Notas de autor: Holi Holi :D Nos tardamos un poquito más en actualizar, pero no nos hemos olvidado de este nuevo bebé ;* Con mi querida Mimi/Roww/LaSraDarcy/Liraaz nos pusimos las pilas y le dimos un final digno a este capítulo en tiempo record (en serio, para nosotras fue un tiempo record xD)

En fin, esperamos que les guste y se rían tanto leyéndolo como nosotras escribiéndolo :`D

Disclaimer: Digimon y sus personajes no nos pertenece. Pero igual los usamos a nuestro antojo y satisfacción. Pero igual lloramos con nuestros lloros :(


In fraganti

Capítulo IV: Ellos no saben que sabemos


No podía estar más impactada, pese a que su rostro no expresaba nada.

Y quizás debería prestar más atención al partido de fútbol improvisado de sus amigos. Quizás su vista estaba en él, pero no sus pensamientos, porque lo único que podía visualizar su mente era aquel interminable toqueteo entre los dos menores del grupo.

Torció sus labios y frunció el seño. Quizás sería algo que sólo con un tratamiento de hipnosis podría borrar de su mente… O quizás no.

—¡Tai!

Escuchó que gritaban el nombre de su amigo y, al igual que todos ahí, volteó hacia el origen de aquella voz.

—¡Amor! —habló el moreno tan pronto como alzó la vista y detuvo su corrida por el césped. —¿Viniste a verme jugar?

—¿Cómo se te ocurre? ¡Estás lesionado! Tienes que guardar reposo.

Mimi sonrió. Por primera vez desde que empezó aquel partido amistoso, había logrado ser consiente de su entorno.

Le divertía ver las actitudes de Sora para con su novio. A veces parecía una mamá, y no sólo de Tai, sino de todos.

Tai suspiró. —Amor, estoy bien.

—Imir istiy biin... —imitó Sora a su novio utilizando un tono sarcástico.

"Bien"… Sólo tenía la clavícula fracturada, pero estaba "bien"…

Recién cuando llegó Sora al ya acabado encuentro de fútbol cayó en cuenta que su novio también había estado jugando.

Matt había estado jugando fútbol con Tai y unos cuantos amigos más, ¡y ella no lo había visto!

Era una pésima novia…

El rubio llegó con una toalla en la mano, la cual había utilizado para secarse el rostro y se sentó junto a ella.

—¿Estoy muy apestoso?

—No sé, no siento nada. —y que asco si llegaba a sentir algún olor extraño. Matt era un sedentario. El único abdominal que hacía era al levantarse y al acostarse. No entendía como Sora podía soportar tener a un hombre apestando a sudor todo el día a su lado. —¿Qué te dio por jugar fútbol?

Se encogió de hombros. —No lo sé. Pero no me aburrí, así que… No estuvo del todo mal. —sonrió levemente.

Y ella le correspondió.

—¡Hola hermano!

Mimi alzó su vista casi con miedo hacia el sonriente rubio que venía hacia ellos. Saludó a Matt con un abrazo y a Mimi con un beso en la mejilla y una sonrisa que ella le correspondió temerosa y la borró rápidamente para luego bajar su mirada e intentar regular su respiración.

¡Tenía que disimular!

—¡Hola T.K! —Saludó Tai que venía junto con Sora. —Te perdiste a tu hermano jugando fútbol.

—¿Yamato Ishida jugando fútbol? No me la creo. Apuesto que fue un desastre.

—Oye, no jugué mal. ¿Verdad, Mimi?

—Eh…

—¡Ni me viste! —fingió estar indignado.

—¡No! Sí te vi… —¡MENTIRA!— Jugaste bien, amor. —sonrió.

—¿Viste?

—OK, te voy a creer.

Mimi observaba desde las tinieblas de su mente toda aquella escena.

Permanecía inmóvil, tan sólo moviendo sus ojos de un lado hacia el otro dependiendo de quien hablara, pero preferentemente veía a Takeru, a ver si en algún momento había algo, una palabra o un gesto que delatara su pecaminoso actuar.

Pero nada.

Suspiró por lo bajo.

¡Muy bien!

Hasta ahora todo normal, todo tranquilo.

—¿En serio vas a fumar?

Matt volteó a ver a Sora luego de darle la primera calada a su cigarrillo. —¿Qué tiene de malo?

—¡Uf! ¿Por donde empiezo?

—Déjame. De algo hay que morirse, ¿no?

—Mimi, ¿no le vas a decir nada? —reclamó nuevamente Sora.

—¿Ah? Sí… Fumar es malo.

