Título: Pensé que era amor.
Ranking: M (Lemon al Final)
Advertencias: UA/Posible OoC/Re-edición/Prologo de Yashi-verde eliminado/Saltos temporales/Primera Persona.
Pareja: SesshKag
Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.
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Los segundos de un desliz
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Antes de salir de la habitación di una última mirada a aquella pequeña niña, que dormía plácidamente en la cama. Había pasado la noche entera junto a ella, con su delicada y efímera silueta entre mis brazos, acunándola con cariño. De alguna manera su sola presencia parecía algo tan maravilloso, como alcanzar un milagro, me era incomprensible el por qué Rin despertaba tantas sensaciones en mí.
Incluso me resultaba extraño pensar que antes nunca conseguía alcanzar el máximo estado de sueño en una casa ajena, pero esta vez, no sólo fui capaz de dormir sin preocupaciones, sino que además aún quedaba una pizca de ese deseo persistente de olvidarme del idiota de cabello blanco y tirarme en el mullido colchón. Enredarme entre las sabanas frescas sería fácil, y finalmente cerrar los ojos con una última imagen de él siendo ignorado, para guardarla en mi memoria.
No.
Me reprendí e inmediatamente sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos. Era verdad que Sesshoumaru Taishou era un hombre bastante molesto y frívolo, pero aún no hacía nada tan idiota como su hermano… Creo.
Solo esperaba que nada se reflejara en mi rostro cuando tuviera que verlo. Ya se había marchado de la habitación varios minutos atrás, fastidiado de algo que llamo "mi torpeza e ineptitud natural" Claro que me enfurecí por ese comentario y estuve a punto de saltar a defenderme, pero me vi forzada a detenerme ante su mirada.
Recordar su gesto inexpresivo, junto a esos álgidos ojos de ámbar oscurecerse causó conmoción en todo mi ser. Un sentimiento desconocido brotó de mi interior, era el miedo en su forma más pura. Jamás había sentido eso ante nadie, ni siquiera ante InuYasha cuando se enfadaba conmigo de forma brutal. Ni siquiera había recurrido a la violencia y sin embargo fui incapaz de seguir adelante en ese instante.
Los gélidos hielos de color ámbar me clavaban una sensación de desasosiego, vulnerabilidad, de ser una simple humana que no podía defenderse de un demonio como ése. A pesar de ya había transcurrido un buen tiempo desde aquello, yo seguía nerviosa.
Cuando por fin estuve preparada mentalmente para verle, proseguí con mi camino hasta la puerta de entrada. A pesar de que no prestaba atención a nada, ni a nadie, y que ni siquiera sabía como llegar hasta allá, me encontré finalmente en el sitio, en cuestión de segundos, o tal vez minutos. La verdad no importaba. Supuse que la tensa atmósfera alrededor de esa puerta caoba anunciaba a todos cuál era el lugar. —Me sorprende que una mujer pueda verse tan mal como tú. —La crueldad de sus palabras me hizo disgustar, pero aún así no objeté nada. Sospechaba de las intenciones de ese hombre para fastidiarme.
—No tengo tu tiempo, Rin despertará pronto y quiero saludarla. —Hasta yo me sorprendí de la indiferencia de mis palabras, pero él no. Su sorpresa fue una ilusión aparentemente, casi creí verlo frustrarse por la rabia, ladeé el rostro, ignorando su actitud tan engreída y molesta. —Muéstrame esa razón y acabemos con todo esto.
—A mi nadie…—Escuché su voz acercarse demasiado, como si se arrastrara. Tuve un escalofrío inmediato como reacción a su mano, que me sujetaba con mucha fuerza, me estaba lastimando. Una mueca de dolor fue lo único que hice, antes de que me jalara hacia él. Quería enfrentarme cara a cara. —Tu no puedes ignorar nada de lo que yo diga…—Me estrujó más el antebrazo y sentía la sangre de esa zona paralizada, un dolor agudo me recorrió todo el cuerpo. Su sonrisa lasciva y sádica me hundió en el pánico. El aire empezaba a faltarme.
—Su-suéltame…—Le pedí entre jadeos. Con tantas emociones recorriendo mi cuerpo mi visión empezó a nublarse, nunca imaginé encontrarme tan atemorizada por culpa de un hombre. Un maldito como él, que empezaba a dejarme un moretón. Uno que me costaría semanas en eliminar y demasiadas preguntas de Rin. —Por favor… suéltame… me lástimas.
