Hola mis queridos lectores, ahora sí actualizo casi puntual aunque nunca dije que para este fic actualizaría todos los lunes, pero dado que tengo listo el capítulo aquí se los dejo, debo recomendarles que hay una escena o más bien descripción de una escena que es un poco cruda, ya me estoy poniendo hardcore nuevamente, siempre lo hago u.u así que están advertidos, no estoy muy segura pero creo que a futuro tendré que subir el ranking del fic a M aunque aún no llega el momento.

Ahora sí los dejo, porque debo ponerme a corregir un montón de citas bibliográfica de un informe u.u, es horrible cuando te cambian las reglas del juego a última hora, estilo chicago (donde has citado más de 200 páginas) por estilo APA, ahora a revisarlas todas de una por una.

Como siempre, gracias por sus reviews especialmente para Darckacuario, Tepucihuatl-SHun, Thaisan e Iris.

Nos leeremos pronto ;)


Y vivieron felices…

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Han pasado cuatro días del incidente con el hombre que intentó asaltarnos y June no ha asomado ni la punta de la nariz por ningún rincón de la mansión. Saori está preocupada por ella, la puerta de su habitación no se abre, lo sé, está cerrada por dentro y ella sale por la ventana que siempre deja abierta, no importa si es de día, o de noche, si llueve, cae nieve, o rayos, tiene esa costumbre demasiado arraigada para abandonarla. Todos se preguntan dónde pasa el día, porque incluso ha hecho desaparecer su cosmos, pero yo no necesito eso para saber que se ha ido a caminar al bosque detrás de la mansión, que trepó a uno de los abetos y no bajará hasta ver la puesta de sol, y que todos se hayan ido a dormir.

He querido hablar con ella, pero no tengo valor suficiente para atreverme a indagar en la razón de su falta de control del otro día, sé que está sufriendo, y temo ser demasiado invasivo, además, esta semana, como nunca, he estado lleno de trabajo, sobre todo emergencias.

Extraño su presencia a mi lado, recibir su mensaje de texto cuando tengo turno de día, señalándome que me ha traído el obentou y que me espera en una pequeña plazoleta cerca de la clínica para entregármelo, es lo más cerca que he podido hacerla llegar, a todos mis colegas les extraña esa actitud, más aún sabiendo que es mi prometida. Me han pedido que la presente, pero no sé cómo hacerlo. Muchos se sorprendieron al verme en la cafetería esta semana, y he escuchado que las enfermeras rumorean que no nos casaremos ¿Por qué las personas se entrometen en lo que no les importa?

Incluso Saori ha estado inquieta, me insiste una y otra vez que hable con June y creo que ya se está pasando del límite respecto a la forma sobreprotectora en que la trata, hemos tenido un par de rencillas, siempre en voz baja para no llamar la atención de los demás. Pero hay algo en lo que definitivamente tiene razón, debo hablar con ella porque ya no soporto su distanciamiento.

Diario de Shun, Tokio, 4 de Febrero.

Pequeño secreto.

Shun suspiró apesadumbrado mientras escribía en su diario, sentado junto a un enorme ventanal en la cafetería de la clínica de la Fundación Graude. Era la hora del almuerzo, por recomendación de uno de sus colegas fue a tomar un breve descanso, no tenía ganas de comer, así que sólo bebía una taza de café negro mientras escribía para desahogarse de aquella situación tan complicada en la que se encontraba inmerso.

- Ya es la cuarta vez esta semana que te veo en la cafetería ¿Algo anda mal con la belleza que te trae el obentou?- preguntó un médico de cabello corto y negro, de anteojos cuadrados y piel clara, que puso una silla junto a él para acompañarlo con otra taza de café y le obsequió, además, unas cuantas onigiri.

- ¿Belleza?- preguntó Shun cerrando el cuaderno que utilizaba de diario para centrar la atención en su colega, un viejo amigo de la universidad que trabajaba en neurología.