—Gracias… —la pelirroja recalcó el sarcasmo en sus palabras. —Acabas de hacer el mayor ejercicio que harás en tu vida, no esperas ni cinco minutos y ya estás fumando.

—¡Mierda! Ni mi mamá me hincha tanto las pelotas como tú. ¿Cómo puedes soportar a esta mandona? —le preguntó entre broma a su amigo.

—Es que la amo… —dijo Tai volteando hacia ella para luego sonreírle y darle un beso en la mejilla.

—Y tú, ¡Ponte el cabestrillo! ¿Quieres seguir con esa lesión?

—Te amo, pero, ¡Dios! Sí que hay que tener paciencia contigo ¿eh?

Finalmente tomó el cabestrillo que sostenía Sora y se lo colocó para imnovilizar su brazo. —¿Contenta? —Sora asintió de mala gana.

—Ay… No me digan que llegué tarde al partido…

Esta vez el corazón de la castaña se congeló y abrió los ojos de par en par. Pero su postura permaneció igual, sentada sobre el césped, abrazando sus rodillas.

No le fue necesario voltear para ver quien se acercaba a ellos.

Era la toquetona.

La pareja de toquetones se encontraba ahí, esta vez ambos frente ella.

Kari se acercó hacia su hermano, estaba preocupada por su lesión y celebró que Sora lo haya obligado a seguir usando en cabestrillo para poder recuperarse más rápido y volver lo antes posible a jugar por su equipo.

En tanto ella sólo se dedicaba a observarla, alternaba su mirada entre Hikari y Takeru y su respiración se aceleraba.

Cada quien por su lado.

T.K. hablando tranquilamente sentado frente a ella y a Matt, y Kari de pie junto a su hermano y Sora, con suerte se habían saludado, fue un saludo cordial, sin expresiones de cariño. ¡HASTA CON ELLA HABÍA SIDO MÁS CARIÑOSO EL RUBIO!

Por un momento sintió que estaba loca. Que aquel acto pasional y pecaminoso que había presenciado a la luz del día había sido producto de su imaginación. Pero no podía ser…

¡SORA TAMBIÉN HABÍA ESTADO AHÍ!

Ella los había visto. ¡Es más! Hasta le confirmó que ella lo sabía de antes, pues había escuchado una conversación entre ambos por teléfono.

No podía estar tan loca.

¡Ella sabía!, ¡Sora sabía!

¿Por qué Sora no estaba con ataque de nervios al igual que ella?

No la entendía. Verdaderamente no entendía como Sora podía estar tan tranquila, y encima estaba en medio de la tensión. Reía y compartía con Kari —la que manosea y se deja manosear— y Tai —el hermano mayor y sobreprotector de aquella chica deseosa de pecar—, y seguía como si nada.

¿Cómo podía disimular tan bien y ella no?

Sentía todas las miradas fijas en ella, cuando la verdad era que cada quien estaba en su propio ambiente. Tan sólo ella se dedicaba con todas sus fuerzas a tratar de que nadie note tu tormento interior.

—Creo que ya es hora de irnos —comentó Tai viendo la hora en su celular—, en un rato más empieza el partido. Quedamos de juntarnos con Yolei, ¿recuerdas?

Sora asintió. Kari les preguntó a ambos si podía verlo con ellos y a ambos les pareció una buena idea, después de todo, Davis y Ken estaban en el equipo titular. Y aunque sea desde lejos, tenían que darles ánimos.

¡No!

Definitivamente no podía seguir con eso.

Sora —su mejor amiga— no era capaz de entender su frustración.

No puede ser que alguien que guarde un secreto de ese calibre no muestre ni una pizca de nerviosismo. No puede ser que Sora sea tan buena actriz. Simplemente no cabía para ella.

Necesitaba a alguien que comprendiera su dolor y frustración.

Necesitaba a alguien tan histérica como ella… O incluso más.


Luego de los festejos por pasar a la siguiente etapa del torneo, los jugadores y el cuerpo técnico se dirigieron al camarín para seguir la celebración y alistarse para ir rumbo al hotel, ya por la mañana volverían a Tokyo.

Tan pronto como entró a los vestidores se encaminó hacia su bolso y tomó su celular, ingresó a la aplicación de Whatsapp, en el grupo que él mismo había creado —"Los futbolistas más sensuales y machos*brazo musculoso*"—, donde estaban él, Taichi y Ken, y escribió:

—"GANAMOS!"

Sonrió al ver que su Sempai estaba escribiéndole una respuesta a aquel texto.

—"ESO MIERDAAA! Con todo para la siguiente ronda *brazo musculoso*"

—"Estamos todos esperándote, Capitán!" —fue la respuesta de Davis.

