Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece. Todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y la TOEI.
Autora: Suki90
Serie: Saint Seiya
Título: Seiya y Saori: De la "A" a la "Z"
Capítulo 4:
Deber
Tras haber informado al resto de los caballeros dorados la situación actual, el santo de sagitario se dirigió a los aposentos de Athena con su diosa en brazos, ahí finalmente sería capaz de descansar después de aquel pesado día que tuvo en Palaestra. El recorrido desde la escuela de caballeros hasta el santuario fue bastante largo, por lo que ahora la deidad griega terminó recostando su cabeza contra el pecho de su más leal guardián.
Estaba agotada, más de lo que imaginó estarlo tras localizar el paradero de su hermana. Sin embargo eso no era nada comparado a lo que sus queridos santos sentían a diario. Los jóvenes guerreros de su orden entrenaban día tras día con el único fin de servirle. Luchaban batalla tras batalla con el único propósito de defenderla, de proteger su existencia a cambio de su amor incondicional.
¿Y qué es lo que hacía ella mientras eso sucedía?
Nada, sencillamente nada.
Fue por eso que lo único que pudo hacer para compensar todo aquello, fue tragarse el dolor que su cuerpo sentía e intentar mantenerse consciente el mayor tiempo posible.
No obstante ese día no pudo hacerlo, y se recriminó muchas veces por ello.
Ajeno a los pensamientos que la mujer en sus brazos tenía, el caballero dorado de sagitario finalmente llegó a los aposentos de Athena, los cuales se encontraban detrás la cámara del patriarca. Ahí, en esa fría habitación se hallaba una dura cama de piedra que sólo tenía una ligera sábana encima.
Sin decir ni una sola palabra, Seiya se dirigió a paso lento hacia la cama de su diosa y la posó con cuidado sobre esta, procurando que tanto su cabeza como el resto de su cuerpo no recibieran algún tipo de golpe de aquel duro material. Habiéndose cerciorado de que estaba bien, el caballero legendario se enderezó y se dio la vuelta. Estaba a punto de irse de aquel recinto, cuando la suave y cálida mano de la mujer de cabellos lavanda le impidió realizar su cometido.
— ¿Te vas...? —la escuchó decir.
— Veo que ya recobraste el conocimiento —respondió él, evadiendo la pregunta de su diosa. Sin soltar el agarre de la mano de Saori, Seiya se giró hacia ella y se acercó un poco más a donde ella estaba— ¿Cómo te sientes...?
Intentando que sus ojos no la traicionaran demasiado, la encarnación de Athena asintió con suavidad al mismo tiempo en que abría y cerraba sus parpados— Estoy bien... —fue lo único que le respondió a su caballero de dorada armadura.
— Me alegro...
Tras dichas palabras no se produjo ni un sonido más, por lo que el silencio se apoderó rápidamente del reciento de la diosa Athena. Aún estando tomados de la mano, los dos adultos se dedicaron a observarse con intensidad. Si bien no podían decirse nada, la mirada del otro era tan penetrante, que todos los sentimientos y emociones que ahí se albergaban eran fácilmente comprendidos por el otro.
La conexión que ambos tenían el uno con el otro era tal, que en muchas ocasiones... no hacían falta palabras para describir lo que sentían. Así como por ejemplo, aquel sentimiento tan prohibido que los perseguía desde la época del mito, desde que ella descendió por primera vez a la tierra y se enamoró de Panthea, el primer caballero de pegaso.
Pero había ocasiones en las que las cosas tenían que decirse.
— Seiya...
— No puedo llevarte conmigo... —interrumpió él, sabiendo perfectamente lo que su diosa quería pedirle.
Las palabras de Seiya fueron tan directas y dolorosas a la vez, que los ojos de Saori no pudieron evitar que unas cuantas lágrimas se acumularan en su lagrimal y poco después rodaran por sus terzas mejillas.
Detestaba esto, odiaba no ser de ayuda para sus caballeros, para él...
Saori tan sólo quería ser de ayuda, para que Seiya no cargase con todo él solo. Pero este nunca le permitía auxiliarlo.
