D.P: ...-mirada triste-...
Inu se me queda mirando.
Inu: Priincess, ¿qué te pasa?
No contesto, y mi mueca de tristeza se extiende más por mis labios. Mis ojos empiezan a escocerme y segregar lágrima.
Inu: ...¿Qué te he hecho? -pregunta, angustiado.
Y de repente me tiro sobre su pecho y rompo a llorar.
Inu: Eh... - me llama suavemente, posando su garras bajo mi mentó, levantándolo, para que le mirase. - ¿Por qué lloras? -sus ojos estaban llenos de preocupación.
D.P.: Es que... es que... -tartamudeo mientras intento controlar el hipo producido por los sollozos.- ...mañana... -pero no tengo suficientes fuerzas para continuar y rompo a llorar de nuevo, abrazándome fuertemente a él.
Inu: ¿Mañana qué? -preguntó casi histérico.
D.P.: ¡Pues que empiezo de nuevo el instituto! -y otra vez, los sollozos empiezan a llenar la estancia.
Inu: ¿Sólo eso?
D.P.: ¿Cómo que solo eso? -levanto la vista de repente, furiosa. -¿Te parece poco? -le grito.- Por culpa del maldito instituto no tendré tanto tiempo para dedicarme a la historia, y, encima, empezaré a estresarme entre una cosa y otra y la inspiración me abandonará. -y otra vez, a llorar.
Inu suelta una leve y suave carcajada.
D.P.: ¿De qué te ríes? -pregunto indignada.
Inu: Eres tonta...
D.P.: ¿Cómo? -empiezo a teblar de rabia.
Iba a gritarle cuatro cosas bien dichas, pero no puedo. Sin darme cuenta me agarra de los hombros y me abraza fuertemente.
Inu: No importa que mañana vuelvas al insti... yo voy a estar ahí ayudándote, en todo lo que pueda, vale? No estás sola, aquí. Estoy yo, están Kagome, Sango, Miroku, Ayame, Kouga -el nombre del lobo lo dice con cierto recelo-. No estás sola, nos tienes a todos nosotros, y a tus lectoras. Estaremos ahí para ayudarte, siempre.
D.P.: ¿De verdad?
Inu: De verdad de la buena.
Sonrío, le miro y le beso la mejilla.
D.P.: Gracias. -miro al público. -Bueno, pues ahí os dejo el cuarto cap, espero que lo disfrutéis. Yo... tengo que hablar unas cositas con Inu. -lo cojo rápidamente de la mano y lo saco de allí, mirándolo sensualmente.
Capítulo 4.
-Bien... -murmuró para darse ánimos. -Chicas... vosotras sentáos ahí -señaló un banco frente a la tienda de ropa-, y esperad. -se va corriendo hacia la heladría más cercana, compra un par de helados y se los entrega a ambas chicas. -Coméoslos, están riquísimo. Mientras, yo me voy con ellos a comprarles algo decente para andar por la calle...
-Eh! -exclama Inuyasha, indignado; interrumpiéndola -Que yo voy más decente que tu. Al menos no voy enseñando las piernas.
-Vosotras, por lo que más queráis, no os mováis de aquí, ¿de acuerdo? -continuó, sin prestarle atención.
Las dos chicas obedecieron, deborando los helados.
-Oye, no pases de mi! -exclama Inuyasha, exasperado esta vez.
-Siéntate! -vio como el chico se estampaba contra el suelo, sin percatarse de que más de un par de ojos curiosos se habían parado a observarlo comerse el suelo. -No podéis andar en esta época con esas pintas. No digo que no sean dignas o decentes, pero aquí no se llevan, y la gente os mirará raro. -le sarmoneó.
-Más que ahora no creo. -soltó Miroku. Entonces Kagome vio como un corralillo de gente se formaba a su alrededor. Con la cara como un tomate los arrastró hasta dentro de la tienda.
