No. Yo no estaba muerta.

Me encantaría compensar mi ausencia, mis irresponsabilidades y todo el tiempo que ustedes han invertido, pero no creo exista perdón suficiente. Escribí este capítulo extra largo en respuesta a todos sus reviews, no los ignoré ni fui ajena a ellos, me hicieron muy feliz y me impulsaron a escribir.

No tengo excusas, quizás eso agrava todo. Realmente lo siento por aquellos a quienes sí les gusta esto que escribo y sintieron que perdían su tiempo. Les demostraré que no es así, me esforzaré en ello.

Me alegra volver.


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CAPÍTULO 4

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"En las entrañas del pasado"

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Dieciséis de Octubre, 11:55 a.m.

Sakura terminó de tipiar los datos recogidos en el computador cuando poco faltaba para el medio día. Estaba algo fatigada, pues prefirió pasar de largo la noche completa juntando todos los datos que consiguió sobre Orochimaru gracias a tu tía Tsunade que dormir. Y los ojos ya se le cerraban.

— ¡Listo…!

Se frotó el entrecejo y pestañeó un par de veces antes de abrir su correo y enviarle el mensaje a Itachi. Releyó todo una última vez.

Para: Uchiha, Itachi.

De: Haruno, Sakura

Itachi-san, le adjunto un documento con la información recolectada sobre los primeros años del Dr. Orochimaru. Mi tía Tsunade insiste en la búsqueda de su expediente como estudiante y sus antecedentes familiares, pues la infancia del doctor fue bastante violenta, como ella misma señala. Al parecer su padre falleció en combate cuando él apenas era un niño y su madre falleció en un asalto a mano armada; de este último no sé si habrá algún expediente.

Hay más información en el documento, espero le sea útil.

Cualquier cosa estaré pendiente, saludos.

Y lo envió. Era el segundo correo que le enviaba esa mañana. El primero fue sobre los análisis del libro y los resultados del laboratorio a eso de las ocho de la mañana, todos gracias a la gestión de Hinata y Tenten; ambas cooperando con ella desde la oficina. Cerró la laptop y se estiró; le había dicho a su madre que no quería ser molestada hasta que ella despertara nuevamente, y no tenía intenciones de hacerlo hasta pasadas las cuatro de la tarde. Se arropó en su cama después de cerrar las cortinas y se entregó al descanso.

Oh bueno, al menos esa fue su intención.

Su teléfono vibró sobre el velador a su lado y le hizo abrir los ojos, ceñuda. Odiaba a quien quiera que fuese él o la que la que la llamaba en ese instante. Y la odió más cuando vio el contacto de llamada.

—Aló. —habló. La garganta le raspaba, tanto por el sueño como por el malestar que aún le quedaba.

—Sakura, soy yo, ¿Estás despierta?

«No, estoy durmiendo, de hecho hablas con un holograma, cerda insensible», Sakura tuvo ganas de decirle a Ino que la llamara luego, pero desistió. Rodó en la cama hasta quedar de frente al cielorraso de su habitación y volvió al teléfono.

—Sí, lo estoy, ¿Pasó algo?

Hubo un silencio incómodo y Sakura oyó carraspear a Ino desde la otra línea. Su ceño se frunció y todo el sueño de pronto se le fue.

—Si… —Ino suspiró sonoramente y la voz le tembló—. Acaban de encontrar el cadáver de la quinta mujer, Sakura. Estaba dentro de la mansión, como las demás.

—¡¿Qué?!

Se incorporó en la cama, y el movimiento le causó dolor. El corazón le latía en los oídos y la pupila de los ojos se le achicó hasta volverse un insignificante punto. Sin darse cuenta incluso las lágrimas comenzaron a aparecer.

—Es terrible… —Ino sonaba demasiado desanimada, casi lúgubre —. Estoy a pocos minutos de tu casa, pasaré a contarte todo, ¿Vale? En diez estoy ahí.

—De acuerdo.

Sakura se levantó y se metió a la ducha. Se vistió y peinó lo mejor que pudo, y cuando ya estuvo lista se pilló a Ino en la sala de estar de su casa. Al ser amigas desde niñas, su madre le abrió la puerta a Ino como si ella siempre hubiera sido de esa casa. Sakura tomó asiento junto a ella en el sillón y le pidió a su madre que las dejara a solas.

—¿Cómo… cómo pudo pasar esto nuevamente? —se preguntó Sakura más para sí misma que para Ino —, ¿No tenían el perímetro cubierto?

—Por completo —Ino dejó de beber el té que Mebuki anteriormente le había servido mientras esperaba a Sakura y se giró a encararla —. Nadie entró o salió de ahí sin ser policía o detective. El jefe está enojadísimo… —Ino se le acercó y susurró —. Se está diciendo algo en el departamento, Sakura. Jamás había habido un caso semejante… quizás alguien de dentro está cooperando con el asesino.

—¿Dices que hay un traidor? —Sakura la miró impresionada, y quizás algo asustada —, ¿Por qué lo dices?

—Yo no he dicho nada, pero incluso mi padre y sus amigos lo comentan —Ino se dejó caer sobre el sofá con los brazos extendidos por el lado del respaldo, cruzándose de piernas —: el no poder pillar al asesino, la misteriosa mansión… y ahora, para empeorar todo, se han perdido expedientes. Desde que el hermano de Sasuke-kun pidió ayer el documento sobre un tal doctor Orochimaru el departamento está hecho un desastre.

Ino dijo esto último mirando la lámpara de techo, con aire ausente e ido. Sakura la miró y se sintió totalmente perdida en este asunto. Es como si de verdad el asesino fuera una serpiente.

El tono de llamada de Ino despabiló a ambas y sus miradas fueron a parar al bolso negro donde el celular yacía. Ino lo sacó y contestó de inmediato.

—Shikamaru, estoy con Sakura; déjame poner el altavoz.

—¿Pueden oírme bien las dos? —preguntó él.

—Sí, te oímos bien —contestó Sakura, mirando fijamente el teléfono.

—Bien, así se enteran de una vez las dos —habló Shikamaru de manera tediosa, pero amable —. Acaban de recoger el cadáver de la mujer fallecida y los médicos forenses ya están estudiando su cuerpo ahora mismo como prioridad. Lo primero que se les pidió encontrar fue el tatuaje de alguna serpiente en su cuerpo… y lo hicieron; estaba detrás de su oreja, completamente minúsculo.

—¿Con forma de ese itálica? —preguntó Sakura.

—Idéntica al boceto que tú nos dejaste en el informe de la cuarta víctima —respondió —. Carece de dedo anular como el resto de las mujeres, y su boca está hecha cenizas. Identificaron parafina, como nos habías dicho.

—Shikamaru —fue Ino quien se dirigió a él ahora —, ¿Se ha dicho algo sobre la mansión? ¿Qué van a hacer con el perímetro?

—Tsk, la cosa no va para bien con eso —ambas reconocieron como Shikamaru carraspeaba —. Están esperando la aprobación del jefe para poder poner cámaras en la casa.

—Pensé que el municipio había prohibido que irrumpiéramos en la arquitectura de la mansión Sënju por ser patrimonio de Konoha —continuó Ino, inclinada sobre la mesita de café donde estaba el teléfono.

—Así es… pero quiero ver como se las arreglan ahora con cinco asesinatos. Naruto nos dijo que su padre, el alcalde, está a favor de esto, pero son sus consejeros quienes impiden que pongan las cámaras de vigilancia… esto es demasiado problemático.

