Hola! Primero antes que nada una disculpa por la tardanza, espero no tardarme para subir el próximo (ya lo empecé ) este capítulo me emocionó mucho y espero que a ustedes también, y descuiden las interrogantes se irán resolviendo conforme avance la historia. Muchas gracias por todos los reviews, me motivan a seguir!
La hora del pánico se había ido diluyendo poco a poco, la chica se encontraba en esos momentos en el baño curando su resaca e intentando resucitar su mente ahogada de alcohol.
Había desechado la idea de la ducha prefiriendo un baño, el vapor ascendía en suaves volutas sonrojando sus mejillas, movió un poco el jabón tallando la piel de sus brazos. Su orgullo no le permitiría olvidar tan fácilmente la nariz arrugada de Hipo al estar de nuevo en pie y semi tranquila del encontronazo.
Porque una cosa es saber que el mejor amigo del sujeto del cual estas enamorada es un dragón…Otra muy diferente es despertar con él encima.
¿Qué iba a hacer con un condenado reptil ultra desarrollado en su pequeño hogar?
Pero mientras el mundo se desmoronaba para Astrid, el castaño se abrazaba con brazos y piernas al cuerpo de su mejor amigo en el mundo. El dragón correspondía como solo él podía hacer; abarcando toda la espalda del humano con su cabeza.
-Monsieur Hipo, cuánto tiempo sin veglo- El chico cayó de culo al suelo asustado por la repentina aparición mágica.
-He podido gesolveg su pgoblema- El mago realizo su típica y teatral reverencia presentándose.
-¿Cómo has podido resolver mi problema si sigo aquí?, además has traído a Chimuelo también- El chico se levantó recogiendo su dignidad del piso.
-Oh, pego no ese pgoblema, el pgoblema de que usted iba a morir de seguig sepagado más tiempo de su pequeño amigo- Hipo se sentó con tranquilidad en una de las sillas del comedor de cuatro. ¿Morir?
-¿Por qué no me lo dijiste? y ¿Qué tiene que ver Chimuelo?- Ahora comenzaba a asustarse dimensionando el alcance de la situación; había estado al borde de la muerte sin enterarse.
-Sencillo amigo, ¿recuerdas quien es tu ancla al pasado?- El acento desaparecido ante la seriedad del asunto.
-Chimuelo-
-Chimuelo donde estaba, jalaba una parte de ti mientras que la chiquita aquí jalaba su parte, eso hubiera destrozado tú corazón a la larga- Hipo mantuvo un semblante inexpresivo acariciando ausente la cabeza negra y caliente.
-Pero si Chimuelo está aquí, entonces… ¿Cómo regresaremos a Berk?- El mago levantó su dedo índice abriendo su boca para contestar.
Humano y dragón esperaron por la que sería la resolución de todos sus problemas.
-No tengo idea- El corazón de Hipo inició una alocada carrera intentando salirse de su pecho.
Yo lo mato.
-Creo que no había pensado en eso muchachos…saben, tengo algo pendiente que hacer, ¡nos vemos luego!- El sujeto desapareció dejando una cortina de humo en su lugar.
¿Qué iba a hacer ahora con Chimuelo en ese lugar?
Un nuevo asalto de la lengua del dragón a su cara, y el muchacho se dijo que la respuesta ya llegaría.
La puerta del baño se abrió en una delgada rendija distrayéndolos a ambos, una cabeza, rubia y mojada se asomaba tímidamente por la abertura.
El reptil se relajó sentándose cómodamente en sus cuartos traseros, elevando la cabeza en una digna posición mostrando casi con orgullo la totalidad de las correas que rodeaban su cuello y torso.
Hipo se aproximó despacio hasta la chica, le ofreció su mano sonriéndole de la forma más amable posible, la mujer alzó la suya tomándola con confianza y despacio salió del baño caminando detrás del muchacho.
El chico extendió su palma libre e inmediatamente la criatura había juntado su nariz dejándose acariciar, con paciencia fue acercando la mano femenina hasta que ésta había reemplazado el tacto de Hipo.
Los ojos verdes y sesgados miraron a Astrid con pupilas dilatadas, una boca sin dientes le sonreía amistosa.
