Las primeras dos semanas después de la boda fueron tranquilas, rutinarias, casi monótonas. Will y Hannibal se despertaban temprano por la mañana. Will se preparaba para salir a correr, Hannibal iba a nadar. Ambos regresaban a las 7 en punto, Will despertaba a Abigail para la escuela y Hannibal preparaba el desayuno que toda la familia compartía en el comedor. Mientras Will se duchaba y sacaba a los perros Abigail ayudaba a limpiar y su padre revisaba que su tarea estuviera terminada a la perfección. Luego todos salían rumbo a sus propios destinos, Will manejaba hasta Quántico, Hannibal a su consultorio, justo después de dejar a su hija en la puerta de la escuela, lista y con una bolsa de almuerzo que sería la envidia de todos sus amigos.
Will normalmente era el último en llegar, Hannibal tendía pacientes hasta las 5 de la tarde y volvía directo a casa, a acomodar los regalos de boda que se habían retrasado en el correo o a preparar una cena suntuosa con ayuda de su hija, que para ese momento ya estaría en casa y siempre feliz de ayudar a su Padre a cocinar.
Cuando Graham llegara a casa estarían esperándolo sus dos personas favoritas, un cariñoso beso en la mejilla de su hija y uno menos inocente por parte de su esposo que obligaría a la primera a salir corriendo de la habitación. Cenarían juntos y charlarían hasta que Abigail se fuera a dormir en su bonita habitación del primer piso, rodeada de los perros con los que se había encariñado. Mientras sus padres se darían gusto, casi a diario, con uno o dos rounds de sexo duro, a veces en la cama, en la ventana, en el taburete del armario… era una casa grande.
Así que feliz y satisfecho como se sentía esa mañana de miércoles nada podría haberle indicado que todo estaba a punto de desmoronarse. Desde su encuentro con Draco siempre llevaba su varita encima, pero se había contenido para no rodear su casa con hechizos de protección. No usaría la varita, no les daría ninguna pista de su paradero si no era 100% necesario, si Draco había dado con él por una tontería no quería exponerse más. Apenas dos días antes habían atrapado a un sujeto que adoraba matar mujeres rubias y luego montarlas en parques imitando escenas de cuentos de hadas. Tenía al menos un par de días para descansar antes de que Jack, o peor aún Hannibal, encontraran un nuevo asesino para que Will persiguiera. Estaba cansado, y feliz de quedarse a disfrutar de su casa. Despidió a su familia aún en pijama, Hannibal le dio una breve mirada de desapruebo, su pijama no era más que un pantalón con veleros de pesca y un viejo par de calcetines mullidos con tejidos horribles que Hannibal deseaba quemar.
Aquellos horribles calcetines que Dobby le había regalado eran tan cómodos como horribles, Will se negaba a explicar de dónde habían salido, así como se negaba a tirarlos a pesar de que su esposo le había comprado varios pares de calcetines tejidos, incluso con bonitos patrones, para reemplazarlos.
Lo pensó dos veces antes de cerrar la puerta y entrar a la casa. ¿Qué haría esta mañana? ¿Mirar televisión? Podría ir con los perros al parque o empezar a reparar el viejo motor de bote que descansaba en su pequeño taller en la cochera. Sí, ese sonaba cómo un buen día. Se dio un largo y relajante baño de burbujas para relajar los músculos adoloridos por su última noche consumando su matrimonio. Tenía un par de moretones en la cintura, pero no les dio importancia.
Salió a caminar con sus perros, los 7 andaban felices a su lado, moviendo la cola y haciendo crujir bajo sus patas las hojas de los árboles que teñían de naranja el suelo. Pasó casi una hora lanzándoles un par de viejas pelotas de tenis y revolcándose con ellos en el pasto. Para cuando volvió a casa su abrigo estaba lleno de polvo y ramitas al igual que su cabello. Pero estaba más que feliz, incluso si Hannibal lo reprendía por ser tan poco cuidadoso con su ropa.
Metió la llave en la cerradura y dejó entrar a los perros cuando terminó de limpiarles las patas. Pero no pudo acompañarlos, antes de mover un músculo una suave voz lo dejó petrificado en su lugar.
— ¿Harry? ¿Eres tú?
