido la pregunta más importante —le dijo a Yuuri, y éste se preparó para lo que sea que estuviera por venir—. ¿Lo besaste?
El nipón pudo sentir como el color subía por sus mejillas al recordar la forma exacta en que la noche había terminado. No respondió, pero su silencio fue suficiente confirmación.
— ¡Sí lo hiciste! —exclamó Phichit, sonando felizmente orgulloso.
Yuuri sabía que estaba todavía sonrojado, pero el sólo recuerdo de los labios de Viktor ya era suficiente para poner una sonrisa en su rostro a pesar de todo.
—Por la forma en que se estaban viendo el uno al otro, sabía que no se tardarían tanto —bromeó Phichit, codeando a Yuuri gentilmente—. ¿Cómo sucedió?
—Se ofreció a llevarme hasta la puerta, y luego me besó en el pórtico —confesó al nipón. Normalmente odiaba a hablar de su vida privada con cualquier persona, pero Phichit era diferente. Llevaban años dependiendo el uno del otro y ya no había nada que no supieran. Phichit compartía todo con él, y el muchacho tailandés era de las pocas personas con las que Yuuri estaba dispuesto a abrirse también.
—Así que después de todo sí ha tenido sus truquitos el señorito —dijo Phichit juguetonamente. Yuuri simplemente rodó los ojos y no se dignó a responder esa pregunta.
— ¿Besa bien? —añadió el morocho con una traviesa media sonrisa.
— ¡Phichit! —exclamó Yuuri, un poco escandalizado. Su amigo sólo elevó una ceja, esperando.
Yuuri suspiró y luego se rindió.
—Sí —admitió, sabiendo que era inútil privarlo de los detalles. Phichit se los sacaría a la larga sin importar lo que hiciera.
—Caliente como el infierno, buena cita, y bueno besando —listó Phichit, enumerando las características con sus dedos de forma teatral—. Parece que te sacaste la lotería con este, Yuuri.
Yuuri asintió ausente, su mente estando todavía en Viktor. Su cita había ido muy bien, mucho mejor de lo que había esperado. Y Phichit tenía razón, todo acerca del ruso parecía demasiado bueno para ser cierto.
Pero lo era, y también era suyo. Al menos por ahora.
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Al día siguiente, Yuuri fue despertado por el sonido de su teléfono. Medio adormilado, tanteó para encontrar el dispositivo, tumbando varios objetos de su mesita de noche en el proceso. Cuando finalmente lo tuvo en su mano se sentó, rascando sus ojos para eliminar el sueño antes de ver a la pantalla.
El nombre de Viktor brillaba sobre el mensaje que acababa de llegar.
Todo residuo de cansancio en el cuerpo de Yuuri desapareció en un instante. Sintiéndose repentinamente alerta, el nipón bajó su mirada hacia el mensaje, su corazón latiendo desbocado en su pecho ante la mera visión del nombre del ruso.
"Gracias por la noche de ayer, Yuuri," decía el mensaje, y las palabras se enviaron una ola de calidez a través de su cuerpo. "Realmente me la pasé muy bien".
"Yo también" escribió instantáneamente en respuesta.
Una parte de él, una que además sonaba mucho como Phichit, le recordó que probablemente debería esperar al menos unos minutos antes de responder. No quería parecer desesperado después de todo, como si hubiera estado mirando su teléfono en espera del mensaje del ruso.
Yuuri la ignoró.
Viktor claramente tampoco tenía ningún problema con responder de forma instantánea, porque otro mensaje apareció en la pantalla del nipón sólo unos segundos después.
"No puedo esperar a volverte a ver" decía este. Yuuri pudo sentir una sonrisa formándose en su rostro y a aferró el teléfono aún más fuerte, causando que los bordes de éste se clavaran contra sus palmas.
Sin embargo, antes de que tuviera oportunidad de responder, su teléfono vibró una vez más. Pero esta vez fue acompañado por el familiar tono de su alarma que resonó en la quietud de la habitación. El mensaje de Viktor lo había despertado más temprano de lo usual, pero solo por unos minutos aparentemente. Su teléfono continuó vibrando, recordándole que tenía que levantarse si quería ser capaz de llegar a tiempo al trabajo.
Suspirando, Yuuri apretó el botón para apagar la alarma y rodó fuera de la cama. A través de las finas paredes de la casa, pudo escuchar el tono de "Shall We Skate" viniendo desde la habitación de Phichit, indicando que la alarma de su amigo recién acababa de sonar también. Cuando el nipón sacó su cabeza por la puerta, se encontró con Phichit haciendo lo mismo, a demás de luciendo extremadamente infeliz por ser despertado tan temprano un lunes por la mañana.
Phichit no tenía clases hasta la tarde de ese día, por lo que ambos tenían el turno de temprano en la mañana en el local de Celestino. Luego, a la hora de almuerzo, Phichit saldría para dirigirse a sus clases y Yuuri continuaría con su turno más largo, envidiando a su amigo grandemente. La universidad podría ser estresante, pero comparado con el trabajo, definitivamente era el "menos peor" de esos dos males.
Reluctantemente, Yuuri se preparó para el trabajo, escuchando los sonidos ahogados de Phichit haciendo lo mismo que él en la otra habitación. Cuandos los dos se encontraron listos para marcharse, se dirigieron juntos al subterráneo. Ambos todavía estaban bostezando cuando se treparon al tren, el cual viajaba a velocidad a través de la familiar ruta que los llevaría a Upper West Side. Yuuri usó el tiempo de viaje para continuar escribiendole a Viktor, únicamente bajando su teléfono -renuentemente- cuando finalmente llegaron a su parada.
El café se encontraba a una distancia corta del subterráneo, y tan pronto como se encontraron dentro, Yuuri se dirigió directamente hacia las máquinas de café, lo primordial de un lunes por la mañana. Se encontraba desesperadamente necesitado de cafeína antes de poder comenzar con su día. Celestino manejaba un negocio muy relajado y usualmente permitía que sus empleados tuvieran la libertad de servirse un café en las mañanas, siempre y cuando aquello fuera antes de que los clientes llegaran.
