Pobre Niño Rico
CAPITULO 4: Querida Familia
-¿A… que te refieres exactamente con renunciar, Oka-san?- Naruto no demoró, en un par de pasos se colocó junto a Sasuke y observó a la rubia quien envuelta en aquella toalla de color azul lo miraba con algo parecido a la sorpresa –Madre…-
-A lo que se refiere- por fin después de un tiempo, Jiraiya se permitió intervenir –Es a que ella cree que debemos renunciar a lo nuestro-
-Creo que seguimos sin entender- Iruka se cruzó de brazos, el entrecejo ligeramente arrugado y las dudas existentes acerca de esa particular familia, a cada minuto se hacían más grandes.
-Divorcio- Tsunade se enderezó con un gesto de elegancia, nada rebuscado, en el rostro –Estamos hablando de divorcio- el resto de los presentes tras de los dos mayores, se observaron mutuamente, buscando o intentando hallar una respuesta a toda esta situación, no fue hasta que Itachi se adelantó con paso seguro y se abrió paso entre los presentes para poder quedar entre Jiraiya y Tsunade
-¿Divorcio, están hablando en serio?-
-Es lo que tú madre cree-
-No entiendo- la voz de Naruto volvió a hacer presencia –Si lo estabas pensando ¿Por qué se lo viniste a avisar a Sasuke así de repente?-
-Impulso, la verdad es que…- la rubia mayor mordió su labio inferior –No sabía como decírtelo con todo esto de tu llegada-
-Pero… esta mañana ustedes parecían tan…- Naruto bufó con molestia y giró, pasando una mano por su rubio cabello, Iruka de inmediato se acercó a él –No los entiendo-
Cuando los ojos de Naruto volvieron a posarse sobre todos y cada uno de los presentes. Sasuke decidió que era el momento de intentar obviar, aunque fuera un poco el tema –Escuchen, yo creo que nuestros padres necesitan una larga charla- les envió una mirada significativa a los mayores -¿Por qué no los dejamos solos?- a pesar de que todos tardaron en asimilar la información recién recibida. El estudio fue abandonado poco a poco, quedando tan solo dos preocupados Jiraiya y Tsunade.
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-¿Cuándo… pasó todo esto?- la manera lenta en la que Sasuke cerró la puerta del estudio, y luego suspiró fingiendo una tranquilidad que no sentía, fue el indicador para todos de que era el momento de fingirse consternados, por que la preocupación ya la tenían todos marcados en el rostro, donde por algún motivo su gran mentira se viniera al suelo. Las palabras de Naruto quedaron colgadas en el aire y cuando Iruka pasó un brazo sobre el hombro del rubio, el cuerpo de Sasuke se tensó. Casi inmediatamente.
-Creo que necesitas descansar, ¿Por que no vas a tu habitación y te recuestas un rato?-
-No lo sé yo…-
-Naruto, vamos- Iruka agarró del brazo al rubio y con un leve agarre comenzó a encaminarlo para que subiera las escaleras, sin notar que la mirada de todos los presentes se encontraba tras su espalda.
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-¡¿Qué demonios pasa con ustedes?!- la voz prepotente de Sasuke se dejó escuchar con cierta fuerza dentro del estudio, donde toda la familia Uchiha se encontraba reunida. Karin se encontraba afuera, vigilando que Iruka no se apareciera de sorpresa
-Fue un error y lo sé, Sasuke- la rubia no demoró en sacar un cigarro –No necesito que me regañes como si fuera una maldita adolescente impulsiva-
-Pues si no te comportaras como tal…-
-De acuerdo, basta- Itachi intervino de inmediato, masajeando su sien y con los ojos cerrados –De ahora en adelante habrá que fingir, no se cómo, pero que ustedes se reconcilian-
-¿Quieres que nos reconciliemos de la noche a la mañana?- los ojos de Itachi se clavaron inmediatamente en los de un tranquilo Jiraiya
-Obviamente no. Usa tácticas que se yo, pero que se vea creíble, especialmente por Iruka- Itachi empezó a servirse un poco de vodka –Ese hombre nos va a traer demasiados problemas-
La manera en la que Sasuke arrugó el entrecejo y se cruzó de brazos, arrimado ligeramente en el pequeño librero tras de él, llamó la atención de Sai -¿Qué hiciste?-
-¿De que hablas?-
-Te conozco, Sasuke- el azabache que en este momento representaba al primo menor de Naruto, se acercó a un serio Sasuke quien no dudó en fulminarlo con la mirada -¿Qué demonios hiciste?- nuevamente el Uchiha menor arrugó el entrecejo, esta vez con más notoriedad.