- La chica rubia exótica con la que te reúnes en la plazoleta que está aquí cerca- comentó el médico frotando sus manos en señal de que empezaría a comer.

- Te agradecería que no te refirieras así de mi prometida Hideki- esta vez Shun habló con un tono grave, y su colega abrió los ojos de par en par.

-¿Ella es tu famosa prometida? ¿Cómo demonios lo hiciste para conseguir a una mujer así, si jamás vas a fiestas o cosas por el estilo? ¿No tendrá una hermana como de mi edad que me puedas presentar?-

- Es una larga historia, y no tiene hermanas- suspiró nuevamente Shun por aquella conversación, siempre que alguno de sus colegas se enteraba que la rubia que iba a dejarle algo de comer era su prometida le hacían ese tipo de preguntas bobas.

- Oye, no te enfades, es sólo que para todos nosotros fue una enorme sorpresa saber que te casarías, nunca has traído a tu novia al hospital, y algunos ya creían que no te gustan las mujeres- contestó Hideki rascándose la cabeza.

- Sí, lamentablemente escuché esos rumores, y no les doy importancia, pero June le tiene pánico a los hospitales, por eso siempre me trae el almuerzo a la plazoleta que está cerca- explicó Shun bebiendo un poco de café que a esas alturas ya estaba helado, pero a él no le importó.

- ¿Su nombre es June? Creo que te oí mencionarla varias veces cuando estudiábamos en la escuela de medicina, pero si no le gustan los hospitales ¿Por qué se casará contigo que eres un médico?- reflexionó Hideki en voz alta.

- Nos conocemos de casi toda la vida, ella no me ve como uno-

- Pero de todas formas tendrá que acostumbrarse a que trabajas aquí ¿Te ha dicho por qué odia los hospitales?- preguntó con curiosidad Hideki, ya que a simple vista la situación le parecía de lo más curiosa.

- No, la verdad no he tenido mucho tiempo para preguntarle, también tengo miedo de pasar a llevar su privacidad- contestó Shun con tristeza contemplando su cansado rostro en el fondo oscuro de su taza a la cual aún le quedaba un poco de café.

- Disculpa que te lo diga, pero si la elegiste como tu futura esposa, lo mínimo es que le tengas la confianza suficiente para poder preguntarle una cosa tan simple, tal vez estás siendo un poco exagerado, quizás no la incomodes, y si eso sucede, ella te lo dirá- aconsejó Hideki, esta vez tratando de ser más amable en lugar de provocar a Shun con sus comentarios desatinados.

- Me lo han dicho mucho esta semana, pero June es del tipo de chicas que prefiere guardarse sus problemas para ella, estoy seguro que aunque le preguntara no me contestaría y creo que empeoraría las cosas-

- ¿Estás seguro? ¿Y qué sucedería si le pasó algo malo dentro de un hospital y por eso les tiene miedo? Hace poco leí en el periódico que la policía arrestó a un médico en un hospital público, el muy miserable sedaba a sus pacientes y las violaba sin que ellas se dieran cuenta, lograron descubrirlo porque a una de sus víctimas los sedantes no le hicieron efecto, la mujer escapó del hospital y lo denunció, no digo que a tu prometida le haya pasado algo semejante, pero ya ves que gente loca haciendo daño abunda por todos lados- Hideki tranquilamente se llevó una onigiri a la boca, sin imaginar el impacto que sus palabras provocarían en Shun.

- ¿Violaba a sus pacientes sedadas?- dijo consternado, mientras su taza con café se daba vuelta sobre la mesa empapando todo a su alrededor incluyendo su diario.

- No pongas esa cara, ya te dije que no creo que sea el caso de tu prometida- Hideki intentó arreglar las cosas pero su amigo parecía no reaccionar ante sus palabras.