— ¿Por qué eres tan terco...? —preguntó Saori con la voz quebrada, alejando su mano de la de él y alzandola hacia el rostro de Seiya, quien se había inclinado un poco hacia ella— ¿Por qué no me dejas ayudarte...? ¿Lidiar juntos con este problema?
Disfrutando aquella agradable sensación que la palma de su amada le traía, este finalmente le responde— Mi deber como caballero es protegerte, Athena... —susurró Seiya, posando su mano sobre la de ella—. No puedo permitir que mueras...
Y ella entendía eso, que su deber era protegerla de todo. Él como su caballero guardián, como su más cercano complice debía siempre evitar que esta hiciese algo que arriesgara su vida. Pero, eso no era lo que ella quería...
Jamás ha querido que Seiya sacrifique su vida por ella. Nunca.
— Tu vida es demasiado valiosa... —le dijo en susurro, no dejando de verlo, aunque sus ojos ya comenzaban a pesarle demasiado—. Por favor, ya no te arriesgues tanto por mí. No hagas las cosas solo... —suplicó Saori, poco a poco cerrando sus orbes.
— Me pides un imposible, y lo sabes... —respondió Seiya, finalmente alejándose de ella y tomando nuevamente la mano de Saori con la suya—. Athena, como tu caballero, mi misión es protegerte... y si eso implica sacrificar mi vida... entonces lo haré. Cumpliré con mi deber como tu santo dorado.
Y sin poder soportarlo más, los párpados de Saori finalmente cayeron sobre sus ojos, permitiéndole así al cuerpo de la diosa reposar aunque fuese un poco tras una exhaustiva busqueda y un largo viaje.
Seiya mientras tanto se quedó mirándola durante algunos segundos más, esperando a que su respiración se fuese haciendo cada vez más pausada y profunda, siendo esto una indicación de que su amada finalmente había caído en aquel profundo sueño que estuvo evitando desde que sacrificó una porción de su vida.
Con lentitud, el caballero terminó por inclinarse una vez más un poco hacia ella, tomó con delicadeza su mano entre las suyas y la acercó a su rostro.
— Aunque tu sabes mejor que nadie, que mi deber es contigo Saori..., contigo y con nadie más —tras dicha confesión, la cuál él sabía que su dama no podría escuchar, depositó un pequeño y fugaz beso en el dorso de la blanca mano de su amada para después dejarla reposar a un costado de su cuerpo.
Con reticencia, el caballero volvió a alejarse de su cuerpo para así al fin, ir al encuentro con los otros santos dorados que pacientemente esperaron fuera de la camara de su diosa.
¿Se habrían dado cuenta? No lo sabía, y tampoco le importaba. Él sólo se remitiría a cumplir con su deber, su único y principal propósito como caballero y hombre.
Salvar a la mujer que amaba.
Suki: Y bueno, ahora sí, ¡aquí está el capítulo 4 de este pequeño reto que me he impuesto! Espero no haberme tardado mucho. Debo ser honesta, estaba entre: Deber, devoción y deseo. Pero al final elegí la primera porque sentí que era algo característico en nuestro querido Seiya. Este siempre habla del deber que tiene con Athena, pero... ¿En verdad es con ella con quien tiene un deber? ¿Sólo eso?
Yo pienso que no, que realmente, como dijo Jesús Barrero hace muchos años -que en paz descanse- en una entrevista: "Seiya le es más fiel a Saori, como mujer, también". Y la verdad es que yo concuerdo, pienso que él la ve más a ella como chica, a como diosa, y que es por su persona que pelea. Creo que incluso ese diálogo en la película Tenkai Hen es algo que Kurumada si puso: Yo no peleo porque tú me lo ordenes. Yo quiero pelear por ti, así lo he decidido.
¿Ustedes qué piensan?
Gracias de nuevo a todos los que me han dejado un review en el capítulo anterior: Fox McCloude, samirasama cullen y mcr77.
¡Nos vemos en la próxima!
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Suki90, presentó.
¿Y tú, has sentido el poder del cosmos?
