Capítulo 3: "Amigas"
A la mañana siguiente, Fate dejó a su hija en el colegio y se dirigió al hospital donde hoy empezaría pasando las primeras consultas. Al llegar, Hayate le explicó que hoy por la mañana tendría consultorio y por la noche tendría que hacer una guardia en urgencias ya que no tenía a nadie disponible. Se dirigió a su consultorio y empezó a atender a todos los pacientes hasta la hora del almuerzo, que fue a la cafetería. Se puso en la cola para hacer su pedido y se fue a una mesa a tomarlo mientras revisaba unos informes. Al rato, alguien se puso a su lado.
- ¿Puedo sentarme contigo, Fate-chan? –preguntó una cobriza nerviosa.
- Claro que sí, Nanoha. –dijo una sonriente Fate al ver como Nanoha utilizaba de nuevo el apelativo cariñoso.
- ¿Ya estás con papeleo y te acabas de incorporar? Nyahaha. –decía Nanoha riéndose.
- Es lo que tiene ser la jefa de urgencias… –sonrió levemente mirando a la cobriza para bajar la vista nuevamente a los informes– Nanoha, yo… quería hablar contigo...
- ¿Hablar conmigo? ¿Qué pasa?
- Quería pedirte disculpas si ayer Vivio te puso en un compromiso. Quería agradecerte también que le hicieras ese favor. A veces es imposible decirle que no con esa mirada de cachorrito que pone. Intentaré que no vuelva a pasar, aunque…
- No te preocupes. –la interrumpió Nanoha– Vivio es encantadora y me gustó pasar tiempo con ella. Me recuerda a ti cuando estábamos en la escuela… Eras tan inocente y… dulce, aunque también muy despistada. Nyahaha. Nunca podía negarte algo cuando ponías esa carita también. Supongo que eso lo heredó de ti. –dijo la cobriza bajando la mirada sin notar el rubor que hizo aparecer en la rubia.
- Ayer, de camino a casa me dijo que le habías caído bien, que quería jugar contigo algún día y que quería conocer a la mejor amiga de su Fate-mama. –Nanoha se sorprendió– Como te he dicho, intentaré que no te moleste, aunque no te prometo nada…
- Lo haré, Fate-chan. Tú quieres mucho a Vivio, y yo… –se ruborizó ante lo que iba a decir– siempre te quise, Fate-chan. Ella es importante para ti, así que para mí también. Jugaré con ella siempre y cuando tú me lo permitas. Además, le contaré sobre todas las travesuras que hacía su Fate-mama cuando era pequeña. Nyahaha.
- ¡Nanoha! –se ruborizó al recordar– Gracias... Siempre has sido muy amable y dulce con los demás. –sonrió con ternura a Nanoha– También quería pedirte perdón por la forma en la que me fui hace 6 años. Estaba enfadada porque no confiaste en mí. Creí que éramos las mejores amigas y que siempre me lo contarías todo, pero supongo que incluso las mejores amigas tienen secretos… aunque no sé porqué me ocultaste una noticia tan buena. Espero que podamos retomar nuestra amistad por el bien de Hayate, Vivio y… nosotras. –dijo la rubia tranquilamente con una sonrisa.
- No tienes que pedir perdón, Fate-chan. Tienes razón, yo… no fui totalmente honesta contigo… no debí ocultarte algo así… A partir de ahora no más secretos, tendremos una verdadera amistad por el bien de todos. Yo… estoy muy feliz de que estés aquí de nuevo. –dijo una Nanoha alegre.
Siguieron comiendo mientras recordaban anécdotas de su infancia y adolescencia, como cuando Fate se cayó de un árbol –de nuevo– mientras quería recuperar un globo de Nanoha y el cual explotó al caer ésta del árbol y cayendo sobre él… Todos esos recuerdos fueron agradables hasta que sonó el teléfono de Fate.
- Chrono… ¿has recogido a Vivio?... ¿estás en el hospital?... Yo estoy en la cafetería… Gracias, te espero aquí…
Fate se puso de pie y vio a lo lejos a un hombre con cabello azul oscuro tomando a Vivio de la mano.
- ¡Chrono, Vivio! Estoy aquí. –dijo alegremente Fate y alzó una mano.
"Así que él es tu marido, Fate-chan… él ha sido el que ha conseguido llegar a tu corazón… él es el que hace que sonrías de esa forma, el que hace que estés tan feliz…" –pensaba la cobriza.
