Si quería confundirme con ese beso, ya lo ha hecho…
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-¡Onee-chan! Ya llego Arisa, nos vamos primero. Si no te levantas llegarás tarde a la clase, ¿me escuchaste?-
-Sí… Ya me estoy cambiando…- Mentía, me quedé despierta toda la noche mirando el techo, de nuevo…
Me levanté de la cama sin ganas, pero tenía que asistir a la escuela de todas formas. Me metí a dar una ducha, después de salir me puse el uniforme con el saco encima como habitualmente lo hacía. Saque la maleta que me había dado Tsubasa que escondía debajo de la cama. Estaba toda húmeda por el hielo. Tomé dos bolsas de sangre, aún quedan cinco…
Bajé a la cocina y vertí la sangre en una botella de color purpura fuerte, así no se vería el contenido de esta, bebí lo que sobraba de las bolsas e introduje todo a la mochila para salir, ya tiraría las pruebas en otra parte.
El sol ahora era un poco molesto pero ya no quemaba, si me mantengo alimentada puedo salir, ¡genial!
Mi celular estuvo vibrando por todo el camino, alguien llamaba pero ni siquiera me molesté en ver quién lo hacía. Venía bastante tranquila, no iba a dejar que me interrumpieran. Reía al ver como más alumnas de Otonokizaka corrían para no llegar tarde. Llegué a la escuela pero no fui directo a clases, ya iba muy tarde y es realmente incómodo entrar a mitad a interrumpir al maestro. Así que fui a la parte trasera de la escuela sin que nadie me viera, me acerque a unos arbustos y ahí estaba una caja de cartón siendo cubierta por unas mantas.
-Pequeño, ya estoy aquí, ¿me extrañaste?- Decía mientras quitaba las mantas y ver como se movía la caja. –Aww, ven conmigo. Eres tan tierno, lástima que no pueda llevarte a casa.- El pequeño cachorro movía su cola de lado a lado, brincaba y se remolía en mis brazos.
Era un cachorro Beagle que habían dejado abandonado en la entrada de la escuela. El día que lo recogí fue un día que me había levantado temprano y llegué antes que todos, tenía una de sus patitas lastimada, no pude dejarlo a su suerte, así que me lo quedé y lo cuido desde atrás de la escuela.
-Veré si puedo traerte algo para la hora del almuerzo, ¿de acuerdo?- Se movía más y más de felicidad mientras lo acariciaba.
-¡Oh! Entonces es verdad. Si hay un cachorro aquí atrás.- Esa voz le pertenecía a la peli roja de nuestro grupo.
-¡M-Maki! ¿Cómo? ¿Qué haces aquí, no deberías estar dentro de clases?- Me giraba hacia ella que caminaba hasta mí.
-Bueno, lo mismo aplicaría para ti, pero parece que también llegaste tarde.- Se dibujaba una sonrisa en su rostro.
-Pero, ¿tarde tú? Me sorprendes, ¿qué excusa tenemos?- Maki acariciaba también al perro que ahora tenía en sus brazos.
-N-No, lo mío no es excusa, me quedé practicando algo de piano y estudiando unos libros de papá, sólo eso. ¿Y tú?-
-Yo… Me quedé jugando toda la noche, ja…- Reía con nerviosismo recordando todo.
-Mm, típico de ti.- Carcajeaba y con el perrito en manos se ve tan linda, con eso de que siempre tiene una expresión indiferente. –¿Este amigo tiene nombre?
-Le puse Rex.-
-Tu originalidad vuela, Honoka.- Volvía a reír.
-Jaja, ¡oh! Me permites un momento.- Mi celular vibraba de nuevo, era Umi quien llamaba, a ella le correspondían las anteriores también.
-Umi, hola. Dime.- Respondía alegre a la llamada.
-Honoka, ¿dónde estás? Te estuve marcando, ¿por qué no contestabas? Te perdiste la clase…- Preocupación se hacía clara en su voz.
-Lo siento, no las escuche.- Hoy empiezo el día mintiéndole a todo el mundo, vaya.
-¿No vendrás a la escuela? Necesitamos los…-
-De hecho, ¡ya estoy en la escuela! Sólo no entré a la primera hora por llegar tarde. Aquí también traigo el papeleo de las actividades, ¿estabas más preocupada por eso, no?-
-Se podría decir que sí. Kotori y yo te estamos esperando en el Consejo, apresúrate.- Con firme voz, cuelga la llamada.
