Hola Chicos! Qué bueno que les esté gustando la historia :3

No sé con qué regularidad voy a estar actualizando, ya que el trabajo me tiene muy tensionada estos últimos días y pronto empezaré mi último año en la universidad, pero trataré de ser lo más rápida posible.

Disfruten!

CAPÍTULO 3

—¡Gracias otra vez, vida! —Lucy gritó mientras arrojaba al suelo su cartera en una absoluta y enfurecida desesperación y pateaba la llanta de su pedazo de mierda de coche blanco, modelo 1985. Maldijo enconadamente al coche, a sí misma y a cada otra cosa en la que ella pudiera pensar. Se había despertado más irritable que el infierno. La cabalgata a la luz de la luna de la última noche con Natsu había sido fabulosa. Lo suficientemente fabulosa como para que ella perdiera la cabeza y le gritara que lo amaba. ¿De qué iba esto? Ella no se enamoraba de nadie, y mucho menos de un hombre que sólo hacía veinticuatro horas que había conocido.

Lucy pateó la llanta del coche otra vez como si mágicamente ésta hiciera funcionar el coche. Iba camino a casa para buscar ropas para una entrevista de trabajo. Pensaba regresar a su propia deprimente casa en Fairy Tail, un suburbio del norte de Magnolia, al día siguiente. Accedió a una noche más con Lissana, pero eso era todo. Aunque estaba agradecida por el alivio temporal de su normal existencia, la realidad era que tenía que reorganizar su vida. Y eso incluía tratar con su coche de mierda.

—¡Maldito coche! —Esto hacía al coche equivalente al SPM[1]. Contradictorio, cabrón y con ningún estado de ánimo para hacer la vida de alguien más fácil. Pero Lucy supo después de su indiscreción de anoche que nada iba a ser fácil esta mañana. En primer lugar, la magia empezó cuando el coche no arrancó sin un gran esfuerzo. Después de las tantas maldiciones suyas y de la diversión de Lissana, el coche finalmente se dio por vencido y decidió cooperar. Luego, cuando comenzó a recular por el camino de acceso de Lissana, casi atropella a su gato. Ok, Lucy no era amante de los gatos, pero se habría sentido mal atropellando al felino de Lissana. Esta excitación fue seguida entonces por casi ser golpeada por otro coche que no estaba obedeciendo una señal de alto.

Un tedioso dolor palpitante entre sus ojos le indicaba a Lucy que tal vez hoy no iba a ser el mejor día para una entrevista de trabajo. Esto fue confirmado cuando ella, una nativa del norte de Magnolia, se perdió dos veces intentando encontrar el camino del lado sur de Magnolia hacia su casa. Luego su coche se detuvo siete veces en su viaje sobre la saliente de Gateway Bridge. A esto le siguió la perilla cayéndose de la radio de su anticuado coche, dejando sólo el estridente sonido de estática para volverla loca, y el aire acondicionado decidiendo, en sintonía, que no funcionaría tampoco. Perfecto.

Pero los dramas reales decidieron patearla justo cuando terminaba de atravesar la saliente de Gateway Bridge que se interconectaba con el norte y el sur de Magnolia. Ahí fue cuando su coche comenzó a hacer sonidos que incluso para el oído no entrenado en mecánica de Lucy, advertía la fatalidad. No era inusual para su coche carraspear y renquear dramáticamente, pero estos sonidos eran excepcionalmente dramáticos y dignos de un Óscar. Logró maniobrar el coche mientras resoplaba y renqueaba pasando el tráfico principal hacia una tranquila calle afuera de Sandgate Road. Cuando el coche se detuvo, un fatídico escape de vapor se levantó majestuosamente desde debajo del capó, como si le dejase saber que éste era el punto culminante de un día medianamente malo. Y en ese momento, Lucy salió de su viejo coche blanco, arrojó su cartera furiosamente al suelo y le dio rienda suelta a sus sentimientos.

—¡Maldito estúpido coche! —Gritó Lucy mientras pateaba la llanta más próxima, rindiéndose a una verdadera furia roja. Tuvo un deseo repentino de llorar, lo que era totalmente raro en ella. No era sólo por lo que había ocurrido ese día o por Natsu Dragneel y la mención espontánea de la palabra con "A". Era realmente por todo lo que había ocurrido en los últimos doce meses. ¡Dios, qué año de mierda que había sido!

