Capitulo cuatro: ¡Explosión!, ¿Roy?, Nada que entender.

Se había ido de aquel lugar, no quería escuchar a aquella mujer burlándose de el, ni mucho menos a Al mostrando piedad o incluso pena por su hermano, mordió sus labios y paso por un callejón, cerca de la central, fue entonces cuando escucho una gran explosión, y al ver de dónde venía sus pies comenzaron a correr para adentrarse en el lugar. La explosión comenzó donde él jamás imagino: la oficina de Roy Mustang. Mientras la gente que quedaba allí intentaba salir tratando de no respirar aquello el menor se adentraba con más desesperación, llegando al lugar, todo estaba envuelto en llamas, tapo su rostro con su manga e intento divisar, sabía que era él, sabía que él estaba allí, nadie comenzaría una explosión con tanta facilidad, excepto él, pero sabía también que debió de ser obligado, o algo por el estilo, él no haría eso sin una orden.

Ed: -¡R-Roy!- grito y comenzó a divisar una figura masculina, alta, con una mano frente a él, una sonrisa extraña y unos ojos invadidos en desquicio y odio, se acercó con rapidez a este y tomo su mano haciendo que la bajara pero frente a emitir algún sonido fue golpeado por aquel, dejándolo tirado, más cuando el menor intento levantarse y hacer frente a todo aquello el mayor ya se había ido. El lugar se estaba destrozando y este como sea debía salir, y así lo hizo, encontrándose con los que habían ido a verlo hacia poco tiempo fuera del lugar. Aturdido de todo simplemente comenzó a caminar hacia el hotel, entre sus pasos y el toser podría haber jurado que escuchaba la voz de Mustang riéndose, pero no le importó, siguió un poco más, no lograba entender, no podía creer todo aquello, había estado tan cerca, había tomado su mano y todo para nada, para verlo reír con tanta desesperación. Algo andaba mal y él lo sabía perfectamente pero no sabía que era, fue entonces que vio a su hermano, un muy preocupado Alphonse el cual se lanzo sobre este y lo abrazo con fuerza.

Al: -¡Sabia que irías allí!, ¿Estás bien? dímelo por favor- el mayor miró a su hermano algo extrañado a lo que asintió y suspiró comenzando a caminar con lentitud, volviendo al hotel, más cuando llegó busco a la mujer, no encontrándola, levantando una ceja mientras miraba a su hermano sin comprender que estaba pasando, estaba más perdido que desde un comienzo y eso le daba a temer, y claro de qué forma.

Ed:- ¿Dónde está Lust?...-

Al: -Se fue, supongo, no se… Estaba tan preocupado que solo salí a buscarte…-
Ed: -Estoy bien… - susurro más su hermano no le creyó, este solo se sentó nuevamente en la cama y frente a negar varias veces decidió meterse en el baño, abrió la regadera y comenzó a desvestirse, dejó suelto su cabello dorado y se coloco bajo la regadera, dejando que el agua cayera sobre su cuerpo mientras éste pensaba en todo lo sucedido, cerraba sus ojos y los recuerdos de Mustang comenzaban a surgir, envolviéndolo con deseo e impulsándolo hacia un punto en donde no quería llegar, más que nada por parecerle asqueroso si se encontraba solo, sus manos viajaron por su pecho hasta su abdomen no siendo las manos de éste en su pensamiento las que lo recorrían, dando un suave suspiro que pronto escucho su hermano en la puerta de afuera, cerrando sus ojos con dolor, amaba a su hermano, más que lo que cualquier hermano podría amar a su sangre, no era solo un amor fraternal, era mucho más que eso, desde mucho antes de perder su cuerpo, pero jamás había dicho algo, y ahora que sabia el amor de Ed jamás se lo diría, escuchó como este deseaba a Roy más que nada y solo miró el techo, levantándose y caminando hacia la salida.

Al abrir la puerta se encontró con alguien que no esperaba, un rubio de ojos claros mirándole, el cual lentamente encendió un cigarro y prosiguió con la mirada examinadora sobre el menor.

Havoc: -¿Qué haces aquí, Al?- murmuro, el menor desvió su mirada.

Al:- Solo… No puedo dormir, mi hermano está dormido por todo lo que sucedió si quiere hacerle una serie de preguntas. Deberá volver mañana- mientras sonreía amablemente y caminaba hacia la salida del hotel, el hombre lo siguió con lentitud a lo que el menor se detuvo nuevamente- no lo invite a seguirme…-

Havoc: -Te invito a tomar algo entonces, déjame acompañarte, no te seré un estorbo.- Alphonse solo lo miro y asintió levemente, caminando con aquel hacia un pequeño bar cerca del hotel, allí comenzaron a beber con tranquilidad y ambos descubrieron más cosas del otro, después de todo jamás se habían quedado de aquella forma, jamás habían platicado mucho, simplemente lo justo y necesario.