—Hola, chicos —saludó Guang Hong brillantemente con una voz chillona mientras Yuuri se servía una generosa cantidad de café y se la bebía de una sola sentada—. ¿Cómo estuvo su fin de semana?
—Oh, ya sabes, lo usual —le respondió Phichit mientras tomaba su delantal y se unía al muchacho detrás del mostrador—. Cosas que hacer, ensayos que escribir, fiestas a las que ir.
Al otro lado de la habitación, Seung-gil les lanzó una mirada desde el lugar en el que se encontraba arreglando las mesas, y luego regresó a su trabajo sin ningún comentario. Nunca había sido el tipo de persona a la que le gustara ese tipo de charlas.
— ¿Qué hay de ti, Yuuri? —preguntó Guang Hong sin dejar de sonar entusiasta.
—No mucho —respondió Yuuri con un encogimiento de hombros.
Phichit le lanzó una mirada de incredulidad.
—Yuuri tuvo una cita —anunció Phichit como un traidor.
Yuuri no había tenido la intención de esconder su nueva y creciente relación con Viktor, pero tampoco había planeado anunciarlo a todos sus compañeros del trabajo tan pronto.
— ¿En serio? —preguntó Guang Hong al tiempo que se giraba para ver a Yuuri con curiosidad—. ¿Con quién?
Un resoplido burlón sonó desde el otro lado del café. Los tres se giraron para ver a Seung-gil, quién se encontraba observando a Guang Hong con una ligera incredulidad.
— ¿Quién es la única persona que todos conocemos y sabemos que ha estado detrás de Yuuri durante semanas? —preguntó con un tono inexpresivo en su voz.
El reflejo del entendimiento se asentó sobre el rostro de Guang Hong.
— ¿Viktor finalmente te invitó a salir? —dijo con un jadeo y Yuuri tuvo que aguantar la necesidad de soltar un suspiro. Que su extremadamente nueva relación se convirtiera en parte de los interminables chismes del café no era la forma en la que había esperado comenzar la mañana. Aunque, él suponía, Phichit debía de estarle haciendo un favor al hacer que pasara por esto rápidamente. Jamás podría ser un secreto para siempre, después de todo. No cuando todos con los que trabajaba ya conocían a Viktor y habían observado como la cercanía entre ambos había crecido a través de la semana. Al menos de esta forma podía pasar por las incómodas preguntas rápidamente y con suerte el tema no volvería a tocarse de nuevo.
—Sí —confirmó, esperando que la conversación terminar allí mismo.
Afortunadamente, el primer cliente del día escogió ese momento exacto para pasar a través de la puerta, salvando al nipón de más preguntas. Por la decepcionada mirada en el rostro de Guang Hong, era claro que su curiosidad no había sido satisfecha, pero ya no había tiempo para que indagar más profundo. Por lo tanto, Yuuri se lanzó de lleno a su trabajo, usándolo como un escudo detrás del cual podría esconderse y así evitar cualquier interrogación futura.
La pequeña primera cantidad de clientes empezó a crecer hasta convertirse en un flujo abundante de personas a medida que la mañana progresaba, manteniendo efectivamente la mente de todos fuera de cualquier otra cosa que no fueran las órdenes y limpiar las mesas. Los lunes en la mañana siempre eran ocupados. Estudiantes llegando apresurados y bebiendo el café como si fueran tragos para prepararse para sus clases matutinas o para eliminar la resaca del fin de semana. Las ocasionales personas de negocios también entraban apuradas, hablando por sus teléfonos o tomando las bebidas rápidamente antes de salir disparados hacia cualquiera que fuera la reunión a la que llegaban tarde.
Verlos hizo que Yuuri recordara cariñosamente a Viktor y que su teléfono quemara dentro de su bolsillo, tentándolo. Usualmente intentaba tomarse unos cuantos minutos para escribirle al ruso cuando el café estaba tranquilo, pero con la oleada de clientes que tenían ese día, le había sido imposible encontrar un momento. Fue solo cuando su descanso para el almuerzo finalmente llegó que tuvo tiempo para escaparse.
Sacando el teléfono su bolsillo, abrió la conversación que tenía con Viktor y escribió un rápido "Lo siento, estoy atrapado en el trabajo" para explicar su ausencia.
"¿Día atareado?" se leía la respuesta después de unos minutos. Viktor y él usualmente compartían historias acerca de sus respectivos trabajos durante el día, y después del tiempo que llevan conociéndose, el ruso ya sabía lo mucho que Yuuri detestaba el ajetreo de las mañanas.
"Sí" respondió rápidamente. "¿Y tú?"
"Lo mismo" respondió Viktor, y el nipón casi pudo escuchar la decepción a través del mensaje. "He estado atrapado en una reunión toda la mañana y se siente como si no fuera a terminar nunca"
Yuuri estuvo a punto de empezar a escribir un mensaje de simpatía, pero otro mensaje apareció en su pantalla justo después del anterior.
"Preferiría estar contigo"
Yuuri se quedó mirando el mensaje por un rato, sintiendo como una placentera calidez florecía en su pecho ante aquellas palabras.
"Yo también" escribió en respuesta, sintiéndose extrañamente ligero de algún modo.
Cuando regresó al trabajo una vez que su descanso hubo terminado, lo hizo con una sonrisa en sus labios.
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El siguiente par de semanas pasaron entre una mezcla de trabajo y Viktor.
Desafortunadamente, sus horarios no parecían estar alineados. Usualmente Yuuri tenía turno cuando Víctor tenía tiempo libre, y el ruso tenía reuniones importantes o asuntos de negocios que atender cuando el otro finalmente estaba libre. Aquello era increíblemente frustrante, pero hacía un buen uso del tiempo que tenía.
