Atención: Todos los personajes y lugares mencionados en esta historia son propiedad de Square-Enix. No se pretende ganar ningún dinero publicando este fic ni violar los derechos de copyright. ¡He dicho!
Aviso: Este es un fanfic yaoi –relaciones homosexuales- para mayores de 18 años.
Notas de la autora: R-E-V-I-E-W (aunque no te guste, si de algo es libre el lector, es de criticar)
Email: fanfiker_
OBJETIVO: MI COMANDANTE
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EPISODIO 4: EL RETRATO
Una semana, y nos evitamos todo el tiempo. Me duele el pecho, pero evito pensar. Me rodeo de chicas para olvidar, para no recordar; siempre hay alguna con los ojos claros que me recuerda a él. Va a ser imposible olvidarlo. Zell y Selphie están ahí, dándome ánimos, creyendo que estoy deprimido por otra cosa y no porque me hubiese declarado al comandante, salvo Selphie, a quien le conté todo. Quistis lo notó y preguntó qué ocurría, pero no le fueron dadas respuestas. Supongo que tampoco las recibió de Squall.
Por supuesto, desde ese día, dejé de hacer fotos. Salía con Selphie a veces, y también con Zell, pero el grupo se está distanciando y, entre Rinoa y Seifer juntos, y yo con Zell y Selphie, Squall no tiene mucha elección. Me encuentro mal y me siento culpable, porque Squall se está aislando otra vez, gracias a mí. Debo hablar con él, aunque me patee la cara. Uf, espero que me golpee en otro sitio.
—Hey, Quistis. ¿Dónde está Squall?
Me miró, suspicaz.
—No lo sé.
Le pasé el brazo por los hombros en un intento amistoso porque cooperara.
—¿No lo sabes o no quieres que lo sepa?
Sonrió.
—Si supiera algo tampoco te lo diría.
—Escucha, necesito hablar con él, de temas personales, de su comportamiento estos días. Digamos que yo he tenido algo que ver —expliqué.
—Bien… he de decir que también me preocupa. No sé lo que ha ocurrido entre vosotros ni tampoco voy a pedirte explicaciones, pero, Squall ya no come en el Jardín desde hace dos semanas. Se marcha fuera, pero no preguntes dónde, no lo sé.
—¿Fuera? ¿En la playa, en la montaña?
Se encogió de hombros.
—Como es verano, considéralo una misión y encuéntralo —sonrió—. Intenté ayudarlo pero... ya sabes cómo es.
—Bien, guapa, gracias.
Sonreí y la besé en la mejilla. Cogí un jeep y exploré los alrededores del Jardín, hasta ver un diminuto punto en la falda de la montaña. Squall, tumbado sobre el césped, con su Lionheart tendido al lado. Me acerqué despacio, preparado para su huida. No se produjo. No me miró.
—¿Estás bien?
Por fin conectó su mirada con la mía.
—¿Te mandó Quistis venir a buscarme?
Sonreí, aliviado al notarlo sarcástico.
—Sólo quería saber si estabas bien. ¿Crees que Quistis me confiaría a ti? ¿Para cuidarte?
Squall reveló una sonrisa preciosa.
—¿Es por eso que te escondes? ¿Por miedo a que pueda secuestrarte? Si realmente te incomodo, Squall, dímelo y me marcharé de Balamb.
—Siempre huyendo… —dijo, fastidiado.
—Eh, tío. Éramos amigos, íbamos juntos a las misiones, con la gente del grupo, hablábamos sobre nuestros hobbies. Solíamos disfrutar de nuestra mutua compañía y mira ahora… me evitas. Es triste, Squall, y duele.
—No he dejado de ser tu amigo —dijo, simplemente.
—No he dicho que yo no lo sea para ti, pero ya te lo expliqué. Quizá para ti es más fácil permanecer ciego y no ver lo que hay a tu alrededor. Ahora me arrepiento, si hubiera sabido que te iba a causar tanta grima, me hubiese callado.
—No puedes hacer eso —sonrió—. Es como pedir a Zell que deje de comer.
—Qué chistoso —lo golpeé suavemente en el hombro.
