IV. Entre miradas

—Señorita Hyuga.

Hinata sentía como sus manos temblaban al agarrar los papeles, era un tic que tenía y que dudaba mucho que se quitara. Era extraño sentirse tan exageradamente nerviosa.

—¿Sí?

—El consejo está reunido y están esperándola.

—C-Claro.

Sus pies se movían con torpeza, como caminar a tientas. Su mano se quedó estática cuando estuvo frente a la puerta ¿por qué era tan difícil abrirla? Sólo bastaba con hacer un movimiento y ya, sin embargo tenía la corazonada de que esa junta era más que eso y debía estar preparada.

Miró hacia al frente y procuró no mirar a nadie a los ojos, si lo hacía posiblemente se sentiría más nerviosa y lo último que quería era hiperventilar en medio de todos. Ellos eran personas importantes y el pilar de la empresa.

—Y con esto damos inicio.

No mostrarse frágil era una regla importante en los negocios, siempre con la cabeza en alto y desbordando seguridad. Era una regla importante y lo hacía, procuraba mantener ese semblante serio e imperturbable. Mas supo que era inevitable evadirla, y fue entonces que estaba frente a él, con la mirada baja y con un folder de cuero entre sus finas manos. Era ella, no había duda alguna. Su corazón latió frenético, casi se salía y eso fue extraño. Las palabras de uno de los Hyuga llegaban a sus oídos pero sólo como sonidos tan lejanos, casi de otro mundo.

Contempló cada detalle con suma delicadeza, como si se tratara de una obra de arte. Su cabello era largo y con ese tinte azul que recordaba, ¿olería a lilas como en aquel entonces? Sin embargo había algo en ese rostro, algo que lo desarmaba y no lograba entender. ¿Ella se había dado cuenta de su presencia si quiera? Si bien, esa junta era un hecho desde hacía días él estuvo a nada de desistir y decirle —indirectamente— a Itachi que tomara su lugar pero eso sólo significaría que Hinata importaba, y para él ese tema estaba cerrado. O al menos eso pensaba.

Los minutos pasaban y el ambiente era denso, rostros desconocidos y algunos conocidos. Su paciencia se estaba agotando y con cada palabra las ganas de irse de ahí aumentaban, pero, ¿por qué no podía dejar de verla? Era una regla no mirar a la gente de ese modo, analizándola con cada fibra de su ser. La vio morderse el labio inferior cuando le preguntaban algo, la vio apretar el folder con la yema de sus manos. La vio, pero no la sintió.

—Entonces eso es todo, ¿tiene algo que comentar, señorita Hyuga?

Fue hasta ese momento que se sobresaltó y dejó de estar en su burbuja, ¿alguien lo pudo haber notado? Esperaba que no, y agradecía a la innata capacidad de poder estar concentrado en dos cosas a la vez.

—Es… Es todo Ao-sama.

Un pequeño tartamudeo, pensó. Pero había salido bien, ya no era tan tímida como antes. El peso del pasado le estaba haciendo mella en sus entrañas, ¿pudiera que ella…?

La gente comenzó a salir de la sala de juntas, todos con una tranquilidad y con cara seria, nadie dijo ni comentó nada. Solo media mesa de distancia lo separaba. Así que arrastró su silla y se aproximó —no quería verse desesperado— y la siguió por el pasillo que conducía a la recepción.

Pero ella no daba señales de querer hablar o de interés, en cambio se limitó a caminar derecha con sus tacones, con una gracia que a Sasuke le pareció un tanto admirable sin embargo, su pecho se comprimió un poco ¿cómo se atrevía ella a ignorarlo? ¿de qué manera? No sabía si era enojo o algún tipo de sentimiento extraño, lo que era un hecho es que se encontraba irritado. No le importó si alguien más lo observaba, así que aceleró su paso y chocó —a propósito— con ella.

—S-Sasuke.

Entonces, estuvo seguro de que se miraron el uno al otro. Sus ojos seguían siendo de ese color perla, sus labios estaban entre abiertos y sus mejillas eran dos faroles rojos. Pudo sentir como ella temblaba y ese movimiento involuntario en los dedos, estaba a su merced, tan nerviosa como la recordaba de hacía siete años.

