El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.
La sangre comenzó a hacerse presente de nuevo, pero ésta vez salió de su boca. Los nakamas de Alexa enmudecieron al verla tan pálida y con los ojos cerrados.
Ninguno se acercó a ella porque Buggy seguía de pie, con los brazos cruzados y mirándola. Se percató de que tenía sangre en su bota, y frunció levemente el ceño.
— Que alguien la cure y la lleve a descansar…— murmuró sentándose de nuevo en su asiento.
Uno de sus nakamas salió entre la multitud. Era bajito, de piel blanca y algo mayor.
— Yo la llevaré, al fin y al cabo soy el médico…
Se acercó a ella y la tomó en brazos. Iba a cruzar la puerta de la azotea cuando el narizón lo interrumpió.
— Cuando despierte me avisas, quiero hablar con ella.
El hombre asintió y se la llevó lo más rápido posible a una habitación para tratar sus heridas y aplicarle un diagnóstico.
De momento la tripulación siguió con la fiesta, aunque no demasiado animados, no podían dejar de mirar el charco de sangre que se había formado en el suelo.
No recordaba lo que había pasado, ni siquiera había abierto los ojos. Notaba los párpados pesados y cansados, aun así los abrió.
La luz de la ventana la cegó por un momento y sintió sus pupilas achicarse. Ya empezó a recordar todo al notar que todo el cuerpo le punzaba de manera dolorosa.
— Ay, ay, ay…— Se quejó al incorporarse en la cama. Alexa abrió los ojos cuando visualizó a un señor enfrente de la cama durmiendo en una silla, con la baba colgando. — Señor… ¡señor!
El hombre se despertó con la mirada perdida, pero se espabiló y la miró con una sonrisa.
— ¡Por fin despertaste! Llevas durmiendo cerca de dos horas.
— Auch, me duele la cara…— dijo Alexa sobándose la mejilla, que tenía un parche puesto— ¿fue usted quien me curó?
— Sí, sí…— afirmó— te llevaste muchos cortes y un golpe muy fuerte por parte del capitán— rió animado— aunque nadie manifestó su preocupación… te puedo asegurar que todos nos quedamos en vela esperando a que te despertaras.
— Espere, ¿todos? — Preguntó impresionada, pero a la vez feliz. Sus nakamas se preocupaban por ella, nunca se le había hinchado tanto el pecho de gozo.
— ¡Claro, eres nuestra compañera!
Ambos se sonrieron con una amplia sonrisa. El doctor se levanto y tomó el brazo de la pelinegra, quitándole una vía que tenía puesta a un gotero.
— Estás fuera de peligro, pero varios cristales casi te rozan venas importantes. Bebe mucha agua y no te esfuerces mucho, sino tus puntos saltarán, ¿Entendido?
— Entendido. — Dijo levantando el pulgar. — Por cierto, ¿cómo te llamas?
— Llámame… ¡Molin! — Gritó haciendo una pose absurda. Alexa se quedó a cuadros. — Ah, y hay alguien que quiere verte.
Molin salió del cuarto, cerrando la puerta con delicadeza. ¿Alguien quería verla, quién?
De todas formas, la pelinegra notó que solo llevaba ropa interior y las vendas y parches, así que se lió la manta por el cuerpo, pareciendo un gusano.
Llamaron a la puerta y entraron de sopetón. El corazón de Alexa no pudo evitar latir fuertemente y con torpeza se puso de pie para recibir a su capitán.
— ¿Qué haces levantada? Siéntate en la cama, Molin me dijo que tenías que descansar. — Dijo cruzándose de brazos.
De mientras, ella simplemente estaba en una especie de trance, en su mente sólo se repetía "Mi capitán era el que quería verme, mi capitán era el que quería verme…" todo el tiempo.
— ¿Eh, hola? — Preguntó algo fastidiado, haciendo chasquidos con sus dedos en la cara de ella— es una orden, siéntate.
— Eh… ¡Ah, sí! — Respondió saliendo de su trance y sentándose en el bordillo de la cama. Buggy puso una mueca de extrañeza y se sentó en la silla, enfrente de la cama.
"Qué chiquilla tan tonta" Pensó. Miró por un momento su cara, miraba hacia abajo y sus mejillas estaban rojas.
— Oye, ¿Yo te conozco de algo? — Le preguntó, señalándola acusadoramente. Alexa negó energéticamente.
— Cr-creo que no, mi capitán.