El edificio en donde Viktor pasaba la mayor parte de su día se encontraba relativamente cerca del trabajo de Yuuri, por lo que éste había decidido caminar hasta allí en su hora de almuerzo para aprovechar el tiempo que pudiera estar con el ruso. Aunque aún no había sacado a colación el tema del pago. Cada vez que se encontraban para almorzar, Viktor siempre tomaba la cuenta de forma automática, y Yuuri no había encontrado el momento indicado para tratar el tema. No es como si fuera un desagradecido, era solo que no le gustaba aprovecharse tanto de la generosidad del ruso sin devolverle nada a cambio. Aquel era un sentimiento nada placentero. Tanto como la inutilidad, la debilidad.
Durante los días en los que Yuuri se encontraba demasiado ocupado como para ir, era Viktor quien lo visitaba. Verlo se había convertido en algo regular en el café, para diversión de cada uno de los que trabajaban allí excepto Yuuri. Lo molestaban con el asunto constantemente, con burlas indefensas acerca de su vida amorosa y su nuevo novio. Yuuri las ignoraba todas. Podía soportar las burlas si aquello significaba pasar su turno en presencia de Viktor, a pesar de que a veces estuviera demasiado ocupado como para que tuvieran una charla apropiada.
Otra de las cosas que se habían convertido en parte de sus citas regulares era llevar a Makkachin a pasear por el parque. A Yuuri le encantaba pasar tiempo con el perrito casi tanto como le encantaba pasarlo con Viktor, y cuando ambos se combinaban, aquel terminaba siendo uno de sus días favoritos. Era algo simple, pero Yuuri lo prefería sobre cualquier otra cita demasiado elaborada. Simplemente jugar con Makkachin y caminar junto a Viktor mientras charlaban de cualquier cosa bajo el sol. Le había contado al ruso lo mucho que disfrutaba de esas caminatas y este parecía feliz de conceder sus deseos.
Todo iba sorprendentemente bien, mucho mejor de lo que Yuuri jamás hubiera esperado. A decir verdad, había puesto cada parte de su ser en esta relación con la idea de que eventualmente todo se derrumbaría. En su primer y casual coqueteo en el restaurante había asumido que nunca volvería a ver a Viktor así que ¿qué importaba si le coqueteaba también? El crush que había crecido cada vez más con cada visita del ruso al café siempre se había sentido inofensivo porque Yuuri estaba seguro que nada saldría de ello. La primera cita, donde se había convencido a sí mismo de que de seguro aquello no podía durar. No entre dos personas como ellos.
Pero hasta el momento sí que había durado, y Yuuri se sentía increíblemente agradecido por ello. Cuando estaban juntos, casi podía olvidar todas las razones por las que el salir con Viktor era una mala idea, todas sus preocupaciones desapareciendo con el sonido de la carcajada de este o el sabor de su beso.
Aún durante los días en los que no podían verse personalmente, ellos mantenían contacto. Viktor había comenzado a enviar mensajes de buenos días para Yuuri con el propósito de hacerlo sonreír al despertar, y ambos continuaban escribiéndose durante todo el día. El zumbido de su teléfono era ahora un familiar confort en sus momentos de trabajo. Yuuri usualmente intentaba leer los mensajes a escondidas durante su turno, ya que no deseaba esperar a que fuera la hora de su descanso para poder hacerlo.
Y eso exactamente era lo que estaba haciendo, sonriendo mientras leía el último mensaje que Viktor había enviado hace un rato mientras pretendía estar ocupado preparando café. Yuuri tenía dos turnos ese día, el café en la mañana y el restaurante en la noche, pero Viktor y él habían acordado encontrarse durante las pocas horas en medio de estos que ambos tenían libres. Para él no era problema. Yuuri preferiría pasar toda la noche con Viktor en lugar de simplemente estar con él por un tiempo tan corto, pero era mejor que nada.
— ¿Es Viktor? —preguntó una voz sobre su hombro causando que Yuuri se sobresaltara y girara, encontrandose con Phichit quien lo veía con una media sonrisa.
—No, —respondió por instinto a la vez que regresaba el teléfono dentro de su bolsillo. Phichit no parecía convencido.
—Solo sonríes de esa forma mientras miras tu teléfono cuando le escribes a Viktor —señaló, a lo que Yuuri asintió, admitiendo su derrota. Phichit lo conocía demasiado bien.
— ¿Tienen otra cita caliente el día de hoy? —preguntó Phichit, empujando su hombro juguetonamente contra el de Yuuri. A pesar de lo mucho que su amigo disfrutaba de molestarlo con su nueva relación, Yuuri sabía que éste estaba genuinamente interesado. Los había apoyado desde el comienzo y estaba encantado con el hecho de que, de algún modo, Yuuri no hubiera logrado arruinar todo.
—Viktor me recogerá una vez que mi turno haya terminado —respondió Yuuri, observando el reloj que colgaba de la pared. Ya casi era la hora de que se marchara. Sólo unos minutos más y sería libre—. Llevaremos a Makkachin a pasear por el parque.
Phichit rodó los ojos, luciendo ligeramente exasperado.
—Yuuri, cuando te dije en broma que salieras con Viktor por su perro en realidad no lo decía en serio —dijo Phichit con un exagerado suspiro—. De seguro hay cosas mucho más emocionantes que ustedes dos podrían estar haciendo en lugar de sacar a pasear a su perro. Conociendo a Viktor, te llevaría al lugar que quisieras ya que tiene el dinero para hacerlo. Probablemente te llevaría a París para que pasaran una semana romántica si tú se lo pidieras. ¡Es claro que no estás sacando ventaja completa del asunto!
—No quiero utilizar a Viktor —espetó Yuuri, y sus palabras sonaron mucho más tajantes de lo que quería.
—Sabes que no es eso lo que me refiero —le dijo Phichit con suavidad.