El llanto comenzó a nacer en mis ojos pero el infeliz seguía sosteniéndome con la misma fuerza. Ni siquiera ante mi dolor se doblegaba un poco. Practicamente me arrastró hasta cruzar la puerta y salir al patio frontal.
Dio la media vuelta y me jaló hasta su auto con el motor encendido. Sin sutileza abrió la portezuela del asiento trasero y literalmente me arrojó adentro del carro. Ágilmente alcé las piernas antes de que esta se cerrara, ni siquiera esa consideración tuvo, de un portazo así me hubiera amputado las piernas.
Sesshoumaru se dirigió al lado contrario para entrar por la puerta, sin entender que había pasado aún, el coche arrancó y en un instante estuvimos fuera de los terrenos de su propiedad. El malestar que me regresó a la realidad de la situación, en mi antebrazo un moretón se estaba gestando con violencia, tuve miedo de mirar, pero tenía que hacerlo. De algún lado reuní el valor suficiente y el pavor me invadió por dentro, inclusive la sangre brotaba de pequeños surcos en mi piel. ¿Acaso tenía garras?
No me atreví a más, quise hundirme en el silencio mas profundo. No sé que pensar o creer, si este hombre es igual de sádico todo el tiempo. Tengo miedo por mi vida, por Rin, por la señora Kagura. Jamás pensé que alguna vez fuera a temer tanto aun sólo hombre por culpa de una acción tan simple. —Deja de lamentarte y sígueme.
—S-si. —Respondí con la garganta irritada. Tan absorta estaba en mi misma que no supe el momento en que llegamos a una edifico de gran tamaño. El color neutro lo dejaba ver tan elegante y sofisticado, pero a la vez tan sombrío y oscuro. Digno de tal hombre.
El marco de la entrada era una escala de grises, con tonos blancos. La puerta hecha de cristal fino, y a los lados decoraciones en madera. Cruzamos la puerta y las recepcionistas saludaron con amabilidad, una de ellas notó el moretón en mi antebrazo que vanamente intenté ocultar. Pero la intimidación que les daba su jefe bastó para que ignoraran lo que acababan de ver. Suspiré pesadamente detrás de los pasos de mi verdugo. Ahora sé que haber aceptado venir desde un inicio fue mi peor error.
Subimos por el elevador y llegamos hasta el decimoctavo piso del enorme edificio. Era el último de todo el lugar y la oficina principal del líder de la empresa Taishou. Él caminó hasta su escritorio y de uno de los cajones frontales, más precisamente el de la derecha, sacó un pedazo de papel que colocó sobre el escritorio. Con su rostro contraído en una mueca siniestra se recostó en su asiento de piel. —Tómalo, esa es tu razón.
— ¿De la venganza? —Pregunté suavemente, sin recibir una respuesta. Los sentimientos se arremolinaban en mi mente, dejándome sin posible respuesta ante ese silencio. Como quisiera obligarlo a dejar de lanzar esa mirada tan insistente, como si me diera una orden. Una orden que no deseo cumplir, por el temor de la verdad. Cautelosamente tomé el documento, era un papel notariado donde hablaba acerca de mi matrimonio con Inuyasha. — ¿Qué significa esto?
—Es tu acta de matrimonio con él…—Agregó fríamente, su expresión se mantenía impasible. Ni rastro quedaba ya de la sádica mirada que me dio cuando lastimó mi brazo. Ahora sus ojos ambarinos me clavaban un jamás has estado divorciada.
—No…No lo entiendo…—Parafraseé confundida. ¿Para que me mostraba aquello? Juntó a ese papel otro más fue colocado, resaltando entre toda la tinta negra la palabra testamento.
—InuYasha te engañó…—Se levantó de su asiento para colocarse frente a mi, de forma amenazadora. El ambiente comenzaba a cargarse de una sombría aura que emanaba ese hombre, cada vez estaba más nerviosa. Juré que podía ver las chispas de fricción en el aire tenso. Como si se incomodara tanto como yo. Sesshoumaru se inclinó hacia, quedando sus labios a unos milímetros de mi oído, su aliento era frío, helado y por la proximidad conseguí leer esa sonrisa en sus labios, la que me robaba el aliento para dejarme sin pulso. —Por dinero…—Susurró débilmente.
InuYasha… Él… Es un maldito traidor. ¿Por dinero?
— ¿¡Que diablos tiene que ver mi matrimonio con ello!? —Pregunté furiosa. Nada tenía sentido, no era capaz de hilar la historia detrás de ese documento maldito.
