Aclaración: No me pertenece Glee o ninguno de los personajes. No estoy afiliado con nadie no genero ganancia de esta historia. No me pertenece absolutamente nada y solo estoy complaciendo mi propia locura. No conozco o me pertenecen los actores que interpretan a los personajes. Todo pertenece a Ryan Murpyn, Glee, Fox y cualquiera más que tenga patente sobre Glee y sus personajes. Espero haber cubierto todo lo que no me pertenece.


Definitivamente eso sería como una cacería aunque esta vez su presa no fuera la usual, él tenía que prepararse para arrasar esa noche de libertinaje y cumplir la clara misión de saciar su curiosidad. Salió del baño acompañado de una masa vaporosamente espesa y ya perfumado, había elegido unos vaqueros algo gastados, una camisa roja a la que dejó desabrochados los tres botones superiores y con una chaqueta de cuero, se miró al espejo y sin duda ese día acabaría envuelto en las sábanas con un chico a su lado, o quizás solo terminen y se deshaga de él. Debía planear bien las cosas, la emoción de la aventura no dominaría sus acciones, tenía claro que lo llevaría a la casa de sus padres a escondidas, irían directo al grano, tenía que prever el tiempo por si quería repetir y recordar cerrar la puerta para poder dormir plácidamente dado que al día siguiente era fin de semana.

Salió con un simple «Vuelvo luego», y se dirigió directamente al bar que había situado como su zona de actividad, «Scandal» que se encontraba West Lima, Ohio. El viaje no le pareció muy largo debido a la ansiedad que le provocaba toda la situación, una vez hubo estacionado su automóvil, se reajustó la vestimenta.

―Definitivamente voy a ganarme el paraíso por mi altruismo ―se dijo al observar su reflejo en el espejo retrovisor, aún dentro del vehículo―, porque ahora voy a compartir mis habilidades con más personas ―rio ante su propia broma, descendió del auto, puso la alarma y se dirigió a la entrada.

Era una suerte que conservara la identificación falsa que le había regalado Cooper hacia un par de años. Hecho una mirada al lugar, no era la gran cosa, pero seguramente para su objetivo bastaba; mostró la identificación al sujeto de la entrada y sin ningún problema ingreso. El aroma a tabaco fue lo primero que captó su atención, junto con las pocas luces que paseaban por lo que debía ser la pista de baile, había unas cuantas mesas esparcidas por las orillas del local, la música no era tan moderna, la atmosfera en realidad parecía anunciar que lo mejor de la noche ya había pasado y ahora solo quedaban los que no pudieron pegarse al más borracho. Suspiró en decepción, sin embargo al menos aprovecharía para tomar algo.

―Una cerveza ―pidió golpeando la barra, ni él mismo se había dado cuenta de la decepción que su tono de voz mostraba. Porque en realidad le era deprimente que el único lugar cercano que podía ayudarlo, fuera todo un fiasco.

El sonido seco de una botella golpear la barra le hizo levantar la vista. Al frente tenía al barman, que debía decir que parecía más uno de los miembros de seguridad de bares decentes, aunque notoriamente mayor.

―No te cobro ―la voz grave del hombre le hizo voltearlo a ver, «¿Acaso este tipo piensa que tiene alguna posibilidad conmigo? ―se cuestionó»―, si te la tomas y te largas de mi bar.

Una sonrisa pedante se extendió en los labios del moreno, al parecer no obtendría lo que estaba buscando, pero sin duda no sería una noche aburrida.

―Gracias, pero puedo pagar por lo que consumo ―respondió manteniéndole la mirada―. Además, dudo que me quede si esto es todo lo que puedes ofrecer ―miró despectivamente a su alrededor, haciendo cara de asco cada vez que descubría a otro viejo gordo mirándolo.

Los puños del tipo golpearon la barra, haciendo vibrar algunas copas sobre ella, mientras que cada mirada del local se centró en su discusión y el volumen de la música abruptamente bajó, «Después de todo soy un Anderson, está en mis genes llamar la atención ―se dijo complacientemente al notar a su audiencia, claro que sería mejor si hubiera alguien que llamara su atención». El sonido de un par de hielos chocar dentro de un vaso llamó su atención.