Lucy había perdido su empleo cuando la compañía para la que trabajaba había caído en bancarrota. Su alguna-vez-fiable compañera de piso y su supuesta amiga, Minerva, se había largado después de robar la televisión, computadora y cualquier otra cosa digna de empeñar de Lucy, pero no antes de haber logrado acumular una montaña de cuentas usando el nombre de Lucy. Entonces, debido a sus problemas de dinero, la normalmente diligente Lucy había dejado que su póliza de seguros desde hacía dos años del Holden Astra[2] venciera una semana después. Así pues, cuando un muchacho sin patente y sin seguro de diecinueve años chocó con su recientemente no asegurado confiable Astra, dejándolo hecho una ruina, Lucy se había visto obligada a comprarse este coche modelo 1985 del infierno. Probablemente un increíblemente buen coche en 1985 pero a diferencia del vino éste no envejeció bien.

En las dos semanas desde que Lucy había tenido el coche, había sido un reto. Y no, a diferencia de la mayoría, Lucy no necesitaba que se le presenten desafíos personales. Prefería darse la gran vida. Si sólo ella se hubiera privado de la comida para pagar el seguro del coche – podía darse el lujo de perder unos 5 kilos o así de peso –no habría tenido que comprar el montón de chatarra que estaba conduciendo ahora. Si sólo hubiera visto dentro del corazón negro de su ex compañera de piso Minerva más rápido y hubiera detenido sus acciones rateras antes. Y si sólo pudiera conseguir un trabajo que pague más que el salario mínimo para poder limpiar sus deudas en continuo aumento. Por otro lado, Lucy sabía que no podría pasar la vida pensando "si sólo". Era simplemente una parte de la vida y las cosas suceden cuando uno menos se lo espera. Se mantuvo diciéndose a sí misma que estaba mejor teniendo menos. Sabía que tenía la disciplina necesaria para ponerse a trabajar con ahínco y administrarse para juntar dinero tan rápido como sea posible y aún mantener su cordura.

—Sólo… —Ahora tenía que sumar a Natsu Dragneel a la ecuación, o quitarlo—. Sip, eso sería más fácil. —Pero mucho menos excitante. De cualquier manera, él era el problema cuatrocientos siete y trataría con él más adelante. Ella tenía que ocuparse del problema número uno, el coche, primero.

Después de dejar salir un adecuado y catártico grito e infligir más violencia sobre su coche, Lucy se había calmado lo suficiente como para que el pensamiento racional fluyera. Recogió la cartera que había arrojado al suelo tan salvajemente antes y del interior sacó su móvil. Tenía que llamar a la asistencia mecánica para que la pudieran ayudar con cualquier problema que su coche estuviera experimentando ahora. Agradecidamente había tenido la previsión de mantener al día su membresía en el club del automóvil.

—¡Increíble! Una cosa que Lucy Heartfilia había hecho bien… —masculló cínicamente para sí misma.

Lucy encendió su móvil o intentó hacerlo. El pequeño teclado no se iluminó tranquilizadoramente como lo hacía normalmente. Alternó entre el encendido y el apagado un par de veces. Nada. Maldijo silenciosamente bajo su respiración. Entonces se percató de que probablemente no había ayudado al teléfono cuando había arrojado al suelo su cartera con semejante furia. Evidentemente había roto el teléfono.

—¡Perfecto… excelente… justo lo que necesitaba… idiota! —Lucy se maldijo rabiosamente, diciéndose a sí misma que no dejase caer las lágrimas que estaban comenzando a picar en sus ojos. Ella no era del tipo llorona. Normalmente no colapsaba ante la adversidad. Y creía que la autocompasión era un ejercicio inútil. Este tenía que ser simplemente un día malo de varios meses malos que ella había tenido, hasta el punto de que quería sentarse en el borde de la carretera y llorar. Lucy se apoyó contra el coche, sus codos en el techo del mismo mientras pensaba qué hacer. Mientras estaba contemplando sus opciones, oyó el crujido de grava detrás suyo. Se giró rápidamente y terminó cara a cara con alguien que ella instintivamente supo que no iba a ser su salvador.

