Hola, seguimos con la segunda parte de hipoglucemia y la persecución con el hámster. Creo que voy a actualizar cada que tenga chance de hacerlo porque tengo limitado el uso de computadora. ;_;
No había señal alguna del ratón en esa habitación, y seguramente había tomado su oportunidad para escapar por la puerta cuando nadie lo veía, entonces se dispuso a buscarlo en la siguiente área, dándose prisa, pues su gato ahora era parte del juego. Ranmaru atravesó la puerta y la cerró para evitar darle más caminos al peludito amarillo.
No estaba seguro, pero casi podía jurar haber visto algo blanquecino moverse rápidamente por el pasillo, entrando a la habitación de Reiji, Tokiya y Otoya, que estaba entreabierta. Kurosaki corrió hasta ahí y entró de golpe, asustando a los miembros del grupo estelar, haciendo que Syo casi se ahogue con su comida, que Shinomiya tirara sus palillos y que Ren derramara su vaso de agua.
– ESTÁ AQUÍ. – Anunció el rockero, agitado, cerrando la puerta detrás suyo.
– RanRan, ¿quién está aquí? – Preguntó Reiji, curioso por la actitud de su amigo.
– El ratón. El roedor con el que me abandonaron ustedes, ¡bobos! Y además dejan la puerta abierta. ¿Tienen idea de lo grande que es este lugar? – Ranmaru los regañaba con voz severa mientras los apuntaba como si fueran la cosa más vil que sus ojos heterocromáticos hubieran visto.
– Cecil, dijiste que habías cerrado la puerta… – protestó Masato, haciendo puño su mano y conteniéndose las ganas de estrellarlo con el moreno.
– …El hambre está canija.
– ¿El ratoncito del que me estaban hablando? Menos mal sabemos que está aquí. – Reiji colocó su almuerzo en la mesa de centro y levantándose para ayudar a buscar. – Además vean a RanRan, tiene esa actitud gatuna, ¿no? Casi se puede sentir su ferviente deseo por capturar al ratón. – Agregó con un ligero tono de burla.
– Cállate. – Le lanzó una mirada asesina pero pronto divergió alrededor del cuarto para buscar. – Hay demasiadas cosas, será difícil busc- ¿POR QUÉ ESTÁ MI GATO AQUÍ?
Un gatito negro con blanco estaba reposando sobre un pequeño librero en un extremo de la habitación. Se veía bastante tranquilo, con sus patitas enroscadas y un lunarcito en su nariz.
Todo STARISH jadeó con preocupación, identificando luego luego el problema en el que se encontraban, aunque Reiji parecía ajeno a la situación que ahora se les presentaba.
– Esperen un momento, tiene un lunar como Hijirikawa. Sólo que el suyo es de tamaño normal. – Dijo mientras rascaba las ronchas de sus brazos.
– Déjame ya en paz, Jinguji. Tú pareces mantel de picnic.
– Pero RanRan, dijiste que no había problema si venía a visitarme mientras no lo molestara…
Ranmaru volteó a ver a su socio con mirada incrédula, caminó hasta donde él estaba tomándolo de los hombros, Reiji sólo lo veía confundido, hasta que le dio un fuerte agitón que le movía su cabeza de adelante hacia atrás, esperando que así la razón se acomodara en su cabeza.
– ¿No lo entiendes? Un gato. Y un ratón. En. El. Mismo. Cuarto.
Reiji aún lo miraba como si estuviera loco, estuvieron en silencio unos segundos hasta que el castaño comenzó a reírse, justo en frente de su compañero pelo plateado, que en ese momento no podía sentirse más disgustado y aturdido por la cándida risa de él.
– ¿De qué mierdas te ríes? – Le preguntó enojadísimo, agitándolo de nuevo para hacer que se callara, lo cual hizo, pero eso no le borró la sonrisa del rostro.
– RanRan, te preocupas demasiado. Ese gatito en verdad que no hace nada, ¿lo ves? Ha estado ahí dormido desde hace horas. Además es idéntico a ti, luce fiero pero a final de cuentas es un blando y mimado.
Ranmaru lo miró aún más estupefacto que antes, con la boca ligeramente abierta en señal de infinita incredulidad. – Reiji, cómo te atreves…
Estuvo a punto de decirle hasta lo que no se imaginaba, con el lenguaje más floreado posible, pero fue interrumpido por el ruido de las cajas bento siendo colocadas en la mesa de centro, y algunos miembros de STARISH ya habían comenzado a buscar al ratón.
– Si haces ruido despertarás a tu gatito, Ran-chan – Natsuki colocó su dedo frente a sus labios para pedirle silencio de la forma más amable posible para no alterar al rockero.
