04» Segundo Acto: León
21 de Julio del 2014
06:35 a.m.
Facultad Universal Drahamon
Habitación de Ian Goodman
Tan pronto acabó el juicio, me dediqué a desnudarme, y darme un baño de agua helada. El agua fría lograba hacerme despertar de mi estado "vegetal", haciendo que me diera cuenta de la realidad que estaba a mi alrededor. Pronto después, al sentir lo helada que estaba ésa agua, giré la otra perilla, comenzando a hacer que saliera agua caliente. Tan pronto la sentía, era un torrente de relajación para poder revisar todos los eventos sucedidos...
Dos semanas atrás, fui invitado a la Facultad Universal Drahamon: una facultad anexa a la Universidad Drahamon. Su propósito era el desarrollar a las estrellas del mañana: fotógrafos, modelos, abogados, fiscales...
La Universidad Drahamon ya se dedicaba a crear los talentos del futuro en varias ramas, pero ésa facultad en especial era algo similar a un "curso intensivo". Cuando el examen final de abogacía era ganar un juicio modelo, en la facultad era algo de todos los días. El examen final para poder graduarse era tomar un caso real, y salir ganando. Graduación y debut...hubiese sido lo mejor en mi caso, pero no tenía tiempo para éso.
La facultad misma poseía una pista de carreras con un campo multiusos, un patio con una piscina, un dos edificios anexos para los dormitorios femenino y masculino, y el edificio principal: cuatro pisos de salones enormes donde se daban lecturas sobre distintas asignaturas, dependiendo de la profesión de uno.
Había sido invitado por nada mas ni nada menos que el mismo Kevin Cadem: el rector de la Universidad Drahamon. Lo que buscaba con mi invitación era inspirar a futuras promesas de la abogacía. Pero la historia había sido diferente...ya que fue Jake Morgan quien había sido invitado. Su idea, era probar que yo tenía la determinación para poder inspirar a otros a buscar la verdad, y por lo tanto, yo terminé en ésa pesadilla. La idea era quedarnos una semana en la facultad, conviviendo unos con los otros. Yo, en cambio, serviría como "maestro" de abogacía. No esperaba un cargo como éste, pero a todos los quince alumnos les enseñe un poco de lo que sabía. Puse situaciones que había visto tiempo atrás cuando yo estudiaba, y posibles soluciones. Algunos se interesaban, otro no. Y la minoría se quedaban dormidos...
Había sido una semana excelente. Clases, almuerzos, carreras en la pista y en la piscina...además de uno que otro "accidente" que pasaban en la piscina...era una vida pacífica, y ya la semana había terminado cuando todos tomamos nuestras maletas, y nos preparamos para retirarnos...
Llegando a la entrada, solo podía ver a Jake corriendo a toda velocidad hacia la entrada. Yo lo saludaba del otro lado, alegremente. Hasta que se oyó un ruido mecánico proveniente de la puerta. Con las fuerzas que tenía, lanzó algo dentro de un trozo de ropa, haciendo que lograra pasar a tiempo por una de las ventanas de la puerta.
Súbitamente, cayó una cortina de acero enfrente de la puerta y en todas las ventanas. Una pantalla que estaba en la entrada se encendió, y procedió a una pantalla blanca con el símbolo que conoceríamos más tarde cono el As de Espadas.
-Buenas tardes todos ustedes. -dijo una voz profunda.
-¡Eh! ¡¿Y éste quien es?! -gritó una de las alumnas. Una chica de cabellera castaña con un peinado rizado por uno de los lados, vistiendo un vestido púrpura.
-¡Déjanos salir! -ladró un sujeto musculoso de piel morena, cabellera rubia y ojos cafés, mientras apretaba sus puños.
-¿Q-que sucede? -preguntó, en aquél entonces el aún desconocido para mí, Gerard Klive. Un gemelo en sentido de "complexión", comparado con quien había mencionado antes.
-Lamento que tener que darles la mala noticia, pero...ustedes no saldrán de éste lugar.