-Lo golpeé- Itachi tosió ruidosamente, y dejando el vaso con vodka que acababa de servirse, sobre el escritorio, caminó hasta un inmune Sasuke
-¿Qué diablos pasa contigo, Sasuke?- ajeno a aquello, Sai tan solo tomó el vaso que Itachi acababa de dejar, y lo bebió de golpe
-Fue un impulso-
-¿Un impulso?- la voz de Itachi sonó siseante, manejando cualquier impulso por gritar -¡¿Desde cuando tú te dejas llevar por un maldito impulso?!-
-Iruka…- todos giraron directamente hacia un aburrido Shikamaru –Es un hombre demasiado astuto, aparentemente sospecha de nosotros, la forma en que nos mira, sus preguntas adecuadas- el castaño suspiró –Es obvio que no confía en nosotros-
-Shikamaru tiene razón. Sino aprendemos a controlarnos entre nosotros será muy corto el tiempo que Naruto pase dentro de esta casa- Itachi suspiró, finalmente Sarutobi tenía razón y esto poco a poco se les estaba saliendo de las manos.
-No lo entiendo- esta vez fue Deidara quien se sentó en el pequeño sillón dentro del estudio dirigiéndose a los demás –Si el tal Orochimaru quiere que Naruto se crea todo esto ¿Por qué manda al tal Iruka?-
-Quizás por que Iruka le es más fiel a Naruto que a su propio trabajo, quizás por lo mismo Orochimaru no le contó la verdad, por que lo sabe y no puede despedirlo. Naruto lo odiaría si lo aleja de él- Sasuke empezó a salir del estudio, ignorando al gran número de personas que quedaban dentro.
-¿Y tu como sabes eso?- fue Sai quien lo detuvo, a varios pasos de él, el azabache permanecía con el vodka en las manos
-Es solo cuestión de observar- en el momento que Sasuke abandonó el estudio. Itachi se permitió suspirar y sentarse en la silla tras el escritorio.
-Bien, ahora tenemos que ver como solucionar todo esto entre Jiraiya y Tsunade-
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Subir las escaleras nunca le resultó un trabajo tan pesado como el día de hoy, no estaba acostumbrado a pedir disculpas y menos cuando sentía que había hecho lo correcto. Es más, nunca antes se había tomado la molestia de pedir disculpas, por que simplemente él nunca se había equivocado, sin embargo él se estaba jugando en este momento mucho más que su orgullo. Por un momento, Sasuke se preguntó ¿Qué precio podía tener su orgullo? ¿En realidad todo esto valía los miles que iban a pagarle? Cuando escuchó una puerta cerrarse y sus ojos se encontraron con los de Iruka, supo que el momento de la disculpa había llegado. No debía evitarlo.
-Naruto está muy desconcertado con lo del divorcio-
-No es algo seguro- Sasuke interrumpió al castaño quien en seguida enarcó una ceja –Ellos hacen lo mismo creo cada seis meses, que se divorcian, que no. A este punto creo que ya es una costumbre familiar, hasta resulta gracioso-
-¿En serio?-
-Son así de locos-
Por un momento ambos guardaron silencio, y cuando Iruka comprendió el orgullo que tenía el ahora hermano mayor de Naruto, supo que no habrían más palabras de por medio, por lo que tan solo suspiró retomando su camino –Iré por un poco de agua a la cocina, Naruto está escuchando música. Creo que le vendría bien hablar contigo y que le explicaras todo eso del no divorcio- Iruka comenzó a bajar las escaleras y Sasuke todavía con las manos dentro de su pantalón y sin atreverse a girar para mirarlo a los ojos, habló
-Yo… siento mucho lo del golpe. Admito que fui demasiado impulsivo y no te lo merecías-
Sasuke ingresó en la habitación del rubio sin encontrar la menor necesidad de escuchar o ver una respuesta en el castaño, había cumplido con intentar subsanar esa parte y ya no dependía más de él, cuando entró en la habitación, con restos amargos en su boca, por el solo hecho de haber pedido disculpas, se permitió recargarse en la puerta por un par de segundos. Escuchó un pequeño zumbido dentro de la casi silenciosa habitación y de inmediato ubicó a Naruto, sentado en una pequeña silla en el balcón de la habitación, con los audífonos colocados sobre sus oídos.
Se acercó con tranquilidad, una vez más, intentando hallar las palabras adecuadas. Pero cuando observó al rubio sacar de su bolsillo una cajetilla de cigarrillos, detuvo sus pasos. Con una velocidad, que solo proporcionaba la experiencia, el ojiazul sacó un cigarrillo y lo encendió, antes de dar su primera calada –No Tienes idea de lo que te haría Itachi si te ve fumando ¿Verdad?- levantó uno de los audífonos, para que el muchacho pudiera escucharlo y tal como imagino el rubio giró desprevenidamente sin soltar el cigarrillo de su boca.
