"Miró hacia su madre impaciente, esperando a que la contase aquello que tanta importancia le había dado anteriormente.
- Cielo, vas a ser hermana mayor- la dijo directamente.
- ¿Un bebé?- cuestionó disimulando una pequeña sonrisa.
La miró sorprendida por que la pequeña de dos años hubiese comprendido aquello con tan solo esa frase, sin ni siquiera realizar preguntas al respecto.
- Es una hermanita- afirmó mirándola fijamente.
- Eso no te lo he dicho, Kaelah, ¿cómo lo sabes?- la preguntó verdaderamente confusa.
- Sí lo has dicho, mami- la respondió como si en realidad la equivocada fuese ella.
- No, no lo he hecho- la negó a la vez que la sentaba sobre su regazo.
Su hija la observó durante un par de segundos, verdaderamente concentrada, como si estuviese prestando atención a algo.
- No he hecho nada- se quejó, consiguiendo que se asutara, que se quedase completamente bloqueada sin saber que decirla, pues en estos momentos no entendía a que se refería.
- Cielo, ¿con quien estás hablando?- la preguntó acariciando su pelo.
- Contigo, mami- respondió mirándola.
Por un par de segundos se paralizó bajo los ojos azules de su hija, sin comprender que estaba sucediendo, cuál era la razón por la cual la pequeña estaba haciendo aquello, cómo era posible que pudiese saber todo lo que pensaba, todo lo que ella tenía en su mente.
Trató de pensar algo que pudiese ponerla a prueba, pero la verdad es que estaba bloqueada, tenía miedo de a dónde podía llegar todo esto.
- ¿Por qué me tienes miedo?- la preguntó como si amenazase con ponerse a llorar- Yo no he hecho nada malo, ¿verdad?
- No, no has hecho nada malo, cielo- acarició su cara tratando de tranquilizarla- Tengo que ir a hablar con tu padre, ¿vale?- besó su frente a la vez que se levantaba del sillón en el que estaba sentada. Suspiró a la vez que la miraba una última vez, pensando en cómo iba a contárselo a su marido, pero sobre todo en qué iba a ser de su hija si se enteraban de ello.
- No puedo, papi- susurró la pequeña de dos años aparentemente confundida por aquello que su padre la preguntaba.- Yo no he hecho nada.
- Trata de saber lo que estoy pensando, peque- la pidió consiguiendo que ella negara con la cabeza, indicando que seguía sin entender lo que tenía que hacer.- Tienes que hacer lo mismo que antes.
- Pero no he hecho nada- se quejó empezando a ponerse nerviosa.
Suspiró a la vez que apartaba el pelo que caía sobre su cara, observándola, creyendo que su mujer había inventado aquello, sin embargo, no la veía capa de ello, es más, el nerviosismo con el que se lo había contado verificaba que era cierto.
Ahora mismo le preocupaba la seguridad de su hija, pues si era cierto, era un peligro para ella estar expuesta de aquella forma, pero no podía hacer nada, únicamente mantenerlo oculto hasta que supiese controlarlo.
- ¿Por qué no pueden saberlo los demás?- le preguntó- ¿Es malo? ¿Van a hacerme daño?- le miró asustada al borde de las lágrimas.
Ahí estaba. No había pronunciado ni una sola palabra acerca de su punto de vista, por lo que podía deducir que eso era lo que había sucedido anteriormente. Esa niña podía leer la mente, podía meterse en ella sin ningún tipo de problema y ella no era consciente de ello, hecho que le preocupaba, pues ¿desde cuándo lo llevaría haciendo? ¿Qué límites tendría?
Todo esto era nuevo para ellos, por lo que no, no comprendían que estaba sucediendo, si era algo bueno o malo, si la pequeña tenía completo control sobre aquello.
- Papi, estoy cansada- comunicó frotándose los ojos.