Yuuri suspiró y luego asintió, reconociendo la verdad en sus palabras. Sabía que Phichit solo lo estaba molestando, y también sabía que su amigo tenía razón después de la primera cita en el restaurante. Yuuri había intentado mantener sus citas lo más locales y de bajo presupuesto que se pudiera. En más de una ocasión, Viktor había insinuado la posibilidad de llevarlo a un lugar mucho mejor, pero cada vez que eso pasaba Yuuri encontraba una excusa para que se mantuvieran en lo básico. No era porque no quisiera. Varias de las sugerencias del ruso eran definitivamente tentadoras, pero ya se sentía lo suficientemente en deuda con él de esta forma. Permitir que Viktor le invitara una y otra vez solo le recordaba todas las razones por las que había estado temeroso de esta relación en primer lugar. Pasear al perro y almorzar juntos eran cosas sencillas, seguras.
Pero antes de que pudiera continuar la conversación con su amigo, fue detenido por la puerta local siendo repentinamente abierta y un jadeante Guang Hong entrando apresuradamente. Su rostro estaba sonrojado y sudoroso, y además se le notaba sin aliento, como si hubiera llegado corriendo. Yuuri volvió a levantar la mirada hacia el reloj, sorprendido al ver que Guang Hong se encontraba varios minutos atrasado para su turno. Aquello era inusual, considerando que el adolescente era normalmente increíblemente puntual
—Siento llegar tarde —dijo Guang Hong con un jadeo, inclinándose colocando sus manos sobre sus rodillas mientras se recuperaba—. Perdí la noción del tiempo.
Seung-gil levantó una ceja escépticamente y el rostro de Guang Hong se tornó imposiblemente rojo.
—Yo, ah...tuve una cita —murmuró—. Y me distraje.
Yuuri, Phichit y Otabek lo observaron, todos con varios niveles de sorpresa
— ¿Una cita? ¿Con quién? —preguntó Otabek con curiosidad—. Nunca antes has tenido una.
Guang Hong murmuró algo inentendible, viéndose aún claramente avergonzado
—No tortures al pobre chico, Otabek —bromeó Phichit ligeramente, palmeando la espalda del susodicho mientras le lanzaba una mirada solidaria a Guang Hong—. Si él nos quiere contar, ya nos lo dirá.
— ¡Hey! —exclamó Yuuri, sintiéndose ligeramente indignado— ¿Cómo es que dejan que Guang Hong se libre tan fácilmente mientras que mi relación es el chisme favorito de todos?
—Porque es mucho más divertido molestarte a ti —respondió Phichit con una malévola media sonrisa. Luego sus ojos se movieron hacia uno de los grandes ventanales que daban vista hacia la ciudad—. Y también porque tu novio se ve de esa forma.
Yuuri siguió la mirada de su amigo a través de la ventana e inmediatamente se percató de qué era lo que había llamado la atención de este.
Viktor se encontraba parado afuera, apoyado casualmente contra su auto y llamando la atención de todo aquel que pasaba por allí. Iba vestido casualmente, bajo sus estándares, con una holgada camiseta azul y gafas que ocultaban sus ojos. Llevaba los brazos cruzados mientras se apoyaba sobre su ridículo auto, pero tan pronto sus ojos se encontraron con Yuuri le saludó con la mano y su rostro se iluminó. Los peatones que pasaban por el lugar le lanzaba miradas con una mezcla de apreciación e incredulidad, y algunos de los clientes del café comenzaban a hacer lo mismo.
Yuuri estaba atrapado entre la repentina necesidad de salir corriendo del café y saltar sobre Viktor, o esconderse detrás del mostrador y nunca salir de nuevo. Viktor se veía tan injustamente atractivo como siempre, tanto como para provocar en Yuuri varios pensamientos que definitivamente no eran apropiados mientras se encontraba trabajando. Pero aquello también le hacía resaltar demasiado, incluso más de lo usual de algún modo.
Cuando Yuuri regresó su mirada a las personas dentro de local, se encontró con cuatro de sus compañeros de trabajo mirando a través de las ventanas con varios grados de incredulidad en sus rostros. Observando a Viktor o, lo más seguro, al vehículo contra el cual este se encontraba apoyado. Por alguna razón, cuando Yuuri aceptó que el ruso lo viniera a recoger al trabajo, no había considerado el hecho de que aquello significaba que traería su auto, algo de lo que Yuuri se arrepentía inmensamente ahora.
— ¿Qué es eso? —preguntó Seung-gil, sonando ligeramente asqueado—. Quién querría conducir algo así por la ciudad.
—A mi no me importaría hacerlo —respondió Otabek, sonando más que ligeramente impresionado—. ¿Tienes idea de cuanto cuesta ese automóvil?
Yuuri en realidad no quería saberlo. Tampoco quería quedarse allí y escuchar como sus compañeros de trabajo hablaban más de lo usual acerca de su novio. Así que mejor se retiró apresuradamente, desatando su delantal y lanzándoselo a Phichit con una rápida despedida, para luego salir a toda velocidad hacia la calle.
— ¡Yuuri! —llamó Viktor al verlo acercarse, apresurandose a moverse hacia la puerta del copiloto para abrirla y permitir que el nipón entrara. Yuuri inmediatamente se sumergió en la relativa seguridad del vehículo. Viktor se tomó su tiempo, deslizándose tranquilamente al otro lado del auto antes de encender el motor y arrancar.
— ¿Cómo estuvo el trabajo? —preguntó brillantemente mientras conducía. Desde el asiento trasero se escuchó un emocionado ladrido, y la cabeza de Makkachin apareció entre ellos, olfateando a Yuuri entusiastamente.
—Estuvo bien —respondió, riendo al sentir como la húmeda lengua de Makkachin lo pinchaba insistentemente. Estirando su mano, Yuuri rascó detrás de las orejas del can antes de regresar toda su atención hacia Viktor—. Solo unos pocos clientes enojados, nada difícil. ¿Qué hay de ti?
—Yakov, uno de los miembros del consejo, ha estado fastidiándome toda la mañana —respondió Viktor al vez que rodaba los ojos—. No creo que entienda el significado del fin de semana.