-Uy, Umi es muy dura conmigo, Maki.-
-Por algo lo es. Creo que debemos irnos, ya ha sonado el timbre. Necesito ir con las chicas.- Me entregaba el perrito no sin antes volverlo a acariciar.
-Yo estaré con la gruñona de Umi, nos vemos.- Salía primero ella y yo, dejaba de vuelta al pequeño animal en su caja. Salí a prisas a con las chicas.
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-¡Tenemos trabajo que hacer!- Golpeaba la mesa con un libro pesado, Kotori y yo dimos un brinco del susto.
-U-Umi-chan… Honoka-chan ya está aquí y trajo el papeleo. No tienes que hacer eso, das miedo.- Decía temblorosa Kotori a una autoritaria Umi.
-Sí, Umi. No tienes por qué gritar. Mira, cada una de nosotras entregará las indicaciones a cada grupo como lo acordamos, tengo todo arreglado.- Le guiñaba un ojo y le daba mi pulgar de aprobación. –Vamos ahora mismo.-
Estuvimos yendo a cada grupo a entregar las actividades para cada uno de estos, recibimos buen apoyo por parte de la Comunidad Estudiantil, después de todo pedían a gritos que se realizara un evento así.
-Bien, espero contar con todo su apoyo y esfuerzo para que se lleve a cabo lo encomendado a su grupo. ¡Realizaremos una buena celebración de Noche de Brujas y todos nos divertiremos en grande! No olviden dar todos los avances al Consejo para ponernos manos a la obra en el transcurso de esta semana. Gracias por su atención y continúen con la clase.- Daba las indicaciones al último grupo que faltaba por mi parte. Kotori y Umi me esperaban fuera de este salón.
-¡Listo! Ese fue el último, creo que hasta me emocione un poco.- Ladeaba mi sonrisa.
-¡Ya quiero que llegue el fin de semana!- Decía Kotori.
-¡Verdad! Al principio estaba dudando sobre esto, pero ahora muero de ganas por que llegue el Finde.- Nos tomábamos de las manos y comenzamos a brincar de la emoción.
-Chicas, ¿apenas entran y ya quieren salir?- De los labios de Umi se escapaba un pesado suspiro. –Dejen de brincar y vamos a cambiarnos, tenemos clase de Educación Física hoy.-
-¿Eh? ¿La tenemos?- Decía con sorpresa.
-Honoka-chan es Lunes, ¿recuerdas?-
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Aahh, Educación Física… A veces me pregunto por qué siguen dándome está clase, estaba bien sólo hasta Secundaria pero a veces es molesto. Y últimamente ya no me gusta participar tanto en esa clase y es porque…
-Escojo a Minami-san.- Decía una de las alumnas líder que estaba en shorts cortos, blusa blanca y detrás de ellas un grupo más de chicas.
-Yeey~ Umi-chan, ¡estamos juntas de nuevo!- Festejaba con la mencionada que portaba unos pants rojos y también blusa blanca.
-Maestra, sólo queda Kousaka…- Decía la otra líder del equipo contrario. Sí, yo era siempre una de las que escogían al final.
La profesora hizo que formáramos dos Equipos, el "A" y el "B", ambos tenían diferentes integrantes revueltos de dos grupos distintos, con el fin de "convivir" más según la maestra. Siempre lo hacía cuando se trataba de Basket Ball. El problema aquí es que siempre me tocaba con cierta alumna molesta e irritable que le encantaba joderme la vida, demostrando que es mejor atleta que yo, recibiendo varias indirectas y agresiones por para suya.
-Kousaka, quedas en el Equipo "A".- Decía la maestra. Pude percibir varias miradas de desaprobación y otras de desagrado en algunas. –El Equipo que gane, tendrá dos puntos en el Parcial para cada una de sus integrantes. Bien, ¡comiencen!- Con eso terminó e hizo sonar su silbato dando inicio al juego.
-¿Por qué el Equipo "B" tiene a Sonoda?-
-Adiós a esos puntos…-
-¡Tsh! No lo arruines, Honoka-san.-
-Mierda, ya perdimos…-
Eran las palabras de las chicas que murmuraban por lo bajo. Y ahí venía de entre ellas haciéndolas a un lado, una chica alta con shorts negros, cabellera oscura y ojos azul celeste. La brabucona que se cree bastante buena y que lleva por nombre Stella.
