Como dije en Facebook, la semana pasada entre que mi beta necesitaba un descanso y mi estrés por un examen que tuve que presentar se retrasó el capítulo, y esta semana pues… estoy con estrés aun, esperando los resultados, pero no quería dejar pasar otra semana sin capitulo y casi lo hice, pero al final aquí está el capítulo 4. Me gustaría poder decir que el 5 estará el Lunes, lo dudo… la verdad, pero veré que puedo hacer para que este el próximo fin de semana.

Estaré avisando por Facebook la fecha exacta en cuanto lo sepa con certeza.

Gracias a quienes están leyendo esto, y por los reviews noto que estaba en lo correcto esta historia está teniendo mucha menor recepción que arte y música. Pero no importa, continuaré hasta el final y después me pondré a trabajar en la tercera parte porque me gusta el resultado de lo que estoy haciendo.

Leí dos teorías en los comentarios sobre la trama y debo decir que una está en lo correcto y… se revela un poco en este capítulo.

Alguien preguntó si saldrán las chicas de A-Rise y pues… no, eso no está en los planes y como la historia ya está terminada puedo decir que no hay manera de agregarlas ya. (Lo siento).

Bueno, de momento creo que no tengo más que decir así que me despido hasta la próxima semana (espero).

Ni Love Live! Ni sus personajes me pertenecen…


El siguiente caso está inspirado en el secuestro de Lindsey Baum. Ella desapareció a los 9 años, el 26 de junio del 2009 en McCleary, Washington ( ). Fechas y nombres han sido completamente cambiados por motivos de trama.

-4-

Umi se sentó frente a Eli, y justo a un lado de Maki. Había disponibles tres sillas más, pues esperaban a sus respectivas parejas –en el caso de Umi, su casi pareja–. El plan era pasar la tarde todas juntas ya que Nico y Maki se irían de viaje al día siguiente para la exposición de arte en Nueva York, y de ahí se tomarían un par de semanas de vacaciones. Para cuando ellas regresaran, Eli y Nozomi estarían visitando a los padres de esta última; por lo que no podrían reunirse todas en un largo tiempo.

–¿Cómo va todo? –preguntó Maki una vez que el mesero terminó de tomar la orden de Umi.

–¿Lo dices porque vengo de hablar con el capitán de la jefatura? Por cierto, gracias por ayudarme a conseguir una cita con él.

–Deberías agradecerle a los detectives.

–De hecho lo hice hace un rato. Me los encontré en el pasillo camino a la oficina de su jefe.

–¿Y te dieron el permiso? –preguntó Eli. La escritora decidió contarle a ella, Nozomi y Honoka la situación en la que se había metido voluntariamente. Las tres sabían que no podían hacer mucho al respecto, por lo que se limitaron a ofrecerle su apoyo y pedirle que tuviese cuidado en cómo manejaría el asunto.

–Sí, me dijo que fuese dentro de unos días y tendrá listas las cajas de evidencia y los reportes para mí. –el mesero volvió y puso una taza de porcelana frente a Umi, esta le agradeció y continuó hablando– La verdad, esperaba más preguntas al respecto. Pero a diferencia de la información que me llegó en el documento por correo, los casos fueron congelados rápidamente por falta de evidencias.

–Si tú cuentas con más información, ¿para qué necesitas los informes de la policía? –quiso saber Eli.

–Quiero conocer la historia desde todos los ángulos posibles, además, estoy segura de que hay cosas que la policía no dio a conocer y que el asesino no sabe. Lo mismo en caso contrario, creo que tendré una visión más amplia de los hechos al comparar ambas fuentes, más lo que logre descubrir por mi cuenta.

–Supongo que eso es cierto. –comentó la doctora mientras desviaba su mirada a la puerta de entrada justo en el momento en que Nico cruzaba el umbral. Sus miradas se encontraron y ambas sonrieron.

–¿Cómo es que Nozomi no está presente para verte así, Maki? –se burló Eli.

La pelirroja sintió que su cara se ponía caliente y buscó su celular en su bolso para disimular inútilmente su sonrojo– No sé a qué te refieres...

–Claro… –dijo la coreógrafa bastante divertida.