— ¿Qué te está pidiendo? —preguntó Yuuri con curiosidad. Hablaban seguido con respecto a su trabajo, pero Viktor usualmente le daba solo detalles vagos, declarando que los aspectos técnicos del asunto eran muy aburridos para hacer tema de conversación.
—Solo quiere le de actualizaciones acerca de cómo va el progreso de la expansión —respondió Viktor con un exagerado suspiro—. Aparentemente "No puedes hacer lo que se te da la gana, Vitya. No es así como funcionan los negocios".
Al decir la última parte, Viktor agravó su voz e hizo que su acento fuera más pesado, imitando a quien parecía ser un tosco hombre de edad avanzada.
—Yakov es un viejo amigo de la familia —añadió añadió ahora con su voz normal y con un tono más suave—. Fue él quien le sugirió a mi padre el dejar a mi cargo el establecimiento de una rama de la empresa en América para que pudiera obtener experiencia práctica antes de tomar las riendas por completo. Pero luego de esto, creo que sólo lo hizo para poder dirigir a través de mí.
Algunas veces cuando estaban juntos, a Yuuri se le hacía fácil olvidar quién era Viktor. Pero otras ocasiones, como ésta, le dejaban un remarcable recordatorio. La forma casual en la que el ruso hablaba de llevar las riendas de la empresa por completo, como si el que algún día fuera a manejar una importante empresa que ganaba más dinero en un día de lo que Yuuri vería en toda su vida no fuera nada importante. ¿Y dónde estaría Yuuri cuando aquello sucediera? ¿Atrapado todavía en un trabajo mediocre, viviendo factura tras factura mientras sus deudas crecían a su alrededor?
Yuuri sacudió su cabeza, eliminando esos pensamientos. Aquello no era algo en lo que quería pensar en estos momentos, o nunca en realidad.
No pasó mucho tiempo antes de que finalmente llegarán a su destino. Viktor salió primero del vehículo para permitir que Makkachin bajara del asiento trasero. Yuuri lo siguió, observando como afianzaba la correa al collar del perrito mientras este saltaba alegremente a su alrededor. Cuando el can se encontró completamente asegurado, Viktor estiró la mano para ofrecersela a Yuuri. Este la tomó, entrelazando sus dedos con los de su novio y sintiendo como la emoción recorría su cuerpo ante la sensación. Tomar la mano de Viktor era algo de lo que jamás se cansaría.
Juntos, caminaron de la mano a través del parque, deteniéndose ocasionalmente para permitir que Makkachin olfateara a través de los arbustos o saludara a los perros que pasaban. El parque brillaba lleno de vida, con la calidez del sol sobre ellos. Los días no habían comenzado a enfriarse aún a pesar de que el otoño estaba cerca.
Eventualmente, Makkachin comenzó a cansarse, y aquello fue notorio por como su paso empezó a disminuir en velocidad y como jadeaba junto a ellos. Yuuri buscó con la mirada un lugar en donde pudieran descansar, y sus ojos cayeron sobre una banca desierta en medio del parque que se encontraba cerca de ellos.
—Deberíamos sentarnos —dijo casualmente mientras señalaba el asiento con su cabeza. Viktor concordó con un murmullo y ambos se dirigieron hacia el lugar. Yuuri se dejó caer sobre la banca con alivio. El calor del día combinado con el hecho de que todavía se encontraba usando su ropa del trabajo habían causado que se sintiera incómodamente acalorado. Makkachin parecía estar de acuerdo, ya que se había tirado junto a él con un bufido de cansancio. El mismo Viktor parecía estar en igualdad de condiciones, siendo delatado por el sonrojo en sus mejillas.
Yuuri miró a su alrededor y sus ojos se posaron sobre una carretilla no muy alejada de donde se encontraban ellos. Un cartel se encontraba ondeando suavemente con la brisa, promocionando el helado que allí se vendía. Una gran cantidad de niños se encontraba brincando alrededor de ésta y en sus manos llevaban conos de helados derritiéndose. Viktor siguió su mirada y eventualmente también se encontró con la carreta de helados.
— ¿Quieres uno? —preguntó Yuuri señalando con su cabeza a la dirección donde se encontraba el heladero. La mayoría del tiempo que había pasado en la ciudad había sido durante su época de entrenamiento como bailarín, y pararse para comer helado en el parque no había sido parte de su estricta dieta. Pero ahora que ya no bailaba profesionalmente, Yuuri creía poder hacerlo de vez en cuando.
—Nunca antes había comido helado de carreta —respondió Viktor vacilantemente y las cejas del nipón se elevaron al escucharlo. Considerando los antecedentes del ruso, aquello no debió haber sido tan sorprendente como lo fue en realidad. Probablemente este solamente comía las marcas más finas de los más caros restaurantes, y no conos baratos de vendedores de parque. Pero eso era parte de la diversión, y Yuuri decidió que aquella era una experiencia que no podía permitir que nadie se perdiera.
—Iré a comprarnos uno, entonces —ofreció al tiempo que se levantaba para marcharse.
—Yo puedo...—comenzó a decir Viktor al tiempo que llevaba su mano hacia el bolsillo dentro del cual el nipón sabía que guardaba su billetera. Yuuri lo detuvo negando con su cabeza.
—No, deja que lo haga yo —insistió—. Tú quédate aquí y cuida de Makkachin.
Viktor volvió a hundirse en la banca con renuencia, y Yuuri experimentó una extraña sensación de victoria. Para él fue satisfactorio poder hacer algo lindo por Viktor para variar, en lugar de que las cosas fueran al revés.
Yuuri se hizo camino hacia el carrito de helados, tomando dos apresuradamente para regresar con rapidez hacia dónde se encontraba el ruso antes de que éstos se derritieran. Viktor sonrío al recibir su helado de parte del nipón, sus dedos se tocaron con los de Yuuri y permanecieron allí unos segundos. Luego esperó a que este comenzará a comer su helado antes de darle una vacilante probada al suyo propio. Cuando notó que el ruso se vio placenteramente sorprendido ante el sabor, Yuuri sintió una ola de triunfo recorriendo a través de su cuerpo.