– Será mejor si buscamos ya, aquí hay más recovecos que checar. – Dijo Syo asomándose debajo de las camas. – Lamentablemente soy el único que cabe aquí… – susurró para sí.
Ranmaru inhaló profundamente para tranquilizarse y soltó los hombros de Reiji para que ayudara a resolver el asunto. Él ya se había hartado de buscar, además anteriormente lo habían abandonado, y como venganza decidió que ellos hicieran el trabajo en lo que él cuidaba que su gato no se moviera, pues terminó despertándose por el constante ruido de las cosas moviéndose. Así que cargó a su gato y se sentó en la cama de Reiji, haciéndole caricias a la criaturita de orejas puntiagudas. No le hagas caso, no eres un mimado. No lo eres, ¿verdad que no? No, no lo eres…
– ¿Y desde cuándo tienen al hámster?
– No es nuestro, es de Haruka. Ya te habíamos dicho, ¿o no?
– Si RanRan no me tratara tan bruscamente, mi memoria seguiría intacta. – Kotobuki puso el dorso de su mano en su frente actuando de forma dramática, ganándose únicamente la mirada de desprecio de su colega. Sintió el temor crecer así que cambió de tema rápidamente. – Y a todo esto, ¿dónde está Otoyan?
– Inconsciente en el sofá. Kurosaki se desquitó demasiado fuerte con él. – Explicó Tokiya.
– Sí, le dijo freak, lo lanzó e hizo que se golpeara con una silla. – Añadió Ren.
– ¡CUIDADO CON EL GATO!
El grito de Syo captó la atención de todos, se percataron de que el gato había escapado de los brazos de su dueño y ahora se encontraba en el piso, mirando fijamente a un punto, justo donde estaba el ratón amarillo que estaba olfateando los palillos que había tirado Natsuki cuando Ranmaru entró de golpe a la habitación.
En cuanto a él, por cierto, se encontraba comiendo uno de los almuerzos sin darse cuenta de la situación hasta que sintió las miradas de los demás y se percató de lo que estaba ocurriendo. Tal vez el hambre también me hace más estúpido.
Todos se quedaron quietos, inseguros de qué hacer. Si se movían, el ratón seguramente se asustaría y saldría corriendo a cualquier dirección, haciendo que el gato lo persiguiera, lo atrapara y se lo comiera. Y si se quedaban quietos, el gato tomaría su oportunidad de ser discreto y lanzarse por el ratón.
Lamentablemente así fue, todos estaban petrificados y el gato se acercó sigilosamente al hámster antes de que alguien pudiera detenerlo. Era ineludible, iba a suceder. El ratoncito ignoraba la presencia de la criatura detrás de él, pero luego se volteó y se vio capturado por los ojos verdes del gato. Perdido, estaba todo perdido.
Inesperadamente el gato en vez de soltarle un zarpazo se tiró en uno de sus costados mientras meneaba su cola juguetonamente, estirando sus patitas para jugar con el roedor.
– Te lo dije, RanRan. Es un blando tal como tú. – Dijo Reiji haciéndole la seña de amor y paz con sus dedos, sonriéndole.
– Imbécil… Te voy a…
– ¡¿Y EL HÁMSTER?!
Otoya irrumpió en la habitación de la nada, abriendo la puerta con mucha fuerza tanto que golpeó con la pared haciendo un ruido muy fuerte, asustando al gato y al ratón. El gato salió disparado al fondo del cuarto y el ratón corrió por entre las piernas de Ittoki, huyendo hacia los pasillos de los dormitorios.
Ittoki pudo observar a la bolita amarilla colarse por debajo de él, y no reaccionó hasta que dio vuelta por el pasillo, yendo a los dormitorios de chicas.
– ¡TRAS ÉL! – Gritó, sin importarle que se hubiera ido a una zona que él normalmente consideraría como "restringida", en esos instantes no estaba pensando con claridad, así que no le importaba, y corrió tras el ratón, seguido de Ren, Masato, Cecil, Syo, Natsuki y Tokiya.
– ¡Vamos, RanRan! ¡Tenemos que ayudarlos! – Reiji estaba listo para ir detrás de ellos también pero Ranmaru lo tomó de su hombro, deteniéndolo.
– Tú no vas a ningún lado. No después de decirme que soy un blando. – Hizo puño su mano que temblaba de furia, y se quedó a arreglar cuentas con el castaño.