Les explicó los tipo de ropa que tenían que escojer. Dado que estaban en verano, Kagome les dijo que escojieran prendas cortas, anchas y finas. Colores... a elección de los tres chicos. También les advirtió que podrían coger bastante -sin pasarse, tampoco- ya que disponían de la maravillosa tarjeta de crédito. Total, que Inuyasha se buscó pantalones piratas, anchos y de colores claros y tela fina, aunque estaba costumbrado a aguantar el calor. Y camisetas oscuras, también finas. Kouga, justo al contrario -yo no sé si lo hacen adrede, pero si uno dice blanco, el otro dice negro- Pantalones piratas, lo único en lo que coincidian, oscuros, finos y anchos, y camisetas claras. Miroku, en cambio de ellos dos, parecía ser que era el que más gusto tenía para la ropa moderna. Se cogió camisetas un poco ajustada -que mrcaban sus brazos, abdomen y trasero, cuando se las bajaba mucho- y pantalones largos, de pitillo, finos y de varios colores. Kagome se dio cuenta, entonces, de que faltaban dos destalles. Zapatos y... calzoncillos.
Se le puso la cara como un tomate al pensar en que debería vovler a dar otra charla bastante incómoda.
-De zapatos -prefirió comenzar con ese tema-,para elejir, si no queréis moriros de calor en los pies y que después mi casa huela a queso manchego, tenéis unas chanclas, normales y corrientes, que también se pueden utilizar para el agua, y como bien podéis observar se parecen mucho a las chanclas del pasado, como las que llevas tú, Miroku, pero a menos altura. Y después tenéis -siguió, enseñándoles unos zapatos planos, bastante duros y poco flexibles, que, excepto en la punta, tapaba los dedos de los pies y parte del empeine, y que tenían un tira que se ponía alrededor del talón- las menorquinas. Al principio parecen incómodas y parecen pesar mucho, pero luego te acostumbras y resultan muy cómodas. -calló un momento, vacilando en proseguir. -También tenéis las bambas, pero no os las recomiendo con éste calor. -y ya no dijo nada más. Solo vio las caras incrédulas de los tres chicos. -Deberé decidir yo por vostros, ¿verdad? -se resignó, y ellos asintieron. -Miroku, yo te veo con las menorquinas. Así canvias un poco. Y a vostros... a ambos os pondría las chanclas combencionales de toda la vida.
La tríada de chicos asintió, sin rechistar, y cogieron los zapatos que Kagome les entregó. Pero la chica comenzó a respirar con dificultad al ver lo que debería explicar ahora.
-Bueno... ahora solo os falta una cosa... que es más íntima que otra cosa... pero dado que vosotros no tenéis ni idea... -resignada y con la cara como un tomate comenzó a extenderles a cada uno cinco pares de calzooncillos.
-¿Qué esto? -preguntó Kouga, olisqueándo la prenda.
-Eso son... calzoncillos... o en idioma bulgar, gallumbos.
-¿Y para que sirven?
-Pues... pues... -no encontraba las palabras adecuadas, pero al fin, la salvación acudió a ella. -Son las prendas que van bajo los pantalones.
-¿Así? -preguntó Inuyasha metiéndose un calzoncillo dentro del pantalón de su aori rojo, como si fuera lo más normal del mundo.
-¡No! -gritó de repente, intentando sacarlo de ahí, pero al ver que su grito había llamado la atención de varias personas que ahora la miravan, cuchicheando, al ver que intentaba sacar algo del paquete de Inuyasha, se separó de inmediato, a dos metros mínimo de él, con la cara toda roja, y entre tartamudeos habló- Tú... tú has visto mis... bragitas... pues los gallumbos... se ponen de esa forma...
-¿Qué? -exclamaron los tres de golpe. Al parecer, todos habían visto algunas vez las bragitas de Kagome. La chica se dio cuenta, y enrogeció.
-Nada... "Me los llevaré directamente. Eso sí, como después no sean de su talla... la ropa interior no permiten debolverla..." -disimuladamente pasó su vista por los traseros y el paquete de los tres chicos... Dándose cuenta de que esos tres machotes tenían los mejores traseros de la historia... apretados, musculosos, con forma redondeada y respingona... Y por no hablar de los paquetes... esos bultos en los pantalones dejaban dar muchas vueltas a la imaginación... deberían tener, por ese tamaño, un larga... en fin, una larga curva de la felicidad...
-Kagome, ¿qué miras? -preguntó de repente Inuyasha, sacándola repentinamente de sus ensoñaciones, haciéndolo mirar y sonrojándose al máximo al ver que los tres chicos la miraban mientras ella seguía observandoles ciertas partes de sus anatomias.