— ¿Está bueno? —preguntó, atrapando con su dedo una gota de helado derretido que caía por su propio cono para luego limpiarla con una lamida de su lengua.
—Muy bueno —respondió Viktor, aunque este parecía mucho más concentrado en Yuuri que en el helado que tenía en su mano.
Yuuri dio otra lamida a su lado y Viktor rio ligeramente mientras tragaba.
—Tienes un poco de...—señaló Viktor mientras con su mano apuntaba hacia la boca del nipón. Yuuri se pasó una mano por los labios, sintiendo el líquido del helado que intentaba limpiar. Regresó su vista hacia Viktor para corroborar si había tenido éxito y éste se encontraba observando lo con afecto, la risa jugando todavía en la esquina de sus labios.
—Permíteme —ofreció Viktor, llevando su mano a los labios del nipón para limpiarlos.
Su toque permaneció allí unos segundos, su dedo todavía reposando gentilmente sobre los labios ajenos. Yuuri se inclinó hacia él instintivamente y el ruso siguió su ejemplo, colocando un suave beso sobre lugar que hace poco se había encontrado acariciando. Yuuri correspondió a su gesto, saboreando el dulce que aún permanecía sobre los labios de su novio. Cuando Viktor se alejó, lo hizo con los ojos brillantes.
—Listo —dijo este con suavidad mientras su pulgar se pasaba una última vez por sobre los labios de Yuuri—. Ya lo hice.
Permanecieron allí sentados por unos cuantos minutos más, pegados el uno al otro mientras terminaban de comer sus helados. Cuando finalmente terminaron, ambos se levantaron. Viktor volvió a tomar la correa de Makkachin y se hicieron camino hacia la salida.
— ¿Quieres que te lleve a casa? —ofreció Viktor mientras salían del parque. A juzgar por su expresión, era obvio que estaba tan reticente a separarse de él como Yuuri.
El nipón sacó su teléfono y miró la hora, sorprendido por lo tarde que se había hecho.
—Gracias, pero no tendría sentido que lo hagas —le dijo—. Mi turno comienza en una hora. para cuando llegue a casa, tendría que dar media vuelta para regresar acá en ese mismo instante.
No por primera vez, Yuuri se arrepintió de tener que viajar una distancia tan larga para llegar al trabajo. Usualmente cuando tenía turnos tanto en el restaurante como en el café ni siquiera se tomaba la molestia de ir a casa. El tiempo de viaje simplemente no lo valía.
— ¿Por qué no vienes a mi casa, entonces? —preguntó Viktor, y Yuuri lo miró con sorpresa. Llevaban saliendo apenas unas semanas, pero nunca antes había estado en el departamento del ruso.
—No tiene sentido quedarse recorriendo la ciudad durante una hora entera —señaló Viktor, sonando sincero—. Además mi casa está más cerca de tu lugar de trabajo. Podemos tomar algo antes de que empiece tu turno.
—De acuerdo —Yuuri se encontró aceptando antes de siquiera pensarlo con detenimiento.
Fue solo cuando se encontró en el auto del ruso y dirigiéndose al apartamento de este, que se dio cuenta de que tal vez esa no era la mejor idea. No era que no quisiera estar allí, ni tampoco era como que las implicaciones de estar en el departamento de Viktor le asustaran. Sino que era improbable que una hora después quisiera marcharse de allí.
Viktor los llevó al centro, conduciendo a través de calles que Yuuri apenas reconocía. De lo que sí podía reconocer, notó que se estaban dirigiendo hacia el Meatpacking District, un lugar al que Yuuri había ido muy pocas veces en su vida. El área era una extraña mezcla de residuos de su pasado industrial y el estilo de vida ultra moderno que lo había reemplazado, las viejas fábricas convertidas en departamentos de lujo y boutiques de diseñador. Phichit fantaseaba va seguido y en voz alta acerca de lo maravilloso que sería tener un apartamento allí cuando fuera un rico y famoso fotógrafo que pudiera costearse exuberantes precios de renta.
Aún con el conocimiento básico que tenía del área, Yuuri no pudo evitar que su mandíbula cayera abierta cuando aparcaron enfrente de un edificio en el cual asumía se encontraba el apartamento del ruso. Era gigantesco, con enormes ventanales a los lados e imponentes pilares recubriendo la entrada. El armazón del edificio estaba construido enteramente por inmaculada piedra blanca, aunque Yuuri podía ver las extensiones de vidrio que se asomaban desde el techo que contrastaba con las renovaciones que de seguro debían de haber sido hechas para transformar el edificio de su función original a un condominio departamentos. Parecía que este había sido una vez un viejo banco o un gran salón demasiado grande como para siquiera considerar vivir en él.
— ¿Vives aquí? —dijo Yuuri ahogadamente por la incredulidad, observando con la boca abierta al edificio delante de ellos.
—Solo en el penthouse —respondió Viktor despreocupadamente, señalando con la cabeza hacia las grandes extensiones de cristal en la cima del edificio que el nipón había notado con anterioridad—. No todo el edificio es mío.
—Claro —asintió Yuuri debilmente, preguntándose si aquello debía hacerlo sentir mejor.
—Cuando me mudé aquí mi padre quiso que rentara un departamento en Parkside —añadió Viktor, y el nipón tuvo que pelear para evitar ahogarse con su lengua de nueva cuenta. Si había un lugar mucho más ostentoso para vivir en toda la ciudad, ese tendría que ser aquel—. Ya sabes, por el prestigio. Pero me gusta más esta área. Es mucho más moderna.
—Claro.
Yuuri estaba muy seguro de que la mayoría de sus respuestas se reducirían a monosílabos mientras su cerebro continuara procesando la situación. Siempre había sabido que Viktor era rico. Con anterioridad ya había recibido vistazos de aquella riqueza y entendido la escala de ésta en un cierto modo objetivo. Pero verla siendo presentada tan descaradamente frente a sus ojos la hacía tan real como nunca antes. El lugar estaba a años luz del viejo departamento donde él vivía, años luz de todo en su mundo.