El hombre tenía aproximadamente cuarenta años, estaba vestido con ropas de apariencia sucia, tenía un cabello negro grasiento y una barba incipiente de apariencia desagradable. No era su estereotipo del caballero blanco. Lucy instantáneamente trató de parecer menos indefensa, enderezándose y dirigiéndole una mirada directa y fría. La mirada que el hombre la estaba dando no era una de un transeúnte amigable. Era la mirada de alguien que quería algo y estaba listo para tomarlo por cualquier medio posible que pudiera.

—¿Necesita ayuda, señora? —La voz áspera era cualquier cosa menos servicial. Él la observó de arriba a abajo evaluativamente.

Lucy deseaba haber sido al menos unos treinta centímetros más alta y parecer más amenazante en sus calzas negras y su camiseta de Betty Boop. Pero uno puede parecer sólo poco feroz cuando está vistiendo algo con la imagen de Betty.

—Estoy bien. —Por supuesto que era una mentira. Deseaba poder invocar a algún caballero blanco, que con una brillante armadura viniera para rescatarla ahora. El rostro de Natsu Dragneel vino instantáneamente a su mente—. Mi novio regresará en un momento. —Sus brillantes ojos azules miraron directamente a los malvados ojos negros del hombre, desafiándolo a llamarla mentirosa.

—Estás mintiendo. —El hombre se cernió sobre ella—. No tienes ningún novio que vuelva por ti.

Eso en cuanto a mentir, pensó Lucy cínicamente. Miró a su alrededor lentamente. Estaban en una calle lateral fuera de Sandgate Road, en un área industrial en los suburbios del norte de Crocus. A plena luz del día. ¿Qué estaba pensando hacer el hombre? se preguntó. Él podría apropiarse de su cartera y de la fabulosa suma de veinte dólares que contenía. No la podría violar en un lugar tan expuesto y ella estaba segura como el infierno de que no iba a permitirle arrastrarla a ninguna otra parte para ser abusada, sin ofrecer resistencia.

—¿Por qué me molestaría mintiendo? —Lucy consideró sus opciones. Estaba muy segura que lo podría dejar atrás dado que no se veía particularmente en forma con esa extensión de abdomen colgando sobre sus sucios vaqueros. Y el miedo combinado con la supervivencia era un gran motivador para ella. Pero él estaba enfrente suyo, bloqueando su salida. Eso era un problema. Sólo tenía que tener la oportunidad para poder moverse. Hasta ese momento, no actuaría como una víctima. Permanecería fría y tranquila y esperaría su oportunidad.

El hombre la miró calculadoramente como si no la considerara una amenaza. Le dirigió una grasienta sonrisa.

—Vi a tu coche detenerse acá. No vi salir a tu novio.

Lucy no estaba del todo sorprendida de que le faltaran varios dientes frontales. Simplemente parecía ser del tipo. Apenas por encima de Neandertal. Dientes intactos echarían a perder la mirada que él estaba teniendo.

—¿Qué es exactamente lo que quiere? —Estaba complacida de que su tono haya sonado comandante e imperioso.

—Quiero tu coche. —La respuesta fue un ladrido. Él se inclinó hacia adelante, no dándole una oportunidad para escaparse.

—¿Qué? —De todas sus posesiones, este hombre quería su coche bomba. No su cartera. No su cuerpo. Él quería una artimaña oxidada de veinti-y-tantos-años-de-viejo. ¿Estaba loco? Dijo que había visto al coche traquetear hasta su poco digna parada por lo que no era como si fuera una Ferrari de lo que él quería adueñarse—. ¿Por qué? —¿Estaba consumiendo alguna droga alucinógena que lo hacía ver al mundo y a su coche a través de anteojos rosados?

El hombre se inclinó por encima de ella, su aliento fétido contaminando el oxígeno alrededor de Lucy, obligándola a contener la respiración para no inhalar los vapores venenosos.

—¡Sólo dame las malditas llaves!

Después de las dos semanas infernales con el coche que Lucy había experimentado, la mayoría de la gente habría renunciado al coche sin cuestionar por qué el destino había decidido liberarlos de esa carga. Pero Lucy Heartfilia no. A pesar de los problemas con el coche, era todavía su coche y su único medio de transporte. Estaba condenadamente segura de que no iba a dejar a este asqueroso tomarlo. Necesitaba tener alguna medida de control sobre su vida.