-Hey, Honoka. No vuelvas a estampar la cara en el balón, ¿de acuerdo?- Reía burlesca y después se fue corriendo a su posición con esos chirriantes tenis nuevos.
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Estuve corriendo de un lado a otro, detrás de la que rebotaba el balón pero siempre que intentaba algo, Stella me bloqueaba para no "arruinarlo", en otras me hacía caer empujándome con su cadera. A ella no le importa ganar los puntos, le interesa y le divierte más joderme…
El Equipo contrario donde estaba Umi y Kotori, ya tiene encestados 8 puntos en el marcador. En cuanto a nosotras… sólo 2. Pero en el momento en que Stella se distrajo, aproveché para ir por la que tenía el balón, logrando quitárselo y dirigirme con velocidad a la canasta de los rivales.
-Lo siento, Honoka. No esta vez.- Aparecía de la nada Umi arrebatándome el balón, esquivando a todas con habilidad y fluidez, fue directo a nuestra canasta y encesto otros dos puntos. Ahora en el marcador el Equipo "B" tenía 10 puntos a su favor.
-¡Ay, por favor, Umi! Tú ni siquiera necesitas los puntos…- Me sonrió palmeando mi espalda. Fue con su Esquipo y este le celebraba.
-Oye, se la regalaste a Sonoda, Honoka.- Se atrevía a golpearme con el hombro Stella.
-Será mejor que dejes de hacer eso…- Me ponía a la defensiva, no aguantaba las ganas de golpearle.
-¿Si no qué, Honoka?- Por lo lejos miraba como Umi movía levemente la cabeza, indicando que no le siguiera la provocación.
-Si no te mato…- Dije en susurro alejándome de esa venenosa mujer.
El juego continuaba. El Equipo contrario nos tenía ventaja en puntos y para su buen favor que nuestro Equipo sea una completa mierda por cierta persona que me fastidia y no me deja jugar bien.
Esperaba la oportunidad para quitarle el balón de nueva cuenta a quien lo tría. La chica intentó pasarla bajo mis piernas pero vi su intención antes, dejé que lo hiciera para girarme velozmente con el balón ahora en mi poder, salí corriendo a la canasta contraria viendo como todas bloqueaban mi camino, e incluso Umi que estaba al frente mío preparada para saltar y detenerme. ¡Este era mi momento, estaba llena de adrenalina y podía sentirlo!
Di un gran salto encestando y quedando colgada del aro de la canasta que tenía más de 3.05 metros de altura, dejando a todas boquiabiertas.
-¡Wow, Honoka!- Escuche la voz de Umi.
Me bajé y ya en piso extendí mis brazos a los costados, caminé a lado de Stella dando giros. Le regalaba mi más arrogante sonrisa y esta sólo se limitaba a levantar una ceja.
La maestra hacía sonar su silbato e indicaba que podíamos descansar, ya era el primer tiempo. Algunas se las chicas se sentaron en las bancas, otras en las frías gradas de ese Gimnasio y unas cuantas más en el centro del piso de madera hidrolaqueado. Yo por mi parte me encamine a los vestidores internos de aquel Gym, yendo a mi casillero asignado y sacar de la mochila la botella de esta mañana para beber un poco. Realmente estaba sedienta y de paso relajo un poco el hambre. Me está empezando a gustar bastante esto, la botella mantenía fresca la sangre.
-¡Ho-Hoo-Honoka~!- De un fuerte manotazo salía volando la botella de mi boca. –Oh, no debí darte tan fuerte, parece que te lastime los dientes~.- Bufaba Stella recargada en los casilleros. La sangre corría de mis labios, creyó que era la mía pero no fue así.
-¿Por qué siempre haces lo mismo? ¿Qué ganas haciendo esto, eh? ¿Quieres mi atención, es eso?- Recogía la botella y la metía al casillero asegurándolo.
-¡Ja! Por favor, no seas boba. Ni que fueras la gran cosa.- Me daba bruscos empujones hasta acorralarme en una de las esquinas.
-¿No te dije antes que dejarás de hacer eso…?- La sangre me hervía, quería golpearla ya pero no debo meterme en problemas.
-Si quieres pelea, puedo darte pelea.- Me agarro con fuerza del cuello de la blusa.
Por suerte el sonido del silbato se escuchaba a lo lejos, indicando que regresáramos a la cancha.