Permaneció en silencio mientras el ruso conducía el auto dentro del edificio y hacia su espacio privado de estacionamiento -otra cosa que Yuuri estaba seguro le tomaría un tiempo poder superar- y mientras tomaban el elevador que los llevaría hacia el departamento. Cuando las puertas se abrieron, el nipón tuvo que contenerse para no volver a jadear.
El departamento era enorme, espacioso y abierto, con ventanas de cristal que iban desde el piso hasta el techo y que permitían que la luz del sol se filtrata. Las habitaciones eran de diseño abierto, unos artísticamente colocados separadores siendo la única barrera entre los lujosos sillones y sofá de la sala de estar, la gran mesa de pino del comedor y el impecable e inmaculado acero de la cocina. Había un balcón que llevaba hacia a una terraza fuera y una imponente escalera que llevaba al segunda planta.
—Siéntete como en casa —le dijo Viktor, sin darse cuenta de la perplejidad en Yuuri—. ¿Qué puedo ofrecerte para beber? Tengo té y café, o podría traer algo de vino y cerveza si quieres algo más fuerte.
—Agua está bien —decidió el nipón después de considerarlo un segundo. Ya había bebido suficiente cafeína ese día, y ya que tenía que trabajar en el restaurante esa noche, el alcohol probablemente no fuera la mejor opción.
—Si así lo deseas —respondió. Al ver que Yuuri asentía, Viktor se dirigió a la cocina para tomar las bebidas.
No queriendo esperar parado, Yuuri se sentó delicadamente sobre uno de los sillones, sintiendo que podría arruinar la blanca inmaculada tela sólo con sentarse sobre ella. Se le hacía muy difícil creer que en un apartamento tan grande como éste Viktor viviera solo. Había suficiente espacio para varias familias, la sola sala de estar ya era tan grande como la caja de zapatos de departamento que compartía con Phichit.
Viktor regresó unos segundos después con las bebidas en las manos. Yuuri aceptó la suya con gratitud y tomó un sorbo, el frío del líquido tranquilizándolo de nuevo.
—Es un lindo lugar —mencionó Yuuri mientras que con un gesto señalaba la habitación que los rodeaba. Viktor pareció complacido, y observó alrededor con claro orgullo en su rostro.
—Gracias —dijo con una brillante sonrisa, para luego sentarse junto al nippon en el sofá. El sofá era grande, pero el ruso se sentó cerca. Lo suficiente como para que sus piernas casi se tocaran y sus codos se rozaran ante el mínimo movimiento—. Mi padre lo odia, dice que es de mal gusto y que grita "nuevo rico". Pero no siempre hemos compartido los mismos gustos y yo nunca le hago caso de todos modos.
Yuuri resopló con incredulidad.
— ¿Mal gusto? —preguntó incredulamente, regresando su mirada al lujoso departamento en el que estaba. No había absolutamente nada en este que pudieras llamar de mal gusto.
—Como dije, él y yo tenemos diferentes opiniones y gustos —dijo Viktor con una sonrisa. Fue lo suficientemente genuina, pero también había algo más en ella, una aspereza que no combinaba con lo demás. Pero luego Yuuri parpadeó, y esta había desaparecido.
—Pero bueno, suficiente de mi padre —dijo Viktor ligeramente— ¿Cuánto tiempo te queda antes de que tengas que ir al trabajo?
Yuuri volvió a sacar su teléfono, miró a la pantalla y soltó un suspiro.
—Me tengo que ir en unos quince minutos —respondió reluctantemente mientras volvía a guardar el dispositivo.
Inconscientemente, Yuuri se acercó más a Viktor, causando que la línea larga de sus piernas se presionará contra las del otro y que los lados de sus cuerpos estuvieran casi pegados. Viktor también se movió, inclinándose hacia atrás casualmente mientras estiraba sus brazos para luego llevarlos detrás del sofá. Yuuri puedo sentir como los brazos de este descansaban tímidamente muy cerca de su nuca y se inclinó también, metiéndose en el espacio que el ruso había creado.
—Desearía que tuviéramos más tiempo el día de hoy —suspiró Viktor, rozando sus dedos sobre la curva del hombro del nipón. Un toque ligero, pero Yuuri fue hiperconsciente del mismo a pesar de ello.
—Yo también —respondió. Teniendo a Viktor presionado tan tentadoramente cerca de él, nunca se había sentido más reacio a marcharse.
Viktor levantó su mano libre y la llevó hasta su rostro, acariciando la mandíbula de Yuuri suavemente con sus dedos. El nipón se inclinó ante su toque, su corazón latiendo a ritmo acelerado al ver los primeros destellos de deseo apareciendo en los ojos del ruso.
—Tendremos que aprovechar todo el tiempo que tengamos —dijo este suavemente, subiendo un pulgar para acariciar la mejilla de Yuuri.
Este se inclinó más cerca, sabiendo que esa era toda la indicación que Viktor necesitaba. El ruso le sonrió en respuesta y cerró los centímetros que los separaban antes de presionar sus labios suavemente contra los de Yuuri. Comenzó tan dulce y casto como en el parque, pero al no haber nadie que los viera, el nipón rápidamente se presionó más contra su novio y profundizó el beso. Viktor respondió de igual manera, su beso siendo completamente abrasador hasta el punto que Yuuri se encontró perdido en la sensación.
La mano del ruso se deslizó fuera de su mejilla para enredarse en su cabello, tirando suavemente de los oscuros cabellos. Yuuri sintió el placer vibrando a través de su cuerpo y respondió al beso con mayor intensidad. Sus manos se deslizaron hasta aferrar los hombros de Viktor, anclándose a este.
