AU de brujas.
Am... ¿un triangulo amoroso? xD
La pequeña casa, que funcionaba como tienda también, olía a especias y flores. En las paredes de madera barnizada colgaban racimos de hierbas, flores, paquetes cuyo contenido era desconocido formaban filas cuidadosamente organizadas. Vitrinas con botellas de cristal de todas formas y tamaños, rellenas de distintos líquidos de colores.
En la parte frontal de la tienda estaba el mostrador, donde se exhibían amuletos caseros para todo tipo de ocasión; amor, amistad, trabajo, buena suerte, salud, viajes. Y sentada detrás del mostrador estaba la dueña de la pequeña tienda de magia. La joven bruja leía con tranquilidad, era un día lento como pocos y muy poca clientela se había presentado.
Miku apreciaba los días tranquilos, al ser la única bruja de la ciudad hacía que sus servicios siempre fuesen muy solicitados, siempre estaba en la trastienda realizando pócimas por pedido especifico o en la habitación continua donde creaba los amuletos más difíciles que solían pedirle las empresas para mejores ventas u hospitales para mejor salud. Así que los días tranquilos eran bien apreciados por la erudita.
Aunque sabía que no todo podía seguir así, en especial cuando la puerta principal se abrió de golpe, azotando y haciendo tambalear todo en la tienda, Miku incluida. La bruja se tambaleó en su banco alto y sus lentes casi cayendo de su rostro. En la entrada, el demonio de cabellos rojos le sonrió.
—¡Mi amada Miku! ¡He regresado! —. Vociferó.
La de coletas no evitó sonreír, acomodó sus lentes y bajó de su asiento, caminando con paso alegre a recibir al otro. Hacía meses que no se veían, debido a la condena del otro que no podía pasar mucho tiempo en un lugar y debía expiarla ayudando a purificar seres descarriados. Miku no podía evitar encontrar la ironía en un demonio purificador.
—Fukase, tanto tiempo sin verte, te e… eh…—.
Y tan pronto sus palabras llenas de ánimo puro salieron, se convirtieron en balbuceos. El antiguo siervo de Belzebú cortó la distancia entre ambos y la abrazó por la cintura, no perdiendo la oportunidad de esconder el rostro en el pecho de la bruja; como si de un niño pequeño que extrañase a su mamá.
La sangre subió al rostro de Miku al instante, estaba acostumbrada, era normal ese tipo de "recibimientos" por parte de Fukase, pero simplemente no podía controlar la vergüenza que le causaba. Los brazos alrededor de su cintura sosteniéndola con fuerza y el rostro ajeno usando sus pechos como almohada. Miró alrededor algo incomoda hasta que palmeó los hombros del demonio con cariño y confort.
—… ¿Cómo fue todo? —.
Fukase se quejó en su lugar y apretó más a la bruja. —¡Del asco! ¡Odio a los vampiros! ¡Odio Londres! —. Sus gritos amortiguados hicieron reír a Miku.
—¿Qué pasó con los vampiros ahora? —.
—¡Hay uno nuevo! ¡Un nuevo vampiro y Oliver lo hizo! —. Se levantó, mostrando su cejo fruncido y puchero. —De todos lo espere, ¡pero no de él! Tuve que cazar un vampiro errante y entonces tuve que ir a la corte de vampiros estirados londinenses para que Oliver y su estúpido nuevo hermano no fuesen encarcelados por romper la ley—. Gimoteó y escondió el rostro de nuevo. —Odio Londres…—.
Miku rio y acarició los cabellos rojizos, las quejas de Fukase era lo primero que escuchaba la joven bruja; su odio hacia el clima, hacía cierta especie, hacía un simple suceso aleatorio. Fukase no era el mejor demonio purificador existente debido a sus quejas continuas, ella lo sabía, él lo sabía, incluso Belzebú mismo lo sabía y por eso le puso tan terrible condena. Al pelirrojo no se le daba bien viajar en general.
El ambiente tranquilo del lugar fue rotó cuando pasos se escucharon en el piso de madera, Miku suprimió un suspiro cansado cuando escuchó dichos pasos acercarse a ellos y la mueca de asco de Luka se hizo presente. La mujer de largos cabellos levantó el libro que cargaba bajo el brazo y golpeó al pelirrojo con la costilla del mismo en la cabeza.
—Ya decía yo que apestaba a azufre—. Dijo con burla y cinismo.
