Ya ha pasado una semana desde aquel incidente en el ascensor. Según los técnicos fue un fallo eléctrico que provocó que ascensor se detuviera. Y la verdad no quise seguir indagando en el asunto, había otras cosas más importantes en que pensar. Por fin llegó el día de la Feria de Ciencia, todos estábamos muy nerviosos. Había muchos trabajos, pero el que me llamó la atención fue el de los efectos sobre la población humana, porque era el proyecto que me había hablado Edward.
Miré para todos los lados para ver si lo veía, sin embargo fue inútil. Había muchas personas alrededor que no me dejaba ver. Continué ayudando a mis colegas montar nuestra mesa. Cuando de repente siento una voz muy familiar.
—Buena suerte, —dijo la voz melódica mientras me giraba para ver quién era.
Para mi sorpresa era Edward, no podía disimular lo feliz que estaba al verlo. Todos agradecimos su gesto mientras le reiteramos lo mismo. Él continuó su camino ya que estaba a punto de comenzar la evaluación.
El primero proyecto en el cual fueron los jueces fue el proyecto de Edward. Me le quedé mirándolo como se expresaba y la forma que defendía su proyecto. En ese momento me vino a la mente el fin de semana que tuvimos y cuando se lo presenté a mi amiga Alice.
Él me recogió como a las 8 de la noche y fuimos a buscar a Alice y Jasper. Por suerte no vivían muy lejos de mi casa, solo a tres cuadras, así que caminamos. Cuando toco el telefonillo, quien nos da la cálida bienvenida era la propia Alice.
—Buenas Noches, Alice —dije mientras le daba un beso y un abrazo.
—Ya era hora, —dijo ella mientras miraba a Edward de arriba para abajo.
—Alice, este Edward, —dije mientras él extendía su mano para saludarla.
—Mucho gusto, —dijo ella mientras le correspondía a su saludo. —Pasen no se queden ahí, —dijo mientras se apartaba para dejarnos pasar.
Mientras entrabamos Alice llamaba a Jasper para que viniera a saludarnos. Ya cuando hicimos las presentaciones correspondientes, nos marchamos rumbo al concierto. El mismo se efectuaría en el Alcalá-Palace. Fuimos en el auto de Jasper, me siento con Edward detrás, hice tremendo esfuerzo para que no me diera un ataque de pánico.
—Todo bien, Bella, —dijo Edward como si supiera.
—Sí, —dije para tranquilizarlo.
Desde que empecé a salir con él, mi miedo a montar en los autos ha desaparecido quizás no del todo, pero podía soportarlo. Cuando llegamos a lugar del concierto, Jasper y Edward fueron a parquear el auto, mientras Alice y yo hacíamos la cola para entrar. Había un ciento de personas, por suerte nos tocó sentarnos en la planta baja. El concierto estuvo de maravilla, nos divertimos muchísimo, nos reímos, tomamos selfi.
Cuando llegó la hora de irnos, Jasper y Edward fueron a buscar el coche y yo me quedé con Alice esperándolos. En ese momento no pude aguantar las ganas de preguntarle a Alice que le pareció Edward.
—Tía, esta guapísimo, —dijo ella con entusiasmo.
—Y, que más, —dije esperando que dijera algo más.
—La verdad, es que es un tío, súper interesante, amable, divertido, no tengo palabras para describirlo. —dije ella.
—Qué bueno que te cayó bien, espero que a mi madre piense lo mismo, —dije
—A quién, a Doña Angela, por supuesto que si le va a caer bien, él es un tío que sabe ganarse a las personas, —dijo ella para tranquilizarme.
—Sabes una cosa, si él así de carismático, yo no quiero ver cómo será en lo otro. —dijo ella con una sonrisa muy picara.
— ¿En qué cosa?, —dije mientras me hacía la desentendía.
—Tú lo sabes muy bien, —dijo ella.
—Alice, ¡cálmate!, —dije —Todavía no hemos tenido nuestro primer beso y ya tú me estás hablando de sexo. —dije mientras mi mejillas se tornaban de rosadas a un rosado intenso.
En eso momento llegaron los muchachos, y solo de ver el rostro de Edward recordaba las palabras de Alice, si él así no sé cómo será en lo otro. Válgame Dios, mi rostro se tornaba más rosado de la vergüenza que sentía.
—Tú te sientes bien, —dijo Edward mientras me tocaba la frente.