Continuaron besándose con el calor construyéndose entre ellos. Cada beso, cada toque sólo haciendo que el calor ardiera más intensamente dentro del nipón y este ese presionó aún más contra el cuerpo del otro hasta que estuvo prácticamente sentado sobre su regazo. Viktor soltó un ruido de placer desde su garganta ante aquella acción, y luego llevó una sus manos hasta situarla en la espalda baja de Yuuri para tirar de él y dejarlo completamente sentado sobre su persona, quedando ahora presionados pecho contra pecho. La mano del ruso dejó los cabellos del nipón para deslizarse tentadoramente hacia arriba de su muslo, el grueso material de su pantalón haciendo nada para detener el ardiente camino que su toque dejaba detrás.
Yuuri se inclinó hacia atrás, arrastrando a Viktor consigo hasta que su espalda chocó contra el mueble. Una vez que se encontró acostado, se acomodó sobre los cojines con el ruso cernido sobre él mientras continuaban besándose ferozmente. Todo pensamiento acerca del trabajo o cualquier otra cosa que hubiera ocupado la mente de Yuuri con anterioridad se desvaneció por completo, siendo reemplazado por nada que no fuera Viktor.
El nipón sintió un ligero tirón al borde de su camiseta, era una de las manos de Viktor que se había deslizado debajo de la tela para aferrar su cintura. Los dedos de este se hicieron camino sobre su cadera antes de deslizarse aún más arriba, subiendo cada vez más y más por debajo de la camisa de Yuuri hasta que...
El estruendoso ruido de una alarma los interrumpió e hizo que brincaran perplejos. Viktor bajó la mirada, desconcertado, y el nipón se dio cuenta a través de la neblina de su mente que la alarma que sonaba provenía de su bolsillo. Su teléfono vibraba furiosamente, el familiar e irritante tono sonando fastidiosamente fuerte desde los pequeños parlantes.
Era su alarma para el trabajo, la que siempre ponía antes de cada turno para que le recordara que debía apresurarse o sino se haría tarde. Yuuri nunca la había odiado tanto como ahora.
—Me tengo que ir —le dijo a Viktor con una extrema sensación de renuencia. Sus labios todavía se encontraban cosquilleando por el beso y su corazón latía a mil por hora, incitándole que lo ignorara todo y simplemente continuara. La parte racional de su cerebro desestimó ese deseo, pero apenas por poco.
Viktor dejó salir un gruñido de decepción a la vez que presionaba su frente contra la de Yuuri. Luego se hizo para atrás y su expresión cambió de una renuente a resignada.
—Por supuesto —dijo este a la vez que le ofrecía una mano al nipón para que pudiera sentarse—. Déjame tomar las llaves y te llevaré.
Yuuri casi quiso protestar e insistir en que podía ir caminando, pero sabía que si lo intentaba definitivamente llegaría tarde. Así que simplemente permitió que el ruso saliera de encima suyo y le ayudara a ponerse de pie. Pero incluso cuando ambos ya se encontraron parados, Viktor no soltó su mano. Es más, entrelazó sus dedos y lo guío a través del apartamento hasta la puerta. Yuuri se dejó llevar, sintiéndose igual de renuente a marcharse.
Mientras se hacían camino a través del apartamento, Yuuri volvió a mirar a su alrededor, bebiendo del lujoso lugar por última vez. Este era un crudo recordatorio de todas las cosas que había estado tratando de olvidar. Una clara muestra de que, sin importar lo similares que ellos dos fueran, habían muchas otras formas en las que Yuuri nunca jamás podría estar en la misma liga que el ruso. Comparado con Viktor, Yuuri ni siquiera podría ser considerado parte del juego.
Pero aún así, todo aquello palidecía en comparación a la felicidad que el nipón sentía junto a ese hombre. La desesperada necesidad de verlo cada vez que se separaban. La forma tan perfecta en que sus cuerpos se amoldan cada vez que se besan, y el ardiente deseo en su pecho que pedía cada vez por tener más, por tenerlo todo.
Por lo que podía ver, era obvio que ya estaba metido en esto hasta el cuello. Pero cuando recordaba la sonrisa de Viktor y se perdía en aquellos brillantes ojos azules, le era tan fácil simplemente ignorar todo lo demás y dejarse ahogar.
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Notes:
Hello, it's me... :v
Sí, ya sé que me desaparecí por muchísimo tiempo :'v . Tengo mis razones pero no quiero hacer de estas una excusa. Pero bueno aquí estamos con un nuevo capítulo de la traducción de este maravilloso fanfic. Wiii!
Las cosas se empiezan a poner más interesantes y la relación de estos dos empieza a avanzar. Ya veremos si serán capaces de llevar las cosas de la mejor manera o entrar en caos, que yo supongo que eso es lo que va a pasar más adelante LOL
Notamos claramente que, de nuevo y como en muchos otros casos, la inseguridad de Yuuri pesa bastante y a mí me sabe a que esta podría ser el detonante de un problema futuro en la relación porque él se sigue pensando como muy poca cosa para alguien como Viktor. Así que yo definitivamente veo venir el angst.
Creo que muchos pudieron sentirse timados con ese pequeña muestra de afecto que nos mostraron a lo último del capítulo LOL pero pronto serán recompensados por su espera. Aparte de eso quiero sumar que si tienen tiempo puedan pasar por el Tumblr de Reiya-san a escribirle algo bonito, alguna palabra de aliento -ya que en este momento ella está teniendo problemas personales que no le han permitido continuar con este fic- sería muy bueno.
Hasta el momento en inglés el fic está escrito hasta el capítulo 5, qué es el que me falta para igualarme, y ya tiene como también dos meses que no ha escrito o no ha publicado el capítulo 6. Ella dice que lo va a continuar y que sólo está esperando a que pasen las situaciones personales que está atravesando en estos momentos. Así que si quisieran pasar por su Tumblr escribirle algo, en español no importa, sería algo muy bonito de parte de ustedes :3
El link está en mi perfil!
Gracias a todos por leer, a los que dejaron comentarios y dieron favorito al fic.
Nos estamos leyendo!
Pd. Si desean con quien hablar de la este fic y Reiya en general recuerden que tenemos un grupo en facebook y el link también esta en mi perfil.
