¡Holaaa! ¿A que no me tardé mucho, verdad? Muchas gracias por sus lindos comentarios, los leo todos y cada uno de ellos. Espero que les guste este capítulo. ¡Un abrazo!


Capítulo 4.

-Ino-

Haber entrado a esa farmacia de tal modo, como un asesino escondiéndose, fue lo más traumático que he podido hacer –exceptuando mi boda, ese es el trauma que aún cargo encima- y fue peor al pedir las 5 pruebas de embarazo más caras de todo el lugar, porque me negué rotundamente a hacerme un examen de sangre.

Tomé las 5 cajitas diferentes, algunas verdes, una roja, otras azules, y las coloqué una al lado de la otra, en el baño. Eran las 4:00am y Sasuke estaba dormido en el sofá. No estaba borracho, así que dudaba mucho que entrara a mi recamara buscando amor.

Tampoco lo ha hecho nunca…

Y empecé. Una a una fui destapando y usando, cerrando los ojos del miedo, con los vellos de los brazos erizados y el corazón a mil por hora.

Los minutos necesarios pasaron y dejé que pasaran otros más. Los nervios me tenían dando vueltas por todo el baño, contando los azulejos, viendo los posibles errores en el techo, buscando excusas donde no las hay para retrasar el momento.

Me armé de valor, las tomé y las junté nuevamente sin ver nada aún, hasta que luego de un gran suspiro, abrí los ojos, contemplando los cinco resultados idénticos.

-Positivo. –Susurré sin voz y con los ojos llenos de lágrimas, porque el segundo error ya estaba hecho.

Estaba embarazada.


-Sasuke-

Soy un imbécil. ¿Qué demonios estoy haciendo? El pánico estaba preso en los ojos de Sakura, la desesperación estaba haciendo estragos en ella –y en mí- y ya no sabía como detener los malditos impulsos cuando estaba a mi lado. No me detenía, no lo pensaba, no asimilaba mi movimiento cuando ya lo estaba haciendo. Ya no me podía controlar cuando ella estaba cerca de mí.

No estaba en mis planes besarla, más bien deseaba ignorarla, pero no… tuve la brillante idea de hacerme el loco sólo para que se acerque. ¡Y quien la manda a ella de tonta! Como si yo no pudiese ver un error tan claro, como el que estaba en esos papeles.

No puedo mantenerme alejado de ella. Haber sentido su aroma, haber visto sus labios tan cerca… Dios… Cerré los ojos y me di la vuelta, dándole la espalda, tras esperar un segundo golpe que nunca llegó. Deseaba tanto abrazarla, estrecharla entre mis brazos, no soltarla en un buen rato. Decirle al oído que todo iba a estar bien, que sólo era una pesadilla, que Ino no existía, que yo la quería a ella y sólo a ella.

-¿Por qué estás haciendo esto? –Su pregunta fue un susurro lejano, más para ella que para mí, pero no pude evitar sentir el dolor correr por mis venas. La estaba lastimando, lo sabía. Y ella no lo merecía, no cuando todo fue mi culpa.

-¿Qué pasa, hermano? ¿Estás aburrido? ¿Dónde está Ino? –Itachi estaba a mi lado, en la fiesta de despedido de soltero que le había organizado. El que me haya nombrado a la rubia, casi me hace gritar. Me iba a volver loco si seguía así, este infierno… maldición, esto sí que era un infierno, y no me refiero tanto a mi boda con ella, sino a la pelirrosa completamente ebria que estaba meneando las caderas a menos de 4 metros de mí, con sus amigas. Concéntrate, idiota…

-Se quedó en la casa, anda en sus días. –Sonreí un poco para que se lo crea y él sólo rió algo fuerte, un poco pasado de copas, y me dijo divertido.

-Con razón estás así, te falta diversión, ¿no? –Y me codeó las costillas, tuve que sacar la risa de donde no la tenía y hacerme el ofendido. Si tan sólo Itachi supiera lo que nuestro padre había armado… estaría en contra de todo y me hubiese ayudado, pero no valía la pena, ya era muy tarde.

Fijé mi vista en la pista de baile y Sakura seguía bailando a un ritmo sensual, haciendo girar sus caderas y su trasero de un lado al otro, girando sus hombros, moviendo sus senos, haciendo que el deseo subiera por todo mi cuerpo.

Encendiéndome.

Y mientras daba vueltas, su mirada cristalina se topó con la mía. Ella estaba ebria, la había visto tomar demasiado, había notado sus cambios de humor y su risa exagerada, ella estaba completamente borracha y me estaba viendo como si quisiera comerme. Y era la primera vez que lograba llamar su atención.

Ella huía de mí cada vez que me acercaba, evitaba mi mirada y se comportaba a la altura de ser la contadora personal de mi hermano y que justo ahora, estando así, me mire de esa forma… está haciendo estragos en mi cordura.

Itachi había desaparecido por la puerta lateral del bar que alquilé, y esa puerta daba hacia los cuartos. Sonreí, que lo disfrute, porque será la última vez que haga algo así.