Sakura sentía como el corazón se le oprimía ahora que la joven mujer estaba muerta. No pudieron hacer nada por ella… ni tampoco por las anteriores cuatro, ¿Qué pasaría si había una sexta? No, si eso llegaba a ocurrir Sakura se juró que la siguiente viviría. No permitiría que otra joven fuera asesinada de manera tan espantosa.

Ino siguió hablando con Shikamaru sobre detalles del caso, pero Sakura ya no los oyó más.

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Itachi sintió el pulso de las arterias de sus sienes como un nuevo enemigo, uno que estaba ganando batalla junto a su naciente dolor de cabeza. Su padre acababa de salir de la oficina —insatisfecho cabría mencionar —, dejando detrás de sí una sombra que se pegaba a los muros del cubículo. Ya se lo imaginaba dándole la misma charla a Sasuke en unos un instantes más. Se peinó el cabello hacia atrás y continuó leyendo el informe que Sakura acababa de mandarle. Todo ahí era información fresca e interesante, con comentarios de la chica sobre investigar los informes supuestamente accesibles. El estrés, y ese inmisericordioso latido de sienes regresaba solo para recordarle que tales archivos ya no estaban más en el departamento; que habían desaparecido. Bufó.

Se levantó del pupitre y salió de ahí con abrigo en mano. No era posible, ¿cómo? Maldición, la chica simplemente apareció ahí, y nuevamente la situación se repetía. No había huellas, no había pistas. Simplemente no había nada.

Se subió al auto y condujo a un edificio próximo, a no más de tres calles metros. No es que le importara mojarse, pero si lograba conseguir algún archivo, cualquiera fuese, no le gustaría mojarlo con insignificante llovizna. Saludó a Jiraya en la entrada, y éste sonrió al verlo, dejando su libro de lado sobre el mostrador.

—No traes buena cara muchacho, aunque claro, lo tuyo es más de familia, ¿No? —La gruesa risa del viejo hizo levemente sonreír a Itachi.

—Pedí unos expedientes ayer por la noche, Jiraya-san —habló, más tranquilo que instantes atrás —. Hace poco recibí un correo diciendo que estaban extraviados.

—¿Un correo dices? Yo no lo he enviado, quizás fue el viejo Shibuzen… ya lo has visto, está perdiendo la vista y quizás no logró encontrarlo. Dime que buscas y yo te ayudo, ¿Qué dices?

—Siempre se puede contar contigo, Jiraya-san.

No estaba permitido que los oficiales se inmiscuyeran así dentro del registro de archivos, pero Itachi era uno de esos pocos casos especiales ahí, y no por ser hijo del jefe del departamento de investigación, sino por una infancia rodeada de la gente correcta, así como Jiraya. Caminando detrás de él, Itachi notó que el cabello ya no era blanco como antes, sino gris. Pensar que aquel sujeto fue uno de los mejores detectives dentro del país parecía asombroso desde ese ángulo. Jiraya fue desde muy joven uno de los oficiales del departamento, pero era bien sabido que tras un período de crímenes muy puntuales él se retiró del cargo y decidió viajar por el mundo, haciéndose escritor. Ahora que estaba en Konoha retomó el trabajo policial para algunas de sus nuevas obras, ayudando donde se le permitiera escribir y participar a la vez.

—¿Tienes el número del expediente? —preguntó Jiraya, introduciendo una clave en un panel para abrir la puerta.

—Aá. —apenas susurró Itachi, ingresando junto al viejo a la sala. Imperceptiblemente miró hacia Jiraya, atento a una futura reacción —. Archivo 64-A.

Y no se equivocó. Los hombros de Jiraya se tensaron y el cuello se contrajo de pronto. Se volteó a mirar a Itachi.

—¿Por qué ese archivo?

La voz sonó tétrica, pero Itachi ni se alteró.

—He estado juntando pistas, señor. Estoy comenzando a creer que el caso está relacionado.

—Pero… eso fue hace muchísimos años, ¿Cómo…?

Jiraya estaba perplejo. Se apoyó sobre el borde de la mesa de un escritorio cercano y se llevó la mano a la boca, pensativo, luego volvió sus ojos al detective.

—Sé que esto lo tomó por sorpresa, Jiraya-san —comentó Itachi, sereno —, pero no insistiría tanto en algo por mera intuición. Hay coincidencias, Jiraya-san, y son reales.

Un largo suspiro abandonó el pecho del mayor, quien tenía un rostro imposible de descifrar. Itachi no hizo ademán de apresurarlo o algo semejante, pues presentía que los pensamientos del viejo debían ser una auténtica barbaridad en ese instante. El expediente que él solicitó no era uno cualquiera; no, éste era especial, después de todo el expediente 64-A contenía el caso que hizo que Jiraya se retirara de la policía después de todo. Este fue el último caso que tuvo aquel detective.

Jiraya carraspeó y todo su cuerpo adquirió una nueva postura, enviando un mensaje de cautela y cierto resentimiento, no para Itachi por supuesto, pero sí quizás para un pasado turbio y melancólico.

—Nadie me quiso hacer caso en ese tiempo, muchacho. —apenas dijo. Su voz, entre triste y recelosa era un susurro.

—Tengo entendido que cerraron el caso por falta de pruebas —comentó Itachi —. Jiraya-san, no estoy aquí por coincidencias. No creo en esas cosas —agregó. Ahora el aire se hizo misterioso, y entre esos dos hombre se percibía cierta alianza que lo llevó a hondar en el tema —. Tengo una sospecha, y jamás en toda mi carrera he tenido tantas ganas de estar equivocado, pero…

—Diablos —Jiraya apretó los puños hasta hacerlos sonar, parecía dolido —. Yo lo sabía, yo… lo sabía, pero nunca pude probarlo —miró a Itachi —. Orochimaru era una escoria, claro que lo era, pero a pesar de todo era mi amigo y lo conocí muy bien; tanto así que sé que era un genio. Un hombre brillante, algo perverso quizás, pero no buscaba el mal. No, lo suyo era curiosidad, pero no era un ser humano cruel, como otros ignorantes piensan…

Un silencio se formó cuando Jiraya dijo aquella frase. Itachi no lo demostraba, pero se encontraba algo sorprendido. No es como que supiera mucho sobre aquel hombre muerto hace tantos años, mas como Jiraya mismo mencionaba las cosas que había oído sobre él no eran las más alentadoras. Y ahora, aquel anciano que parecía sufrir por una persona a quien tantos temían hizo que Itachi dudara. ¿Quién era Orochimaru en realidad?

—Él no era tan tonto como para provocar su propia muerte. Te lo aseguro.

—Le creo Jiraya-san.

—Escucha, Uchiha —el anciano captó su atención —. Años atrás no conseguí probarlo, pero si me dices que este caso y el de la mansión Senju están unidos entonces te ayudaré en todo lo que esté a mi alcance. Haz esto por un viejo arrepentido por no haber ayudado a su amigo, por favor —la mano de Jiraya fue a parar al hombre el joven, quien solemnemente asintió con la cabeza. Jiraya sonrió —. Niño, tendrás las aptitudes de tu padre, pero sin duda heredaste la amabilidad de tu madre. Serás más exitoso que cualquier otro.

Itachi, entre complacido y avergonzado, solo le dio las gracias, incitándolo además a pasar a examinar los expedientes. Después de abrir la puerta donde se guardaban esos documentos ambos se introdujeron a buscar el dichoso archivo. Jiraya se deslizó tan confianzudamente como uno se pasearía por su casa, dirigiéndose a la estantería específica.