- No, no puede ser, June no permitiría que alguien le hiciera daño…pero, si ese alguien es más fuerte que ella…tal vez le pasó algo horrendo cuando Milo atacó la isla, o tal vez cuando se quedó sola con Spica y Reda todos estos años antes de llevarla a vivir a la mansión…incluso, si escapó del hospital de la Fundación Graude tal vez es porque alguien quiso aprovecharse de ella mientras estaba malherida y sin fuerzas…- Shun no paraba de imaginar múltiples situaciones que pusieran en riesgo la integridad física de June- pero el arma ¿Qué tiene que ver el arma?

- Oye, Shun, no te aflijas, sólo conversa con ella- escuchó la voz de Hideki en la distancia, y de inmediato se puso de pie, cogió su diario aún empapado con café y salió de la cafetería dejando a su amigo con la palabra en la boca.

Al llegar a la mansión, no quiso entrar por la puerta principal, sencillamente dio la vuelta por una de las esquinas y se dirigió raudo hacia el bosque de abetos. Aquella incertidumbre estaba destrozando su mente, si June había sido víctima de abuso sexual, jamás podría perdonárselo, porque parte de la razón de su lucha, además de un mundo de paz para poder vivir junto con su hermano, también era luchar por un mundo donde todos especialmente June pudiera vivir sin preocupaciones, pero una violación, aunque haya sido una sola vez, era algo difícil de superar, él lo sabía muy bien por todas aquellas mujeres y niñas a las que había tenido que atender en urgencias.

Luego de buscar el rastro de su prometida cerciorándose de esconder su cosmos para que ella no lo localizara, empezó a trepar con mucha cautela por un enorme abeto de grueso tronco. Era bastante alto, pero Shun sabía que en la cima se hallaba la persona que estaba buscando. Pero al llegar ella no se encontraba, entonces miró en todas direcciones y distinguió en un par de abetos más adelante una silueta que se deslizaba hacia el este.

- Está escapando de mí otra vez-

Rápidamente empezó a deslizarse por las ramas de los árboles para poder alcanzarla. Aunque el poder de ambos tenía una gran diferencia, June no dejaba de ser una persona muy ágil y veloz, y Shun tuvo un par de problemas para poder atraparla, ya que ella intentaba golpearlo con las ramas para sacar ventaja. Pero a final de cuentas, nada podía hacer contra un Caballero que había alcanzado el poder de un dios en batalla, Shun se movió mucho más rápido que ella, y logró tras un par de intercambios de golpes a puño limpio, hacerla caer de un abeto.

June estaba de espaldas contra el suelo, Shun tenía el rostro apoyado sobre su pecho que subía y bajaba ante el compás acelerado de su respiración, ella intentó moverse para quitárselo de encima, pero él la abrazó con fuerza para impedir que escapara nuevamente.

- Por favor, no huyas, quiero…necesito hablar contigo- dijo alzando su rostro, y June dejó de forcejear al ver los ojos verdes de su prometido inundados por las lágrimas- Si alguien te hizo daño, si se atrevió a tocarte, dímelo, sé que ya no puedo solucionarlo, pero te juro que le haré pagar por lo que ha hecho.

- Shun… ¿Eso crees que pasó?- contestó June liberando su mano derecha del agarre de su prometido para limpiar las lágrimas que caían por sus mejillas- Yo, no sé qué decir, perdona por hacerte imaginar esas cosas, todo este tiempo he querido darte una explicación sobre lo que sucedió el domingo, pero no sé cómo hacerlo.

El caballero de Andrómeda apoyó nuevamente su rostro en el pecho de June, sentía su corazón latiendo con fuerza, cerró sus ojos tratando de serenarse, aunque las lágrimas no lo abandonaban.

- Sólo dímelo, pronto seré tu esposo, y debemos tenernos confianza, no importa si es doloroso para ambos, lo que sea que te haya sucedido lo entenderé o me esforzaré en entenderlo y te prometo que lo superaremos juntos- dijo con voz temblorosa. Una fuerte brisa sacudió a los abetos, los cuales desprendieron un agradable y fresco aroma, y el sonido que hicieron todos al mismo tiempo lograron tranquilizar por unos momentos la tensión de aquella pareja.