X
El cuerpo de Otoya seguía débil por las constantes descargas de adrenalina y otros neurotransmisores en su cerebro, además del hambre. Así que no pasó mucho para que sus piernas comenzaran a traicionarlo y a disminuir su velocidad, siendo rebasado fácilmente por el resto de sus compañeros.
– Esperen… ¡espérenme! ¡No puedo… no puedo ir tan rápido!
Mientras tanto el resto del grupo seguía tras el ratón, que era hasta más rápido que Cecil. De pronto el roedor se vio atrapado pero logró colarse por debajo de una puerta, como si aplastara su cuerpecillo para poder pasar por ahí. Cecil, que iba a la delantera, se detuvo de golpe, provocando que Syo, Tokiya, Ren, Natsuki y Masato en ese orden se estrellaran uno contra el otro.
– ¡¿Por qué te detienes?!
– Es el cuarto de Haruka, está cerrado y no tengo llave.
Todos miraron la puerta como si se tratara del santuario más sagrado de la Tierra, "Haruka Nanami" decía en el letrerito de arriba.
– ¡¿Y EL HÁMSTER?!
Se escuchó (otro) grito de Otoya, todos voltearon sus cabezas y lo vieron corriendo a toda velocidad. Por alguna razón a Masato le pareció familiar esa escena. Oh no.
Ittoki chocó con todos, pero especialmente en Masato, que estaba al final de la fila y recibió por ello el mayor impacto. El choque ocasionó que Cecil golpeara con la puerta y esta se abriera, y así cayó su cuerpo sobre el suelo alfombrado del cuarto.
– Ittoki, lo que menos quiero es otro moretón.
– ¿Encontraron al hámster?
– ¡Aijima!
Tokiya señaló a Cecil, que se encontraba en el suelo alfombrado de Nanami. Como si hubiera cometido el crimen de la historia.
– ¿Qué? ¿Qué tiene? Ayúdenme a buscar al hámster de una vez. – Dijo sin prestarle mucha atención, gateando por el cuarto para buscar a la criatura.
– ¡A un lado todos! – Demandó Ren abriéndose paso como si nada como si estuviera motivado por entrar al cuarto de la compositora y dirigiéndose a su guardarropa. – Yo busco en los cajones, ustedes hagan lo que quieran pero cierren la puerta.
– Jinguji, no hay modo de que se haya metido a los cajones, ni se te ocurra husmear por ahí. – Lo regañó Masato inseguro de meterse al cuarto de Haruka, porque para él significaba invadir su privacidad.
– Parece que no nos queda de otra. Traten de no tocar nada, ni de tirar nada-¿¡CECIL QUÉ ESTÁS HACIENDO?! –Syo vio al moreno encima de la cama de Haruka.
– ¿? Nada, busco del otro lado de la cama, ¿por qué?
– ¡No se supone que dejemos evidencia de nuestra búsqueda! ¡Quítate de ahí!
– Pero no pasa nada, de hecho ya estado aquí. ¿Lo ves? Rebota. – Dijo como si nada moviéndose en la cama de modo que hiciera movimientos de arriba abajo. Todos lo miraron con perplejidad.
– ¿Cómo que ya has estado aquí? – Preguntó Masato, celoso.
– ¿Cómo antes que yo? – Añadió Ren.
– Sí, Haruka me invitó para esconderme de Camus.
Masato, Otoya y Ren suspiraron con alivio.
– Déjense de cosas. Tenemos que encontrar al hámster, ya me está dando jaqueca.
Todos le hicieron caso a Tokiya y siguieron buscando, a diferencia de la habitación de Otoya, Ichinose y Kotobuki, la de Haruka estaba más despejada y ordenada, lo que les daba menos lugares en qué buscar.
– ¡¿Sí cubrieron la rendija de la puerta?!
A la pregunta de Otoya, todos voltearon a ver la puerta, cuya parte inferior seguía descubierta - si el hámster pudo pasar desde fuera, podía hacerlo desde dentro. Y lo que era peor, el ratón amarillo estaba caminando hacia ella.
– ¡A ver hombre misterioso!, ¡Sé de utilidad y dame tu bufanda! – Gritó el pelirrojo y le arrebató a Ren su bufanda, arrojándola luego al pie de la puerta para cubrir la escapatoria del roedor.
– ¡Sí! ¡Atrapado!
– No puedo permitir que vean mi cuello así… – El Casanova puso sus manos alrededor de su cuello para evitar que vieran las ronchas en él.
– A nadie le interesa mientras no sea contagioso, Ren. – Aclaró Tokiya.
– ¡Tengo una idea! – Natsuki sacó de su bolsillo una galleta con un poco de pelusa, tenía forma de Piyo-chan y se veía un poco quemada, a decir verdad. Se acercó despacio al hámster que se había detenido confundido y sin saber a dónde ir, hasta que percibió el olor del postrecito.