—Y yo que olía a perra en celo—. Respondió Fukase, sin moverse de su posición.
La bruja notó el momento exacto en el que Luka perdió la paciencia y no pudo hacer nada más que cerrar los ojos y levantar las manos, intentando, en vano, detener el arranque de furia de Luka. La incubo tomó al demonio de los hombros y tiró de él, alejándolo de la bruja. En respuesta Fukase soltó un chillido inconforme y se aferró a las vestimentas negras de Miku.
—¡Chicos, chicos! ¡Cálmense, por favor! —.
—¡Me calmare hasta que este cerdo este fuera de la tienda! —.
—¡La tienda no es tuya, maldita zorra! —.
Miku suspiró derrotada ante la infantil pelea entre ambos demonios. Años atrás, cuando Miku logró graduarse y poder portar el título de bruja, se le dijo que podía escoger un familiar; un ser mágico con quien realizaría un pacto y que, de esa manera, sería su acompañante toda su vida. Un familiar otorgaba protección y beneficios, dependiendo de aquel ser mágico con quien realizaría el contrato.
Al saberse eso, poco tardo el pelirrojo en ofrecerse como su familiar, al mismo tiempo que Luka lo hizo. Miku se alegró de que dos demonios, poderosos en sus propios ámbitos, deseasen formar tal pacto con ella, pero ellos lo vieron de otra manera. Se creó una tensión entre los demonios que pronto desencadenó odio y rencor. Miku seguía sin familiar, para el caso.
El griterío acabó cuando los tres cayeron al suelo. Luka cayó de espaldas, soltando a Fukase y haciendo que este cayera de bruces al suelo, llevando a Miku consigo. La bruja cayó de espaldas y soltó un quejido cuando el pelirrojo cayó sobre suyo, sacándole el aire, soltó un gruñido de dolor seguido escuchó el jadeo de Luka.
—¡Tú! ¡Desgraciado! ¡Suéltala, ahora! —.
La bruja abrió los ojos, su vista borrosa debido a que sus lentes cayeron en el forcejeó, y se encontró con un par de ojos carmín observándola con diversión. El rostro de Miku se pintó del mismo color del cabello del demonio sobre ella al verse en tan comprometedora y vergonzosa posición. Se llevó las manos y se cubrió el rostro.
En respuesta Fukase soltó una risa y se acostó en el pecho de la bruja, disfrutando de la comodidad de los senos ajenos. Sus brazos aun rodeando la pequeña cintura y sus piernas entre las de Miku. Desde atrás, Luka apretó los dientes y cerró los puños; la pequeña tienda comenzó a temblar.
Los frascos de cristal golpeando unos contra otros, los amuletos cayendo de sus lugares, las lámparas danzando. Miku jadeó sorprendida y se descubrió el rostro, se recargó en sus antebrazos y miró con terror a Luka; debía pararla, ahora que podía antes de que las cosas saliesen de control. Extendió el brazo izquierdo, lista para calmarla cuando el olor a especias y flores cambió a azufre.
Bajó el rostro y Fukase miraba sobre su propio hombro, aún con un agarre férreo en Miku pero observando a Luka. Entonces la bruja comenzó a sudar frío, una cosa eran las pequeñas peleas verbales, los empujones y hasta tirones de cabello, pero una muy distinta una pelea real… real. Chilló aterrada cuando las alas negras de Luka se extendieron y los cuernos de Fukase aparecieron.
—Estas muerto—. Siseó Luka, sus pupilas dilatadas y en una fina franja negra.
Fukase rio y restregó la mejilla en el busto de la bruja, haciendo que la susodicha se sonrojara de nuevo. —Inténtalo—.
A Miku le gustaban los días lentos porque no tenía tanto trabajo y porque Fukase podía estar con ella… a Miku no le gustaban los días lentos porque Fukase y Luka siempre peleaban. A Miku no le gustaban los días lentos porque debía limpiar toda la tienda después de una batalla campal entre dos demonios. Y Miku seguía sin familiar.
Quizás, solo quizás, haré una segunda parte de este porque hay un dialogo que quiero usar con Fukase y no pude usar aquí. Ah, y en este Fukase es más bajito que Miku por un par de centímetros, de hecho es mi headcanon general xD Lo veo más bajo que Miku por unos dos o tres centímetros y sumando los tacones de Miku pues hace que él se vea más bajito que ella. No es como que le importe, lol.