—"Davis, estoy al lado tuyo xD"

El moreno volteó hacia su derecha, para encontrarse a su compañero con el celular en sus manos y sonriéndole burlonamente. Davis le respondió con unas muecas para volver su atención a su celular.

Y de pronto, como un destello divino, un mensaje del más bello de los ángeles… Una notificación de mensaje.

—"Felicitaciones por el triunfo! *carita sonriente*"

Kari…

La linda y angelical Kari, se había echo presente no sólo en sus pensamientos, sino que también en la realidad para felicitarlo por aquel triunfo en el cual él había sido protagonista, que aunque su posición fuese de volante, había ayudado con dos de los tres goles a su equipo, uno de centro y otro de penal.

¡Y KARI LO HABÍA VISTO!

No cabía más de la felicidad.

—"Gracias! *carita sonriente*" —fue lo único que le respondió el moreno, y se golpeó mentalmente en la frente por ello.

—"Felicidades también a Ken"

—"OK, le diré *carita sonriente*" —Aunque poco le importaba andarle dando recaditos de Kari a Ken. Después de todo, de todas maneras se enteraría por Yolei. —"Sabes? Los goles fueron para ti *guiño*"

—"jajajaja xD que tierno :3"

"Tierno".

Dios, ¡su corazón!

Aprovechó para tomarse una foto en los vestidores. Se debía a sus fans —que sí tenía— pero sobre todo a Kari… La dejaría loca.

Desde el ángulo de su selfie se podía apreciar a la perfección su piel morena con los rastros que quedaban de los 90 minutos del partido y desde el cual se tenía una muy buena vista de su trabajado cuerpo. Y antes de publicarla en cualquier red social, se la envió primero a su eterno amor.

Esperó una pronta respuesta, pero nada. No le tomó mucha importancia, después de todo sabía que Kari no era una gran fanática de ese tipo de demostraciones.

Dejó su celular a un lado y se dispuso a alcanzar su toalla para ducharse. Antes de emprender camino, una notificación de un nuevo mensaje de la castaña lo puso sobre alerta y abrió nuevamente la aplicación.

Abrió sus ojos de par en par al cargar el mensaje. Se quedó helado.

—"Te extraño"

Davis sentía su corazón bombear sangre más fuerte que nunca. Tragó salida y sonrió como un estúpido. Y antes de escribirle un "Yo también", Kari se le había adelantado.

—"Te deseo"

—"Tengo ganas de ti"

Se controló.

No podía tener esos impulsos en ese lugar.

Era un vestidor lleno de hombres, daría para pensar raro de él.

¡Dios!

De haber sabido que causaría tal reacción en la castaña sólo con enviarle una fotografía de su torso desnudo y sudoroso, lo habría hecho mucho antes.

Ya quería que fuese la hora de su vuelo a Tokyo para estar lo más pronto posible con Kari y darle en el gusto. Era su sueño hecho realidad…

¡AL FIN!


Ya no podía.

No aguantaba más.

Movía su pie incesante de lo nervioso que estaba. En media hora llegarían al aeropuerto de Tokyo y podría hacer sus más profundos anhelos realidad.

Respiró profundo, y tan pronto como Ken volvió del baño para sentarse en su asiento a un lado de él, lo escupió.

—Ken, hay algo que tienes que saber.

—¿Qué cosa?

—¡Kari me desea!

—¡¿Qué?!

—¡Es verdad!

—Siempre dices lo mismo y nunca es así. Son sólo ideas tuyas.

—No, es decir, sí, pero ahora no. ¡Mira!

Buscó la conversación que había mantenido con la castaña el día anterior en el vestuario para enseñársela a su amigo.

Ken la leyó atento, y se impresionó tanto como Daisuke en su momento.

—¿Estás seguro?

—¡Claro que sí! Me desea. La tengo loca.

"Te extraño", "Te deseo", "Tengo ganas de ti"

—Al fin, amigo… —suspiró el moreno apoyando sus brazos detrás de su nuca y recostándose en el asiento.

Ken no hizo más que voltear hacia él aún sorprendido con los textos de Kari.

¿Qué mierda estaba pasando?

No entendía nada.

Primero se besa con Takeru y ahora le envía esas palabras a Davis.

Estaba jugando a dos bandos… ¡Y tan santa que se veía!

Pronto tendrían que asistir al funeral de uno de sus amigos. Porque, una de dos: O Tai se muere al enterarse de las andanzas de su hermanita querida, o mata a T.K por las andanzas de sus manos sobre su hermanita querida…

De cualquier forma tendrían funeral ahí…

—Mi foto y la nominación a la Selección Sub-20 fueron los empujones que necesité para conquistar a Kari… ¿Quién lo diría, no?

