CAPITULO IV: PALABRAS EN EL CORAZON

*P.d.V de Yong Hwa*

Aquí estaba yo, a avanzadas horas de la noche, rodeando con mis brazos a una pequeña pelinegra mientras ella sollozaba en mi hombro. Y aunque no sabía lo que sucedía, había una pesadez en mi pecho al no poder frenar su tristeza.

En esa cercanía, podía oler su cabello y sentir sus palpitaciones latir contra mi cuerpo. ¿Será que ella podía sentir también a mi acelerado corazón?

Pero, ¿cómo habíamos llegado a este momento?

** Recuerdo **

- ¿E-estás bien? – Musité, colocando suavemente una mano en su espalda.

Ella se detuvo y me miró a los ojos, al borde de lágrimas.

- O-oye, ¿qué sucede? – Le pregunté sorprendido al verla así.

Sin decir una palabra, las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y ella se aferró a mí fuertemente.

Me quedé paralizado unos segundos, en estado de shock. No sabía como reaccionar.

Pero el sentir sus lagrimas mojar mi hombro, me trajo de vuelta a la realidad. Entonces, suavemente, coloqué mis manos a su alrededor y las fui deslizando lentamente hasta el centro de su espalda, sintiendo como un calor interno me calentaba el pecho.

Ella corrió sus manos de igual manera, atrapándome en su abrazo y nos quedamos así.

*** Fin del recuerdo ***

- Lo siento mucho. – Dijo finalmente, rompiendo el abrazo para desagrado mío. – Te debo parecer patética en este momento.

- ¡Oh no! – Exclamé intentando hacerla sentir mejor. – Yo estaré siempre para ti.

¿"Yo estaré siempre para ti"? Yo mismo me sorprendí de mis palabras.

- Muchas gracias. – Me dijo ella con una tímida sonrisa. – De verdad lamento hacerte pasar por esto, no sé lo que me pasa.

- ¿Estás bien? – Indagué. - ¿Estas enferma? ¿Te duele algo?

- No, no. – Insistió la ojos celestes, secando las lágrimas de su rostro.

Nuevamente me quedé en silencio, esperando una explicación para lo sucedido.

- Por favor, solo ignora lo que sucedió.- Me dijo dándose la vuelta y reiniciando la marcha en dirección al hotel.

Sin pensarlo, estiré mi mano para agarrar fuertemente la de ella.

- Espera, no puedo ignorarlo. Por favor, dime qué sucede.

Hana volteó a mí nuevamente y de una vez más vi la tristeza en sus ojos, lo cual me estremeció.

- P-puedes confiar en mí. – Le dije casi susurrando.

La violinista suspiró con angustia y bajó su cabeza nuevamente.

- Es solo que… estuve pensando en mi mamá. – Dijo pausadamente.

¿Su mamá? ¿Qué sucedía con su mamá?

Tuve intenciones de preguntar, pero la expresión en su rostro me detuvo. La verdad es que no tengo la confianza suficiente para indagar sobre su vida.

Así que, sin decir mucho, continuamos nuestro camino hasta llegar a la parada del autobús.

*P.d.V Normal*

Finalmente los dos jóvenes estaban en el lobby del hotel, bajo el gigantesco candelabro que adornaba exquisitamente tal lugar. No había nadie más, solamente la recepcionista quien se encontraba realizando sus deberes a lo lejos.

- Muchas gracias por acompañarme. – Comentó dulcemente la ojos celestes.

- Para nada, me alegra haberlo hecho. – Dijo el joven, haciendo una pequeña pausa. - …Y estar seguro que has llegado bien.

Ella sonrió ampliamente ante su último comentario.

- ¡Que lindo! – Exclamó, haciéndolo sonrojar. – Eres muy dulce Jung Yong Hwa.

El joven pelinegro aclaró su garganta, tratando de deshacerse del nudo que se había posado en ella.

- Puedes llamarme solo Yong Hwa. – Le dijo aun sonrojado.

- ¡Wow! ¡¿En serio?! – Exclamó emocionada, pues sabía que eso significaba que él tenía confianza en ella.

- Claro.

Nuevamente se quedaron unos instantes en silencio. Yong Hwa sabía que era hora de despedirse, pero no quería hacerlo.

- Oye. – Le llamó Hana con voz baja, parecía tímida. - ¿Quieres acompañarme hasta mi habitación?

El chico se sorprendió ante la pregunta, pero por supuesto, no iba a negarse. Así que asintió con la cabeza y caminaron hacia el ascensor en silencio.

