Capítulo 4
"la vigilia y el delirio"
Sabía que algo estaba pasando a su alrededor, no podía oír y sin embargo muchas voces retumbaban en su cabeza.
—Lo mordió, va a morir.
—No, va a vivir.
—Morirá de todos modos, está marcado.
—Lo salvaremos, se lo debemos a ella…
— ¡No le debemos nada a nadie!
Después vino la oscuridad y el dolor era un eco lejano en su inconciencia, las luces de la realidad destellaban de tanto en tanto, podía distinguir a alguien a su alrededor pero no sabía quién era…
—0—
Llevaron a Itachi hasta una de las tiendas, perdía mucha sangre a pesar de las compresas que le habían colocado, la herida en su hombro era brutal, había hueso expuesto y nervios cercenados, aun así la anciana que lo atendía parecía confiada… O resignada.
—Necesito el ungüento que está en ese frasco. —Ordenó sin ver quien estaba cerca— humedezcan esas vendas con licor y tráiganlas.
— ¿Vamos a ayudar al extranjero? —El chico del cabello blanco se cruzó de brazos mirando a todos los que ayudaban a la anciana— ¿Qué hay de nuestros heridos?
—La bestia atacó, Suigetsu. —Dijo Karin con la voz quebrada por los nervios— No hay heridos.
—Sería mejor matarlo de una vez.
—No, Mikoto tenía una visión, él siempre ha sido parte de ello y debemos de seguir el sendero que se ha trazado. —Los ojos apagados de la anciana parecían mirarlo directamente— Sólo podemos esperar que el viaje sea corto.
—Muchos van a morir. —Fue lo último que dijo Suigetsu antes de salir de la tienda. Karin tomó una compresa remojada en la medicina que la anciana preparaba y la oprimió contra la herida. Sintió entonces la mano de la mujer apoyarse en el hombro de ella.
—Él no es tu Sasuke… Y lo sabes.
Karin no respondió, una solitaria lágrima se deslizo por su mejilla y fue como si hubiese cerrado una puerta que nunca volvería a abrir.
—0—
Itachi corría en el amplio jardín de la mansión Uchiha, tenía como diez años de edad en ese momento, un pequeño pastor belga le perseguía ladrando alegremente. En el centro del jardín estaba una manta extendida donde Mikoto descansaba, observándolo. Fugaku también le veía jugar con ojos severos pero sin decir nada, un pequeño Sasuke trataba de alcanzar a su hermano y al cachorro sin mucho éxito, era una escena muy familiar, tranquilizadora, el pequeño Itachi levantó la mano para saludar a su madre y entonces notó que tenía un kunai en ella ¿Cómo había llegado ahí? No podía recordarlo, la luz de la luna languidecía en el horizonte, había sangre en su ropa, en sus manos, asustado retrocedió sin entender que pasaba, la sangre no era suya… Mikoto Uchiha yacía a sus pies, pálida, hermosa…
Muerta…
—0—
—Lo que hayan hecho esos gitanos no servirá de mucho. —El doctor del pueblo cerró su maletín mientras veía a Sakura volver a colocarle los vendajes a Itachi— Fue toda una proeza traerlo hasta aquí sin que el shock lo matara. Pero un rayo nunca cae dos veces en el mismo sitio.
—Escucharlo es tan tranquilizador… —Sakura dijo esto sin mirarlo, pero el reproche era tan claro que el galeno se sonrojó y tosió para disimular su incordio.
—Estoy obligado a dar mi más honesto diagnostico… Temo que tendremos que amputar desde el hombro.
—Dele un par de días más, doctor. —La voz de Fugaku Uchiha era sobria y controlada— Lamentaría que mi hijo quedara incompleto por una decisión apresurada.
—Podría haber complicaciones si la herida se infecta.
—La joven Haruno es una enfermera competente, estoy seguro de que podrá mantenerlo sano un poco más.
—No sé qué espera lograr, señor Uchiha. —Dijo el doctor calándose el sombrero— Pero esperemos que no vaya a perder a otro hijo por una cuestión de orgullo.
El medico salió de la habitación pasando al lado de Fugaku, Sakura le dirigió al hombre un vistazo de frustración.
—Tenga fe en la salud de mi familia, señorita. Yo conozco muy bien a mis hijos.
Ella desvió la mirada, Itachi se debatía en la inconciencia, afiebrado y sudoroso, ajeno al drama a su alrededor y sumido en su propio mundo de fatalidades.
—0—
—Es un asesino. —Declaró Morino con voz determinante— Un asesino no se estudia, se elimina.
