Cuarta parte.
Era una persona terrible. Su esposa lo sabía, sus hijas lo sabían e incluso él lo sabía. ¿Cómo pudo hacer eso?, se pregunta, le preguntan. Sabe que su familia terminara perdonándolo, porque fue no fue un acto egoísta que lo beneficiaria a él, sino a su familia. Pero había personas que nunca lo harían.
Lo supo al sentir su rostro contra el suelo, justo después de haber sido empujado violentamente hacia el. Pero lo entendía, sabía muy bien que esa hubiese sido su reacción de haber estado en su lugar.
Burt estaba furioso. ¿Quién hacía eso? ¿Quién chocaba a un chico y lo dejaba a unas cuadras para que se arreglase él solo? Podría matarlo, de no ser porque tenía a dos policías sujetándolos después del golpe violento que le había dado. Todo porque temía ser demandado, ¿tan patético era?
La hija mayor de John, de catorce años, había llegado de la escuela cansada porque se había quedado a practicar Hockey una hora extra. Tiró su mochila y un papel al sofá antes de buscar algo que comer. Quince minutos después, John fue a sentarse en el sofá, cuando encontró el papel, donde decía: "Ayúdenos a encontrarlo", con una foto del sonriente muchacho al que había visto. Su corazón se detuvo, su mente empezó a dar vueltas y vueltas. Abajo se encontraba el número para cualquiera que tuviese información. Ya no se trataba de alguna demanda, sino de la vida de un muchacho.
Los mismos policías que interrogaron a Karofsky fueron hacia la gasolinera en esa área desolada. Era pequeño, con un blanco despintado en las paredes y tenía el cartelito de "abierto" en la puerta.
Adentro los esperaba Héctor, un hombre de 35 años que llevaba unos buenos años trabajando ahí, de cabellos negros y ojos oscuros. Algo le decía que tendría algo interesante que contarle a su mujer cuando los vio entrar, emanando respeto.
_ ¿Cómo puedo ayudarlos?_ preguntó.
_ Buenas tardes, soy la agente Mary Walter y él es mi compañero Bob Turner. Estamos investigando la desaparición de un joven llamado Kurt Hummel.
Rápidamente el oficial le enseño la foto de un muchacho de cabellos oscuros y ojos como el mar, llevaba un uniforme de escuela privada. Sonreía al lado de otros muchachos con el mismo uniforme.
_ ¿Lo ha visto?_ preguntó Bob.
_ Sí, estuvo aquí hace unos días.
No era extraño que, a veces, hubiese chicos tomando afuera del local. Se negaba a venderles alcohol a menores, pero tampoco los detenía si bebiesen alguna bebida que habrían traído de sus casas. Nunca molestaban, así que no le preocupaba.
Sin embargo, le pareció algo inusual la conducta de aquel muchacho. Estaba pálido y parecía estar enfermo. ¿Estaba borracho?
_ ¿Puedo usar su teléfono?_ dijo Kurt suavemente. No, no estaba bien.
Héctor asintió, mientras lo veía marcar los números desganadamente. Vio como se reflejaba en su rostro la desesperación al ver que el teléfono no funcionaba, Héctor también se acababa de enterar. Kurt colgó de forma brusca el teléfono.
_ ¿Te encuentras bien?_ preguntó Héctor. El muchacho de ojos azules, respiró profundamente antes de responder.
_ Necesito llamar a una grúa. Yo… estuve en un accidente y tengo que ir a mi colegio… Quiero llamar a mi papá, pero no quiero que se ponga mal…
Sí, estaba débil. Pudo comprobarlo al ver que casi se cayó al intentar dar un paso. Héctor fue a ayudarlo rápidamente. ¿Un accidente de auto? Nunca prestaba atención a los autos, pero sabía que no había pasado muy cerca de ahí, ¿había venido caminando?
_ Tengo sed._ dijo Kurt, casi desesperado. Mucha sed.
El hombre asintió, fue a buscar una botella de agua, que se encontraba al otro lado del local. Ni rápido ni lento, fue hacía allá. Cuando tomó la botella, pudo sentir la puerta abriéndose. Fue a ver, solo para comprobar que Kurt ya no estaba. Miró a través de la puerta de vidrio, con la botella de agua aun en su mano, y vio a Kurt vomitando mientras alguien echaba su flequillo hacia atrás.
_ ¿Qué estas haciendo?_ preguntó Héctor saliendo del local, mirando fijamente a ese muchacho.
Lo había visto anteriormente por ese lugar. Solía usar ropas oscuras, aunque en ese momento no lo hacía. Tenía un cabello color azul que iban muy bien con el color de sus ojos, tenía la misma estatura que el chico en uniforme, tal vez un poco más alto. No tenía pinta de ser estudiante, pero lo era. Y también le gustaba tomar y fumar por esos lugares, junto con sus amigos igual de raros.
_ Si no te diste cuenta, es un menor._ dijo Héctor.
_ Tal vez este un poco loco, pero no soy ningún pervertido. Este chico salió tambaleándose de tu local y empezó a vomitar. A mi parecer, eres tú el sospechoso_ dijo, para su sorpresa, muy tranquilo._. ¿Qué sucedió?
Pero Kurt no respondió. Tomó la botella de agua y la bebió como si llevase días sedientos.
_ Quise ir a Dalton, no quiero faltar… pero me siento mal. Yo…
_ Estuvo un accidente de auto… ¿Cómo llegaste hasta aquí?
Siguió sin responder, vomitando otra vez.
_ Voy a llevarte al hospital…
Kurt negó con la cabeza. Odiaba los hospitales y quería pretender que lo que le pasaba no era más que un susto. Debía llamar a una grúa, eso era todo.
_ No puedes ir a tu escuela así, necesitas que te vea un medico.
_ ¡No voy a subirme al auto de otro extraño!
_ ¿Otro? ¿Así es como llegaste hasta aquí?
Pero Kurt no respondió, se sentía… débil. Y otra vez, se quedaba sin otra opción.
Subió a su auto, eso fue lo último que Héctor vio. Pero lo que él no sabía era que Kurt le había hecho prometerle algo a aquel muchacho que lo iba a llevar al hospital.
Blaine respiró profundamente antes de entrar al cuarto de su novio. Para ser la habitación de un adolescente estaba muy ordenada.
Estaba tan cansando y lo extrañaba tanto.
Nadie había entrado en su habitación desde que… bueno.
Se acostó en su cama y cerró los ojos, aspirando el aroma de Kurt de su almohada. Sonrió pese a que su corazón le dolía.
