Personajes/parejas: Sabertooth. Sus típicas insinuaciones BL de mi parte, y algunas GL.

Notas: De verdad que parece que algo lo terminaré pronto, que emoción (?). Debería destacar lo de insinuaciones BL aquí (?)

Extensión: 973 palabras.

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Orga.


Orga es el quinto en levantarse, y es después de Sting el siguiente que lo hace por causa de un cronometro interno y no por otra cosa; a él nadie lo despierta, se despierta solo. Suele hacerlo a las diez con precisión de milésimas, si lo del cronometro interno no era broma. Se estira, se levanta, se estira de nuevo y se larga a la cocina. Innecesario, para esa hora el desayuno no está listo y solo está Sting incordiando con preguntas tontas tipo «¿Y si le hecho sal al chocolate, a qué sabrá? ¿Y si el pan de canela me lo como con jamón, a qué sabrá?».

—¿Tú no deberías estar molestando a Rogue? —cuestiona.

—¿Tú no deberías estar despertando a Rufus? —le responden.

¿Y para qué, si no está el desayuno? No tiene necesidad alguna de ello.

Yukino, como es de esperar, no tarda en alegar, y Sting no tarda en largarse para efectivamente molestar a Cheney porque de eso vive, de molestarlo. Y de mojarse en los pantalones por Dragneel, pero ese es otro tema.

Yukino cocina, callada y concentrada, y Orga se pregunta si notará si saca una botella de cerveza, porque la chica no lo deja beber por las mañanas y eso molesta. Está seguro de que lo nota, Yukino tiene ojos en la espalda o parecido, y ni es dragon slayer pero de seguro oye el sonido del refrigerador —que suena más bajo que alfiler cayendo— abrirse. Mierda, tiene sed y no le gusta ni el café, ni el té ni ninguna de esas mierdas. Usualmente toma agua, vaya porquería más aburrida, y si lo hace es porque se come como tres kilos de pan y da sed, obvio.

Sting vuelve, y está el desayuno, y se dan al tiempo con una precisión ridícula. Y él se larga a despertar a Rufus porque nadie más lo hace, ni que fuera una especie de homicida que los fuera a matar a todos por despertarlo. Cualquiera al que le pregunte estaría en desacuerdo con esa oración. «Lo es», murmuró Rogue una vez, molesto y con la herida de unas tijeras en el cuello, cosa incidental y puramente coincidente.

Como es de suponer, Rufus está dormido por ahí por el séptimo sueño. De lado y con el cabello desparramado en la almohada; como si acabara de salir del salón, eso sí, nunca se despeina por motivos ajenos a la lógica universal.

—Rufus. —Y lo zarandea, suavecito.

El mago se revuelve.

—¿Qué hora es?

—Las diez y media.

—Dos horas y media más.

—No te vas a levantar a la una de la tarde —reclama—, y la mayoría pide cinco minutos.

—¿Para qué si nunca son cinco minutos?

Un buen punto.

—Levantate, está el desayuno.

Rufus se queja unos momentos, antes de despegar el rostro de la almohada en un estado que se acerca más a seguir dormido que a estar despierto. Y por eso toma café en las mañanas, para despertarse.

Caminan juntos rumbo a la cocina, donde ya está Rogue con Sting, y ya están peleándose como viejo matrimonio.

—No peleamos como viejo matrimonio —se defiende Rogue, como siempre.

—No discutan —regaña Yukino, y esa frase puede tomar varios significados, desde el «no peleen» hasta el «no discutan dicha afirmación, que es obvio». Tienen la leve impresión de que la chica emplea ambas—. Desayunen en calma —exige.

Lo hacen, por cerca de tres minutos, luego encuentran un motivo para discutir. Usualmente es la indiscutible homosexualidad de Sting y sus patéticos intentos por cubrirla.

—¡Que no soy gay!

—Lo que digas, capullo.

—Muérete Orga.

Yukino suele suspirar, culpa suya por esperar imposibles.

Tras el desayuno Orga se ducha y se larga a entrenar. Está en el gimnasio lo que queda de la mañana, con Rufus haciéndole compañía en lo que lee un libro, hasta que dan las dos de la tarde. Precisión de milésimas, ni un segundo más ni uno menos, las dos en punto. Si Sting de verdad jura que debe tener un cronometro enterrado en alguna parte porque eso no es normal.

—Y tú el pene de Dragneel —suele refutarle Orga, subiéndole los colores al rostro.

—¡Por supuesto que no!

—Pero ya te gustaría.

—¡Vete al demonio!

A las dos y media está listo el almuerzo, y durante esa media hora se da la segunda ducha del día. Almuerzan, Minerva suele ser la última en sentarse a la mesa y Yukino la primera, y viceversa a la hora de levantarse.

Orga se larga a perder el tiempo luego de comer, casi literalmente, que no es muy diferente a lo que hace Sting casi a diario. A las cinco con cincuenta y tantos minutos regresa al salón porque con certeza del cien por ciento Rufus se ha quedado dormido en el sofá, sentado con un libro en las manos, y le ha dicho varias veces que no duerma así, ni que fuera a descansar bien en esa posición. Lo lleva de vuelta a su cuarto, y se queda con él un rato porque al mago no le gusta dormir solo. A veces ni él entiende cómo le aguanta las treinta y un mil manías que tiene. Dan las siete, ni que Rufus durmiera cinco minutos. Se ve en la obligación de levantarlo porque se aburrió de estar sin hacer nada.

Las ocho, cenan. Cada uno en su sitio y Sting de seguro en su oficina ensuciando papeles, a juzgar por la discusión que mantiene con Rogue. Acompaña a Rufus un rato tras eso, que como es usual no puede dormir —nunca puede—. Luego se va a su cuarto a dormir, y ahora es el mago el que le hace compañía a él porque sigue sin poder dormir y en cualquier caso no le gusta hacerlo solo.

Suele preguntarse para que tiene cuarto si ni lo ocupa.


Qué, en mi headcanon duermen juntos. ¿Algún problema?

Nos leemos. Bye.