— ¿Seguro…?— Dijo, acercándose más a su cara. Ahora mismo Alexa parecía un tomate, y de sus orejas salía humo. Pensaba que le iba a dar un colapso.
— ¡Seguro!
El narizón encogió los hombros y volvió a su sitio, no muy convencido.
— ¿No estás enfadada?
La pelinegra abrió los ojos.
— No… ¿por qué?
— Te pegué una patada en la cara— dijo, algo exasperado— ¡ese es un buen motivo para enfadarse!
Alexa ladeó la cabeza, con los ojos entrecerrados. Es cierto que la había pegado, pero no estaba enfadada. Tendría que haber algún motivo para haberlo hecho.
— No lo estoy, pero algún motivo tendría que haber tenido— dijo, bajando la mirada— no va a pegar a la gente así porque sí.
Buggy sudó frío. Sí, sí que había pegado por pegar muchas veces, pero esta no era una de ellas.
— ¿Y qué te crees, que te lo voy a decir? — Preguntó saltando de la silla y colocando sus manos en la cintura. — ¿Quién soy, eh?
Le mandó a Alexa una mirada escalofriante, pero ella igualmente se levantó, poniéndose de pie en la cama y haciendo el saludo militar.
— ¡El capitán Buggy, señor! — Exclamó, emocionada.
— Me alegro de que hayas pillado el ritmo tan rápido. — Se sentó de nuevo en la silla y obligó a Alexa a sentarse en la cama para que no se esforzara mucho. — ¿Cómo acabaste así de herida, qué fue lo que hizo esa ladrona?
A Buggy no es que le interesase mucho como hubiera acabado su tripulante; lo que quería saber es que si la chica pelirroja tenía alguna akuma no mi poderosa para intentar recuperar el mapa para ir a Grand Line y salir por patas del pueblucho. La pelinegra se cruzó de brazos, pensativa.
— Me tiró una botella de cristal al suelo y no pude frenar a tiempo.
La vergüenza que sentía era horrible, porque además de haber acabado tan malherida, terminó cayendo en un truco bastante esquivable y tonto.
— Después me saqué varios cristales y Mohji me encontró.
— Ah, qué susto— suspiró aliviado— entonces no tiene ninguna habilidad reseñable, será fácil recuperar el mapa.
Y después de eso se fue con una sonrisa del cuarto, riéndose a carcajadas y sin despedirse de Alexa.
— Ay, está loquito, pero me encanta— se confesó a sí misma, con la cara roja y una sonrisilla de enamorada.
Se tumbó de nuevo en la cama, con cuidado de no hacerse daño, hasta que escuchó que alguien correteaba afuera y gritaba a todo pulmón su nombre.
— ¡ALE-CHANNNN!
Mohji apareció y se agarró al marco de la puerta, con cascaditas en sus ojos y flujo nasal en su nariz. Parecía bastante desesperado. Desde ya, se notaba que Mohji iba detrás de Alexa, y le afectó mucho verla en el estado en el que estaba.
— Ale-chan Ale-chan Ale-chan…— Repetía su nombre mientras se agachaba frente a la cama y lloraba todo morado.
"¿Ale-chan?" Rió ella mentalmente. Nadie nunca la había llamado así.
— Oh Mohji, deja de llorar— rió— estoy bien.
— ¡Pero Molin me dijo que perdiste mucha sangre!
— Y para eso me recomendó beber mucha agua— dejó caer como quien no quiere la cosa. En seguida Mohji fue al baño y trajo un vaso de agua bien lleno.
— ¡Aquí tienes!
— Gracias— tomó el vaso y bebió el agua, para después dejar el recipiente vacío en una mesita. Mohji rebuscó algo que tenía guardado detrás suyo, y para Alexa no pasó desapercibido.
— Ale-chan… tu bolso— Mohji le entregó el bolso y de ellos salieron los ratoncitos— ellos también estuvieron preocupados.
Alexa sonrió y los acarició uno a uno.
— Ah, también está tu vestido, pero…
Rebuscó en su bolso la prenda. Estaba prácticamente hecha trozos.
— Algunos nakamas lavaron el vestido y quedó limpio, pero inservible.
No pudo evitar sujetar el traje contra su pecho y oler el aroma tan agradable que desprendía. Qué pena que estuviera roto, aunque el vestido tenía sus años ya.
— Muchas gracias a todos — sus ojos estaban húmedos, pero en su rostro se reflejaba la felicidad— es bueno tener camaradas y amigos.