—Ninguna llave para ti, hombre desagradable. —Mirándolo inflexiblemente, tanto como su liso cabello rubio largo hasta los hombros y su nariz pecosa le permitían, Lucy tiró de la puerta del coche abriéndola y procedió a meterse adentro. Si sólo pudiera lograr trabar la puerta y tal vez persuadir con ruegos al coche para que la lleve a otro lugar, ella estaría bien.

—Esto no es una discusión —El hombre gruñó mientras asía su muñeca y la separaba del coche con un cruel tirón.

Lucy quedó afuera tambaleándose y cayó duramente contra el suelo, sacudiendo todos los huesos de su cuerpo. La pura cólera la hizo volver a ponerse de pie y saltar como un gato montés por encima de la espalda del hombre que estaba tratando de meterse en su coche para marcharse. Él dio media vuelta inútilmente mientras intentaba desalojar a Lucy de su espalda. Lucy a su vez lo agarró de su escaso pelo y le rasguñó el rostro en el ataque.

—¡Bájate de mí, perra!

Lucy alejó la cabeza y continuó tirando el pelo del hombre mientras sus dedos intentaban clavarse en los ojos. Ella estaba ahora tan enojada con él, con su coche, con Natsu Dragneel y con todo lo que le había ocurrido en los últimos doce meses que había una agresión pura conduciéndola. Lucy no era una víctima y él sería obligado a verlo aunque tomara cada gramo de energía que ella tenía.

Lucy no oyó al otro hombre llegando silenciosamente detrás de ellos. Pero sintió las fuertes manos que la agarraron por la cintura y la tiraron, pateando y gritando, fuera de la espalda del hombre. Cuando ella se desplomó sin miramientos sobre su trasero, cursando todo lo largo del suelo, con el pelo en sus ojos, no vio al otro hombre asestarle un puñetazo al primero. Fue sólo cuando se arrastró hacia arriba lista para luchar con alguien que la vista de Lucy se dio cuenta de que era Natsu Dragneel el que estaba peleando con el Neandertal.

¿De dónde diablos había aparecido Natsu? Lucy observó cómo Natsu se liaba a puñetazos con el grasiento hombre pelinegro. No tomó mucho tiempo para que el hombre se diera cuenta de que Natsu podría patear su culo desde aquí a Crocus. Se fue corriendo tan pronto como tuvo la oportunidad.

—¿Qué diablos estás haciendo aquí? —Ella sabía que esa no era la forma más apreciativa de agradecer a su salvador pero estaba molesta por la posibilidad de que él la hubiera seguido desde la casa de Lissana.

—Estoy salvando tu vida, bebé.

—Me estabas siguiendo.

—Bueno, por supuesto. Lissana me llamó después del problema con tu coche y me detalló la ruta que muy probablemente tomarías. Buena cosa que haya salido cuando lo hice.

Maldita sobre-servicial, arremetedora amiga Lissana.

—Podría haberlo manejado. —Ella sabía que eventualmente habría agotado al hombre dando saltos sobre su espalda. Lucy no era liviana para llevar de acá para allá.

—Hiciste un muy magnífico salto sobre su espalda. —Natsu se rió ante la expresión en la cara de Lucy. Ella estaba enojada y claramente sacudida por lo que sucedió y tenía todo el derecho de estarlo. No era una cosa agradable ser atacada por alguien—. Eso me recordó cómo me atacaste anoche.

Lucy resopló de una manera poco femenina.

—Yo no te ataqué. Tú me abordaste en el suelo y…

—¿Y qué? ¿Te follé hasta que gritaste?

Lucy no quería estar acordándose de anoche. Sólo pensar en Natsu caliente adentro suyo hacía que sus muslos sudaran por la anticipación de tener a esa polla en su interior otra vez. Pero eso no iba a ocurrir. No después de la palabra con "A". ¿Qué más le gritaría ella cuando se corriera? Era demasiado riesgoso… satisfactorio pero riesgoso. Era mejor mantener sus piernas firmemente juntas y su boca cerrada.