—Yo, sí, ¿por qué?—dije
—No tienes fiebre, —dijo él todo aliviado.
Alice y yo nos mirábamos, ella si sabía porque yo estaba así y nos empezamos a reír. Jasper y Edward no entendían, y tuvimos que decirle que eran cosas de chicas y que solo nosotras nos entendíamos.
En eso siento una voz a lo lejos que me dice, —Bella, Bella, despierta. Cuando reacciono eran Jessica y Rosalie que me estaban tocando.
—Bella, ya es nuestro turno, despierta, —dijo Jessica muy seria.
Me quedé tan embobecida con Edward que no vi el tiempo pasar. Les explicamos a los jueces que los delfines mular o más conocido por delfines nariz de botella (Tursiops truncatus), son una especie de cetáceos del cual existe más de 30 especies de ellos, es la más común y más conocida. Esto se debe a que con frecuencia se tiene en cautiverio, puesto que su naturaleza sociable y su inteligencia los convierten en la estrella de muchos espectáculos. Sin embargo, en el estado salvaje, estos delfines viven en grupos de hasta 10 o 12 individuos. Como los otros delfines, poseen un sistema de ecolocalización para localizar su alimento. Una de las características que tienen estos delfines es que se ayudan entre ellos mismo para acorralar a sus presas. Frecuentemente surcan la estela dejada por los barcos y, a veces, se acercan a los nadadores para jugar con ellos.
Los jueces se quedaron muy impresionados con la presentación que dimos, ahora solo falta esperar el resultado. Mientras esperaba el resultado de los jueces, me acerqué a donde estaba Edward. Lo felicité por su magnífica exposición, y él me reitero lo mismo. Allí permanecimos una hora, hasta que por fin los jueces nos llaman a todos para dar el veredicto final.
Estábamos muy nerviosos, le apreté la mano a Edward muy duro, que tuvo que abrazarme para que yo pudiera tranquilizarme y así su mano quedaría libre evitando así una posible fractura. Los jueces empezaron con 15 menciones y luego con los tres primeros y el tercer lugar fue para los estudiantes de medicinas de la Universidad de Salamanca, con su proyecto ¨El cáncer y sus orígenes¨, el segundo lugar fue para el proyecto de Edward, me sentía feliz por él, le di un fuerte abrazo y lo felicité al igual que a todos sus colegas. Sin embargo, estaba preocupada al mismo tiempo, se habían presentado 30 trabajos y solo faltaban 13 por mencionar y entre ellos estaba el nuestro. Cuando escuchamos decir a los jueces que el primer lugar era para ¨La Biodiversidad Marina: Delfines y su hábitat¨, no lo podíamos creer, era nuestro trabajo. En ese momento y sin pensarlo me lancé hacia donde estaba Edward y le di un beso. Todos se nos quedaron mirando, y cuando me di cuenta de lo que hice me aparte, sin embargo, él me haló nuevamente hacía él y esta vez fue él quien me beso. Fue un beso apasionado, que nos dejó sin aliento. Ambos deseábamos lo mismo, sin embargo, no había una ocasión especial para que se diera, hasta ahora. Ambos nos quedamos mirándonos con nuestros rostros pegados y con la respiración acelerada, debido al beso que nos dimos.
—Bella, Bella, dale que nos están llamando, —dijo Jessica mientras me apartaba de los brazos de Edward.
Estábamos muy contentos, sin embargo, la felicidad no estaba plena. ¿Dónde estaba Victoria? Acaso la jefa se fue y sin despedirse y no vio el resultado final.
—Pues que se vaya a la fregada, eso no va impedir que podamos celebrarlo por todo lo alto este gran Triunfo. —dijo Rosalie mientras todo la apoyamos con un fuerte grito. —Allá ella se lo pierde, —dijo Rosalie.
Volvimos a la Radical y nos divertimos como nunca, bailamos, y esta vez yo fui la primera en ir a la pista de baile con Edward. En ese momento estaban poniendo la música del Dj Tiësto.
— ¿Donde tú estaba?, —dijo Jessica mientras todavía seguíamos en la pista de baile.
— ¿Por qué?, —dijo él mientras no entendía la pregunta.
—Porque desde que te conoció es otra persona, —dijo ella mientras me señalaba. —No quieras imaginar cómo era, —dijo ella mientras desaparecía en la multitud.
