Diferencia.


Puede que… en ocasiones, debemos pensar en nosotros un poco, antes de poner a quienes son importantes para nosotros tan delante de nosotros, llegando al punto… en que perdemos todo.

-Entonces, vivieron felices por siempre, fin-

-Fue un hermoso cuento, Abi-chan-

-¿Eso cree, Sei-san?-

Sei asintió suavemente, girando su cabeza hacia la ventana que había a un lado de su cama, no puede ver la luz del sol, la parte superior de su rostro está envuelta en vendas.

-¿Hasta cuándo tendrá las vendas, Sei-san?- Pregunto la chiquilla de cabellos castaños, posando su rostro en el lado izquierdo de la cama de Sei.

-Uhm~ No lo sé, hasta que los doctores crean que sean necesarias- contesto, palmeando el lado izquierdo de su cama hasta encontrar la cabeza de la pequeña, revolviendo suavemente sus cabellos.

-Uh~- mascullo la menor. -espero que sea pronto, quiero que Sei-san me conozca en persona-

Sei dejo salir una suave risita.

-No es necesario, te imagino como una niña muy linda- dijo, y terminando paso su mano por la mejilla de la más baja apretándola suavemente, haciendo que esta emitiera una suave risita infantil.

Bueno, no debía negar que Sei siempre decía cosas que le hacían sonreír, por ejemplo esa, aun estando en un hospital conservaba esa sonrisa y una amabilidad que lo hacía único.

-Abi-san, es hora de que regrese a su habitación- ordeno una enfermera desde el marco de la puerta.

-Buuh~ yo quería pasar más tiempo con, Sei-san- se quejo de forma infantil, pero no puso objeción, bajo de la silla de donde estaba dejando aquel libro de cuentos para niños sobre la mesita de noche que Sei tenía a un lado.

-No te preocupes, Abi-chan- consoló Sei ofreciéndole una cálida sonrisa. -podemos comer el almuerzo juntos mañana-

Esa fue la suficiente consolación que necesito.

-¡Sí!- exclamo, siento tomada de la mano por la enfermera que la llevo afuera de la habitación. -¡comeremos el postre juntos!- finalizo, Sei escuchando claramente el sonido de la puerta cerrarse, volviendo a estar en el silencio de aquella habitación.

Adoraba en muchos sentidos que aquella pequeña tuviera toda esa energía, además de que siempre decía que quería que pronto se recuperara, aunque él sabía la verdad.

Sei no tenía ojos.

El porqué… podría parecer una injusticia para algunos.


"Paciente 108, hora de descenso 9:40 a.m.
Causa de muerte: Leucemia avanzada".

-Eso es todo…- dijo la enfermera, bajando la tablilla con la información del paciente.

-Ya veo, Abi-chan fue muy fuerte…- mascullo, sin mostrar tristeza alguna.

Le enfermera no dijo más, se giro y fue a la puerta, sin embargo… dejo un envase de lo que parecía flan en la mesita que había a un lado de Sei, no dijo más y salió, aquel cuarto volvió a quedarse en silencio.

Un pensamiento, más bien… un recuerdo cruzo por su cabeza, por un momento el se detuvo a pensar en lo que había pasado antes, nadie sabía sobre su estado actual, que él estaba vivo, que aun sentía… que podría salir en cualquier momento a buscar a su hermano, pero no.

Aoba ya tenía su felicidad, y él no estaba ahí… al menos así pensaba Sei. Y puede que se equivocara, o no.

-¿Ha pensado en su felicidad alguna vez, Sei-san?- una vez pregunto la enfermera a Sei, esa pregunta… siempre lo hacía pensar.

-A veces lo hago, pero… no hay ninguna diferencia, sacrifique muchas cosas antes por alguien-

-Espero que ese alguien sea muy importante para usted-

-Mph… lo es, y mucho-

-Entonces esa persona no debe estar feliz, si usted está así-

Sei en ese momento negó, dibujando una suave sonrisa en su rostro.

-El está muy feliz en este momento, de eso no hay duda-

Aquella conversación con esa enfermera, fue suficiente para hacerlo recordar muy bien el pasado. Su sacrificio por la felicidad de su hermano, sabía lo que había hecho, no se arrepentía… solo, se arrepentía el no formar parte de ella, ahora Ren tenía su cuerpo, sus ojos… el solo gozaba de la compañía de ciertas personas, las cuales con los días se iban.

Pero… ¿había alguna diferencia a lo que antes vivía?

Quien sabe…


[Siguiente capítulo, pronto…]