—Ese viejo Shibuzen ha envejecido bastante, pero se resiste a apartarse de aquí. Nunca había conocido a alguien con tanta dedicación hacia esta ciudad, créeme.

Las luces que iluminaban eran pálidas y sombrías, no ayudando mucho a la visibilidad de Itachi, pero Jiraya no parecía en lo más mínimo preocupado.

—Bien, déjame subir a la escalerilla y te entregaré el archivo. A veces para recordar tiempos mejores vengo aquí y leo el expediente. Creo que en el fondo nunca dejaré ir del todo a ese idiota —rió, refiriéndose al doctor Orochimaru. Se empinó en la escalerilla y sacó una linternilla del bolsillo, iluminando los documentos —61-A, 62-A… el 63-A y… ¿Qué…? Aquí está el 65-A, pero no está el 64.

Itachi se tensó, ¿Y el archivo?

—Esto no debería ser, si hace solo una semana yo mismo lo leí…

—Jiraya-san, ¿Lo leyó aquí mismo?

—Si, bueno, más que leerlo vine a ver las fotos que estaban dentro, pero definitivamente lo tuve en mis manos, ¿Cómo iba yo a confundirlo?

Jiraya bajó de la escalerilla y fue a buscar otra linterna para Itachi. Buscando entre las otras estanterías ambos estuvieron casi una hora revisando.

—Definitivamente no está aquí —finiquitó Itachi. Jiraya apenas había hablado desde que empezaron a buscar —. Era nuestra mejor fuente de información sobre el doctor…

—¿Necesitas saber más sobre Orochimaru? —el mayor miró al menor con ligera felicidad —. Después de que murió yo me quedé con unas cuantas cosas de él, ya sabes, libros y recuerdos. Nunca tuvo esposa o hijos, tampoco hermanos y sus padres murieron cuando él era solo un niño, por lo que creció en un orfanato. No tenía a nadie, y tampoco dejó testamente. En ese momento yo aún estaba trabajando para la policía, por lo que pedí quedarme con algunas cosas, solo aquellas que supiera no necesitaría el departamento para la investigación. Quien sabe, quizás encuentres algo que te sirva, muchacho.

—Eso sería de gran ayuda, Jiraya-san.

—Pues no se diga más, iremos a mi casa y te las entregaré. Pero lo de este archivo… es extraño. Creo que llamaré a algunos agentes y que revisemos las cámaras de seguridad. Te informaré ante cualquier novedad.

Jiraya parecía exaltado, dispuesto a ayudar en lo que pudiese. Itachi le ofreció a pasar a su casa apenas él saliera de su turno, pero el mayor no quiso retrasar las cosas por lo que avisó al viejo Shibuzen y juntos partieron a la cabaña en la que vivía. Era un conjunto de apartamentos para adultos mayores, cuya entrada estaba resguardada por un guardia (quien dormía cuando llegaron). Cada casa estaba junto a la otra, sin cercas que las separaran entre sí. Se veían bastante cómodas, con solo una planta y un pórtico bajo que daba acceso a las moradas. Se dirigieron al fondo de la calle y un poco más allá de eso, tomando un camino que dejaba de estar pavimentado. Cinco minutos después de hallaron frente al hogar de Jiraya: una casita apartada con el antejardín descuidado y cientos de pajarillos posados entre los árboles y el techo. Itachi no se esperó que el interior fuera mucho mejor, pero se llevó una gran sorpresa al hallar la casa limpia y despejada. Era una antigua casa japonesa con suelos de madera y puertas que se deslizaban, muy distinta a la imagen que daba por fuera que aparentaba ser algo más parecido a una casa occidental.

—Vamos, es por aquí. Siéntete como en tu casa, muchacho.

—Vaya lugar se ha encontrado, Jiraya-san. Es un lugar muy acogedor.

—¿Acogedor? Ja, ja —rió, accediendo a una habitación —. Nací en esta choza. Estos suelos han soportado el paso de tantos años, incluso antes de mi padre, me atrevería a decir. Una vez mi madre intentó convertirla en casa Europea, pero te imaginarás que fue un fracaso y finalmente quedó una mutación como lo que ves hoy. Pero quizás tengas razón, ¿Es acogedora, no? Quizás por eso siempre termino regresando.

La habitación a la que ingresaron carecía de muebles por completo. Había una ventana pequeña y una puerta deslizante que de seguro daba vista a o que sería el patio, ¿Dónde estarían esas cosas que Jiraya guardó en una habitación semejante? Antes de siquiera preguntárselo el mayor se arrodilló en el suelo y levantó una tabla del suelo. Itachi se agachó tan pronto notó como sacaba una caja de ahí y esperó anhelante.

—Me voy de viaje frecuentemente, por lo que debo ocultar este tipo de cosas por si alguien entra a mi casa por curiosidad. Esta es una de las dos cajas que tengo oculta en la casa; habría guardado todo junto pero el espacio bajo los tablones no era suficiente, por lo que tuve que separar algunas cosas de otras.

Era una caja de madera tallada, no muy grande, pero lo suficiente como para que se pudieran guardar algún par de prendas o libros. Jiraya fue por la llave a su habitación y al regresar la introdujo en la cerradura, permitiendo que un "clack" abriera el objeto.

—Orochimaru tenía unos recuerdos de él mismo, ¿Sabes? Antes de que sus padres murieran parece que guardaron recuerdos de él de bebé —rió —. Esas típicas cosas como el primer mechón de cabello que se le cortó, fotos a la hora del baño, en el jardín y…

La voz de Jiraya murió en sus labios no bien levantó la tapa de la caja. Su piel se puso pálida e Itachi casi pudo asegurar que el mayor estaba teniendo el corazón acelerado.

—No están… —susurró, incrédulo —, mis cosas, sus cosas, ¡No están!

Jiraya volteó la caja de manera brusca y rápida, de la que cayeron hojas y flores secas. Itachi tomó algunas que cayeron y la frotó, haciéndolas polvo. El mayor parecía aterrorizado, de manera que se desplomó en el suelo.

—¿Estas hojas estuvieron siempre en la caja?

—No… nunca. Yo estuve fuera hace un par de meses y revisé la caja al regresar, las dos, y ambas estaban en perfecto estado. Eso fue hace una semana.

Un sonido gutural salió de la boca de Jiraya y se levantó tan rápido que Itachi apenas pudo seguirle con la vista. Se apresuró en seguirle el paso y lo encontró en lo que sería su dormitorio. Jiraya ya había movido la cama y se abalanzaba sobre un tablón del suelo, acelerado. En un instante ya tenía otra caja de madera en sus manos, la que abrió con la misma llave de antes. Esta vez fue Itachi quien observó el contenido antes que el mismo Jiraya y enorme fue su susto cuando dentro de ésta encontró la piel de una serpiente junto al cadáver de la misma. Ambos por inercia dieron un salto hacia atrás, pero esa serpiente ya estaba muerta quien sabía desde cuándo.

—¡¿Qué mierda…?! —Jiraya estaba entre molesto y nervioso. Miró a Itachi, quien lo miró algo angustiado.

—¿Cuándo fue la última vez que revisó estas cajas? —urgió Itachi, de pie ahora a la defensiva.

—Una semana exacta, apenas regresé del País de la Lluvia. El contenido estaba intacto, estoy seguro.