— ¿Qué fue lo que te dijo?, —dije mientras podía ver una sonrisa en su rostro.
—Nada que no fuera verdad, —dijo mientras seguíamos bailando.
La noche transcurrió rápidamente, ya era hora de irnos, nos despedíamos de los muchachos mientras que nosotros íbamos rumbo a la parada del bus. No tardó en llegar el autobús por suerte venía vacío, nos sentamos en los asientos que están al final del bus. Estaba tan cansada que los ojos se me cerraban. Él toma mi cabeza y la apoya en su hombro para que pudiera descansar. No tarde mucho en quedarme dormida. Cuando lo siento que me despierta dulcemente con un beso en la frente.
—Bella despierta que ya es hora de bajarnos, —dijo con voz melódica.
Caminamos hasta la entrada del edificio cuando lo invité a entrar porque ya eran más de las 12 am, sin embargo él no quiso.
—Entonces, buenas noches, —dijo él mientras se despedía con apasionado beso.
Estuve parada en la entrada hasta que él tomó un taxi. Estaba tan animada que ni me di cuenta cuando entré en al ascensor y marqué el tercer piso, ya cuando vine a reaccionar ya estaba parada frente a la puerta de mi departamento.
—Buenas Noches, señorita, —dijo mi madre mientras estaba a oscura sentada en el sofá de la sala.
—Qué susto madre, —dije mientras colocaba mis manos en el pecho.
—Eso digo yo, tú no podías llamar y decirme donde tú estabas, me tenías asustada, —dijo ella con voz enfurecida.
—Discúlpame, no vi la hora. —dije con la cabeza cabizbaja.
—Espero que no lo vuelvas hacer, —dijo ella.
A la mañana siguiente desperté con un fuerte dolor de cabeza, solo había dormido 3 horas y tenía que alistarme para ir a trabajar. Parecía un zombie, con esas ojeras. Me unté Hydrolyze debajo de los ojos, y en apenas unos segundos mi rostros se veía diferente. Me dirijo a la cocina y me preparo el desayuno unos huevos revueltos con jugo de naranja. Mi madre al sentir los ruidos en la cocina se levanta y me da un beso en la frente.
—Te untaste hydrolyse, ¡no! —dijo ella.
—Y como lo sabes, —pregunté
—Por la crema que te dejaste en el ojo izquierdo, —dijo ella mientras corría hacia el espejo que estaba colgado en la pared frente a la puerta de entrada.
—No, puede ser, —dije mientras buscaba una toallita húmeda en mi bolso.
Suena el telefonillo, era Edward, lo mando a subir porque todavía no estaba lista.
—Entra, —dije mientras él me daba el beso de bienvenida.
—Madre, Madre, —grité —Aquí está Edward, —dije para que viniera a conocerlo.
Mientras terminaba de dar las presentaciones, fui corriendo al baño para terminarme de arreglar. No sé qué era lo que estaba sucediendo allá en la sala, así que me apuré para que mi madre no se sobrepasara con él.
Sin embargo, para mi sorpresa los dos estaban riéndose a carcajadas, no lo podía creer. Parecía que se hubieran conocido desde hace año. Nunca vi madre que le cayera bien desde un principio los novios que había traído a casa cuando era apenas una adolescente, ni siquiera con Jacob, con él se tardó podía decir un mes para que él entrara en confianza con ella, y Edward logró lo imposible.
—Ya estoy lista, —dije mientras me despedía de mi madre.
—Bueno, Sara, nos vemos otro día —dije mientras quedé sorprendida al ver eso.
Presioné el botón del ascensor, y mientras esperaba que subiera el ascensor, me giré hacía Edward.
— ¿Qué fue lo que hiciste?, —dije mientras lo miraba.
— ¿De qué?, —dijo él.
— ¿Cómo lograste que mi madre tuviera esa confianza contigo?, —dije mientras él se reía.
—Simplemente, empecé hablar de ti. —dijo con una sonrisa dulce que me derretía toda.
—Y qué hablaron de mí, —dije toda curiosa.
—Eso es un secreto entre ella y yo, —dijo él.
Cuando iba a decir algo, él me cayó un dulce beso. Nos apartamos cuando sentimos el sonido de las puertas del ascensor abriéndose. En ese momento había dos mujeres que vivían en el apartamento de al lado del mío. Ellas se nos quedaron mirando. Ambos las saludamos y entramos al ascensor. Sentí antes de que se cerraran las puertas del ascensor un cuchillero que no se podía entender de lo que estaban hablando, sin embargo, me lo podía imaginar.
