Squall salió del Lagunamov guiñando los ojos ante el resplandor del sol. Con un suspiro de agotamiento giró la cabeza para intentar localizar a los demás y su cuello dio un chasquido malsano que envió un latigazo de dolor a través del hueso de su mandíbula. Por mucho que tratara de recordar no era capaz de encontrar en su azaroso pasado una sola noche más incómoda que la que acababa de pasar en el interior de la nave escorada. Ya tenía un mensaje para los amantes del SquallxSeifer que se dedicaban a colgar tonterías románticas en la red del Jardín: Seifer durmiendo parecía estar sufriendo un constante terremoto de magnitud media. ¿Y qué pasa si molestas a un león mientras duerme?

Simplemente, que el león no duerme.

Y que se levanta agarrotado. Y de mal humor.

"No creo que nadie aquí note la diferencia."

Las mujeres se habían presentado voluntarias para tratar de pescar/desenterrar/atrapar cualquier bicho comestible que pudieran encontrar en la playa, pero por las risas y chapoteos que se oían, seguramente estarían jugando a las sirenitas, o algo así.

Siguiendo con la teoría, Seifer e Irvine deberían estar recorriendo el perímetro de seguridad que habían establecido el día anterior para asegurarse de que nada peligroso lo había atravesado... pero estaban lejos de su vista, así que seguramente estarían en plena disputa de: "Veamos quién mea más lejos".

Zell al menos parecía en su sitio, sentado a la mesa sobre la que descansaban las piezas del sistema de comunicación que había desmantelado.

"¿Y qué puedo hacer yo? Por lo pronto sería buena idea buscarme un escondite, donde poder relajarme antes de que yo mismo me convierta en el peor enemigo de esta gente."

-Squall, me parece que... –comenzó Zell cuando Squall pasó tras él.

El comandante apresuró el paso.

-Déjalo, Zell. Simplemente avísame cuando tengas la radio arreglada.

-Pues eso va a ser nunca, macho. Me faltan piezas.

Los pies de Squall trazaron un círculo perfecto que lo llevó rápidamente al lado de Zell.

-¿Cómo que te faltan piezas? Lo normal cuando se descalabra un aparato electrónico es que sobren.

-Estoy segurísimo. Y no son piezas pequeñas. ¿Quieres saber lo más extraño? –Zell lo miró fijamente y esperó.

Durante unos segundos Squall le devolvió la mirada. Al ver que Zell no continuaba el comandante parpadeó lentamente, confundido.

"No me puedo creer que esté esperando a que yo le responda a una pregunta retórica para continuar. Yo. Una. Pregunta. Retórica. Voy a tener que aguantar para no reírme... ah, maldita sea."

Zell se estremeció cuando sin ningún motivo aparente un sonido semejante a una risa desquiciada salió del comandante. Era como aquella vez en Timber cuando hablaban de si Seifer sería ejecutado o no. En aquella ocasión Squall también había reído de esa manera, y ya entonces a Zell se le habían puesto los pelos como escarpias.

-Oye, macho, ¿estás bien? La verdad es que no tienes buena cara –Zell retrocedió un paso, por si acaso-. A lo mejor ayer te dio mucho el sol en la cabeza, o algo así. Si quieres hablamos en otro momento.

-Ahora, Zell –el tono de Squall no admitía réplica y no había ni pizca de humor en él-. ¿Serías tan amable de decirme de una vez qué es eso tan extraño que ha pasado?

-Ah, pues eso. Que ayer las piezas que estaban.

-¿Dónde?

-Aquí, en esta misma mesa.

-¿Y estás seguro de que no están? Esto está lleno de cosas.

-Llevo quince minutos sin hacer otra cosa que buscar. Además, como ya te dije, no son piezas pequeñas. Una es un circuito completo, más o menos como la palma de mi mano. Y ya no está. No creo que las chicas lo cogieran para pescar cangrejos, macho.

"Las chicas puede que no, ¿pero Selphie, tal vez?"

-¿Te has fijado si hay algún tipo de huellas por aquí cerca? –le preguntó a Zell.

-¡Oh! –Zell lanzó un rápido vistazo a su alrededor y luego asintió repetidas veces, mirando a Squall-. ¡Qué buena idea, macho!

"Y eso que hoy no me siento inspirado."

En ese momento una de las palmeras se arqueó para dejar paso el enorme cuerpo del arqueosaurio conocido como "Mofletes". Ignorando totalmente la presencia de los dos SeeDs, se encaminó con paso lento hasta el Lagunamov y, recostándose sobre la nave comenzó a morderla con parsimonia.

-¿Has visto eso, macho? –susurró Zell-. ¿Qué está haciendo ese bicho?

Squall se frotó los ojos, por si acaso estaba ahí el problema, pero cuando volvió a mirar todo seguía igual.

-Me parece –respondió a Zell también en voz baja-, que está usando el Lagunamov como mondadientes.

-¿Y qué vamos a hacer?