―Bob, relájate, es nuevo ―intervino un chico de cabello castaño, visiblemente alto, con una dentadura que mostraba dientes más grandes de lo normal en su sonrisa autosuficiente y sobretodo joven, notable porque su atuendo no parecía el de un payaso deprimido―, yo me encargo ―pasó un brazo por encima de los hombros de Blaine, halando de él como para alejarlo de problemas.

El tendero bufó, mientras hacía señas para que subieran la música otra vez y que todos volvieran a lo que estaban. El pelinegro se dejó llevar dudoso si era lo conveniente, pero al menos ahora había encontrado a alguien que quizás podría ayudarlo a relajarse un poco, porque por alguna razón podía asegurar que ese sujeto buscaba lo mismo que él.

―¡Ah! Neófitos inconscientes de sus acciones y cuando no ven lo que buscan, lo único que se les ocurre es pelearse con el dueño para lograr ser sacados a patadas del lugar ―bromeó cuando ya se ubicaron en una mesa que parecía ser el mejor lugar para vigilar todo el ambiente en general y la vez tener algo de privacidad.

―Bueno al menos ahora no voy a perder el tiempo ―dijo dándole una sonrisa coqueta, para luego deshacerse de la chaqueta poniéndola en el respaldo de la silla y terminar de instalarse al chocar su botella con el vaso del otro.

―Puede ser ―respondió dando un trago y dándole una rápida inspección con los ojos―, no eres de esas obvias que van gritando ¡gay, gay, gay!, con cada cosa que hacen. Justo como me gustan.

A la par que le causó gracia, eso hizo a Blaine reflexionar, lo mejor era ser sincero, dejar las cosas claras para que no hubiese malentendidos, era preferible evitar problemas y más de esa clase.

―No soy gay ―declaró orgulloso―, solo soy un hetero curioso… ―negó con la cabeza―. No, ni siquiera eso. Solo alguien que busca divertirse lo más que pueda.

El otro tipo no pudo evitar arquear las cejas ante tal declaración, él nunca se había topado con nadie que afirmara tal cosa, lo cual ya era decir algo proviniendo de él. Aun con incredulidad, decidió probar el terreno, ver que tan cierto podría ser eso.

―Pues para sostener tal afirmación, fuiste muy quisquilloso desde que entraste y viste a todos a tu paso con cara de asco.

Esas palabras eran toda una estupidez para Anderson, ¿qué acaso por solo tener curiosidad tenía que cogerse al primero que viera? No. Este chico podía ser su próximo revolcón, pero definitivamente se equivocaba si trataba de afirmar saber quién era Blaine, porque ni por asomo dejaría que nadie se atreviese a llamarlo gay, él no lo era.

―¿Tú te acuestas con todos? ―preguntó, pero ante la sonrisa pedante del castaño, discernió la cuestión―, me refiero a que entonces tú ya has estado con todos los de este bar ―afirmó, pero como esperaba el gesto que vio era una rotunda negativa―. Pues así es, busco diversión, pero yo elijo con quien la tengo ―tomó de golpe el resto de cerveza y se alistó para irse poniéndose nuevamente la chaqueta.

―Espera ―lo tomó de la ropa―, solo me sorprendió lo que dijiste, nunca he conocido a nadie como tú.

Eso no lo hizo relajarse, al contrario, lo hizo ponerse más nervios. «Esto parecer ir en otra dirección, si quisiera fingir algo para poder tener a alguien en mi cama, entonces me habría quedado con Hummel ―la sensación que sentía en su brazo pareció aumentar».

―Suéltame ―dio un manotazo para librarse del agarre―, te dije que quería sexo no un gay acosándome.

―Y no voy a ser ese, créeme; solo busco diversión, pero puedes irte no te voy a detener ―plácidamente se acomodó en su asiento, consiente de ser la mejor opción a la que podía optar el pelinegro―. Apuesto que puedes conformarte con don Pedro, pero no te preocupes, no es tan viejo solo que embarazó a alguien muy joven, ha de andar por los cuarenta y tantos, es uno de los más jóvenes ―lo señaló con la mirada.

Se trataba de tipo que fácilmente podía llegar a ser su padre, cosa que desagrado totalmente al ojimiel, aunque tampoco estaba seguro si podía confiar en la palabra de ese sujeto -del cual se dio cuenta no sabía ni el nombre-, pero la verdad es que nadie ahí se veía ni de unos miserables treinta, o quizás eran mal envejecidos y aparentaban más de lo real, pero para el caso era lo mismo. Dio su brazo torcer y volvió a tomar asiento, mientras el sujeto pedía otra ronda de tragos.