- ¡Fate-mama! –gritaba Vivio mientras corría para su madre para que la cargara en brazos.
- ¡Hola pequeña! Te he echado de menos. ¿Has sido buena? –decía la rubia mientras le daba un beso esquimal que hacía reír a la pequeña– Hola Chrono. Gracias por recogerla y traerla para verla antes de iros a casa. –le dedicó una sonrisa y éste respondió de la misma manera– Vivio, saluda a Nanoha.
- ¡Hola Nanoha! –saludó la pequeña avergonzada pero feliz.
- Hola Vivio. Me alegro de verte de nuevo. –sonrió la cobriza.
- Fate. ¿A qué hora saldrás de trabajar? ¿La llevo yo mañana a la escuela? ¿Quieres que te recoja después? –la cobriza se puso de pie con los ojos vidriosos. Le dolía, verla con ese hombre le dolía demasiado. Ella aún estaba enamorada.
- Nanoha, quiero presentarte a Chrono Harlaown. Él es…
- Mucho gusto, Chrono-kun. –interrumpió la cobriza– Les dejo que hablen de sus cosas, yo… debo irme a trabajar. Hasta pronto. –y se marchó de aquel lugar– "tú me robaste a Fate-chan, tú la has hecho feliz y le has dado una hija maravillosa. Jamás la vi tan feliz" –pensaba Nanoha mientras caminaba rápidamente.
- ¿Eh? –se sorprendió Fate mientras veía a Nanoha alejarse– Gracias por traer a Vivio, Chrono. Si pudieras llevarla mañana a la escuela me harías un gran favor. Y no te preocupes, no hace falta que me vengas a buscar. Nos veremos mañana en casa. Pórtate bien, Vivio. –le dio un beso a su hija y se marchó.
Chrono volvió a casa con Vivio y Fate se quedó en el hospital para terminar unos informes y descansar hasta que empezara su guardia.
Cinco meses después, Fate dejó el consultorio para centrarse en el servicio de Urgencias. Sus cuatro residentes: Erio, Caro, Teana y Ginga estaban aprendiendo a pasos de gigante y estaban muy contentos con su rubia doctora. Nanoha sólo había coincidido con ella dos veces desde que se incorporó a la plantilla, por lo que su relación seguía siendo prácticamente nula, también en cierta medida porque ella misma había intentado evitarla. Sentía dolor al pensar que su rubia amiga estaba cerca de ella, pero lejos, tan lejos que nunca la podría alcanzar. Se odiaba por seguir teniendo esos sentimientos hacia ella cuando ésta había hecho su vida con aquel hombre que la hacía tan feliz y dándole el mayor regalo: una hija.
Hoy viernes había reunión. Al parecer, Hayate tiende a hacer reuniones sorpresa los viernes.
- Buenos días a todos. Siento que hayáis tenido que venir antes al trabajo para esta mini reunión de última hora, pero es importante…. Como sabréis, en tres semanas se organizará una competición entre hospitales para recaudar fondos para ayudar a niños desprotegidos, por lo que necesito que uno de vosotros se ofrezca voluntario para participar. Este año la competición consistirá en carreras individuales y de relevos. Tenéis unas horas para pensarlo ya que el plazo de inscripción se cierra esta noche. Además, recordaros, que dos días antes de la carrera habrá una gala benéfica y que todos los que no tengáis guardia, debéis asistir. Debemos conseguir fondos suficientes para seguir mejorando nuestros servicios y atender a todos los pacientes con las mejores técnicas y calidad. Gracias a todos por venir. Y ahora vayan a trabajar. Doctoras Testarossa y Takamachi, ustedes no.
Todos se marcharon discutiendo sobre quién sería el voluntario, dejando atrás a las doctoras.
- Nanoha-chan, supongo que ya sabes porqué te he pedido que te esperes… –la cobriza asintió– Fate-chan… necesito que…
- Hayate –la interrumpió la rubia– no pienso correr en la competición. Sabes de sobra que dejé de correr hace mucho tiempo y solo he corrido cuando he necesitado… –la interrumpió Hayate mientras una cobriza sorprendida observaba a Fate sin creer que ésta hubiera dejado de correr.
- Lo sé, pero necesitamos tu ayuda. Tú y Nanoha-chan tendréis que correr obligatoriamente. Ya os he inscrito. Además, sois las más rápidas y las más sexys –decía pícaramente la castaña– aunque obviamente no tanto como yo –se echó a reír– Pero mientras corréis, tendréis a todos mirándoos y podréis ganar sin problemas jajaja.
