La fatiga es profunda, el sueño ha sido poco, los días extenuantes, las labores sombrías, Katara mira sus manos, limpias entre el vapor de agua, pero tan manchadas; se dobla en el cráter, llorando, sufriendo, antes del amanecer ha ido a buscar un riachuelo, y ha curado sus heridas. Observa su imagen apenas visible en el caudal del rio. Solo reconoce sus ojos azules, su cabello esta arruinado por el agua marina, su rostro retorcido por el dolor y el cansancio, es pálida, mucho mas aterradora que la Dama Pintada, el chillido de los gusanos vuelve a sentirse, un escalofrío la recorre.

Una larga sombra se posa detrás de ella. Amenazante, Katara cierra los ojos llena de miedo. Una voz reverberante empieza a asomarse entre los chillidos.

-Ah! De modo que ahora hay una Dama Pintada mas.-Le susurro.-Y yo siempre soy uno, aunque tenga los rostros de muchos.-Pauso y los chillidos y los movimientos aumentaron.-Pero no entienden, ni la Dama, ni los Avatares ni tu…Acaso no eres tu ahora nuestro Avatar? Tu que has visto los mundos que pudieron ser. Tu que portas el equilibrio en tus brazos llagados? Y si me miras no habrá terminado todo en un muro de carne negando el aire a tus pulmones?

Y la voz cambia, casi con cada frase, siempre dulce pero diferente, si masculina, si maternal, si inocente o de anciano sabio. Y finalmente se torna uno voz dolorosa y conocida; Aang le resuena y la deshace.

-Acaso no entiendes mi sacrificio Katara? Acaso no ves tu papel? Que tanto del sueño te sirve cuando la Guerra venga y las llamas se extiendan por el Reino Tierra?-Le decía la voz.

-TU NO ERES EL!-Grito Katara soltándose a llorar escondiendo el rostro en el piso.

-Tengo mejores cosas que hacer que robar tu rostro…además tu has agregado ya tantos rostros a mi colección que puedo dejarte pasar.-Dijo con su polifonetica dicción, pero para su última frase volvió a usar a Aang.-Nos volveremos a ver sin embargo Katara.

Sokka y Toph habían llegado al pueblo y compraron algunas armas, cuchillos, estiletos y shuriken que parecían oportunos y a buen precio, luego llegaron a la casa del gran Maestro. Sokka procedió ceremonialmente, Toph se quedo en la puerta se tumbo un rato por allí para luego ir a jugar con Appa.

La colosal hacienda del Maestro de Espada despampanó a Sokka, se sintió contrariado por requerir la ayuda de un campeón de la Nación de Fuego a quien quizá tendría que combatir al día siguiente.

Un hombre delgado, alto y de un porte elegante le esperaba en la puerta.

-Desde donde has venido gran espadachín?-Le pregunto dando apenas unos pasos, calmado, como frio metal.

-He venido desde Ba Sing Se; pero un gran espadachín no soy.-Contesto Sokka ese tanto lo podía decir.-Las revueltas eran inevitables, la ciudad necesita algo que yo no podía otorgarle.

El Hombre viejo y orgulloso agradece la humildad.- Asi que no eres un guerrero nato? No eres el heredero de una familia?

-Mi padre es guerrero señor, pero no me ha podido entrenar todo lo que debiera, la Guerra le ha alejado y lo entiendo, mi viaje aquí podrá haber empezado por casualidad, pero he guiado aquí mis pies con voluntad de mejorar.

El hombre entendió de verdades y secretos en la boca del chico de inmediato, y así decidió entrenarle.

Sokka nunca salió de la gran hacienda, Toph cayo dormida, extrañándole, en los pies de Appa. Al despertar asustada a media noche noto que Katara le había alcanzado y que parecía descansar con los ojos abiertos llenandose de Luna.