Reconocería esa voz dónde fuera. Soltó un jadeo antes de atreverse a voltear y mirarla. Hermione no había cambiado tanto. Su cabello rebelde estaba dominado en una bonita trenza y llevaba un bonito abrigo de color rojo oscuro y pantalones de mezclilla. Ron estaba a su lado, casi saltando de emoción en su abrigo negro y pantalón oscuro. Su amigo lucía algo desmejorado, con una extraña sombra de barba y había ganado bastante peso, pero a pesar de todo ambos le sonrieron con calidez y corrieron hacia él. Will apenas pudo devolver el abrazo y acariciar suavemente los hombros de Hermione cuando está lo envolvió cariñosamente. Viéndolos ahí, ahora. Los extrañaba con toda su alma, Hermione se sacudía, parece que estaba llorando, Harry se sintió incomodo, pero no la soltó hasta que ella misma se alejó. El abrazo de Ron fue mucho más corto, pero ambos lo miraban como si hubieran encontrado un cofre de oro.
—No puede ser, amigo. No esperábamos volver a verte nunca. ¡Diablos, Harry! ¿Cómo lograste evadir al ministerio por años? Creímos que habías…bueno ya sabes, muerto.
—Ronald—. Su esposa lo reprimió, pero Harry ya no podía contener su felicidad. No estaban furiosos con él. No le odiaban por dejarlos atrás un día. Ellos mismos lo habían dejado atrás cuando encontraron el amor juntos, y Harry jamás se los había reprochado. Aquella atmosfera cálida y familiar los envolvió como si estuvieran charlando en la sala común. Will no lo quería, pero Harry podía vivir con ello.
— ¿Cómo me encontraron? —La respuesta llegó tan pronto como ellos se miraron abochornados. — Draco les dijo dónde encontrarme.
—No le creímos al principio, desde lo que sucedió dejamos de hablarle por completo. Nos dijo lo que te hizo y Ron lo habría golpeado si no te le hubieras adelantado.
—Le metiste una buena zurra, Harry.
—Will.
—¿Disculpa?
— Es mi nombre ahora, Ron. Will Graham.
Sus amigos lo miraron con tristeza y suspiraron. Harry comprendía el plan de Draco, enviar a Ron y Hermione a su casa para hacerlo sentir culpable y obligarlo a volver al mundo mágico. Pero su plan había fallado, Harry no cedería y pronto quedó claro que ni Ron ni Hermione tenían intención alguna de hacerlo volver. Tenía un par de horas antes de que Hannibal o Abigail volvieran a casa, así que los invitó a pasar. Se sentaron en la cocina y Harry les preparó té mientras escuchaba sobre sus vidas. Tenían dos hijos, Hugo y Rose, y vivían felices en una casa nueva cerca de La Madriguera. Hermione trabajaba para el Departamento de Relaciones Mágicas entre especies que ella misma había ayudado a crear, y Ron ayudaba a Fred en Sortilegios Weasley, cómo siempre sonaba un poco frustrado y no hizo ademán alguno por ocultar el asombro que le provocó la hermosa casa en la que Harry vivía.
— ¡Qué casa, viejo! ¡Herm, mira ese sofá!
— ¡Estoy impresionada Harry! No te sabía con tan buen gusto.
— Por qué no lo tengo, Herm. Todo en esta casa —"Incluyéndome" pensó Harry. — fue elegido por mi esposo.
— ¡Oh, Harry! Nos da tanto gusto saber que por fin tienes lo que mereces. Aunque no te voy a mentir, estoy muy ofendida porque no pudimos ir a tu boda… Lo menos que puedes hacer ahora que estamos todos juntos de nuevo es contárnoslo todo.
No podía negarse, ellos lo entendían, había tenido que desaparecer para ser feliz. Tal vez no aprobarían la carnicería, el canibalismo o la severa manipulación emocional a la que sometían a todos a su alrededor, pero no estaban ahí para juzgar nada más que sus bonitas cortinas y el tapiz de la sala. A ellos no les importaba nada, habían recuperado a su amigo. Harry deseo de todo corazón poder hacer de esto algo permanente. Les contó todo sobre su vida antes del F.B.I y aunque Hermione claramente no estaba de acuerdo con su elección de carrera su rostro se iluminó con una sonrisa cuando les contó, omitiendo muchos detalles, sobre Hannibal y Abigail.