- Descuida, nadie ha abusado de mí, jamás lo permitiría- June abrazó a Shun quién aún la mantenía recostada en el suelo, estrechándola, buscando sentir el calor de su cuerpo- ¿Recuerdas que te dije que nací en Etiopía?

Shun asintió moviendo la cabeza, y June continuó intentando explicar lo que le había sucedido el día de su primera cita.

- Mis padres no eran etíopes, mamá era mitad japonesa y mitad norteamericana y papá inglés, ambos eran médicos y trabajaban para una organización que prestaba ayuda médica a varias naciones de África, después de que yo nací, regresaron a Japón para que pudiera crecer en una ciudad más tranquila, y cuando cumplí seis años, decidieron que nos mudáramos a Zaire, lo que es actualmente la República Democrática del Congo, la verdad, esos datos están retenidos en mi mente, pero no es que lo recuerde- habló con la voz entristecida, casi como si estuviera murmurando, mientras Shun permanecía escuchándola en el más absoluto silencio.

- Pero, sí recuerdo a la perfección lo que sucedió después. Al poco tiempo de ingresar a ese país, mis padres habilitaron una choza como nuestra casa en una aldea cercana al río Congo, y también habilitaron otra como un pequeño hospital, allí atendían a todos sus pacientes hasta que un día llegó un grupo de hombres vestidos con trajes militares, portando muchas armas, querían saquear la aldea, pero mis padres les pidieron clemencia y que respetaran a los enfermos, como premio por aquella acción fueron tomados prisioneros y los fusilaron delante de toda la gente de la aldea, poniendo una pistola sobre sus cabezas- la voz de June se quebró en esos momentos, pese a que ella intentaba mantenerse bajo control para poder contar el resto de la historia.

- Yo estaba escondida entre la gente, y cuando vi a mis padres muertos quise gritar y llorar, pero una anciana tapó mi boca, y con discreción me escondió dentro de una caja de madera para que no me hallaran, pero ellos al saquear todas las chozas me encontraron y decidieron llevarme como esclava junto a otras niñas pequeñas de la aldea-

Shun abrió los ojos al escuchar aquella confesión, alzó el rostro y contempló en June la misma mirada perdida de aquella noche en que intentaron asaltarlos, él temía lo peor, no quería seguir escuchando lo sucedido, pero sabía que tenía que hacerlo, por el bien de su prometida y por el de su relación.

- Aquella noche en que llegamos al campamento donde los esperaba su líder, este me encerró en una jaula junto a otras niñas. Todas las noches sacaba a una diferente para que durmiera con él, yo no entendía el idioma en que ellas se comunicaban, pero por sus gestos intuía que algo malo me sucedería, porque varias regresaban al día siguiente con golpes y heridas en el cuerpo, otras no las volvíamos a ver, y finalmente del grupo que llegó, sólo faltaba mi turno. No había escapatoria. Me sacó de la jaula, y en su habitación me desnudó por completo, apreté mis ojos porque estaba aterrada, no quería ver ni saber lo que sucedería, era algo malo de eso estaba segura, sólo quería ver a mis padres una vez más, empecé a sollozar y a llamarlos, ese hombre me dio una bofetada, sentí que de mi boca salía sangre porque me mordí la lengua al caer contra el suelo y entonces, como si de un milagro se tratara, el campamento empezó a alborotarse, escuché muchos disparos, y la puerta de la habitación se abrió, dos hombres entraron en ella, golpearon al que me estaba atacando, uno era un soldado quien me cubrió con una manta y el otro, quien me tomó entre sus brazos para sacarme de ese campamento fue el maestro Albiore-

- ¿El maestro?- dijo Shun con alivio, el sólo hecho de escuchar su nombre era indicativo de que todo había salido bien, recordó en ese instante que alguna vez le escuchó decir a Albiore que su llegada a isla Andrómeda se había convertido en una especie de cura para June. Siendo un niño pensó que su amiga debía tener el mismo problema que él para poder hacer amigos, en especial si estaba obligada a usar una máscara, ahora, entendía realmente a qué se refería el Caballero de Cefeo.