—Jiraya-san, alguien puso esa víbora para que usted la hallase antes de que estuviera muerta. Quizás era un mensaje, o…

El tono sugestivo que utilizó Itachi no dejó indiferente al mayor, que lo observaba con sudor cayendo desde su largo cabello blanco.

—¿O un intento de asesinarme?

El aire se hizo denso y angustiante, casi podía verse envolviendo a ambas personas. Itachi sacó su celular e hizo una marcada rápida para pedir refuerzos. Debían investigar quien había ingresado a la casa de Jiraya, porque ahora no cabía duda que todo estaba relacionado. Cortó la llamada cuando le aseguraron que enviaban ayuda. Jiraya, temblorosamente, tomó la serpiente muerta y la sacó de la caja, haciendo lo mismo con la piel seca.

—¿Qué es eso? —Itachi tomó la caja y notó que había algo tallado en el interior de ésta, ahí donde antes había estado el cuerpo de la criatura. Sus ojos se abrieron desmesuradamente —. Esta es la marca del asesino… es la "ese itálica" con forma de serpiente.

—¿Qué significa esto? —Jiraya parecía agitado y sudaba bastante.

—Que no era un mensaje, Jiraya-san. A usted lo quieren muerto.

El mayor se puso más pálido de lo que ya se encontraba y miró a Itachi, angustiado, pero no porque lo hubiesen intentado matar; influía, pero no era eso lo que lo preocupaba ahora. Era lo que había en esa segunda caja.

—Muchacho, acaban de llevarse algo… malo —susurró, mirando con recelo la caja ahora vacía. Itachi no le había preguntado antes el contenido, pero por el semblante que tenía el mayor se cuestionó que podía ser aquello que lo preocupaba.

—¿Qué había dentro de la caja, Jiraya-san?

—Eran unos viejos documentos y además dos cuadernillos con toda clase de estudios raros. Cosas que sólo Orochimaru podía poseer. —El viejo se puso de pie y se sentó en la cama con las piernas separadas y la cabeza gacha —. Tsunade tenía razón, no debí quedarme con esas cosas. Siempre debieron quedarse en custodia, ¿Pero cómo iba a pensar que a alguien le iban a interesar? Ni yo mismo comprendía su contenido; como te digo, era extraño.

—¿Extraño? ¿En qué sentido?

—¿Qué te digo? —Jiraya se rascó la cabeza, pensando en cómo explicarse —. Hablaban de soluciones químicas, anatomía y ese tipo de cosas, algo que un detective como yo no tiene cómo entender. Por un momento pensé en dárselo a Tsunade, pero algo me lo impidió… al comienzo creí que sería por tener algo que me recordara a mi amigo; me tomó tiempo darme cuenta que era porque no quería que nadie leyera esos documentos… esos cuadernillos, diablos —Jiraya hizo un además confuso, semejante a la repugnancia, lo que no pasó desapercibido a Itachi —. Muy amigo mío sería Orochimaru, pero incluso yo sé que hay límites que se deben respetar. Él quería probar algo con sus estudios, pero era utópico, era… era…

—¿Qué era eso que él buscaba, Jiraya-san? —Itachi estaba demasiado interesado como para intentar disimularlo.

El mayor le dio una mirada indescifrable, intentando decir algo sin conseguirlo: —Algo así como la vida eterna —dijo Jiraya por fin, casi avergonzado de la idea en sí.

—Eso es…

—Es imposible, Uchiha, imposible, pero si hubieses visto esos cuadernos, cada uno dedicado al estudio de la vida, tanto humana como de otras criaturas, entonces, y sólo entonces, quizás comprendas a lo que me refiero.

Ninguno dijo nada después de eso, pero fue casi un silencio agradable. De pronto una idea iluminó la mente de Itachi, algo sobre lo que Jiraya había hablado.

—Mencionó unos cuadernillos —dijo, haciendo que Jiraya le pusiera atención —, ¿Cómo eran? ¿Sabe hace cuantos años los habrá escrito?

—Uff, eran viejos sin duda alguna; amarillentos ya y las palabras estaban borrosas. Apostaría a que Orochimaru tendría más o menos tu edad cuando los escribió, quizás un poco más joven.

Itachi tomó su teléfono y comenzó a buscar en las fotografías que había en él.

—Ayer mi compañera y yo estuvimos en la biblioteca de Konoha donde encontramos un libro del Dr. Orochimaru, seguramente el único.

—¿Escribió un libro? De eso yo no sé nada.

—Lo hizo, sí, pero al hablar con la Dra. Tsunade nos dijo que ella le había oído decir al doctor que haría un recopilado de sus estudios en un libro. Me pregunto si ese recopilado habrá sido sobre los cuadernillos que usted poseyó.

—¿Crees que es posible? —Jiraya estaba asombrado —, ¿Por qué robarían mis cuadernillos entonces si ese libro es accesible en la biblioteca?

—Algo me dice que necesitaban ambos —indagó Itachi, entregándole el celular a Jiraya para que revisara las fotografías en busca de pruebas —. Fue mi compañera quien estaba ayer con el libro mientras yo revisaba otros asuntos. Alguien la atacó en un intento de quitarle el libro.

—¡¿Qué?! Por Dios, ¿Ella está bien?

—Está en su casa ahora, me ayuda desde ahí. Creo que debo ir a visitarla para hablar de esto con ella también.

—Reconozco esto —dijo Jiraya, deteniéndose en una foto particular —, esta frase estaba al comienzo de uno de los cuadernillos: "Corpus, vitam et mortem".

—Es el título del libro hallado en la biblioteca —recordó Itachi —, ¿Por casualidad le suenan las frases "El que la belleza estudia" o "El que la belleza juzga"? Alguien la garabateó en el libro…

—Sí. —Jiraya tenía los ojos abiertos como platos —Pero no era exactamente así. El libro al inicio de ese capítulo decía algo así como "El que la vida ama, estudia y juzga", estoy completamente seguro… ese es el mismo capítulo que hablaba sobre la vida eterna. Esto es demasiado escabroso.

—Lo es —aseguró el menor, anotando en una libretilla todo lo que Jiraya acaba de adicionar a su investigación —. No creo que sea seguro que usted permanezca aquí Jiraya-san, es peligroso.

El sonido de la madera crujiendo a sus pies los despabiló a Itachi. Jiraya se alzó de la cama y cambió su semblante a uno más serio y peligroso. Se secó el sudor con las manos.

—Que lo intente si es que quiere, pero la próxima vez que nos veamos será a la cara. No aceptaré otro ataque a escondidas como la víbora que ese infeliz es —fue hasta el vehículo, seguido de Itachi, y le sorprendió ver que sacaba algo desde el maletín que Jiraya llevaba siempre consigo.

—Ten, muchacho. Al menos no consiguió quitarme esto —Jiraya le entregó una agenda con más años de los que su hermano Sasuke y él sumaban juntos. Tenía cubierta de cuero y era muy gruesa, rebosante en papeles al interior. Se notaba.

—¿Esto es…?

—La agenda de Orochimaru —Jiraya tenía una sonrisa casi triunfal en el rostro —. La llevo conmigo a todos mis viajes y al trabajo, es lo único que no podrían haberme quitado. Jamás me separo de esto.

Itachi dejó de mirar la agenda y posó su mirada en Jiraya, a quien el rostro se le iluminó con colores en azul y rojo. La policía ya estaba llegando. Itachi casi sintió que la agenda ardía en sus manos.

