Aclaraciones: Padma Patil en los libros es Ravenclaw y prefecta, así que en mi fic igual (en las películas las dos gemelas son Gryffindors, eeen fin). Lisa Turpin es Ravenclaw y un personaje del libro, Mónica Goodey es un personaje inventado por mí (me iba bien tenerla cerca en esos momentos, no me culpéis)


Las Seis Maravillas

De nuevo estaba nevando. Su suspiro empañó el frío cristal de la habitación y salió de ella todavía poniéndose la tupida túnica de invierno. Al salir de la Sala Común, chocó con un grupo de Ravenclaws que esperaba en la entrada. No recordaba haber afirmado aquel pacto del principio.

—¿Cho?

—Decidí por mi cuenta acompañarte durante el trayecto de tu Sala Común al Gran Comedor, me preocupa la reacción general de los Slytherins... Únicamente será hoy, tranquila, se necesita observar la actuación de las Serpientes.

—¿Puedes venir un momento? —comentó, hastiada.

Cho asintió y dirigió una mirada de complicidad a sus amigas. Inmediatamente se adelantaron unos metros y dejaron a las dos jóvenes conversar más atrás.

—No es necesario, de verdad. Tú misma observaste a Parkinson cuando se alejó de la enfermería. Si quieres ahora mismo te doy la dirección de los Weasley, pero...

—No hace falta, Ginny se puso en contacto conmigo ayer por la noche.

Hermione alzó una ceja, sorprendida ¿Ginny envió una lechuza a la asiática y a ella no?

—Verás, cuando enviaba a la lechuza diciéndole a ésta simplemente "Ginevra Weasley, la Madriguera", creía que la carta no llegaba a su destinataria porque no me contestaba nadie así que pensé que preguntándote a ti dónde estaba le llegaría. Me explicó que no podía utilizar a la lechuza de su familia, Errol, por las ventiscas ya que se desorientaba con facilidad y que Pigwidgeon se había quedado en la lechucería de Hogwarts, por lo tanto Ginny tuvo que esperar a llegar a Londres, al Caldero Chorreante... Como sea, me pidió entregarte esta carta, ya de paso.

Hermione sujetó el delicado papel entre sus dedos y una boba sonrisa surgió en su rostro al leer en el sobre "Lo siento, he hecho lo que he podido para que te llegara lo antes posible", sin embargo, la sonrisa se esfumó al comprobar que el sello estaba roto (y le enrabiaba más porque sabía que era muy fácil sellarlo de nuevo con magia) y la frase característica de que la carta había sido inspeccionada y aprobada por la Suma Inquisidora de Hogwarts, Dolores Umbridge.

Resoplando con fuerza, Hermione se guardó la carta en el bolsillo al tiempo que se ponía a bajar las escaleras. Aquella mujer ya era capaz de levantar oleadas de odio hiciera lo que hiciera.

—¿Puedo preguntarte sobre Parkinson? —inquirió Cho, siguiéndola un escalón más atrás.

—No sé nada de ella —cortó, acariciando la barandilla de piedra a medida que descendía por la escalera.

—Me refería al incidente que tuviste con las Slytherins de cuarto... Y que provocó un duelo entre tú y ella.

Hermione tragó saliva y aclaró su garganta con delicadeza para retomar la compostura.

—Preferiría que no me lo recordaras... Te comenté que estaba olvidado y que Parkinson no me retó a un duelo por es-

—¿Por qué no pediste refuerzos en las dos ocasiones?

—Mira, las gané. Yo sola, no necesité la ayuda de nadie e incluso Parkinson tuvo que pararme —al recibir una mirada de Cho, prosiguió:—. Y me paró el brazo, no a base de hechizos.

—¡Lo sé! Únicamente deseo que comprendas que si hubieras estado con una sola persona más, no habrían utilizado la fuerza física. Y si ahora vuelven a atacar con hechizos ya estarán más preparadas, no te pido que estés en nuestro grupo, sólo una persona a tu lado...Una.

—Pocas personas quiero a mi lado y todas ellas están disfrutando de las vacaciones. Si vas a molestarme de ésta forma todo el recorrido, prefiero que te adelantes.

—¿Y Ginny Weasley está entre ellas?

—Por supuesto.

