Nathan se acercó al sofá en el que estaba acurrucado Peter, apenas se había movido de allí en últimos dos días y el mayor de los Petrelli ya no sabia que hacer para sacar a su hermano de aquellos pensamientos. Peter miraba por la ventana, con la mirada perdida en ninguna parte, como si al hacer eso fuera a desaparecer, igual que cuando utiliza su poder para hacerse invisible. Pero ahora quería irse del todo, para siempre, desaparecer del mundo y así olvidar lo ocurrido.
Había pasado un mes desde que las vidas de miles de neyorkinos habían sido salvadas al evitar que la bomba y Peter con ella llegaran a estallar por completo. Nadie había llegado a saber nada, excepto unas pocas personas, que habían estado involucradas en ello.
Por ello, Peter se sentía terriblemente mal, por no poder decir al mundo que la ciudad y la historia, le debía un mejor futuro a un sólo hombre, que había impedido que los peores temores de Peter y la visión de Hiro se hicieran reales. Un hombre se había sacrificado por todos ellos y el mundo nunca lo llegaría a saber por nunca supo el peligro que corría.
Nathan apenas había salido del apartamento de su hermano, desde que Claire le había contado en que estado se encontraba Peter. Apenas había comido en tres días y si intentaban que durmiera algo, que descansara, siempre contestaba que eso no serviría de nada, que nunca le devolvería la vida a su amigo.
Nathan lo había intentado todo, pero nada había funcionado, era como si su hermano hubiera perdido por completo las ganas de vivir y estuviera esperando a que llegara el momento final y eso Nathan no lo podía permitir, había dejado todo de lado, incluyendo las elecciones en los últimos días de la carrera hacia el congreso, para salvar al vida de su hermano, se había volcado con él y no estaba dispuesto ahora a dejarlo así como así. No le iba a permitir rendirse sin lugar. Pero no sabía como.
Estando junto a Peter, este ni se inmutó, como si en realidad no estuviera junto a él y notó que se estaba quedando completamente frío. No sabía si lo estaba haciendo con alguno de sus nuevos poderes adquiridos, o si simplemente lo estaba dejando pasar. Nathan cogió una manta que tenía cerca y se la colocó sobre los hombros a su hermano, que al notar el contacto, intentó liberarse, pero Nathan se lo impidió sujetándolo con fuerza hasta que Peter dejó de moverse y se dejó caer sobre él.
"Esto tiene que acabar Peter, no puedes seguir así eternamente, estás matándote poco a poco."
"Supongo que eso tendría sentido, porque ya tendría que haber pasado. Tendría que estar muerto y lo sabes."
"No es cierto, por mucho la bomba hubiera estallado, tal y como decía giro que vio en el futuro, tu no hubieras muerto. Eso no lo puedes cambiar."
"Pero él si que está muerto. Sólo intentaba ayudarme y está muerto. Eso no tenía que haber pasado, en ese futuro del que hablas está vivo. ¿Por que lo tuvo que hacer?." Peter había empezado a llorar, hacía días que apenas había dicho nada, y en ninguno de ellos había derramado una sóla lágrima, pero ahora no podía parar. Sentir el contacto de su hermano, lo había sentir más débil que nunca y no podía dejar de llorar.
"Se que es duró de admitir, pero tal vez, esto es lo que tenía pasar de todas maneras, tal vez esto nos lleve a un futuro mejor. Eso no lo podemos saber."
"Pero yo, yo no puedo vivir con eso, ¿cómo voy a vivir teniendo en la conciencia la muerte de la persona que más me apoyó los últimos días, la que estuvo conmigo todo ese tiempo, a la que, no se muy bien como, acabé queriendo como nunca he querido a nadie?" Aquella palabras le dolieron a Nathan en su interior, pero sabía que era verdad, había estado tan inmerso en la campaña, que apenas le había prestado tiempo a su hermano y sus problemas. "No creo que lo puedas comprender, pero preferiría estar muerto y cambiarme por él."
"No se te ocurra volver a decir eso, me oyes." Nathan no lo pudo evitar, aunque eso había sonado como una orden demasiado dura para el momento que estaba viviendo su hermano, no pudo remediar el pensar que, estaba seguro de que de tener la ocasión Peter lo haría sin pensarlo.
"Déjalo, si en el fondó sólo hablo por hablar, se que las cosas no van a cambiar y tampoco puedo ir al pasado, porque eso pondría en peligro la vida de miles de personas inocentes si la bomba llegara a hacer explosión de verdad."
"Deberías comer algo."
"¿Para qué?"
Nathan no supo que responder, porque tampoco sabía que motivos darle. Ya los había gastado todos y no le quedaban más. Se sintió derrotado. Decidió dejar a su hermano donde estaba, con la esperanza de que de algún modo, aceptara lo que había ocurrido y volviera a ser el mismo, o por lo menos, volviera a la vida por si sólo. Se levantó y se dirigió a la cocina.
"¿Sabes que fue lo último que me dijo?" Nathan se giro hacia Peter y vio las lágrimas corriendo por las mejillas. Ver a su hermano en aquella situación lo estaba destrozando por dentro. "Te quiero Peter Petrelli."
Hasta ese preciso momento, Nathan nunca había comprendido la más reciente relación sentimental de su hermano, pero al escuchar aquellas palabras saliendo de los labios de Peter, supo que estaba enamorado, que la bomba no sólo había cambiado la historia y el futuro del mundo, que el sacrificio de aquel día había salvado de la muerte segura al 0.7 de la población mundial; pero había habido una víctima más, con la que nadie había contado, a la que nadie había visto morir de improviso. El corazón de su hermano se había parado aquel día, había dejado de latir para siempre y Peter nunca volvería a ser el mismo, por mucho que Nathan tratara de que las cosas volviera a la normalidad, eso nunca iba a pasar, no después de haber visto y oído a su hermano en ese sófá con los ojos llenos de lágrimas.