―Pero, te advierto que no soy gay y no estoy buscado algo rutinario, al menos no por ahora ―trató relajar el ambiente mientras tomaba su nueva cerveza.

―Yo tampoco repito, pero quien sabe ―respondió alzando los hombros sugestivamente, una vez que había pasado el tragó de licor―. Soy Sebastián Smith ―se presentó y Blaine respondió lo propio estrechando las manos, no vio inconveniente en decir su nombre real, de todos modos harían cosas más íntimas que un simple intercambio de identidades―. Comencemos con la pregunta del millón, ¿Qué te hace querer probar?

No estaba incómodo con lo de hablar primero, no tenía nada que esconder. Así que comenzó con lo de su movida vida sexual, el hastío, su hermoso descubrimiento, la irritante tarde desperdiciada, esa duda quemando en su interior y su urgencia por probar. Claro que no profundizo demasiado en los datos o detalles precisos, solo una pequeña sinopsis de no más de cuarenta palabras.

―¿Entonces ese «pedazo de gloria» no quiso ayudar a alguien necesitado? ―se burló Smith de la situación de Anderson.

Aunque se carcajeó, el contar todo eso sobre Kurt, le hizo traer su imagen a su mente; «¡Maldición! Tengo que acabar con esto, es hora de dejar los rodeos e ir por lo importante ―no estaba seguro del porque pero pensar en Kurt le molestaba».

―Nos vamos ―lo que Blaine dijo, no fue una pregunta, él quería terminar cuanto antes con todo eso.

Sebastián negó repetidamente con la cabeza, mientras reía, le hizo la seña de darle un momento para poder recuperar el aliento.

―Espera… ―aun le costaba hablar―, quizás debas darme la dirección de ese niñato, te juro que le doy un revolcón y te cuento que tal, hasta le puedo ordenar que te deje follarlo, aunque no quiera, una vez la tienen dentro, siempre piden más ―no estaba seguro que Smith hablara en serio, pero todo lo que dijo solo lo hizo enfurecer.

Era cierto que deseaba a Kurt, pero eso no significaba que lo viese como un pedazo de carne -o no intencionalmente-, pero definitivamente jamás obligaría a nadie. Con ese momento de distracción observó detenidamente a su acompañante y ahora ya no era tan emocionante. Si lo comparaba con cómo lo hacía sentir Kurt, se podía decir no estaba ni remotamente tentado; o mejor dicho Sebastián no le era atractivo, era mejor buscar a otro que se la pudiese poner dura, porque ya estaba viendo que con Smith, nada mas no sería. Se puso de pie, dejó unos billetes en la mesa y se marchó sin hacer caso a nada ni mucho menos dar algún tipo de explicación.

«Ya encontrare a alguien con quien hacerlo».


Kurt estaba lavándose la cara, no podía creer que tipo de pesadillas se le presentaban últimamente, ya quisiera que fueran sobre fantasmas, monstruos de películas o eso de asesinos espectrales persiguiéndolo, incluso aceptaría a los vampiros; pero no, tendrían que ser de algo que no pudiera contarle a su padre, soñar que se quedaba solo para siempre. No era como si soñase que estaba en un desierto o una isla inhabitada, pero tener que ver como sus amigos tenían pareja e hijos, y él era simplemente el «tío Kurt» -porque era el título que el daban debido a que estaba solo, como un premio de consolación y que no se sintiera excluido-, incluso había soñado que en su quincuagésimo cumpleaños Puck le regalaba un consolador y todos lo regañaba porque aparentemente habían comprado lo mismo, y para colmo Rachel decía al final «Bueno, al menos puedes usar uno diferente diario, con eso de que eres un solterón». Pero definitivamente nada se comparaba con aquel donde su padre le pagaba alguien para que se casara con él y en la noche de bodas el tipo rogaba que lo llevaran a la cárcel o donde fuera, pero lejos de él.