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Poco faltaban para las nueve y media de la noche y Sakura —más nerviosa que ansiosa —, se movía de un lado a otro por la casa de sus padres. Quizás si su jefe le hubiese avisado una hora antes de su visita no estaría tan preocupada de la apariencia de la sala de estar —¿Las cortinas estaban sucias? ¿De dónde sacó su madre aquella foto de ella de niña? —, y no estaría tan neurótica.

—¡¿Mamá…?! —gritó escaleras abajo, esperando una respuesta —, ¿La máquina de café dónde está? No la encuentro.

—Ah, eso —Mebuki, su madre se asomó desde arriba —. Tu padre y yo no la usamos mucho, así que está en el almacén; ya sabes, donde guardo las verduras.

Sakura tuvo suerte de que su madre no viera su cara en ese instante pues era muy probable que se desatara una discusión, la cual sinceramente no tenía ganas de pelear. Invirtió tanto en esa dichosa máquina para sus padres con su primer sueldo, que fue casi cruel por parte del destino que pocas semanas después le diagnosticaran hipertensión a su padre y debiese dejar el café.

Si había una habitación que a Sakura no le gustaba en su casa era esa, el almacén. Era un cuarto amplio y polvoriento, adicionado junto con la ampliación que hicieron en su casa hace ya muchos años, al cual sólo se podía llegar por la cocina después de bajar unos peldaños traicioneros. Encendió la luz y se puso a buscar la máquina de café para servirse una taza junto a Itachi, y la labor habría sido infinitamente más sencilla si la luz no tintineara de vez en cuando a su propio antojo. De reojo vio en dirección a las verduras y efectivamente no la halló, luego a la estantería más próxima a la puerta, pero tampoco. Con eso acaban las zonas más iluminadas, por lo que a tientas tendría que revisar donde le faltaba, lo que para su desgracia podía tomarle un poco más de los escasos minutos que le quedaban al buscar entre los artículos deportivos de su padre —¿Cuándo quiso aprender a esquiar? Sakura maldecía —, y las múltiples cajas con objetos de su madre con decoraciones de fiestas que ni siquiera eran tradicionales en su propio país, sin mencionar la ropa de años tan olvidados que de seguro solo serían nidos de polillas.

—Debí invitarlos a cenar en vez —pensaba ella, agachada revolviendo cosas.

Un repentino ruido la hizo incorporarse tan rápido que incluso la mareó. Se quedó completamente callada, con la angustia de no saber si pudo haber sido el timbre de la casa o —como ella más creía —un ruido cercano a ella. Sacó su teléfono y encendió la linternilla; ya cuando se convenció que no era nada siguió buscando. Habían pasado unos cuantos segundos, un minuto a lo más, y Sakura tuvo que detenerse cuando esta vez su paranoia dio a paso a algo real.

El almacén tenía una sola entrada la que era únicamente por la cocina, pero además tenía dos ventanas no muy grandes en la pared más posterior que casi podría apostar que jamás se habían abierto, o si alguna vez lo hicieron fue cuando a su madre o padre se les ocurrió ordenar allí. Más que un almacén aquello también cumplía el rol de cobertizo después de todo. Allí donde estaban las supuestas ventanas Sakura vio que estaban tapadas con cajas amontonadas unas sobre otras. No dudó en que estaba alguna de ellas abiertas ya que una brisa fresca le llegó a la cara. Movió una caja que no estaba pesada y en efecto se topó con la dichosa ventana abierta, la que no dudó en cerrar de inmediato. ¿Cómo podían ser sus padres tan descuidados? Su propia hija estaba en medio de un escabroso asesinato y a ellos se les ocurría dejar las ventanas abiertas, por Dios. Se giró y se enfocó en terminar su búsqueda cuando algo le saltó por encima en dirección a la caja que acaba de mover y no pudo evitar chillar.

—¡¿Qué haces tú aquí?! —gruñó, tomando al regordete gato anaranjado que ahora descansaba en la caja cercana a la ventana —. Casi me matas del susto, ¿Cómo entraste…?

No era como que el animal le fuera a responder, y no es como que Sakura lo necesitara tampoco. Era obvio que había entrado por la ventana que acabada de revisar, ¿Dónde sino?

—Bien, ahora tú te vas de aquí y cada uno sigue con su vida, ¿Te parece? —El gato, astuto, saltó antes de que ella pudiera pillarlo —. No, no, no. Vamos, por favor, no tengo tiempo para esto. —Sakura tuvo que empujar una caja con su pierna para hacerse paso allí donde el felino se había acobijado intentando hacerle el quite —. No tienes idea de con quién te metes —rugió Sakura justo al tomarlo por el pellejo.

El gato intentó arañarla, pero no consiguió siquiera tocarla; Sakura, triunfante, se proponía a echarlo cuando notó que ahí en donde el gato se había refugiado estaba la máquina de café. Se guardó el teléfono y felicitó al gato, como si hubiese sido mérito de él (un gato macho) el haber hallado el aparataje. Salió con el animal y la máquina del almacén y un desagradable escalofrío le recorrió la espalda al salir. Su instinto la hizo devolver la mirada y algo allí no le terminó de agradar, por lo que cerró con llave antes de dirigirse a preparar la caliente bebida que en serio necesitaba.

Sus padres prometieron no bajar a molestarla cuando Itachi, su jefe, llegara, pues según lo que él mismo comentó por celular tenían bastante trabajo que analizar. Sakura había terminado de preparar lo necesario para el trabajo cuando él llegó. Itachi no estaba muy convencido de ir, después de todo era muy tarde y Sakura estaba aún descansando de lo que había ocurrido el día anterior, no debía molestarla; mas ella fue tajante y terca, extremadamente insistente en que se encontraba mejor —y así era, con ayuda de los medicamentos correctos —, por lo que Itachi no tuvo muchas opciones: O iba dónde Sakura o se juntaban en la oficina o su propio departamento, y si ya no podría decirle que no a la chica, por lo menos no la sacaría de la comodidad de su casa hasta quien sabía qué hora. Él solo esperaba no molestar.

—Por favor, adelante —animó Sakura cuando lo vio. Itachi se adentró en el hogar, el que estaba cálido comparado al frío que hacía afuera.

—Lamento la hora, Sakura. Aun podemos revisar los documentos mañana.

—Ni hablar —dijo ella, riendo —. No podría dormir en toda la noche de todas formas.

Itachi se veía agotado, y además lo estaba. Después de todo lo que había pasado con Jiraya tuvo que ir a la comisaría a llenar reportes y además tuvo una reunión con todos los líderes de equipos y parejas. Había sido una tarde de esas que deterioran la mente, en especial cuando poco antes de que la reunión terminara llegó la información del cuerpo forense. Esa fue la gota que derramó el vaso.

—No debiste molestarte, Sakura —Itachi estaba agradecido con la comida, y en especial con el café caliente. No recordaba la última vez que había comido… o dormido.

—Te aseguro que no tenía nada mejor que hacer —Y era cierto. Itachi no tuvo como comunicarse con ella antes, y lo hizo solo cuando un mensaje de ella le ofrecía su ayuda y más información sobre el caso.