Chimuelo.
Ahora entendía.
Se mojó los labios acariciando débilmente la textura escamosa, aferró la toalla con más fuerza a su cuerpo; había olvidado que la traía. Sintió el pecho de Hipo pegándose a su espalda, jurando que podía escuchar su nariz olfateando su cabello limpio.
Los dedos recios de Hipo acariciaron con suavidad la espalda desnuda de la chica; Astrid dejo que el panal de abejas en su estómago se tranquilizara antes de poner pies en polvorosa a su habitación dejando extendido el brazo del jinete.
Una vez dentro de su remanso particular de paz, Astrid pensó, detenidamente y con cabeza clara en su situación actual.
Que excelente semana elegí para pedir mis días libres.
¿Cómo usar el trabajo como escape ahora?
Casi con furia terminó de ponerse la ropa, una vez lista se enfrentó a una incógnita no reflexionada; ¿Salir o no salir? ¿Qué haría todo el día metida en la casa con esos dos? Encima uno era un enorme lagarto que ocupaba gran totalidad de su sala.
No debo ser cobarde.
Salió con decisión de la recamara, pisando firme y con la espalda erguida, tragó con dureza el nudo en su garganta observando a jinete y dragón disfrutando su mutua compañía tirados en la alfombra.
Chimuelo mantenía su gran cabeza apoyada en los muslos del muchacho que hacía zapping sin decidirse por ver algo en especial. Su espalda recargada en el sofá.
Astrid se aproximó recelosa hasta sentarse a un lado del chico en el piso, la criatura ronroneó olisqueándola, ofreciéndole una mirada de curiosidad. No era novedad encontrarse humanos temerosos, pero esa en específico actuaba extraño.
Un brazo masculino rodeó los hombros delgados de la muchacha, un apretón y quedo pegada a Hipo, por ende, al dragón, quién respondió repartiendo el peso de su cabeza entre las piernas de ambos.
La rubia mujer se sintió maravillada, por primera vez libre de nervios.
La noche estaba fresca por obra de algún milagro, Hipo mordió su labio inferior indeciso, a su espalda Chimuelo lo animaba con enérgicos empujones.
Las puertas dobles del balcón estaban abiertas de par en par, una brisa incitante ondeaba las sencillas cortinas de gasa, Chimuelo se adelantó pasando a duras penas por la abertura subiendo sus patas delanteras a la barda.
Los ojos verde incandescente le miraron ansioso, subiendo las extremidades faltantes guardó un equilibrio precario y puso en peligro la estabilidad del concreto. Extendió las alas tentando al joven vikingo.
El corazón del hombre golpeó con dureza su tórax, olvidándose de todo se sujetó a la silla antes de que su compañero alzara el vuelo. Por primera vez en tanto tiempo observó las nubes desde arriba, subieron más alto donde el aire se volvió frio, movió su prótesis conectando a la de su amigo.
Hipo no llevaba su traje de vuelo, pero eso no le impidió soltarse para caer al vacío con un gritó de júbilo brotando desde lo más hondo de su pecho, giró un par de veces antes de alinearse y continuar con un vuelo tranquilo, aun sintiendo los rescoldos del vértigo en su estómago. Subieron con tranquilidad disfrutando por fin de su pequeña rutina particular.
Chimuelo agitó sus alas eufórico, cinco años juntos a sol y sombra habían logrado que cualquier separación fuera dolorosa.
El chico extendió sus brazos siguiendo la suavidad del paseo. Eso fue hasta que el dragón se estremeció nervioso. Poco después un Boeing 777 les pasó casi por encima desestabilizándolos.
Cayeron unos metros asustados de muerte, esperaron a que el hígado dejara de aferrarse a los riñones antes de reír con carcajadas histéricas.
-Busca agua amigo- Chimuelo asintió olfateando al aire.
En unas pocas horas llegaron a la presa del poblado donde con ayuda de una red, cortésmente enviada por aquel extraño mago, sacaron una buena cantidad de pescado del agua.