—Harry, como nos gustaría conocerlos.
— Sí, Harry. Debe ser toda una personalidad si pudo hacerse contigo.
—Están exagerando, aquí no soy un héroe ni el elegido, soy un sujeto extraño y greñudo que adopta perros callejeros y les pone nombres tontos…
—Harry, lo de los perros… ¿Lo haces por Sirius?
— Tal vez. Sé que a Abigail le encantaría conocer amigos míos normales…pero no es posible.
— ¿Por qué no? Dame una buena razón.
— Hermione no es posible. Ellos no saben nada.
Hermione abrió los ojos sorprendida, a su lado Ron parecía confundido. ¿Harry estaba casado con un hombre Muggle que no sabía nada de su secreto? Quiso reprocharle su imprudencia pero una voz masculina y con un fuerte acento se le adelantó. Will se puso pálido cuando levantó la vista.
— ¿Quiénes no saben anda y sobre qué, Will? — Hannibal estaba parado en la puerta de la cocina, detrás de él Abigail miraba curiosa hacia la cocina— Veo que tienes compañía.
— ¡Hannibal! —Will le sonrió a su esposo, este casi suavizo su expresión, pero se contuvo. — Sí, tenemos compañía. Ellos son viejos amigos míos, Ron Weasley y su esposa Hermione Granger. Ron, Herm, este es mi esposo, el Dr. Hannibal Lecter y nuestra hija, Abigail.
— Aunque a él le gustaría que fuera Hermione Weasley ahora, es un placer conocerlo, Will nos ha hablado mucho sobre usted, . Y claro que también sobre ti, Abigail— Will deseó besarla, su preciosa amiga tan inteligente y tan prudente, Ron rápidamente siguió su ejemplo.
—Mucho gusto, nos sorprendió mucho saber que Will se había casado, no podíamos dejar de imaginar a alguien…muy diferente. — Estrecharon sus manos y Hermione incluso se dio el lujo de observar a Hannibal como colegiala deslumbrada por un profesor, debía encontrarlo tan exótico y atractivo como cualquiera.
—Imagino que Papá les dijo lo que sucedió con mi familia, y porque estoy aquí—. Will miró con severidad a Abigail y su claro interés en darle innecesaria tensión a la situación. Hermione, como siempre, logró salvarlo.
—Por supuesto, Abigail. Es lamentable lo que sucedió, pero no hay forma de que alguien como Will pudiera pasar por alto tu futuro y no hacerse cargo de ti, él siempre ha sido así.
— ¿Puedo preguntar de dónde es que se conocen? Me parece que su trato es muy familiar, a pesar de que jamás he conocido un amigo de Will que no sea mutuo.
—Nos conocimos en la escuela, buenos tiempos. — Se apresuró a decir Ron y Harry deseo que se hubiera callado. —Em… pero creo que ya es hora de irnos, cariño, no queremos importunarlos.
— ¡Exacto! Tenemos un viaje largo de vuelta a casa y tenemos que ir por los niños a casa de tu madre…
—Es una lástima, Will tiene tan pocos amigos que nos hubiera encantado tenerlos para cenar.
Will lo miró aterrado. Su selección de palabras era siempre cuidadosa ¿acaso pensaba comerse a Ron y Hermione? Sobre su cadáver.
— Gracias por la invitación, tal vez la próxima vez podríamos cenar todos juntos y gracias por el té.
Ambos sonrieron al despedirse de él, Hermione incluso se arriesgó a darle un último abrazo mientras deslizaba algo en su bolsillo. Abigail dormiría en casa de una amiga esa noche, o algo así balbuceó mientras le besaba la mejilla a Will y tomaba un taxi. Ron apuró a su esposa y esta le regaló a Will una última y adorable sonrisa antes de alejarse de la casa. Will se preguntó que tanto estaría en problemas pero Hannibal no le preguntó nada más. Se sentaron en la cocina y mientras Will les regalaba trozitos de una salchicha a sus perros Hannibal parecía ocupado. Finalmente le ofreció un té con un extraño color ambarino que tenía un fuerte olor que le recordó a Harry sus días en clase de pociones. Sin pensarlo comenzó a beberlo, pero luego notó que Hannibal no había servido una tasa para él, al contrario, había lavado las de Ron y Hermione y lo miraba fijamente, esperando una reacción.
