Artemis Justice: Ace Attorney·
By Underword
Summary: Artemis Justice es una abogada defensora novata, que luego de conocer a la ex renombrada abogada defensora Phoebe Wright y su hija maga Trucy, comenzará su extraña aventura donde estará implicada en varios casos llenos de misterios, algunos extraños y otros difíciles de resolver. Pero nada la impedirá en hallar la verdad y hacer ¡Justicia! Fem Apollo
Género: Romance/Humor/ Crimen/ Musical/ Angustia/ Suspenso. Semi AU. Genderbender
Pairing: Fem Apollo Justice/ Artemis Justice x Klavier Gavin, Fem Phoenix Wright/ Phoebe "Nix" Wright x Miles Edgeworth. Las otras parejas se revelarán más tarde.
Raiting: T
Advertencia: Leve spoiler de Ace Attorney The Spirit of Justice. Spoiler de Apollo Justice: Ace Attorney.
-hablar-
*expresión*
(pensamientos)
Estos son tales como en los diálogos del videojuego.
N/A: Finalmente pude llegar con el caso de la esquina, lo hice de manera más resumida posible porque fue largo escribirlo mientras jugaba el juego. Disculpen por las molestias y disfruten de la historia! Le agradezco a KairiChan12 por los reviews que me dejó en mis historias, muchas gracias por tus comentarios continuaré escribiendo y trataré de publicar todo lo posible aquí, si quieres puedes pasarte en mi otra cuenta en AO3 donde la mayoría de las historias las publico ahí.
Los personajes de Ace Attorney no me pertenecen son obras de Capcom.
·El caso de la esquina·
ParteI
Crimen en el parque, circunstancias extrañas
La noche era oscura y silenciosa. No había ningún otro ruido que no fuera el sonido de la rueda de un carro girar lentamente.
Mientras nos quede aliento… la rueda del destino girará…
Un choque impactante a velocidad de la luz, un robo de un preciado objeto y la desaparición que trajo el sonido de un silbato de emergencia…
Hilvanando grandes y pequeños crímenes…
Y cuando la rueda pare…
La persona que tiraba del carro se detuvo, el sonido de la rueda girar también… frente a sus ojos había un hombre, pero su atención se centró en el arma que tenía en la mano…
¡BANG!
Sin darle oportunidad de hablar, un sonido de disparo resonó en el aire.
…morirás
La ciudad se despertó de una manera agitada, los ruidos de los autos corrían por las calles a sentidos fijos de izquierda o derecha al igual que los habitantes del mismo. Todo el mundo estaba ocupado de sus respectivas actividades, atrapados en una vida monótona sin nada nuevo que contar, todo en una especie de círculo que no parecía tener fin.
Pero, para nuestra abogada. Tenía que encontrar algo para matar su tiempo.
Artemis suspiró por enésima vez, preguntándose si tenía que hacer esto.
Ha pasado dos meses desde el arresto de Kristoph Gavin. Obtuvo una victoria en su primer juicio, pero le costó a su mentor y su empleo junto. Se había sentido deprimida en haber perdido a su maestro, al hombre que tanto admiró y respetó más que a nadie.
Tan sólo regresó al bufete Gavin para retirar sus libros y documentos, ya no tenía sentido seguir trabajando ahí sin nadie que le guiara, sabía que tarde o temprano cerrarían la oficina y ella sin nada.
Había buscado varias opciones, claro que no iba a volver a su antigua profesión, sin embargo no había ninguna a la cual iba a sentirse realmente útil. Regresaba a su apartamento, fatigada y muy decepcionada; no sabía cuantas veces ha derramado lágrimas por sus fracasos a pesar que su padre, Clay hasta el perezoso de Mikeko estuvieron ahí para consolarla.
Fue entonces que Clay y su padre la apoyaron en sus decisiones y le alentaron que debería haber alguna otra solución por la que pasó por alto. Y fue entonces, que al tocar fondo, Artemis se dio cuenta que su vida no debería terminar así. Tenía que seguir adelante.
Se juró no volver a verla después de aquel acto imperdonable que la hizo hacer, pero, no tenía otra opción. Esta sería la única manera para regresar a lo que ella era buena en verdad y a lo que siempre ha querido demostrar ante el mundo.
Aparte, la mañana en que amaneció somnolienta en su departamento su móvil sonó y recibió una alarmante llamaba que la citaba de inmediato a la oficina.
Esa era una de las razones por la que venía a este lugar, frente a la puerta del famoso bufete Wright & Co. no sabía porqué estaba temblando ahora, si era por emoción o por los nervios.
Suspiró nuevamente para disipar sus dudas y finalmente, empujar la puerta lentamente y adentrarse a la oficina.
-Jamás me imaginé que terminaría aquí… en el famoso Bufete de Abogados Wright y Co., esto… –Artemis miró confundida y desconcertada al ver una montaña de chucherías ocupando la mayor parte de la habitación- No era lo que estaba esperando de una oficina…
-Oh, Bienvenida –apareció repentinamente una adolescente, a juzgar por su extravagante indumentaria se trataba de una maga- Supongo que ha venido para la entrevista, pasa.
-¡Ah! –exclamó Artemis con sorpresa- H-Hola, usted –se detuvo un momento al reconocerla de inmediato- Ella es… la misma chica que vi en mi primer juicio –de pronto, en su mente, se le vino la imagen de un medallón con la foto de una pequeña niña en él. Según lo que le dijo la Sra. Wright, la foto era de su hija. La chica que era la viva imagen de ella hace 7 años.
La adolescente vestida de maga se detuvo para mirar detenidamente a la visitante, Artemis arqueó la ceja ¿por qué la miraba así como si estuviera analizándola?
La chica sonrió brillantemente de inmediato.
-Wau, es usted muy bella –le expresó con admiración, Artemis parpadeó por su reacción- Cielos, es como mirarme en un espejo, pero en una versión mas adulta y profesional –saltó entusiasmada causando que Artemis la mirara incomprendidamente, no podía evitarlo, esta chica rara la inquietaba- Dime, ¿crees que cuando crezca me convierta en alguien tan hermosa como tú?
-¡E-eh! Bueno… -titubeó nerviosa- Diría que…quizás
-Eso es genial, siento que mi futuro está totalmente asegurado. No sólo seré una chica talentosa sino hermosa también –divagó la niña en sus imaginaciones, Artemis tosió para llegar al grano. La chica notó aquello así que decidió cambiar de tema- Ha venido para trabajar aquí –le preguntó con una sonrisa que irradiaba inocencia y alegría pura.
-Eh… sí. He venido a trabajar para la Sra. Wright –
La chica la miró con sorpresa.
-Vino para ser aprendiz en el piano de mi mamá –cuestionó causando que Artemis la mirara confusa.
-¡No! he venido para trabajar con ella, ya sabe… como abogada defensora –
El rostro de la adolescente se tornó estupefacto para luego ponerse pensativa.
-Oye… sabes en que lugar estás –preguntó sonando que la joven abogada estuviera fuera de lugar.
-Pues, claro que sí. Esta es el Bufete Wright y Co ¿verdad? –
-mmm… deberías leer lo que dice en el letrero –
-¿En el letrero? A ver dice… oh –pudo comprobar lo que se refería- Agencia de Talentos ¿Wright? –no podía creer lo que estaba leyendo.
-Bienvenida a Agencia de Talentos Wright, donde siempre hay lugar para usted. Dime, tienes algún talento en especial –aquella cuestión parecía que le estaba poniendo prueba.
Artemis se quedó pensativa un momento, la verdad, no tenía idea que clase de talento tenía. Excepto uno pero lo mantendría en secreto incluso lo llevaría hasta la tumba.
-¿Yo? Bueno… ¿defender? –ante la mirada desafiante de la maga, sospechó en qué estaba pensando- Oye, no puedo hacerlo aquí y ahora –esta niña la estaba dejando sin opciones, además, era muy extraña en su opinión.
-Lección nº 1: Un profesional puede actuar en cualquier lugar –le habló con seriedad, tomando un papel como maestra- Queremos que la gente se ría con nosotros, no de nosotros.
-Ah, gracias –le agradeció por el consejo. Aunque, no entendía de qué iban a reírse, de verdad- Pero, una pregunta ¿quién eres? He venido a ver a la directora de este bufete –puntualizó refiriéndose a cierta persona que le dio esta dirección.
-Vaya, haz cometido como dos errores –declaró la adolescente mirándola con cierta seriedad, sin quitarle su encanto inocente.
-¿Errores? -se sobresaltó la abogada con exasperación- ¿De qué estás hablando? He recibido esta misma mañana la llamada de la Sra. Wright –le aclaró. Se puso a zapatear en el suelo con impaciencia para luego suspirar resignada- Si este lugar se llama "Agencia de Talentos Wright", me puedes responder por favor ¿quién eres tú? –preguntó calmada y educadamente esta vez.
-Creo que así está mucho mejor… -la maga llevó su mano enguantada sobre su sombrero de copa mientras sonreía misteriosamente- Soy Trucy Wright, presidenta de esta oficina. Y soy maga –
-Bueno, eso ya lo note. Espera ¿Q-qué? –acaba de oír bien, esta chica es la presidenta de esta "agencia". Estaba soñando o perdió la cabeza y acabó repentinamente en este mundo de locos- Trucy… Wright –repitió con lentitud, la imagen de la foto de una niña en el medallón se le vino en su mente. Así que esta chica, es la hija de Phoebe Wright.
-Bueno… ¿Cómo te llamas? –preguntó Trucy sonriéndole a la abogada.