—¿Éste es tu coche? —Natsu preguntó mientras asía el herrín de los paneles de la puerta y el fluido del radiador se derramaba por debajo del coche. Lucy Heartfilia o bien estaba quebrada y desesperada o era mecánicamente desafiante y demente para andar conduciendo semejante escombro.

—Oh, eres rápido. —¿Por qué todo el mundo estaba tan interesado en su coche? Ella estaba comenzando a ponerse muy posesiva con él, casi como si fuera algún perro callejero que tenía que proteger.

—Puedo ser agradable y lento cuando el momento lo requiere.

Oh, Lucy simplemente sabía que él podría.

—No tengo tiempo para esto.

—¿Qué?

—Insinuaciones sexuales tuyas.

—Vamos directo al sexo entonces. Somos buenos en eso.

Lucy puso los ojos en blanco. ¿Buenos? Eran condenadamente excelentes.

—Nunca va a ocurrir de nuevo, hombre luz de luna.

—¿Es porque te enamoraste de mí, bebé?

¡Oh Dios! Ella había esperado que él se haya olvidado de eso.

—Sigue soñando… —Lucy masculló.

—Oh, lo haré… —Murmuró Natsu suavemente para a sí mismo—. Abre el capó. —Ordenó el.

Lucy odiaba que alguien le diera órdenes. Era una peculiaridad genética suya. Pero quería poner el coche en marcha de manera que sus opciones estaban limitadas. Se estiró por debajo de la consola del lado del conductor y tiró de la palanca para abrir el capó.

Natsu levantó el capó y sonrió divertido cuando se dio cuenta de que no había palanca para sostener en alto el capó. Pero no tenía importancia, él pudo ver de inmediato cuál era el problema. El radiador estaba en sus últimas. Necesitaba ser rellenado si Lucy quería ser capaz de llegar a casa.

—¿Cuánto tiempo hace que tienes este coche? —Le preguntó Natsu cuando ella se acercó para sostener en alto el capó para él.

—Es una reliquia familiar. —Lucy le respondió serenamente, desafiándolo a decir algo peyorativo acerca de su compra. Después de dos semanas de conducirlo, sabía que el coche era una bomba y no necesitaba a nadie que se lo diga. La única que tenía permitido criticar a su coche era ella. Pedazo de mierda de coche…

—Ya veo. —Respondió Natsu escurridizamente mientras la dejaba, sosteniendo en alto el capó, para ir a buscar algo de agua de su furgoneta de reparto. Sospechaba que Lucy Heartfilia era muy consciente de los defectos de su coche y no necesitaba decírselos. Regresó rápidamente y llenó el radiador, cerrando con un golpe el capó cuando terminó.

Lucy estaba asombrada de que el coche no se cayera a pedazos por esa acción.

—Gracias. —Lucy podía ser gentil cuando tenía que serlo. El hombre había echado a ese asaltante lunático. Sus pensamientos volvieron a ese hombre. ¿Por qué había querido su coche? Eso era sólo francamente extraño. ¿Era una ocurrencia aleatoria? ¿Qué más podría ser? Cualquier cosa que fuera había terminado ahora y ella necesitaba llegar a casa. Lucy se deslizó dentro de su coche.

—Te seguiré a casa.

—No es necesario. —La última cosa que ella quería era pasar más tiempo con Natsu. Sabía dónde conduciría eso… el piso bajo la espalda con las piernas envueltas alrededor de su cintura rogándole que la haga correrse. Y, mientras que eso era una excelente posibilidad, ella no quería obsesionarse con este hombre y su polla.

Natsu cerró la puerta de su coche y se apoyó dentro de la ventanilla abierta.

—No es una discusión, Betty Boop. —Natsu se sobresaltó cuando ella encendió el motor del coche. El sonido chirriante que hacía era enloquecedor para los sentidos.

Lucy también respingó por el sonido de su motor. Bueno, ¿qué esperaba por ochocientos dólares? ¿Un motor que ronroneara como un gatito o un motor que sonara como si se hubiera tragado a un gato furioso que ahora estaba peleando a brazo partido para salir?

—Soy perfectamente capaz de llegar a casa por mí misma. —Lucy no dudó ni por un segundo que el coche se atascaría varias veces en el camino a casa, lo que la hacía querer gritar y maldecir por la frustración. Sin embargo, quería estar sola cuando eso ocurriera. No necesitaba suministrar un espectáculo para Natsu Dragneel.