-No te esperaba, Sasuke- los dedos del mayor rozaron los labios del rubio cuando le quitó el cigarrillo de la boca, para luego poder darle una larga calada al mismo cigarrillo. Sasuke se odio por aquel contacto, demasiado obvio, solo esperaba que Naruto lo ignorara –Iruka también odia que fume, así que si llega, el cigarrillo es tuyo- rascó su nuca flojamente y sonrió, intentando sacar de su interior esas extrañas palpitaciones que el tacto de Sasuke le había provocado.
-Lo del divorcio… no debe preocuparte- Sasuke miró hacía el horizonte donde, por cierto ya podía marcarse perfectamente el inicio de la noche
-¿Por qué lo dices?-
-Ellos dicen lo mismo todo el tiempo- le paso el cigarrillo a Naruto, quien no demoró en tomarlo entre sus dedos –No tienes por que angustiarte, arman el mismo escándalo cada seis meses. Pero al final… ya los ves, siempre terminan juntos-
Un suspiro proveniente de Naruto le hizo comprender a Sasuke que al parecer le había creído, así de fácil, sin que necesitara más explicaciones y Naruto ya le había creído y el comprobar esa confianza que al parecer el rubio le profesaba lo hizo sentir raramente incómodo –Subiendo las escaleras me encontré con Iruka- el cuerpo de Naruto se tensó, Sasuke supuso que con todo esto del divorcio era normal que el ojiazul hubiera olvidado momentáneamente lo del golpe –Y le pedí disculpas, me comporté como un idiota- apenas pronunció aquellas palabras, le quitó el cigarrillo de las manos al menor, sintiendo que de verdad necesitaba esa nicotina llenando sus pulmones.
-¿Hablas en serio?-
-Por supuesto que si- el humo salió de sus labios y cuando sintió los brazos de Naruto abrazarlo con fuerza, con una fuerza que lo sorprendió por que fácilmente podría igualar la suya, se sorprendió
-No te imaginas lo importante que es esto para mi- los susurros de Naruto, tan cerca de su oreja, no estaban ayudando y cuando el cigarrillo cayó de entre sus dedos, supo que debía alejarlo –Que tú y él se lleven bien, es lo más importante para mi- pero decidió no hacerlo en este momento.
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"El peor error que pude cometer… es dejar que se acercara tanto a mi. A veces quería que todo terminará de una vez, que los meses pasaran volando, sin embargo otras veces que el tiempo se alargara."
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Deidara arrojó por séptima vez una piedra lo más lejos que su fuerza se lo permitió, el color verde en el césped de esa casa era un color realmente espectacular, no es que el color verde fuera algo que el en realidad apreciara, o que fuera su color preferido, pero el cuidado que le prestaban a aquella casa era tan obvio, que el trabajo debía ser realizado por alguien que de verdad amará su trabajo.
-¿Preocupado, hermanito?- la voz de Uchiha Itachi a su espalda lo hizo detener su próximo lanzamiento
-No- dejó la pequeña piedra caer entre sus piernas –Tan solo me doy unos minutos al día, para alejarme de todos y convencerme a mi mismo de que no le estamos destruyendo la vida a ese rubio-
-Ese rubio, es Naruto- sintió el césped a su lado siendo ocupado por el azabache, ahora a su lado –Y en realidad lo estamos haciendo feliz, dándole la familia que nunca tuvo-
-Una familia falsa-
-¿Siempre tienes que verle el lado negativo a todo?- giró su rostro molesto ante las palabras del Uchiha y cuando notó sus rostros demasiado cerca, arrugó el entrecejo
-Preferiría que tú y yo no crucemos palabras, a menos que estemos en presencia de Naruto-
-¿Me detestas?-
-Más bien es aversión-
Deidara se levantó e Itachi tan solo sonrió –Aversión ¿eh?- escuchó los pasos del rubio detenerse, para poder escucharlo perfectamente –Yo diría que más bien es algo muy parecido al miedo-
-¿Bromeas?- Itachi no demoró en levantarse y el que sus rostros volvieran a estar a menos de un centímetro de distancia realmente le resultaba provocador
-No, y sabes que es verdad. Te da miedo lo que mi presencia provoca en tu cuerpo-
-Eres… muy presumido ¿Sabias?-