- Él y su amigo me salvaron, pero no pude hablar por mucho tiempo, antes de que me convirtiera en amazona estuve interna en un hospital por varios meses, por eso los detesto, por eso tengo claustrofobia, los sitios encerrados, los hospitales, me hacen recordar el horror de aquellos días, alguna vez te dije que no vale la pena arriesgar tu vida por gente malvada e hipócrita, cobardes que esperan que otros lidien sus batallas, mis padres eran buenas personas, pero cuando intentaron ayudar, nadie los apoyó y terminaron sacrificando su vida por gente que no valía la pena, Shun, cuando aquel hombre apuntó con su arma sobre mi cabeza, por unos instantes pude ver el rostro de mis padres pidiendo clemencia, es por eso que…-

- No sigas- Shun se aferró aún más a June al darse cuenta que lloraría desconsoladamente una vez más- ya ha sido suficiente por hoy, sé que no es fácil contarme todo esto, pero estoy feliz de que a pesar de todo sobreviviste y ahora estás a salvo junto a mí.

June se dio cuenta que Shun también lloraba en silencio junto a ella, y se arrepintió de haberse mantenido distante sin darle explicaciones durante esos cuatro días, en el fondo le había hecho más daño que un bien al mantener oculto ese secreto.

- Cuando recordé todo esto, tuve mucho miedo Shun, la paz de Athena es transitoria, y todos estamos haciendo nuestras vidas como si nada, algún día la guerra volverá, y si en ese entonces tenemos hijos ¿Podremos protegerlos? ya no quiero ver morir a la gente que amo delante de mí sin poder hacer nada, sucedió con mis padres, con nuestros amigos y nuestro maestro-

- Eso no se repetirá, voy a protegerte, y también a nuestros hijos, nadie va a hacerles daño, y no volverás a perder a la gente que amas, te lo juro- Shun finalmente liberó a June de su abrazo, apartó varios mechones de cabello que caían por su frente cubriendo su rostro, secó sus lágrimas con sus manos y la besó con ternura, para sellar su juramento.

Ambos se pusieron de pie, y ya más calmados limpiaron su ropa para caminar rumbo a la mansión.

- Ahora que lo recuerdo ¿No deberías estar trabajando en la clínica?- preguntó June al notar por el sol sobre su cabeza que apenas debían ser como las cuatro de la tarde.

- Estaba muy preocupado por ti, no vuelvas a hacerme esto nunca más, si algo grave sucede, sólo dímelo- comentó Shun mientras tomaba su mano para caminar juntos.

- Lo haré, espero que no tengas problemas en el trabajo por mi culpa- pensó en voz alta June, impresionada por el hecho de que Shun, con todo lo obseso que era por los horarios, abandonara su trabajo sólo por ella.

- Tranquila, ya lo arreglaré con Saori, además, extraño tus obentou, mis colegas se asustaron al verme almorzar en la cafetería esta semana, y la comida de ese lugar no es tan buena como la tuya-

- Tú también cocinas muy bien- contestó June sonrojada por ese comentario- aunque cuesta más que lo hagas porque trabajas mucho.

- Entonces, en una próxima cita, yo seré quién lleve algo de comer- sonrió Shun ya más tranquilo y alegre.

Al verlos entrar al salón principal de la mansión, Saori corrió tras ellos, y abrazó a June de una manera un tanto sofocante.

- ¡Qué bueno que ya estás mejor! ¿Shun habló contigo? ¿Era un problema grave?- empezó a preguntar pero June negó con la cabeza- me alegro, entonces ya podemos ir donde el diseñador, conseguí una cita con el mejor de todo Tokio, mira aquí tengo varias revistas con vestidos de novia que quisiera que vieras, también tengo seleccionados unos trajes para Shun, pero primero debes cambiarte de ropa, estas toda sucia, ahora que recuerdo esta semana ya no fuimos con el chef que pienso contratar, ni con la florista, y debemos conseguir una orquesta, hemos perdido muchísimo tiempo valioso.