Siempre en silencio, llegaron al quinto piso y continuaron hasta el cuarto de la pelinegra. Ya en la puerta, ambos se detuvieron, pues sabían que esta vez si era la hora de despedirse.

- Fue muy lindo de su parte lo que hicieron hoy. Muchas gracias. – Le agradeció la pelinegra luego de abrir la puerta de su habitación.

- Por favor, fue muy placentero para nosotros y… bueno, ahora somos colegas así que es lo mínimo que podríamos hacer. – Comentó el joven con una sonrisa.

- Espero verlos mañana en la noche. – Continuó ella. – ¡Adiós!

- Por supuesto. – Aseveró él. – Cómo perdernos el concierto de la fabulosa señorita Hana Hill.

La violinista sonrió y tomó su mano para agitarla, sin saber lo que su mero toque provocaba en el cuerpo del joven.

- Por cierto, llámame solo Hana. – Le dijo con otra de sus lindas sonrisas.

Luego, entró a su habitación y cerró la puerta, dejando al Yong Hwa todo embobado del otro lado.

*P.d.V de Yong Hwa*

La bella pelinegra cerró la puerta de su habitación y yo retuve un suspiro, mientras la mano que ella había tomado pocos segundos atrás, recobraba poco a poco su sensibilidad. Me voltee para marcharme y para gran sorpresa, me topé con el pelirrubio en la habitación de a lado, quien me miraba con una sonrisa extraña.

- Hey. – Me dijo.

Lo observé rápidamente de pies a cabeza. Vestía un suéter grueso, pantalones de pijama, calcetines y pantuflas. Su rostro parecía algo desmejorado.

- Hola. – Respondí al saludo.

- Me pareció escuchar a Hana y salí a ver. – Me expuso viendo hacia la habitación de la chica.

- Si, ella ya está aquí… bueno, buenas noches. – Le dije inclinando mi cabeza para despedirme.

El hizo lo mismo y yo continué caminando hacia el ascensor.

- ¡Oye! – Escuché su voz nuevamente, por lo que voltee.

Walsh se acercó un poco, pareciendo algo perturbado.

- ¿S-sucedió algo con ella esta noche? – Farfulló el rubio. Su pregunta me cogió fuera de lugar.

- ¿A qué te refieres? – Le pregunté confundido.

El sonrió incómodamente y continuó.

- Se que te parecerá extraño, pero Hana sabe que no me sentía muy bien. – Me dijo. – Y no hay forma de que no pasara por mi habitación antes de ir a la suya, a menos que…

Su respuesta y la confianza con que la dijo, me afectaron de una manera inexplicable; sin embargo, tenía mucha curiosidad de escuchar el final de su argumento.

- ¿A menos que…?

Su rostro reflejó consternación a lo inmediato.

- A menos que algo le halla sucedido a ella.

Por mucho que doliera, no dejaba de sorprenderme lo bien que la conocía, haciéndome sentir totalmente inferior e indigno a la par de él.

- Estaba algo triste. – Le dije, sin confesarle que había llorado en mis brazos. – Algo con su mamá.

De inmediato sus ojos se abrieron como platos.

- ¿Su mamá? – Preguntó y su rostro se entristeció nuevamente. -… Ya veo.

De nuevo sentí aquellas tremendas ganas de preguntar lo que sucedía, pero simplemente las palabras no salían. Así que incliné mi cabeza nuevamente para continuar mi camino.

- ¡Oye! – Me detuvo por tercera vez.

Lo miré nuevamente y ahora estaba sonriente.

- Me alegro que Hana haya tenido esa confianza contigo. – Me comentó. – No a cualquier persona le comentaría algo sobre su mamá.

Realmente no supe qué decir, sin embargo, por dentro esas palabras fueron un alivio. Estaba convencido que hoy había roto esa pequeña capa de hielo entre ella y yo.

- Eres un buen chico Jung Yong Hwa. – Continuó el ojos verdes. – De verdad me hace feliz que mi querida Hana esté abriéndose a nuevas amistades.

"Mi querida Hana"… Su declaración tan abierta me sacudió.

El chico inclinó su cabeza y regresó a su habitación, dejándome una incógnita en mi cabeza.

¿Será que esto que siento por ella es simplemente imposible?

"Una de las cosas mas difíciles en la vida es tener palabras en el corazón, que no puedes pronunciar." – James Earl Jones.