Fue ahí donde nuestros problemas empezaron. Jake estaba tras la búsqueda de un grupo criminal. Quince miembros del grupo siendo dirigidos por sus "ases", y un solo cabecilla que era el fundador de ésta misma. El encendedor que había mostrado en mi debut solo era un inicio...
Él estaba tras la pista de éstos sujetos, y ahora estaba a merced de uno de ellos. El As de Espadas.
Se trataba de el más grande de los cuatro, y mano derecha de quien sería el fundador de ésta organización. Si atrapaban a éste sujeto, estarían más cerca de llegar al líder...pero la pregunta se creó en mi cabeza en ése entonces: ¿Qué asunto tenía Jake con ésa banda?
Tajando el asunto de cómo ocurrió, pasó toda una semana para que intentáramos seguir conviviendo, además de buscar una salida. Pero el anfitrión, As, comentó que habría que seguir cierto patrón de reglas: una de estas era que si queríamos salir, tendríamos que sobrevivir a las duras tareas que tenía preparado para nosotros...
Con los dos últimos días llegando, surgió el incidente que dio a raíz el primer juicio escolar. Un juicio para el cuál no estaba preparado.
Todo acabó con el asesinato de Melissa, a manos de Elisa o de Gerard. Como no quedó claro ésto último, el As intervino y asesinó a ambos...un destino que no esperábamos. Sabíamos que el culpable recibiría "un castigo"...pero no a que extremos. Después de unos minutos de reflexionar y de intentar hallar sentido alguno a lo que sucedía, nos fuimos de ahí cada uno a su cuarto respectivo. El dolor de haber perdido a alguien era inquietante.
Tan pronto terminé de estar en la regadera, salí a mi cuarto, el cuál seguía apagado. Tomé de uno de los cajones de un mueble de madera un cambio limpio de calzoncillos y playera, para lograr irme a dormir. No dormiría con alivio, como usualmente lo hacía...sino por cansancio. Un cansancio que me dejaría pensando en varias cosas...
-Oye... -dijo una voz muy queda.
Casi pegué un grito al notar en la oscuridad de mi cuarto un enorme bulto en mi cama, justo a mi lado. Fue hasta que estiré parte de la colcha que pude ver un rostro conocido. Aquél sujeto moreno y rubio de grande físico...
-¡Eres...Caleb Tler! -susurré con fuerza, mientras que veía la cara del gigante atemorizado y temblando, mientras seguía vistiendo su ropa interior.
-¡N-no me eches fuera! -susurró igual de fuerte que yo, mientras que sus ojos se abrían de par en par.
Por reflejo, me dispuse a encender la lámpara que estaba a mi lado, notando que además de andar en sus prendas naranjas y rojas, los ojos le lloraban. Era una clase de miedo que no creería vivir para verlo...
-¿Pero...pero que te pasa a ti? -dije algo extrañado y confundido. Si ésta fuera otra situación, sería toda una comedia ver a alguien así de fuerte comportarse así de cobarde...pero en ésta ocasión, las cosas cambiarían.
-É-é-ése chic-c-co...Gerard...
-Él... -susurré por un momento. -¿Que...tiene Gerard?
-¡Eso! -dijo él. -¡Él y yo somos prácticamente lo mismo!
Por sorpresa, él saltó de la cama y comenzó a hacer varias poses mientras flexionaba sus músculos.
-¡Teníamos el mismo físico! ¡La misma fuerza! -habló más fuerte, hasta tal punto en el que dejó de flexionar y solo se quedó inmóvil para luego encorvarse con la cara mirando al suelo y sus brazos colgando. -Pero...por algo somos "El León", "El Espantapájaros" y "El Hombre de Hojalata".
-¿Dis-disculpa?
El "hombre" se reincorporó con ambos brazos doblados hacia su pecho, como si estuviera haciendo fuerza para hablar.
-¡Tú sabes! ¡Ése cuento!
Pero con su súbita fuerza, él volvió a aquella postura depresiva.
-Gerard era el espantapájaros...y yo el león.
