Resumen: confesión de San Valentín.

Advertencias: Reciclado. Participó en un concurso que obviamente no gané.

Disclaimer: Haruichi Furudate.


Hay más nubes que cielo, aquel tan pálido como si un lienzo cubriese toda la bóveda ahora blanca, espumosa y movediza.

Sucede una pequeña brisa, como el suspiro apagado de una hoja que cae, despacio, a la superficie.

— ¿Qué es esto? — pregunta Tsukishima y el habitual entrecejo se plasma en él junto a una confusión evidente al nuevo objeto en su escritorio; libros, lápices y el rayón oscuro en la pagina medio arrancada de la libreta. Encima, un sobre.

— ¡Secreto a voces! — exclama un enérgico pelirrojo, demasiado brillante para sus ojos que apartan la mirada próxima irritada.
Mas cuando él está por proseguir la réplica, su compañero de voleibol desaparece como hubo venido, corriendo lejos del salón y las miradas confusas por detrás.

El día está teñido de rosa, pero él se niega a ver más allá de eso; un color.

No es empalagoso. No es agradable. Sólo un día más. Y las llamativas parejas ahora tan visibles e irracionales pues parecen demostrarse así, deslumbrantes, únicamente una vez al año.

Kei mantiene un mínimo debate mental, si acaso abrir el sobre estará bien o dañará su orgullo. Mas el papel doblado, blanco y áspero a las yemas se mantiene imprudente encima de sus útiles que de un último chasquido lo devora con sus dedos hasta leer el contenido:

"Donde los jugadores se encuentran y rebotan los balones."

Eso es todo. De hecho, no podría ser más evidente.
Kei no es egocéntrico, pero ya ha pasado por esto algunas veces y ciertamente es algo irritante; interrumpir su calma, obligarlo a dirigirse al lugar (técnicamente él haciendo todo el trabajo, porque rechazarlas también es problemático).

Pero la confusión renace al salir del edificio y llegar al club de voleibol: todos sus compañeros de equipo están sonrientes en la entrada, desde el capitán hasta el enano reciente.

Un remolino de inquietud.
Un viento ruidoso, que desprende las hojas, empuja las cortinas y hace eco en las paredes y puertas. Entonces su voz es el sonido que nace de los objetos, una taza que resbala y cae, las piedritas arrastradas sobre el asfalto y los aleteos repentinos de los pájaros que anteriormente se mecían en las ramas.

Él sabe de quién se trata porque ese alguien no está aquí. Pero no va a nombrarlo. Su corazón se agitaría, comprimiría y finalmente explotaría como el estallar de una coraza en pedazos, de sólo pensarlo.
Porque no es probable si se es racional, si piensa en cada pieza puesta en su lugar jamás tendría la oportunidad.

Pues él es muchísimo. Y Kei es nada.

Pero los gritos de ánimo en sus compañeros, el ruidoso líbero y la futura estrella que de una palmada le hace avanzar tres pasos, despiertan en él esa huida; en efecto ingresa cual torrente hacia el gimnasio... mirando sus pies.

Huele a leche caliente y hojas frías de Otoño; naranjas claro, amarillo y verde. Tan verde.

La risa de un niño que se desliza, suave, suave, inunda sus oídos e irremediablemente alza la mirada.

— ¡Feliz san valentín, Tsukki! — exclama un alegre Yamaguchi con esos ojos fulgurantes que nunca se apagan, sin importar el maldito día del año.
El corazón rugiendo en todo el esternón, por él.

No es como si tuviese que decir algo. La verdad es que de repente está atrapado, estático y congelado que sus labios apenas se desprenden entre ellos para emanar un poco de aire. Sin embargo su rostro ardiente, espolvoreado en sus orejas, mejillas y frente como si las cosquillas crearan una montaña rusa por toda su tez.

Hay una secuencia de pasos, y enseguida son dos manos en cada mejilla. Él encima las suyas a ese tibio par.

Tadashi lo deja sin palabras, así que responde de la misma manera; lo calla sin que hable. Es un beso rápido de labios húmedos, principiante mas cariñoso. Que no se piensa sino disfruta.

Tras parpadear, un fluido cálido. Ya no es sangre en las venas, es algo más; miel y leche caliente. Dulce y espeso, mezclado en todo su cuerpo, aquí y allá, viajando a través del corazón y llenándolo de su amor.
Yamaguchi es empalagoso. Es agradable. Y está todos los días.

Tsukishima percibe la sonrisa, esparcida, grande en sus labios.

Pero Yamaguchi da pelea, de nuevo la necesidad de dos bocas al encuentro.

Él no tiene quejas al respecto.

Para nada.

Que el equipo espere.


En cuanto al review del Yamakage: sí, en algún momento subiré Kenhina. :') Muchas gracias por leer. ~