—El testamento de mi padre. —Acotó rápidamente. —La herencia que le correspondía es la razón por la que te pidió matrimonio en primer lugar.
Los latidos de mi corazón se acrecentaban a tal punto, que ya era posible escucharlos resonando por todo ese elegante edificio sin necesidad de enfatizar el oído. La vergüenza se apoderó de mis mejillas cuando pensé en la posibilidad de que ese sonido retumbara en el hombre frente a mí que me veía con una expresión tan intransigente.
Inexplicable, una mezcla entre dicha e inexpresividad por el rostro tan desencajado y desconcertante del que era víctima en ese ataque de miedo, pánico. Las palabras me herían y laceraban menos que ese sentimiento de podredumbre emergiendo de mí, algo que hacía que mi alma fuera cubierta de un manto negro e inmenso que la atrapaba, no quería dejarla marchar.
Los colores neutros a mi alrededor comenzaban a girar, simplemente no conseguía mantenerme de pie. Con una inclinación leve de mi cuerpo me apoyé en el escritorio delante de mí, ocultando el rostro para no ser descubierta.
Jamás había sentido tal tipo de emociones, haciendo el efecto de su fuerza aún mayor sobre mi cuerpo, delicado por los incidentes anteriores. Al ver la madera de caoba apareció en mi mente la imagen de un reflejo, el mío, como si estuviese frente a un espejo en aquellos instantes. El café rojizo que yo reflejaba por la rabia y el llanto contenido de mi ser, la boca en una contractura desagradable, la mejilla derecha hundida por la misma acción. Parecía en realidad como un demonio en transformación.
Lo sabía, era la rabia del momento y sin embargo no era capaz de detenerme. —Sesshoumaru…—Sentí la garganta rasposa, la hiel impedía dar salida a mis palabras, pero aún así. Aún así lo diré, lo que pienso sobre ese maldito traidor que no le importó jugar con mis sentimientos por algo tan insignificante como el dinero. —Quiero ayudarte.
Esto era aquello a lo que llamaban comúnmente, un alma envenenada de rencor. El odio que todos sienten en el fondo contra quien los hiere, los irrefrenables deseos de venganza para la persona aborrecida… ¿Todo eso entraba en mi alma así, tan fácil?
Si me hubiera detenido a pensarlo solo un segundo, quizás me habría dado cuenta de que mi reacción era la peor en esas circunstancias. Mi boca solo dictaba lo que mi mente pensaba, alguna especie de venganza, la que fuera, por tan vil engaño, pero ni siquiera me detuve a ver si la información era falsa o las razones de él para tenerme a su lado. Si lo hubiera pensado…
Pero no lo hice.
Gracias al movimiento involuntario de la caída de mi cabello, él no podía observar aquello. De hacerlo en ese momento sentiría que había una necesidad insistente de desahogarme con la persona frente a mí.
Alcé un poco más el rostro para descubrir frente a mí una rosa de excéntrico tono carmín, de un voluminoso tamaño y pétalos tan relucientes como las joyas. Una rosa tan suave que desprendía un inigualable olor, pero era sostenida por ese hombre, del cuál no supe en que momento estuvo frente a mi con un inexpresivo rostro, como una indiferente amabilidad. El significado de este movimiento iba más allá de lo que yo jamás pude imaginar…
Abrí los ojos de completa sorpresa, mientras el insistente aroma de la rosa cada vez me parecía más a un suave veneno que me consumía las entrañas. —Tómala de una vez… ¿O es que te has arrepentido? —Son desconcertantes las actitudes que tiene. Mi dorso quedó completamente erguido para confrontarlo.
— ¿Una rosa? —Pregunté desconcertada. —Creí que buscabas conseguir que aceptara tu venganza. —La misma sonrisa retorcida con la que me imaginé a mi misma fue la mueca de su rostro, sus ojos enardecidos y brillando de una manera tan agresiva, arrogante y engreída, era como leer aquellos pensamientos oscuros de los que su mente se regía.
—Nunca he dado un paso sin saber el motivo. —Retiró su penetrante mirada, girando su cabeza a la puerta de la entrada de la oficina, como si esperara algo en cualquier instante. —Considera esa rosa como nuestro pacto sellado. Piensa en ella como la relación que llevaremos de ahora en adelante…—Aún sin mirarme podía deducir los inusuales destellos de sus ojos fríos, de algún modo, en tan poco tiempo, aprendí a interpretar esos imperceptibles gestos con alguien más…
Un pasado oscuro que gobernaba todo mi ser me enseñó a leer esas siniestras emociones de los ojos. Una mano debilitada llegó hasta mi rostro para apretar entre mi pulgar y el índice la barbilla, pensando en la razón de mi tardanza para comprenderlo a él.