Ante las quejas de Saori, June se despidió de Shun agitando su mano derecha antes de subir las escaleras rumbo a su habitación para cumplir las órdenes que le estaban dando. La diosa aprovechó entonces el momento para llamar la atención de su caballero.

- ¿Cómo es eso que no necesitan un perro?-

- ¿Lo dices por lo de tu lista de metas matrimoniales? No todo el mundo quiere tener el sueño americano Saori- contestó Shun imaginando que volverían a discutir por el tema de la boda.

- Esta bien, puedo transar lo de las mascotas, pero lo de vivir lejos de la mansión no, es decir, June es como mi hermana pequeña, me sentiré sola cuando se vayan, extrañaré que se sorprenda con el mundo moderno y si alguien me ataca- Saori empezó a hablar sin parar.

- Tienes a Seiya y a Jabu, además no nos mudaremos tan lejos, sólo será dentro de la ciudad- explicó Shun para tranquilizarla.

- Pero June es la única compañía femenina que me queda, porque Marín y Shaina no me entienden y sólo hablan de entrenar gente todo el tiempo, y ustedes no saben cómo elegir una casa, es mejor que lo dejen todo en mis manos, yo sé lo que es mejor para todos mis caballeros y amazonas-

- Saori, queremos hacer esto solos y a nuestro gusto- la interrumpió Shun. La diosa al ver en él aquella mirada que le indicaba que hablaba muy en serio decidió ceder un poco.

- Está bien, al menos veo que ya han podido superar su primer problema de pareja, imagino que no debió ser fácil para June abrirse respecto a la muerte de sus padres-

- ¿Lo sabías?- Shun quedó sorprendido ante las palabras de Saori.

- Soy la diosa viviente de la sabiduría, claro que lo sabía, aunque June jamás me lo dijo, descubrí la verdad por mis propios medios- explicó Saori, y repentinamente su rostro se tornó grave- ahora que sabes su más profundo secreto imagino que tendrás el valor para revelarle el tuyo.

- ¿A qué te refieres? Yo no tengo nada que ocultarle a June- contestó Shun con incomodidad.

- No mientas, aún no le dices lo que te sucedió en el inframundo con Hades, nadie además de Seiya, Shiryu, Hyoga, Ikki y yo lo sabemos, creo que sería justo para ella que le confiases tu mayor secreto- esta vez Saori habló con cierta preocupación.

- No es necesario, estamos bien así, ella no tiene que saber eso- Shun estaba irritándose por el rumbo de la conversación, y estaba a punto de retirarse de regreso a la clínica, pero Saori tomó su brazo para evitar que se fuera.

- Imagino que sufriste al ver a June mal y sin saber lo que realmente le pasaba ¿Qué crees que sucedería si llega a enterarse por otras personas que el dios de la muerte tomó posesión de tu cuerpo y usarlo para dominar el mundo?-

- Sólo ustedes lo saben, tú misma lo dijiste, no creo que me traicionen. June no debe saberlo, es lo mejor para ella- contestó esta vez tironeando su brazo para salir apresurado por la puerta principal.

- Espera, no hemos terminado de hablar, si será tu esposa no deben tener secretos- insistió Saori, pero el cosmos de Shun se elevó de forma abrupta y una corriente eléctrica formada por él golpeó un cuadro de una de las paredes que cayó a los pies de la diosa.

Al sentir el frío metal de la pistola sobre mi sien no pude evitar recordar cosas horribles de mi pasado, mis padres eran huérfanos, y no tenían con quién dejarme en Japón, por eso me llevaron a su nuevo trabajo en Zaire. Allí me entretenía jugando con los niños que estaban sanos, y a veces ayudaba a mamá a hervir el agua que necesitaba para trabajar en la choza-hospital. Era una vida dura, sobre todo cuando moría gente, mis padres se ponían muy tristes, me explicaban de que era como si hubieran perdido una batalla importante, pero también me repetían muchas veces que les alegraba que yo fuera una niña con tan buena salud y que no me contagiara con las enfermedades locales.

