Líquido Carmesí Naciente Del Deseo Y El Anhelo I: (Cap. 4 Oscura Seducción y Promesas No Pronunciadas)

Abriendo los ojos sintió su cuerpo pesado, y la mente tan nublada como si hubiese estado sumido en un sueño profundo y demoledor, del cual comenzaba a despertar. Fijando su vista en un punto del techo, Lambo se dio cuenta que la habitación en la que se encontraba era la suya.

Poniéndose recto de un tirón, observó todo el cuarto, reconociendo con facilidad la decoración de la recamara que poseía en la mansión Vongola. — Estoy en casa. — Pronunció en un susurro que sonaba decepcionado, algo que de cierta forma le incómodo.

¿Había sido todo un sueño?; ¿En verdad todo había sido producto de su imaginación, y nunca había ido a ese lugar, ni conocido a...aquel vampiro?

Respirando de forma algo errática, se llevó la mano a su cuello, palpando la zona y descubriendo una leve hinchazón que causo que sin dudarlo se incorporarse dispuesto a ir al baño a revisar su cuello. No obstante no había dado más que unos cuantos pasos fuera de la cama, cuando sintió que las piernas le fallaban llevándolo a dar de lleno contra el piso. Gimiendo un poco, se dio cuenta que el caminar le costaba más de lo que nunca había imaginado, cosa que lo llevo a recordar con aprensión parte de su "sueño" en la que había yacido con ese hombre. — Después de todo parece que no fue un sueño. — Estremeciéndose por el repentino pánico que se hizo presente en él, a duras penas logró pararse para ir al baño. Una vez en dicho cuarto, encendió la luz a tientas, acercándose al espejo para ver la marca enrojecida y levemente inflamada que tenía en el cuarto, no pasando por alto las otras huellas que se plasmaban en su piel; mordidas, rasguños, cortes, y unos cuantos hematomas que parecían ser la huella de dedos que se habían clavado en su pie. — Oh mierda. — Agachando la cabeza se pasó ambas manos por el pelo, preguntándose cómo demonios recordaba algo si es que Audric le había dicho que no tendría recuerdo alguno de lo ocurrido. Momento. La noche anterior aquel vampiro había dicho que…— ¡Oh santísima mierda! — Completamente consternado el muchacho fue a dar de nuevo al piso, mientras observaba su reflejo como si fuese un extraño. Reborn le había dicho que sería de él, que lo conservaría, pero no entendía porque estaba de vuelta en su hogar, ni tampoco lograba entender cómo demonios se suponía que asimilara el hecho de pertenecerle a un vampiro. No, definitivamente eso no estaba en sus planes, así que si el vampiro lo había regresado a su hogar, seguramente era porque su loco discurso —humillante para él— no fuese más que una cosa que desecho después de tenerlo en la cama. Ante aquella idea, Lambo no se sintió mejor, al contrario. Una intensa indignación acompañada de un maletín a juego con indignación y ¿desilusión? maldición, sí, jodida desilusión que lo apresaba.

Un golpe en la puerta sacó al joven de sus profundas cavilaciones, haciendo que pegara un bote y se apresurara a ponerse en pie al oír la preocupada voz de Tsuna resonar en la estancia.

— ¿Lambo? ¡Lambo abre la puerta es urgente que hablemos! — Con la voz cargada de nerviosismo, el jefe Vongola se paseó de un lado a otro frente la puerta de su joven guardián, esperando que este le abriese la puerta. Antes de que pudiese golpear por quinta vez seguida, la puerta de la habitación se entreabrió, dejando ver el rostro intranquilo del más joven. — ¡Lambo al fin despiertas, estábamos tan preocupados! — Sin esperar a que lo dejase pasar, Tsuna prácticamente se lanzó dentro del cuarto, observando al oji-verde con preocupación.

— Yo…yo estoy bien, me tarde porque estaba en el ba… — Frunciendo un poco el ceño ante la actitud de su tutor, la cual se comenzaba a volver frustrante, Lambo intentó no chillar cuando el mayor lo interrumpió a mitad de la frase.