- ¡Hayate / Hayate-chan! –gritaron al unísono Fate y Nanoha sonrojadas.
- No has cambiado nada, Hayate… Está bien, cuenta conmigo. Entrenaré un poco, pero necesitaré ayuda con Vivio. No puedo hacer todo sola. –decía una rubia cansada.
- Cuenta conmigo también, Hayate-chan. –decía una cobriza emocionada– Sabes que siempre participo en estos eventos.
- Gracias chicas. Sabía que podía contar con vosotras. Y, tranquila, Fate-chan, nos las apañaremos con Vivio. Quizás podrías llevártela para que te cronometre. También podrías practicar con Nanoha-chan. A cambio de ti, ella nunca ha dejado de correr, quizás sea más rápida que tú… –dijo con picardía para hacer reaccionar a Fate– Además, os hago saber, que debéis asistir a la gala benéfica. Fate-chan, lo siento, como directoras del hospital y de urgencias debemos asistir obligatoriamente… tenemos algo que hacer allí… Además, todo el mundo está deseando conocer a la rubia sexy que está haciendo que funcione tan bien urgencias. Muchos directivos de otros hospitales me preguntan cómo conseguí que vinieras a mi hospital, que tú siempre has declinado sus ofertas de trabajo… Yo siempre les respondo lo mismo "El que la mejor neurocirujana sea tu amante es un plus", les guiño un ojo y todos quedan boquiabiertos. –se echó a reír.
- ¡Hayate! ¿Cómo se te ocurre decir eso? –la rubia sintió su cara arder mientras que Nanoha reía junto a la castaña– ¿Y por qué tengo que asistir obligatoriamente? ¿Qué tenemos que hacer allí?
- Etto…. Nanoha-chan te lo explicará… –rió nerviosamente– En fin, necesito que, tanto Nanoha-chan como tú, saquéis todas vuestras armas de seducción y que consigáis una alta recaudación. Confío en vosotras. Ahora, a trabajar. Largo de mi oficina.
Salieron del despacho sin poder creer lo que había dicho Hayate. Nanoha sabía que era cierto. Fate era una mujer sexy que era capaz de levantar miradas allí por donde pasara, aunque fuera vestida de forma informal. Siempre fue así en el instituto. Todos se quedaban mirándola siempre y eso la hacía sentir unos celos horribles. Ella quería ser la única que pudiera mirarla así. Ella quería ser la única que la comiera con los ojos. Además, muchos se declaraban, pero ella no aceptó nunca a nadie.
- Fate-chan, ¿tienes un momento? –dijo Nanoha sujetándola del brazo.
- Dime, Nanoha. ¿Qué es eso que tengo que hacer en la gala? –dijo dulcemente e hizo estremecerse a la cobriza.
- Etto…. Te lo diré si tienes un entrenamiento conmigo, tal y como ha propuesto Hayate-chan. Tú siempre fuiste la más rápida y quisiera entrenar contigo para esforzarme más. –decía la cobriza ruborizada.
- Lo pensaré Nanoha. Hace mucho tiempo que no corro y me siento oxidada jeje. Además, tengo que ver qué puedo hacer con Vivio, es muy pequeña para que se quede sola en casa, y, a decir verdad, no me fio de los cuidados de Hayate... –le guiñó un ojo a Nanoha.
- Yo tampoco me fiaría. Nyahaha. ¿Y su padre no puede cuidarla? –preguntó curiosa.
- ¡Doctora Testarossa, rápido, hay una urgencia!
- Lo siento Nanoha. –salió corriendo y se fue dejando a una cobriza cabizbaja que veía como sus planes por estar junto a Fate no salían adelante.
Nanoha se fue a su consultorio para atender a los pacientes que tenía citados en el día de hoy. A media mañana, recibió un mensaje de Yuuno para almorzar juntos. Ella no tenía ganas de estar con él, pero necesitaba despejar su mente. Desde que Fate regresó no ha dejado de pensar en ella ni un momento. Cuando llegó la hora del almuerzo, Nanoha esperó a Yuuno en la cafetería del hospital. Mientras lo hacía, se puso a mirar por la ventana pensando en qué debería hacer con respecto a Fate. Nunca dejó de amarla y nunca la olvidó, y ahora que regresó, sus sentimientos eran más intensos. No quería que la rubia sexy se alejara de ella de nuevo. Quería decirle que la amaba, que siempre la amó, pero ya era demasiado tarde. No era justo para ella el decirle sus sentimientos. Fate se había casado y tenía una hija, y lo más importante, era feliz. "Si ella es feliz, es suficiente para mí, ¿verdad?" –pensaba mientras una sonrisa triste asomaba en su rostro. Mientras pensaba todo eso no se dio cuenta de que alguien se sentó a su lado.