En definitiva deseó decirle tantas cosas, ninguna dulce ni cargada de sentimientos, no podría ser de otra manera a final de cuentas. Lamentablemente tuvo que tragarse todas sus palabras, recordó su propósito ahí y dejó a un lado ese momento de debilidad. Apretó los puños y sacudió su cabeza, era un estúpido que no sabía lo que hacía.

Ella provocaba en él acciones de impulso, por mucho tiempo planeó —y recreó en su mente— el momento de su encuentro, y estuvo seguro de poder ignorarla, pasar de largo y no bajar siquiera la mirada, y después marcharse. Al final de cuentas sonaba tan sencillo pero, ¿qué sucedió? Ahí estaba, arrepintiéndose de haber provocado un choque sólo para tenerla más de cerca. Sabía de antemano que tal vez en algún momento se arrepentiría pero lo haría, irse.

No volteó ni le concedió una última mirada, así como había llegado su impulso se fue. Ella debía ser un punto y aparte, nada más que eso.

Hinata lo vio marcharse —una vez más—, le era increíble cómo los rumores al final habían terminado siendo ciertos. Temía por el día en el qué Sasuke llegara, ¿Qué sentiría? Con sinceridad de lo único que estaba segura era que su corazón dolía, su pecho subía y bajaba en un vaivén de emociones. Y de nueva cuenta se sentía rota y usada, como una muñeca a la cual desechan. Ella no podía terminar así, y aunque se sintiera extraña por la actitud de Sasuke prefirió fingir que todas sus suposiciones habían sido falsas, era imposible —en un mundo cuerdo— que él hubiera chocado con ella a propósito, era imposible que él la hubiera mirado durante toda la junta.

No. Sasuke jamás haría eso, o por lo menos no el Sasuke actual.

Suspiró y decidió no derramar ni una lágrima más, y de ser posible ni un latido más. Pudiera que jamás lo entendiera y que nunca entendiera por qué se había alejado de ella de esa manera tan repentina, era posible que desde un principio las cosas tuvieran que terminar así, y era egoísta e hipócrita porque lo mismo que hizo Sasuke con su persona ella lo aplicó con Kiba, su mejor amigo. En los días de primavera lo recordaba y añoraba esos momentos en los cuales jugaban y asistían al colegio, también la forma en que cuidaba a Akamaru acariciando su melena peluda y entendió —por fin— que ella merecía eso. De alguna retorcida manera la vida le estaba pagando la factura.

Siguió caminando y llegó a las afueras de la empresa, era el momento de dejar todo el pasado atrás y dar un nuevo comienzo ahora que ella lo había visto por su cuenta.

Sasuke jamás la querría —si es que la quiso antes— de nuevo.

—¿Hinata?

Oh, ahí estaba él. Su corazón no se desbordó ni sus piernas se volvieron de gelatina simplemente respiró con tanta naturalidad y levantó su mirada. ¿Cuánto tiempo había pasado en ese estado de pensamientos profundos? Pudiera que no mucho, de otro modo sería estúpido haberse quedado dormida en la banqueta.

—Hola.

Sonrió como lo hacía con él, una simple curvatura en los labios. Quería y se esforzaba por que fuera una sonrisa autentica pero no siempre podía ser posible.

—Lamento llegar tarde, supongo la junta ha terminado, ¿no?

—No hay nada que lamentar Gaara, todo está bien.

Todo está bien. Siempre decía esa frase cuando todo estaba jodidamente mal.

—Tengo una sorpresa preparada para ti.

—¿So-Sorpresa?

—Sí, supongo que esta "sorpresa" debería haber quedado en secreto pero soy un poco torpe con este tipo de cosas, así que es mejor prevenirte.

Y también por el hecho de que Gaara conocía cuan nerviosa podía ponerse Hinata en situaciones inesperadas a tal grado de caer desmayada.

La tomó de la mano y con cuidado la condujo a su automóvil, con pasos lentos y cuidando no ejercer demasiada fuerza. Para él, ella era el ser más dedicado de todo el planeta, al cual debía cuidar y proteger sobre todas las cosas, lo supo cuando la vio por primera vez, con ese montón de cuadernos entre sus brazos y su bolso color lila. Ella era diferente a todas las demás, y no tuvo que conocerla demasiado para saberlo, ella era su otra mitad, por la cual esperaría toda la eternidad de ser necesario. Como era de esperarse, el corazón de Gaara sí latía rápido y más cuando tomaba su mano, era la sensación más maravillosa, él que nunca había conocido el amor de una madre y que el único afecto que había tenido en su niñez y adolescencia era el de sus dos hermanos podía decir a los cuatro vientos que jamás la dejaría ir.