— Eso no importa y sabes perfectamente que lo que me trae aquí es otra cosa. — Encarando al chico, observó de manera significativa la serie de rasguños, y marcas que había en su blanco pecho.

Sonrojándose con fuerza, Lambo apartó la vista sabiendo que era lo que tanto quería discutir Tuna, entendiendo que seguramente no cedería hasta que no le explicase lo que había pasado. Bien, sería sencillo si él lo entendiera para empezar. —Tsuna yo… — Nuevamente fue interrumpido, sin poder terminar de expresar lo que quería decir.

— ¿¡En qué demonios estaban pensando ayer?! ¿¡Tienes acaso una idea de cuan preocupados estuvimos todos cuando desapareciste e I-Pin no supo darnos una sola pista de donde podías estar?! ¡Lo que hiciste fue completamente infantil, y quiero que en éste mismo instante me digas como rayos es que estas lleno de esas…esas marcas! — Gritó señalando la piel del muchacho.

Cerrando sus ojos contó mentalmente hasta diez, intentando no responderle de mala forma a su tutor, sabiendo que él no tenía la culpa de nada, excepto de estar preocupado por él. Sin embargo el que le gritase y lo sermoneara ahora no era una buena idea, para empezar porque no tenía idea de cómo diablos había ido a parar a su casa. — Yo…quiero saber primero como fue que llegue aquí. — Preguntó ansioso por conocer la respuesta.

— ¿Que cómo llegaste? ¿Ni siquiera recuerdas eso? ¡Dios! ¡Todos nosotros teníamos la esperanza de que nos aclararas las cosas! Te encontramos en la entrada de la casa por los jardines, estabas acostado en una de las mecedoras y dormías profundamente. — Dijo paseándose de un lado a otro, poniendo aún más nervioso a Lambo.

Tratando de recordar lo último que había pasado, la mente del joven luchó y luchó hasta que por fin rememoró la noche anterior; después de yacer con el vampiro había perdido el conocimiento y se había quedado dormido. Tan solo había pasado un rato cuando había abierto los ojos unos instantes, mientras estaba recostado en una camioneta que parecía ir en movimiento. Recordaba vagamente que había oído hablar a los que iban allí, casi había perdido detalle de todo, menos de las últimas palabras que había dicho esa sensual voz de barítono que poseía su captor. —"El volverá y ustedes se encargaran de traerlo nuevamente"— Después de eso todo estaba en blanco, pero con esa sola información Lambo sintió que se tambaleaba y quedaba completamente fuera de sí.

— Lambo, ¿¡Lambo, me estás escuchando?! — Preocupado por el repentino silencio de su joven guardián, Tsuna lo zarandeó suavemente en espera de que reaccionara.

— Es tarde…es mejor que me aliste para el colegio. — Ignorando las protestas de Tsuna, el niño se fue andando hacía el cuarto de baño, donde se encerró una vez que entró, sin prestar atención a la presencia y los gritos que soltaba el pei-castaño desde afuera. Una vez dentro, el muchacho se desnudó de forma mecánica, entrando a la ducha para dejar que la tibia agua despejara su mente y relajara su cuerpo.

Suyo. Ese hombre había dicho que sería suyo, y dudaba que estuviese bromeando. La pregunta era ¿qué planeaba el vampiro para atraerlo a su lado nuevamente?

Paladeando y saboreando el dulce y revitalizante sabor de la sangre que escurría en su boca, Reborn supo que por muy caliente y ardiente que hubiese sido el encuentro con su donante improvisado de aquel momento, ni el cuerpo ni la sangre de la joven que yacía a su lado tenía punto de comparación con la embriagadora esencia del niño que tan solo unas horas antes había regresado a su hogar después de poseer salvajemente en un frenesí de lujuria. Más, no pensaba perderlo de vista, tenía planeado llevárselo del lado de aquel lugar al que pertenecía y mantenerlo como objeto de su entera propiedad. Sabía que actuar así no era propio de él, y aunque de cierta forma se recriminaba el actuar tan posesivo con un crío que no le sería de utilidad más que para pasar una que otra noche y alimentarlo, sabía en el fondo que no podía renunciar a la sensación que lo embargaba a estar con el chico. El encuentro de la noche anterior había sido algo…que definitivamente valía cualquier cosa, además cuando se cansara de jugar con el niño lo despacharía de vuelta a su casa, pero mientras eso no sucediera, el chico iría con él lo quisiera o no.