La mano de Itachi se aseguró detrás de la espalda del rubio y cuando este se tensó ante el extraño abrazo y sus narices se rozaron por un segundo, supo que tal vez, el idiota que tenía por supuesto hermano tenía un poco de razón –Eres impulsivo Deidara, lo noté desde el primer momento en que te vi. Y temes por que sabes que a veces tus impulsos son demasiado incontrolables-
-No me provoques Uchiha- la voz de Deidara sonó ronca, pero extrañamente excitada –El involucrarnos no nos conviene-
-¡Itachi, idiota!- el grito desde uno de los balcones los hizo separarse de inmediato, ante un molesto Sasuke que junto a un desconcertado Naruto los observaba desde la habitación del rubio -¡Deja de molestar a Deidara, que por el ánimo con el que están mis padres, seguramente te echan de la casa por dos días!-
-¡No necesito que me defiendas Sasuke!- el grito por parte de Deidara, sorprendió a todos, el rubio de coleta estaba dispuesto a seguirle el juego a Sasuke -¿Se te olvida que soy mayor que tú?-
-Si claro, para que terminen medio matándose a golpes como la última vez- masculló Sasuke lo suficientemente audible como para que Naruto lo escuchara
-¡No fuiste tú quien recibió el castigo, Sasuke!- esta vez intervino Itachi, saliendo de su estupor, sabía que por la distancia que existía, Naruto difícilmente los pudo haber escuchado y con lo que vio, pues fácilmente podía pasar como una provocación de pelea
-¡Pero si me regañaron por haberlos visto y no detenerlos!-
La risa de Naruto fue espontánea e inundó por completo el absorto silencio que existía en la dichosa casa, interrumpido apenas por los gritos que proporcionaban ahora los hermanos Uchiha, Sasuke giró extrañado y los dos adultos abajo no hacían más que compartir miradas extrañados –Lo siento… Lo siento… es que…- Naruto volvió a reír, esta vez con más intensidad –Nunca había presenciado una pelea de hermanos… solo la de mis amigos… pero está es diferente- el rubio apretó su estómago sintiendo cierto calambre por lo fuerte de sus carcajadas –Por que ustedes son mi familia, ahora-
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-No tenías que acompañarme- Ino rió ligeramente ante las palabras de Kiba y pasó una mano por su largo cabello rubio, Lee en el volante podía escucharlos perfectamente
-Eres mi novio ¿No?-
-Sabes que…-
-Da igual- las delicadas manos de Ino tomaron del rostro al castaño, quien a verse con la espalda en la puerta del carro, no pudo moverse –Nos vemos mañana- los labios de Ino, como lo imaginaba eran suaves y delicados. Con un sabor a fresa que hace mucho tiempo Kiba no probaba.
Cuando la rubia se alejó lentamente, con una sonrisa en los labios. Kiba sintió que algo dentro de esta historia se le estaba saliendo de las manos –Ino… no creo que esto sea necesario, cuando Naruto no…-
-Pero era yo quien quería hacerlo- sin saber nada más que argumentar, el castaño tan solo asintió antes de bajarse del carro, con un extraño nerviosismo en su interior, principalmente causado por el hecho de que todo eso había sucedido justo frente al edificio donde vivía con Shino –Kiba- la muchacha dentro del automóvil y asomada por la ventana con una brillante sonrisa en los labios llamó su atención –Te ves muy bien cuando te sonrojas-
El auto arrancó de inmediato y lo único que pudo ver fue la mano de Ino Yamanaka agitándose en señal de despedida, el no haber dicho o hecho algo ante aquel beso, le resultó patético. Especialmente por que aquello nunca debió haber pasado -¿Kiba?- levantó el rostro con brusquedad al ver a Shino bajar de un taxi con un pequeño maletín en las manos –Creí que llegarías más tarde-
-Solo… preferí llegar temprano- el pelinegro canceló lo del taxi y apenas prestó su atención al Inozuka supo que el muchacho estaba algo pálido.
-¿Estás bien?-
-Cansado, muy cansado- Kiba empezó a caminar hacia el interior del departamento junto a Shino, en aquel mutismo ya acordado entre ambos –Shino…-
-¿Si?- lo observó empezar a revisar un par de cosas en su agenda electrónico y con un suspiro en los labios, Kiba se decidió a decirle la verdad. Presionó el botón que llamaba al ascensor y tapó con su mano el pequeño aparato electrónico en manos del pelinegro, para llamar por completo su atención.