Todo hubiera podido terminar de ese modo, pero nadie contó con que alguien los estaba observando desde el otro lado de la calle.

No podía ser otra persona más que Sasuke. La había visto salir de la empresa y tuvo otro impulso —esta vez más fuerte— de dirigirle algunas palabras, tal vez debería empezar por desearle un feliz cumpleaños atrasado o cualquier cosa. Empero, entre todos sus planes —previstos— nunca contó con que alguien más tomara la iniciativa de tomar su mano y llevarla hasta un automóvil.

Era hombre, y conocía a los de su clase. Ese sujeto no era un simple amigo, Hinata no se dejaría tomar de esa manera, ¡era imposible! Apretó los puños y deseó tener una explicación a lo sucedido, ¿por qué ella estaba con ese? ¿por qué no estaba dentro de alguna oficina siendo una niña buena? ¿¡por qué!? Su cabeza comenzó a dar vueltas y no se percató de que ella había desaparecido dejando detrás de sí la duda de qué había pasado en todo ese tiempo.

Regularmente las ganas de saber de ella disminuían cuando hurgaba —disimuladamente— su Facebook y se daba cuenta de que todo seguía como en antaño. Qué curiosa y rara era la realidad que había visto que ella no estaba precisamente sola. No le importaba quién fuera él, ni que fuera de ella, únicamente necesitaba una explicación lógica a todo. Y lo descubriría tarde que temprano.

—¿Bueno?

Odiaba cuando su teléfono sonaba y más cuando tenía telarañas en la mente.

—¡Hola amor!

¡Demonios! De repente, todo volvió a ser como era hasta hace unas semanas, la constante apatía que sentía por ella y por sus muestras de afecto. Apretó el teléfono y quiso decirle que no tenía ganas de hablar con ella, que de hecho si existía un ser todopoderoso le diría que no la quería ver jamás en toda su existencia, sin embargo las palabras no llegaron y se limitó a contestar con un simple y tajante "¿qué quieres?"

—Sólo me preguntaba cómo estabas, hace horas que saliste de casa y no has llegado…

—Te llamo después.

—¡Sasuke!—Alegó por teléfono—, ¿acaso vas a dejarme así con la palabra en la boca?

Y colgó, lo menos que quería era una discusión, no deseaba sumar una más a la cuenta con aquella mujer. Bastante tenía con sus propios problemas como para escuchar su irritante voz.

x-x-x

"—¿Qué? ¿Estás hablando en serio?

Nunca te he dicho una mentira, Sasuke.

¡Estás loco! ¿De qué manera yo podría hacer eso?

No es que nosotros lo deseáramos, corremos un gran riesgo si esto no se lleva a cabo.

¿Por qué yo? Itachi es el mayor, yo tengo una vida ¿sabes?

¿A qué te refieres con una vida? Habla con exactitud Sasuke.

Tú me dijiste una vez que si un Uchiha sabía lo que quería lo tomaría. Y eso fue lo que hice.

A veces Sasuke, las cosas no salen como nosotros queremos.

Eso quiere decir que… ¿todo esto fue planeado? ¿desde la escuela?

Fue una mera coincidencia. Estamos en riesgo y esta es la única manera, cuando yo no esté aquí debo estar seguro que mi legado perdurará, y que este favor que te pido lo cumplirás.

Yo jamás dejaré mi vida a un lado padre.

Entonces Sasuke, este no será un favor, será una orden que debas acatar porque es deber de un Uchiha ver por su familia"


N/A ¡Hola! Espero hayan tenido un excelente día. A partir de aquí iniciará una serie de eventos que serán algo así como una montaña rusa, muchas subidas y muchas bajadas. Y desde luego, un nuevo personaje aparecerá para hacerle la vida de cuadritos a Sasuke y a toda la familia.

Les doy las gracias por todos los reviews, y las alertas... ¡gracias! ¡son los mejores!

Nos leemos pronto, (me esfuerzo por ello).

¡Saludos!

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