-Mi nombre es Artemis Justice, soy abogada –se presentó.
-Artemis… -Trucy meditó unos segundos para hablar luego- Curioso nombre, suena raro pero original… -le comentó.
-Eso lo mismo me lo dijo su madre en mi debut –se dijo para sus adentros, no era de extrañar que eran madre e hija- Así que… esta es una agencia de talentos –pronunció después de ver varios objetos extraños depositados desordenadamente en la oficina. Incluso una agencia de talentos cualquiera tendría organizado perfectamente las cosas.
-Sí… mi mamá fundó hace siete años, cuando dejó la abogacía –le respondió la adolescente- Por ahora, en esta agencia tenemos dos clientes…
-Dos clientes… eso incluye tú –cuestionó la abogada con la ceja arqueada.
-Sí, Trucy Wright maga de postín. He actuado varias veces y me han pagado, y como lo verás, soy toda una profesional –le aclaró lo último honestamente- y la otra, es la representante de la agencia es… ¡Phoebe Wright, pianista de postín! –
Artemis se preguntó para sus adentros, ¿¡qué acaso todo el mundo dicen que son profesionales!? Había escuchado de la misma Phoebe Wright, luego de Olga Orly y ahora, esta chica que es la hija de Wright. La única cosa que faltaría es que, hasta, Clay mismo dijera que es un astronauta profesional. Su padre es un músico profesional, pero es una excepción con él.
-En este caso, tu madre –Artemis no le sorprendía aquello, después de todo no hay comparaciones entre un bufete de abogados con una agencia de talentos- Hablando de tu madre, respecto a la Sra. Wright –ahora que lo recordaba, tenía que hablar con esa mujer por la llamada que recibió esta misma mañana- ¿Dónde la puedo encontrar?
La expresión alegre de Trucy, de repente, fue reemplazada a una preocupada. Artemis al verla, supo que algo anda mal.
-Ella se encuentra ingresada y debe guardar reposo hasta que se recupere –
-¿¡Ingresada!? –expresó la abogada con perplejidad. Le iba a inquirir que le ocurrió pero desistió la idea de inmediato para llevar a cabo la acción- ¿En qué hospital se encuentra? –quería comprobarlo con sus propios ojos que estaba bien, puede que no le agrade mucho ahora su ex cliente pero no podía evitar preocuparse por su bienestar. Era suficiente que había perdido a su maestro y su trabajo.
-En la clínica Hickfield, queda cerca de aquí –le respondió la maga. Al mirar que la muchacha se encaminaba por la puerta, Trucy la detuvo para luego mirarla incierta- Oye, ¿a dónde vas?
-Pues, me dirijo a esa clínica. Perdón si no puedo quedarme aquí, pensaré en los talentos… -le respondió la abogada con cierta prisa para marcharse.
-Espera, iré contigo –afirmó Trucy- Ten cuidado con el Sr. Charley –advirtió cuando vio a Artemis pasando de largo la planta, casi chocándose con sus hojas.
-¿Sr. Charley? –le cuestionó ni bien cerraron la puerta.
Ambas se encaminaron por las escaleras hacia la salida y dirigiéndose a la clínica Hickfield.
-Es la planta de la agencia, la mentora de mi madre le tenía mucho cariño y la cuidaba. Mamá también hacía lo mismo cuando se hizo cargo de la oficina y ahora, yo también. Está muchos años aquí y todavía derrocha felicidad –pronunció con alegría renovada la adolescente.
Mientras caminaban por las veredas y atravesaban por las calles habitadas de mucha gente, siguiendo las direcciones, el hospital finalmente estaba a su vista.
-Sr. Charley. Vale, ok –fue lo último que respondió la abogada mientras ingresaba junto con Trucy a la entrada corrediza de la clínica.
Mentora de su madre, no se referirá a ¿Mia Fey? Debe ser que esa planta tiene una especie de valor sentimental para ella, aunque no podía encontrar respuesta para esa cuestión.
Después de preguntar a la enfermera de la recepción y llenar el formulario que cuestionaba la relación con la paciente (Artemis le tomó horas completar cada oración hasta que al final, puso que su relación con Wright era empleada o colega. Fácil fue para Trucy poner que era su hija), finalmente llegaron a la habitación donde descansaba la ex abogada.
Al entrar, Artemis encontró una habitación muy poco usual de un paciente. La cama y su entorno estaba llena de montañas de cajas de DVD's de un programa de entretenimiento infantil (la mayoría era una colección completa de "El Samurái de Acero" junto con otras sagas como "El Samurái de níquel" y "La Princesa Rosa"), varias botellas de mosto (qué esta mujer no ve que está en un hospital, en este lugar no está permitido beber alcohol) y para completar un pequeño piano rosa situado en la cama. Aunque francamente, esto no era de extrañar venido de Phoebe Wright.
Si la agencia era un completo desorden, ¿qué hubiera esperado encontrarla en un hospital? De repente su preocupación reciente por la ex abogada, se esfumó al mirar la "decoración" de su cuarto.
En la cama se encontraba la misma mujer, ahora estaba descansada mientras miraba la maratón del DVD con suma tranquilidad.
-Oh, Trucy, Artemis me alegro de verlas –saludó la mujer dejando de lado el reproductor de DVD para ver a su hija y la abogada- No esperaba verte pronto Artemis, te ves muy bien como siempre –ante ese despreocupado saludo, parecía tomar como si la hubiera visto hace 2 minutos en lugar de dos meses.
-Sra. Wright –saludó formalmente la susodicha. Ahora que la veía cara a cara, parecía que nada había cambiado desde que se vieron- Bueno… ¿qué le ha pasado? –decidió ir directamente al grano.
-Fui víctima de un atropello –le respondió sin salirse de su serenidad, como si no hubiera sido la gran cosa- Admito que el coche trató de esquivarme, imagíname volando a unos diez metros por el aire… mi cabeza dio contra un poste de teléfonos
-L-la ¡La atropellaron un coche! –la abogada no podía creerlo- ¿¡Se encuentra bien!? –cuestionó Artemis con cierta inquietud. Nadie sonreiría cuando se lastimó y menos, cuando tuvo un accidente doloroso como ese.
-Para mi suerte, sólo me torcí el tobillo –le declaró para decirle que no fue tan grave.
Menuda suerte que tenía esta mujer. Debe tener tantas listas de mala suerte que ya le empezó a tomar esto de una manera natural.
Decidió cambiar de tema, había algo que le estaba costando entenderlo desde que se enteró en su debut. Le había dicho a la ex abogada que todavía no podía creer que tuviera una hija y tan grande, pero sólo le respondió que todavía era una niña (Trucy le espetó que ya no era niña y Phoebe se rió, Artemis la miró con una mueca de "jaja un cuerno, no me lo creo"); además dijo que Trucy no sólo era una maga, era una genio y muy pronto, apreciaría su "talento" cuando lo vea con sus propios ojos, cosa que Artemis no lo entendió bien.
Decidió dejar ahí el tema sobre Trucy y hablar acerca de esa llamada que recibió en la mañana.
-Bueno… ¿por qué me llamó? –quería empezar al grano con el asunto- ¿Por qué estoy en la Agencia de Talentos Wright? –recalcó lo último, al enterarse que el bufete cambió el nombre hace 7 años y ella ni siquiera lo sabía.
-No es para que te pongas así –le comentó Phoebe con suma tranquilidad.
-Mire… -Artemis ya estaba perdiendo la poca paciencia que tenía- Yo no quería estar aquí, en primer lugar –mencionó con honestidad. Todavía no podía perdonar a la ex abogada con lo que le había hecho hacer en su primer juicio.
-Pero, cuando te llamaron esta mañana… viniste a la oficina –recalcó Trucy con perplejidad.
-Eso es porque me dijeron: "¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Estamos en un lío muy gordo en la oficina!" –narró según el contenido del alarmante mensaje- No me contaron los detalles y por un segundo, pensé que alguien se estaba muriendo, es por eso que decidí venir de inmediato.
-¿Entonces crees que esto no es un lío muy gordo? –cuestionó Phoebe sin sentirse ofendida de la poca preocupación que estaba mostrando la abogada de su situación- ¿Qué me dices de trabajar con nosotros? –al ver que la joven estaba renuente con el asunto, decidió agregar una cosa más- Creo que tengo un cliente perfecto para ti.
La abogada la miró con más atención.
-Bueno, ¿y quién es ese cliente del que habla? –le espetó con impaciencia.
La ex abogada tardó en responderle, sacó el mapa y decidió explicarle el asunto.
En el mapa se mostraba diagrama de la ciudad de Los Ángeles, estaba marcado visiblemente el edificio de la ATW (Agencia de Talentos Wright) y una zona verde escrita Parque People.
Phoebe empezó a relatar que antes de las nueve de la noche salió de la oficina para dirigirse a un restaurante indochino llamado "Casa Alden Tae" y sus dedos trazaban la dirección que había tomado y luego, se detuvo justo en un edificio que quedaba frente al parque. A la ex abogada se le hizo memoria su reciente accidente, iba tranquila caminando por las calles familiares para su trabajo, silbando una canción desconocida y sin ninguna preocupación; hasta que se vio envuelta una luz brillante que la dejó cegada y sintió un impacto doloroso por su cuerpo. Fue atropellada por el coche y chocó contra un poste de teléfonos.
-El coche salió huyendo para esta dirección –indicó en el mapa justo en la esquina- En fin ¡Buena suerte! –finalizó la redacción de su accidente- ¿Querías un cliente? Pues, aquí me tienes. Encuentra al tipo que me atropelló.