-Es sobre mi nuevo trabajo-
-¿Pasó algo?-
-Mi trabajo no es como cualquier otro- las puertas del ascensor se abrieron pero ninguno se movió, Shino lo miraba fijamente y Kiba mordía su labio inferior –Me contrataron a mi y a otras personas para que…- tomó un poco de aire y se decidió por mirar a los ojos al mayor –Fingiéramos ser la familia de un extranjero, supuestamente yo soy el novio de la hermana de él-
El rictus algo comprensivo en el rostro de Shino desapareció de inmediato -¿Estas bromeando, verdad?-
-No, pero te juro que no es para hacerle daño. Su padre adoptivo solo quería hacerlo feliz además solo será por unos meses a lo sumo-
-Lo están engañando-
-Si, pero…- Kiba tuvo la intención de tocar el brazo de Shino pero cuando él retrocedió, comprendió que las cosas no estaban saliendo tan bien.
-¿Tienes idea de lo cruel, inmoral e insensible que es todo esto? ¿Cuántos años tiene?-
-19- Kiba agachó la cabeza sintiendo la reprochante mirada de Shino encima de él, no había sido tan buena idea después de todo
-Es un muchachito. Están jugando con sus sentimientos, mintiéndole, engañándolo-
-No es para lastimarlo-
-¿Sabes que es lo que más me indigna de todo esto?- Kiba volvió a mirar a los ojos al mayor –Que si eres capaz de hacerle esto a un desconocido no quiero saber lo que eres capaz de hacerme a mi-
-¿Qué… me estás queriendo decir?- los ojos de Shino se posaron en las puertas cerradas del ascensor
-Quiero que te vayas. No quiero volver a verte- Kiba abrió los ojos con sorpresa –Nunca más-
-¡Hey, Kiba!- el castaño se sobresaltó ante el grito por parte de Shino y parpadeó un par de veces antes de salir de su estupor, frente a él. Shino sostenía en una mano su agenda electrónica y con la otra mantenía la puerta del ascensor abierta -¿Qué te pasa? Entremos- tan solo atinó a asentir y seguir al pelinegro en cuanto ingresaron al ascensor, el mayor continuaba marcando un par de fechas y Kiba se permitió respirar hondamente al percatarse de que su triste confesión, no fue más que producto de su agitada imaginación.
Muchas veces se había planteado el por que no decirle la verdad de su trabajo al pelinegro, pero de inmediato se contestaba así mismo lo idiota de la situación, si Shino se enteraba lo repudiaría por el solo hecho de jugar de esa manera con los sentimientos de una persona, en especial por que podría pensar que sería capaz de jugar con sus sentimientos, aunque no fuera posible, de la misma forma.
-Andas demasiado distraído últimamente- Kiba levantó la mirada y al verlo continuar trabajando con la agenda electrónica, sin dirigirle una sola mirada, regresó su mirada al piso
-Es que entre la Universidad y mi… trabajo todo es muy complicado- Shino por fin guardó la pequeña agenda en su bolsillo y agarró de la barbilla a un desprevenido Kiba quien abrió los ojos con sorpresa al notar el gesto impulsivo que él hubiera tenido cuando junto sus labios en un corto beso, muy parecido a una caricia.
-¿Desde cuando tú eres el callado y tranquilo y yo el impulsivo?- Kiba salió de su estupor ante las palabras y arrugó el entrecejo, sin olvidar antes darle un pequeño golpe al mayor
-Idiota- se cruzó de brazos en espera que las puertas del ascensor se abrieran una vez y dio un pequeño suspiro sintiéndose demasiado aliviado al poder percibir a Shino a su lado
-Debes…- la mano del azabache en su cabeza electrizó por completo sus sentidos –Alimentarte mejor, sino no soportaras la carga entre el trabajo y el estudio-
Lo único que pudo percibir luego de sentir aquel tacto sobre sus cabellos castaños, fue lo bien que se sentía tener a alguien que se preocupara por él y notara, aunque no fuera conveniente, cada vez que su estado de ánimo cambiaba.
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-Minato…-
Escuchó, a pesar de lo lejos y susurrante en que su nombre había sido pronunciado, como cada letra pronunciada con cuidado le erizaba la piel, esa femenina voz que era capaz de envolverlo en unos segundos, pero a la cual era capaz de odiarla de la misma forma, sintió ese suave brazo pasar por su espalda desnuda en un tenue abrazo y continuó fingiendo que dormía. Con el rostro ligeramente ladeado hacia el contrario donde se encontraba el rostro de la persona que lo acompañaba en estos instantes, semi hundido sobre la almohada.
-No se si me escuchas, pero… Lo siento…-
Era lo mismo cada noche, y Minato empezaba a sentir que esto estaba llegando a su límite, a un punto en el que ya no podría más y se rendía. Pero cada vez que lo intentaba, volvía. Renunciar a ella, era casi tan inútil como intentar renunciar a la única persona que ha buscado por años, hasta el punto incluso de obsesionarse.