— ¿Amo? — Una suave voz detrás de la puerta, causo que el vampiro regresara de sus cavilaciones y fijase su vista en la puerta del gran cuarto.

— Pasa Sasha. — Pronunció tranquilamente, poniéndose en pie, mientras ignoraba los sensuales e inútiles intentos de la humana por llamar su atención.

Ahora tenía cosas que hacer, además no es como si le interesara mucho volver a compartir cama con aquella humana. Una noche y no más, esa era su regla. Y sin embargo parecía que en una noche y por culpa de un niño tonto había quebrado todas sus leyes. Bufando ante aquel pensamiento, se fue a sentar al cómodo sillón que había junto a la ventana, tronando los dedos para hacer que la humana quedase inconsciente sobre la cama. Despreciaba el escándalo

— Disculpe que lo moleste señor, pero ¿quería saber que quiere que hagamos con el niño de…ayer? — Con su respetuoso tono acompañado de un deje serio que solo mostraba con su creador, Sasha trató de no mostrarse impaciente. El problema es que no estaba acostumbrado a ver esa actitud de parte de su Señor, y cabía decir como extra, que estaba ansioso por poder volver donde Audric. Después de todo, tenían tiempo que recuperar.

— Primero quiero que borres los recuerdos de esta humana. La quiero fuera cuanto antes, sabes que no soporto las demoras. — Dijo andando tranquilamente hacía su escritorio, del cual sustrajo un documento que ojeó por segunda vez, memorizando la información que ahí yacía.

— Como órdenes mi Señor. — Inclinando su cabeza a modo de mostrar respeto, el rubio se dispuso a ir por la humana que se encontraba en la gran cama.

— Espera, antes de que te lleves a la hembra, quiero que memorices esté documento y lo guardes muy bien. Cuando el crepúsculo llegue quiero que vayas al lugar que está indicado en la información que te proporcione. Al parecer el niño va a un instituto de los de clase alta que poseen los humanos. Lo traerás ante mí aun si se niegue. — Entrecerrando sus ojos mientras una fría sonrisa tiraba de la comisura de sus labios, esperó a la contestación de su ciervo.

Completamente fuera de sí ante las palabras de su Lord, Sasha solo atinó a asentir con la cabeza, antes de que el peli-negro lo apresurase a ir por la joven humana, con un movimiento de la mano. Una vez junto a la cama, alzó a la humana en brazos, comenzando a andar a la salida para dejar solo a su Señor y cumplir su orden.

— Y Sasha… — Pronunció sin esperar a que el otro respondiera.

— ¿Mi Lord? — Pregunto sintiéndose por vez primera nervios ante la actitud que mostraba su amo.

— Ni un cabo suelto. Y no me importa de quien o quienes tengas que deshacerte para traerlo. No quiero fallas, ¿está claro? — Fijando su vista en su primer ciervo, no dudo ni un solo instante al pronunciar con calma y seguridad aquel mandato.

— Como órdenes mi Señor. — Inclinando su cabeza nuevamente, salió de la habitación cargando a la donante de Reborn, sabiendo que no debía demorar en cumplir la orden de su creador.

Tal parecía ser que su tiempo con Audric debería esperar, él y su hermano debían salir en busca del chico humano. Aquel que había llamado —de forma increíble e inexplicable— la atención de Reborn.

— ¿En qué piensas? Desde que llegamos al colegio has estado muy distraído y callado — Observando a su mejor amigo con preocupación, I-Pin caminó al lado de Lambo de camino a la salida, por los pasillos del prestigioso instituto al que asistían ambos.

— No tiene importancia, solo ideas mías. — Desde que se había topado con la joven china, Lambo había notado los tensos momentos que se prolongaban como en aquel instante, pero no podía evitar estar tan distante y distraído cuando su cabeza no dejaba de rememorar la noche anterior.