Era tanto lo que había ocurrido en 24 horas que no había como resumírselo, y además Itachi perdería la cordura teniendo que escribir semejante tarde en un correo. Inició hablándole sobre lo de Jiraya y después de la reunión, finiquitando con el examen forense, sobre el que no pudo explicarle demasiado ya que no tenían muchos conocimientos sobre ello tampoco. Sakura lo escuchaba atenta, y de vez en cuando anotaba algo en una agendilla sobre lo que le llamaba la atención además de revisar los informes que Itachi le había llevado impresos. Con un destacador verde marcaba aquello que le interesaba más. Pocos minutos antes de la media noche Itachi terminó de contarle todo. Sakura suspiró mientras se echaba atrás en su silla, impresionada.

—¿Qué opinas? —Itachi estaba sujetándose el mentón con las manos mientras apoyaba los codos en la mesa —. ¿Coincidencia o no?

—¿En un asesinato serial? Alguien me dijo que en estos casos nada es coincidencia.

—Aprendes rápido —apremió Itachi, recordando que el día que se conocieron él usó esas palabras con ella —. Me interesan esos diarios que le robaron a JIraya-san. Creo que eran la clave, y no puedo quitarme esa idea de la cabeza.

—Aún nos queda el libro, Itachi-san —le tranquilizó Sakura —, además una vez que pongan las cámaras en la mansión estoy segura que se detendrán los asesinatos el tiempo suficiente para que hallemos al culpable.

—Aa —Itachi le sonrió —. Eso lo harán en dos días, así que podremos avanzar más.

Itachi se frotó los ojos y poco rato después se sobó el cuello, lo que no pasó inadvertido para Sakura. Ya había tomado tres tazas de café y ella estaba segura que no le rechazaría una cuarta, pero por más café que bebiese no conseguiría aplacar el cansancio que él tenía. Sus brillantes ojos verdes giraron de reojo hacia la puerta que estaba cercana a la escalera del segundo piso y rápidamente volvieron a él, quien la miraba con una mirada tan intensa que la hizo enderezarse.

—Itachi-san… —la voz le titubeó y casi podía apostar que sus mejillas se estaban coloreando sin siquiera sentir su calor —, bueno, quería proponerte pasar la noche… aquí. —No pudo seguir mirándolo, y se sintió como una chiquilla de quince otra vez —. Tenemos un cuarto de invitados, y no sería un problema, te lo aseguro, ¿Qué piensas?

Aquello tomó a Itachi por sorpresa. Sakura seguía hablando sobre detalles de la habitación —cercana al baño; que ella estaría en el segundo piso; la cama era cómoda —, pero él dejo de oírla, no porque lo hiciera a propósito, sino porque ella articulaba cada palabra tan rápido que le costaba entenderla.

Cuando la vio por primera vez; bueno, no la primera vez —él la conoció hacía muchos años atrás cuando era compañera de su hermano Sasuke —, pensó que Sakura era una chica más parecida a las que trabajaban ahí en el departamento. Esperó conocer a una chica seria, calculadora e incluso tosca, pero en ese poco tiempo que llevaban trabajando juntos se dio cuenta que Sakura no era nada de eso: Era brillante, capaz de pensar por sí misma y con iniciativa; amable, casi rayando lo ingenua pero sin duda muy amble; y ahora notaba que era una mujer incuestionablemente bella, y no por sus rasgos exclusivamente, sino por su personalidad. ¿Sería apta una persona así en un trabajo tan rudo? Itachi muy en el fondo esperaba que este tipo de trabajo no la cambiara, pero que la hiciera más fuerte como persona.

Sakura sentía la cara ardiéndole ahora. Se sabía analizada por Itachi, y eso no ayudaba en lo absoluto, ¿Pensaría mal de ella por la invitación? Oh, como se arrepentía de proponérselo. Bien, de eso no se arrepentía, pero pudo proponérselo de una mejor manera, ¿Acaso sonaba muy extraña? ¿Por qué sentía tanta vergüenza? La voz le empezó a salir en titubeos y las manos le temblaban.

—Sakura.

—¿S-Si? —Sakura sentía un bochorno como cuando se declaró una vez al chico que le gustaba, el que irónicamente había sido el hermano de Itachi: Sasuke. Eso lo empeoraba todo, ¡Y ni siquiera era lo mismo! Ella no tenía esas intenciones con Itachi, y aun así el corazón le latía muy fuerte.

—Te agradezco mucho la invitación —al oír aquello Sakura lo miró inmediatamente, ¿Le estaba diciendo que sí? Lo miró a los ojos y sintió algo raro en el vientre. Aguantó la respiración —, pero no puedo aceptarla.

Aquello se sintió igual a cuando Sasuke la rechazó cuando ella tenía catorce. Botó todo el aire que tenía contenido y sus hombros decayeron, signo de su decepción. Sakura ignoraba que cara habría puesto, pero debió haberse visto fatal pues Itachi se mostró preocupado.

—Ya no me gustaría molestarte más, has hecho mucho por mi hoy.

—No me has causado la más mínima molestia, Itachi-san —aseguró ella, más tranquila.

Itachi le sonrió: —Vivo solo desde los veinte años, Sakura. Creo que esta es la primera vez que alguien cocina para mí desde entonces.

Sakura no había hecho la gran cosa. Lo esperó para cenar algo, después de todo el venía de la oficina, pero no esperó que significara tanto.

—Te agradezco todo lo de esta noche —dijo él, poniéndose de pie de donde estaban ambos sentados, llenos de papeles, documentos, y tazas de café —. Ya es algo tarde, debo irme.

—Si… entiendo.

Aunque Itachi insistió en ayudarla a recoger y ordenar Sakura se lo impidió, era su invitado le dijo. Lo acompañó hasta la puerta una vez que él se puso su abrigo y el frío exterior ayudó a ambos a despejarse, incluso quitándoles el sueño.

—Mañana es jueves, así que supongo que nos veremos en la oficina —habló Itachi. Con el abrigo puesto se veía más corpulento, y Sakura, frente a él, se hizo muy pequeña.

—Si, me alegra poder volver ya —aseguró ella, con confianza.

—Quiero darte una última cosa antes de irme —Itachi sacó desde adentro del abrigo un diario. Era el de Orochimaru —. Es el diario del que te hablé hace un rato, el que me entregó Jiraya.

—¿Qué? —Sakura no ocultó su asombro. Lo miró contrariada y luego a aquel cuadernillo de cuero que tenía toda su atención —, pensé que lo habías entregado al departamento de Investigación y análisis.

—Dejé que le tomaran todas las fotografías que quisieran, pero no pude dejárselos. Hay cosas aquí que me urge que tengan una respuesta inmediata y mi padre estuvo de acuerdo en que te lo dejara a ti, pero solo por esta noche. Mañana debemos regresarlo, ¿Qué dices, aceptas el reto?

Sakura aceptó el cuadernillo y lo apretó contra su pecho, emocionada. Sentía que era parte de algo muy secreto y eso le aceleró el corazón.

—Te juro que te haré saber lo que sea que encuentre, Itachi-san. Así pierda la vida en ello —río Sakura, Itachi le devolvió la sonrisa.

—No es muy largo, pero si hubiese tenido más tiempo quien sabe, quizás habría encontrado algo. Apenas pude leer las primeras cinco páginas.

—Mmm, si, no es tan largo —Sakura hojeó la agenda, analizándola —. Creo que en una hora puedo tenerlo leído, pero tienes razón, no hay que dejar nada suelto. Confía en mí, mañana tendré noticias nuevas.

—Te lo agradezco mucho, Sakura.