— En el tiempo que te conozco, Will, jamás te había visto tomar té.
— Hannibal… —Le había tendido una trampa sutil, debió verla venir… estaba tan feliz que la había pasado por alto. — ¿Qué hay en el té?
—No hay nada de qué preocuparse, Will, tengo entrenamiento médico y estoy seguro que los efectos alucinógenos del té sólo afectaran tus funciones motoras básicas, cariño.
— ¿Qué…Que pretendes? — Quiso ponerse de pie pero el tè había comenzado a afectarlo, todo a su alrededor parecía moverse, incluso el rostro de Hannibal, que se había acercado a sostenerlo, le pareció de pronto demasiado real, sus delgados labios de movieron mientras hablaba pero el sonido le llego a Will con retraso.
— No se supone que le mientas a tu esposo, Will. No deberías tener secretos para mí.
— Tu me guardas secretos…
— Si quisieras descubrirlos sólo tendrías que preguntar, te llevaría a verlos yo mismo. Te ayude a crear un Palacio de la Memoria, Will, tan basto y tan hermoso como el mío propio. Sin embargo no me di cuenta de que habías creado un laberinto de habitaciones entre las sombras del pasado que yo creí irrelevante. No me gusta sentirme como un tonto, Will, sentirme traicionado me pone de bastante mal humor.
—No entres al laberinto Hannibal… el Minotauro dentro es mucho más real de lo que imaginas.
—Me pregunto si tus amigos, Ron y Hermione, me dirían lo que ocultas con tanto cuidado, claro que les sería doloroso hablar mientras su conyugue pierde algunos miembros, pero creo que eso sería un incentivo adecuado —. Sus ojos de pronto parecieron brillar con furia, su acento era más fuerte y a Will le costaba entenderle.
—No… Si les haces daño, si les pones un dedo encima... te las verás con…
— ¿Con quién? ¿Con Will Graham? O mejor aún ¿Con Harry Potter?
— Hannibal…
Hannibal no siguió hablando. Podía pasarlo por alto una vez, pero no estaba dispuesto a vivir sabiendo que Will le ocultaba un oscuro secreto, otra vida. No porque le causara molestia alguna saber que su esposo no era quien dice ser, un joven prodigio de la ciencia forense con una clara tendencia homicida derivada de su inestabilidad emocional, lo que lo enfurecía era que Will no confiara en él. Quería saberlo todo, comprender al máximo su pasado, como lo había convertido en lo que era ahora. Hannibal era un libro abierto para Will, daría su vida por él y esperaba lo mismo a cambio, cerrarle la puertas a sus recuerdos no era aceptable. Era terriblemente grosero. Si no fuera él, Hannibal jamás perdonaría semejante falta de respeto.
Con cuidado lo levantó entre sus brazos mientras temblaba, probablemente efecto de los hongos que había hervido para su té. No pensaba usarlos, pero aquellos dos extraños le habían reafirmado la falta que Will cometía, peor aún, le habían obligado a mentirle de nuevo. No.
Ayudó a Will a desnudarse y lo ató con cuidado a una fría silla en el sótano. Lo dejó solo unos minutos y cuando volvió, con un par de guantes de látex y un péndulo de luz Will realmente sintió miedo de su esposo por primera vez en meses. Trató de soltarse, pero no logro más que hacerse daño. La última vez que Hannibal uso aquél péndulo con él lo había engañado para olvidar un viaje en avión, una noche de abuso y el hecho de que lo había obligado a comerse la oreja de Abigail para inculparlo por su homicidio.
— Hannibal, por favor, no… no me hagas esto Hannibal
— Lo siento Will, no me has dejado más alternativa que recurrir a métodos poco ortodoxos para obligarte a ser honesto conmigo. Personalmente me siento avergonzado de saberte capaz de mentirme así, pero tengo debilidad por ti cuando estás tan vulnerable y voy a tratarte con amabilidad Will, si te niegas a cooperar entonces lo encenderé. Te haré recordar, sabes que lo haré.