-¿Qué? Nada, nada de nada. Yo nada... -vaciló, nerviosa. Miró los calzonzillos, y así, a ojo, los compró. -"Si no les están bien... algo haremos..." -pensó, guiándo a los chicos hasta la caja para pagar las prendas de ropa.
Al principio los chicos no dejaron que la cajera les cobrase por la ropa. Se pusieron histéricos cuando la chica les arrancó las ropas de las manos. No lo hizo con mala intención, por supuesto, pero ellos pensaron que les estaban quitando las prendas, y se revolucionaron. Miroku se puso en posición de ataque con su vara, Inuyasha desembainó a Tessaiga y Kouga gruñó y enseñó dientes y garras. Kagome comenzó a gritarles que no pasaba nada, que solo le estaban cobrando, que ahora les devolverían las prendas. Inuyasha acabó comiendose el suelo, Kouga con la mirada desviada y Miroku con la marca de la mano de Kagome en la mejilla -ya que, claro, Miroku había aprobechado la charla que les había echado a los dos demonios, para tocarle el trasero a la morena-.
Al final, los tres chicos saliero acomplejados de la tienda, con sus respectivas bolsas y ya canviados. Ahora les tocaba el turno a las chicas.
A ellas también les explicó cuales prendas devían elejir para no morirse de calor. Les explicó la maravilla de las faldas -aunque las dos chicas del pasados ya vestían unas de Kagomes-, los pantalones cortos, la camisetas de tirantes, manga corta y a lo palabra de honor. También hablaron sobre la ropa interior, como sujetadores y bragitas, y Kagoem las llevó a esa sección, pero momentos después se arrepintió.
-Kagome, ¿qué es esto? -preguntó Sango, cogiendo una prenda parecida a una braguita de la estantería en donde estaban éstas. Era de color rojo fosforito.
-Em... es un tanga. -soltó intentando aguantar una risa.
-¿Un qué? -preguntó Ayame, que las había escuchado unos metros más apartada de ellas, se acercó.
-¿Veis la parte más ancha? -vio a las chicas asentir. -Pues esa es la parte delantera, la tira va al trasero... -vio los ojos desorvitados de las chicas. -Son un poco incómos, al menos para mi. No soporto la sensación de tener entre las dos nalgas una tira, ahí, molesta... tengo que estar todo el rato sacándola de ahí... Pero si lo queréis probar... Eso sí, si os lo probáis abrá que llevarselo.
Las dos chicas negaron y siguieron buscando prendas para comprarse.
-Kagome ¿y esto? -preguntó esta vez Ayame. Kagome se acercó, y vio lo que sostenía la chicas. De nuevo, la sangre se acumuló en sus mejillas.
-Se llama... picardías. (D.P.: Me encanta esa palabra, xdd. Inu: Y a mi la prenda... ¿por qué no te pones uno y me haces un "strepties"? D.P.: Inu... ¡siéntate!-y el perrito come tierra.) -respondió lentamente. Vio la cara desencaja por la incredulidad de la pelirroja, y no pudo hacer otra cosa que explicarse. -Eso es para las chicas un poco más mayores que nosotras... Sirven... para "excitar" con la mirada a un hombre. Ésta prenda es semi trasparente, y si te lo pones sin nada debajo... incitas a los hombres a... a... ya sabes. -explicó, temblando de la verguenza.
-Si no son para nuestra edad, ¿por qué tienes uno en tu habitación?
A Kagome se le pusieron los ojos como platos, y tenía la cara más roja todavía -si es que eso era ya posible-.
-¿Cómo?... -entonces lo pensó unos momentos... -"Me cago en la madre que parió a mi madre..." -pensó furiosa, angustiada, avergonzada e hiperventilando. -¿Pero cómo se puede tener una madre así...? -murmuró para sus adentros, indignada.
Le explicó a Ayame que era su madre quien había puesto la prenda allí, y Ayame se disculpó cuando le confesó que la noche anterior, como no podían dormir, Sango y ella habían hurgado en los cajones de la morena.
Al final todo acabó bien. Sango se cogió unos cuantos pantalones cortos, faldas, algún que otro vestido, y camisetas de todo tipo, más la ropa interior. Ayame igual. Kagome les recomendó que cogiesen ropa cómoda, que no fuese de tela tajana para estar por casa, y pijamas.