Se ocultaron en lo profundo del parque donde encendieron una fogata cocinando el marisco para el humano. En cambio el montón asqueroso de peces crudos hicieron feliz al furia nocturna.
El muchacho suspiró con el estómago lleno antes de acostarse entre las alas abiertas de su mejor amigo, sintiendo el diminuto pellizco de culpa por no regresar a casa de la rubia. Comenzó a adormecerse escuchando el ritmo pulsante del corazón del dragón; ya se explicaría por la mañana.
Astrid despertó temprano, era un nuevo día y ella ya comenzaba a sentirse holgazana, tomó el teléfono al salir de la ducha marcando a su recepcionista favorita avisando que se incorporaría ese día al cuerpo. Se permitió escuchar los chillidos emocionados unos segundos antes de colgar el aparato.
Sonrió imaginando el alboroto que Loraine causaría al llegar a la jefatura, sería un largo día.
Caminó por el desierto pasillo entrando a su habitación, abrió el armario con suavidad para sacar su uniforme, se lo puso sin mucho interés y salió con rumbo a la cocina mientras amarraba su trenza. Ahí dejó a la cafetera hacer su trabajo para dedicarse a untar mantequilla a un par de rebanadas de pan integral.
Masticó con parsimonia escuchando las noticias matutinas a un volumen bajo. No había avisado a Hipo que se reincorporaría a trabajar, por lo tanto seguramente seguiría dormido a esas horas. Se levantó dejando acomodando el plato y la taza ya limpios.
Abandonó la cocina para detenerse frente a la última recamara con el puño en alto, dudosa en si llamar o no. Soltó tres toques quedos mientras soltaba un bufido de frustración; aporreó la puerta al no encontrar respuesta al otro lado.
Algo iba mal.
Astrid abrió la puerta del dormitorio temerosa de encontrar un dragón enorme atravesado. No lo había, y eso era peor. Empujó completamente la puerta y el corazón se subió a su garganta de un brinco.
Vacía.
Soltó el pomo de metal antes de correr a la sala buscando la pequeña vasija de las llaves, quitó las suyas buscando las de Hipo, los delgados pedazos de acero reluciente le devolvieron un gesto de burla, brillando con los entrantes rayos del sol. Arrojó las suyas de nuevo al bote con angustia antes de dirigirse al cuarto del muchacho, entró saltando la cama, casi cayendo en el recorrido, abrió con fuerza la puerta del enorme armario de madera tallada, herencia de su difunta abuela.
Sus ojos buscaron con desesperación entre las prendas de su hermano, encontrando lo que buscaba con tanto ahínco; el traje de vuelo desentonaba, resaltando implacable entre las camisas pulcramente dobladas.
Sus dedos rozaron el cuero duro asegurándose de la realidad. El traje seguía ahí.
Pero Hipo y el dragón no.
Quizá solo había sucedido, tal vez él tampoco se había dado cuenta y por eso no había podido despedirse, sacudió su cabeza percatándose que no podía encontrar la razón.
La chica sintió sus ojos arder y su garganta cerrarse por el esfuerzo de contener el llanto. ¿Dónde habían quedado las promesas? Miró una vez más la ropa de hombre, duras memorias golpearon su mente reviviendo la congoja.
Una vez más tendría que empaquetar aquellas prendas, con la diferencia que habría una extra en la caja esta vez.
El timbre le atronó sus oídos haciéndola girarse bruscamente, la esperanza se aferró tercamente a su pecho y ni siquiera pensó en ver por la mirilla al abrir la puerta con violencia.
-¡Hipo!-
No era Hipo.
-¡Vamos amigo necesito que cooperes!- El dragón brin coteaba ignorando las ordenes de su jinete, demasiado emocionado para mantenerse quieto, el vuelo nocturno le había regresado su habitual humor juguetón.
El castaño se sentó, agotadas su energía y su paciencia, el cuerpo grande y pesado de Chimuelo lo derribó recargándose sobre su pecho y estómago, el muchacho rio, dándose por vencido acarició por última vez los párpados cerrados de la criatura antes de ponerse serio y levantarse.
