La directora McGonagall observaba a dos de sus profesores mientras fingía leer El Profeta. Quien le hubiera dicho que estos dos acabarían juntos. A veces se preguntaba si la vida de Snape hubiera sido distinta si Black hubiera ido a Slytherin. Ella no habría sufrido a los merodeadores o si, quien sabe….

Este par no era de los que se podían catalogar como "cariñosos". De hecho, jamás podrías imaginar que eran pareja si no supieras como se trataban antes y como lo hacían ahora. Quizás si eras un muy buen Slytherin, podrías llegar a ver los indicios. Pequeños detalles aquí y allá.

Como pasaba en ese preciso momento. Frente a ella Severus releía un libro ligero de pociones mientras Sirius se acercaba con dos tazas de humeante café. Con cuidado de no tocar la piel de su pareja, colocó la taza ardiente cerca de la mano derecha de Snape. Luego rozó ligeramente dicha mano. Este solo gruñó en comprensión. Black se alejó sentándose y ojeando su revista de quiddich soplando ligeramente a su propia taza.

Esta compenetración era lo que más asombraba a la buena mujer. Es decir, antes no podían estar en la misma habitación sin acabar hechizándose y ahora… ¡se mimaban! Bueno… a su manera claro. De una forma tan sutil que podía pasar desapercibida, aunque no para ellos mismos.

Al estar perdida en sus pensamientos, le sobresaltó ligeramente la llegada de una lechuza gris. Ésta se posó frente al animago y estiró su patita. Black, con el ceño fruncido en señal de confusión, desató el pergamino y comenzó a leer bajo la atenta mirada del pocionista. Una luminosa sonrisa de extendió en la cara del profesor de Runas Antiguas creando instantáneamente el levantamiento de una de las cejas de Severus.

Al ver que la sonrisa no amainaba, la expresión del ex-espía se volvió molesta. Mcgonagall podía ver perfectamente como se le tensaron los músculos de la quijada. Levantó el periódico para esconder la mueca divertida que no pudo evitar. Severus era muuuuyyy celoso. Increíble. Él que parecía tan frío y distante. Ahogó una risa, jamás admitiría lo que se divertía observando a este par.

Cuando acabó de leer, Sirius ajeno a la molestia de Snape, conectó la mirada con este último para informarle:

-Los chicos vienen el fin de semana -duda resuelta- ¿no hay problema verdad Minerva? -terminó fijando sus ojos en los de la directora del colegio.

-Por supuesto que no, me alegraré mucho de verlos – contestó la aludida mientras Black le tendía el dichoso papel a su pareja para que éste lo comprobara (oh! Si, conocía perfectamente los celos de su Sev y hoy quería tener un día tranquilo, gracias)

Esa era otra cuestión. Harry Potter y Draco Malfoy pareja, Ay! Las vueltas que da la vida. Aunque… viendo a sus dos profesores podría decirse que de tal padrino tal ahijado.

- Aquí dice que tienen una sorpresa para nosotros – murmuró Severus.

- Bueno… ya están enlazados, así que supongo que será que el mini-Malfoy esta embarazado - comentó como si tal cosa.

- ¿Qué?¿Qué mi ahijado qué? - cuestionó indignado atragantándose con el café.

- Sev – comenzó con tono suave – él es el sangrepura, además sabes que esos dos querían formar una familia pronto…

- Eso es una soberana estupidez Black – cortó de mal talante, Sirius simplemente se encogió de hombros.

- Severus tiene razón – comenzó Minerva ocultando su sonrisilla mientras se dirigía a la puerta de la sala de profesores – eso sería como si vosotros me dijerais que queréis hablar conmigo y yo pensara que tú estás embarazado, ¿cierto? Al fin y al cabo tú también eres sangrepura- y con esto salió de la habitación dejando a los dos magos en estado de shock.

A veces, ella también podía ser algo Slytherin, ¿no? Al fin y al cabo era la directora y no la jefa de los leones.