Claro que lo haría. Hannibal se arrodilló frente a él, apenas usando sus manos logró que Will se alzara, extrañamente excitado a pesar de la situación. Subconscientemente cuando su esposo se convertía en el depredador hambriento que sabía que era algo dentro de Will lo deseaba profundamente. Hannibal estaba al tanto del efecto que causaba en él, estaba muy consciente del efecto que causaba en el mientras pasaba sus labios por su extensión, saboreando su olor y el calor que emanaba de él. Hannibal tenía el sentido del olfato más desarrollado que Will hubiera visto jamás, y el paladar más entrenado también, incluso cuando era con intenciones sexuales Hannibal lo saboreaba. Ahora mismo su boca lo comía ávidamente, como un niño que disfrutaba de un dulce prohibido, sabía dónde morder, donde presionar, cuándo detenerse y cuando dejarlo para recorrerlo hasta la base. Nunca dejó de mirarlo, en su estado Will apenas podía mantener la vista fija en su rostro, en esos ojos salvajes que brillaban en la penumbra del sótano con una peligrosa mezcla de pasión, deseo, hambre y furia.
Will sintió su cuerpo tensarse, no podía estar seguro de que fueran suyos, pero los jadeos que escuchaba aumentaban su cadencia con esta presión. Estuvo a punto de liberarse cuando Hannibal se apartó violentamente y puso un anillo de metal alrededor de su miembro ansioso. Will sabía muy bien lo que era. Lo miró ponerse de pie y tomar entre sus manos un fuste de cuero.
— ¿Quién es Harry Potter?
— No sé de qué estás hablando. — Apenas terminó de hablar recibió un golpe en la pierna que lo obligo a sacudirse. Todo parecía tan irreal.
— Te lo preguntó de nuevo, William. ¿Quién es Harry Potter?
—No conozco a ningún Harry Potter—Murmuró, a cambio recibió una bofetada que logró confundirlo aún más-
—Sé que me mientes, William. Lo veo en tus ojos, tus pupilas se dilatan cuando mientes.
Las preguntas continuaron unos minutos más. ¿Quién es Harry Potter? ¿Alguna vez fuiste Harry Potter? ¿Dónde estudiaste? Will se mantuvo firme a pesar de la dolorosa presión en su miembro y de la precisa golpiza a la que era sometido. Hannibal era extremadamente cuidadoso en siempre golpearlo en los mismos lugares, concentraba el dolor para asegurar su atención en todo menos en sus respuestas. Con su última negativa suspiró decepcionado.
—Es curioso, si bien me asombra tu persistencia y me llena de orgullo lo imponente de tu voluntad Will, esperaba ser capaz de doblegarla para este momento. Me temó que tu rostro no es lo único que parece doloroso—.Paso la punta del fuste por su miembro y Will cerró los ojos antes de que lo azotara dejando una marca enrojecida y punzante. — Ya que te niegas a cooperar me temó que no tendré más piedad contigo.
Will no podía responderle. Apenas podía mantenerse en una sola pieza, su mente amenzaba con dejar su cuerpo o romperse en mil pedazos. Cuando las luces se apagaron, su último pensamiento racional fue la realización de que se le había terminado el tiempo.
Lo dejó solo nuevamente, el té lentamente parecía perder su efecto, o Will se había acostumbrado a aquella realidad aumentada en la que todo parecía muy nítido para ser real. Hannibal debía creer lo mismo porque volvió, se puso los guantes y lleno una jeringa con un líquido transparente antes de acercarlo a su brazo. Will trató de resistirse pero Hannibal lo sostuvo firmemente, aquella nueva droga le provoco un terrible dolor de cabeza y envió una oleada de fuego por todo su cuerpo, Harry súbitamente recordó cuando los huesos de su brazo desaparecieron y tuvo que creer nuevos. Era un dolor muy similar. No volvió a cerrar los ojos. Hannibal encendió el péndulo y su luz osciló de un lado a otro, obligándolo a sumirse en un extraño transe del que no podía escapar.
No podía verlo, pero la ronca voz de Hannibal salía de las sombras y le hablaba suavemente. Su irrefutable control de la situación lo habría hecho venirse de nuevo si hubiera podido hacerlo. El dolor parecía la distracción perfecta para quien trata desesperadamente de aferrarse a su identidad.