– ¡Natsuki, queremos capturarlo! ¡No matarlo! – Exclamó Kurusu preocupado, siendo él testigo de lo mortíferas que eran sus galletas.
Sin embargo el hámster se sintió atraído por el olor y se acercó lentamente a la mano de Natsuki para tomar la galleta con sus patitas, cuando lo hizo, Shinomiya aprovechó la oportunidad para sostenerlo con su otra mano, capturando así finalmente a la mascota huidiza.
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Todos salieron de la habitación de Nanami, Ren fue el último en salir sintiéndose hasta afligido de abandonar la habitación de la chica y regresaron a la cocina porque habían dejado ahí la jaula del hámster. Descubrieron que se había escapado porque no le habían puesto el seguro a la puertita, entonces era fácil abrirla.
Terminaron exhaustos en los sofás de la sala, y poco después llegó Tomochika a recoger el hámster de su amiga, aliviada de encontrarlo sano y salvo.
– ¡Uf! ¡Gracias de nuevo, chicos! – Tomó la jaula de las manos de Shinomiya. – Espero que no les haya causado problemas, aunque bueno, es un hámster, nada pudo haber ocurrido, ¿no?
– Haha, sí, nada de nada. ¿No es así? – Syo volteó a ver a sus compañeros que, a excepción de Otoya, asintieron frenéticamente. "Oh sí, todo muy tranquilo." "Nada difícil cuidarlo."
– Me alegro. Lamento de nuevo haberles arruinado sus planes, así que espero que hayan disfrutado su comida aún así.
Todos mantuvieron sus sonrisas hasta que Tomochika se despidió y se fue de la sala de estar, entonces Syo le dio un fuerte codazo al costado de Natsuki.
– ¿Ya ves, Natsuki? Todo por tus descuidos.
– No te preocupes Syo-chan, – Lo abrazó. – prometo cuidarlo bien la próxima vez, así como a ti.
– ¡¿Así como a mí?! ¡¿Qué hay de aquella vez en la torre?!
– Ya cállate Syo~ haces que me duela la cabeza…
Todos voltearon a ver a Otoya y casi se había convertido en una pila gris y sin vida, entonces recordaron que no había comido nada desde quién sabe cuándo. Ichinose dijo que se encargaría del asunto y que mejor se fueran a dormir antes de que algo malo sucediera.
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Otoya fue arrastrado por Tokiya hasta su habitación, y fueron recibidos por Reiji con un moretón en el ojo.
– ¿También tú? – Le pregunta Tokiya, no sorprendido.
– ¡Reiji! Dime que tienes uno de tus almuerzos, por favor, por favor, ¡POR FAVOR!
Otoya se abalanzó al castaño, poniendo sus brazos alrededor de él y sosteniéndose con las pocas fuerzas que le quedaban. Reiji actuó algo exaltado, como si cualquier acto repentino le hiciera encogerse de miedo.
– ¡Toma todo lo que quieras pero no me lastimes!
Y así, Ittoki comió y comió hasta que se quedó dormido en su respectiva cama de la litera, aunque un par de veces a mitad de la noche, despertó a Tokiya y a Reiji (quien se escondía debajo de su cama asustadísimo)
– ¡¿Y EL HÁMSTER?!
Me pregunto a qué saben las galletas de Natsuki, recuerdo que Ren en un capítulo come una y dice que tienen sabor impactante (o algo así), quizá Syo es el exagerado... pero quién sabe. La descripción del gato de Ranmaru es la descripción de uno de mis gatos. :3 E igual es súper mimado. :U
Gracias por los reviews, me hacen feliz. ;u;
Sugar5Star: Antes Syo no me agradaba porque es muy ruidoso (y aún me lo sigue pareciendo) pero le fui agarrando más cariño y ahora me parece bastante tierno, sí. xD Lo malo de que era fan reciente era que no podía buscar imágenes en internet sin arriesgarme a los spoilers, pero ahora hasta leí el manga entonces me siento poderosa. c: Gracias por tomarte el tiempo de dejar review. :-)
Mitzuki: Gracias de nuevo por leerme. Comprendo, yo igual he leído fics en la noche (me he quedado hasta las 7 de la mañana leyendo) y a veces no puedo evitar soltar chillidos y risas. Jaja~ Al menos el gato no se comió al ratón... hubiera sido malo. XuX Aunque a veces ni se los comen, sólo juguetean con ellos, o eso hace uno de mis gatos. xD
¡Saludos!