— Antes hubieses compartido esas ideas conmigo. — Le recriminó la chica, dolida por sus silencios.

— Si bueno, es solo que hoy estoy algo distraído como bien dijiste I-Pin, en verdad no deberías hacer un drama por nada. — Dijo suspirando.

— Sabes bien que lo de ayer no fue precisamente nada. — Susurrando aquello entre dientes, dio la vuelta por uno de los grandes corredores, andando al mismo paso que su amigo.

— I-Pin no empieces tú también, en verdad ya tuve suficiente en la mañana con Tsuna. — Resoplando, frunció el ceño, exasperado por todas las preguntas que había recibido aquel día. Dios el maldito interrogatorio ya lo estaba fastidiando.

— Tanto Tsuna-san como yo nos preocupamos por ti, esa es la razón por la que queremos saber que ocurrió ayer y como llegaste a la mansión. No me puedes decir a mí y a los demás que no ocurrió nada, fingiendo que todo va viento en popa, cuando esas marcas… bueno… — Sonrojada la chica apartó la vista del gran hematoma que lucía su mejor amigo en el cuello, uno idéntico a varios que podía apostar, tenía debajo de la ropa.

Respirando con fuerza, Lambo fijó su vista en I-Pin con auténtica seriedad y molestia. — Si yo digo que no pasó nada es porque así es, y sinceramente creo que tú y Tsunayoshi deberían de dejar de meterse en algo que no les incumbe. Pero como veo que eso no sucederá pronto, prefiero regresarme solo a la casa. Nos vemos después. — Sin medir una palabra más, el joven dejó a una boquiabierta I-Pin, quien solo atinó a gritar su nombre cuando él ya llevaba un buen tramo de haber salido del colegio. Él sabía que su amiga y Tsuna solo estaban preocupados, pero él ya estaba lo suficientemente nervioso y alterado como para sumarle a la lista las ansias de otros. Muchas gracias.

Resoplando se dijo así mismo que debía olvidar la locura de aquella noche; sí, esa era la solución. No obstante y muy a su pesar, sabía que no podría sacar tan fácilmente a aquel vampiro de su mente. Todo lo ocurrido había sido una completa locura que parecía sacada de una maldita novela de terror, en donde había un jodido Drácula esperando poder clavarle los dientes a la inocente protagonista. Y francamente, Lambo no deseaba ocupar el papel de la inocente humana. Su vida como adolescente era ya complicada, no quería incluir un par de colmillos al día a día. Aun cuando el portador de estos, fuese un vampiro infernalmente sexy, de aquellos que hacían que uno pudiese brincar y bailar orgulloso de haberse sacado el premio gordo con un espécimen de esos. — Si hubiese mantenido mi curiosidad a raya, no estaría metido en este problema. — Rechinando los dientes anduvo entre las calles que seguía como ruta para volver a su hogar, observando con cierta inquietud el comienzo de un nuevo ocaso. Deteniendo sus pasos unos instantes, se quedó viendo el cielo, sintiendo que el aire soplaba una esencia, un llamado que lo hacía desear seguir observando como el firmamento se oscurecía.

Antes de que el chico pudiese hacer algo más que jadear, una enorme mano cubrió sus labios arrastrándolo por la silenciosa calle a donde una camioneta negra estaba estacionada entre las sombras de la entrada que daba a un oscuro callejón.

— Shhh si gritas o peleas, no me hago responsable del estado en que tenga que llevarte con nuestro amo. Ahora espero que te estés quietecito mientras cumplo con mi trabajo, de otra manera tendré que dejarte luces fuera. — Susurrando con la voz tranquila y fría, cierto rubio de ojos claros llevó dentro de la camioneta al menor, subiéndose a su lado para dejar que su hermano —el cual venía al volante— trabase las puertas para evitar cualquier estúpida idea que se formase en la mente del niño humano.

