Nada que decir excepto Hola!


Capítulo tres, parte uno: Central Park.

― Entonces, ¿Cómo aplicamos el teorema de Pitágoras?

― No sé, y pare ser sincera, no me importa. ―dijo Elizabeth, empujando su cuaderno y lápiz lejos de ella― Hagamos algo: ve a casa y yo le diré a mi papá que aprendí mucho y quiero más clases pronto, ―sugirió a la maestra de matemática que su papá había contratado para ayudarla en casa.

― Esa no es la idea, ¿Por qué estás tan enojada? ―preguntó algo confundida, la niña siempre había sido dulce y amable con ella, hasta ese día.

Elizabeth no quería responder, era estúpido y no quería que la profesora pensara que ella era estúpida. Mónica la miró con una sonrisa amigable, animándola a hablar.

― Se trata del evento en Central Park, ―comenzó a decir tímidamente― quería ir pero mi papá no me dio permiso ―susurró, aún frustrada.

― Lo siento. ―le dijo Mónica sinceramente.

― Realmente quería ir, ―continuó― nunca, lo juro, nunca, exijo nada...esta vez realmente quería ir, ―agregó soltando una lágrima― ¿Por qué no me deja?, me mudé aquí, acepté a su novia, hago lo mejor que puedo en la escuela para que pueda estar tranquilo y la única cosa que quería era ir al estúpido Central Park por una hora, solamente una, y me dijo que no.

La maestra la abrazó y la niña lloró tranquila. No tenía idea por qué estaba tan sensible y desesperada por ir, pero lo necesitaba. Algo la llamaba, algo que no podía oír con sus oídos sino con el corazón. Era raro, sí, y no podía explicárselo ni siquiera a sí misma, pero tenía que ir. Necesitaba ir, o se arrepentiría toda su vida. Era una obligación.

― Ok, hora de irse. ―escucharon decir, seguido de un aplauso― Un gusto verte, vuelve mañana. ―dijo Sara, quien había escuchado todo lo que la niña había dicho.

― Espere, el señor Turner dijo tres horas y...―trató de explicarse Mónica, con una cara confusa.

― Y yo digo adiós. ―respondió la misma con una sonrisa cínica― No te preocupes, te pagaremos por las tres horas de todas formas.

La mujer se puso de pie enojada por la actitud de Sara, besó a Lizzie en la mejilla y se fue ofendida. La estudiante levantó una ceja y se limpió las lágrimas, mirando a la novia de su papá con curiosidad y casi en shock.

― ¿Por qué hiciste eso? ―preguntó sin agresividad, sino con duda.

― Quieres ir a la tonta firma, ¿No? ―preguntó, casi burlándose de ella.

― Ve por tu abrigo, vamos a Central Park. ―le dijo Sara rodando los ojos y tomando su cartera desde una silla.

― ¿Por qué? ―insistió, cruzándose de brazos. No confiaba en ella, era demasiado...Sara, ¿Por qué estaba haciendo eso?, ¿Por qué ser dulce con ella?, ¿Acaso era una trampa?, ¿Estaba su padre mirándola?, ¿Había alguna cámara escondida en algún lado?

― Quiero que nos dejes en paz a mí y a tu padre, y que seas buena conmigo. En otras palabras, yo te doy lo que quieres, y tu me das lo que yo quiero. ―respondió con simpleza.

― ¿Inmunidad diplomática?

― Algo así. Ve por tu abrigo y salgamos. Ah, y no te olvides: nada de esto a Cole.

En el Steve's pages en Central Park, había una larga fila detenida afuera. Phoebe estaba sentada en una oficina, por lo que la gente esperaba afuera y podía verla solamente cuando entraba; no era la idea, al principio ella estaba en la mitad de la librería pero la gente comenzó a llegar y llegar, por lo que tuvo que cambiar de lugar para que más gente pudiera esperar adentro y no afuera de la librería.