Las chicas no fueron tan hostíles como los chicos al dejar pasar su ropa por caja, y Kagome lo agradeció.
Salieron afuera y, para sopresa y enfado de las chicas, Miroku, Inuyasha y Kouga estaban rodeados de chicas. Todas coqueteaban con ellos y Miroku no se cortaba un pelo. En cambio, los otros dos estaban... madre de dios como estaban. Rojos a más no poder, y anguastiados de no poder fundirse con los asientos y desaparecer de ahí.
-Chicas... hay que hacer algo... o esas desgeneradas se los comerán vivos... -murmuró una boquiabierta Kagome. Las miró a ambas, vio la rabia y la frustación de Ayame es sus ojos verdes, que miraban intensamente al lobo. Y a Sango, que miraba, ofendida y humillada, hacia otro lado. -Sango... pelea por él, aquí las mujeres no son como en el pasado, y mucho menos como tú. Son todas más desgenaradas que cien Mirokus juntos. Así que haced lo que yo os diga... -las dos chicas se acercaron a ella y escucharon las palabras susurradas al oído.
Entonces, serenas, firmes y decididas se acercaron cada una a su respectivo chicos -ya sabemos todos cual con cual- y empezaron a montarse una película...
-Ejem... -carraspeó Ayame, detrás de un tumulto de chicas que rodeaban a Kouga. Todas se giraron para verla, pero no le hicieron mucho caso y volverieon con el chico. -¡Dejad de atosigar a Kouga inmediatamente! -gritó, harta. Entonces, las chicas se abrieron paso, ella se acercó, agarró de la mano al chico, lo levantó, lo besó suavemente en los labios y lo arrastró fuera de aquel tumulto. Kouga estaba flipando.
-Miroku... -pronunció suavemente la castaña. Miroku reaccionó al instante de oír esa cantarina voz. Se irguió, y a los pocos segundos, entre el corrillo de chicas que lo rodeaban, apareció Sango. La miró con los ojos desorvitadosy seguidamente los cerró, fuertemente, esperando la bronca de la chica, pero los gritos nunca legaron, lo que si que llegó fue un beso en la comisura de los labios y un estrechamiento de manos con la exterminadora, que lo sacó de allí.
-¡Siéntate! -gritó Kagome con toda su mala ostia. Entonces, delante de las boquiabiertas chicas, que no paraban de alabarlo y de acariciarle sus suaves orejitas, el hanyou se estampó contra el suelo. -¡A casa, ya! -ni corta ni perezosa, Kagome lo agarró del brazo y lo arrastró, medio inconsciente, hasta la salida del centro comercial.
Y el cúmulo de chicas que habían rodeado con anterioridad de los tres muchachos del pasado, ahora volvían, confusas, a sus queáceres.
-Kagome ¿por qué has echo eso? -gritó el semidemonio, furioso.
-Ayame ¿por qué has echo eso? -grito esta vez el lobo, pasándose la mano por la boca.
-Miroku ¡no te quiero volver a ver en mi vida! -exclamó Sango, histérica, soltándo bruscamente la mano del monje, dándole un guantazo y comenzando anda dirección a la casa.
Cada loco con su tema.
Kagome y Ayame la siguieron, girándo sus caras bruscamente y dando unos buenos latigazos con las puntas de sus mechones en las caras de los demonios. Cabreadas e indignadas, las tres chicas comenzaron a andar a paso de sargento, derrochando mal humor por allá por donde pasaban y apretándo fuertemente las asas de las bolsas.
Los tres chicos, simplemente, flipaban. Las siguieron, también malhumorados, aúnque sin razón, y mayormente confusos.
Llegaron al templo, y ahí ardió Troya.
-¡Miroku, eres mezquino! ¿Es que ni siquiera aquí puedes parar de coquetear con las mujeres? -la rabia y las lágrimas se veían claramente en sus ojos.
-Sa-sango... -Miroku estaba nervioso y flipando. La chica tenía razón, pero no sabía porqué no podía reprimir ese vicio de acercarse a las mujeres.
-No me hables en tu vida. -murmuró, y se fue corriendo hacia el cuarto de Kagome.
-Tiene razón. Es que mira que llegas a ser mujeriego, ¡hay que joderse! -le reprochó Kagome, dándole un colleja, dejándo desubicado al monje y corriendo hacia su habitación.