Edward salió del baño que había tenido, algo avergonzado por si su hermano había escuchado todo aquel acto que había montado en su mente con el fin de contener a Mustang en su juego mental un poco más, su mirada buscó al chico más no estaba allí, lo que lo preocupo un poco, busco alguna nota a lo que encontró una, muy pequeña: "volveré pronto, no te preocupes." Aquello hizo que el mayor se preocupara aun más, no sabía que podría pasar con el cuerpo de Al, nada habían investigado, más nada podía hacer, ¿Dónde iría a buscarlo?, se recostó en la cama y apago las luces mirando el techo, recordando a cada momento lo que había pasado, cada segundo, cada instante, el golpe, las llamas, el calor, buscaba lo erróneo para ver que no era Roy, pero nada parecía darle lo que quería. Los tacos de la mujer que yacía por ahora en aquel lugar lo sacaron de sus pensamientos, viendo como se adentraba por la ventana y lo miraba con tranquilidad.

Ed: -A ti te quería ver-
Lust: -Pues aquí estoy, ¿Qué quieres?-

Ed:-Lo vi-
Lust:-¿A quién?-

Ed:- ¡Deja de hacerte la idiota!-

Lust:- Pues me alegra por ti, pero no todo lo que brilla es oro- El menor se quedo unos momentos mirándola, analizando la frase, mordió su labio con fuerza y se aferró a las sabanas como si quisiera desintegrarlas en sus propias manos.

Ed:- No era él, era el infeliz de Envy, ¡¿Cierto?! ¡Lo sabia!... ¡Me tendiste una maldita trampa con Envy!-la mujer sonrió de lado y lo miro a los ojos acercándose a él, colocándose sobre este tomándole del mentón para que la mirara fijamente.

Lust:- ¿Y quién te dijo que saliste de nuestra trampa?- susurró para luego levantarse y caminar hacia la ventana mirándolo- Estas cada vez más cerca, solo te queda una pista y con ello sabrás donde esta, ahora la cuestión será ¿Podrás salvar a tu hermano y a él?-

Ed: -¿Mi hermano? ¡Mi hermano está bien!-

Lust:- Solo fue un fragmento, él no está bien, está en peligro y tú lo sabes.- La mujer rió y salió de allí, desapareciendo en la noche, pronto escucho risas conocidas, una era la de Al y la otra era de alguien más, alguien que conocía pero no sabia descifrar quien era. Abrió la puerta con rapidez y salió hacia el pasillo encontrando a su hermano junto a Havoc, ambos muy ebrios, ambos sonrojados, felices de aquella salida, juntos, estaban tomados de la mano.

Ed:-¡Alphonse! ¿Por qué no me dijiste donde ibas?- el menor miró a su hermano y rápidamente soltó a Havoc bajando su cabeza, como si fuera su madre quien lo regañaba, el menor se acercó a Ed lentamente temiendo que lo siguiera regañando, pero solo recibió un abrazo.

Havoc:-B-bueno, pienso que estarán bien, R-Riza te quiere mañana en el cuartel ¡hip! – y tras decir aquello comenzó a salir como podía, entro a su hermano menor y lo recostó desvistiéndolo mientras este se apegaba a él.

Ed: -s-solo quédate quieto Al, déjame ponerte el pijama- y allí fue cuando vio la mancha, aquella que estaba en una pequeña parte de Al, pero sabía perfectamente que no era común, su cuerpo no era así, fue entonces que entendió lo que decía Lust, su hermano estaba en peligro.
Al:- N-no nii-chan no quiero, duerme conmigo nee, como cuando éramos pequeños-susurro sobre los labios de aquel y sonrió haciéndose a un lado, Ed solo suspiro, veía a su hermano completamente ebrio, no debía hacer más que seguirle la corriente, se recostó a su lado y este lo envolvió en sus brazos durmiéndose casi al instante, tal vez mañana le contaría todo lo que sucedía e incluso podría sacarle a Lust la ultima pista que lo guiaría hacia Roy, tal vez y solo tal vez… Sería entonces cuando le diría lo que sentía, todo lo que sucedía en su interior, sería entonces cuando se lanzaría hacia el vacio.