Si bien confiaba en su padre más que en nadie, sabía que le daría el discurso sobre la paciencia y que todo llegaba en su momento, pero, en realidad no podía ver cómo es que alguien lo pudiera entender, incluso Mercedes había tenido una relación de verano con Sam, y aunque ya no estuvieran juntos, por lo menos ahora ella ya tenía una idea de lo que es el amor y él no. Realmente trataba de enfocarse en que pronto llegaría, lo maravilloso que sería, el príncipe azul con el que siempre había soñado… Kurt no pudo hacer más que suspirar, sentir el vacío en su pecho e inevitablemente soltarse a llorar contra los cojines de su cama, amargas lágrimas sobre todo lo que le había pasado al punto que incluso para él las cosas buenas parecían no tener valor. Porque como bien lo decía su película favorita: «The greatest thing you'll ever learn is just to love and be loved in return*».

Hasta que se vio obligado a salir de la habitación por insistencia de su padre, y para ser fin de semana lo único que tenía planeado era ayudar por la mañana en el taller y ya entrada la tarde ir al cine con las chicas. Claro que antes dio un vistazo a sus redes sociales, pero no había obtenido respuesta a su mensaje, quizás se equivocó y obviamente el otro chico lo había tomado a mal porque tenía pareja y era de esos que eran fieles, lo cual le parecía lo más correcto.

―Chico creo que convendría más si estuvieras en la caja, estas muy distraído y podrías terminar haciéndote daño o a alguien ―observó Burt cuando vio por enésima vez que su hijo se molestaba con una tuerca que no encaja, aunque en realidad el problema no eran las piezas.

―Lo siento, sé que debo ayudar, pero al parecer mi mente no quiere cooperar ―respondió aun algo ido.

El señor Hummel frunció el ceño, si bien apoyaba a su hijo y quería que fuera feliz, aun no sabía cómo hablar de ciertas cosas con Kurt y menos cuando parecía ponerlo todo como un enigma que debía resolver para lograr saber lo que estaba pasando. Pero él quería ser un buen padre y eso significaba estar siempre para su hijo, quererlo y ayudarlo en todo lo que le fuera posible.

―Así que… ―talló las manos en su overol en parte para quitarse algo de suciedad y para darse algo de valor―, ¿tu mente…. tu distracción tiene nombre? ―preguntó mientras se mantenía pendiente de la reacción de su hijo.

Los ojos azules mostraron confusión ante las palabras, pero cuando lograron entender su significado, sus pestañas comenzaron a moverse rápidamente.

―¡No! ―gritó sin querer―; es decir, solo son cosas de la escuela.

Esa respuesta seguía sin convencer a Burt, más que nada porque conocía los tics de su hijo, pero no lo presionaría, al menos no demasiado.

―Ok, en tu escuela hay otros chicos, así que… ―vio la mirada cansina de su hijo―, ¡vamos!, sabes que yo estoy bien con ello, siempre y cuando conozca al chico, y no estén haciendo cosas indebidas ―terminó reajustando su gorra.

―No te preocupes ―Kurt rodó los ojos, en parte porque no quería que mirara el sentimiento que seguramente los estaba invadiendo―, creo que cumpliré tu deseo de no hacer nada hasta los treinta ―comenzó a andar mientras se quitaba el overol.

―Hey, no pongas palabras en mi boca, yo nunca te he prohibido tener novio, solo que me gustaría conocerlo cuando este exista…

―Me voy a preparar tengo una salida con las chicas ―salió del lugar, pero a los poco pasos volvió―. Si llego a encontrarlo tu serás el primero en saberlo; pero, no te hagas muchas ilusiones ―sonrió apagadamente y se fue.

No es que le molestara que su padre se preocupara por su vida, pero parecía que todo a su alrededor lo obligaba a pensar en ese concreto aspecto de su vida -que irónicamente parecía estar muerto-. Pero de nada le servía martirizarse día y noche con ello -al menos no de una forma consciente-, era obvio que deseaba poder vivirlo en ese instante y que fuera tal cual lo anhelaba; sin embargo tampoco le daba un plazo para que apareciera, quería creer que todo llega en su momento y él todavía era joven, quizá su historia no sería como un cuento de hadas, le bastaba con tener una. «Por favor. Solo quiero poder amar y ser amado; sin discursos épicos, actos heroicos, tramas dramáticas… solo amor».