—Es importante llevarte de vuelta a dónde todo comenzó. Puedes recordar para mí como anclarte a la realidad, hazlo. ¿Quién eres? ¿Dónde estás?
—Soy Will Graham… estoy en Baltimore, Maryland… Es medianoche.
—Muy bien, ahora regresa unos cuantos años. Hace 5 años. Repítelo.
—Soy Will Graham. Estoy en Wolf Trap, Virgina…
—No, cariño, retrocede más. 10 años.
—Soy Will Graham. Estoy en…
— ¡No! 15 años, cariño. ¿Dónde estás? ¿Quién eres?
— Estoy en… en el Valle de Godric, Inglaterra. Soy Harry James Potter…
Los pasos a su alrededor se detuvieron, Hannibal lo miró satisfecho, acercó de inmediato una silla para guiar sus recuerdos. Will estaba algo pálido, su miembro parecía tomar un color poco saludable y su cuerpo se convulsionaba ligeramente con la luz. Pero luego de observarlo un momento Hannibal decidió que podría resistir un poco más.
—Hola, Harry. ¿Sabes quién soy?
— Sí.
—Perfecto. Voy a hacerte algunas preguntas y quiero que las respondas, Harry, tan honestamente como puedas.
—Sí.
— ¿Quiénes son tus padres?
— J… James Potter y Lily Evans.
— ¿Dónde viven ahora?
— Mis padres murieron cuando era un bebé. Todos lo saben.
— ¿Cómo murieron?
— Igual que los tuyos, asesinados.
— ¿Quién los asesino? —Su precioso Will era un huérfano de la violencia, que precioso saber que tenían tanto en común, que dolorosa la idea que no pensará decírselo.
Harry no respondió de inmediato, Hannibal repitió la pregunta con más firmeza. Cuando abrió la boca su voz sonaba más tímida y a cada palabra un fuerte acento británico de hacía presente.
—Fue el Señor Tenebroso.
— ¿Fue Garret Jacob Hobbs la primera persona que mataste?
—No
—¿Quién fue?
— El Señor Tenebroso
—¿ Lo mataste para vengar a tus padres? ¿Lo disfrutaste?
— Lo maté para vengarlos a todos. Lo hice porque era lo que todos esperaban de mí, lo que me entrenaron para hacer, sin importar mi voluntad. El mismo decidió que debía ser yo… No, no lo disfrute. El año que pasé buscando la forma de matarlo fue el más miserable de toda mi vida.
— ¿Quiénes son todos?
— Todos, Hannibal. ¡Toda la gente que me quitó! A Dobby… a Remus… al pobre Cedric… a mi padrino.
— ¿Tu padrino te crío cuando murieron tus padres?
— No, él fue inculpado por su asesinato y paso 13 años en prisión, ahora entiendo lo horrible que debió ser para Sirius. Mis tíos en cambio, me habrían mantenido encerrado en la alacena bajó las escaleras si Hagrid no me hubiera dicho lo que era.
— ¿Qué eres Harry?
— Soy un mago.
Hasta ahora todo parecía muy lógico. Hannibal había asumido que "Señor Oscuro" era un término infantil que Harry había adoptado para una figura aterradora de su pasado, pero ahora lo que decía no tenía sentido.
—Harry. ¿Qué te hace pensar que eres un mago?
— Todos en mi familia lo eran… Fui aceptado en Hogwarts desde que nací… todos esperaban que me convirtiera en el más grande mago de la historia—. Su voz se perdió en una risa maniática y triste— Resulté ser un mago muy mediocre.
— ¿Hogwarts es una escuela? ¿Ron y Hermione…?
— Sí, ahí nos conocimos. Hogwarts es una escuela de Magia… de las más grandes de toda Europa…
— Harry, si existe dime dónde está, ¿puedo verla?
—Claro que no… Podrías llegar a Hogsmade…pero ningún Muggle puede entrar a Hogwarts, ni siquiera tú.
—Bien, digamos que te creo. ¿Qué cosas se enseñan en una escuela para magos?
— Lo necesario… Pociones, Encantamientos, Transformaciones, Defensa Contra las Artes Oscuras…
— ¿Qué son las Artes Oscuras?