—No creo que hubiera una persona que llegara a comprender tus palabras, sin embargo…— Asombro. Fue la siguiente expresión que intuí, eso por no querer mirarlo a los ojos. Con la cabeza baja me expresé con algo más de libertad, o al menos eso creía. En cuanto una extasiada sonrisa se concibió contra mi voluntad, mi rostro fue elevado por la mano varonil y cálida de él, quien me escudriñaba sin contemplaciones, seguramente extrañado por esa tranquilidad, de la que yo misma no era consciente.
—Termina lo que ibas a decir…—Su expresión era como la de unas horas atrás, seductiva, impactante, tenebrosa, parecido a un emperador de la noche, un rey demonio. Entrecerré los ojos al descubrir el suave tacto que ejercía sobre mí, sin rastro de la violencia con la que me trató antes de subir a su auto. — ¿Qué has entendido por mis palabras?
—Quieres que seamos iguales. —Su voz fría, a pesar de sus actitudes del momento, me sacó de es hundimiento en mis pensamientos que me volvía llevar lejos. Pero sus ojos se vieron envueltos en una manifestación desconocida para él, la incertidumbre. El oro opaco colisionaba violentamente con el destellante color ámbar que luchaba por liberar esa expresión en sus ojos. —Esta rosa tan suave es inofensiva a la vista, hasta puede ser tomada como algo "favorable" para quien no es cuidadoso… Pero las espinas que contiene en su tallo…—El agarre fue descendiendo lentamente hasta que su mano se desprendió totalmente del tacto con mi piel, su mano continuó hasta colgar en el aire.
— ¿Eso es todo? —Preguntó vagamente interesado, aparentemente, pero sus acciones lo traicionaban. Rió instintivamente. —Interesante reacción la que tienes ahí…
— ¿Eso crees? —No creí que lograra algo más allá de desprecios con ese hombre, pero estaba completamente equivocada. Mis ojos llenos de determinación, enmarcados en el sentimiento de rabia y sufrimiento fueron su deleite personal por instantes, parecía disfrutar con mi dolor.
Estaba aceptando una venganza que no me pertenecía. Y los límites que podría cruzar jamás fueron contemplados. Creí que realmente no seria algo serio. Creí que no es que fuera a lograrlo, pero al menos quería intentar mostrarles a los hombres de esa familia que podía defenderme.
Las espinas son una defensa de la rosa, pueden ser tan hirientes… Más aún cuanto más grandes sean éstas. Entre más crezcan más daño causan y, por consiguiente, más engaña la belleza de la rosa.
La yema de mis dedos fue suficiente para acariciar uno de los pétalos suaves y desprenderlo, poco a poco, descendí el mismo hasta el tallo, rozando las espinas filosas. Un pequeño corte con ella me causó una débil punzada de dolor que ignoré por completo. Algo tan minúsculo nunca más volvería a detenerme.
—Exactamente…—Sentenció con su cortante voz. El ambiente tenso entre ambos se había despejado, pero dejó en su lugar un viento gélido cargado de odio y veneno que amenazaba a todo ser viviente que tan siquiera lo aspirara por segundos. Una creación que sólo dos personas como nosotros podríamos soportar. Volví a jurar que sería solo por ese momento. —Al menos una niña como tu logró entenderlo.
Extrañamente no me enfureció eso de ningún modo. Una joven que se casó a los dieciséis años con una persona de veinte no era un adulto por el simple hecho. Aunque si las edades se comparaban, yo era alrededor de diez años mayor que este, el hermano mayor. Que para mi pesar nunca había escuchado de él ni por error de "mi marido" —Aunque, no es solamente por eso…
Las palabras quedaron al aire en cuanto Taishou se marchó, con una última sonrisa.
Lo seguí en cuanto me di cuenta de ello, pero al cruzar el umbral el pasillo parecía solitario. El miedo sucumbió mi cuerpo entero de forma atroz al pensar que me dejó atrapada en un lugar como ése, sin saber a donde más ir. No sabía la dirección de la oficina, ni la de la casa, todo por culpa de ser una foránea de esta enorme ciudad. Mis brazos se aferraron uno al otro, acunándome en la soledad de la indiferente oficina.
No, la posibilidad de que me abandonara en este instante, justo después de cerrar un pacto era improbable… Sabe bien que si se atreve a hacer tal cosa los acuerdos entre nosotros quedarían afectados deliberadamente.