- Está bien, peque, es hora de dormir- sonrió cogiéndola en brazos para llevársela a su habitación, lugar en el que la tumbó en la cama.- Te quiero, buenas noches, Kaelah- besó su frente.
- Yo también te quiero- susurró de vuelta a la vez que se acomodaba.- Papi, tengo miedo, ¿van a hacerme daño?- cuestionó de nuevo.
- No, peque, nadie va a hacerte daño nunca, te lo prometo- aseguró observando como una sonrisa se formaba en su rostro.
Permaneció con ella hasta que su respiración se acompasó, indicado que estaba dormida, por lo que besó de nuevo su frente antes de marcharse, pensando una vez más cómo iban a afrontarlo."
Miré hacia la puerta esperando que entrara Alex, quien se había marchado en busca de mi hermana,..., su hermana, para tratar de convencerla de que volviese a la sala, sin embargo, cuando la puerta se abrió, ella no entró.
- ¿Está muy enfadada?- la pregunté.
- Dice que no quiere hablar contigo ahora mismo- respondió.
Cerré los ojos cabreada conmigo misma, deseando que todo hubiese sido diferente, que aquello no hubiese sucedido. Parpadeé permitiendo que las lágrimas saliesen al exterior, desahogándome, tratando de evitar sollozar.
Todo esto estaba siendo demasiado difícil, y sinceramente, no veía la forma de que se volviese mucho más sencillo. Estaba consiguiendo destrozarme, mi hermana, lo único que quedaba de mi familia, estaba enfadada, no quería saber nada de mí y todo porque había decidido protegerla, porque no quería romperla.
- ¿Quieres que la diga algo más?- me preguntó haciendo que negase con la cabeza.
- No, no lo hagas, necesita su espacio- la respondí en apenas un susurro.- Me..., me encantaría contárselo..., pero..., no puedo hacerla daño, no puedo herirla de aquella forma- la expliqué- Sé que mi hermana no va a conformarse con lo que te he contado, sino que va a hacer muchas más preguntas y..., no puedo responderla a ellas- continué empezando a sollozar- Pero, no es sólo por ella, sino por mí, por todos los recuerdos que trae consigo, porque me hacen daño a mi misma- terminé aún entre lágrimas.
- Kaelah, hey, tienes que tranquilizarte- me pidió acercándose- Sé que Kara es muy impulsiva, hace las cosas sin pensar la mayoría de las veces, bueno, que voy a contarte que no sepas de ella- comentó consiguiendo una pequeña sonrisa por mi parte- Hey, ves, te he hecho sonreír, pero es la verdad, sabes perfectamente como es, dala tiempo, se le pasará- aseguró devolviéndome la sonrisa.
Lo único que deseaba en estos momentos era verla, saber que iba a ser capaz de perdonarme, sorprendiéndome bastante al darme cuenta de que la puerta volvía a abrirse, permitiendo que ella entrara, dirigiéndose a dónde estaba tumbada, situando su mano sobre mi mejilla.
- Lo siento- susurró- Pero, quiero entenderte, Kaelah- afirmó.
- Lo has escuchado, ¿verdad?- la miré directamente a los ojos.
- Yo..., no.., que va- intento negar, pero era demasiado obvio que estaba mintiendo.
- Kara, ¿cuantas veces hay que decirte que no puedes espiar las conversaciones ajenas?- la pregunté arqueando una ceja.
- Lo siento...- dijo agachando la cabeza.
- No pasa nada- la sonreí- Kara, no estoy preparada para explicarte todo aquello, me da miedo hacerte daño, pero sobre todo romperme a mi misma- la expliqué.
- Pue...puedo esperar, después de lo que he escuchado, no necesito saber más, por ahora, claro- se rió levemente causando mi risa.
- ¿Qué va a pasar?- la pregunté en un susurro- Ten...tengo miedo.
Me observó durante un par de segundos antes de negar con la cabeza, indicando que ni ella misma estaba segura de que iba a suceder durante los próximos días.
Muchas gracias por leer,
Ayrin