—No puede recordar que mató a su madre. —El doctor Katasuke sonrió— Hay que explorar su psique para entender el funcionamiento de la mente de un criminal…
Itachi escuchaba aterrado todo eso mientras permanecía esposado y amordazado, rodeado de guardias, era sólo un niño y lo trataban como un monstruo, todos aseguraban que él lo había hecho pero no podía recordar que pasó, solo veía sangre y unos enormes ojos brillantes que le observaban a la distancia…
De repente estaba en una celda, luego en una cama de hospital, podía ver a la gente ir y venir, amarrarlo, colocándole cosas en la cabeza, dándole descargas eléctricas, se veía a si mismo gritando de dolor, después embotado por alguna clase de droga. Ya no había sentido en el tiempo o la vida, nada parecía real.
—0—
—Lo visite hace una semana. —Decía el medico del pueblo a los que lo escuchaban en la posada— La herida era mortal, simplemente tenía que cortar un poco más y su brazo se desprendería como una rama ajada fui a verlo hoy. —Hizo una pausa para tomar un trago largo de su cerveza— La fiebre persiste y sigue inconsciente… Pero su brazo, oh su brazo. Está bien, la cicatriz es aparatosa pero se cierra de una manera antinatural, ahí no hay ciencia, es brujería.
Varios murmullos entrecortados y miradas temerosas entre los parroquianos.
—Si teníamos una duda de la maldad de los gitanos y su lazo con los Uchiha, ya se aclaró. —Aoba miró a la gente con suficiencia— Tenemos que traerlo al pueblo para que explique algunas cosas.
—Necesitare algo de tiempo para preparar la orden. —Dijo Ebisu— Y me supongo que la policía militar nos apoyara.
—Ni siquiera me molestaré. —Morino Ibiki se levantó de su mesa con gesto de fastidio— Si he de atrapar a un asesino será con pruebas fehacientes, no con supercherías de ignorantes.
—Está usted desaprovechando una gran oportunidad… Señor. —Dijo Aoba entre dientes.
—Estoy evitando darle una salida. —Dijo caminando hacia la salida— Si yo me inmiscuyo en su "repartición de justicia" puedo arruinar la credibilidad de mi unidad.
—Entonces usted y su gente se mantendrán aparte. —Ebisu asintió lentamente.
—Mientras no lo maten no hay nada que yo pueda decir al respecto. —Dijo Morino abandonando el bar.
—0—
Itachi miraba desorientado a su madre, estaban en una enorme habitación sin más muebles que el par de sillas donde estaban sentados uno frente al otro. Las paredes estaban descarapeladas, había manchas de humedad en el piso y la única ventana del lugar era como un ojo sangrante por la herrumbre; afuera entre las nubes, la luna llena se asomaba.
—Debes de detenerlo. —Dijo Mikoto.
— ¿A quién? —Itachi no podía entender que pasaba— ¿Cómo?
—Cuando el acónito florezca… —Susurró la mujer mientras gruesas lagrimas se escurrían por su rostro— Incluso el hombre más santo se convertirá en lobo cuando la luna de otoño a su cenit llegue… Tienes que despertar, hijo…
— ¿Madre?
Pero ya no era su madre la que estaba frente a él, era una criatura enorme, vistiendo los harapos que debieron de ser ropa humana, un espeso y rígido pelaje negro lo cubría, dejando entrever algunas manchas blancas alrededor de sus ojos y ahí en esas pupilas amarillas solo podía notar maldad y demencia.
—Es hora de despertar, hijo…. —La criatura habló con la voz lenta y pausada de su padre.
Y con un estertor de pánico, Itachi Uchiha despertó.
—0—
—Me alera que decidas acompañarnos, muchacho.
Itachi miró a su alrededor con desconcierto. Por primera vez en quien sabe cuánto tiempo las cosas a su alrededor eran tangibles, el aire, los colores, los aromas, incluso esa extraña sensación de entumecimiento en su brazo derecho. Su padre miraba desde la ventana de su cuarto mientras cargaba con tranquilidad un viejo revolver.
—La gente del pueblo ha venido a visitarnos en calidad de "Turba con ansia de justicia" —Fugaku tomó su bastón y fue a la salida del cuarto— Mantente quieto y esperemos que el necio de Hoshigaki llegue a tiempo. Y no trates de moverte has estado quince días inconsciente, no creo que puedas defenderte ni de una mosca.
Fugaku llegó a la puerta principal de la mansión y checó que su revolver estuviera a la mano antes de adoptar una postura digna y abrir el portón.
—No es muy educado venir sin dar un aviso anticipado.
Los hombre permanecían en sus caballos, un poco más atrás estaba una carreta con una jaula de apariencia ominosa.
—Venimos por su hijo, tiene que responder ciertas cuestiones de importancia. —Dijo Ebisu acomodándose los lentes.
—Mejor déjenos pasar, anciano. —Aoba hizo avanzar su caballo hasta quedar frente a Fugaku— Su hijo tiene mucho que explicar.