-Te salvaste, Honoka.- Me daba guiños.
-¡Púdrete, zorra!- Suficiente, lo solté.
Ella fue la primera en dar un puñetazo que fue directo a mi cara y otro más en el estómago, haciendo que por inercia del dolor me agachara. Aprovecho eso y me pateó la cabeza dejándome aturdida en el suelo, todo me daba vueltas.
-Voy… voy a… matarte…- Con cuidado me levantaba para no caer.
-¿Huh? ¿¡Qué es lo qué balbuceas, imbécil?!-
-¡Voy a matarte!- La tomaba del cuello estrujándola en la pared, forcejeaba tratando de zafarse de mí.
-Aahgah… Tu… tu ros…tro. ¿Qué diablos…le sucede a tus ojos? ¡Mons…truo!-
-Tú te lo buscaste.- Abría mi boca por instinto y esta se empezaba a remoler más y más en el lugar por lo que planeaba hacer, pero alguien se le ocurre entrar a los vestidores…
-Kousaka-san, ya comenzamos, ¿estás aquí? ¿Mulligan-san, estás?- Alguien nos llamaba.
Mi velocidad me permitió esconderme a tiempo en un casillero largo junto con Stella. Cubría su boca para que no hablara con mi mano derecha y con la izquierda agarraba su cintura apegándola a mí, quedamos de frente.
-¡Mn… Nnm!-
-Guarda silencio si no quieres que te arranque la lengua y después te destripe.- Miraba fija esos ojos celeste, sus pupilas se dilataban y empezaba a hiperventilar.
-Parece que no están aquí…- Fue lo último que dijo la alumna antes de retirarse con las demás.
Retiré mi mano de su boca. Escuchar el fuerte latir de su corazón, la respiración agitada y la cercanía de nuestros cuerpos encendió algo en lo profundo de mí. Estaba segura que a partir de aquí ya no sería la misma…
-Oye, no tiembles. El monstruo aquí no soy yo, si no tú. ¿Acaso no te divertía el hacerme daño? Creo que ahora es mi turno de cobrármelas.-
-Por favor… Y-Ya no volveré a molestarte. No abriré la boca si es lo que quieres, ¡puedo hacer lo que quieras! Pero por favor, no me mates…- Lágrimas resbalaban por sus mejillas.
-Entonces ya veremos. Por mientras me dejaras alimentarme, con eso de que me interrumpiste antes…-
La chica que antes me había golpeado y humillado, ahora estaba temblando y sudando frío. Era fascinante verla en ese estado.
Me aventuré a besar su cuello y acto seguido darle un pequeño mordisco, su cuerpo se tensaba a más no poder. Quitaba a un lado unos cuantos cabellos que estorbaban para después clavar mis colmillos de lleno a su tersa piel, mordiendo con fuerza descontrolada. Se aferraba a mi espalda soltando un pequeño chillido.
Beber su sangre me hacía entrar en un estado de excitación, más y más. Ya nada importaba, la estruje más a mi cuerpo a pesar de estar dentro del casillero. Me estaba volviendo completamente loca cómo la sangre caliente fluía por mi garganta. Los sollozos no se hicieron esperar, aunque quisiera ya era demasiado tarde para detenerme… Bajé mis mordidas desesperadas hasta llegar más debajo de sus clavículas, dejando un recorrido de orificios ensangrentados.
-D-Duele… due…le…- Escuchaba a mi oído su voz casi sin aliento.
-Ya todo acabara…- La abracé con todas mis fuerzas de su torso, se escuchó un crujir y seguido otro más fuerte, haciendo que el cuerpo de Stella curveara hacia atrás logrando abrir la puerta del casillero. Su cuerpo sin vida cayó en seco al piso, le he roto la espina dorsal… Un breve momento traté de asimilar lo que acababa de ocurrir.
-Ja… Jaja… ja.- Me apretaba con fuerza la cabeza…
¿Ya no hay marcha atrás, verdad? No pensé que le llegaría a quitar la vida así de fácil a alguien… Tenía que hacer algo con el cuerpo, pero no soy como Tsubasa que deja los cuerpos por ahí, menos un cuerpo tan grande... Relamí mis labios y una imagen terriblemente atroz cruzó mi mente, algo que haría sólo una persona que estuviera enferma de la cabeza…
-Y sí… ¿la hago pedazos…?-
Continuará...
