Hermano

Suigetsu no recordaba haber tenido amigos durante su infancia, nunca tuvo vecinos con los cuales saliera a jugare y cuando ingreso en la academia ninja de Kirigakue nunca fue capaz de hacer lazos de amistad con nadie. Los entrenamientos exhaustivos a los que Suigetsu se sometía al terminar la escuela casi siempre lo dejaban con muy poco tiempo para jugar con otros niños y cuando tenía la oportunidad de interactuar con los niños de la escuela o los hijos de los aldeanos estos se mostraban desconfiados y hostiles.

Sin embargo Suigetsu no se sentía solo ni aburrido. Pese a la gran diferencia de edad el y su hermano Mangetsu mantenían una muy buena relación. Cada vez que Mangetsu regresaba de una misión lo primero que hacía era dirigirse hacia su pequeño hermanito con una pequeña golosina o un regalito. Esta tradición se mantenía prácticamente desde que Mangetsu ganó su primer sueldo, pues pese a que Suigetsu no tenía memoria de ese entonces aún conservaba el muñequito de trapo que Mangetsu le dio a los pocos meses de nacer. Eran detalles pequeños pero para un niño envuelto en un mundo lleno de odio y malicia, esos pequeños detalles eran mágicos. Mangetsu no se limitaba solo a hacerle regalos a Suigetsu, sino que cuando tenía un día libre de su trabajo, Mangetsu le rogaba a su madre que le diera tiempo libre a Suigetsu para que así ambos pudieran jugar un rato. La matriarca de la familia de Hozuki sabía que pese a lo duro que pudiera ser el mundo shinobi también debía de haber espacio para divertirse y convivir como familia, por lo rara vez veía inconveniente en que Mangetsu le quitara un día de entrenamiento a su hermanito, siempre y cuando fuera para convivir juntos. Esos días eran los mejores para Suigetsu.

Ellos dos jugaban toda clase de juegos, carreras, luchas, escondidas e incluso había veces que aprovechaban los estanques poco profundos del Bosque de Kirikague para nadar y chapotear.

También en los días calurosos Mangetsu solía llevar a Suigetsu a comer helado o gelatinas frías. Pese a lo prejuiciosos y violentos que pudieran ser los habitantes de Kirigakue contra los miembros del clan Hozuki la mayoría preferían alejarse de una confrontación directa con el cada vez más poderoso Mangetsu Hozuki, en especial después de que se difundiera la noticia de cómo la madre de este prodigio había matado a sangre fría a un shinobi que trato de asesinar a su hijo. Eso permitía que los dos hermanos pudieran salir a comer golosinas casi sin ningún problema. Una vez dentro de la tienda de la heladería Mangetsu le daba la oportunidad a Suigetsu de comer todo lo que quisiera, siempre y cuando los caprichos de su hermano no rebasaran su presupuesto.

Mangetsu también le contaba a Suigetsu historias y acontecimientos acerca de los shinobi de la aldea y las misiones que emprendía constantemente. Los relatos que más le emocionaban a Suigetsu eran los relacionados con los siete espadachines de la neblina, saber sobre aquellas armas tan poderosas y extrañas, custodiadas siempre por un grupo de hombres casi invencibles le parecía increíblemente asombroso, en especial cuando su hermano le contaba que el estaba entrenando para poder unírseles en un futuro.

Suigetsu aun recordaba cuando una noche antes de dormir le hizo una pregunta a Mangetsu.

-Oye Mangetsu, ¿tu crees que yo también pueda ser un espadachín de la neblina cuando crezca?- preguntó Suigetsu a su hermano mayor.

- Por supuesto, Sui. Un día tu y yo nos convertiremos en espadachines de la neblina.-le contesto Mangetsu mientras se acostaba en su cama.

-¿Cuándo crees que pase eso?- volvió a preguntar Suigetsu.

-No se, pero yo espero que pronto.-contesto Mangetsu cansado.

-¿Y cuando es pronto?

-Cuando tu seas lo suficientemente fuerte. –respondió Mangetsu entre bostezos.-

- ¿Y cuando seré lo suficientemente fuerte?- volvió a preguntar Suigetsu.

-Algún día, algún día…