Advertencias: Lemmon, yaoi, trío
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8 – Oro – Mu + Aioros + Shaka – 160 palabras
Si alguien hubiera preguntado por los caballeros más serenos y centrados de los doce, ellos habrían sido buenos candidatos. Eso pensaba Mu mientras jalaba un puñado de cabello y lanzaba una patada. Eran serios, fuertes y maduros… por desgracia también eran tercos y orgullosos en extremo.
Aioros y Shaka habían llegado al primer templo al mismo tiempo y ambos querían lo mismo: un análisis de sus armaduras para saber si necesitaban reparaciones. Mu había estado a punto de salir, aquel día quería bajar al pueblo para comprar provisiones para su próxima misión. Los otros dos también tenían cometidos pendientes, querían salir cuanto antes, querían que Mu antepusiera sus necesidades a las propias. Aquello comenzó una discusión sobre cuál de las tres misiones era más importante y después –inevitablemente– sobre quién era el mejor caballero de oro.
Habían terminado peleando a puño cerrado a la entrada de la primera casa, al lado de las escaleras. Adiós a la fama de serenidad.
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9 – Galletas – Shion + Death Mask + Aioria – 352 palabras
Aioria y Death Mask se odiaban desde niños. No era un odio demasiado destructivo, aún no habían matado a nadie en sus peleas. Tirarse puñetazos, patadas e insultos parecía un deporte saludable para ellos, entretenido, emocionante y hasta necesario.
Shion no estaba de acuerdo. Consideraba aquellos enfrentamientos como un defecto, una muestra de debilidades y de desintegración. Quería eliminar todo conflicto entre sus huestes y hacerlos un equipo productivo. Así pues citó a Aioria y a Death Mask a su templo con la orden de discutir abiertamente sus problemas y solucionarlos, todo frente a él.
El plan fracasó, desde luego. Los dos santos dorados se dedicaron a comer galletas de la mesa frente a ellos y no dijeron ni una sola palabra. No sirvieron de nada las órdenes directas ni las amenazas de castigo, ninguno de los dos soltó prenda acerca de su odio. Finalmente Shion decidió dejarlos a solas, pero les advirtió que no podrían salir de la habitación hasta haber resuelto sus diferencias.
Después de un par de horas las galletas se habían acabado y ellos estaban demasiado aburridos. Aioria dio el primer paso:
–Entonces, ¿vas a decirme por qué me odias o qué?
Death Mask hizo una seña obscena pero contestó:
–Yo no te odio… no especialmente, al menos, lo mismo que a todos, ¿ya? Sólo que es más divertido molestarte a ti que a ellos.
Se encogió de hombros, Aioria comenzó a molestarse.
–¿Divertido? ¿Es en serio? ¿Divertido? Yo no lo encuentro divertido, siempre tuve que cuidarme la espalda de ti, y tú…
Los gritos comenzaron, luego los golpes. Aquella pelea no duró mil días, pero sí más de una semana. Shion se había mantenido detrás de una cortina, esperando encontrar la razón para toda esa violencia. No la encontró, no había ninguna. Death Mask tenía razón, ambos lo hacían porque era divertido, aunque Aioria se negara a aceptarlo.
Al décimo día Shion interrumpió la pelea y los dejó salir, de allí en adelante se las arregló para darles misiones alternadas que los mantuvieran alejados, era lo único que podía hacer para que no siguieran con aquel deporte.
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10 – Sábanas – Shura x Mu x Dohko –291 palabras
Shura era un hombre serio, un hombre recto y lleno de dignidad. ¿Cómo demonios había terminado compartiendo la cama, no con un compañero, sino con dos? Esa mañana, cuando despertó desnudo, enredado entre las sábanas y acompañado por ellos fue lo primero que se preguntó.
Presentía que la culpa era del Viejo Maestro, quien lo había invitado a pasar y acompañarlos con una copa cuando lo había visto llegar al santuario luego de una misión. Shura había aceptado con agrado, la posibilidad de convivir con sus compañeros era un alivio luego del pesado viaje. Le pareció percibir una cierta molestia en Mu, pero luego pensó que la había imaginado porque el lemuriano se comportó con amabilidad y simpatía.
En algún punto de la noche se había embriagado, y había visto a Mu de una manera diferente, era tan… bonito. Lo había besado, convencido de que el mismo Mu o el viejo maestro pararían sus actos. Desde luego no lo hicieron, en cambio Mu lo atrajo hacia la recamara y Dohko los siguió y allí había pasado lo que tenía que pasar.
Cuando los otros dos despertaron y vieron su cara de incomodidad se rieron a carcajadas e intercambiaron un beso, luego se levantaron y se vistieron con toda naturalidad. Shura los imitó, pero a medio camino tuvo que preguntar.
–¿Haces esto a menudo, con el viejo maestro?
Mu le sonrió con algo de pena, no sabía si propia o ajena.
–El prácticamente me crió, estoy acostumbrado a sus locuras. No te lo tomes demasiado en serio, sólo es… un poco de diversión.
Pero Shura era un hombre serio y así se tomaba todo, tuvo mucho cuidado de no volver a quedarse a solas con ellos.
