Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Imagen: Hombre besando a mujer en la sien.
Propuesta: Scripturiens
Personaje: Sora.
Besos de Ceniza
Se está arreglando para ir al trabajo, en tanto yo sigo en la cama perdida en su perfume. Lo veo parada frente al espejo dándome la espalda, solo atento a su reflejo. Me siento vacía y perdida en su presencia.
Se está acomodando la corbata, hace un nudo y pasa el largo por un pequeño orificio para dar fin al procedimiento. No me mira cuando se dirige al baño, me evita como todas las mañanas después de que lo hacemos. Siempre me pregunte él porque, si en algún tiempo las mañanas se teñían de risitas bobas y comentarios jocosos.
Aun tenida en la cama suspiro, porque conozco la verdad. Soy una débil y una idiota, conozco porque de su frialdad y no hago nada para salvar mi dignidad.
Sale del baño u me mira fugazmente, teme que pueda leer sus ojos, que me introduzca en su mirada y entre a su alma. Teme que lo destruya sin si quiera tocarlo.
—Me voy, te dejo las llaves en la cocina.
Se me acerca y me besa en la sien. Desde hace una semana esos besos ya no son dulces, han perdido vida y gozo. Son solo muestras de lo que una vez fue, de lo que una vez fuimos.
—Espera.
Lo alcanzo desnuda al final del pasillo, el se detiene y me espera. Necesito corroborar lo que su beso me hizo sentir, pero lo necesito en los labios.
Sin previo aviso me paro de puntillas apenas estoy a centímetros de él y lo beso como en tiempos mejores. Nuestro beso se torna apasionado, la respiración se torna agitada y en un par de minutos nos separamos. Yo le sonrió, pero no una de alegría, el sabor de este es agrio.
El no lo nota, lo sé porque su sonrisa es amplia como cual niño es sorprendido con su regalo deseado en navidad. Pronto esas sonrisita se desvanece, la culpa lo vuelve a la realidad. Torna su rostro al suelo y se despide de mí sin un beso. Ya no es necesario.
—Cuídate —digo con un dejo de añoranza.
—Tú también.
Esto es una despedida de mi parte y un hasta luego por la de él. Lo veo partir, dejándome sola con este sabor en mis labios, uno desagradable que necesitaba para entender. La cobardía de la que me quejaba quedaba en el olvido, pues me di cuenta que ya nada volvería a lo de antes. Y solo basto un beso sabor a ceniza para comprenderlo.