Mohji se rascó la mejilla, avergonzado y algo sonrojado.
— De nada. Yo vuelvo arriba Ale-chan.
— ¡Espera! — Le pidió— Yo también quiero ir. Ya estoy recuperada, en serio.
El domador torció la boca y dudó. ¿Debería hacerle caso?
— ¿Seguro que te sientes fuerte?
— Sí, solo necesito comer un poco y me encontraré mejor.
— Está bien.
Alexa prácticamente saltó de la cama y echó a Mohji del cuarto, dando un portazo.
— Voy a ponerme algo, un segundo.
Él suspiró y se cruzó de brazos. A veces las mujeres eran mujeres. Esperaba que no tardase demasiado.
Después de unos minutos Alexa salió con una camiseta blanca y grande con unos pantalones de igual tamaño, pero negros. Siempre acompañada de su bolsita.
— ¡Vamos Mohji!
Alexa se alejó de él gracias a los trotes que daba y llegó antes a la azotea.
Todos estaban de farra y de fiesta, como siempre, haciendo acrobacias, chistes, tonterías, comiendo y bebiendo, pero el ambiente se cortó cuando vieron a Alexa vivita y coleando entrando por la puerta.
— ¡Alexa, estás de una pieza!
Todos empezaron a reír, incluida la pelinegra y Mohji, que entró después que ella. Varios nakamas se acercaron a ella.
— Nos alegra que estés bien. ¡En serio! — Dijeron los Superhumanos Domingos a la vez. Alexa hizo una leve reverencia a los chicos.
— Todo gracias a ustedes.
Casi todos sus nakamas la felicitaron por estar bien. Después Alexa cogió un plato de comida y se sentó al lado del asiento de su capitán, todavía no tenía suficientes fuerzas como para estar de pie entre tantos empujones y jaleos.
Después de unos minutos Buggy hizo su aparición estelar, saludó a la tripulación y se sentó en su pequeño trono.
— ¿Ya estás bien, chiquilla? — Le preguntó. Oh sí, ahora sí que estaba bien.
— Sí, sólo necesito estar un rato lejos, hay mucho ruido y me marea.
Mohji y Cabaji se posaron al lado del capitán, como buenos camaradas. Aunque Alexa tenía su dudilla de eso, no sabían si estaban ambos por conveniencia.
La pelinegra siguió comiendo en silencio y cuando terminó dejó su plato vacío al lado suyo.
No creía posible que se hubiera convertido en pirata, cada vez que lo pensaba se le hacía completamente absurdo.
Ya había sufrido sus heridas de guerra, y más que iba a sufrir si quería proteger y servir a su capitán. Lo que le preocupaba era no poder ser capaz de hacerlo, así que tendría que entrenar cada día.
No soportaba la idea de que Buggy la echara de la tripulación por inútil.
La fiesta continuó divertida, y hasta algunos invitaron a Alexa a bailar (todos con cara pervertida) pero ella los rechazaba debido a sus heridas.
La música paró y los hombres se pusieron en alarma. Un chico de piel tostada vino corriendo hasta la azotea, muy apresurado.
— ¿Qué ocurre? — Preguntó Buggy hastiado.
— ¡L-la ladrona ha venido, por sí sola! — Informó.
Varios exclamaron un "Oh" de sorpresa.
— ¿Qué ha venido aquí por sí sola…?
— ¡Sí, y trae a su capitán!
Buggy sonrió siniestramente y acabó por apoyar su mano en el reposabrazos, repiqueteando sus dedos nerviosamente.
— Traedla.
Alexa no pudo evitar levantarse con sorpresa. Ese asunto no le olía bien.
— ¡Eh, es él, el que cayó del cielo!
¿El que cayó del cielo?
La chica pelirroja entró detrás de un chico pelinegro con un sombrero de paja. Tenía cara de no saber qué es lo que hacía allí.
La mujer lo tiró al suelo de un empujón, para sorpresa de todos.
— ¡Capitán, capturé el ladrón para usted! Y además, aquí tiene su mapa.
Ella alzó la mano ante Buggy, mostrando el papelejo.
Por un momento, ella y Alexa cruzaron miradas. La pelirroja enmudeció por un segundo al ver que estaba llena de vendas, aunque también se sintió aliviada, no le había hecho algo peor. No quería ser como un pirata.
