¡Hola! Gracias al autor del primer (y único) review de este fanfic, me he animado a publicar el siguiente capítulo. Personalmente, la escena de la aspiradora gigante es una de mis favoritas de la serie entera, así que he tratado de reproducirla lo más fielmente posible. El personaje que he decidido eliminar de este capítulo es Kecherán Pacharán (nunca le vi la gracia), pero aún así, ¡espero que os guste y que os lo paséis bomba!


Capítulo 4 -¡El viaje en tren con Getchupy y la infernal base de la División C de cazadores de pelo!

Beauty, Don Patch y Yumeko subieron al tren que les llevaría a la base de la División C. El tiempo apremiaba y la cuenta atrás avanzaba sin descanso. Sin embargo, nada más subir al tren, se dieron cuenta de que el miembro más vital del grupo no estaba con ellos:

- Oye, ¿dónde está Bôbobo? - preguntó Beauty.

Pero era demasiado tarde, el tren arrancó. Los tres miembros de la pandilla, que se hallaban en el último vagón, se asomaron para mirar por la ventanilla. Ahí fue cuando vieron a Bôbobo, vestido de moza y despidiéndoles con un pañuelo:

- ¡Yukina! - exclamó Don Patch.

- Lo siento, Kenichi, pero no puedo ir contigo - dijo Bôbobo, con los ojos encharcados en lágrimas -. Debo quedarme en casa para ayudar a mis pobres padres.

- ¡Pero construimos nuestro sueño juntos! - gritó Don Patch, echándose a llorar.

- Perdóname, Kenichi - dijo Bôbobo, agachando la mirada -. Espero que seas capaz de cumplir tus sueños. Porque yo cumpliré los míos.

Y dicho esto sacó una metralleta y se dispuso a disparar a todos los guardas de la zona.

- Vámonos a coger asiento, anda - dijo Yumeko, aburrida e impaciente.

Mientras recorrían el pasillo del tren en busca de los asientos que les habían asignado en los billetes, descubrieron que el malvado Getchupy también estaba allí:

- ¡Es Ketchup! - exclamó Don Patch.

- Se llama Getchupy, idiota - gruñó Yumeko -. ¡Me vengaré por lo que le has hecho a mi amiga, canalla! - exclamó, amenazando con sus puños al villano.

- Ah, sois vosotros - comentó Getchupy, que estaba leyendo el periódico.

- Atrás, joven Yumeko, es demasiado pronto para perderte - dijo Don Patch, con dramatismo -. Yo me encargaré de él.

- ¿Pero tú qué sabes hacer? - preguntó la adolescente, no muy convencida.

- ¡Rápido, Beauty! - exclamó Don Patch, sin hacerla caso -. ¡Dame la Espada Patch!

- ¿Y eso qué es? - preguntó Beauty.

- Ahora no me andes con vacilaciones - ordenó el redondo sol de color naranja, moviendo con impaciencia su mano -. ¡La Espada Patch, rápido!

- ¡Pero si nunca he oído hablar sobre ella! - protestó Beauty, agobiada.

Getchupy empezó a acercarse hacia Don Patch con expresión amenazadora y los puños apretados con fuerza:

- ¡RÁPIDO! - gritó Don Patch.

- Sólo tengo una cebolleta - dijo al fin la chica pelirrosa, sacándose una cebolleta de la espalda.

- ¡La Espada Patch! - exclamó Don Patch, sus ojos llenos de alegría -. ¿Ves cómo sí la tenías?

Don Patch agarró la espada y se lanzó a por Getchupy, quien no parecía impresionado para nada:

- ¡AHORA SOY INVENCIBLE! - gritó Don Patch.

Cinco minutos después…

- Me ha derrotado - dijo Don Patch, lleno de magulladuras.

- Si ya me lo imaginaba - comentó Beauty, resignada -. Mejor déjaselo a Yumeko, que ya quiero ver cómo pelea.

Yumeko avanzó un paso, pero:

- ¡No! - insistió el irritante sol, agarrándola del brazo -. ¡Tengo otra oportunidad! ¡Beauty, pásame el Martillo Patch!