—Puedes ser capaz pero tu coche es otra historia. —Natsu la señaló, sus ojos desafiándola a que discuta lo obvio—. ¿Estás preocupada por no ser capaz de poder controlar el impulso de tener sexo conmigo? Después de anoche, no tendría el corazón para detenerte. —Natsu le sonrió cautivadoramente—. Nadie nunca realmente me ha chupado como…

—¡Cállate! —Lucy lo interrumpió.

—Pero, bebé, no puedo olvidarlo.

Ni podía Lucy y ese era el problema.

—Estuviste genial.

Sí, lo estuvo, pero entonces también él. Sin embargo, ella no quería estar pensando acerca del sexo con Natsu. La ponía caliente y deseosa y había sólo una realmente buena forma de aliviar esa sensación.

—No quiero hablar de sexo contigo, Natsu.

Natsu sonrió ante su expresión tensa.

—Sí, hacerlo es mejor.

Lucy sabía que ella podía terminar esta conversación simplemente yéndose. Pero había algo en Natsu Dragneel que la hacía querer quedarse y hacer cosas que no debería.

—¿El sexo es en la única cosa en la que piensas?

—Cuando se trata de ti, sí.

El hombre tenía una sonrisa que podría tentar a los ángeles a descontrolarse.

—Eres un pervertido.

—Pero te encanta.

Sí, era verdad. Pero ella tenía que seguir por el buen camino.

—Estaré bien para llegar a casa. Ahora, déjeme sola.

—No sé si puedo hacer eso.

—Inténtalo, hombre luz de luna.

Lucy disparó la ducha de mano con toda su fuerza entre sus piernas, necesitando que la caliente presión aleje el constante deseo de Natsu. Pero no había forma de que esto pudiera competir con la cosa real. El hombre y su polla eran únicos. Ambos la satisfacían perfectamente.

—Sólo supéralo, mujer. —Lucy masculló para sí misma mientras deslizaba los dedos jabonosos entre sus piernas y comenzaba a masajear su clítoris lentamente. ¿Qué es lo que le estaba pasando? Parecía estar todo el tiempo caliente. Lucy reclinó la cabeza y empujó su culo hacia atrás contra los azulejos mientras intentaba encontrar alivio.

Natsu observaba mientras Lucy se abría camino hacia un orgasmo. Él no quería que ella hiciera eso sin él adentro suyo.

—Yo estaría mucho mejor entre tus piernas que esa ducha.

Lucy se sobresaltó por sus palabras y sus dedos se deslizaron dentro de su cuerpo. Bueno, por supuesto, Natsu la descubriría justo cuando ella menos lo quería.

—La ducha es menos complicada. —Ella sacó la mano de entre sus piernas y apagó el rociador. No necesitaba una audiencia observando su desesperación.

Natsu comenzó a quitarse las ropas.

—¿Cómo de complicado soy?

—Sólo lo eres. —Que él iba a unirse a ella en la ducha era un hecho. ¿Podría detenerlo? Tal vez. ¿Quería detenerlo? No realmente—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Sip, era una pregunta obvia pero ella todavía sentía la necesidad de formularla.

—Ésta es tu última noche en lo de Lissana, así que pensé en venir para darte una despedida apropiada. —Lo último de sus ropas cayeron al piso y él alcanzó la puerta de la ducha.

—Estoy tratando de darme una ducha. —Lucy sintió el cuerpo duro de Natsu deslizarse adentro detrás del suyo—. Quiero que te vayas.

—¿Es por esa cosa del amor otra vez? —Natsu agarró el jabón e hizo espuma en sus manos.

—Yo no te amo. —Era fácil decirlo cuándo no estaba de frente a él.

—Correcto, amas el sexo. —Las manos jabonosas de Natsu se movieron a sus pechos.

La cabeza de Lucy cayó atrás contra él.

—Sí. —¿Fue eso lo que ella quiso decir? ¿Le gustaba el sexo o sólo el sexo con Natsu? ¿Y cómo podría pensar claramente cuando él estaba masajeando sus pechos de esa manera? Era imposible—. ¿Qué estás haciendo? Ya me he lavado. —Sin embargo, su dura polla en contra de su culo la estaba haciendo pensar algunas muy sucias posibilidades.