Me tumbé junto a él. El silencio se hizo el rey del ambiente, junto a los cantos de los pájaros y demás animales de la montaña. Un rato después miré el reloj.
—Oh, Squall, debo marcharme, tengo clase extra hoy. He traído el coche, ¿vienes?
Mirando al horizonte, me evadió otra vez.
—No.
—Entendido —dije, deslizándome entre los árboles, derrotado.
Al menos lo había intentado. Rompí el hielo, esperaba que con eso fuera suficiente. Entiendo que necesite la soledad porque yo también soy un solitario.
Días después, Squall me llamó para una misión. Sólo supe sonreír y guiñarle el ojo, como agradecimiento por la llamada. Esa misión resultó ser muy peligrosa, debía proteger a Squall y a un grupo de SeeD´s mientras alcanzaban a entrar a un edificio donde un hombre había sido secuestrado, para rescatarlo. Las instrucciones fueron claras:
—Es una misión donde el papel del francotirador es elemental. El peso de toda la operación será tuyo. Cuídate.
Frío como siempre, pero con una advertencia. Sonreí igualmente, y acepté.
Mi misión consistió en disparar a varios francotiradores situados en lo alto de unos edificios antes de ser alcanzado por sus balas y hacer de escudo para los SeeD´s. Cuando alcanzamos el techo del edificio, vimos al hombre maniatado. Según mis cálculos, ya había disparado a 8 tíos. Recogimos al hombre y lo llevamos fuera. Teníamos fuera esperándonos una furgoneta, en un punto muy cercano donde nos encontrábamos, corríamos como demonios, podía sentir la respiración agitada de Squall y la mía, la furgoneta estaba cada vez más cerca, pero nunca la alcancé. Fue como si alguien me hubiese clavado un puñal en la espalda. Sólo recuerdo que me caí al suelo.
Me siento mareado, ya no estoy en el suelo. La superficie es blandita. Trato de enfocar los objetos a mi alrededor, pero todo da vueltas. Alguien grita.
—¡Más deprisa!
—Estamos en mitad del desierto.
—Me da igual, mata todo lo que se te ponga en el camino, no me importa. ¡Ve más rápido! ¡Hacia Deling!
Oh, Squall. La dulce voz de Squall preocupado. ¿Por qué vamos a Deling ahora? No está en los planes… uh… duele… es una sensación extraña, sin poder reaccionar pero sabiendo todo lo que pasa a tu alrededor… me he desmayado hace un rato y ahora vuelvo en mí, pero no consigo enfocar nada… hay mucha gente vestida de blanco, en bata… uh, médicos. Un momento, soy yo quien estoy sobre una camilla.
—Por favor, sálvenlo, es mi mejor soldado. Pagaré lo que sea.
En mitad de la confusión, Squall habla, habla de mí, soy yo quien está tumbado ahí… no quiere perderme, ha dicho. Qué sueño tan hermoso y qué irónico. Ahora puedo morir en paz.
Abrí los ojos despacio y gemí. Mi vista no era lo mejor, y mi cuerpo estaba dormido. Traté de incorporarme, porque estaba tumbado boca abajo, pero una voz me detuvo.
—No te muevas.
Me giré para encontrarme con ojos grises de tormenta. Mi corazón dio un vuelco.
—Squall…
Su mano descansaba en mi hombro, y me apretó flojito. ¿Por qué estaba ahí, conmigo? ¿Qué ha pasado? No recordaba nada…
—¿Cómo te sientes?
Tan bien, contigo, aunque esté herido, no me importa… no te marches.
—Mareado.
Levantó una ceja.
—¿Quieres que llame al médico?
—No. No te vayas —dije, desesperado—. Dime qué pasó.
Squall se sentó en una banqueta y miró a un punto fijo de la habitación.
—Casi habíamos acabado cuando salimos corriendo para alcanzar la furgoneta. Cuando me volví, estabas en el suelo. Alguien te disparó. No me di cuenta de nada, nadie ha salido herido en mis misiones…
Sonreí, estirando mis brazos.
—Squall, no es culpa tuya, esas cosas pasan, los SeeD´s lo sabemos. Aún así, arriesgamos.