― Gracias por venir, significa mucho. ―dijo besando la mejilla de un fan quien se tomó una foto con ella y se fue con su autógrafo.

Otra persona entró emocionada y ella le sonrió ampliamente, actuando por supuesto. Estaba cansada, necesitaba un café, y dormir.

― ¡Hola!, soy tu fan número uno...

Phoebe asentía y sonreía. Le gustaba saber cuanto la quería el público y se sentía bien al ser una influencia positiva en ellos. Si no estuviera tan cansada, las cosas podrían ser mucho mejores.

― Gracias por venir, significa mucho. ―dijo después de oír todos los dulces comentarios que la mujer le había dado y haberle respondido algo amable al respecto.

La mujer se fue y Phoebe llamó a Jason, quien estaba sentado en una esquina cerca de la puerta.

― Necesito ir al baño, y agua. ―le explicó masajeándose las sienes, estaba exhausta.

― De acuerdo, pero apúrate, la gente espera. Voy a llamar al chofer para ver lo de la limusina. Vuelvo en seguida.

La chica asintió y abrió la puerta junto al escritorio, agradecía que el gerente tuviese un baño privado, por lo que no tenía que salir de la oficina y caminar entre toda la gente para poder llegar a él. No tenía idea cómo podía ser tan famosa en tan poco tiempo, quizás toda la propaganda que Jason había hecho y lo importante que era el canal en el que estaba trabajando eran una buena respuesta a su pregunta. Trató de lavarse la cara, hasta que recordó que eso significaría más maquillaje y a un maquillista furioso por el hecho, por lo cual se abstuvo.

― Puedes hacer esto, vamos, sé fuerte. ―se dijo a sí misma― Has visitado todos los estados, éste es el último y luego regresas a casa, puedes hacerlo.

Sonrió, lista para mantener su cara dulce y amable para el público, también dándose algo de fuerza antes de volver a sentarse en su escritorio.

― Siguiente, por favor. ―pidió al tipo detenido junto a la puerta.

Éste la abrió y una niña entró. Phoebe no la miró, ocupada firmándole su autógrafo, pero sí la escuchaba atentamente.

― ¡Hola!, Yo...bueno...yo...estoy un poco nerviosa y...oh, perdón yo, no puedo, eh...

Phoebe sonrió ante eso y miró hacia arriba. Era una niñita de unos once o trece años, bastante nerviosa. Le recordaba a sí misma y suavizó sus facciones, por alguna razón, se sentía bien en su presencia; era como si todo el cansancio y la fatiga se hubieran ido junto a su enojo y mal humor. Ahora estaba feliz, inexplicablemente contenta.

― Relájate cariño, no voy a morderte. ―bromeó, tratando de romper un poco el hielo.

Elizabeth se sonrojó y se puso a jugar con su zapato. Sabía que estabaroja, también balbuceando. Se sentía estúpida, pero feliz, como en casa. Sentía que conocía a esa mujer desde...siempre.

― Me gustaría saber si...bueno...―tosió, y trató de ser fuerte, dejar de titubear― ¿Si podrías darme una de esas cositas?

Phoebe frunció el ceño, aún divertida y se dio cuenta de que lo que la niña estaba apuntando eran las fotos de ella con un autógrafo encima, las mismas que había estado firmando todo el mes.

― ¿Un autógrafo con tu nombre, linda? ―sonrió.

― Sí...

― Claro. Y podríamos escribirle un pequeño mensaje como...―tomó el lápiz y la foto para firmar, ya había escrito una para ella pero haría otra: esta tenía que ser especial. Quería que fuera muy especial para aquella niña― Para una dulce, hermosa, encantadora y valiente chica...―decía mientras escribía― con amor, Phoebe Halliwell.

Le extendió la fotografía y en el momento en que su mano tocó la de ella, sintió un escalofrío que se convirtió en una ola de calor de inmediato, y sintió paz.