La abogada la miró desconcertada, o sea que, lo del cliente era pura mentira y no era nadie más que Phoebe (encima no le pagó cuando la defendió). Por si no sabía nada ¡Ella era abogada, no una detective o un fiscal! Si era cierto, entonces…
-Me voy de aquí –pronunció para encaminarse con indiferencia hacia la puerta.
-No te pongas así –le detuvo Phoebe- Era solo una broma.
-Pues, no me pareció graciosa –le respondió Artemis con el ceño fruncido.
-Ah, mamá le encanta hacer bromas hasta las que carecen de gracia –le aclaró Trucy.
Antes de que Artemis pudiera preguntar algo más fue interrumpida por un grito que venía cerca de la misma habitación en la que se encontraban las mujeres.
-¡Señor por favor tiene que firmar esto antes! –
-¡Cálmese por favor! –
-¡No me molesten! –le respondió una voz que sonaba muy pero muy molesta a las enfermeras, a juzgar por lo fuerte que se escuchaba Artemis supuso que no tardaría en entrar a esta habitación.
Al girar su mirada hacia la ex abogada y su hija, vio que Phoebe dejó a un lado su entretenimiento y tan sólo miraba con expresión de sorpresa a la puerta mientras Trucy curiosidad aunque no podía adivinar que es lo que pensaba.
-Parece que vino muy rápido –fue lo único que comentó Trucy.
Justo cuando la maga terminó de hablar, la puerta se abrió con vehemencia entrando un hombre enojado que a la abogada se encogió de miedo por su mirada, pero lo que más llamó su atención fueron sus rasgos y su atuendo formal.
El hombre era atractivo a simple vista, alto vestido con traje que consistía camisa blanca con corbata con volados blancos, chaleco café, pantalón con gabardina escarlata. Sus rasgos eran cabello y ojos afilados color gris cubiertos por lentes de cristal descansando sobre el puente de su nariz.
Artemis abrió ampliamente los ojos al reconocerlo, ese hombre era…
-¿M-Miles? –preguntó Phoebe sin salir de estupor al verlo ahora mismo- ¿Qué estás haciendo aquí? –
Miles le miró severamente a la ex abogada sin cambiar su ceño levemente fruncido.
-¿Qué crees que estoy haciendo? Vine en cuanto escuché que estuviste involucrada en un accidente, de nuevo –recalcó lo último, aunque francamente esta clase de situación en que estaba envuelta no le extrañaba- Pensaste que nunca me enteraría de esto, ¿Por qué no se te ocurrió en avisarme?
-¿C-Cómo supiste que yo –
-Trucy me lo dijo esta misma mañana en el teléfono –cortó Miles respondiéndole.
Phoebe no tardó en mirarle a su hija.
-Me delataste acaso –cuestionó con un ligero puchero.
-Él me preguntó cómo estabas, nunca le iba a mentir ¿cierto? –respondió Trucy encogiéndose de hombros.
Artemis de repente empezaba a sentirse fuera de lugar, el ambiente parecía haberse tomado íntimo ni bien vio entrar al mismo e inigualable pero legendario fiscal Miles Edgeworth en esta misma habitación hablándole a su rival hospitalizada y a su hija como si fueran viejos amigos o quizás…
-Por cierto, papá estoy feliz de verte –la maga no tardó en ir a abrazarle al fiscal y depositarle un beso en su mejilla.
-Yo también estoy feliz de verte, Trucy pero ahora necesito hablar de algo muy serio con tu madre –el susodicho no tardó en devolverle el abrazo a la maga, al separarse levemente siguió mirándole a Phoebe.
Ah, eso es verdad. ¡Momento! ¿¡Acaba de escuchar a Trucy llamarle a Miles Edgeworth "papá!?
-Miles, ahora creo que no es el momento adecuado…tengo "visita" –Phoebe señaló a Artemis con tal de desviar la atención de su marido y que olvidara del asunto de haber "olvidado llamarlo a esta emergencia".
Edgeworth pareció darse cuenta de la presencia de la abogada, estuvo absorto en recriminarle a su mujer que no lo había reparado antes. Enderezándose su postura profesional dirigió su atención hacia la joven.
-Siento mucho por mi brusco comportamiento reciente, usted debe ser la abogada defensora Artemis Justice –saludó educadamente el fiscal como si su reciente comportamiento de "padre enfadado" haya sido producto de un sueño.
La abogada algo aturdida por lo que acaba de ser testigo dio un respingo.
-N-No, ¡está bien, señor! –respondió bruscamente sin poder creer que Miles Edgeworth le estaba hablando- S-Sí, soy Artemis Justice ¡un gusto en conocerlo! –
Edgeworth quedó algo pasmado ante el grito que pegó la joven, pero decidió pasarlo por alto. Ignorando las risas mal disimuladas de la ex abogada y la maga.
-Es un gusto conocerla finalmente, supongo que haz oído hablar de mí Srta. Justice me llamo Miles Edgeworth Fiscal General, soy marido de Phoebe Wright y padre de Trucy –se presentó.
Claro que había oído hablar de él, Miles Edgeworth era más leyenda en el mundo de la ley a comparación de Phoe…¡espera un momento! ¿¡Acaba de decir que es marido de Phoebe Wright!? ¿¡Papá de Trucy!?
Tratando de recuperarse de su aturdimiento y evitar vergüenzas, la abogada decidió recomponerse.
-E-es un gus…placer conocerlo, Sr. Edgeworth –pronunció finalmente.
-Quiero agradecerle por la ayuda que ha dado a mi esposa, también quisiera disculparme en su nombre por los problemas que pudo haberle causado –se inclinó caballerosamente el fiscal ante la abogada.
-Oye, no le hice tantos –Phoebe iba a replicar pero una mirada severa de su marido le hizo callar de inmediato.
Artemis se sentía abrumada por la presencia del fiscal, pero a la vez halagada por su caballerosidad había escuchado muchos rumores acerca de su personalidad y profesionalidad, no le extrañaba que Miles Edgeworth haya sido popular con las mujeres.
-N-no, no hay problema Sr. Edgeworth, es mi trabajo como abogada defensora. Defender a los inocentes es lo que más importa –aunque en ese juicio le había costado su mentor y su trabajo, no sabía si por la acción de Phoebe que le hizo hacer en contra de su voluntad haya valido la pena.
Edgeworth la miró detenidamente, pero sonrió con sinceridad que le dejó con la guardia baja a Artemis.
-Estoy agradecido de verdad, usted es realmente alguien muy admirable Srta. Justice –
La susodicha no tardó de sentir calor en sus mejillas.
-Jeje, papá es todo un caballero ¿no crees, mamá? –Trucy miró divertidamente la expresión que ponía la abogada mientras hablaba con su padre.
-Sí, en mis tiempos tenía un gran número de admiradoras –divagó Phoebe recordando sus días cuando fue una joven abogada defensora.
Edgeworth no tardó en sacar de su cartera un cheque extendiéndole a la abogada, que lo miró sin comprender.
-Es por la ayuda que proporcionó siendo defensora de Phoebe, supongo que no le ha pagado aún –
Artemis iba a negar, pero tras detenerse para recordar el acontecimiento con más detalle era cierto. Estuvo tan abrumada tras el arresto de su ex mentor que no había caído en cuenta que su cliente no le había pagado por su servicio.
Edgeworth tomando el silencio de la abogada unos minutos como un sí. Miró mal a su mujer.
-¿Qué? –cuestionó Phoebe haciéndose la incomprendida.
-¿Es cierto que no le haz pagado, mamá? –cuestionó Trucy abriendo los ojos con sorpresa.
-¿Cómo puedes ser tan tacaña, Phoebe? –Edgeworth no tardó en recriminarle.
-Sí, mamá. Después de toda la ayuda que te ha dado Arty, además que perdió su empleo y todo ¿Cómo pudiste hacerle eso? –Trucy no le dio tiempo de responderle a su madre, la miró con regaño aunque su expresión a comparación de Edgeworth parecía tierna.
Artemis no sabía como reaccionar (que Miles Edgeworth estaba de su lado o que Trucy le haya llamado "Arty", quizás por las dos cosas), pero le resultaba satisfactoria ver la expresión resignada de la ex abogada tras ser acorralada por su marido y su propia hija.
-Está bien, lo siento. No lo volveré a hacer –pronunció finalmente la ex abogada dándose por vencida de las miradas insistentes de Miles y Trucy.
-No te disculpes con nosotros, discúlpate con la Srta. Justice –le recriminó Miles ante la irresponsabilidad característica de su esposa, a veces actuaba como una inmadura mocosa.
-Bien, lo siento mucho por todo, Artemis –se disculpó a regañadientes.
-Eso no sonó sincera, mamá –Trucy aún tenía las manos apoyadas en su cadera- Porqué no mejor le tocas el piano como disculpa.
Al ver que no estaban llegando a nada, Artemis decidió intervenir.
-N-no, No. Está bien, no es necesario tantas molestias –
-Quiero que lo acepte, insisto –le tendió el cheque, que la abogada tardó unos momentos en tomarlo finalmente con timidez- También será el pago por la molestia que está tomando en ayudar a la agencia.
Dios, había tantos ceros en ese cheque. Artemis no podía creer que estaba recibiendo una suma de dinero tan grande, hace mucho que había obtenido pero en su anterior empleo.
-En serio que está dispuesto a pagarme con este precio, Sr. Edgeworth –le cuestionó algo dudosa.
-No hay problema, como dije antes usted está ayudando mucho a mi familia cualquiera que haga eso lo considero digno de mi tiempo y respeto –admitió el fiscal encogiéndose de hombros, después de todo el dinero nunca fue su problema.