-Por favor Chimuelo entra en la cueva- El dragón se levantó mirando con escepticismo la pequeña gruta en el suelo que el chico insistía en llamar "cueva"
-Por favooor vamos, solo un momento para saber que puedes entrar ahí, necesitas un escondite por cualquier emergencia- Chimuelo lanzó algo bastante similar a un suspiro antes de colar con habilidad su elegante cuerpo por la abertura.
Sus ojos abiertos asomaron entre la maleza con la que el muchacho cubrió la entrada desde arriba quedando como una cortina natural.
-Excelente, puedes salir amigo- El chico no tuvo que repetirlo dado que el escondite podría causar claustrofobia a más de uno.
El castaño dio un último vistazo al claro donde había conseguido un lugar lo bastante oculto para su especial compañero, los árboles y arbustos tupidos podrían dar la suficiente discreción. Después de una corta despedida emprendió camino hacia la entrada del parque.
Hipo agradeció la enorme suerte con la que contaba, el parquecito era en realidad solamente la "zona civilizada" entre más te adentraras, el bosque iba empezando a abrirse camino en la falda de una montaña, el clima era fresco y el aire limpio, ideal para el dragón, sin mencionar con todo el espacio con el que contaría.
Además de la orden expresa de no permitir que nadie lo viera y no salir del lugar por nada del mundo.
Su prótesis de metal comenzó a resonar a medida que iba dejando atrás los caminos de tierra para ir a encontrarse con el concreto de las veredas peatonales, caminó sin prisa con las manos en los bolsillos, silbando una alegre canción de su tierra mientras se devanaba los sesos pensando en cómo ofrecer las disculpas que tenía que dar. Con suerte Astrid continuaría dormida y no se habría enterado de su escapada nocturna. Estando en descanso no tendría razón para levantarse temprano.
El muchacho apretó sus labios incomodo, detestaba pensar en eso, pero le era inevitable, otra de las razones por las cuales regresar a su tiempo era lo mejor. De quedarse ¿A que quedaría reducido él? ¿Un mantenido?
Extrañaba trabajar, la fragua y a Bocón con sus chistes malos y groseros, con sus platicas interminables sobre ropa interior y sus buenos consejos. Extrañaba a su madre, con su extraña forma de ser y sus caricias filiales con una pizca de inseguridad. Extrañaba incluso a los gemelos ¿Qué tan desesperado era eso?
Bastante.
El edificio estaba cerca, un par de cuadras más. El ritmo constante de sus pisadas creaba eco con fuerza en la calle solitaria, la puerta estaba casi al alcance de su mano.
El chico compuso su mejor sonrisa pensando en Berk, en cómo serían las cosas allá con aquella rubia a su lado, en como ahí no tendría que quedarse en casa a cuidar de los niños y a mantener limpio. Ahí podría tener su lugar como el jefe, podría ser el cabeza de la familia. ¿Cómo podría lograr eso ahí varado donde estaba?
Sin mencionar la situación con Chimuelo, ¿Sería capaz de dejarlo?
No lo creía posible.
Estiró el brazo empujando la puerta de cristal blindado para entrar cuando un reflejo le llegó desde un par de calles más adelante.
Azul. Azul eléctrico.
Ese día, Hipo corrió adentro como si la muerte roja hubiera regresado a perseguirlo.
-No me esperabas ¿cierto? No a mí- Astrid intentó cerrar la puerta frente a las narices de Vinnie, pero un brazo fuerte lleno de esteroides le detuvo echándola de regreso, empujándola a ella en su camino hacia atrás.
La muchacha trastabillo retrocediendo buscando instintivamente la funda en su cadera.
No había tomado el arma.
La glock calibre 38 seguía asegurada en su armario privado, junto a su gorra y su nueva y reluciente taser.
La chica mordió su labio inferior indecisa de que hacer, optó por callar y esperar lo peor, su cuerpo tenso como las cuerdas de un violín esperando a correr o atacar.
-Él no está, lo sé, no se presentó hoy a su caminata diaria- Astrid tragó duro aguantando la histeria, Vinnie dio un paso al frente, la puerta cerrada a su espalda. No era más alto que ella, pero definitivamente era una mole de músculos.