-Te amo…-
Y con el pendiente de una respuesta que nunca llegaría, por lo menos no, hasta que el alma de Namikaze Minato se sintiera libre de perdonar, la pelirroja apoyó su mejilla en la espalda algo fría del hombre a su lado, percibiendo ese maravilloso calor corporal, dejando que ambos cuerpos desnudos, tapados apenas por una blanda sábana de seda, se rindieran ante el cansancio.
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La pelota de Tenis sobre su cabeza fue imposible de ver, el sol brillante como nunca antes se lo impidió, por lo que casi de inmediato elevó su brazo en un vano intento por opacar un poco los rayos del imponente astro, dificultosamente retrocedió y con su objetivo en vista saltó. Lo más alto que pudo y todavía en el aire, para sorpresa de todos los presentes, Sasuke logró contrarrestar el fuerte ataque de su rubio hermano.
La pelota rebotó un par de veces en el suelo, mucho antes de que Naruto pudiera siquiera razonar, apenas a un metro de distancia de donde hubiera caído la pequeña pelota verde -¿La… la remataste?- el rubio miró incrédulo al azabache quien con una sonrisa prepotente lo miraba enfrente de él, dejando que la raqueta colgara desde uno de sus hombres
-Es que soy mejor que tu-
-Eso no es cierto- Naruto arrugó el entrecejo adelantándose un par de pasos –Nunca nadie ha podido rematar mi lanzamiento, ni siquiera Gaara-
-Es que los Uchiha nunca pierden- Itachi rodó los ojos ante las palabras de Sasuke, divertido con la pequeña pelea que se estaba armando entre los dos, ignorando por completo al nombrado Gaara
-En ese caso- Uzumaki afiló su mirada –Yo también soy un Uchiha, debería haber quedado en empate-
-Entonces sencillamente yo soy mejor que tú, dobe-
-¡¿Qué dijiste?!-
La pelea continuó, Itachi aburrido decidió mirar a cualquier otra parte mientras esperaba a que el juego se reanudara. Jugaban dobles desde hace unos diez minutos él con Sasuke en contra de Naruto y Kiba. Vió rápidamente como Ino se acercaba al Inozuka con un vaso con refrescante limonada, quien un poco incómodo con la situación aceptó la bebida. Esa muchachita rubia se estaba tomando muy en serio su actuación, el contraste existente entre las dos personalidades de los verdaderos hermanos rubios, era tan férrea que Itachi se preguntaba como se podían llevar tan bien Ino y Deidara.
Y precisamente cuando sus pensamientos divagaban entre el muchacho de coleta larga y la rubia enfrente de él, fue cuando observó a Deidara caminar descalzo sobre el césped, apenas vestido con una bermuda azul de rayas rojas, una toalla algo larga colgaba de uno de sus hombros, caminaba directamente hacia la piscina. Itachi pudo sentir un extraño cosquilleo en el pecho, producto por su puesto de la adrenalina que sentía su cuerpo al verlo de esa manera.
Deidara era demasiado ambivalente, se la pasaba diciendo que pretendía mantenerlo lejos, pero de repente se desfilaba enfrente suyo de esa manera. Sin embargo en cuanto vió a Suigetsu también en bermuda corriendo velozmente hacía el rubio un retorcijón en su estómago le hizo pensar que estaba enfermo -¡Dei, cierra los ojos!- todos giraron repentinamente hacia la zona de la piscina, donde el rubio de coleta tan solo tuvo tiempo de levantar la cabeza antes de que los fuertes brazos de Suigetsu lo apresaran con fuerza y en un salto impulsivo ambos cayeran a la piscina.
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"Nunca viví el verdadero calor familiar, el tener a toda esa gente tan cerca de mi, sonriendo sinceramente, divirtiéndose de verdad, el calor que se formó en mi pecho al ver a cada uno de ellos… fue tan gratificante. Por un momento pensé que en realidad toda esta farsa tenía un lado bueno"
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Sasuke y Naruto habían detenido su pelea, la risa de todos se hizo presente. Cada uno de los miembros de la familia Uchiha se encontraba presente, a excepción de Jiraiya. Iruka tan solo los observaba desde una de las mesas cercana a la piscina conversando con tranquilidad junto a Shizune y Tsunade, por eso cuando Naruto agarró del brazo a Sasuke, jalándolo improvistamente y llevado por la alegría que sentía en ese momento de compartir un momento con la familia, el castaño no pudo evitar sonreír.