-D-de acuerdo, no es molestia mía aunque la Sra. Wright no me haya pagado estoy dispuesta en ayudarlos igual –respondió con firmeza la abogada después de titubear y guardar el cheque.
Miles la miró con sorpresa, pero se recompuso sonriéndole levemente. En serio que esta abogada tenía mucho potencial además de su determinación de ayudar a otros sin esperar algo a cambio le recordaba a cierta persona en esta misma habitación tendida en la cama.
-Nos vemos, papá y mamá –Trucy salió por la puerta junto con la abogada después de haber escuchado los últimos detalles para volver a la oficina- No seas cruel con mamá, papá.
-Que les vaya bien con la investigación, Trucy. Buena suerte a usted también, Srta. Justice –saludó a las chicas, ni bien cerraron la puerta ahora estaba a solas con su esposa.
Pasados unos minutos, Edgeworth finalmente habló.
-Ahora, Phoebe. Espero que tengas una muy buena excusa sobre por qué no me haz avisado de tu accidente –
La susodicha tan sólo suspiró, sería un día largo.
Estaban a unas cuadras para la oficina, mientras caminaban Artemis decidió preguntar sobre ciertas cosas a la maga.
-Oye, Trucy –
-¿Sí? –la maga la miró con curiosidad.
-Tu papá es Miles Edgeworth ¿no? –
-Por supuesto, creí que él ya te lo había dicho –arqueó la ceja ante la obvia respuesta.
-Sí, pero aún no puedo creer que él sea tu padre o que sea el esposo de la Sra. Wright –pensó para sus adentros- No, me refiero a… ¿Por qué te haces llamar Wright si el apellido de tu papá es Edgeworth?
-Oh, puedo llamarme Trucy Wright y Trucy Edgeworth a la vez. Pero ya que ahora estoy trabajando en la Agencia de Talentos "Wright" tengo que mantener mi imagen siendo una Wright ¿comprendes? –aclaró la maga como una simple lógica.
-Ya veo…-fue lo único que pudo pronunciar Artemis aunque eso no había explicado mucho.
Al llegar a la oficina, la abogada miró el reloj que marcaba las 10:05 a.m. la Sra. Wright le había dicho que su "verdadero cliente" pasaría por aquí así que tendría que esperar a que hiciera presencia.
-¿¡A ver!? –un grito estridente la sacó de sus pensamientos- ¿¡Por cuánto tiempo pretenden hacerme esperar!?
La abogada estuvo perpleja, al escucharlo cerca podía jurar que el dueño de aquella voz se encontraba dentro de la sala ahora. Trucy entró para recibirlo.
-Ah, muy buenos días Sr. Eldoon–saludó con alegría sin estar extrañada del grito.
-Hola, Trucy guapa –saludó un hombre que parecía de 40 años, vestido de camisa manga corta blanca, delantal blanco atado en su cintura, pantalón oscuro y una tela color celeste descansando sobre sus hombros junto con una armónica colgado en su cuello. Tenía cejas muy prominentes color negra y una cabellera rubia que parecían fideos junto con una gorra roja que imitaba un tazón. Artemis podía especular que se trataba de un cocinero o algo así- Parece que tu madre tuvo una mala pasada ¿no?
-No se preocupe, ella está bien. Solo tiene que guardar reposo hasta que se recupere –le aseguró la maga- Además papá está con ella ahora.
El hombre reparó de inmediato la presencia de la abogada en la sala. Al mirarla de cerca, el tipo volteó un momento su mirada para esconder el rubor de su rostro.
-Y usted debe ser la Srta. Temis ¿no? perdón si la he asustado con mi grito –se disculpó el hombre con educación.
-N-no, señor. Está bien, no pasa nada –aunque su nombre es "Artemis" no "Temis".
-Tu jefa te contó lo que me ha pasado, no me dejes tirado, Temis –rogó aunque cada pronunciación que hacía parecía como si quisiera dar pelea.
-No se preocupe por su defensa, señor. Estoy trabajando en eso –le respondió la abogada sin evitar esconder su entusiasmo. Cliente o no, si eso significaba que podía volver a ejercer en los tribunales y ayudarlo, podía valer la pena.
-¿…Defensa? –preguntó el hombre extrañado- ¿Es que te han quedado crudos los fideos? ¡Aquí es demasiado tarde para defensas! –le espetó- ¡Han asaltado mi castillo! ¡Han forzado mi fortaleza! ¡Han dispuesto de mi puesto! –expresó enojado como si alguien le ha arrebatado su pertenencia más valiosa.
-P-perdón si no lo estoy entendiendo, ¿podría repetirlo? –pidió Artemis algo cohibida.
-¡Que me lo han robado! Mi puesto de fideos ¡Ha desaparecido! –exclamó Guy enojado.
-¿L-le… robaron? –cuestionaron ambas chicas.
Eldoon se dispuso a contar lo sucedido. Anoche ha estado haciendo su ronda de siempre, tocando el silbato (un desafinado blues, según la opinión de la abogada), cerró el puesto y lo aparcó cerca de su casa. Sin embargo, la mañana a primera hora, su puesto ya no estaba, no quedó ni un rastro de él. Todos sus cuencos estaban ahí, contando sus ollas y todos los instrumentos de la cocina; sin ese puesto estaba completamente acabado.
-Ya. Pues, eso sería todo ¡Mucha suerte, señoritas! –pronunció recuperándose inmediatamente de su tristeza.
-¿Mucha…? ¡Eh! Disculpe, ¿qué es lo que quiere que haga? –cuestionó la abogada tratando de asimilar la petición.
-¡Busca mi puesto de ramen, por favor! –pidió Eldoon- ¡Cuando lo traigas de vuelta, te prometo que podrás comer todos los ramen's que quieras, Srta.! Pero cuidado, los hago muy salados que con sólo consumir dos cuencos te matan –le advirtió.
-Eh, Señor debo aclararle una cosa, soy una abogada defensora no una detective –le aclaró la abogada señalando su distintivo prendido en la solapa de su chaleco rojo- Mi deber es defender… no buscar objetos perdidos.
Al parecer el tipo no la escuchó, porque en el mapa que Trucy le pasó en sus manos, señaló con una visible cruz roja en un punto cercano a la agencia, que era al frente.
-Ésta es mi casa, si necesitas información, pásate ahí ¿vale? –señaló con la punta del marcador el punto marcado- Lo necesito en cuanto antes, Srta. Temis. Si no hago ramen ahora mismo, estaré arruinado. Bueno me voy a casa ahora, mucha suerte con la búsqueda –no le dio la oportunidad a la abogada y se fue de la oficina.
Al parecer, las cosas han dado un giro totalmente insólito. Primero, el accidente de Phoenix y ahora, un robo del puesto de fideos. ¿Qué seguirá en la lista?
-Arty…-llamó la maga con cierta vacilación- Quisiera pedirte un favor también…
Extrañada ante la inusual expresión de Trucy, Artemis la miró con atención- Esta bien, te escucho –
-He perdido mis valiosas braguitas –soltó finalmente la maga.
-Las…braguitas –repitió como si las hubiera escuchado mal, esto se tornó algo incómodo- ¿Qué ha sucedido con ellas, Trucy? –
La maga contó que fue anoche, rememorando aquel momento, estaba lo más tranquila en la agencia mientras esperaba a su madre. Cuando dispuso a dejar secar sus braguitas favoritas por la ventana luego de lavarlas bien, de la nada apareció un desconocido y las arrebató. Trucy corrió tras él gritándole que las devolviera.
-Vaya, eso fue muy valiente lo que hiciste –dijo Artemis luego de oír atentamente su historia. Si hubiera estado en los zapatos de Trucy también habría hecho lo mismo hasta usaría su sartén como defensa, si es que el ladrón se negaba a devolverlas.
-Pero, se escapó… -pronunció Trucy con impotencia- No sé que voy a hacer sin esas braguitas…
No entendía porque unas braguitas podían llegar tener un valor especial para una chica, pero era Trucy, debe ser un valor sentimental como para considerarlas sus favoritas. Al igual que Mia con la planta llamada Sr. Charley.
-La escena del crimen está cerca –señaló la maga en el mapa con un cruz color rosa, ocurrió justo en la agencia de talentos- Bueno al parecer las cosas se están animando más ¿no crees? –pronunció Trucy - Ayer no teníamos recado y hoy tenemos tres casos –dijo entusiasmada.
-Supongo que sí –le respondió Artemis sin mucha alegría como la maga. Investigar el accidente de atropello, encontrar el puesto de fideos perdido y ahora, no menos importante, encontrar las braguitas robadas de Trucy. Y ninguno de ellos está relacionado con los tribunales. No podía evitar sentirse cabizbaja por la decepción.
-¡Vamos, Arty! ¡No te pongas así! –exclamó Trucy notando el desanimo de la abogada- ¡Tenemos trabajo que hacer!
Artemis suspiró por enésima vez con mucha pesadez.
-No tengo nada mejor que hacer y ni siquiera puedo llevar a cabo una defensa –querría llorar internamente, mejor sacudió la cabeza para recuperarse- Bueno, no es para ponerse así, Justice. ¡Manos a la obra!
La abogada con una extraña determinación apenas prendida en su pecho, junto con Trucy abandonaron la oficina para ponerse a trabajar. Decidieron dirigirse a la zona indicada por Phoebe, a ver, según en el mapa el incidente ocurrió justo frente en la entrada del Parque People que quedaba a unos metros de distancia.