-¿Ahora me espías?- Astrid se felicitó mentalmente porque su voz no temblara al salir de su boca.
-No, a él, desde que lo metiste en tu casa, todos los días sin excepción se larga a dar vueltas como un idiota a la cuadra mientras tú trabajas- La chica dio un paso atrás buscando aumentar la distancia entre ambos.
-Pero ahora no, y solo había dos posibilidades, que estuviera contigo o que no estuviera, tenía que arriesgarme y mira tú qué suerte- El hombre rió seguro de sí, curvando su cabeza a un lado, el cabello al estilo militar resaltaba las venas en su cuello dándole un aspecto horrible.
Se lanzó hacia ella con el impulso de un rinoceronte en estampida, Astrid dio un paso alzando su puño derecho directo hacia la mandíbula cuadrada del hombre, él iba listo y esperando esa maniobra levantó su brazo bloqueando el golpe, pero ella también se lo esperaba de él y su palma izquierda voló hacia la nariz del sujeto rompiéndosela, la sangre del tipo le salpicó en el rostro, pero la chica no iba a pararse a pensar, lo pasó de largo con dirección a la puerta de entrada, sus dedos solo alcanzaron a rozar el picaporte cuando un agarre férreo le sujetó la trenza doblando su espalda hacia atrás.
Una mano enorme se cerró con furia sobre su garganta cortándole el paso de aire a sus pulmones, el dolor estalló en la parte posterior de su cráneo nublándole la vista, una vez más Vinnie aplacó su rabia golpeándole la cabeza contra la pared hasta que sus uñas dejaron de clavarse en la carne de la tenaza que le apretaba.
La oscuridad se cernió sobre ella y un pitido ensordecedor llenó sus oídos, Astrid solo pudo pensar en que ese era el sonido que producían sus neuronas muriendo.
Los dedos se abrieron dejándola caer con pesadez sobre la alfombra, el cuerpo femenino se desplomó cayendo como una muñeca maltratada por una niña caprichosa. Respiró con desesperación aclarando poco a poco su vista, intentó incorporarse apoyándose en sus codos buscando retroceder, su garganta ardió al soltar un grito y un sollozo.
Se sintió sujeta nuevamente, esta vez de la parte delantera de su camisa, frente a sus ojos vio el rostro sangrante de Vinnie, sus labios curveados en una sonrisa psicótica, el vital fluido se deslizaba desde la nariz, goteando por la barbilla.
Un estruendo sacudió la sala de estar y Astrid pensó que había sido azotada contra el piso debido al potente dolor de cabeza, pero no, no había sido Vinnie golpeándola. Hipo había entrado astillando el marco de la puerta, el muchacho ni siquiera se había detenido a revisar que estuviera cerrada, simplemente se había lanzado con toda la fuerza y el impulso que fue capaz de conseguir, agradeció que esta no fuera muy gruesa, gracias a eso no había perdido la carrera cuando entró y se encontró con la escena.
Sus piernas se movieron solas lanzándolo contra el intruso derribándolo con el impacto, su puño izquierdo golpeó una y otra vez el rostro del tipo.
La chica se sujetó del sofá izando su cuerpo con las fuerzas que le quedaban, la desorientación le dejó ver al castaño golpeando furiosamente contra la mancha rojiza en que se había vuelto el rostro de Vinnie, eso hasta que él recordó su propia fuerza y con ambos brazos había mandado prácticamente volando al delgado chico haciéndolo estrellarse, destrozando la mesita de café con su peso.
Sus piernas fallaron y sus pulmones se quejaban a cada dolorosa respiración, un chllido se escapó de sus labios al ver como Hipo rodaba evitando por poco el impacto del torpedo en que se había transformado el brazo del hombre, pero no fue tan rápido la segunda vez, el enorme puño se estrelló en su cara enviándole señales de dolor a su cerebro, una, dos, tres veces y seguía, bajó a las costillas martillando los costados.
La rubia sujetó con fuerza un trozo de la mesita hecha pedazos, mordió sus labios al golpear con éste justo en la sien del enloquecido acosador, desgraciadamente para ella, sus fuerzas actuales no eran las mismas, débil como estaba por el reciente ahogamiento.
