DISCLAIMER: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.
SUMMARY: [Serie de drabbles]Algunas estaciones son culpables no sólo del clima, sino que pueden tener efectos que van más allá del cambio de temperatura.
Fic participante en la actividad "RONDA DE RETOS: Mini-reto estacional" del foro "¡Siéntate!".
Variables: Invierno y melancolía.
Season's Fault
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IV
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Observó la tormentosa nevada arremolinarse en la lejanía y bufó, cerrando los ojos y alejándose por completo del presente. El invierno no era su amigo, precisamente, y desde pequeño que tenía cierta aversión a esa fría estación. Más porque su corazón parecía entumecerse con la falta de calor – y no tan sólo físico, sino que emocional también.
Estornudó cuando un copo cayó directo sobre su nariz, recordando la primera vez que le ocurrió eso, cuando estaba en la cálida compañía de su madre. Negó bruscamente con la cabeza, apartando el recuerdo para luego observar a sus compañeros de viaje y volver a cerrar los ojos, sin poder dejar de pensar en la figura de Kagome cubierta por su haori rojo. Eso despertaba demasiados recuerdos en su ser, cosas a las que les tenía apego pero que, por una u otra razón, ya no estaban con él.
Suspiró, fijando la mirada en el fuego que poco iluminaba el lugar, pues estaba extinguiéndose. Más que cosas, eran personas las que ya no estaban a su lado. Había perdido a sus seres más queridos en la vida, y a todos los podía relacionar con el invierno. De algún modo, habían brindado calidez a su maltrecho corazón, por el tiempo que se habían mantenido a su lado, pero especialmente en esas épocas, brindándole abrigo y protección de las heladas…
El movimiento de la azabache lo trajo de vuelta al presente. Sí, había sufrido pérdidas dolorosas en el pasado, y el frío del invierno sólo se lo recordaba y le oprimía el pecho… pero ahora tenía de nuevo a quienes le hacían sentir menos frío durante las tormentas.
Especialmente una de oscuros cabellos que lo había cautivado desde el primer momento…
Sonrió de medio lado justo en el momento en el que el último leño se consumía y todo quedaba en oscuridad. Se inclinó sobre su compañera, le acomodó el haori rojo para abrigarla un poco más y, en silencio y con cautela, besó la frente de la muchacha, dejando como único testigo a la noche.
Ya era hora de dejar el pasado atrás. Ahora tenía un motivo para que esa melancolía que siempre le traía el invierno, no estuviese tan presente.
Y seguimos, que ahora estamos a full y esto ya es una adicción. De seguro nos leemos en otro más.
¡Saludos y gracias por leer!