― Gracias, de verdad. ―dijo Elizabeth, lista para irse, pero tomó todo el valor que le quedaba para pedirle algo más― Espera, podrías...¿Podrías escribir mi nombre aquí?

Phoebe sonrió, esa niña definitivamente tenía algo. No sabía qué, pero lo tenía, y no quería separarse de su presencia. Aceptó, sin poder creer que se le hubiera olvidado escribir su nombre abajo e hizo un gesto con su mano para pedirle que se acercara más.

― Tengo una idea mejor. ―dijo lamiendo sus labios― ¿Quieres una foto de las dos juntas?, Podemos firmarla con nuestros nombres.

― ¿De verdad? ―preguntó la niña casi gritando y corriendo hasta pararse junto a ella, tan emocionada como nunca antes.

― ¡De verdad!, ―le aseguró Phoebe, igual de emocionada que ella― si quieres, por supuesto. ―agregó con una sonrisa cómplice.

― ¡Claro que quiero!

― Ven aquí ―le pidió Phoebe.

Elizabeth no entendió que quería, no podía acercársele más de lo que ya estaba.

― Regazo de Phoebe. ―le explicó, notando que estaba actuando un tanto extraño y que podía haber un serio malentendido en todo eso― Quise decir, lo siento. No quería incomodarte, no me malentiendas.

― No lo hice, ¿Puedo?

La mujer sonrió y asintió. Elizabeth se sentó, un poco nerviosa, temiendo ser muy pesada. Ninguna sabía opr qué actuaba así, como si se conocieran desde siempre,pero estaban felices: sentían que la pequeña herida en sus corazones ya no les dolía...por un segundo, todo era perfecto.

― Ok, sonríe para la cámara. ―pidió Phoebe, tomando su iPhone.

Elizabeth lo hizo, y Phoebe sintió que su corazón saltaba de profunda alegría y tranquilidad.

― Thomas, por favor, imprime dos copias. ―pidió a quien estaba imprimiendo imágenes de las personas que se tomaban fotos con ella,aunque ella jamás había tomado una con su propio teléfono: nunca.

El chico hizo lo que se le había pedido y ambas chicas se quedaron conversando.

― Eres muy simpática, ―dijo Lizzie― quiero decir, siempre pensé que lo eras pero...

― Entiendo. Alguna gente de la televisión pretende ser amable y buena cuando en realidad no lo es. Espero haberte no decepcionado.

― ¿Bromeas?, ¡Eres increíble!

Phoebe se rió y le despejó la carita de cabello. Sintió algo, podía ver en esa niña algo muy familiar que no lograba definir bien.

― La gente se está quejando. ―le dijo Jason desde la puerta, apuntando a la fila de fans esperando por ella.

― Lo siento. ―se disculpó Elizabeth saltando al suelo, avergonzada.

― Está bien, es mi culpa, pero la pasé muy bien. ―sonrió cálidamente, ignorando a su novio.

― ¿Ya se va? ―preguntó Jason casi sin nada de paciencia.

― Danos un minuto más por favor, amor. ―le dijo dedicándole "la mirada" y él mejor se fue, no era buena idea hacerla enojar con toda esa gente afuera.

Phoebe sonrió decepcionada, no quería decir adiós. Elizabeth en cambio,tampoco quería irse pero se sentía bien.

― Voy a firmar tu foto, pero tienes que firmar la mía. ―dijo Phoebe, tomando las dos copias que Thomas le había pasado― Gracias.

― ¿En serio? ―preguntó abriendo sus ojitos ampliamente, sonriendo de la misma forma.

― ¡Claro!, toma, aquí tienes un lápiz.

Phoebe la miraba escribir un mensaje que no la dejaba ver, y sonrió. La niña alegraba su corazón, era extraño, pero asombroso. La curiosidad de saber qué estaba escribiendo la carcomía, pero sabía que tenía que esperar hasta el final para poder ver.

― Toma. ―le dijo la pequeña, entregándole foto y lápiz.

― Gracias. ―sonrió, escribiendo en la otra― ¿Cuál es tu nombre, cariño?