-¡Oye…!- Sasuke intentó quejarse, el tacto de Naruto sobre su brazo no le era por completo indiferente -¡¿Qué haces?! ¡Quédate quieto!- se dejó guiar más bien por que intentaba calmar sus propios impulsos -¡Naruto!-
-Vamos a refrescarnos- Naruto le mostró una sonrisa resplandeciente y Sasuke todavía aturdido no se dio cuenta cuando la fuerza del rubio hizo presencia y lo movió con rapidez guiándolo directamente hacia el interior de la piscina. Dos segundos después Naruto también se zambullía en la refrescante agua.
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Sasuke bajó las escaleras ya cambiado de ropa y con el cabello todavía un poco húmedo, Naruto seguramente todavía en su habitación todavía se duchaba. No quería, pero debía admitir que de una manera extraña aquel juego tonto de lanzarse en la piscina había sido divertido, luego de que ellos dos se lanzaran Ino, Kiba, Tenten, que había jalado a Shikamaru también los habían acompañado, claro que él se fingió molesto pero aunque no le gustara aceptarlo. Sasuke debía admitir que hace mucho no se divertía de esa manera.
Bajó la escalera de una manera mucho más lenta de lo normal al notar como toda la sala se encontraba repleta de arreglos florales, obra seguramente de Itachi -…Y yo sé que no importa cuantas veces intentes alejarte de mí- Jiraiya, frente a Tsunade se arrodilló con una ramo de rosas rojas en las manos –Siempre no importa cuantas veces, yo iré tras de ti. Hace muchos años me di cuenta de que sin ti no puedo vivir. Y ahora que Naruto está en nuestras vidas, se que nuestra felicidad es completa y no puede ser mayor-
-Ya… ya cálmense que soy yo- Sasuke arqueó una ceja, apoyándose sobre el barandal de las escaleras y viendo con gusto la excelente actuación por parte del peliblanco. La puerta de la habitación del rubio se abrió por lo que hizo una seña para que rápidamente comenzaran con su actuación, por lo que Jiraiya todavía arrodillado tan solo estiró las flores hacía la rubia -…Y yo sé que no importa cuantas veces intentes alejarte de mí. Siempre no importa cuantas veces, yo iré tras de ti. Hace muchos años me di cuenta de que sin ti no puedo vivir. Y ahora que Naruto está en nuestras vidas, se que nuestra felicidad es completa y no puede ser mayor-
Naruto observó sorprendido como su padre miraba anhelante a Tsunade y la mayoría de su familia, al igual que él se encontraba expectante a la respuesta –Idiota…- el corto susurró por parte de la rubia entusiasmó a todos puesto que seguido a esas palabras un fuerte abrazo entre los mayores cerró cualquier problema. Una sonrisa en los labios de Naruto calmó a todos y aún más cuando el rubio se dedicó a observar la cantidad impresionante de arreglos florales que existían en el interior.
-¿Por qué no salimos un rato y los dejamos solos?- Tsunade hizo una mueca imperceptible ante los ojos de Naruto y cuando todos asintieron con una gran sonrisa burlona en el rostro, Tsunade deseó golpearlo a todos
-¡Claro, vayan!- Jiraiya posó una mano en la cintura de la rubia y ella luchó con todas sus fuerzas para no hacer algo equivocado -¡Aún falta la mejor parte de la reconciliación!- y eso fue todo, apenas la puerta se hubiera cerrado con toda la familia fuera de la casa. Tsunade se dio el gusto de golpearlo directamente en el rostro, sin el menor remordimiento.
-¡Maldito idiota, pervertido!-
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Sakura suspiró, aburrida una vez más.
El día de hoy estaba particularmente aburrido, sin ningún cliente en particular y con el montón de estudiantes que salían del instituto pidiendo sus órdenes a cada minuto, el uniforme de la pequeña cafetería en la que trabajaba desde hace un par de meses, era lo suficientemente cómodo como para soportar lo que le restaba del día dentro del lugar, por suerte con aire acondicionado.
La puerta dentro del local se abrió y ella no pudo evitar ampliar su sonrisa al identificar a los dos hombres que se acercaban conversando entre ambos, él uno era un castaño de cabello un tanto largo y el otro, quien seguramente rondaba su edad, era un rubio de ojos azules y por la ropa que llevaba seguramente extranjero, la agitación que sintió su propio cuerpo al tenerlos enfrente fue magnífica, quizás era esta la mejor parte de su trabajo.