Fue así que la preocupación en mí se disipó y me dejó pensar en las últimas acciones más detalladamente. La sonrisa y las palabras que claramente evidencian un significado oculto, algo que se supone no debo descifrar. Algo que no me había dicho aún.
¿Cómo sabía él la situación de mi matrimonio?
La rosa entre mis manos fue presionada levemente por mi palma, al sentir que la frustración carcomía mi ser. Tantas noches de llenarme de amargura por un tipo como ése y ahora soportar lo peor, una venganza que acepté por la ira del momento, como si todas mis emociones negativas fueran alentadas por las simples palabras y efectos que tenía ese hombre.
Esos sentimientos nocivos se adueñaron de la situación, aunque de alguna manera… La rara percepción de compartir algo con él, aunque fuera la venganza, me llena de un estremecimiento inusual.
El meterme tanto en esos pensamientos me impidió darme cuenta del sonido del ascensor llegando hasta el piso donde yo también me ubicaba.
El lugar era enorme y lleno de oficinas, en el extremo derecho del pasillo podía ver a su secretaria. Una buena señal, a ella podría preguntarle como largarme en caso de que Sesshoumaru me hubiera dejado tirada. El timbre del ascensor sonó al tiempo que las puertas se abrían de par en par, dejando ver entre ellas a alguien familiar…— ¿InuYasha?
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N/Kou: ¿Acabé? ¡ACABÉ! Yep, lo siento. Este capítulo fue taaaan complicado de editar, puesto que quería hacer la molestia de Kagome más creíble, y puesto que cambié completamente la situación de su divorcio me lié toda. Por si alguien aún tiene dudas, resumiré: Kagome, en un arranque de rabia momentánea aceptó ayudar a Sesshoumaru. Ella quería vengarse, solo que su idea es bastante infantil, lo que no sabe es que aceptar a yudar al hermano mayor será peligroso y peor de lo que se imagina.
Cualquier otra duda, ya saben, dejen un review o mp :3
PD: Ya resulto este capítulo, todo será de nuevo actualización por semana. De verdad lo siento mucho -.-U
Adelanto:
—Kagome, yo…—Me susurró antes de acercarse más, pero algo extraño sucedió entonces… El beso nunca llegó y sentí mi cuerpo siendo jalado con fuerza bruta, en la misma área del moretón. Debo hacer algo pronto o todos podrán aprovecharse de esa herida. Cerré los ojos, agradeciendo mentalmente a mi salvador, aunque… admitiendo que no me hubiera importado que me dejara atrapada.
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Zabitamt1975: Owww, creo que eso fue lindo xD No creas, hay veces en las que los personajes se manejan solitos y yo como escritora no puedo controlarlos. Lamento la tardanza. Un enorme saludo y un abrazo :3
Anii anii: La relación entre Sesshoumaru, Kagome y Rin es un misterio, pero ya estoy dando una enorme pista al decir que si hay algo ahi xD Un enorme saludo galletoso y muchos besitos :3 Sigue con tus teorias, me encanta e.e
clarity-chan: Muchas gracias :3 Sobre Kagome no puedo decir mucho, pero si, ella no recuerda algunas partes de su infancia. La relación de Kagome con Rin, e incluso Inu es un misterio que se verá mucho más adelante, ni te imaginas como están unidos xD Un enorme saludo galletoso y abrazos :3
Chovitap: ¿Tu crees? Ni te imaginas como estan relacionados todos xD Un enorme saludo y besos de galleta :3
Jenny-yuuki: Oww, muchísimas gracias, me halagas de verdad. Es una costumbre mía el responder a todas las maravillosas personas que se toman su tiempo para dejar un comentario, trato de hacerlo siempre aunque me tarde tanto que ya ni recuerden que pusieron. Lamento haber tardado tanto, este capitulo fue difícil xD Un enorme saludo y besos de galleta :3
Yuli. Si, lo se, Rin será un personaje importante a futuro, no me gusta cuando la dejan relegada. Un enorme saludo y besos de galleta :3
okita kagura: Hola Okita, un gusto saludarte cofMilAñosDespuescof La relación entre Sesshoumaru, Kagome y Rin es un misterio aun, se vera mas adelante. Muchísimas gracias, de verdad, curiosamente si me imagine a Kagura de Gintama porque apenas he empezado a ver la serie, yo tambien amo a esa niña xD Un enorme saludo y besos de galleta :3
Blacklady: e.e No te contesto aqui, porque creo que no lo verás xD