—El y Kisame salvaron muchas vidas. —Fugaku hablaba con calma, la actitud del hombre solo lo hizo sonreír— De hecho gracias a él usted y el buen juez pudieron poner sus opulentos traseros a buen recaudo ¿No es así?
—Quítese ahora. —Aoba enrojeció hasta la punta del cabello y Ebisu tosió incomodo— No tengo ningún problema en pasarle el caballo por encima.
—De un paso más y Hoshigaki le volará la cabeza. Esta apostado en la azotea de la casa, con una bala escrita con su nombre. —Miró a los jinetes— Una para cada uno de ustedes.
Todos miraron nerviosos a la mansión, Kisame Hoshigaki era famoso por usar un gigantesco rifle de caza y sabían que un disparo de esa cosa podía desintegrar a un hombre.
— ¡Es mentira! —Gritó entonces alguien— ¡Yo vi al criado ese en la tienda del pueblo!
"Creí que podía mantener el engaño un poco más" Fugaku sonreía con tranquilidad mientras deslizaba una mano a su revolver. Aoba ahora sonreía triunfante y estaba a punto de desmontar cuando un disparo impacto cerca de las patas del caballo y lo hizo encabritarse, tirándolo al suelo, trató de ponerse de pie pero se encontró con el cañón del arma de Fugaku apuntándole a la cabeza. En la entrada de la mansión estaba Sakura, sosteniendo un rifle un poco grande para ella.
—Siempre tiendo a apuntar un poco bajo. —Dijo ella volviendo a cargar el arma— Pero el señor Hamada puede decirles que no fallo… después de todo mi padre le pago para que me enseñara.
Un hombre de las filas hizo retroceder su caballo a una distancia que consideró prudente.
— ¡Está obstruyendo la justica y somos más que ellos! —Clamó Aoba sin dejar de mirar el arma que le apuntaba— ¡Solo son un anciano y una mujerzuela! —Tragó saliva al escuchar el arma de Sakura cortando cartucho.
—Sí, son más que nosotros. —Admitió Fugaku— Pero podremos matar a tres de ustedes al menos antes de que nos eliminen. Así que, dígame Aoba-san. —El arma fue amartillada y el cañón se apretó contra la frente del hombre— ¿Le gustaría ser el primero en sacrificarse por el equipo?
—No tenemos que llegar a estos extremos. —Dijo Ebisu notando como el miedo empezaba a apoderarse del grupo— Tengo una orden en mis manos…
—En ese caso permitiré que tomen a mi hijo. —Dijo Fugaku sin mover su arma— Y después iré personalmente al magisterio del país del fuego con ciertos documentos que usted creyó estaban destruidos Ebisu-san… Y una cierta lista de personas de interés ¿Comprende lo que le digo?
Varios palidecieron. Aoba sintió que todo su respaldo se iba por el retrete ¿En qué clase de líos se habían metido todos esos hombres detrás de él?
—Lamentamos mucho el inconveniente señor Uchiha. —Dijo Ebisu con voz grave mientras le daba vuelta a su montura— No será vuelto a molestar sobre este tema.
Los jinetes se retiraron, Aoba iba a ser lo mismo pero el señor Uchiha no se había movido ni un milímetro.
—Inténtalo una vez más. —Le dijo Fugaku de manera que solo él podía oírlo— Y tendrás la oportunidad de ver como yo personalmente te cuelgo con tus propias entrañas mientras bailo sobre los restos de toda tu familia ¿Fui claro?
Aoba asintió con la cabeza, temeroso de que su voz solo fuera un chillido incomprensible. El arma regresó al bolsillo del hombre y finalmente pudo regresar a su caballo, dio una última mirada airada tras él y se alejó para alcanzar al resto de la ahora acobardada turba.
Fugaku regresó a la mansión con un aire de alivió que toda su compostura no podía disimular. Al pasar al lado de Sakura le dio un cariñoso y poco usual apretón en un hombro. Itachi estaba al pie de la escalera, tratando de sujetar una escopeta y con una honesta expresión de asombro y admiración en el rostro.
—Aún puedo ser bastante peligroso, hijo. —Dijo Su padre al pasar a su lado— Y ella aún puede ser un bien valioso para la familia.
Con esto los dejó solos en el pasillo mientras él se encerraba en su estudio.
CONTINUARA…
—0—
Notas de autor: Un poco más corto de lo que esperaba pero lo edité porque me estaba poniendo un pelín esotérico en algunas cosas y ya empezaba de nuevo a irme por otro lado de la trama que aunque me gustaba la idea iba a alargar el asunto innecesariamente. Si ya sé, todas mis lectoras sienten que me estoy alargando el tema del Itasaku pero créanme, es por el bien de la trama, ahora todos listos para el siguiente capitulo.
Próximo: "La primera luna"