Volví a mirar a la pista y fruncí el ceño, la pelirrosa ya no estaba.

Me giré para pedir otro trago y la vi a mi lado, rozando su brazo con el mío mientras pedía al barman un vodka, acercando su pierna a la mía de manera inconsciente, aún meneando los hombros, bailando en esa silla mientras esperaba su trago, con la mirada encendida con algo de deseo e inocencia, y las mejillas sonrojadas ante su estado.

Y sonreí, porque esta noche pensaba divertirme, me costara lo que me costara.

-Sakura… -Me giré a verla al mismo tiempo que ella giraba y casi salía corriendo de la oficina. Algo hizo click dentro de mí y la alcancé antes de abrir la puerta. La tomé del brazo y la apoyé en la pared tras un golpe sordo; ella cerró fuertemente sus ojos, evitando mirarme, soportando las lágrimas lo mejor que puede y, aunque quise alejarme y dejarla ir, no pude.

-Suéltame. –Me susurró casi sin voz, sin fuerzas. Me negué a hacerlo. -¡Suéltame! –Elevó la voz, abrió sus ojos y forcejeó conmigo.

-Escúchame. –Le pedí, ¿pero qué iba a decirle?

-¿Qué más quieres de mí, Sasuke, qué? – ¿qué quería? La quería a ella.

Abrí la boca para responder, pero tuve que cerrarla nuevamente y echarme para atrás al recibir un empujón de ella. Habían abierto la puerta de la oficina.

-Sasuke, mandé a Sakura a… -Itachi había dejado de hablar para mirarnos. No pudimos reaccionar tan rápido. La situación se tornó tensa y mi hermano cerró la puerta tras entrar completamente. -¿Pasa algo? –Fijó su mirada en ella y su semblante cambió por completo. -¿Te sientes bien, Sakura? –Mi mirada también se posó en ella y noté que estaba pálida. Por Dios, se iba a desmayar.

-Sí, sí, estoy bien. Permiso. –Se alejó de mí, pasó de largo a Itachi y salió de la oficina, todo en menos de un segundo.

-¿Qué fue eso, Sasuke? -¿Cómo le explico a mi hermano todo esto?

-Se sintió mal, iba a ayudarla pero se negó. –Rogué que se lo creyera. Frunció el ceño, fijó su mirada en el suelo y suspiró.

-También se sintió mal en mi oficina, creo que no está alimentándose bien. –Ahora fue mi turno en fruncir el ceño.

-¿Lleva mucho así? –Se sentó en la silla frente a mi escritorio y yo lo imité.

-No me he fijado, para serte franco, pero esta mañana se puso pálida. No la veo bien. –Y me miró, suspicaz, analizándome. -¿Tú no sabes nada?

-No entiendo. –Me puse serio. Él dudó, negó un poco con la cabeza y relajó el semblante.

-Olvídalo. Vine para preguntarte directamente si notaste el error en las cuentas. –Asentí. –Bien, porque el mes pasado… -No lo escuchaba. El seguía hablando sin parar de la empresa pero yo no podía enfocarme.

¿Sakura tiene tiempo sintiéndose mal?


-Sakura-

Necesitaba respirar. Me estaba ahogando. ¿Cómo demonios me vine a meter en esto? ¡Por Dios! Es el hermano de tu jefe, estúpida.

Esperé que el ascensor abriera sus puertas y entré, pulsando el botón de la terraza. Me miré en el espejo del lugar y casi me echo a llorar. ¿Y si Itachi se daba cuenta de algo? ¿Y si Sasuke le contaba y yo perdía mi trabajo?

Las puertas se abrieron y salí, topando mi mirada con el bonito lugar. Este es uno de los edificios más altos de la ciudad, la vista era espléndida, el aire era más puro, libre del humo del tabaco, de los carros, totalmente puro para respirar.

Y, aunque estaba respirando, aún me estaba ahogando. Las emociones me estaban asfixiando, sentía una soga alrededor de mi cuello, negándole el oxígeno a mis pulmones.

-Por favor, necesito respirar. Necesito respirar. –Abrí la puerta que daba al pequeño borde del edificio y me sujeté de la barandilla, susurrando plegarias al cielo.

El karma estaba haciendo de las suyas, lo sabía. Yo tenía que haber detenido toda esta locura cuando pude. Pero no, me tuve que enamorar de un hombre casado. De un hombre felizmente casado.

El mar estaba a lo lejos, pero no por eso se veía menos hermoso. Los carros lucían pequeños desde esta altura. Traté de liberar mi mente unos minutos para poder pensar con claridad. No podía desequilibrarme de nuevo, había decidido darle un fin a todo esto y pensaba mantenerlo.

Respiré unos segundos más y suspiré, dando medio vuelta, volviendo por donde vine. Ya no era una niña de 15 años, ahora soy una adulta y debía comportarme como tal, debía asumir mis errores y aprender de ellos.

Porque Sasuke Uchiha era el error más grande del cual me tuve que enamorar.