Creo que lo que más les dolía era ver los cadáveres de niños de mi edad, con sus ojos blancos, sus cuerpos muy delgados y sus vientres hinchados. Papá y mamá hacían lo posible por conseguir comida para ellos, pero no siempre podían ayudarles. Ese día, cuando llegaron esos hombres a saquear la aldea, mis padres suplicaron que no robaran los medicamentos y los víveres de los enfermos, que por favor, al menos les permitieran morir con dignidad, pero se burlaron de ellos, uno dijo en perfecto inglés que eran unos utópicos, que vivían de sueños y que lo mejor para ellos, era seguir soñando.

Amarraron sus manos, los pusieron juntos en el centro de la aldea, donde estaba un enorme árbol, y les dispararon en la cabeza. El estridente sonido de aquellas armas, aún resuena en mi mente, al igual que el aleteo de los murciélagos que se refugiaban en las ramas de aquel árbol, quienes huyeron despavoridos en ese momento, mi nariz aún percibe el olor de la sangre que chorreaba por aquellos agujeros que habían quedado en el rostro de mis padres, y en mi retina no desaparece aquella horrorosa imagen de sus cuerpos tendidos en el suelo. Luego de fusilarlos, fueron colgados en el árbol para que los aldeanos no se atrevieran a desafiar la autoridad del líder de esos hombres, lo único que esa gente llena de miedo pudo hacer fue tratar de esconderme para que no me vendieran como esclava, aunque eso nunca dio resultado.

Tardé mucho tiempo en sepultar esa maraña de imágenes y emociones en lo más profundo de mi ser, jamás pensé que un simple delincuente portando una estúpida arma fuera capaz de hacerme tanto daño, a mí, una guerrera amazona, capaz de superar la barrera del sonido con un solo golpe.

Fui tan patética esa noche, que no me sentí digna de ser la esposa de uno de los caballeros más poderosos de la orden de Athena, tuve miedo de mirar a Shun a la cara, de tener que explicarle todo lo sucedido, de decirle, que aunque no fui violada, mi cuerpo estuvo a punto de ser toqueteado por otro hombre que no era él. Todos estos días había pensado en cómo enfrentar esa vergüenza, cómo decirle aquello que me causa tan profundo dolor, sé que él es muy bueno, y es por eso que pensé que no debía provocarle más tristeza en su vida, además de nuestra larga separación, y del distanciamiento de su hermano.

Pero al final, igual terminé lastimándolo, porque él, preocupado por mí, llegó a pensar cosas tan horribles como las que me sucedieron. Escucharlo decir que haría que quien me hizo daño pagara por ello, fue como revelarme el lado protector que jamás pensé que vería en el tímido, tierno y bondadoso Shun que conozco, o que creí conocer, eso me hace amarlo mucho más, nunca busqué un hombre que luchara por mí, o que me protegiera, mi dignidad de amazona me lo impide, yo, sólo necesito un compañero con quien pueda compartir mi mundo, mi forma de ser, y también compartir el mundo de él.

Pero en medio de los abetos, ante aquella mirada esmeralda llena de lágrimas, me di cuenta que no soy una mujer de hierro como el entrenamiento de amazona me quiso hacer entender, soy tan frágil como el hombre que amo, y es por eso que él quiso venir en mi ayuda, sanar mi dolor o cuando menos entenderlo, aunque hice lo posible por mantenerlo alejado. Shun, lo siento, no volveré a mantenerte alejado de mis problemas, me dijiste que lo que sea, siempre podremos resolverlo juntos, y si tú me das tu palabra de que será así, entonces, yo creeré firmemente en ella, para siempre.

Diario de June, Tokio, 4 de febrero.