Disclaimer: Ninguno de los personajes ni nada del universo de Harry Potter me pertenece, porque si lo hiciese, ya sabéis qué adorado y temido profesor de pociones seguiría vivo no sólo en nuestros corazones.


Capítulo 4

—…cer nada. Es irreversible. Lo siento, Albus.

—Algo habrá que se pueda hacer.

—Me temo que no hay nada que pueda hacer para recuperar su movilidad. Y si despierta, que lo hará, no tendremos forma de saberlo.

Hermione despertó oyendo voces. Lo primero que notó fue que estaba en la enfermería, y vio a Dumbledore y Madame Pomfrey hablando. Decidió no moverse para acabar de escuchar lo que decían.

Aprendió con los años que lo mejor que podía hacer para que las personas continuaran hablando frente a ella de algún tema secreto o relevante era hacer como si no le importase o como si no estuviese allí.

A veces, fingir que leía cuando en realidad estaba escuchando había dado resultados sorprendentes.

Pero… ¿De quién estaban hablando? ¿Estarían bien Harry y Ron? ¿Qué había pasado?

Preguntas sin respuestas, las odiaba.

Decidió que era un buen momento para dar señales de vida. Trató de incorporarse de la cama, y notó consternada que, simplemente, no podía. Intentó mover sus brazos, piernas, manos…cualquier parte de su cuerpo. Nada.

Probó con su voz, quiso hablar y simplemente no pudo mover los labios.

La angustia que sintió en aquel momento fue indescriptible.

"Relájate, Hermione, necesito que te relajes y pienses."

Pensar…podía pensar, eso era bueno. Y dado el ataque de ansiedad que estaba a punto de tener comprobó que sentía con total eficiencia

También podía ver y escuchar, así que llegó a la conclusión de que lo que tenía era una especie de Petrificus Totalus a lo bestia.

Entonces recordó la maldición. El Avada Kedavra y la luz que la envolvió. Sin duda se encontraba en aquel estado por ello. Al menos no estaba muerta.

Recordó la conversación que acababa de escuchar. Hablaban de ella. "Irreversible" habían dicho.

De nuevo el pánico, y de pronto la voz de Harry y Ron sacándola de sus pensamientos.

—Profesor Dumbledore, traemos al profesor Flitwick. Ha dado con un encantamiento para comprobar cuándo está consciente. Hemos venido tan rápido como hemos podido—Harry parecía sofocado, como si llegase de correr una maratón.

Su alegría fue tan inmensa cuando vio a ambos sanos e ilesos que trató con todas sus fuerzas de levantarse y abrazarlos. No pudo y sintió la profunda necesidad de gritar para aliviar su frustración.

—Bien…vamos a probar—Flitwick levantó la varita e hizo un giro con la mano—Servatis Conscientia.

—¡Mire, profesor, la rodea una luz azul!—dijo Ron.

—Ah, eso es que está consciente. Bien y esto…— Flitwick volvió a agitar la varita—es para que pueda ver toda la habitación aun cuando sus ojos están fijos en un punto. Es todo lo que puedo hacer por ella.

—Muchas gracias, Filius. Ahora vámonos y demos algo de privacidad a los chicos, querrán estar a solas con ella—Dumbledore arrastró al profesor de encantamientos del brazo y ambos salieron de allí.

—¡Hermione!—Ambos se echaron a la cama y la abrazaron a la vez. Quería decirles que la estaban aplastando, pero no podía. Se dejó envolver por la cálida sensación de tenerlos a su lado.

—Estábamos enfrentándonos a Bellatrix cuando los Aurores llegaron, después los mortífagos se dispersaron y escuchamos el grito de Voldemort. Cuando llegamos a ti estabas en el suelo, inconsciente. Alastor Moody te encontró, nos contó cómo habías destruido el Horrocrux—agradeció que Harry le proporcionase las piezas que faltaban para completar su rompecabezas.

—Llevamos tres días buscando un hechizo que pueda romper el encantamiento. Esperamos que no lleves despierta mucho tiempo, ni siquiera sabemos si puedes dormir en este estado—la cara de preocupación de Ron era un poema, y Hermione deseó poder sonreír.

—Te hemos traído libros, no sabemos cuánto tiempo puedes estar así pero encontraremos una solución, te lo prometo. Y vendremos a leerte todos los días—dijo Harry.

¿Libros? Ni siquiera le había dado tiempo a pensarlo. ¿Cómo iba a estudiar? ¡Necesitaba estudiar!

—Ahora mismo seguro que estás pensando: "¿Cómo voy a estudiar? ¡Necesito estudiar, no puedo bajar de Extraordinario a Extraordinario bajo!"—Ron hizo una imitación de ella agudizando extremadamente la voz y ambos se echaron a reír.

Hermione, en su imaginación, también reía con ellos.


Severus llevaba tres días con sus dos correspondientes noches intentando encontrar los ingredientes adecuados para preparar la poción que le devolviese la movilidad a Granger.

Sabía que no era asunto suyo, y aun así no pensaba dejar a ningún alumno sufrir un tipo de maldición como aquella. No es que le importase, simplemente no era uno de los mayores expertos en pociones como para desaprovechar su talento cuando se le necesitaba.