Itachi se dispuso a marcharse, pero antes de salir se giró a ver a Sakura. Ella seguía ahí, mirándolo mientras se iba. Itachi solo pensó en que debía estar congelándose al no tener nada encima y aun estando fuera, pero ella seguía sonriendo, despidiéndose con la mano y de paso arreglándose el cabello que con el viento se desordenaba. Por alguna razón le gustaba verla así, tranquila, de alguna forma también le daba paz a él.

Se subió al auto y como supuso ella seguía ahí, apoyándose ahora en el marco de la puerta con los brazos cruzados. Tuvo una sensación muy curiosa justo al echar a andar el motor del auto, no estaba muy seguro si era buena o mala, pero lo dejó inquieto. No quería que ella sintiera frío, eso era lo que su mente pensaba al empezar a alejarse. Quizás hubiera quedado tranquilo si antes de irse ella hubiera entrado a su casa. Llegó poco más allá de un semáforo y su sorpresa se hizo enorme al ver nada más y nada menos que nieve cayendo desde el cielo.

Esa nieve no le gustó para nada.

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Sakura se estiró con todas sus energías para quitarse el sueño. Había leído el diario ya dos veces: la primera lo hizo de manera rápida y la segunda con más minuciosidad, intentando ver más allá de lo que a simple vista estaba.

Era interesante. Aunque no era algo que pudiera ayudarlos para descubrir al asesino, Sakura pudo hacerse una mejor idea de quien fue el Dr. Orochimaru. No hablaba de experimentos en lo absoluto, como pensó ella que lo haría en un comienzo, mas halló cosas que visto con otros ojos podían ser igual de importantes. Había horarios, citas, números telefónicos y lo que más le gustó a Sakura fueron citas de otros escritos, ya fuesen sobre medicina o incluso poesía. Ahora, claro estaba que todo giraba en torno a un tema común como lo era la "Vida". Él estaba encaprichado con ello, por no decirlo de otra manera, pero en su singular forma de verlo parecía incluso atrayente. Habían cuatro páginas que eran significativamente más llamativas de entre todas las demás, las que coincidían estar arrancadas del cuadernillo; en ellas el Doctor había hecho garabatos más grandes y algunas palabras estaban subrayadas con ímpetu, incluso, en las esquinas había dibujado serpientes de distintas formas, siendo cada una un bosquejo con bastante destreza. Sakura pasó su dedo sobre una de las hojas.

—Tantas serpientes…

Suspiró mientras rodaba la miraba, apoyándose sobre el dorso de su otra mano. Los dibujos casi parecían que salían del amarillento trozo de papel, ¿Cuál sería su finalidad? ¿Era coincidencia que estuviera cada una de ellas en la misma esquina en sus respectivas hojas?

Y Sakura recordó: Las coincidencias ya no existían.

Se empinó sobre la mesa, analizándolas mejor. Cuatro serpientes; cuatro páginas; cuatro esquinas. Pensó en ponerles un orden, pero era imposible jerarquizarlas, ¿Cómo hacerlo? Luego creyó que tendrían palabras en miniatura entre ellas, pero ni con lupa en mano halló algo.

—¿Qué puede ser…? —Sakura se fregó los ojos y una idea le vino a la cabeza al ver un dibujo sobrepuesto al otro —, ¿Qué es esto?

Sakura juntó todas las esquinas y notó que algo parecían formar al estar todas las serpientes juntas, una sobre otra. El trazo del dibujo era profundo e intenso, permitiendo cierta traslucidez entre hoja y hoja. Tomó unos cplis y unió las paginas desde los bordes, de modo que al obtener algo más de estabilidad entre ellas pudo levantarlas y ponerlas a contra luz. Sus ojos se abrieron y casi se le formó una sonrisa. Las cuatro serpientes sobrepuestas formaban una sola serpiente al verlo con la luz del otro lado; una serpiente que pretendía saltar desde el papel.

Sakura sonrió y supo que iba por buen camino. Quería decírselo a alguien, pero eran las tres de la mañana y sus padres dormían, por lo que cuando las ansias no pudieron ser mayores Sakura le envió un correo a Itachi. Era corto y conciso, pero era algo. Antes de enviarlo dudó, ya que podía seguir encontrando cosas, pero por el momento se convenció de que eso era lo suficientemente interesante como para que el departamento se desviviera buscando pistas a la mañana siguiente.

Intentó buscar más, pero las hojas unidas no decían mucho en sí. Pero algo debía haber allí, la intuición de Sakura se lo gritaba desde dentro, ¿Con que fin crear un sistema tan complejo como ese juego de serpientes sino? Buscó en internet por pistas o consejos, pero no había nada que la convenciera. Ya cuando se iba a dar por vencida encontró una página en internet que la hizo detenerse; en ella mostraban imágenes de distintas serpientes con algunas cualidades más interesantes, habían desde las más comunes —anacondas, serpientes cascabel, etc. —, hasta otras con nombre en latín con subespecie impronunciables por lo desconocidas que eran.

Jugando con la vista Sakura notó que uno de los bosquejos se parecía a una de esas serpientes, y luego reconoció otra, así también a la tercera. La cuarta le tomó más tiempo y tuvo que revisar otras páginas, incluso algunas de eran de renombradas Universidades. Con mucho esfuerzo y paciencia Sakura identificó a cada una de las cuatro serpientes, y algo espantada se dio cuenta que cada una de ellas era más mortífera que la otra. Eran venenosas, mortales para el ser humano, ¿Por qué el Dr. Orochimaru las dibujaría? Sakura indagó más a fondo sobre esas cuatro especies de víboras y notó coincidencias, siendo la que más le llamó la atención la composición química de su veneno. No habían similitud en sus hábitats; apariencia; o formas de matar (semejantes, sí, pero no iguales), por lo que todo llevó a un puto común que era el tipo de veneno, destacando la acidez del mismo y la rápida acción en el metabolismo humano.

—Su veneno es de pH bajo… ácido —Sakura estaba enfrascada a descifrarlo, y su corazón dio un latido doloroso cuando una idea surcó su cabeza.

Tenía que arriesgarse e intentarlo, por muy tonto que sonara en ese momento. Se puso de pie y fue a la cocina, tomando el primer limón que pilló y cortando unas rodajas de él, luego se encaminó de regreso y con la mano temblorosa tomó una rodaja, deslizándola con cuidado sobre la hoja. La tinta se corrió y Sakura se detuvo, espantada de dañar la agenda. Dejó el limón de lado e intentó secar la hoja dañada, dejándola casi intacta. Maldijo. De verdad pensó que esa podía ser su clave. Tomó la página y la movió de un lado a otro, intentando terminar de secarla y fue entonces que otro arrebato de ingenio llegó a su mente. Con inseguridad Sakura volteó todas las paginas una vez las hubo unido otra vez, y esta vez deslizó la rodaja por el reverso de las paginas, donde estaban impolutas y vírgenes de palabras y tinta.

A Sakura el corazón le latía en la boca de la ansiedad y el nerviosismo.

Sus pupilas se hicieron pequeños puntos y sus labios formaron una abertura ínfima. Ahí, justo donde había deslizado el limón, nuevas formas empezaron a formarse en una tinta no muy oscura color marrón: algunas palabras, el bosquejo aparente de lo que parecía ser la arquitectura de un edificio o lo que fuese y por último, como si fuese ya poco, apareció un mapa. Sakura estaba que saltaba de la dicha, no lo podía creer, ahí ante sus ojos estaba los más increíble que le había pasado en la vida. Por Dios, Sakura estaba segura que esto era el gran hallazgo que necesitaban para cerrar el caso una vez por todas.