Nathan también tenía ganas de llorar, dejar de ser el fuerte de los dos y abrazar a su hermano, pero no podía, no podía derrumbarse también porque de lo contrario, ¿quien le iba sujetar a çel cuando se hundiera, quien iba a impedir que los dos hermanos tocaran fondo? No podía hacerlo por su hermano, por el recuerdo de lo que era su hermano antes de que todo aquello sucediera y por el hermano que ahora tenía que salvar, no ya de estallar con media ciudad, si no de explotar por dentro e impedir que cometiera una locura.
Se dio la vuelta de nuevo y siguió su camino hacia la cocina.
En el preciso momento en el que desapareció por la puerta, Peter se hizo una bola más pequeña en el sófa y se cubrió más con la manta, mientras se secaba las lágrimas que todavía circulaban por su mejilla. Sin saber como, escuchó como de sus labios salían unas palabras, que hasta ese momento, no se había atrevido a decir en voz alta ni una sóla vez y por lo que se arrepentía tremendamente por no haberlas dicho cuando había tenido la ocasión.
"Yo también te quiero, Mohinder Suresh."
Peter se despertó gritando y empapado en sudor. Todo había sido sólo un sueño. O tal vez no, algo en su interior el decía que había sido algo más, una de sus visiones, igual en que se había visto a si mismo explotando y aquello le aterraba.
Escuchó la puerta al abrirse y al mirar hacia ella, se dio cuenta que no estaba en su cama, estaba durmiendo en el sofá y el sueño y recordar la visión, no le permitían saber porque. La luz que venía del otro lado de la puerta le molestaba en los ojos y le impedía ver quien estaba allí entre sombras, entrando en el salón de su casa. Lo pensó un poco mejor y entonces se dio cuenta de que la otra persona, estaba saliendo de su propia habitación, alguien, que en ese momento no sabía muy bien quien era, estaba durmiendo en su cama. Sin embargo, la incógnita, no duró mucho tiempo.
"Peter, ¿estas bien?, te he oído gritar." Entonces, todo volvió a la mente de Peter, el día anterior, el encuentro con Mohinder, el descubrimiento de sus poderes, la cena en casa de Nathan y... si, no lo había soñado, Mohinder le habia besado.
"Si no te preocupes sólo ha sido una pesadilla. Vuelve a la cama."
Ahora todo estaba claro, el genetista no tenía donde quedarse, sin apartamento y sin querer registrarse en ningún hotel no lo fueran a encontrar, a Peter sólo se le ocurrió decirle que se quedara en su casa. Además eso le daba más credibilidad a la historia que le había contado a Nathan sobre su romance con Mohinder. Pensar en eso le hacía gracia, su hermano se lo había tragado por completo, Peter creía que su hermano ya se los estaba imaginando a los dos en las reuniones familiares de los Petrelli, y eso le hacía rabiar.
Pero Mohinder le había besado y no habían vuelto a hablar de eso, el profesor no le había dicho nada y el no se atrevía preguntar sobre eso. No sabía que pesar y la propia visión no le ayudaba a deshacer su lio mental. Sabía que Mohinder iba a morir por salvarlo, aunque no sabía como, pero ¿estaba loco al pensar que le iba a decir que le quería? Nunca había pensado en ello ni siquiera ahora se lo estaba planteando, pero lo cierto era que la visión había sido muy clara esta vez.
Volvió a tumbarse, pero antes vio, la puerta no se había vuelto a cerrar, que Mohinder seguía ahí de pie, mirándole entre sombras, con el pelo revuelto y apoyado contra la pared. Peter no sabía que decir, porque estaba seguro que si empezaba a hablar, le acabaría contando lo que acababa de ver y no quería.
"¿Querías algo?." Aquello había sonado demasiado cortante y Peter se había arrepentido incluso antes de empezar a decirlo pero ver a Mohinder delante de la puerta después de lo que había visto de su futuro le estaba haciendo pensar en cosas que antes no se hubieran pasado por su cabeza. Pero el profesor no le contesto, era como una estatua. Peter se incorporó lentamente y vio que al mismo tiempo, Mohinder se acercaba a él.
"No hemos hablando en casi todo el rato. Después del beso me refiero." Mientras hablaba, Mohinder se seguía acercando a Peter y esto como si estuviera hipnotizado por los ojos del genetistas, era incapaz de moverse. Cuando ya lo tenía enfrente de él y ya podía tocarlo, apenas levantándo la mano, Peter se decidió a hablar.
"Lo cierto es que." Mohinder le tapó la boca con su dedo índice y Peter no tuvo más remedio que hacerle caso. Luego apartó la mano, se sentó en el sofá y miró a Peter a los ojos, tan cerca de su rostro, que podía sentir su respiración, entrecortada y cada vez más rápida. Moviendo su mano con lentitud acarició el pelo de Peter y comenzó a jugar con él, como si el resto del mundo a su alrededor, no existiera.
"¿Sabes que era lo que pensaba cuando tenía por seguro que Sylar me iba a matar en mi apartamento el otro día?" Peter negó con la cabeza, incapaz de pronunciar una sóla palabra. "Que la vida puede ser demasiado corta como para pensar las cosas demasiado y que si quiero hacer algo, debo hacerlo sin dudar. Y esto, es lo que quiero hacer ahora." Con suavidad acercó la cabeza de Perter hacia si y junto sus labios con los suyos, igual que había hecho en casa de Nathan, sólo que ahora no había testigos delante para poder dejarse llevar por sus emociones.