—Sí… Quien lo diría…

Kari, la come-hombres.


Su pecho no era bodega y había pasado más de veinticuatro horas callando uno de esos secretos que no debían ser guardados, porque era ORO ―¡JÁ! Ni que fuera sacerdote y ni que se lo hubieran dicho bajo secreto de confesión―, además… ella solo había prometido, por así decirlo que no hizo ni promesa y ni juramento, a Taichi.

Y una cosa era Taichi y otra, muy distinta, era Miyako. Obvio que su amiga se tenía que enterar: uno, eran mejores amigas, tenía derecho. Dos, no era lo peor del mundo que ella se enterara. Eran amigas. Tres, no lo soportaba más. ¡Tenía que decírselo a alguien o haría implosión!

Los secretos no se guardaban. Y no era secreto. ¡Aún dolían sus ojos! ¡Aún se los quería lavar con cloro! Además, si el trauma no había bloqueado su mente, era por algo: debía decirlo.

Y lo repetía: su pecho no es bodega. Las palabras se atan a su garganta y quieren salir expulsadas en un vómito verbal ―compartir el trauma, como dicen los psicólogos, ayudaba también.

Mimi pensaba en ella, no en los demás. Y Miyako, no se lo diría a nadie. A nadie.

Era lo correcto.

Era el deber moral de toda amiga.

Era el chisme del año: mejores amigos que se enamoran, dos gotas de agua ―hermanos incestuosos… o algo así.

Tenía que decirlo.

―Tengo algo importante que decirte.

El tono de su voz tomó por sorpresa a Miyako, con un mal presentimiento se sentó frente a ella y la vio con los ojos entrecerrados. La castaña parecía ser acongojada por algo, malo, estaba segura.

Y empezó a armar teorías acerca de su rostro y su voz. Su lenguaje corporal también hablaba. Mimi iba a confesar un secreto inconfesable. Algo íntimo. Algún pasado oscuro. Algún error. Alguna infidelidad. Alguna experiencia o acción de la que estaba arrepentida.

―¡DIME-E-E-E-E-E-E-E! ―explotó. Tal y como si fuera un grito de algún torturado. Con cada segundo que pasara, se sentía más abatida por la duda.

Sonó desesperada, pero no importaba. Ella quería saber.

No soportaba la expectación, menos cuando era algo acerca de sus amigas.

Se regocijó ante el grito necesitado de su amiga y por primera vez se preguntó, ¿Cómo debía enterarse? ¿Brusca o delicadamente? ¡No habían sido buenos con ella! ¡SUUUUS OJOOOOS DOLÍAN!

Tomó aire para soltarlo de un solo sopetón. ―Vi a T.K tocándole el trasero a Kari.

Listo. Vómito de verdad.

Con una ceja arqueada miró a Yolei, quien mantenía el cejo fruncido y sonrió en sus adentros ―de seguro se imaginaba la escena. ¡Bienvenida al T-R-A-U-M-A!

Su rostro estaba inexpresivo. Y luego de pensar la palabra correcta ante esa "broma" de Mimi, lo dijo.

―¡IMPOSIBLE! ―movió sus manos para restarle importancia ―¡Kari no tiene trasero! ¿Qué le va a agarrar?

Esa broma de la castaña, era pésima. ¿Cuál trasero iba a agarrar T.K? ¡Si la pobre de Kari no tenía nada de nada!

―Te digo que los vi tocándose ―recalcó algo frustrada por su fracaso.

―¿Qué va a tocar si no tiene nada? ―analizó ―¡Intentaba tocar algo y no lo encontró! ―tuvo que llevar las manos hasta el estómago para doblarse y poder reír con comodidad. Ay, se estaba divirtiendo a costillas de la pobre tabla de su amiga.

Mimi infló sus mejillas con frustración, aunque Yolei tenía razón. Pero eso no le quita el trauma a lo que vio, porque lo vio. ¡Sora también y por algo la calló! ¡Claro que era verdad! ¡Claro que los dos mañosos se las habían ingeniado para encontrar lo perdido!

¡Desconocía a la juventud de hoy en día!

―Tienes razón ―Kari era la más pequeña y delgada del grupo, y pues sí, era innegable ―no tiene nada. Pero… MIS OOOJOOOS ―subrayó ―los vieron manoseándose. Piénsalo, ¿a dónde va Hikari después de clases?

Y sí, la chica se había despegado de ellas. La notaba distraída y a momentos acalorada, como si viniera corriendo ―cosa que atribuyó a su enfermiza condición―, estaba más ida y parecía guardar secretos.