-Sakura, ¿se puede? –Tenten estaba tocando mi puerta, asomando su cabeza, viéndome asentir en respuesta. Dejé de ver la pantalla del ordenador y me enfoqué en la morena.

-¿Pasa algo, Tenten?

-No, sólo venía a ver si estabas bien. –Alcé una ceja, interrogándola con la mirada. Ella se encogió de hombros, mordió su labio inferior y se sentó frente a mí. –Te vi salir de la oficina de mi jefe completamente pálida, ¿está todo bien con él? –Ahogué un chillido. Tenten era la secretaria de Sasuke y una buena amiga; pero demasiado observadora.

-Sí, todo está bien con él, es sólo que no había comido nada y me estuve a punto de desmayar. –Puse cara de culpa y alcé la bolsa del desayuno que me obligué a comprar al bajar. Ella negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

-Te esfuerzas demasiado, trabajas demasiado. Deberías enfocarte en otras cosas, Saku. ¿Qué pasó con aquel guapo pelinegro con el saliste aquella vez? –Sai.

-No lo sé, debería estar bien, hablamos poco. No funcionaría ni en un millón de años, Ten, lo sabes.

-Si sigues así, no vas a encontrar a nadie que realmente te guste. –Ya lo encontré, en realidad.

-¿Necesitabas algo más? Necesito continuar trabajando. –Ella rodó los ojos y dejó dos hojas dobladas sobre mi escritorio. –Sasuke te manda esto, dice que por favor lo revises. –Asentí y esperé a que saliera, pero antes de abrir por completo la puerta, se giró hacia mí.

-Saku… -La miré, dándole a entender que la estaba escuchando- ¿qué tal si vamos al cine al salir de aquí? Le diré a Hinata. ¿Te apuntas? –Me iba a negar. Dios sabe que lo iba a hacer, pero necesitaba despejar mi mente y hacía mucho que no salía.

-Vale, está bien, Ten, gracias. –La vi sonreír y por fin salió de la oficina.

Tomé las hojas que la morena había dejado sobre mi escritorio y fruncí el ceño desde antes de abrirlas. No quería nada que tuviera que ver con él, pero era trabajo, aunque yo no debería revisar sus cosas.

Fruncí el ceño en confusión, estos papeles no me pertenecían a mí. Debían ir a Recursos Humanos, no a la parte administrativa, ¿y ahora que le pasaba?

Los volví a doblar y descolgué el teléfono, marcando a Tenten. Pii, pii, pii, pii. Cerré el teléfono a mala gana y me irrité. No quería llamarlo, no quería llamarlo, no quería llamarlo… Maldición.

Descolgué el maldito teléfono y marqué el número de su oficina, dejó de repicar al segundo tono.

-Sasuke. –Su voz fue profunda y traté de detener el movimiento de mis píes.

-Mandaste a mi oficina papeles que no pertenecen a esta área. ¿Podrías explicarme? –Silencio.

-Lo sé. –Fue su respuesta. ¿Qué demonios?

-¿Entonces? No tengo tiempo para andar jugando, Uchiha.

-Lo siento, sólo quería saber si estabas bien. –Su voz cambió a una preocupada, casi triste, casi rota. Tuve que cerrar los ojos y reprimir el pequeño sollozo que quería salir de mi garganta. Tomé una respiración profunda y terminé con esto.

-Estoy bien cuando estás lejos de mí. Por favor, tu área la maneja Tenten, no yo, evita confusiones para la próxima. Yo sólo trabajo para tu hermano. –Y corté. El enojo estaba corriendo por mis venas y lo dejé hacer. Prefería estar molesta a estar deprimida.

Tomé los papeles, los acomodé y los mandé a recursos humanos –aunque no debía hacerlo-. Salí de mi oficina para tomar un poco de agua cuando veo a Itachi hablar con una chica. Parecía joven, era alta, rubia y parecía ser bonita. Me topé con la mirada curiosa de mi jefe y me hizo señas con la mano para que me acerque. Lo hice.

La curiosidad mató al gato.

-Ino, ésta es Sakura, mi contadora de confianza. Sakura, esta es Ino, la esposa de Sasuke. –Vi a la rubia tenderme la delicada y cuidada mano, con las uñas pintadas de rojo y la mirada curiosa, viendo mi cabello. Todo fue muy rápido, le tendí la mano, sonreí y pronuncié un "Encantada de conocerte" al mismo tiempo, todo por inercia.

Pero la realidad es que estaba de piedra. Tenía frente a mí a la esposa de Sasuke Uchiha, y ella tenía en frente a la mujer con la que su marido le es infiel cuando tiene ganas.

Sentí repulsión por mi misma y solté su mano, dando un paso atrás, buscando alejarme de ella. Itachi volvió a hablar con una sonrisa de oreja a oreja.

-Y por poco se me olvida, Sakura, éste… -Posó su mano un segundo por el vientre de la rubia- es mi sobrino.

Sobrino…

Dios… Abrí los ojos de golpe y quise que la tierra me tragara. Embarazada.

Ella estaba embarazada.

Sasuke iba a tener un hijo.


¿Reviews?

¿Tomates para Sasuke?