— ¿Quiénes son esas?, —preguntó Edward.
—Esas, son dos chismosas que se pasan la vida hablando de la gente y no tienen otra cosa que hacer, —dije molesta.
Íbamos caminando por el pasillo de la Universidad, cuando me toma de la mano. Me le quedé mirándolo, y él me sonríe. Todos se nos quedan mirándonos y yo me sonrojo de la pena que sentí en ese momento. Él me acompaño hasta la oficina, saludó a mis colegas y se marchó.
—Woau, — dijo Jessica toda emocionada.
Seguí mi camino hasta mi puesto de trabajo muy sonriente.
—Ya veo que estamos progresando, —dijo Rosalie — Y me da alegría que estés feliz. —dijo ella.
—Pero ten cuidado de no ir muy rápido, —dijo Jessica.
—Ok, si tu supiera que es él es paciente, —dije mientras mira para la oficina de Victoria.
—No sabemos qué le pasó, —dijo Rosalie mientras me veía mira para la oficina de la jefa.
La mañana pasó volando ya era la hora del almuerzo y todavía Victoria no había llegado. Esta vez me fui con mis colegas almorzar. Pedimos pan con hamburguesa y papas fritas y una deliciosa malteada. Miré para todos los lados pero no había señales de Edward, deje que me dejó en la oficina no sea comunicado conmigo, ni siquiera vino a almorzar. Le timbro a su celular y no contestó. Tal vez esté dando clases y tenga el móvil apagado.
Volvimos a la oficina y para nuestra sorpresa Victoria estaba ahí. Con cara de preocupación y no sabemos por qué.
—Buenas Noches, —dijo Jessica de forma sarcástica. —Desapareces y no dices nada, —dijo ella.
—Discúlpenme muchachos, tuve una urgencia ese día y tuve que irme sin despedirme, —dijo ella muy tranquilamente. —Y cómo les fue, —dijo Victoria.
—Ah! Una emergencia, —dijo Rosalie aunque no se creía ese cuento.
—Y ya se solucionó, —dijo Emmett muy preocupado.
—Más o menos, todavía queda un asunto pendiente, —dijo ella. —No me ha contestado la pregunta, —dijo mientras ponía una cara de preocupación.
—Nos fue muy bien, nos dieron el primer lugar, —dije mientras Rosalie y Jessica me miraban.
Teníamos que decirle, aunque nosotros sabemos que le importa un comino lo que hicimos, debido a que al final ella es la jefa. Pasó el tiempo y ya eran las 4:30 de la tarde y nada de Edward. Le volví a marcar para saber si se iba conmigo o no, sin embargo, no puede comunicarme con él. Ya me tenía preocupada, le habrá pasado algo a él o a la niña, ni que Dios lo quiera.
En eso me entra una llamada de un número desconocido.
—Es la señora Swan, —dijo la voz desconocida.
—Sí, ¿quién ese?, —dije ya con los nervios de punta.
—Le hablamos desde el Hospital de La Princesa, tenemos aquí a un paciente llamado Edward, —dijo la voz desconocida.
Solo de oír mencionar la palabra hospital, me vino en ese momento unas imágenes que he tratado de borrar hace dos años, sin embargo, de una forma u otra vuelve a parecer. Mis piernas me empezaron a temblar y no sabía que decir.
—Pero está bien, no le sucedió nada, ¡verdad!, —dije mientras que apenas podía hablar.
—No sabríamos que decirle, usted debe venir y ver al doctor, él es el único que le puede decir —dijo la voz.
Arranque enseguida para el hospital, llamé a un taxi que en ese momento pasaba. Y cuando llegué allí me imaginaba cosa que quizás solo era mí imaginación. Me imaginaba lo peor, nunca he sido tan pesimista, sin embargo, desde lo ocurrido hace 2 años, me he vuelto paranoica. En ese momento mis lágrimas empezaron a salir.
—No puede ser que tenga que pasar por esto nuevamente —dije mientras no podía contener mis lágrimas.
Llegué a la recepción del hospital y pregunté en que cuarto se encontraba el paciente Edward Cullen. Me dijeron que estaba en la habitación 211. Caminé rápidamente hasta allá. Me quedé parada frente a la puerta, estaba en la incertidumbre de si entraba o no.