No cabía en su gozo, y sabía que debía decírselo a Itachi antes de irse a dormir, pese a que seguramente no iba a dormir en lo absoluto en toda la noche. Acababa de tomarle una fotografía con el teléfono a toda la imagen cuando un fuerte ruido la sobresaltó. Sintió un profundo miedo, más que nada porque después de ello inundó el silencio, ¿Qué había sido eso? Escuchó ruido nuevamente, pero esta vez más suave y entonces —con alivio — recordó que había dejado al gato de antes ahí atrás, en el almacén. No debió apiadarse de él.

—Gato infernal —gruñó ella, metiéndose el teléfono en el bolsillo y esperando a que el susto se le quitara. Lo echaría a patadas, ahora si era cierto.

Ordenó sin muchas ganas la mesa del comedor donde estaba trabajando con rapidez y se dirigió a ver al mugriento animal. Encendió la luz del almacén e intentó verlo, pero no lo encontró de inmediato. Fue entonces que deparó en la ventana, al fondo de la habitación.

Estaba abierta.

Sakura empezó a cuestionarse si la había cerrado antes o no, casi estando segura de que sí lo había hecho. Se acercó hasta allí a la defensiva, como si en cualquier momento pudiera ser asustada ya fuera por el gato o por una mala broma de sus padres; Sakura estaba nerviosa. Miró a través de la ventana con la esperanza de que el animal ya hubiese salido, pero al ver los copos de nieve cayendo casi estuvo segura que el gato estaba por ahí detrás de ella refugiándose. Cerró en un golpe seco la ventana, asegurándose de poner el pestillo esta vez.

—Gatito, ven gatito —llamó mientras hacía ruidos usando su lengua contra los dientes —, ¿Estás aquí? Ven aparece.

Las cajas se movieron, casi haciéndola saltar. Gato de mierda, pensó, acercándosele. Se arrodilló justo ante donde se encontraba el animal y movió una robusta bolsa que lo tapaba y dejaba a la vista solo sus patas traseras y su cola.

—Ya, sólo por hoy te dejaré dormir conmigo, sal ya.

El gato al no querer salir tuvo que ser arrastrado por Sakura, quien de inmediato después de hacerlo se arrepintió. Ahogó un grito en sus labios al ver al gato completamente petrificado; muerto. La sangre de Sakura se heló y sólo atinó a retroceder, cayendo de bruces al suelo. El gato estaba tan duro como una piedra, con los ojos abiertos y con sangre ensuciándole el pelaje del lomo. No era demasiada sangre, de hecho eso no mataría al animal, ¿Entonces…?

Sakura oyó un desconocido ruido y con pánico en su mirada observó un poco más allá de donde estaba el gato antes de ser arrastrado. Unos brillantes ojos amarillentos la tenían en la mira, y no alcanzó siquiera a ponerse de pie cuando aquella serpiente se le abalanzó encima. Sakura sólo atinó a poner sus brazos en defensa y fue en uno de ellos dónde la víbora incoó sus colmillos, enterrándose en su carne.

Ella, aterrorizada, agarró a la despreciable criatura con la otra mano en un arrebato de adrenalina y la separó de ella, dándole el tiempo para levantarse y correr de regreso a la cocina.

O esa era su intención al menos.

Una sombra la aprisionó por la espalda y la sujetó con uno de sus brazos por el cuello y con la mano libre sujetó a Sakura por el brazo que no había sido lastimado. Ella se agitó, y gritó con todo lo que pudo, intentando zafarse del agarre como le habían enseñado en la academia, pero sus intentos se vieron opacados cuando sintió otro doloroso mordisco de la serpiente esta vez a altura de una de sus piernas. Chilló adolorida y empezó a llorar, desesperada; la única mano que tenía libre empezaba a adormecérsele, ¿Qué le pasaba a su cuerpo?

—Shh, shh, calma —hablaron en su oído con un tono apaciguado. Sakura se agitó aún más —. Vamos, tranquila. Todo está bien ahora.

Un pañuelo cubrió la cara de Sakura y no tardó en reconocer el químico. Era un somnífero. Estaba tan asustada y desesperada; pensaba en sus padres arriba, desprotegidos, y en ella misma, ¿Qué iba a ser de ella? Sintió un mareo potente y antes de que las cosas fueran a peor Sakura se hizo pasar por dormida, resistiendo a entregarse por completo al sueño que empezaba a sentir.

El pulso empezó a relajarse, seguro por el somnífero, pero seguía consciente, por lo que notó que era llevada hasta el interior de la casa. La dejaron en el sofá, y con un ojo entreabierto observó como aquel desconocido metía en una mochila el diario y sus últimos descubrimientos. Si no hubiese llevado aquella capucha encima Sakura habría podido verle por lo menos el cabello.

Entonces recordó su teléfono y la fotografía que había tomado. Tenía el brazo izquierdo, el de la mordida, completamente adormecido, así como una de sus piernas, y sabía que era cuestión de segundos que el otro brazo también se durmiera ya que empezaba a sentir como el hormigueo aparecía. Con sus últimas fuerzas lo dejó en el suelo y lo hizo deslizarse debajo del sillón cercano a puerta, consiguiendo que no se lograra ver.

Intentó abrir la boca, pero sentía el rostro extraño; ya apenas podía pestañear. Mas no se iba a rendir así. Mientras el desconocido terminaba de recoger sus cosas Sakura consiguió ponerse de pie y tambalearse hasta él, forcejeando. Tomó al extraño por sorpresa, quien intentó quitársela de encima, y entre golpe y golpe terminaron en la cocina, donde Sakura cayó por su propia cuenta con el cuerpo entero temblándole debido a su propia falta de fuerzas. El extraño la dejó tirada ahí mientras regresaba a la sala, volviendo unos pocos segundos después, tiempo suficiente para recoger la mochila donde había guardado el diario y quien sabía qué más. Sakura tenía la vista borrosa.

—Has resistido, ¿Eh? —habló él, mientras tomaba a Sakura en uno de sus hombros, cargándola como a un costal.

—P-Por… por… por favor…

—¿Cómo? Tranquila Sakura, ahora estarás bien.

Ella se preguntó por qué él sabía su nombre, pero sus ideas se hicieron difusas y pronto apenas podía hilar frases en su cabeza. Estaban saliendo por el patio, Sakura reconoció el camino en un atisbo de lucidez momentánea, y con su única mano aun utilizable intentó agarrarse de algo, de lo que fuera, pero era inútil, su cuerpo ya no respondía.

Sakura sintió el frío exterior y oyó el crujido de las pisadas en la nieve, apenas pudiendo alzar la cabeza hacia su casa mientras se alejaban en dirección desconocida. Su cabeza cayó, inconsciente, pero antes de desfallecer casi pudo estar segura de ver humo saliendo por entre la puerta.

No dejó de llorar incluso al quedarse dormida.

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Este es el cap más largo que he escrito para esta historia. Es una humilde (quizás patética) forma de disculparme. Responderé sus reviews como corresponde en el siguiente capítulo, el que no duden estará en dos semanas más. Es en serio hahahah por la garrita.

PD: LEER: Uno de ustedes dejó un review con lo que pensaba que estaba por ocurrir. Felicidades, tienes una mente desquiciada como la mía hahahaha Vas muy cerca.

Gracias por su tiempo.

Les deseo feliz año y galletitas para todos.

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Miércoles 13 de Enero, 19 hrs.

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