–¡Hey! –exclamó Nico alegremente mientras se sentada en la silla disponible junto a su pareja– Me detuve a comprar algunos tubos de óleo que me hacían falta, creí que sería la última en llegar.

La rubia negó con la cabeza– Umi acaba de llegar.

–Kotori dijo que se le hizo tarde, al parecer el cliente que fue a ver olvidó que hoy tenían una cita. –comentó la escritora.

La artista consultó su reloj de pulsera– Y Nozomi aún no sale del trabajo. –se recargó en el respaldo de la silla– ¿De qué hablaban?

–De la investigación de Umi. –respondió Maki.

–Oh. –la artista buscó con la mirada al mesero– ¿Y qué tal te va con eso? –volteó a ver a la escritora.

– Volví a indagar con más detalle y cuidado todos los casos de desapariciones y secuestros en lo que va del año, pero ninguna menciona una furgoneta blanca.

Eli ladeó la cabeza y cruzó sus brazos– ¿Por qué crees que el asesino te mandó a ti toda esa información? Incluso te envió la localización de los cadáveres, sabiendo que podías ir a la policía.

–En realidad no dio pistas sobre quién es. –interrumpió Maki– Leíste el archivo, ¿no?

La rusa asintió con la cabeza– Estaba escrito como una crónica policial. De no ser por el seudónimo que uso, no sabríamos si es hombre o mujer.

–Pero también pudo escoger ese nombre para despistar. –especuló Nico tocándose el mentón y fijando su mirada en la mesa.

–¿Por qué tan serias? –preguntó Nozomi sentándose junto a su pareja y dejando un lugar vacío junto a Umi.

–Te esperábamos más tarde. –dijo la pelinegra.

–Me dejaron salir temprano. –se inclinó para darle un beso en los labios a Eli– Kotori debería estar aquí pronto.

–¿Cómo lo sabes? –cuestionó Umi.

–Le gané el lugar de estacionamiento.

– No-Nozomi-chan. –Kotori apareció un poco agitada y con una expresión curiosa; sonriente, pero con el ceño fruncido.

–Creí que tardarías más.

–Me rendí y estacioné mi auto a media cuadra. –tomó asiento en la última silla vacía, entre Umi y Nozomi– Era más rápido que seguir dando vueltas y esperar a que alguien desocupara un lugar.

El mesero se acercó nuevamente a ellas al darse cuenta de que todos los lugares habían sido ocupados. Escogieron la mesa más alejada del resto para poder hablar sin preocuparse de que alguien las escuchara, ya que estaban seguras de que tarde o temprano se tocaría el tema de la investigación de Umi.

Del otro lado de la calle dentro de un viejo Mazda RX-3 color negro, alguien observaba la interacción de las seis amigas. Mientras veía cómo la escritora se reía de lo que decía la castaña a su lado, se preguntó si su elección fue correcta.

Hace varios meses, mientras visitaba una librería en busca de material con el cual entretenerse se topó con la novela Sekai wa Anata no Iro ni Naru, en un principio dudó en comprarla, pues el título le sonaba algo cursi. Pero al estar en la sección policiaca decidió tomarla y leer la sinopsis, y al notar que se basaba en hechos reales decidió comprarla. La atrapante y fluida narrativa lo engancharon desde las primeras líneas. Consumió la novela en menos de una semana –debido a que debía trabajar– y el resultado final fue mucho mejor de lo que esperaba. Al leer las notas finales de la autora llamó su atención cómo esta expresaba que se arrepentía de no haber podido ayudar a sus amigas, y que si tuviese la oportunidad haría las cosas diferentes.

Llevaba años cometiendo asesinatos, uno cada cierto tiempo le bastaba; si no se había descontrolado aún, era porque las imágenes en su cabeza de aquellas niñas llorando y haciendo lo posible por resistir al dolor, eran suficiente. Los recuerdos se mantenían frescos para no hacerlo cometer delitos con tanta frecuencia, pero su límite eran 5 años. Después de eso la necesidad de sangre y violencia aumentaba al grado de volverse insoportable. Eso variaba según la experiencia de cada homicidio, y podía volver a las andadas en cuanto empezaba el quinto año, ya fuese a mediados o finales de este.