-Buenos días, bienvenidos-
-¿Eh?- Naruto giró al oír aquella femenina voz y sonrió distraído al percatarse por fin de que habían llegado a la cajera –Buenos días dos jugos de naranja por favor y dos pasteles de fresa-
-En seguida ¿Pagaran en efectivo o con tarjeta?-
-Con efectivo-
Naruto observó con gusto como Iruka sacaba su billetera y cancelaba el valor de las bebidas y comidas para el día de hoy, sintió la mirada de aquella muchacha encima suyo varias veces, aquellos ojos verdes realmente resplandecientes llamaron por un momento su atención, en especial por que en otra situación, la muchacha sería una linda novia que presentar. Sin embargo al canalizar la presencia de Iruka a su lado lo hizo desestimar cualquier tipo de admiración por la pelirosa que ahora les señalaba una mesa frente al ventanal del local.
-Muchas gracias- caminó tras de Iruka con el pedido; No había sido difícil la decisión, luego de que Naruto hubiera propuesto que dejaran solos a la parejita recién reconciliada, la idea de poder permanecer fuera de esa farsa, por unas cuantas horas no les parecía tan mala idea a ninguno de los presentes. Cada uno había tomado un camino diferente alejándose por completo de todo lo que pudiera involucrar por un tiempo a esa extraña familia. Sasuke por supuesto no había querido en ningún momento dejarlo a solas con Iruka, sin embargo oponerse hubiera sido demasiado extraño y evidente, por lo que permanecer callado fue la mejor opción, además debía visitar el apartamento donde vivía junto a Itachi, sus partencias seguían allí y revisar por un momento sus cosas no le hacía daño.
Prácticamente comieron el pequeño pastel frente a ellos en unos minutos, minutos que se hicieron eternos antes de que cualquiera pudiera mencionar alguna palabra de por medio. Naruto sabía del por que de aquel mutismo y al no haber alguna palabra favorable o algún gesto por parte del castaño que le indicara que en realidad había una respuesta que a él le agradara, suspiró.
-Naruto…-
-Lo sé- bebió de su jugo sin observar al mayor, con aquella aprensión en el pecho que le provocaba el saberse rechazado, en especial por la persona a la que más quería
-Te quiero mucho- el codo del castaño se apoyó sobre la mesa para luego posar su quijada sobre la palma de la misma, con la vista fija en las calles transitadas del día de hoy –Pero no del modo en que tú desearías-
-Lo sé- repitió una vez más, con sus ojos azules fijos en la mesa –En realidad lo sabia desde el comienzo-
-Tú también eres más importante que cualquiera en mi vida, Naruto- cuando volvió a elevar la mirada y aquella sonrisa sincera que Iruka le ofrecía, Uzumaki Naruto sintió que finalmente, aunque lo deseara no podría alejarse de él, por que alejarse de Iruka sería intentar arrancarse un pedazo de vida -¿Por qué no vamos a dar un paseo? No conozco bien la ciudad-
-Yo tampoco-
-Entonces- Iruka se levantó del asiento, tomando aire y con aquella mirada determinante que no aceptaba negaciones –Conozcamos la ciudad juntos-
-De acuerdo- dejó el pequeño recipiente donde hace un momento había jugo y caminó junto al castaño, intentando guardar en su memoria lo delicioso que había resultado el pastel y que por supuesto volvería al lugar, posiblemente con toda su familia.
Sintió la mirada de alguien sobre su espalda y en el momento en que escuchó como Iruka abría la puerta logró girar, para sorprender a una sonrojada pelirosa retroceder avergonzada al sentirse descubierta por su mirada, aunque no sentía ánimos para sonreír. Inexplicablemente Naruto sonrió y levantó su mano en señal de despedida, mucho antes de girar pudo ver de reojo como varias de las compañeras de la ojiverde la molestaban y felicitaban debido a su gesto.
Estuvo a punto de abrir la puerta, dispuesto a salir, cuando esta se abrió antes sus ojos. Un hombre mayor que él, elegantemente vestido ingresó al local. Ligeramente más alto que él, con el cabello rubio y sus facciones relajadas aquel completo desconocido logró llamar la atención de Naruto en apenas un instante.
El azul de los iris pertenecientes a ambos se entrecruzaron por un par de segundos, por escasos segundos que en ningún momento detuvo el paso de los dos, a pesar de que Naruto ladeó su rostro para no terminar el contacto, aquel hombre tan solo continuó con su camino, acercándose a la cajera y haciendo su pedido. Finalmente Naruto salió del local, todavía con aquel estupor invadiéndolo por completo, por lo menos hasta que se acercó a un sonriente Iruka que ya llevaba unos cuantos segundos esperando a que saliera.
FIN CAPITULO CUATRO