— ¿¡Quéeeee!? — Se revolvió el chaval en el suelo, ganándose la atención de todos— ¡Me has engañado!
La pelirroja no le hizo caso y siguió hablando con Buggy.
— Gracias… pero, ¿Por qué? — Preguntó con una sonrisa insana.
— Me enfadé con mi jefe, ¡Así que ahora quiero unirme a ti!
Todos, absolutamente TODOS, se quedaron con la boca entreabierta.
— ¿Qué? — Musitó el narizón, con los ojos abiertos como platos. Pero inmediatamente cambió esa expresión por una sonrisa y varias carcajadas. — ¡Qué bien, eres interesante, te acepto en mi banda!
Otra vez se quedaron con la cara a cuadros. Las picadas de su capitán eran curiosas.
"Qué bien, así podré robar los tesoros y el mapa… saldré de la ciudad en cuanto lo haya hecho" Pensaba la chica, sacando la lengua juguetonamente.
De mientras, encerraron al chico del sombrero de paja en una jaula, mientras refunfuñaba algo entre dientes.
Alexa no podía evitar mirar con dureza a la pelirroja, era inevitable, le guardaba un rencor muy grande. Se fue a sentar a un rincón a solas, mientras daba de comer a sus pequeñas mascotas.
— ¡Hemos recuperado el mapa y tenemos una nueva nakama! ¡Bebamos por ello! — Gritó su capitán a lo lejos.
— ¡FIESTA!
No pudo evitar rodar los ojos. ¿No era obvio que la pelirroja les estaba tomando el pelo?
Suspiró y siguió dándoles miguitas de pan a sus ratones.
Podía escuchar de fondo cómo su capitán alentaba a la tal "Nami" a que bebiera más de la cuenta. Aunque a quien más escuchaba era al chico que estaba entre rejas, y no precisamente por su voz, sino por sus tripas.
Vio que Nami se acercaba a la jaula y se ponía a hablar con él.
— ¿Qué tal, jefe?
El chico gruñó.
— ¡Tengo hambre, sácame de aquí!
— Oh…— Fingió desinterés.
— Tráeme comida aunque sea.
Nami suspiró y fue a buscarle comida por algún lado. Ya tenía hambre y acababan de comer un tentempié hace poco.
Buscó entre las mesas, pero ya no quedaba nada. Se rascó la nuca, a ver qué hacía ahora.
Nami visualizó entre sus "nakamas" y vio a Alexa, que tenía una barra de pan en su regazo.
Se acercó a ella, pero la pelinegra se encogió un poco en su asiento.
— Hola— la saludó, agachándose— Me alegro de que no te haya pasado nada malo— le dijo con una sonrisa forzada y alguna que otra gota de sudor encima. No era difícil socializar con esto. — Escucha, necesito comida y parece que tú eres la única que tiene un poco. Si fueras tan amable…— intentó persuadirla mientras que su mano se acercaba poco a poco al pan, pero Alexa la interceptó rápido y le dio un manotazo en el dorso de la mano, haciendo que la retirara rápidamente.
— Vete.
Alexa había sonado fría, y Nami fingió otra sonrisa.
— Venga, tú sola no te vas a comer todo este pan.
— Sé lo que te traes— la interrumpió— a mí no me engañas.
La pelirroja dejó de sonreír e intentó coger el pan de una vez por todas, pero Alexa lo retiró a tiempo, saliendo airosa.
— Al parecer no eres tan buena ladrona.
— Deja de vacilarme, niñita. — Dijo enfadada.
Alexa miró por un momento a la jaula. Ese chaval las estaba mirando inexpresivo mientras su estómago rugía como el propio Richie. Sintió un poco de pena, se notaba que esos dos eran amigos.
La pelinegra le tendió el pan a Nami, para sorpresa de esta.
— Dile que coma despacio; me parece que todas las reservas de comida se terminaron.
Nami no pudo evitar sonreír de verdad.
— ¡Gracias!
Intentó darle un pequeño abrazo, pero Alexa la apartó con sus manos.
— Aún no te he perdonado. Dale de comer ya, que parece que se va a morir.
La pelirroja se levantó y le dio la barra de pan al chico, que se la comió de un plumazo.
"Mira que le dije que comiera despacio" Pensó, con una gota cayendo sobre su sien. Se alertó un poco cuando vio que Buggy se acercaba tras Nami, algo borracho y con una jarra llena de alcohol en la mano.