Después de investigar y preguntar a ciertos testigos, entre ellos se trató de la esposa de un jefe yakuza de una familia muy temida llamada Kitaki y a una linda chica que parece estar familiarizada con ellos (más bien Trucy le dio folleto de la Agencia ahora llamada "Polivalente Wright") incluyendo al mismo Sr. Guy Eldoon, supieron que auto atropelló a Phoebe pertenecía a alguien de la Clínica Meraktis, se consiguió algunas pruebas (el retrovisor roto del auto que atropelló a la ex abogada, un cuenco de fideos y un teléfono color rosa) y las braguitas de Trucy que resultaron que era una utilería para sus trucos mágicos.
Al llegar a la agencia se tiró con pesadez sobre el sofá para descansar su espíritu fatigado, estaba presionada por todo este asunto y le dolía las piernas de tanto caminar. La verdad, de todos los cabos sueltos, estaba interesada el crimen ocurrido en el parque People; no sabía de los detalles tan sólo que ocurrió un asesinato bajo circunstancias "extrañas" debido que la policía no las dejaban pasar junto con esa inspectora que usaba bata de laboratorio y comía ruidosamente una bolsa llena de bocadillos conocida como inspectora Skye.
Ignorando la mirada curiosa de la maga, Artemis dio un largo y profundo suspiro. Quería volver a los tribunales, si tuviera un caso del crimen que resolver, no. mejor dicho, un cliente a quien defender estaría agradecida por Dios y los grandes héroes de la justicia.
Sus cavilaciones se detuvieron cuando vio a la misma mujer de la mansión Kitaki cruzar por el umbral de la oficina, Artemis se incorporó levantándose de su asiento.
-Disculpe… -pronunció la chica con cierta vacilación- Perdón por mi intromisión…
-¡No se preocupe! –le interrumpió Trucy entusiasmada- ¡Ha venido a un sitio adecuado, puede contar con nuestra ayuda!
La chica dio las gracias y se presentó. Su nombre es Alita Tiala, al leer el folleto que decía que tenían abogados defensores (tal vez, Trucy añadió en su folleto) y quería que representaran a su prometido, quien fue arrestado esta mañana por asesinato (Artemis la miró con más atención, en su interior podía sentir infinita cantidad de emoción y felicidad viajar por sus venas). Su prometido es Wocky Kitaki, el hijo único del cuarto jefe del clan Kitaki y mostró una foto de él. Se trataba de un joven de peinado extraño, cara algo zorruna, usaba una campera fucsia con dibujos de zorro con manga blanca y franja fucsia por los costados y una camiseta con estampa del tejón malote (Artemis no encontraba palabras para describirlo ¿ése será su cliente? No parecía tener pinta del hijo de un jefe yakuza).
El asesinato ocurrió en el parque cerca de la mansión Kitaki, la víctima recibió un disparo con la pistola en circunstancias inusuales, según lo que dijo algunos testigos que interrogó.
-¡Por favor, ayuden a Wocky! –suplicó Alita con una mirada llena de preocupación colocando una mano en su pecho- Les he preparado un requerimiento, puede que lo necesiten –entregó un sobre blanco, la abogada lo tomó con cuidado y guardó en su portafolio.
-¡Bien! ¡Examinemos en la escena del crimen! –exclamó Trucy sintiendo el mismo entusiasmo de la abogada.
Se despidieron de Alita Tiala y abandonaron nuevamente la oficina para encaminarse directamente al Parque People. Artemis no podía contener su emoción, finalmente, un caso estaba en sus manos y su primera visita en la escena de un crimen.
Vio a Trucy con la petición en la mano y se acercó al guardia que custodiaba en la entrada.
-Ah, otra vez tú niña ¿Acaso no puede ir a otro sitio para jugar? –
-¡No estoy jugando! ¡Y yo no soy una niña! –le recriminó muy molesta la maga colocando las manos en la cadera- ¡Tenemos un requerimiento!
El policía con la ceja levantada tomó el sobre y lo abrió para leerlo. Luego, parecía que negó nuevamente con la cabeza y Trucy volvió a donde la abogada con la cabeza gacha y una mirada decepcionada.
-¿Qué sucedió, Trucy? –preguntó Artemis sintiendo cierta pena hacia la maga.
-No me quiere dejar pasar –le respondió con tristeza mientras le devolvía el sobre con la carta.
La abogada con cierta extrañeza leyó el dorso de la carta, decía "Petición de asesinato".
-Ya veo por qué no la dejó pasar, supongo que la Srta. Tiala se equivocó de carta al escribir el requerimiento –suspiró. Decidió que ella misma debía hablarle, siendo adulta, quizás el guardia la escuche esta vez.
-Disculpe, señor –llamó, el guardia la miró- Necesito hablar con usted.
El tipo solo la miró fijamente y se puso muy rojo, la abogada lo miró extrañada ¿qué le sucedía ahora?
-Señor, ¿se encuentra bien? -
-¡No te me acerques! ¡No tratarás de confundirme con tus embrujantes encantos! –bramó el guardia, ahora rojo y nervioso.
Artemis parpadeó. Ahora ella estaba confundida de su reacción.
-¿Q-Qué quiso decir con eso? –
Trucy se le acercó a la abogada, miró divertidamente la situación.
-En serio, Arty. Pareces tener un poder especial, hiciste que ese guardia volviera a estar rojo otra vez –
-Otra vez con eso ¡Yo no hice nada! -¿Por qué la mayoría de los guardias reaccionan así?
Sus pensamientos se detuvieron abruptamente al ver que el mismo guardia del parque, estaba conversando con una persona que llamó su atención. Artemis se congeló al reconocerlo.
-Arty ¿pasa algo? –preguntó Trucy ante su repentino cambio, esa expresión parecía como si hubiera visto un fantasma.
-Hallo*, fraülein's* –saludó un atractivo joven de piel bronceada, cabello rubio platino trenzado, ojos azules brillantes y vestido de un traje rockero con un acento extranjero. Artemis, a juzgar por su llamativa ropa, supuso que era el dueño de aquella moto.
-Ah… hola –Trucy devolvió el saludo torpemente sin importar no haber entendido la palabra extranjera, era inevitable, el chico era alguien absolutamente guapo como para ignorarlo.
La abogada, en cambio, no estaba shockeada por eso. El joven que estaba frente a sus ojos, sin duda era la viva imagen de su ex mentor (la diferencia podía ser que su manera de vestirse era muy opuesta al estilo conservador de Kristoph y no usaba lentes).
-No hay ningún problema, puede pasar, Sr. Gavin –informó el guardia.
-¿S-sr. Gavin? –repitió Artemis sin poder creer lo que estaba viendo. Este hombre no era su antiguo maestro, era imposible, estaba ahora mismo en la prisión. Pero, tenía el mismo apellido y se parecía mucho, acaso era…
-Disculpa, nos conocemos en alguna parte –preguntó el "Sr. Gavin" con una sonrisa fresca y encantadora al notar que la joven abogada lo observaba.
-Eh…no. No lo creo –respondió de inmediato, sacando a flote sus nervios.
-Jeje, no hay necesidad de estar nerviosa –le sonrió amablemente- Debo decir que estoy acostumbrado a que me inspeccionen las chicas, pero ésta es la primera vez que me topo con una preciosidad como usted –el chico era demasiado alto, porque lo siguiente que hizo fue inclinarse a la altura de Artemis, quien se tensó mucho por su cercanía (¡estaba invadiendo su espacio personal!), sin embargo, no podía moverse ¡estaba paralizada en frente de alguien que se parecía a su ex mentor!.
-Arty, creo que ese chico te ha echado el ojo –decía la maga entre risas.
Artemis se percató de la presencia de Trucy y del guardia, así que, instintivamente se alejó a una distancia precavida del chico, aunque éste seguía sonriendo como si se divirtiera de su reacción. Aquello hizo que la abogada frunciera el ceño aunque el calor de sus mejillas no desapareció.
-¡Arty, estás roja! –Trucy la miró sorprendida.
-¿Eh? ¡No! ¡No lo estoy! ¡Sólo te imaginas cosas, Trucy! –respondió Artemis exaltada.
-Ellas pueden entrar también. Con permiso, Herr* agente –aviso el joven centrado ahora en el guardia.
-Sí, señor –obedeció sin chistar.
-Vienen, schön* –invitó el rubio extendiendo su mano hacia las dos chicas.
-Sí –Trucy tomó su mano y se adentraron juntos al parque.
-Espera, Trucy. No tienes que hablar con los descono… -muy tarde, la maga junto con el "extraño guapo" desaparecieron de su vista- Olvídalo –se dijo con pesadez, decidió no perder el tiempo y los siguió.
Muy dentro del parque, se toparon con lo que llamaría "la escena del crimen" a juzgar varios números ubicados en cada objeto que había ahí, contando la lona y el carro… ¡un segundo! Aquel carro de fideos…
-Aquí les dejo. Que disfruten de su investigación, preciosas –la voz del joven, la sacó de sus pensamientos. Su voz sonaba aterciopelada como la caricia de una brisa.
-Gracias. Nos volveremos a vernos –preguntó la adolescente al notar que se iba.
-Pregúntale al viento, estaré cabalgando sobre él –el joven lanzó un guiño disimulado a Artemis. Y tal como apareció, el joven se encaminó a la salida sin decir otra palabra más.
-¿Q-quién demonios era ese sujeto? –se preguntó, una vez que se haya recuperado del aturdimiento. Era como si hubiera estado conteniendo su respiración por largas horas, no podía pensar con claridad… ese sujeto definitivamente no era el Sr. Gavin, por muy parecido que fuera.