Se encontraba ya rayando su límite cuando se encontró con la novela de Sonoda, al terminar la lectura su sed de sangre había disminuido un poco, y la idea de jugar con aquella mujer apareció en su mente. Al investigar sobre ella se percató de que nació el mismo año que una de sus víctimas, cuando profundizó más en los datos personales de Umi descubrió que ella y Shun Sugisaki fueron compañeras de clases. Se sintió excitado y emocionado por aquella información y entonces se decidió. A su próxima víctima le daría una oportunidad de vivir, si la escritora llegaba a él antes de secuestrar a alguien, ese año no mataría a ninguna menor de edad. Pero no estaba seguro de qué es lo que le haría a Sonoda Umi. Tuvo que retrasar un poco sus planes al enterarse de que la mujer estaba de viaje promocionando su nuevo libro, por lo que esperó hasta que ella regresara a Tokio para poder mandarle el correo. La idea de tener a alguien que supiera sobre sus crímenes era de alguna manera excitante, y aquella sensación le ayudó a esperar con paciencia a que la escritora regresara.

Se recargó en el respaldo de piel del asiento de su vehículo, intentando tranquilizarse y menguar su jadeo, del cual no se percató hasta que se vio en el espejo retrovisor, además de darse cuenta del entusiasmo en su semblante. Tenía una sonrisa que para algunas personas podría parecer perturbadora, por lo que intentó tranquilizarse. Quizás evocar algún viejo recuerdo le ayudara a lograrlo, por lo que se centró en el caso de Chiduko Aizawa.

En el verano de 2012, la niña de 10 años caminaba apaciblemente por la calle con una amiga que en ese tiempo vivía cerca de su casa. Querían tener una pijamada en la casa de Chiduko, por lo que iban a pedirle permiso a los padres de la niña para esa noche. Ya eran las 20:33 p.m. así que esperaban no tardar mucho, sobre todo en caso de no obtener el permiso y que la pequeña Aizawa tuviera que volver sola a su casa.

Shigeru –el hermano mayor de Chiduko– jugaba con su consola de videojuegos mientras regresaba a casa, pero prestando atención por ratos a su entorno. Se detuvo al percatarse de que se acercaba a una esquina, debía fijarse bien al cruzar la calle si no quería ser arrollado, su madre le había enseñado a ser cuidadoso. Se dio cuenta de que estaba más cerca de su casa de lo que creyó –probablemente había tomado un atajo de manera accidental– cerró la tapa de su consola portátil y lo guardó en el bolsillo trasero de su pantalón. Se aseguró de que no hubiera autos cerca y justo cuando iba a dar un paso, vio a su hermana y a su amiga platicando por la acera. Estuvo a punto de gritar para llamar la atención de ambas, pero recordó que más temprano ese día discutió con Chiduko porque él no quiso prestarle la bicicleta, las cosas se tornaron violentas y un adulto tuvo que separarlos. El chico bajó la mirada al suelo mientras llegaba a la conclusión de que no estaba listo para disculparse.

Shigeru cruzó la calle y caminó en sentido contrario a las niñas. Se convenció de que lo mejor era volver a casa, cenar y ocultarse en su habitación; estaba optando por la solución más cómoda, sabiendo que a la mañana siguiente era probable que la situación ya se hubiese enfriado, entonces no tendría que disculparse, sólo fingir que nada pasó. Antes de seguir su camino, dio un rápido último vistazo a su hermana y su amiga. Durante los siguientes años Shigeru cargaría con el dolor, el remordimiento y la culpa de tomar aquella decisión. Quizá las cosas habrían resultado diferente si él hubiera acompañado a su hermana aquella noche.

Las niñas obtuvieron una respuesta negativa, la familia de la amiga de la pequeña Aizawa tenía proyectado salir temprano al día siguiente para visitar a algunos familiares, por lo que Chiduko tuvo que volver sola a casa.

No pasaba nada.

Ella conocía bien el trayecto de 10 minutos a su hogar, casi todos los días caminaba por ahí y tenía la certeza de que era seguro. El barrio donde vivía era poco transitado, pero muy bien iluminado, y al ser una zona residencial la mayoría de las personas ya estaban en su casa a esa hora. Era por eso que las familias que vivían en aquel vecindario bajaban la guardia y dejaban que niñas pequeñas como ella estuvieran fuera de su hogar a esa hora.