Viendo con los ojos completamente abiertos la forma en que su día acababa de irse a la mierda por causa de aquel vampiro que cumplía las ordenes de Reborn, Lambo no pudo evitar recriminarse el sentirse de cierta forma, alegre de que el mayor hubiese mandado a que lo buscasen.

Culpaba a su maldita libido, eso ni dudarlo.

— Ahora, sé un buen chico y no intentes ninguna tontería mientras el viajecito comienza. En verdad que no quiero dañarte niño, pero tengo mis órdenes. — Acomodándose un mechón rebelde de cabello, Sasha le hizo la señal a su hermano para que reanudara la marcha de camino al "CrimsonTies".

Donde su Maestro los esperaba.

Podía sentirlo, ese aroma que envolvía sus sentidos y hacía que su hambre pulsara dentro de su sistema, forzándolo a desear morder, desgarrar y tomar el pequeño cuerpo que ahora atravesaba el marco de entrada, escoltado por sus dos ciervos. Aquel niño, un simple humano que había captado su atención mejor que la más dulce de las fuentes de sangre. Tan puro, tan ardiente y entregado, tan temeroso y confundido; mmm…todo un placer para sus más bajos instintos. Como una serpiente que tienta al incauto, avanzó hacía donde el menor estaba observándolo con los ojos dilatados por el temor y el deseo. Tan juntos que eran uno solo. — Cumpliste bien tú trabajo, ahora vete y déjanos solos. — Sin despegar la vista del chico, observó por el rabillo del ojo como después de inclinarse, Sasha se iba a la salida donde su hermano lo esperaba. Mientras el centraba toda su atención en el muchacho frente a él.

Estaba paralizado, Lambo no sabía cómo diablos reaccionar a la salvaje presencia del vampiro. Su mirada estaba trabaja en la contraria, y sus nervios a flor de piel, pero parecía ser que esté hecho le divertía al mayor. — ¿Por qué…me trajiste de nuevo? — Su voz sonaba temblorosa por la mezcla de emociones que había en él.

— ¿Acaso no fui lo suficientemente claro contigo anoche? ¿Debería volver a colocar el collar alrededor de tú cuello para reafirmar mis palabras, o atarte es mejor? — Devolviéndole la mirada, anduvo a paso lento hasta llegar al lado del más chico, andando en círculos a su alrededor, calculando sus movimientos cual depredador en medio de la caza.

— Por favor, debo volver a…casa. Deben estar pre… — Sin poder terminar la frase, jadeó al sentir el tirón que el mayor le daba a su cabello, inclinando hacía atrás su rostro mientras esté acercaba sus labios al oído del chico, dejando ir su oscuro y pecaminoso susurro.

— Es encantador que me ruegues, no obstante eso no funcionará. Sabes que no puedes escapar y me deseas tanto que me atrevo a afirmar, como tú mente es habitada por mi recuerdo día y noche. — Sacando una daga de su caro pantalón, la apoyó contra el delicado cuello del muchacho, haciendo un pequeño corte en la blanca piel con la afilada hoja. — El contraste que hay entre tú nívea piel y tú deliciosa sangre es exquisito… — Observando con una lúgubre y misteriosa sonrisa la forma en que el pequeño hilillo de sangre corría por el cuello del muchacho, Reborn acercó su lengua y lamió la mancha escarlata.

— Para… — Tragando saliva, cerró sus ojos y luchó por detener el calor que aquella acción despertó en su cuerpo. Era tan intenso y candente, haciéndole arder, haciéndole desear más y más.

— Esa boca debería ser útil para algo más que protestar, porque no lo probamos… — Sin dejarle decir o hacer nada, en un rápido movimiento se ubicó frente al cuerpo de Lambo, apresando los brazos entre sus poderosas manos, atrayendo al chico contra él para probar su boca y devorarla en un beso que prometía muchas cosas, pero todas repletas de una oscura seducción.

Y él no podía más que ceder…solo rendirse le quedaba ahora que lo sabía; Reborn había tomado su cordura y se la había arrebatado. Solo quedaba el desgarrador deseo y las promesas no pronunciadas que hacían eco en su cuerpo y pronto, sin siquiera planearlo, también en su corazón.