— Es lo que la gente como tú y yo usa en el mundo mágico para herir a otros. Hacen daño, y los practicantes son perseguidos por el Ministerio de Magia.
—Ministerio… ¿ Harry?
— ¿Realmente crees que miles de magos en el mundo podrían esconderse sin un gobierno que los regule? Hay muchas leyes mágicas que estoy violando al decirte esto hahaha.
— ¿Si hay leyes, porqué mataste al Señor Oscuro?
— El decidió que sería así. Por eso mató a mis padres, por eso intentó matarme a mí. Me dejó una cicatriz y me dio una parte de sí… ni siquiera tu, Hannibal, me has hecho sentir tan abrasadoramente obscuro cómo tenerlo dentro me hico sentir.
Una punzada de celos deformó la perfecta máscara de compostura del Dr. Y Harry le regalo otra risa maniática, casi musical.
—No, no es lo que crees… el… el estaba dentro de mí, su alma… haha es todo muy complicado para un Muggle.
—Muéstrame entonces.
— No puedo. Si lo hago ellos sabrán dónde estoy. Vendrán por mì.
— ¿Por qué te fuiste?
— Me cansé, de ser El Elegido, el Niño-que-vivió. Les dí todo. Destruí su más grande amenaza, reconstruí su mundo… ¿Draco? El idiota que fue a la boda… Era un Mortífago, igual que sus padres. Supremacistas de la sangre, basura humana. Pero claro que el Gran y Noble Harry Potter le dio una segunda oportunidad.
— ¿Te lastimó? Y luego decidiste huir.
— Lastimarme… No. Los Durlsey me lastimaron cuando me trataron como una infección por 17 años. Dumbledore me lastimó cuando me di cuenta de que me crio cómo un cerdo para el matadero. Voldemort me lastimó cuando me dejo la cara marcada o cuando intentó usar a la hermana de mi mejor amigo para matarme, también cuando mató a Cedric frente a mis ojos, o cuando me obligo a morir…— Su voz se hacía cada vez más aguda, sus convulsiones eran más frecuentes. Hannibal se arrodilló a su aldo y le soltó las ataduras. Su cuerpo colapsaba, era una lástima, aunque no comprendía mucho estaban progresando tanto, su precioso Will estaba tan sucio y roto, que hermoso era saberse el responsable de armar piezas tan complejas en una perfecta maquina homicida que se desvivía por él.
—Harry, trata de calmarte.
—Draco no me lastimo. Draco jugó conmigo, a sabiendas de lo mucho que me habían herido en el pasado, de lo mucho que arriesgué por defenderlo de los que lo creía la basura humana. Me humilló, acostándose en nuestra propia cama con otra persona, se burló de mis sentimientos y me arrebató la misma dignidad que me obligaba a mostrar ante otros.
No quería decir más, Hannibal tampoco quería escuchar más, su cuerpo no resistiría mucho más. Lo tomó de nuevo en su boca, ésta vez con dulzura. Recibió sus suaves gemidos con gusto y cuando le quitó el anillo que lo oprimía recibió su semilla caliente en la boca. De antemano sabía que era deliciosa, todo en Will estaba construido por y para él. Pareció perder la poca fuerza que le quedaba cuando el orgasmo, doloroso y esperado, lo golpeo como un martillo. Hannibal lo llevó escaleras arriba y le dio un baño caliente, atendió las heridas que parecían más serias y con un cariño casi paternal lo envolvió en el mullido edredón de la cama que compartían. Sin duda esa noche Will tendría pesadillas. Pero no había anda de malo en ello. El estaría ahí toda la noche para recordarle que tenía un sostén cuando su estructura, su vida, su personalidad incluso, colapsaran hasta los cimientos. Y estaría ahí en la mañana para recibir la inevitable explicación que le daría sentido a todo lo que enviaba banderas rojas a su cerebro. Harry no mentía. Pero Hannibal no podía concebir la idea la magia, era irracional e ilógica. Pero su mente se mantendría escéptica y lista para cambiar y evolucionar cuando se le presentará la evidencia.
Con una sonrisa en los labios consideró seriamente planear una cena especial para Harry y sus amigos. Sería una recompensa para Will.