Sus hombros dolían al igual que su cuello y espalda, pero por fin había terminado. Con la cuenta falsa que se creó, para lo del trabajo con Hummel, había hecho perfiles en toda página de contactos e incluso en su teléfono instaló varias de esas aplicaciones, ahora solo le quedaba esperar. Fue precavido de ponerse un nombre muy impersonal, la foto que utilizó fue una que no mostrase su cabeza y en la descripción definitivamente se esmeró, era obvio que nadie podría dejar pasar ese mensaje: «HETERO_ACTIVO. Solo sexo, herramienta grande, aguantador. Nada de charlas, no busco amigos, solo contesto propuestas de encuentros. Exclusivo chavos. Los rucos no deberían estar por aquí, ASCO.»

Mantuvo los avisos de su nuevo correo como una prioridad en su celular, estaba más que impaciente porque sonara. Él pudo haber visto quien le gustaba, pero prefirió lanzarse al mercado y ver lo que ofrecían. Sinceramente creyó que sería más rápido, ya que era fin de semana y debía haber muchos urgidos, pero tuvo que esperar por una hora antes de recibir alguna respuesta; y sus expectativas parecían haberse inflado demasiado porque desde el primer mensaje hasta los otros que le siguieron, todos eran de tipos que parecían querer ser travestis con muy mal presupuesto y un mal gusto en maquillaje que los hacia ver como verdaderos payasos, que en lugar de dar gracias, daban pena. Viendo el tipo de personas que lo contactaron decidió buscar con base a sus propios gustos; no encontró tantos como creía pero si algunos, claro que tuvo que descartar a los que decían buscar «el amor» y por supuesto a esos que la foto de perfil anunciaba ser más falsa que nada; al final la lista quedó reducida a más o menos una docena, leyó cada perfil e inspeccionó las fotos, acabo mandando un par de mensajes proponiendo encuentros. Mientras se dio de baja en las páginas que no le dieron buenos candidatos.

Entre las respuestas que recibió tuvo que eliminar a otros que le proponían conocerse mejor o salir por allí, la pequeña cantidad de sujetos que se mostraron ansiosos por llegar a un acuerdo, le solicitaron chatear por video-llamada y de paso «verificar la mercancía», se vio obligado a hacerse una cuenta para poder cumplir dicha solicitud. Una vez agregados como contactos, verificó que su cuarto estuviera cerrado e inició la conversación, la primera imagen fue de un joven desnudo que le pidió hacer lo mismo, Blaine creyó que sería un buen comienzo hacerse una paja con la imagen de un chico -aunque recordó haberlo hecho con Kurt, decidió ignorar todo sobre él-, sin embargo por más que el otro tipo hizo, no logró que tuviera una erección; el colmo de la situación es que el tipo comentó en su perfil: «¡A HETERO_ACTIVO ni se le para! Buuu…». Eso lo obligó al pelinegro a cerrar esa cuenta.

Sus padres habían notado que no había sido de su habitación y que cuando bajaba a comer se veía muy ansioso y pendiente del teléfono, la ausencia de su novia lo pudo haber explicado, quizás habían peleado, pero cuando le preguntaron solo dijo «Esta con una amiga», así que quizás solo se trataba de una discusión. Su madre debía admitir que le agradaba que Santana hubiera llegado a su vida, porque antes de ella su hijo había sido todo un mujeriego, lo que más le preocupaba era que Blaine tuviera una vida sexual activa y por lo visto, solo era sexual no amorosa, pero por primera vez veía a su hijo siendo capaz de mantener una relación que durara más de unos cuantos días; sin embargo era evidente que todo ese asunto de su noviazgo le causaba más estrés que felicidad, y si bien una relación se mantiene a base de una ardua labor, él no parecía disfrutarlo tanto como antes. Como toda madre solo quería que sus hijos fueran felices, no esperaba que se casara pronto o algo así, pero que volviera a ser el niño que decía que algún le gustaría casarse y tener muchos hijos; su marido la tranquilizaba con lo de que «algún día conocerá a la mujer indicada y sentara cabeza», pero ¿qué madre no preferiría evitar todo el sufrimiento a sus hijos?

Con el crepúsculo marcando el fin del domingo, concluyó que todo había sido completamente infructífero, deshecho esa idea de los contactos en línea, «¿Cómo es posible que la películas se hagan orgias de la nada en cuestión de horas y yo no sea capaz de conseguir ni un mísero culo? ―apagó furioso la computadora». La ausencia de Santana estaba siendo muy resentida por su cuerpo, mejor dicho la falta de sexo lo tenía así; había evitado consolarse solo porque deseaba rendir en el encuentro que nunca logró conseguir. El de verdad quería sacar eso de su cabeza, cumplir la fantasía y seguir con su vida, pero nada estaba saliendo como él pensaba que sería, «Estoy buscando a Kurt, quiero hacerlo con Kurt ―azotó la nunca contra su almohada», debía dejar de pensar en eso, ya que ese mojigato nunca le daría nada.