- Mmh… Sólo tengo esta otra cebolleta - murmuró la muchacha de ojos azules, sacando otra cebolleta similar a la de antes.

- ¡Sabía que la tendrías! - exclamó Don Patch, tomándola -. ¡A LA CARGA!

Cinco minutos después…

- ¡Toma ya, le he derrotado! - exclamó Don Patch, dando saltos como loco.

- ¡Eso es imposible! - exclamó Yumeko, con la mandíbula desencajada y los ojos, fuera de las órbitas -. Aunque, mirándolo por el lado bueno, nos los hemos quitado de encima…

- ¡Mirad, es Bôbobo! - exclamó Beauty, tras mirar por la ventanilla.

Bôbobo les hacía señas desde un coche conducido por un oso de peluche con gafas de sol justo al lado de la vía del tren:

- ¡Vamos, saltad! - exclamaba Bôbobo, con urgencia.

- ¡¿ESTÁ LOCO?! - chilló Yumeko.

- Si Bôbobo lo dice será por algo - dijo Beauty, agarrándola de la mano.

Don Patch abrió la ventana y los tres saltaron por ella, aterrizando en los asientos traseros del coche:

- ¿Cómo lo lleváis? - preguntó Bôbobo, dedicándoles una sonrisa.

En ese preciso instante, el tren en el que habían estado sólo unos segundos antes explotó, volando por los aires:

- ¡AAAAAAAAH! - chilló Beauty, atónita.

- Por los pelos - comentó Yumeko.

- Con vosotros no hay quien se aburra - dijo el oso conductor.

- ¡Pues venga, sigamos nuestros camino hacia la base de la División C de los Cazadores de Pelo! - exclamó Bôbobo, con los ánimos renovados.

Una hora más tarde…

Ya estaban muy cerca de la base de la División C de los cazdores de pelo; quizá demasiado. Por una carretera estrecha y peligrosa, Don Patch circulaba a bordo de su coche, el cual no es que fuese muy moderno pero era lo mejor que tenía.

- ¡ALTO AHÍ!

Don Patch giró la cabeza. Ahí llegaba Bôbobo, vestido de ama de casa y montado sobre una aspiradora gigante. Beauty y Yumeko iban detrás de él, agarrándose como podían:

- ¡TE GANARÉ! - gritó Bôbobo, cuya falda ondeaba al viento.

- ¡Que te lo has creído, pardillo! - exclamó Don Patch, pisando más el acelerador.

Se acercaban a la Curva de la Muerte, aquella que había matado a tantos conductores entusiastas y junto a la cual descendía un terrible e inacabable barranco:

- ¡Es mi momento! - exclamó Bôbobo, acelerando.

- ¡Las carreras ilegales están prohibidas! - gritaba Yumeko, con los dientes apretados.

- ¡Pues claro, sino no se llamarían "ilegales"! - exclamó Beauty -. De todos modos, ¿cómo puede ser eso lo que más te preocupa ahora?

Bôbobo adelantó por fin a Don Patch, quien no cabía en sí de la sorpresa:

- ¡Está loco! - exclamó, contemplando al loco hombre rubio -. ¡Incluso mi coche P-535 serie K lo pasaría fatal en esa curva! Y él va con su aspiradora...

- ¡ESTO LO HAGO POR TI, PADRE! - gritó Bôbobo.

- Quiere morir - murmuró Don Patch, con la respiración contenida.

Pero, ejerciendo un control perfecto sobre su enorme aspiradora, Bôbobo superó con valentía, aunque por los pelos, la temible curva:

- ¡Yujuuu! - exclamó Bôbobo, alzando el brazo en el aire y siguiendo su camino victorioso.

Don Patch se había quedado boquiabierto. Bôbobo acababa de ser el primero en superar la Curva de la Muerte, ¡y ni siquiera estaba montado en un coche! Aquello significaba que él también podía conseguirlo:

- ¡Genial! - exclamó el sol, animado -. ¡DEMOS CAÑA!

Pisó el acelerador a fondo, se lanzó a la curva, su coche patinó y rodó por el precipicio hasta perderse de vista en el vacío.