-Oigan, ¿se puede saber que hacen aquí? –irrumpió una voz que sonaba molesta, al mirar a la persona acercarse a donde estaban ubicadas, vieron que era la inspectora Skye. Al verlas, también las reconoció- Ah, son ustedes ¿cómo es que entraron?
-Oh! Ese chico… mejor dicho ese príncipe nos dejó pasar –le respondió mostrando admiración por el chico de recién, Artemis podía sospechar que tal vez fue el único hombre que la trató con caballerosidad (la mayoría le dijeron niña).
-Ese cretino pomposo, siempre metiéndose en mi camino –decía la inspectora Skye para sí, algo irritada- Aun así, ¡está prohibido estar aquí! –pronunció firmemente.
-Espere, aquí le tengo un requerimiento –Artemis le presentó la carta recibida de Alita Tiala.
A pesar de haber leído el requerimiento, la Inspectora Skye no dejaba que tocaran la escena del crimen (Por lo menos encontraron el puesto de ramen del Sr. Eldoon aunque le hubiera gustado en otras circunstancias) así tampoco respondía sus preguntas en cuanto sacaba una bolsa de bocadillos y los mascaba ruidosamente mientras se hablaba para sí misma que para las chicas.
Al ver que no podían avanzar en nada con la testaruda y desinteresada inspectora Skye, Artemis recordó las palabras del Sr. Edgeworth, tendría que recurrir a él después de todo no tenía ninguna otra opción, quería avanzar con la investigación y necesitaba encontrar pistas.
Decidida por ayuda, decidió abandonar el Parque People. Total, por la manera que come los bocadillos la inspectora Skye y divagaba para sí, no se daría cuenta de sus ausencias.
Al volver a la Clínica Hickfield, fueron recibidas por Phoebe junto con Miles preguntando cuál sería el problema. Artemis había narrado todo lo sucedido, ya tenía un cliente para defender por la petición de Alita Tiala, el asesinato ocurrido en el Parque People, que han encontrado el puesto de fideos perdido de Guy y el encuentro con aquella inspectora huraña con bata de laboratorio, que no les dejaba tocar nada en la escena del crimen.
Edgeworth y Phoebe no tardaron en reconocer ante la descripción que acaba de dar las chicas.
- Mmm… no sabía que estaba involucrada en este caso –pronunció Phoebe después de escuchar que usaba "bata de laboratorio".
-La conocen –pronunció Artemis con curiosidad.
-Sí, la conocimos en un caso que hemos tomado hace diez años. Por aquel entonces, ella estaba en el instituto –comentó el fiscal, Artemis abrió los ojos con sorpresa. Eso quería decir que la inspectora Skye, debía tener más o menos su edad- Su nombre es Ema Skye.
-¡Oye, mamá! Si la conoces, entonces debes saber sobre ese "misterioso príncipe de la moto" –cuestionó Trucy recalcando con suma admiración el título, Artemis podía suponer que se estaba refiriendo a aquel chico que las dejó pasar en el Parque People (era demasiado largo el título, había otras maneras mucho menos fantasiosas llamándolo príncipe y moto en la oración)-¡Ése chico le echó un ojo a Arty!
La susodicha se sonrojó en respuesta.
-… ¿Príncipe? No sabía que aun te gustaba los cuentos de princesa, Artemis. O los chicos malos –comentó divertida la ex abogada.
-¡O-oye! ¿Tengo cara de niña o qué? Para empezar, eso que dijo al último es un estereotipo ¡no todos los que pasean en moto sean chicos malos o esas cosas! –le recriminó la abogada.
-Eso quiere decir que sí te gusta el "príncipe misterioso", por la manera que lo defiendes te delató jajaja –Phoebe se rió divertida seguido de Trucy mientras Edgeworht comenzaba a sentir mucha pena por la joven abogada, el rostro de Artemis se puso tan rojo que hacía juego con el color de su traje. No entendía porqué se estaba sonrojando ante comentarios nada divertidos, aquello le puso más enojada y nerviosa.
-¡Ya déjese de bromas, Sra. Wright! –espetó alzando la voz y sus manos cerradas en un par de puños- ¡Y dígame quién era ese chico que se parecía al Sr. Gavin!
-Bueno, no te pongas así. Era solo una bromita –Artemis la miró mal, Phoebe mejor decidió responder su pregunta- Él es el hermano pequeño de Kristoph, su nombre es Klavier Gavin… el dios del rock and roll.
-Mmn, Klavier –repitió Trucy pensativa- ¡Muy bonito nombre! Suena sugerente…
-Nunca pensé que volvería ahora mismo ese sujeto después de tantos años –pronunció Edgeworth con cierto resentimiento que no pasó desapercibido para Phoebe, quien colocó su mano sobre la mano de su marido para calmarlo. Miles al sentir la mano de su esposa captó el mensaje y se relajó bajo sus toques.
En cambio, Artemis quedó en shock total. Su ex mentor… ¿¡tiene un hermano!?
Esto era extraño, mejor dicho desconcertante. Si antes había trabajado en su bufete, debería saber de antemano que tenía un hermano. Klavier Gavin era muy parecido a Kristoph, a pesar de su apariencia moderna y rebelde (alusión por el apodo "dios del rock and roll, ya con eso es sabido que es un rockero), era notable que sea su hermano de sangre. ¿Por qué nunca le mencionó antes?
-Puede que lo vuelvas a ver –las palabras de aliento de la Sra. Wright la sacaron de sus pensamientos- Aunque no es de extrañar que Klavier se haya sentido atraído hacia ti, Artemis. Eres casi idéntica a mi mentora cuando se trata de admiradores…
La aludida lo miró con una ceja arqueada, ¿qué quiso decir con eso? ¿debería tomarlo como un cumplido?
-Wau, Arty. ¡Eres muy popular! ¡Qué envidia me da! –pronunció Trucy con entusiasmo y admiración hacia la abogada- Algún día, quisiera ser tan hermosa como tú.
-Eh, b-bueno, gracias… -eso lo tomaría como un halago venido de Trucy.
-¿Y bien? ¿Cuál es el problema? –preguntó Edgeworth tratando de cambiar el tema sobre Klavier Gavin.
El problema era que la inspectora no las dejaba investigar la escena, Phoebe les había dicho que vuelvan a la oficina de la agencia y del sombrero de copa de seda hay un frasco con polvo blanco, una vez que lo encuentren deben mostrarlo a la inspectora y darles recuerdos de su parte.
Sin entender los detalles, Artemis acató la orden y regresó a la agencia con Trucy. Del extraño armario hecho de cajas (que se usaban para el truco de cortar a una persona con un serrucho) descansaba el sombrero de copa similar al de Trucy; Artemis sacó y se trataba de un frasco pequeño que decía palabras sumamente complejas e impronunciables junto con un palito con algodón en el extremo, guardaron dentro de su portafolio y salieron nuevamente para dirigirse al Parque People.
El objeto se trató de un extraño polvo blanco para huellas dactilares, en cuanto le mostraron, según lo indicado, la joven detective pareció haberlo reconocido y por primera vez (desde que la vieron) cambió de expresión. Adivinó que trabajan en el Bufete Wright & Co, al escuchar "mamá" de los labios de Trucy, la expresión de Ema no fue más que sorpresa pura al oír que la Sra. Wright tiene una hija.
-Oh, Dios. Usted es la hija de la Sra. Wright y usted su aprendiz –exclamó con la sorpresa pintando en su rostro- No lo sabía, estaré dispuesta a ayudarlas en todo lo que me necesiten.
No estaba del todo de acuerdo cuando dijo que era la aprendiza de la Sra. Wright, pero decidió dejarlo pasar. Al menos, el estado de ánimo de la inspectora mejoró mucho y podía contar con su ayuda con el caso.
El caso del asesinato ocurrió en la noche, el cadáver se encontraba tirando un puesto de fideos y la herida es una bala en la sien, le dispararon con una pistola. La víctima es Pal Meraktis, el médico y dueño de la Clínica Meraktis. Artemis le contó que estuvieron en esa clínica por cuestiones relacionadas, Ema supuso que el doctor robó el puesto de fideos y lo arrastró por el parque aunque no sabía el porqué (Artemis y Trucy tampoco lo sabían).
Wocky Kitaki, el acusado estuvo en la escena y una persona fue testigo del momento e informó a la policía, según Ema, aquella persona testificará mañana en el juicio (Artemis sentía que estaba en serios aprietos).
Guardó la foto del carro de Eldoon en su portafolio junto con el informe de la autopsia que Ema le entregó.
Ahora, era el momento de examinar. El maniquí en el puesto era para marcar la posición en que estuvo la víctima, al menos resolvieron los tres casos (la peor parte va ser resolver un caso de asesinato y encontrar cierta explicación con Eldoon, que su puesto es una escena del crimen), Artemis encontró algo que llamó su atención en la papelera y era… un par de bragas enormes. Podían ser de… mejor no imaginarlo, a regañadientes las guardó en su portafolio (ignorando el halago de Trucy por encontrar otro par de braguitas) y decidió continuar con la investigación.
Junto al maniquí encontró algo que llamó su atención, según la inspectora, era una faca. Un arma común entre los yakuza, ya que el acusado es el hijo del jefe yakuza, los policías especularon que le pertenecía.
Con la ayuda de la Inspectora Skye analizaron las marcas de huellas dactilares con el polvo y el resultado, fue tal como la abogada temía. Las huellas pertenecían nada más ni nada menos que Wocky Kitaki, el acusado. Significaba que el acusado estuvo en la escena del crimen, el juicio ni siquiera comenzó y ya sentía que estaba perdiendo. Esto le daba muy mala espina.