Avanzó tranquilamente, con la única preocupación de llegar a tiempo para cenar junto a sus padres. Sólo le faltaba una cuadra y media y estaría en casa, en el trayecto se topó con una mujer que llevaba una bolsa de una tienda cercana, le dio las buenas noches y siguió su camino mientras la señora llegaba a su casa y abría la puerta. La mujer dio un vistazo hacia atrás y notó que la sospechosa furgoneta blanca que vio estacionada antes de salir a comprar estaba arrancando. Aquello la hizo sentir aliviada, por lo que entró a su casa sin siquiera pensar en la pequeña que acababa de saludarla segundos atrás; sólo lo haría días más tarde cuando en las noticias presentaran el caso.

Chiduko escuchó el motor de la furgoneta y se pegó más a la barda blanca que rodeaba la propiedad por la que pasaba. El vehículo la rebasó pero se detuvo en la esquina, cuando ella se puso a la par de este la puerta corrediza se abrió de golpe y un hombre con gorra y cubrebocas la obligó a entrar al vehículo. Aquella situación le pareció tan irreal a la menor que no tuvo tiempo de gritar antes de ser dormida por cloroformo.


Kotori tomó la mano de Umi para impedir que entrará a su automóvil. La escritora se dio vuelta quedando frente a su amiga.

–¿Qué sucede? –cuestionó Umi a la castaña quien soltó su mano.

–Nada, es sólo que estoy preocupada por ti. –susurró Kotori mirando para todos lados, pues sentía como si alguien las estuviera observando. Al no encontrar nada sospechoso sintió que su cuerpo se relajaba un poco.

La escritora se inclinó un poco para poder escuchar mejor a su amiga– No he hecho nada que deba hacer que te preocupes, y haré lo posible por seguir de esa manera. Tú sabes que no soy imprudente.

–Y aún así fuiste a buscar un cadáver... –le reprochó la diseñadora.

–Yo, bueno, no tenía idea de que realmente habría uno... –balbuceó Umi en un fallido intento por justificarse, al darse cuenta de su fracaso sintió que sus mejillas se calentaban.

–Aún si ese era el caso, Umi-chan –Kotori desvió la mirada al suelo, la expresión en el rostro de la escritora le resultaba adorable, pero no quería pensar en eso y dejar pasar la insensata acción de su amiga– no es la decisión más inteligente que has tomado.

Aunque la escritora le daba la razón a su amiga, no pensaba confesarlo en voz alta. Lo que menos quería era preocupar a Kotori, ella requería de toda su concentración cuando estaba diseñando y Umi no necesitaba darle algo que estuviera constantemente en su mente interfiriendo con su creatividad. Lo más fácil sería tirar las impresiones de los casos y eliminar el archivo de su pc. Pero a esas alturas le era imposible hacer eso. Ahora era responsable –ya que la policía no pensaba tomárselo en serio– de hacer justicia o mínimo lograr dar con las pistas necesarias para que las autoridades actuaran.

–Kotori, no va a pasarme nada. –intentó que con su timbre de voz sereno y tranquilo fuese suficiente para que su amiga se convenciera– Te lo dije, tendré cuidado y no voy a sobrepasar mis límites. –la escritora se odio a sí misma en ese momento porque no estaba segura de poder cumplir con lo que decía, ya que en caso de ser necesario haría lo que fuese para llevar aquellos casos a una conclusión.

A pesar de sus dudas la castaña asintió con la cabeza, y murmurando lo suficientemente audible para ambas– Estoy confiando en eso Umi-chan.

El sujeto que las observaba dejó caer su cabeza sobre el volante –haciendo lo posible por no hacer sonar el claxon– para poder ver mejor a ambas mujeres conversar. No era la primera vez que veía a la escritora con alguna de sus amigas, pero con la que estaba en ese momento era con la que se encontraba con mayor frecuencia, por lo que debían ser bastante cercanas. Una sonrisa se formó en su rostro al darse cuenta de que si se llegaba a dar la situación en que Sonoda quisiera dejar el juego, había maneras de obligarla a volver.