-Oye Kagome, que tu y yo no hemos hablado todavía! -gritó Inuyasha, en intentos de seguirla, pero...
-¡Siéntate! -y ya se sabe lo que pasó.
-No tenéis remedio... -murmuró Ayame, siguiendo a la morena.
-Yo es que si cuento esto nadie me creería... -murmuró Kouga, sentándose en el sofá. Miroku se sentó junto a él, e Inuyasha se salió afuera.
***
-Sango, tranquila, tu ya sabes como es Miroku, lo conoces bastante bien como para saberlo. Va, no te pongas así. -animó Kagome. Ayame, como no conocía las facetas de Miroku (D.P.: aunque ahora se las imaginaba)se dedicaba a acariciarle la espalda a la castaña en un intento de calmar su llanto.
-Estoy harta de ese maldito monje pervertido... me juró fidelidad, y mira, hala, toma! Ya no puedo más. -abrazó más fuerte contra su cara la almohada en un intento de silenciar sus sollozos, que cada vez se hacían más sonoros.
-Vaya monje... -murmuró Ayame, pero milésimas de segundos después se tapó la boca y pidió perdon con la mirada a Kagome.
En ese momento llamaron a la puerta.
-¿Llaman?... -se preguntó Kagome. -"Pero si se supone que estoy de vacaciones..." Esperad, voy a abrir. -salió del cuarto y bajó las escaleras.
-¿Quié es? -preguntó Miroku, apareciendo por la puerta del salón.
-No lo sé... -ambos se dispusieron a abrir la puerta, y detrás de ésta apareció un conocido de Kagome. -Hojo...
El chico sonrió. Hacía unas semanas que no lo veía, pero seguía tan mono como siempre, con su pelo castaño claro y sus ojos claros como el agua...
-Hola, Kagome. -saludó, y le dió un beso en cada mejilla. La chica estaba tan soprendida por ese acercamiento que no se percató de las dos personas que había junto a su amigo.
-¿Qué... qué haces aquí? -preguntó después de salir de su embobamiento.
-Pues saludarte, y preguntarte si tenías algo que hacer esta noche... -hizo una pausa al ver que la morena ya se había percatado de que no venía solo. La chica tenía la vista fija en uno de los otros dos acompañantes de su compañero. Por lo que vió, uno era pelirrojo claro, más rubio que rojo, de ojos azul turquesa, y el otro... era completamente moreno, con el pelo corto, peinado hacia la cara y sus ojos... rojos, letales, hicieron dudar a la morena, y luego la hicieron reaccionar al verlos observarla de arriba a abajo con una mirada muy poco discreta.
-Él es Ryo -presentó señalando al pelirrojo-, y él es Na...
-Naraku... -dijo sin pensar. Entonces sintió que al haber dicho eso algo recorrió su interior, una ola de duda, odio, rabia, asco, repugnancia e incredulidad.
Como si todos los integrantes de aquella casa hubiese entendido ese susuró como un grito, aparecieron junto a ella. Inuyasha, se situó tras los tres chicos. Miroku, Sango y Kagome comenzaron a respirar hondo, y los tres demonios comenzaron a gruñir.
*****
D.P.: ¿Cómo os habéis quedado? Jajaja, flipando kikos, verdad? Pues yo no pienso resolver dudas, se sabrá en el proximo cap. Bien, quiero decir que lamento que sea corto, el cap, y sé que no ha habido mucho humor, lo siento. Aseguré humor, pero debo informaros que habrá capítulos en los que el humor, permanente, escaseará un poco, ya que no solo es humor, también habrá una buena historia entre todo esto. Más adelante lo comprenderéis. Gracias a los reviews, de verdad:
Peachilein
Crystal Butterfly 92
CarmenTaisho
Kagime-chan1985
D.P.: Hacéis que me entren más ganas de escribir, por vosotras, de verdad, muchísimas gracias! Y bueno, repito que lamento la tardanza, y que no sé cuando podré volver a subir (intentaré que sea lo antes posible) y, por último, os pido que no tengáis en cuenta las faltas de ortografia, ya dije porqué. =)
Muchísimas gracias a todos los que leen y comentan y a los que leen y no comentan, un besazo enorme para todos/as!!
dark priinCess