SUCIOS SECRETOS.

Pecaminosos SECRETOS.

Y lo creyó ―menos que tocaba su trasero―, pero podría ser que esos dos tuvieran algo. Hikari ya no fantaseaba con el amor, porque ya lo tenía. Y Takeru, ya no coqueteaba o era mamón con cualquiera…

Esos dos PECABAN.

Esos dos eran unos puercos.

ESOS DOS, ¡MANTUVIERON UN SECRETO!

Algo insospechado. ¡UN SECRETO EN SU CARA! ¡Eso era imperdonable! A Miyako Inue, nadie le ocultaba ALGO, nadie.

Y pagarían por ocultarle las cosas.

―¿CÓMO? ¿CUÁNDO? ¿POR QUÉ? ―se sentía histérica.

―No lo sé. Pero es por Taichi ―confesó ―si él se entera, mata a Takeru ―Yolei le dio la razón ―yo los vi hace un día, Sora también sabe.

―¿Ellos saben que sabemos? ―Mimi negó ―primero: ¿quiénes sabemos? ―la cabeza comenzaba a darle vueltas, era mucha información.

―Sora y nosotras.

―¿QUÉ? ¿SORA SABE? ¡ES UNA MALDITAAAA! ¡NUNCA NOS CUENTA NADA! ―gritó… luego calló porque un plan malvado cruzó por su mente. ―Ellos no saben, que sabemos…

Un portazo interrumpió sus maquiavélicos planes, dos chicos entraron a su departamento, pero solo uno ocupó toda su atención. Él, le hacía sonreír y que sus piernas le temblaran, otro. Además, quería desahogarse. Así era el chisme: se tenía que compartir.

―¿Hola? ―cuestionó con timidez Ken. Davis estaba a su lado y las observaba absorto, ¿Esas dos calladas? ¡JAMÁS!

Yolei apretó los dientes y no lo soportó más. ―¡HIKARI Y TAKERU SE MANOSEAN!

Mimi abrió su boca y se reprendió: ¡Yolei no era nada discreta! ¿Por qué le dijo? ¡Ahora Davis sabía! Y él, le diría a Taichi y Taichi mataría a Takeru y Yamato se quedaría como hermano y la culparía del asesinato. Ella se quedaría sin amigo, sin novio y estaría en prisión.

Ken se quedó congelado.

―¡Imposible! ―Davis sonrió con socarronería ―¡Kari me desea a mí!

―¿Y tú qué mierda haces aquí? ―apenas cayó en cuenta de la presencia del moreno ―¿te corrieron de la Sub-20 por malo?

Sonrió desafiante y cruzó sus brazos a la altura del pecho. ―¡IMPOSIBLE! ―exclamó ―¡Vine por mi amor! ¡Me extraña!

Soltó una sarcástica risa. ―¿Tu mamá?

―¡HIKARI!

Ken se tuvo que poner en medio de los dos, pero fue demasiado tarde… ya habían empezado.

―¡Imposible! ―arremedó su voz ―Hikari no te puede desear, porque ya tiene a un rubio al cual toquetear en todas sus partes.

―¿Quieres ver el mensaje que me envió? ―estiró su brazo para mostrar su celular. Yolei se lo arrebató en un impulso.

―Tiene código, estúpido.

―¡Pues no te esperas!

El celular volvió a manos de su dueño para desbloquear la pantalla y mostrarles los mensajes a los demás:

"Te extraño"

"Te deseo"

"Tengo ganas de ti"

―Esto está raro ―dijo Mimi. ¿Le manda mensajes de amor a uno y con otro se manosea? ¿Quiere a Takeru por solo sexo? ¡DIOS! Taichi de plano no conocía a su hermanita.

―¡Kari no tiene trasero, ni senos y ni corazón! ―exclamó decepcionada de su amiga…

Davis iba a defender a su amor. ¡Claro que tenía todo eso y más! ¡Era una envidiosa! Pero antes de hablar, cayó un mensaje nuevo.

Era la castaña. Su amor.

"Ay, lo siento. Me equivoqué, esos mensajes eran para alguien más"

Ambas leyeron al mismo tiempo y se voltearon a ver: ―¡TAKERU!


Y así concluye esta humilde publicación :)

Saluditos y agradecimientos a Kimi Deathberry, LuisaNathalie, Scarlet-KD, alita210100, Cerisier Jin e Irechany :) Muchas gracias por sus comentarios :D

Bestias sexuales non stop! ;D xD Aún queda bestialidad para rato :B

Nos leemos pronto :)

Seguiremos trabajando para ustedes :D