Habiendo recordado al castaño, se percató que aún no hacia su trabajo de francés, así que de mala gana se metió a un traductor de internet, copió, pegó y lo envió al susodicho.


Faltaban unas cuantas horas para que comenzara a asearse y pudiera hacer su rutina de hidratación, sin necesidad de restar minutos a su descanso. Estaba comentando las fotos que Mercedes había subido de sus salidas en el fin de semana, cuando se topó con una donde había salido Puck, quien como siempre tuvo un enredo con sus citas, Kurt no podía entender como ellos jugaban con algo tan valioso como el amor, cuando él tuviera esa oportunidad se aferraría y lucharía con todo su ser. Sin embargo hasta que ese día llegara tenía que conformarse con los enredos de sus amigos.

«¡No puedo creer que me hagas esto! Pero, no importa solo estaré contigo hasta la cena del martes, aunque creo que solo pasaremos al postre ―eso había dicho una de las chicas de Noah», aunque él no hubiera vivido ese tipo de cosas, sabía a qué clase de postre se refirió la chica. Le era inconcebible que alguien llevara una vida así, llena de encuentros sexuales, pero falta de amor, ¿no se suponía que por eso se le llamaba «hacer el amor»?; se golpeó la cabeza cuando se dio cuenta que nuevamente había caído en su pozo de lamentaciones amorosas. Un bip lo hizo volver la vista a la pantalla, se trataba de un correo, se emocionó al pensar que podía ser alguna respuesta de Bruce -cosa que debía evitar porque el otro tenia novio-, pero solo gruñó cuando vio que Anderson le había mandado su parte del trabajo.

―¡Es un…! ―mentalmente dijo la palabra altisonante que terminaba la frase.

Su compañero de equipo le había enviado una porquería de traducción mal hecha. Se dirigió a ver si estaba conectado, pero no lo estaba, así que él tendría que hacer todas las correcciones -o mejor dicho, hacerlo de nuevo-, profiriendo en voz baja todo tipo de improperios y pensando cómo iba a reclamarle a Blaine por su ineptitud, se puso a buscar la información que le tocaba al pelinegro y se dispuso a redactarlo en el procesador de textos bajo la luz azul de su lámpara.

Tocó su rostro, en concreto el contorno de sus ojos y sus mejillas, su pobre piel iba a sufrir además de las desveladas que le provocaban sus pesadillas, la trasnochada que le costaría mantener su nota en la clase de la señorita Hardy. Pensó en dejarlo así y tomar la oportunidad que le dio su profesora de la evaluación individual, pero su buen corazón le impidió dejar a su suerte a Blaine, que por lo visto no iba a ser capaz ni de hilar más de dos oraciones juntas. Odiando su propia nobleza -o estupidez-, suspiró y comenzó a leer la información de Château de Brissac**, que era el tema que había escogido él mismo, para luego disponerse a redactar la parte del trabajo que Anderson había malhecho; iba a ser una larga noche.


*Lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido. Frase de la película Moulin Rouge / Amor Rojo.

**Es un castillo francés situado en la comuna de Brissac-Quincé, departamento de Maine-et-Loire, a unos quince kilómetros de Angers. Es Monumento histórico de Francia desde el 3 de noviembre de 1958 y pertenece a los castillos del Loira que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000.

Tal como lo pensé, la quinta temporada tiene mi cabeza totalmente disfuncional, por lo que no he escrito ni una solo linea desde el jueves. Pero no se preocupen ya tengo escrito hasta el capítulo siete, no los publico de golpe porque entonces la espera seria mucho mayor a cinco días. De paso aclaro que publicaré los días 5, 10, 15... 30 de cada mes, o sea que serán seis episodios por mes, lo cual me parece bastante justo.

Gracias por leer. Gracias por comentar. Gracias por sus favorite/follow.

*Spoiler*
«Para tener romance había que saber de sexo -Kurt». Solos en un alula y Blaine sin playera.