La inspectora Skye le animó, diciéndole que la Sra. Wright estuvo en la misma situación cuando fue abogada.
-Oye, ya conoces a tu defendido –preguntó la inspectora mientras se tocaba su cabello pensativamente.
-¿E-eh? B-bueno, todavía no –le respondió la abogada.
-Será mejor que vayas pronto al centro de detención, la hora de visitas se está terminando –
Ante el aviso repentino de la inspectora, Artemis se puso alarmada, sentía como si el fin del mundo estuviera cerca. Decidió que ya reunió pruebas suficientes y la hora de la investigación terminó, se despidió de Ema agradeciéndole por su ayuda científica y se encaminó rápidamente hacia el Centro de Detención.
Al llegar, apenas pudo contener el aliento cuando el guardia avisó que la hora de visitas se terminó. Artemis le suplicó al menos, unos pequeños minutos para conversar con el acusado, al guardia sin poder resistir a la belleza de la abogada, concedió unos minutos más.
Ahora mismo, el guardia dijo que el acusado está conversando en privado con su padre, el cuarto jefe del clan Kitaki Big Wins Kitaki. Trucy y Artemis se dispusieron a esperar al acusado, pero, varios gritos las sacaron de sus cavilaciones; podían suponer que alguien estaba teniendo una discusión sumamente acalorada.
-¡A morir! ¡Tú eres el que tiene los días contados, ōyaji*! –espetó una voz elevada por la molestia e irritación.
El carcelero les avisó que ya el acusado y su padre han terminado con su charla. Ante las presentes apareció un hombre enorme (incluso mucho más enorme que la Sra. Kitaki) tanto que su tamaño irradiaba un imponente poder, vestido con un yukata* negro, un delantal color amarillo brillante con un dibujo simpático de un zorro y una banda roja en su cabeza que decía Kitaki en letra blanca. El tipo parecía mayor, a pesar de eso, no afectaba con su aire de grandeza, su cabello gris oscuro estaba impecable junto con el color de su piel bronceada, bigotes arriba de sus labios y… no se podía entrever sus ojos debido a unas sombras oscuras que los cubrían.
Artemis de repente sentía miedo recorrer por su espina dorsal, en cambio la maga solamente estaba impresionada de la presencia del hombre.
El hombre que estaba frente a sus ojos era Big Wins Kitaki el cuarto jefe de la familia Kitaki y padre de Wocky. A pesar de mostrarse amable (Si así lo mostraba), Artemis no podía dejar de temblar.
-Justice-san* –la llamó- Mi hijo no ha matado a nadie, es inocente… espero que pueda manejar su defensa y perdone por su actitud, es un crío. ¿Wakatta*?
-¡W-wa-wakatta! –le respondió con sobresalto, sin importar no haber entendido la palabra japonesa que pronunció el jefe mafioso.
-¡Deja de tratarme como un crío, ōyaji! –le espetó Wocky con irritación- ¡Esta vez no podrás salvarme el culo, ōyaji! ¡Pasemos el juicio! ¡Yo lo maté! ¡Un yakuza* no es yakuza si no lo pasa mal!
-¡Uruse*! –le gritó el jefe Kitaki, consiguiendo que su hijo callara, Artemis juró que la tierra tembló ante su grito hasta el guardia parecía tenerle miedo- Creo que es por hoy, Justice-san. Mis disculpas por el ajetreo que causa mi hijo, no me decepcione mañana ¿hai*? –la abogada muda por el miedo, asintió energéticamente. El cuarto jefe se despidió y se fue, el carcelero se llevó a Wocky de vuelta a su celda.
Artemis suspiro de alivio, sin embargo, su ánimo se vino para debajo de repente. ¿Cómo iba a preparar el caso de mañana? Peor aún, tenían un testigo que vio al acusado en la escena y encontraron ahí una faca con sus huellas, ¿había dicho antes que esto le daba mala espina?
-No te preocupes, Arty. Seguro que puedes lograrlo para mañana. Oh, cielos ¡Estoy emocionada por verte hacer tu actuación en los tribunales! –pronunció Trucy sin poder contener su entusiasmo- No te olvides de ir a mi actuación en Wonder Bar ¿sí?
Luego de despedirse de Trucy, quien se encaminó a la clínica para hacerle una última visita a su mamá y quizás volvería a casa con el Sr. Edgeworth mejor dicho su "papá" (Artemis aún no podía salirse de la impresión que el fiscal Edgeworth era el padre de Trucy), la abogada regresó a casa algo cansada ya sea por la fatiga de las noticias inesperadas y el estrés.
Al ver el horario del reloj en la pared supuso que su padre no tardaría en volver dado que se mantenía ocupado en los horarios diurnos normalmente. Mientras lo esperaba, decidió bañarse mientras ponía a lavar y secar su traje para mañana después se dispuso en preparar una cena sencilla para su padre y para ella.
No tardó en sentir cosquillas en sus pies, no necesitaba adivinar quién se trataba. Era su perezoso gato dormilón que se había levantado ni bien escuchó el sonido de las cacerolas adivinando que sería la comida.
-Ya voy, Mikeko. Gato escurridizo que eres –no pudo evitar sonreír ante el bostezo que pegó su gato- Aquí está tu cena, espero que sea suficiente para ti –en el plato de plástico depositó gran cantidad de alimento para gato y lo puso en el suelo, su mascota no tardó en comenzar a masticar su comida.
Tras oír la puerta abriéndose, Artemis salió de la cocina para recibir a su progenitor.
-Hola, hija –saludó Jove algo exhausto quitándose su sombrero vaquero para dejarlo sobre el sofá, a juzgar que no llevaba su estuche de guitarra especuló que hoy no tuvo que dar concierto.
-Hola, papá. La cena estará listo dentro de unos minutos –anunció regresando a sus deberes en la cocina.
-Huele delicioso, de acuerdo tomaré un baño rápido y cenamos –
Después que Jove haya terminado su baño y cambiarse su ropa por uno más cómodo se dispusieron a cenar y a platicar respecto a sus trabajos. Jove le había contado que esta vez le tocó cuidar el bar y a atender unos clientes, no había nada interesante que decir excepto que tuvo que sumarse en una charla vaga con un despechado borracho deprimido porque su mujer lo había echado de la casa (Artemis se rió imaginando a su padre tener que escuchar una charla así mientras realizaba su turno limpiando las copas de la cantina).
-Y… ¿cómo fue tu primer trabajo en el Bufete Wright & Co.? –inquirió con curiosidad Jove cuando llegó el turno de su hija.
-Bueno…-pronunció dejando su vaso con agua en su lugar- Es una larga historia…
Jove la miró extrañado por la vacilación de su hija, pero se encogió de hombros dispuesto a escuchar su relato.
-Aquí voy, pasó esto –Artemis tomó un respiro.
Empezó a contar cuando fue a la oficina del Bufete que resultó que ahora era una Agencia de Talentos fundada hace 7 años, la aparición de Trucy como la directora de la oficina y que era una maga profesional; la visita que hicieron a Phoebe en el hospital, la repentina e inesperada aparición de Miles Edgeworth además que era el marido de la ex abogada y padre de Trucy, la investigación que llevó a cabo, la interacción con Pequeña Plum Kitaki, el llamado de auxilio de Alita Tiala para que defendiera a su prometido Wocky, la inspectora Skye, el encuentro sorpresivo de Klavier Gavin y la visita fugaz en el centro de detención donde no tuvo la oportunidad de hablar con su cliente.
Al finalizar con el relato, su padre la miraba contemplativo con una inusual seriedad.
-Espera un momento, ¿Gavin tiene un hermano? –eso sí que no se lo había esperado.
-Pensé lo mismo papá, la Sra. Wright dijo que es el hermano menor de Kristoph Gavin y dijo algo así como "el dios del rock and roll" –
-Y cómo era él –se atrevió a preguntar Jove sin salir del estupor, si Artemis no conocía ese hecho él menos.
-B-bueno, se parecía mucho aunque su color de tez era bronceada y vestía de una manera que parecía rockero –describió la abogada tratando de recordarlo- Sin contar que se veía muy joven… (Muy atractivo) –aunque lo último pensó para sí.
Jove frunció el ceño por la seriedad.
-Y él…no te insinuó nada –cuestionó, ante la mirada incomprendida de su hija aclaró- Me refiero no te ha dicho algo respecto con su hermano.
-No, tan sólo parecía amable a comparación de la inspectora –aunque Artemis no podía borrar la cercanía desconcertante de Klavier, aquel movimiento imprevisto era como si quisiera besarla algo así. Se sonrojó ante ese pensamiento.
-Arty, estás segura que no te hizo algo. Te ves roja –Jove no necesitaba la habilidad de su desaparecida esposa para adivinar lo que pasaba con su hija, era demasiado expresiva y abierta respecto a sus emociones.
-¡No, nada! No es nada, papá ¡Estoy bien! –le aseguró la abogada bruscamente todavía sin borrar su sonrojo.
Ante la expresión desconcertada de su padre, era clara señal que no le creía mejor decidió cambiar el tema.
-Mañana tengo que defender a mi cliente, creo que veré a Trucy también –
-Aún no puedo creer que la Sra. Wright tenga una hija adolescente –decía Jove algo pensativo tras escuchar el relato sobre la hija maga de la ex abogada.
-Yo tampoco –Artemis asintió de acuerdo- Además que sea hija del Sr. Edgeworth, ahora que lo pienso tal vez Trucy se parece más a la Sra. Wright por su personalidad.