— ¡BUAJAJAJA! ¿A veces no te puedes fiar ni de tus propios nakamas, eh?
— Ella no es mi nakama.
— Ya claro, eso lo dices ahora porque te ha traicionado— le reclamó el narizón con una sonrisa traviesa en el rostro. Alexa sonrió por eso y se levantó de la esquina seguida de sus ratones. — Has cometido un crimen grave, y ya sé qué voy a hacer contigo.
— ¿Vas a dejar que me vaya? — Preguntó inocente, pero inexpresivo.
— Sí claro… ¡Pero al infierno!
La tripulación entera comenzó a carcajearse del chaval y a señalarlo con el dedo.
— ¡Preparad la "Bala Especial Buggy"!
— ¡Sí, señor!
Alexa no pudo evitar sentir un dolor en el pecho. ¿En realidad iba a matarlo, a volarlo por los aires?
— Mi capitán…— Se dirigió hacia Buggy, quien captó su atención— ¿Es necesario hacer esto? Digo… volarlo, ya sabe…
— ¡Claro que es más que necesario, pequeña! — Exclamó carcajeándose mientras miraba cómo sus hombres preparaban el cañón.
— Pero capitán… yo… ¿por qué no lo dejamos libre? — Sugirió.
— ¿¡Qué!? ¿¡Libre!? ¿¡Estás loca!? — Gritó llevándose las manos a los oídos mientras ponía cara de horror— ¡Nos intentó quitar el mapa para ir a Grand Line! No se va a escapar sin una reprimenda.
Alexa intentó replicar un poco más pero alguien la agarró de la muñeca y la alejó de Buggy.
— ¿¡Qué haces, estás majara!? ¿¡Quieres que te mande a volar a ti también!?
Cabaji sonaba duro, pero era lo que Alexa necesitaba. Todavía no comprendía cómo funcionaban las cosas en el mundo pirata, y más en aquella tripulación. Todos estaban insanos.
— ¡Claro que no quiero que me mande a volar!
— ¡Entonces cállate y observa, tonta!
Alexa no pudo evitar pegarle un empujón a Cabaji, dejando al segundo con la boca abierta.
— ¡No me llames tonta, maldito estúpido engreído!
En ese momento, la bala de demostración estalló, destruyendo una hilera de casas, pero ninguno de los dos le prestó atención.
— ¡Está bien, pues ojalá te vuele por los aires, me alegraré!
Cabaji se fue insultando por lo bajo, dejando sola a Alexa, mientras que de fondo Buggy y Nami discutían acaloradamente sobre si disparar al chico o no.
— ¡Mátale, mátale, mátale! — Gritaban los chicos, alentando a Nami.
Alexa se giró, con el corazón encogido y mirando a la pelirroja.
— ¡Venga Nami, que no pare la fiesta!
El chico de la jaula no paraba de mirar a la chica, y viceversa.
— Estás temblando — le dijo— no haberte unido a los piratas.
— ¿Preparada para matar a alguien así, eso es ser un pirata? — Preguntó, sonriendo escuetamente.
— ¡No! — Exclamó el chico. — Si estás preparada para arriesgar tu propia vida.
La pelinegra abrió los ojos y apretó sus puños. Qué santa razón tenía aquel hombre.
Uno de sus nakamas se acercó a Nami y encendió una cerilla.
— ¡Venga Nami, sólo tienes que encenderlo… lo acercas a la mecha y…!
Antes de que pudiera hacer nada, la mujer sacó de su pierna tres varas que se convirtieron en una sola, y golpeó a su nakama.
— ¿¡QUUUUÉEEE!? — Gritaron todos. La pequeña domadora se llevó las manos a la boca. Es que sabía que iba a hacer algo poco cuerdo…
Nami se quedó estática, analizando lo que había hecho.
— ¿¡QUÉ SIGNIFICA ESTO NAMI!? ¡YA ESTABA A PUNTO DE DEJARTE ENTRAR EN LA BANDA!
Buggy lucía más furioso que nunca.
¿Por qué tuvo que provocarlo?
No pudo evitar llevarse las manos a la frente. Esto significaba la guerra.
¡Hola chicos! Espero que se lo hayan pasado bien con éste capítulo. Pronto comenzaremos con los momentos en los que no se sabe nada de la banda de Buggy, y ahí sí que se me correrá la imaginación, jaja. Este capítulo va dedicado a Buggy (sí...) porque el 8 de agosto fue su cumple. Bien, nos vemos pronto.