—Sólo relájate, bebé. —Natsu canturreó dulcemente en contra de su oído.

—No voy a tener sexo contigo.

—Veremos… —Sus manos se movieron hacia abajo de su cuerpo al lugar donde ella más lo necesitaba.

Cuando las manos de Natsu se deslizaron entre sus piernas, Lucy lloriqueó por el alivio. Tal vez tener sexo con Natsu otra vez no era tan malo…

—Natsu… —¿Eso era un pedido para que se detenga o para que continúe, o qué? ¿A quién estaba realmente engañando? Lucy conocía esa respuesta. Necesitaba a este hombre con una desesperación que no había pensado que ella fuera capaz. ¿Pero eso era amor? Lo dudaba y tenía que recordar esto. ¡Esto es sólo sexo, sexo, sexo… sí!

Natsu volteó a Lucy para que lo enfrentase. Él había estado caliente y duro desde el momento en que la vio poner las manos entre sus piernas.

—Así que ¿vamos o no vamos a follar? —Sus manos se deslizaron alrededor para aferrar su culo y tirarla hacia él.

La sensación de su larga y rígida polla en contra de su estómago era toda la respuesta que ella necesitaba.

—Ésta es la última vez…

—Seguro, ésta es… —Natsu puso sus manos debajo de su culo y la levantó en sus brazos.

Lucy envolvió las piernas alrededor de la cintura de Natsu y sintió a su espalda golpear contra los brillantes azulejos de la pared detrás de ella. Cuando él se reclinó hacia ella, Lucy agarró su polla y la guió a su interior. El alivio de eso la hizo gemir.

Natsu ajustó su posición y lentamente empujó hacia adentro y afuera del cuerpo de Lucy. La besó lenta y profundamente.

—Oh, Natsu… —Lucy murmuró en contra de sus labios. Ésta era la mejor sensación que había tenido alguna vez. Sujetaba a Natsu estrechamente en contra suyo mientras él continuaba con el tierno asalto a su cuerpo. Esta vez era diferente. Era más lento y más suave pero tenía un impacto más profundo. Lucy lo miró directamente a los ojos. Dios mío, era cierto. Ella había caído y se había enamorado del hombre luz de luna. ¿Qué tan estúpido era eso?

—¿Qué? —Natsu sintió que algo más que sólo físico estaba ocurriendo.

—Sólo hazme correr, Natsu. —Ella necesitaba una última vez para recordar.

Natsu aumentó el ritmo y comenzó a palpitar dentro de ella como si no pudiera llegar lo suficientemente profundo.

Lucy se inclinó hacia atrás y gritó fuerte cuando los músculos de su cuerpo convulsionaron alrededor de la polla de Natsu y extrajeron drásticamente hasta la última gota de su esencia adentro suyo.

—Te amo, bebé…

Ella se quedó dura por sus palabras. Uh-oh… esto no era lo que quería escuchar. Esto iba a complicar las cosas. Fue diferente cuando ella lo había dicho, dado que ella había perdido la cabeza y no había sido capaz de ignorar sus sentimientos a favor de su propia cordura y supervivencia. Natsu, sin embargo, se veía completamente cuerdo y capaz de sobrevivir a cualquier cosa.

Lucy se deslizó abajo y afuera del cuerpo de Natsu. Lo miró directamente a los ojos. ¿Qué era eso que ella veía? ¿Era amor o simplemente el momento siguiente a la lujuria? ¿Qué sabía ella de amor? ¿Qué posibilidad tenían dos desconocidos de enamorarse tan rápidamente? No, eso sólo ocurría en las novelas románticas.

—Sólo dijiste eso porque yo lo dije. —Lucy se alejó de él.

—Quise decirlo…

—No, no quisiste… deberías irte.

—¿De qué estás asustada? —Natsu no podía dejarlo así. Esto era demasiado importante.

—De nada. —De todo, ella agregó silenciosamente para sí misma.


[1] Síndrome Pre-Menstrual.

[2] El Holden Astra es un automóvil de turismo del segmento C del fabricante australiano Holden.