Hola, hola, hola, gente bonita! He aquí el cuarto capítulo de este fic Ojalá lo disfruten!
Capítulo 4:
La confusión era general. Los aldeanos gritaban y corrían, pero la mayoría enfocaba lo que sucedía en la calle principal. Era un gigantesco saltamontes youkai, que había estado masticando los techos de las cabañas para encontrar, digamos, su "premio sorpresa" de carne humana en el interior. Hasta que llegó el otro. No era ni remotamente parecido al saltamontes; de hecho, su fisonomía era casi humana. Pero no cabía duda que también era un youkai. Ni siquiera le dio tiempo de reaccionar al bicho. El otro youkai- un kitsune- le arrojó lluvias de fuego azulado, de fuego mágico. Aterrizó con elegancia al otro lado del chamuscado grillo, que había sucumbido muy pronto ante las poderosas llamas. Su largo cabello y su esponjosa cola se agitaron con elegancia. Unos segundos de pasmado silencio. Y claro, pasado ese instante, los "¡Ohhhh!" ahogados de los campesinos le hicieron voltear, con una expresión por demás galante, como de caballero andante (órale… hasta rimó… Oo). Sin embargo, aparte de los "¡OH!" a nadie parecía ocurrírsele nada más que decir. Hasta que se adelantó el patriarca del pueblo, un hombre ya algo anciano. Le hizo una reverencia, algo disminuida debido al peso de los años, y le dio las gracias. El kitsune respondió que no había nada que agradecer, que era un placer ayudarlos. Así que el anciano le invitó a comer a su casa, como agradecimiento, cosa que el jovencito aceptó enseguida. Cortesía ante nada. Caminó tras el anciano con paso decidido, pero tranquilo. Ya pasada la conmoción, las muchachas se asomaban de las casas y la mayoría, antes y aún después de ver su larga cola rojiza, lo miraban con coquetería. Eso hizo sonreír al kitsune, de nombre Shippo. Y es que cosas así le recordaban irremediablemente a Miroku, haciendo exorcismos para tener un lugar en que pasar la noche. Solo que esta vez difería en que el saltamontes si había sido completamente real y no- planeado. Rió para sus adentros mientras entraba a la casa del patriarca.
Shippo se alejó de la aldea con un bulto de obsequios bajo el brazo, y las despedidas de aldeanos y (en primera fila) de las muchachas lo alegraron. Se las devolvió y se adentró en el cercano bosque con un poderoso brinco, sin perder el estilo y sin olvidar devolver con la mano las despedidas (suspiros de al menos docena y media de chicas). Aterrizó sobre un crecido roble, y bajó rápidamente por las ramas hasta caer en el suelo. Luego siguió caminando. Era increíble, apenas el primer día lejos de casa y ya hasta admiradoras tenía (al fin permitió a sus mejillas sonrojarse, pues se había estado conteniendo para no perder "el estilo", consejo de Miroku). Suspiró de nuevo al recordar el Den y a su familia, a quienes había perdido de vista hacía apenas medio día. Recordó las palabras amables de Miroku, los abrazos de Sango y los pequeños Keitarou, Kotori y Haku, que habían llorado igual que Himitsu y Yoshiko porque "Shippo Nii-san" se iba. También Kagome había llorado, pero le dedicó una sonrisa al despedirse, una de esas sonrisas sinceras que no se empañaban a pesar de las lágrimas. E Inu Yasha… bueno, Inu Yasha le había dado una "amistosa" palmada en la espalda que casi lo derriba, y así también el kitsune tuvo tiempo de ver el último "Osuwari" antes de partir. Sonrió ante estos recuerdos. Le habían dicho que volviera cuando el quisiera, que ahí siempre tendría un hogar. Aunque eso ya lo sabía, escucharlo en voz alta era reconfortante. Hasta la anciana Kaede, con algo de dificultad debido a su ya muy avanzada edad, se había ido a despedir de él. Se le había hecho un nudo en la garganta al escuchar el "Adiós, Shippo-kun", como si de verdad ella ya no estuviera para recibirlo cuando volviese. Por eso se había propuesto recorrer todo el Edo y volver para al menos despedirse como es debido de la gentil sacerdotisa.
Caminaba sin rumbo fijo, tratando de evitar el camino principal porque siempre había algún racista que tuviera algo en contra de los youkai y no dudara en lanzarle algo, desde piedras hasta balines de esos primeros rifles que ya estaban recorriendo el territorio Nipón. Y no es porque les tuviera miedo (era todo lo contrario) pero no quería buscarse problemas. La ventaja de haber viajado mucho- pensó- era que conocía casi todos esos territorios, y se orientaba muy bien; el único problema era que ahora iba solo y no tenía con quien hablar… y claro, si empezaba a platicar con él mismo la gente pensaría que aparte de youkai era demente, cosa que no le atraía mucho. Comenzó a brincar, como tantas veces había visto hacer a Inu Yasha, y comenzó a avanzar kilómetros y kilómetros con una velocidad vertiginosa. Pero no se fijaba mucho por donde iba, por andar pensando, y no le faltaron un par de ramazos en la cara, que no lo tiraron al piso porque eso del estilo se lo había arraigado muy bien el monje. Esas eran las únicas situaciones que lo distraían, pues había pasado ya por unas tres aldeas y las tres parecían perfectamente tranquilas. En un salto especialmente alto, se dio cuenta de que ya estaba anocheciendo, y que el cielo comenzaba a teñirse de anaranjado. Por alguna razón, siempre le habían gustado mucho las puestas de sol. Dejó de saltar. Había llegado a un terreno montañoso, y era mejor andar con cuidado. Las montañas eran el escondite de los youkais por regla, de los monstruos más grandes y grotescos, sobre todo de ogros. Y aunque él procuraba no empezar las peleas… pues si a alguno se le ocurría molestarlo, ya se las vería con su kitsunebi, que había dejado de ser un fuego casi etéreo para convertirse en poderosas llamas… ventajas de crecer. Y quizá se encontraría con algunos semejantes y podrían conversar… esa idea se le antojaba más. Pero antes de que pudiera seguir cavilando, algo lo sorprendió y amenazó peligrosamente con romper el "estilo" del kitsune. Había sonado como un trueno, y había caído a unos centímetros de sus pies. Enseguida empezó a mirar a su alrededor, a olfatear a ver si reconocía el olor. Y entonces la vio. Una silueta que se acercaba, amenazante.
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¡Jejejeje! ¿Qué tal? ¡Los dejo con el chan chan suspenso para que no se pierdan lo que sigue! ;D Y mil, mil gracias a Kamuss-sama por dejarme tu review! Ojalá te haya gustado ¡Espero tus comentarios! Cuídense gente bonita! MATTA NE!