― Me llamo Elizabeth.

― Entonces, para Elizabeth...¿Elizabeth cuanto?

― Turner. Elizabeth Turner. Doce años nacida el 15 de marzo de 1999 en Houston, Texas. ―respondió bromeando.

― ¿Qu...q...qué? ―preguntó Phoebe, paralizándose en el acto.

Su corazón dejó de latir y su boca se secó. Su cara cambió de sonriente a pálida y en shock. Ya no podía escribir más, sus manos tiritaban y el lugar comenzó a dar vueltas. Estaba mareada y confundida, asustada y mucho. No podía sentir sus manos o piernas, de repente, todo su cuerpo estaba dormido.

― Es una broma. Suelo mudarme mucho, así que estoy acostumbrada a dar toda es información cada veinte segundos. ―dijo Lizzie, sin notar la reacción física ni psicológica de Phoebe.

― ¿Cómo se llama tu madre? ―preguntó Phoebe con mucha seriedad, apretando sus dientes.

― Marie. Pero ella nos dejó a mi padre y a mí cuando era bebé...―le contó. No sabía por qué, nunca había compartido su historia con nadie más que con Cherry en Omaha― No pienses mal de ella, por favor. Mi papá dijo que me amaba pero no estaba lista para cuidarme. Estoy segura que ella volverá y..."

― Phoebe por favor, los fans esperan. ―dijo Jason casi furioso, golpeando la puerta para hacerla reaccinar.

― ¡Cállate! ―gritó ella de vuelta, era un momento demasiado importante como para ser interrumpido.

Elizabeth pegó un saltito, un poco asustada, ¿Por qué estaba tan enojada y estresada ahora? Y de repente, pudo ver una cara familiar acercarse a la puerta en dirección hacia ella, y se congeló.

― Señor, por favor. Hay una fila que tiene que respetar. ―dijo Jason irritado, tratando de detenerlo.

― ¡Es mi hija! ―gritó sin prestarle más atención, entrando a la oficina y empujándolo lejos de su camino.

Jason lo dejó sin quejarse, solamente porque al fin, alguien se estaba llevando a esa mocosa y dejaba a Phoebe conocer al resto. Elizabeth estaba aterrorizada, afuera, Sarah estaba tan blanca como un papel, tan sorprendida como sí misma: ninguna de las dos había esperado que algo así pudiera pasar.

Phoebe no podía moverse. Estaba en shock. Sudaba frío, temblaba y estaba mareada, incapaz de moverse o hacer nada hasta que lo vio tomarla mano de la niña y hacerla correr junto a él; bueno, la verdad, estaba casi arrastrándola por el camino. No supo como, pero logró gritar desesperadamente por un poco de ayuda.

― ¡Seguridad!, ¡Detengan a ese hombre!, ¡Tráiganla de vuelta! ―su garganta estaba seca y el aire le faltaba, pero seguía gritando, tratando de moverse― ¡Seguridad!, ¡No deje que se vayan!, ¡Cole!, ¡Elizabeth!,¡Seguridad!

Trató de detenerlos. Corrió y empujó a Jason, ya que éste estaba tratando de detenerla. Cayó al suelo, pero se paró de inmediato mientras los demás fans no podían creer qué estaban viendo. Corrió más rápido hasta alcanzar la puerta y se detuvo ahí para mirar a los dos lados: pero lo único que podía ver era multitud y gentió en todos trató de mirar con más detalle, encontrarlos, y al darse cuenta que era imposible lograrlo desde donde estaba, corrió otra vez, esta vez, hasta la calle.


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Respuesta(s) de review(s) :

ViliViry: No! no noté que Lizzie y Phoebe hacían lo mismo con la televisión! jajaj genial! Te quiero.

Daniie Armstrong: ¡Daniiie! jajaja, me da risa que las dos leen el mismo fic en dos idiomas, ¡QUE NO ES NECESARIO!