Media hora después…

Bôbobo, Beauty, Don Patch y Yumeko llegaron, al fin, a la base de la División C de los cazadores de pelo, de aspecto escalofriante y siniestro:

- Aquí dentro tienen a mi hermana - dijo Yumeko, muy seria y con los ojos brillantes.

- Aquí encontraré el antídoto para el rayo que me lanzaron - dijo Beauty, temerosa y con las manos temblorosas.

- Pues entremos - dijo Bôbobo, como si de un restaurante de comida rápida se tratase.

Era un cuartel bastante alto, de cinco pisos (contando con la planta baja, tal como hacen los japoneses) y adornado con ornamentos que se asemejaban a cuernos. En la planta de abajo les esperaba un cazador de pelo:

- Me llamo Tesuikatsu, y soy el teniente de la División C de cazadores de pelo - se presentó, acercándose a la pandilla en cuanto hubieron pasado por la puerta -. No os voy a dejar tan fácil que lleguéis hasta mi capitán.

- ¡Corta el rollo, calvo inmundo! - exclamó Yumeko -. ¡Devolvedme ahora mismo a mi hermana!

- Tú eres… - murmuró Tesuikatsu, sorprendido -. La única que escapó… ¡Je! ¡Tu hermanita ya estará más que calva!

- ¡Más os vale que no! - exclamó la chica, furiosa -. ¡Vamos, Beauty!

- ¡Yo no puedo luchar, no tengo poderes! - exclamó su amiga pelirrosa, avergonzada -. ¡Bôbobo, Don Patch, id a ayudar a Yumeko!

- ¡Vamos a elegir a la ganadora del concurso Miss Gallina del Corral! - exclamó Bôbobo, que ya estaba atento a otros asuntos -. ¡Los jueces están recontando los votos!

- ¡A ver si gano, a ver si gano…! - exclamaba Don Patch, vestido de gallina.

- ¡¿Queréis dejar de hacer el tonto y ayudar?! - chilló Beauty, estresada.

Pero Yumeko no le dio importancia, ella no tenía miedo de pelear sola. Salió corriendo hacia Tesuikatsu mientras acumulaba energía en su garganta:

- ¡No podrás derrotarme tú sola, niña! - exclamó el teniente, poniéndose en guardia -. ¡Tengo unos ojos especiales que me permiten anticiparme a los movimientos de los demás!

- ¡A ver si puedes anticipar esto! - exclamó Yumeko, furiosa -. ¡NO ME VACILEEEEEEEEEEEEEEEEEEEESSSSSSSSS!

Las paredes retumbaron e incluso el edificio entero se tambaleó. Beauty no tuvo más remedio que taparse los oídos, incapaz de creer cuál era la primera de las habilidades de su nueva amigs:

- ¡No me digas que usa su voz para atacar! - pensó Beauty, impresionada -. Si ya de por sí tiene vozarrón en estado normal…

Tesuikatsu empezó a caminar en círculos, con los ojos girando en sus cuencas sin parar:

- ¡Me pitan los oídos! - exclamó, mareado y con la cabeza dándole vueltas -. ¡No puedo oír nada!

- ¡CÓMETE ESTO! - gritó Yumeko, acercándose de un salto a la espalda del teniente.

Le arrojó una bola de energía que lo dejó estampado contra la pared, la cual se agrietó, y totalmente derrotado.

- ¡Muy bien, Yumeko, gracias por dejarnos el camino libre! - exclamó Bôbobo, alzando el pulgar.

- ¡Eres muy buena hija! - exclamó Don Patch, vestido de madre.

- ¡Y vosotros, unos cobardes! - los regañó Beauty.

Para colmo, el concurso de Miss Gallina del Corral no había ido del todo bien y el ascensor había quedado destruido, por lo que no les quedaba más remedio que subir por las escaleras. Bôbobo y los suyos se disponían ya a subir al piso de arriba cuando Tesuikatsu sacó unas últimas fuerzas para advertirles:

- El cuartel de la División C de los cazadores de pelo es un auténtico infierno - explicó -. En cada planta hay un temible guardián. A ver si sois capaces de derrotarles a todos. Es la única manera de llegar a la última planta, donde encontraréis lo que buscáis.

- Perdona - dijo Bôbobo -, ¿me lo puedes repetir?