Squall se encogió de hombros. Si por él fuera, ese estúpido arqueosaurio podía comerse la nave entera, excepto, las piezas del sistema de comunicación y a su técnico en reparaciones. Estaba dispuesto a defender a Zell con uñas y dientes, aunque tuviera que arrojar a... a Seifer, por ejemplo, a los pies del arqueosaurio como distracción.

-Pues a mí esto me parece –continuó Zell-, un desafío hacia ti. ¿No eras el rey de la isla?

"Ya, y según Seifer, ¿no eras tú una gallina?"

-Como se coma la antena, o hunda la cabina y fastidie el resto de la instalación de comunicación...

Squall se volvió hacia él como una centella.

-Acabemos con él, entonces –el comandante habló con frialdad mientras cogía su sable pistola-. Coge tus guantes, tú y yo nos bastamos.

-¿Estás de broma, tío? –protestó Zell de inmediato-. ¿No has visto esa cresta que tiene?

Squall se detuvo confundido. ¿Qué pasaba con la cresta? Ahora que Zell lo decía, no recordaba haber visto nunca un arqueosaurio con cresta, ¿sería un arma adicional de la bestia que habría que tener en cuenta?

-¡Podría ser un ejemplar único, macho! ¡No podemos cargárnoslo!

El comandante le miró en silencio unos segundos con los ruidos del feliz arqueosaurio destrozando la nave de fondo.

-Estás de broma, ¿verdad?

-No, no lo estoy –Zell sacó una chapa de un bolsillo y se la enganchó en el pecho después de sacarle brillo-. Pertenezco a la Asociación para la Defensa de Monstruos Únicos. ¡La ADMU! Como le pongas un dedo encima a ese arqueosaurio, entonces, entonces...

"¿Llorarás?"

-Se lo diré a Quistis. Ella también pertenece a la ADMU, ¡y tiene un látigo, macho!

"Ouch."

Con un suspiro de resignación, el comandante del Jardín de Balamb volvió a dejar el sable pistola en su cinto. Durante unos minutos contemplaron con creciente nerviosismo como Mofletes afilaba los dientes de un lado de su boca. Cuando el arqueosaurio se dio la vuelta para comenzar con los dientes del otro lado los vio y pareció tratar de incluirlos en su catálogo de especies, dividida en "comestibles y no comestibles".

Mientras el arqueosaurio reflexionaba y reflexionaba torciendo la cabeza de un lado a otro, Seifer e Irvine llegaron por el lado contrario del Lagunamov y se acercaron a ellos con expresión satisfecha.

-Ni un solo problema, Squall –informó Irvine-. Nada ha traspasado el perímetro de seguridad.

-¿Estáis seguros? –preguntó el comandante con voz contenida.

-¡La duda ofende, Squally! –bufó Seifer-. Yo mismo diseñé el sistema de seguridad y dispuse las marcas después de un concienzudo estudio del terreno y del ecosistema del lugar. ¡Nada de tamaño superior a una ardilla puede traspasar el perímetro sin que yo lo sepa de inmediato!

-Entonces, según tú Seify, ¿eso qué es? –preguntó Squall señalando por detrás de Seifer al arqueosaurio, que parecía sorprendido de que dos se hubieran convertido en cuatro.

Seifer giró sobre sí mismo y pegó un bote en el sitio.

-¡La madre que...!. ¡Pero si es Mofletes!

-Puede que por poco, pero creo que es ligeramente más grande que una ardilla común –apuntó Zell con una amplia sonrisa, satisfecho de que Seifer pringara cuando Squall se encontraba de obvio mal humor.

En ese momento Mofletes les dio la espalda y con amplios coletazos comenzó a tirarles arena encima.

-¡Será jod...! –exclamó Seifer, aunque tuvo que cerrar la boca para evitar tragar arena.

-¡Zell, protege las piezas, que no se pierda nada más! –ordenó Squall que se cubría la cabeza con los brazos para protegerse de la lluvia de arena.

Una vez los tuvo medio enterrados, Mofletes se dio por satisfecho y recostándose nuevamente continuó con su limpieza bucal. Aprovechando que ya no estaban en su línea visual, los SeeDs se desenterraron.

-¡Ni que fuéramos desperdicios! –exclamó Irvine, tremendamente picado en su orgullo.

-¿Y Squall? –preguntó Zell mirando de lado a lado- ¡Squall! –exclamó cuando lo vio sable pistola en mano y caminando con mirada asesina hacia el feliz arqueosaurio-. ¡Controla ese genio tuyo! –agregó tratando de retenerlo, colgándose de él-. ¡Mofletes está bajo la protección del ADMU! ¡Se lo diré a Quistis! ¡Y a Rinoa! ¡Squaaaaalll!

-1.000 guiles por el gallina –apostó Seifer dándole un codazo a Irvine.

-Mm –Irvine dedicó unos segundos a reflexionar mientras Zell era arrastrado varios metros por el iracundo comandante-. Que sean 10.000. Yo voy con Squall, al fin y al cabo... es el rey de la isla.