Además, Albus se lo había pedido como favor personal y él no iba a negarse. Tampoco le extrañó que se lo pidiese, al fin y al cabo, la capacidad de la enfermera, o de casi cualquier maestro en la elaboración de pociones, no podía equipararse, ni de lejos, con la suya propia.

Así que ahí estaba, en su despacho, con unas ojeras especialmente marcadas enfrascado en la búsqueda de coclearia para poder combinarla debidamente con las gotas de sangre de dragón, cuando escuchó pisadas aproximándose y la voz del insolente de Potter atreviéndose a encararle.

—¡Es culpa suya y TIENE que ayudarla!—gritó.

Severus casi pierde la compostura en aquel momento. Casi.

—¿Qué es mi culpa exactamente, Potter?—preguntó con aburrimiento.

Jamás debió hacerlo, se arriesgaba a recibir como respuesta cualquier tipo de estupidez descabellada.

—Que Hermione esté así. Le vimos en el castillo. Usted estaba con Voldemort y ni siquiera nos ayudó, si lo hubiera hecho quizá ella no estaría ahora en la enfermería sin poder moverse, pero usted no hizo NADA—la furia centelleando en sus ojos verdes.

—La chica lleva tres días en cama y apareces ahora. ¿Esa es la consideración que tienen los Gryffindor hacia sus amiguitos?— había perdido la paciencia que le quedaba como para seguir tratándole de usted. Sencillamente no se lo merecía. Era igual de arrogante y descerebrado que su padre.

—Ella está consciente, y sé que puedes salvarla—paró un momento antes de continuar mientras le fulminaba con la mirada—eres un traidor, ni siquiera entiendo cómo Dumbledore te permite seguir aquí—la ira masticada entre sus dientes.

Severus era un hombre frío, pero el crío conseguía hacerle perder los estribos de una forma en la que ni el mismísimo Lord Tenebroso sería capaz.

Amenazante, se acercó hasta quedar frente a la cara del muchacho y le agarró por las solapas de su túnica. Su cara a centímetros de la del chico. Su voz adquiriendo un tono peligrosamente oscuro.

—Hay infinidad de cosas que escapan a tu reducido entendimiento, Potter. Ahora sal de aquí y deja de ponerte en evidencia.

Le soltó como si quemase y le vio marcharse, furioso, por donde había venido.

Severus suspiró y se masajeó las sienes para intentar aliviar un poco el penetrante dolor de cabeza.

Entonces se le dio cuenta: Potter era estúpido, pero no tanto como para no haberle recriminado que la castaña le había salvado la vida noches atrás cuando se desmayó al llegar a Hogwarts. Habría tratado de usarlo como baza para que él le devolviese el favor.

Y algo en su cerebro hizo "click"

Granger no le había contado nada.

A esas alturas pensó que al menos a Potter le habría contado lo que pasó aquella noche. Y si no se lo había dicho a él, no se lo había dicho a nadie.

¿Por qué no lo había hecho? Se preguntó dos cosas: la primera si no la habría juzgado todo este tiempo con demasiada celeridad, desde luego había probado ser más discreta de lo que había supuesto.

La segunda si no habría sido demasiado duro el día que fue a su despacho a preguntarle cómo se encontraba.

Le sorprendió sentirse casi…culpable.

Llegó a una única conclusión: definitivamente se estaba ablandado con los años.

Descartó sus pensamientos y se puso a trabajar en la cura para la muchacha.

Le llevó toda la tarde y parte de la noche, pero salió de su despacho con una poción que, estaba seguro, devolvería a la chica a la normalidad.


Hermione llevaba horas enviándole órdenes a su cerebro para que moviera los músculos de su cuerpo, y no había conseguido nada. Derrotada observó la claridad que comenzaba a asomar por la ventana, y supo que estaba a punto de amanecer.

Se preguntó si iba a poder dormir en aquel estado, con los ojos abiertos. Pero sencillamente no tenía sueño.

Hubiera deseado tener, al menos, alguna forma de poder leer y tener algo con lo que entretenerse.

De pronto escuchó pasos suaves acercándose y vio a Severus Snape caminar por la estancia hasta quedar frente a su cama.

Si alguien le hubiera dicho que iba a ir a visitarla se habría reído en su cara y jamás lo hubiese creído, pero ahí estaba, con su misma imperturbabilidad de siempre y los brazos cruzados sobre el pecho, mirándola como se miraría a un insecto en un agujero.

La habitación aún estaba en penumbra y sólo podía verle a grandes rasgos, pero se esforzó por hacer más visibles sus facciones.

—Sé que está consciente, señorita Granger.

La muchacha trató de responder, aun sabiendo que no iba a ser capaz.

—He preparado una poción que puede ayudarla pero antes tendré que incorporarla un poco para que no se ahogue.

Sin más se reclinó sobre ella y la alzó hasta dejarla medio sentada en la cama.

Apenas la tocó lo estrictamente necesario, actuó como lo hubiera hecho un enfermero ante un paciente en un hospital: con rigor y profesionalidad.