- ¿Te encuentras bien? –esa dulce voz la sacó de sus ensoñaciones.
- Fa-Fate-chan, ¿de…desde cuán…do estás ahí? –tartamudeó la cobriza.
- Pues…. veamos… creo que –se puso la mano en la barbilla como si estuviera pensando– desde el segundo suspiro, es decir, hace unos 10 minutos.
- ¿Eh? ¿Qué? ¿Hablas en serio? –se avergonzó y bajó la cabeza haciendo que Fate soltara una carcajada.
- Pensé que nunca volvería a escuchar tu risa, Fate-chan. La he echado tanto de menos…
- Nanoha… –dijo la rubia mirándola con ternura– ¿Qué te parece si quedamos esta noche? Podríamos entrenar si tú quieres y no tienes nada que hacer. Vivio se quedará con Chrono, así que no tengo ningún problema. Me gustaría ir a correr a la playa a la que siempre íbamos. ¿Qué tal a las 8? Así me cuentas en qué consiste lo de la gala…
- ¿Eh? –mientras Nanoha recapacitaba en lo que acababa de oír, llegó Yuuno.
- Siento llegar tarde, Nanoha. –sonrió a la cobriza– Hola, Fate. –dijo serio.
- Hola Yuuno. Lo siento, no sabía que Nanoha te esperaba. –la cobriza abrió más los ojos haciéndola salir del trance– Nos vemos en otro momento. Que disfruten del almuerzo.
- Fate, ¿no quieres quedarte a comer con nosotros? –preguntó el rubio para sorpresa de ella.
- No, gracias Yuuno. Otro día. No quiero molestarlos. –miró seria al rubio para después mirar a la cobriza– Además, tengo que entregar un informe antes de ir a recoger a mi hija. Hasta pronto. –y se fue.
Fate no tenía que entregar ningún informe, pero no quería pasar tiempo con la parejita feliz. Mintió. Sí. No quería estar cerca de la persona que le robó a su mejor amiga. Salió del hospital, fue a ponerse ropa deportiva para después ir a correr y se dirigió a recoger a su hija. Pasaron la tarde juntas jugando y riendo. Fueron a tomar un pastel a la pastelería que regentaba la familia de Nanoha.
- Buenas tardes Momoko-san. –dijo alegremente Fate.
- ¡Fate-chan! ¡Vivio-chan! Bienvenidas. Por favor, sentaros. Enseguida os llevaré unos deliciosos pasteles y unas bebidas. –dijo Momoko sin poder evitar alegría.
Fate y Vivio se dirigieron a una mesa y se sentaron esperando los pasteles y bebidas. Mientras comían, llegó Chrono y se sentó junto a ellas para tomar algún pastelito.
- Fate. Ahora llevaré a Vivio a la playa. Nadaremos un poco, descansaremos y nos iremos a casa. ¿Te parece bien?
- Claro que sí, Chrono. Yo iré a entrenar a la playa más tarde. Así que volveré tarde a casa. Cenad sin mí. Nos veremos más tarde.
Estuvieron hablando un poco más hasta que llegó la hora de que Vivio se fuera con él. Fate le dio un beso a su hija y un abrazo a Chrono para despedirse. Ella pagó por los pasteles y las bebidas. Ordenó unos pasteles para llevarlos al hospital y se marchó.
Por otro lado, Nanoha estaba en la playa esperando por Fate cuando vio a Chrono y Vivio salir del agua. La pequeña se agachó en la arena y parecía estar buscando alguna concha bonita, quizás para regalársela a su Fate-mama. Chrono, sin embargo, se dirigió hacia una chica castaña que estaba sentada sobre una toalla. Se sentó a su lado, le pasó el brazo por el hombro y la besó.
- ¡No puede ser! –dijo la cobriza con los ojos y boca abiertos.
Notas de autor:
Gracias a los que seguís esta historia. Me habéis hecho inmensamente feliz.
Gracias saizoouuuh por tu valoración y aviso sobre los guiones. Esta es la primera vez que escribo y la verdad es que no sé manejar muy bien aún la web. Gracias.
Espero que disfrutéis de la historia.
