Mientras los humanos se protegen en sus casas y aldeas hechas por ellos mismos y nadie más, los seres sobrenaturales prefieren lugares algo más naturales que aquellos prefabricados, aunque eso generalmente depende del gusto o del tipo de yokai del que hablemos. Pero el deseo de tener un hogar siempre está allí, sea animal o humano; un lugar en donde uno tranquilamente pueda sentarse y tener un espacio para hacer lo que sea que quieran hacer.
Por lo que las guerras entre youkai eran frecuentes – y lo son hasta ahora. No es un hecho muy sabido, ya que ningún humano común quisiera estar entremedio de un enfrentamiento de seres que en un instante pueden provocarte algo quizá más grave que la muerte. En Gensokyo es donde la gente aún debe ser más precavida, ya que aún están a viva merced de los ataques youkai, que serían peores si no fuera gracias a la longeva y poderosa estirpe de los Hakurei, defensoras de aquella tierra. Pero enseñanzas como estas es lo que hace que los habitantes de este lugar, le repitan casi como un rezo diario a sus niños:
"Cuando salgas a jugar, procura siempre saber con quién lo haces.
Recuerda nunca ir a las zonas oscuras, nunca esconderse en lugares desconocidos.
En Primavera, se puede jugar cerca de cualquier prado, siempre y cuando no indique arrancar o pisar flores, incluyendo aquellas solitarias y de apariencia desválida, así como aquellos prados de grandes colores y dulces olores.
En Verano, lagos y ríos son solo aceptables hasta donde nuestros ojos loes puedan ver. Y si en la noche ven luces de fiesta en los bosques, nunca hay que seguirlas.
Cerca del Otoño, después de la cosecha siempre se debe agradecer a los Dioses que permitieron que ello fuera posible, dando ofrendas a las distintas Casas.
Y tener siempre en cuenta, en el Invierno, nunca, pero NUNCA, acercarte a la Montaña Youkai."
Y los niños generalmente siguen estas reglas, gran parte de sus años de juventud.
Pero.
Pero Cirno no es una humana, y – según ella – nunca fue, ni será, una niña, sino que ella es y debe ser reconocida como el hada más fuerte de todo Gensokyo, o el mundo.
Así que a sus cortos veintidós años decidió que su hogar en el Lago Nublado era demasiado estrecho para alguien con tanto poder como ella, y abandonándolo, decidió que la nieve de la Montaña Youkai le sentaría mejor.
Su mayor en el cargo nunca lo vio venir.
"¡Cirno, Cirno! – Gritaba Daiyousei, revoloteando alterada sobre el Lago Nublado. Ya había preguntado a todas sus amigas, hadas jóvenes que vivían por allí cerca, y también a aquella youkai bicho que, para su desgracia, no la había visto hace días.
Era ridículo. Tenía a Cirno tras ella mientras le reprimía su atrevimiento al llenarle la nariz de bolitas de hielo a la portera de la Mansión Escarlata y luego salir volando, luego Dai giró por haber escuchado un ruido que no había sido nada más que un hada que se había caído en el agua… y al darse vuelta ya no estaba. ¡No estaba, y siquiera parecía que hubiera estado allí antes! Pero no era hora de asombrarse de su (hasta ese instante, insólita) velocidad. Al inicio pensó que se había largado un rato, pero ya había pasado más de media hora y nadie sabía en donde se encontraba.
"¡Cirno, deja de jugar por favor! ¡Debes comprenderme, es por tu bien! ¡Cirno!" – siguió revoloteando hasta que tuvo que detenerse sobre una roca. La niebla se estaba haciendo más espesa mientras caía la tarde, y el frío comenzaba a helar sus pálidas alas. No eran horas para una hada de su edad. "Cirno…"
"¡Doña Daiyousei, doña Daiyousei!" – le gritó desde lejos una vocecita que en toda esa niebla Dai era incapaz de ver su portadora. De a poco los chillidos dieron lugar a una hada, Mari, de rango menor, pequeña de alas blancas, con su vestido celeste y blanco. "Yumi vio pasar a Cirno, dijo que –"
"¿Yumi, quién es esa Yumi? ¡En donde está, Mari, por favor dímelo!" – cuando tuvo cerca a la que le hablaba, la mayor no pudo evitar tomarla de sus pequeños hombros, para así poder mirarla mejor a los ojos. Es la mejor manera de transmitir tus emociones, y, grande sea el Dragón, estaba desesperada ya.
"Yu- espera! Yumi dijo que se dirigía a la Montaña Youkai!"
"¿La… Montaña…?"
Y Daiyousei sintió que su sangre se volvía hielo. De un momento a otro, sintió que su corazón dejó de bombear y lentamente, su alrededor se detuvo también. Su cara palideció – aún más de lo que estaba, y abrazando su cuerpo, comenzó a tiritar.
La Montaña Youkai hacia unos setenta años atrás, había ganado en su pico más alto una visitante la que todos aquellos inviernos había congelado la zona de tal manera que había hecho una especie de "nieve eterna". Nieve la que lentamente se expandía cada vez más bajo. Y si Cirno iba en camino hacia esa zona, era mucho más fácil darla por muerta. Mucho peor siendo pocos minutos para la entrada del anochecer en mitades de un intenso invierno.
"¡Esto no puede quedar así! ¡Mari, dile a todas las hadas cercanas a la montaña que busquen a Cirno!"
"¿Y usted qué hará?"
"Iré a buscar a la Rojo-Blanca." – Y con un ligero temblor en los hombros, Yumi dio una última mirada a su jefa antes de volar ambas. Las hadas son muy débiles, pero hay cosas que se deben hacer seas quién seas.
Hay reglas para muchas cosas. Cirno no sabe si para todo, ya que no todo le interesa, pero por lo menos, entre hadas hay muchas de ellas. Como son pequeñas y muy poco veloces, no pueden volar solas. Y deben vivir en comunidades, para así repartir los alimentos (los que en invierno suelen escasear, al vivir solamente de flores y de ofrendas humanas).
Con respecto a la comida, se veía bastante complicado. La montaña Youkai era hasta buena parte frondosa y llena de pinos, verde y café mezclado con las distintas casas de ofrendas y desoladores parajes en donde con facilidad podían habitar un youkai o tres más. Pero subiendo y subiendo, el café y verde se volvía blanco, y ese blanco iba en gélidos matices de celeste y azul, exacerbados por la noche que en pocos minutos se revelaría por completo. Pero lo más… tétrico eran las garras negras que salían del hielo, árboles que se arrastraban para salir de sus prisiones escarchadas. Pero no - no tétrico, esa no es la palabra, el hada más fuerte no se DEBERÍA SENTIR ATEMORIZADA POR NADA. No, no tétrico… pero no hay más sinónimos.
Solo quedaba seguir volando.
Y eso hizo, total nada sería capaza de detenerla.
Ya encontraría un lugar bonito, fácil de reconocer y no tan lejos de la última villa de hadas. Uno quizá con una cueva, en donde n-no hiciera tanto frío y-
Y- y- y- y…
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Nunca había sentido el frío en su vida.
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Pero la mano en su espalda era como un témpano.
Y al girarse, al sentir un leve "No esperaba recibir visitas" tras ella, y al ver a una figura de apariencia delicada, con cara y ojos en una sonrisa – máscara más aterradora que los alrededores, Cirno por primera vez conoció la horrenda sensación que era sentir pánico.
Estaba congelada.
La configuración de FF no está hecha para la estética de un fanfic. Siento la GRAN demora, la universidad me atrasó demasiado, y apenas tuve vacaciones.