Aun así, si a Hermione le hubieran preguntado antes de aquel momento, habría asegurado que su profesor era rudo y que carecía de tacto a la hora de tratar a otros seres humanos, pero la forma en la que la había elevado entre sus brazos había sido amable y cuidadosa.

Ni siquiera acababa de creerse qué estuviera haciendo todo aquello. Por ella.

Sinne suffocatio—con un movimiento de varita Snape conjuró un hechizo en su dirección

—No se alarme, es para que pueda tragar la poción aún en su estado. Sé que se lo estaba preguntando—agradeció enormemente que se tomase la molestia de explicarle lo que estaba haciendo.

Vio cómo cogía una silla y la colocaba al lado de su cama, consiguiendo que pudiese verle bien cuando se sentó.

Sacó un pequeño frasco de su túnica que contenía un líquido rojo muy brillante.

—Voy a tener que separarle los labios—y lo dijo con la indiferencia de quien ve llover, pero a Hermione casi le dio un vuelco el corazón.

Se inclinó sobre ella y sintió las yemas de los dedos de Snape posarse sobre sus labios, separándolos con una delicadeza sorprendente.

Desde luego no sintió asco, rechazo, o repulsión, sino más bien una extraña…calidez.

Después se levantó y vació lentamente el contenido de la poción en su boca, poniendo especial atención en la cantidad que vertía para que no tuviese dificultades al tragar. Hermione volvió a agradecerle mentalmente por segunda vez aquella noche que tuviese ese tipo de consideración hacia ella.

—Resulta casi agradable tener silencio aquí en lugar de su incesante parloteo habitual. No diga nada si está de acuerdo—su voz era tan dura como siempre, pero su labio superior curvado en una especie de sonrisa sardónica desmentía las palabras.

Y definitivamente era una burla, pero la chica creyó percibir algo nuevo. De alguna forma sintió cierta...calidez tras sus palabras, una que jamás había visto en sus clases.

Que Merlín la ayudase. O se estaba volviendo loca o Snape estaba, a todas luces y contra todo pronóstico...¿bromeando con ella?

Su comentario la irritó y la divirtió a partes iguales. Oh, cómo deseaba poder hablar.

Cuando terminó de darle la poción volvió a sentarse a su lado alzando una de sus cejas mientras la observaba fijamente. Si no fuese porque sabía que era imposible habría jurado que él estaba intentando adivinar sus pensamientos.

De pronto se inclinó hacia ella y la miró con una intensidad abrumadora en sus ojos negros. Supo que, de no haber estado petrificada, la hubiera recorrido un escalofrío.

—Al parecer no le ha contado a nadie lo que pasó la otra noche cuando regresé a Hogwarts—susurrante, midiendo cada palabra. La oscuridad de sus ojos envolviéndola.

La habitación se llenó de un silencio incómodo, como si él fuese a añadir algo más pero sin llegar a hacerlo. Unos instantes después apartó la vista y volvió a hablar con normalidad.

—La poción debería dar resultado pronto. Si todo va bien, mañana podrá volver a moverse con normalidad. Descanse.

Snape se levantó de la silla, la puso en su sitio, y cuidadosa pero rápidamente volvió a colocar a la castaña en la cama tal y como estaba al principio.

Sigilosamente salió de allí mientras ella se quedaba de nuevo sola en la penumbra de la habitación con sus pensamientos como única compañía

No se lo podía creer. ¿Ese había sido Snape agradeciendo su discreción? Aún sentía la tibieza de la yema de sus dedos contra sus labios. Trató de alzar las manos para tocárselos, y le frustró tanto no poder como la primera vez que intentó moverse al despertar.

Luego volvió a pensar en él, en lo que había hecho por ella. Supo inmediatamente que lo hubiera hecho por cualquier otro alumno, la diferencia era cómo lo había hecho.

Había sido cuidadoso, más que cuidadoso, había sido delicado de una forma que jamás hubiera imaginado viniendo de su profesor.

Volvió a rememorar su cercanía, su mirada, su forma susurrante de hablar, y el tono de su voz al bromear con ella, lleno de su sarcasmo habitual pero totalmente distinto al que siempre había escuchado.

Sintió un pequeño cosquilleo al pensar en la gentileza de Snape al incorporarla y tenderla en la cama.

Y en ese momento se alegró infinitamente de haberle defendido durante todos estos años: el hombre escondía un lado humano.

Se alegró tanto que, si alguien hubiese visitado la enfermería un poco más tarde, habría sabido que estaba curada, pues Hermione se había quedado dormida con una sonrisa en los labios.


N. de A. Espero que os haya gustado.

Pues parece que estos dos han llegado a una especie de medio entendimiento :-P . A Snape le gustó que Hermione no se fuese de la lengua xD

Por si os interesa, he ido al traductor en latín y he metido las palabras "recuperar consciencia" y "evitar atragantarse" o algo así, y lo que ha salido es lo que he puesto para los hechizos. Ha quedado resultón, es lo que tiene el latín xD

Mil millones de ranas de chocolate para las que me habéis dejado follow/fav/o review ^^

¡Hasta la próxima!