—Tenías una bala en tu cuerpo que amenazaba matarte, si no hubiéramos tenido la furgoneta, hubieras muerto. ¿Qué clase de comandante soy? Doy un paso y, cuando me vuelvo, mi mejor soldado está en el suelo malherido. ¡Joder!
Pestañeé, incrédulo. Nunca había visto a Squall tan enfadado. El doctor vino enseguida, y me explicó la gravedad de la situación. Me dispararon en la espalda, tuvieron que intervenirme de urgencia hasta extraer la bala. Parece ser que todo salió bien, pero deberé estar cuatro días más aquí. Me hicieron varias preguntas para asegurarse de la salud de mi mente y se marcharon. Las medicinas a través de la vía me dormían el cuerpo y confundían mi mente. Pero aún así pude oír una conversación a mi lado.
—No, lo siento, no voy a ir… está bien, manda a Zell o a Selphie ir, yo no puedo hacerlo… no es posible… no volveré a Balamb hasta que Irvine esté bien… sí… he reservado hotel en Deling… sólo yo. Sí, está liberado… ellos marcharán a Balamb esta noche en el tren. Gracias, Shu.
Era la voz de Squall hablando por teléfono. Squall diciéndole a alguien, que no iba a salir del hospital hasta que yo me encontrara bien. ¿Debía alegrarme? Qué considerado por su parte. ¿Por qué se preocupa? Sólo soy uno de sus SeeD´s.
Cinco días después pude levantarme. Fue una pesadilla dormir boca abajo y no poder salir a mear, sinceramente. Squall fue a verme dos veces todos los días: cada mañana y cada tarde. Me preguntaba por qué seguía viniendo si apenas hablaba conmigo, quizá estuviera haciendo patente su deber como comandante. Traté de levantarme para caminar. Mi espalda estaba tan dolorida que no podía ponerme derecho.
—¿Qué haces? —dijo Squall levantándose de la banqueta, despertándose de su sopor.
—Oh, tío, duele más estar ahí como un impedido que tener la espalda rajada. Y mi cabeza gira por las malditas medicinas que tomo.
—Déjame ayudarte —se ofreció.
Deslizó su brazo por mi espalda con extremo cuidado y agarró mi muñeca con su mano derecha. Squall estaba abrazándome, un contacto entre nosotros que jamás se hubiera dado en otras circunstancias. Cerré los ojos, tratando de controlarme, aunque dudé que pudiera tener una erección con toda esa droga en el cuerpo. Mmm… huele tan bien… me mordí el labio.
—¿Duele mucho?
Lo miré, tan cercano, tan accesible. Podría besarlo.
—¿Irvine? ¿Te sientes mal?
Pestañeé, cómo me gusta el modo de pronunciar mi nombre en sus labios. Oh, estaba alucinando.
—Estaría mejor si tú… -tosí.
¡Mierda! ¡Calla la boca, estúpido ligón!
—… si tú me llevaras fuera de aquí —lo arreglé señalando la ventana.
Respiré hondo. Él frunció el ceño. Caminamos despacio por la habitación, Squall sujetando a un hombre doblado.
—Estarás bien si haces tus ejercicios y tomas tus medicinas.
—Seguro. Y si hablas conmigo en lugar de quedarte ahí sin decir nada también me sentiré mejor.
Me miró avergonzado. ¿Avergonzado? Oh, quizá por eso de "hablar más conmigo".
—Entendido. ¿Prefieres que te deje solo?
Lo amenacé con la mirada. Squall no parecía tener ganas de discutir, así que tendió algo hacia mí y dijo:
—Como veo que necesitas hablar, toma, para tus contactos sociales.
Estaba aburrido hasta que él me dio aquel móvil. Hablé con Selphie, quien me animó realmente; con Zell, preocupado por mi estado, como gran amigo que es; y con Quistis, quien quería todos los detalles de mi operación para arreglar los papeles de seguro de SeeD. Mientras hablaba con todos ellos, Squall siguió ahí, frente a la ventana, contemplando el paisaje, sin decir nada, pensativo, como suele ser. Hubiera deseado estar en su pensamiento.
CONTINUARÁ