-Y tu cliente…me dijiste que es el hijo de una familia yakuza ¿cierto? –pausó unos minutos para continuar- ¿Debería preocuparme por eso? –
-La ayuda me lo pidió su prometida y su padre…-tembló ante la imagen del imponente hombre jefe de los Kitaki- Cuenta conmigo…
Jove la miró detenidamente, Artemis se preguntó en qué estaba pensando ahora. Había ciertas veces que su padre se ponía serio en pocas ocasiones y le parecía difícil de leerlo.
-Iré al juicio contigo mañana –pronunció finalmente.
-¿Q-qué? –eso no se lo había esperado- ¿P-pero papá no tienes trabajo mañana temprano? -
-Ya he hablado con el jefe, me dijo que tendré los días libre y que cualquier problema que surja me llamará –respondió encogiéndose los hombros.
-P-pero tienes que descansar, no tienes que hacer esto –Artemis no quería que su padre sacrificara sus días de descanso para venir por ella, era más importante su progenitor que su juicio.
-Claro que sí, mi hija representará al hijo de una familia yakuza más temida de la ciudad ¿cómo quieres me tranquilice por eso? –aclaró Jove dejando aflorar sus nervios- Estoy preocupado por lo que te pueda pasar en ese juicio, me dijiste que encontraste huellas de tu cliente en el arma y que tienen un testigo clave sin contar que no pudiste hablar con tu cliente. No necesito saber de leyes para ver que mi hija está en peligro –
-Estaré bien, papá. Confía en mí, puedo manejar este tipo de situación –Artemis trató de calmar a su progenitor, aunque también dudaba como iría en ese juicio dado por las circunstancias mencionadas.
Jove la miró con preocupación luego de suspirar.
-Confío en tus decisiones, Arty. Pero quiero estar seguro que estarás bien mañana –depositó ambas manos con suavidad sobre los hombros de su pequeña- Iré de todas formas para apoyarte y nada me harás cambiar de parecer.
La abogada no podía negar ante los ojos de su padre, por un lado estaba contenta que iría a verla en acción y apoyaba su decisión pero por otro estaba un poco molesta que su padre sea igual de insistente como ella, ya veía que tenía el mismo resultado del gen.
-Esta bien, papá –aceptó resignada que no podía convencer a su padre de otra manera- Pero, prométeme que tomarás esto con calma y no tomes las cosas de manera personal si llego a perder –aunque más que perder su juicio tenía miedo de perder su vida, le dio escalofríos de solo pensarlo.
-Hecho, aunque temo más por tu vida que por tu derrota en el tribunal –Jove no podía evitar sentirse preocupado por eso, había escuchado ciertas historias de los Kitaki aunque algunos sonaban muy inverosímiles que otras no podía subestimar que eran la familia yakuza más temida de la ciudad- Aunque pudiste haberte negado en primer lugar…
-Lo habría hecho eso sino fuera por Trucy… -pensó para sus adentros, la maga parecía no tener miedo a nadie ni siquiera a una mujer enorme como la "Pequeña Plum"- No quería hacerlo…su prometida se veía muy preocupada por Wocky, parecía que urgentemente necesitaba a un abogado.
Después de unos minutos, Jove dejó escapar un suspiro.
-Me vas a matar por esto, Arty –comenzó a rascarse la cabeza por la frustración- Me estoy envejeciendo cada vez más.
-Pues lo siento –se disculpó la abogada aunque no iba a dar marcha atrás por la decisión que acaba de tomar aparte que estaba ansiosa por volver a los tribunales después de tantos años- No te estás volviendo viejo papá, estás madurando con estilo.
-Tienes suerte que a tu padre no le hayan salido canas aún –la miró con seriedad después- Por cierto, ¿Tienes idea quién sería el fiscal con quién te enfrentarás mañana?
-…la verdad no tengo la más pálida idea –después de haber estado ocupada con la investigación y haber escuchado muchas revelaciones, no tuvo la oportunidad de preguntárselo siquiera a la inspectora Skye- Muy pronto lo sabremos mañana en el tribunal…-
-Espero que puedas lidiar con todo este problema que acabas de traer en tan sólo un día –Jove rezaba para sus adentros que todo vaya bien para el día siguiente, confiaba mucho en su hija Artemis pero tras escuchar los resultados de su investigación más la historia familiar "turbia" de su cliente empezaba a sentirse preocupado- Mejor ve a descansar, debes guardar energía para mañana. Buenas noches, cariño –besó en la frente de su hija.
Artemis asintió en respuesta.
-También tú, papá. Buenas noches, que descanses –abrazó a su padre para luego dirigirse a su habitación.
Una vez a solas, Artemis se puso el pijama y de inmediato se acostó en su cama cómoda y bien mullida. Miró el techo por largos ratos hasta que suspiró. El día fue muy ajetreado, desde que tomó tres casos de búsqueda, hasta haber aceptado un caso de asesinato con un cliente que era parte de una familia yakuza, el encuentro de la inspectora Skye y el hermano de su ex mentor…
En su mente, nuevamente reprodujo la imagen de aquel muchacho de la moto cuyo nombre es Klavier Gavin. Era igual a su antiguo maestro, al menos en apariencia, excepto que es más joven y con estilo de ropa completamente distinto.
Artemis se sonrojó cuando ese Klavier se le acercó tanto que sus labios estaban a poca distancia, aquel gesto improvisto parecía como si quisiera besarla. La cercanía fue fugaz, pero no lo suficiente para sentir su cálido aliento, su perfume masculino, la calidez que emanaba su cuerpo…
-¡Ya basta, Justice! – se gritó luego de levantarse precipitadamente de su cama- ¡Es el hermano de tu antiguo maestro! ¡Un asesino! ¡Tienes que controlarte! –golpeó su almohada varias veces para desquitarse de estas… emociones extrañas y abrumadoras que estaba sintiendo. ¡Qué extraño! Nunca se sintió así con Kristoph, su ex mentor.
Abrazó su almohada fuertemente y se detuvo a pensar aquello. Nunca supo que Kristoph tenía un hermano menor y mucho menos, que se parecía a él. En los pocos ratos que estuvo trabajando con él en su bufete, nunca vio alguna foto de su hermano (no encontró a un Kristoph sin lentes con cadenas y ropa rockera) tampoco que ha hecho alguna mención de él. No, es como si Klavier nunca existió en su mundo.
Tan sólo escuchó que Kristoph debutó como abogado a una edad temprana, que estudió en Alemania y fue considerado prodigio; casi nunca le habló de su familia ni nada parecido.
Cuando sus ojos y los de Klavier se cruzaron en aquel momento, podía jurar que lo había visto en alguna parte, pero no estaba segura si eso era su imaginación o si era parte de su recuerdo turbio.
¿Qué significaba esto?
Artemis miró perdidamente el cielo ya oscurecido. El manto nocturno se extendía hasta el infinito horizonte, las vastas nubes se arrastraban lentamente por el viento cubriendo las estrellas y la luna, tan hermosa y solitaria brillaba con todo su esplendor bañando la ciudad con su luz blanca y plateada.
Luego se dispuso a mirar el relicario que tenía adentro la foto de su madre, era uno de los pocos recuerdos que tenía de ella junto con el brazalete de oro rodeando su muñeca. Su padre le había dicho que su madre se lo había dado cuando era una bebé justo antes de que se separaran por cuestiones laborales, mucho antes que ocurriera aquel fatídico incidente que los obligó a apartarlos por muchos años.
Desde ese día, su madre desapareció mientras su padre y ella quedaron solos. Artemis siempre se ha preguntado qué es lo que le ha pasado a su madre, dónde estaba, por qué no aparecía…no quería molestar mucho de este asunto a su padre, sabía que el tema era muy delicado y personal así que trataba de averiguar por sus propios medios para encontrar respuestas. Era por esa misma razón por la que se convirtió en abogada defensora, para encontrar la verdad sobre su madre incluso si…estuviera viva o no.
Muy dentro de sus pensamientos se dijo que tal vez no le gustaría lo que encontrara en su búsqueda, pero con los pasos de los años dejó a un lado ese temor con la única esperanza que sea cual sea esa verdad, tendría que aceptarla. No importaba si llegaba a ser doloroso de lo imaginado, eso ya no importaba. Lo único que quería era saberlo, porque lo peor para ella era eso "no saber" o desconocer sobre su madre.
El juicio iba a ser mañana, ya no había marcha atrás. No importa las circunstancias, un abogado cree en su cliente incluso en los finales más amargos.
Quería hallar respuestas de todo este enredo tan confuso, quería saber el significado de los sucesos.
La Sra. Wright le había dicho que quizás lo vuelva a ver, ante sus palabras, lo conocía y podía especular que no se equivocaba porque ella también presentía aquello. Que su encuentro repentino y fugaz con Klavier Gavin no sería único ni el último.
Continuará…
Diccionario alemán
Hallo= Hola
Fraülein= señorita
Schön= hermosas
Herr= señor
Diccionario japonés
Ramen= fideos
Yakuza= mafia japonesa
Hai= Sí
Wakatta= entendido
Ōyaji= viejo (con acento informal e irrespetuoso)
Uruse= Silencio o cállate
Justice-san= el –san es una terminación que se usa para referirse a alguien respetuosamente y con formalidad
Yukata= indumentaria tradicional japonesa de algodón usado en verano, es usado por hombres y mujeres también.
Kimono= indumentaria tradicional japonesa para mujer, existen varias clases de kimono depende de la edad, el status, estado marital de la mujer.