El azote había sido lo bastante como para mover la cabeza redonda de Vinnie, pero no lo suficiente para dejarlo inconsciente que era lo que la chica quería, el hombre se giró con sus ojos inyectados, soltó al muchacho que al verse libre no perdió tiempo en ver que tanto le dolían las partes de su cuerpo. Frente a él, tenía los pies de aquel animal, seguro y completamente inmóvil decidiendo en si ir tras la perpetradora o quedarse a terminar el trabajo iniciado en su persona.
Cuando los pies comenzaron a moverse en dirección a Astrid sintió su sangre arder en sus venas, dobló su columna hasta que una de sus manos se coló por su bota, sacó su cuchillo de caza, guardado y oculto en su estuche, la hoja se movió ligera haciendo un corte superficial en la pantorrilla derecha de Vinnie.
Él se volvió con un gruñido buscando el culpable, Hipo se levantó tirando lejos el arma, con el sentido del honor demasiado arraigado para pasar por alto que su oponente llevaba las manos desnudas.
-¡Yo estoy aquí infeliz!- El grito del castaño espoleó al hombre a lanzarse nuevamente contra el muchacho. Ambos se estrellaron, rodaron por el piso intercambiando puños, mezclando sus sangres en la pelea.
El dolor hizo su aparición por toda la espalda de Hipo cuando el mastodonte híper desarrollado lo empotro contra la pared, sus pies dejaron de tocar el piso y la vista se le empañó en rojo.
Rojo, rojo, rojo. Todo se veía en rojo.
A punto estaba de levantar su prótesis con dirección a la entrepierna de Vinnie cuando un disparo le dio en pleno hombro a aquel desgraciado. Un grito desgarrado y el repentino espasmo del impacto liberaron a Hipo de la prensa, el chico cayó de pie juntando sus dos manos, apretándolas en un solo puño para golpear con todas sus fuerzas justó en la mandíbula. El hombre azotó como una res sumiéndose en las profundidades del K.O. El castaño dobló sus piernas, poniéndose de rodillas a un lado de la extremidad herida, cortó su propia camisa en tiras y lienzos para taponear la hemorragia.
Astrid dejó su pistola en la mesa con relativa calma, asimilando apenas los acontecimientos. ¿Por qué no había tomado la taser?
Ahora estaba completamente jodida.
Había disparado a un civil desarmado, teniendo al alcance un arma de electro choque precisamente ideada para ese tipo de situaciones. Asuntos internos metería sus narices y probablemente terminaría suspendida, Vinnie la demandaría, los abogados la dejarían en la calle.
Pero Hipo estaba ahí, eso se sobrepuso a sus cavilaciones, ¿No se había ido?
Al parecer la respuesta era un no.
Deseó pedirle que dejara de intentar salvar al muy infeliz, ojalá hubiera tenido un poco más de locura para volarle la tapa de los sesos, así ¿Quién rebatiría su versión?
Hipo terminó y se giró completamente pálido, se levantó y en menos de dos milésimas lo tenía frente a ella, sintió sus palmas húmedas contra sus mejillas, palpando su frente, y acariciando con la más absoluta delicadeza la piel herida en su cuello.
El panal de abejas se instaló de nuevo en su estómago al ver con atención el rostro masculino, el corte en su ceja no dejaba de sangrar bañándole el lado izquierdo de la cara, uno de sus ojos comenzaba a inflamarse; seguramente se pondría negro.
Se le cortó la respiración cuando unos labios chocaron con los suyos moviéndose casi frenéticos.
Sabía a hierro, a hierro y desesperación, y aún así fue el mejor beso que tuvo en su vida.
Las sirenas se escuchaban más fuertes a medida que se acercaban, ¿Policía? ¿Ambulancia?
¿Y qué importaba?
La ropa de su hermano podría continuar en el armario.
¿Y que tal? ¿merece por lo menos un reviewsito pequeñito? se que me estoy pasando con todos estas problemáticas y cosas extrañas que pasan, pero así viene la inspiración y no la desaprovecharé XD, descuiden planeo atar todos los cabos en el transcurso.