Dos minutos después…

Ya estaban en la puerta que les daría acceso a la primera planta. En la susodicha puerta había un kanji que leía:

- Sala del Rayo - anunció Beauty, extrañada -. Me pregunto qué habrá aquí dentro.

- ¡Date prisa, Beauty! - exclamó Yumeko, dándole pequeños empujones en la espalda -. Mi hermana me espera.

Así pues, Beauty empujó las puertas y los cuatro entraron en un videoclub. Sí, en un videoclub:

- ¡Bienvenidos! - exclamaron los dependientes, con alegría.

Cabe destacar que eran cazadores de pelo.

- ¡Perdone, encargado, llego tarde! - exclamó Bôbobo, poniéndose un delantal -. ¡Se me fue la hora!

- Bôbobo ya es la tercera vez en una semana - dijo el encargado, poniendo los brazos en jarra -. Voy a tener que despedirte.

- ¡No! - suplicó Bôbobo, arrodillándose.

- ¡Bôbobo, ese tipo, el que tú llamas "encargado" es el guardián de esta planta! - exclamó Yumeko, empezando a perder la paciencia.

- ¡Maldita sea! - exclamó el guardián -. ¿Cómo lo has adivinado?

- Lo pone en un cartelito junto a tu asiento - señaló la chica de cabello castaño.

- Aquí todos tienen su lado idiota - gruñó Beauty, suspirando.

- ¡Maldito seas! - exclamó Bôbobo, furioso -. ¡Primero intentas matarme y luego, despedirme! ¡Este trabajo es mi vida!

- ¡DÉJATE DE CHORRADAS Y CÁRGATELO YA! - chilló Yumeko, empujando a Bôbobo con las ondas de voz que salieron de su boca.

- ¡Por el poder del Cabello Nasal - exclamó Bôbobo -: la guerra de la mayonesa!

- ¿Y ese nombre? - preguntó la adolescente, tirándose de los pelos, desesperada.

De ese modo, con sus largos pelos de la nariz, Bôbobo derrotó al guardián de aquella sala y de paso a su ayudante, aún sabiendo que las horas extra no se pagan. O, al menos, eso fue lo que el Liberta Cabelleras anunciño a gritos cuando terminó el combate.

- Bueno, al menos ha servido de algo - murmuró Yumeko, de brazos cruzados.

- Venga, sigamos rumbo a la tercera planta - dijo Bôbobo.

- Oye, Beauty, rica - dijo Don Patch -. ¿No te parece que he intervenido demasiado poco en esta batalla?

- Tal vez, pero es que el resto del tiempo no paras - respondió ella, encogiéndose de hombros.

Poco después…

Llegaron a la siguiente planta. De nuevo, había que abrir dos enormes y tenebrosas puertas para pasar:

- Sala del Huracán - leyó Beauty -. Vaya nombre más temible, qué miedo…

- ¿Qué más da el miedo? - preguntó Yumeko, con el ceño fruncido -. ¿Quieres perder todo tu pelo?

No necesitó que se lo preguntara dos veces. Beauty abrió y dieron paso a la siguiente sala, que resultó ser…

- ¡¿OTRO VIDEOCLUB?! - chilló Beauty.

- Pero, esta vez, ninguno de los encargados es el guardián de esta planta - dijo Yumeko, leyendo los carteles del dependiente y el encargado.

- ¡Mamá, quiero alquilar esta peli, mamá! - exclamaba Don Patch, vestido de niño y dando saltos frente a Bôbobo y tirando de su falda rosa.

- Pero Patchín, esa es la cinta que alquilaste la semana pasada - replicó Bôbobo, vestido de mujer -. Escoge otra.

- Vale... - dijo Don Patch, marchándose.

- Qué hijo más tonto que tengo - se quejó Bôbobo, quedándose esperando a su hijo con los brazos cruzados.

Don Patch se dirigió a la sección en la que estaban las películas de ciencia ficción y comenzó a ojear lo que había por los estantes:

- A ver, a ver… - murmuraba.

En ese momento, notó una terrible presencia. Alarmado, Don Patch se fue girando poco a poco para descubrir a la criatura más rara que sus ojos jamás habían visto...

CONTINUARÁ...