Cho asintió con la cabeza y decidió guardar silencio para evitar una discusión. Menudo temperamento tenía la Leona.

Siguieron andando bajo la tenue luz blanquecina que se colaba por los ventanales del castillo con un silencio digno de la biblioteca. Justo tocaron el último escalón de las largas escaleras cuando las puertas de las mazmorras se abrieron de par en par.

—Vaya, vaya, una nueva pareja se ha formado en Hogwarts —rió Pansy.

Las jóvenes que abusaron físicamente de Hermione aparecieron a sus espaldas, divertidas.

—Pareja a la que deberías reverenciar y mostrar respeto en cuánto la vieras pasar, Parkinson —contestó Cho sin parar de caminar.

—Más quisieras, Chang.

Las amigas de la Ravenclaw dirigieron sus miradas amenazantes a las Slytherins, gesto que devolvieron las Serpientes, y los dos grupos cruzaron el portón del Gran Comedor chasqueando las lenguas por la inevitable tensión.

—¿Necesitas ayuda, Granger? Y yo que creía que eras taaan independiente...

—Somos sus amigas, lagartija —contestó Lisa Turpin. Ésta esbozó una sonrisa a Hermione.

—Creía que no tenías suficiente dinero para comprarte unas.

El coro de risas alertó a los alumnos que en esos momentos desayunaban con calma. Todos miraron extrañados a los dos grupos ¿Ravenclaws y Slytherins discutiendo sin motivo? Al discernir a una Gryffindor molesta, entendieron la situación.

Ambos grupos se separaron, al igual que Hermione, para desayunar con tranquilidad. Granger empezaba a estar harta de estas navidades sin sus amigos, ¿debería suplicarles volver? No... No quería estropearles las vacaciones.

Bebió zumo de arándanos y jugueteó entre sus dedos la ansiada carta de Ginny. Abrió el sobre sin miramientos:

"Hey, 'mione,

Te escribí una carta contándote mi aburrida vida cotidiana para poder hablar con una fémina que no fuera mi madre y esperé ansiosa tu contestación... Pero lo único que recibí fue mi sobre sin abrir, una carta de tus padres enviada por una lechuza desconocida diciéndome que Errol se había equivocado y, encima, tuvimos que ir a buscar a nuestra ave a la lechucería de Londres porque se había desmayado por el esfuerzo. Maravillosas noticias, ¿verdad?

Tardé en ponerme en contacto contigo porque (aparte del inconveniente de no saber cómo enviarte la carta) estuve intentando convencer a mi madre para que me dejara volver a Hogwarts antes de que empezaran las clases y así darte las buenas noticias en la nueva carta, aunque fue peor que faltar el respeto a un centauro (¿tú sabías que mi madre conocía un hechizo que te hacía estar pegada en el techo durante horas? Porque yo lo descubrí a las malas, y no, no fue muy agradable teniendo a dos, más bien tres hermanos tirándote comida desde el suelo). Por cierto, te regalé por adelantado el libro ya que creía que no podría verte antes de Navidad y prefería dártelo en persona, pero visto lo visto tampoco ha sido una jugada muy útil.

No llores de felicidad, pronto estaré allí.

PD: No te asustes cuando aúlle tu nombre a pleno pulmón.

Besos,

Ginny. "

—¡MioOoOone! ¡Ya estoy en casaaa!

Hermione se atragantó con el zumo al asustarse por el aullido. Giró la cabeza alarmada y vio correr hacia ella a Ginny, quien no paraba de reír a carcajadas y de saltar cuando derribó a su amiga de un abrazo.

—¡10 puntos para Ginny Weasley! —vociferó la joven, achuchándola.

—Ginny, haz el favor de no llamar tanto la atención...

—Oh vamos, 'mione, sé que echabas de menos a tu compañera de batallas.

La bruja se sentó a su lado y devoró con ansia los pequeños pasteles de chocolate entre murmullos de "Tanto tiempo sin comeros...", "Sois una deliciosa bendición...".

—Chang me lo dijo por carta —añadió segundo más tarde de beberse el zumo de Hermione—. Me llegaron más de cinco cartas suplicándome que volviera a Hogwarts para estar contigo, no sabes tú el estrés que tenía por no poder enviarle una contestación. Hasta mi madre se preguntaba quién demonios me enviaba tantas cartas en tan poco tiempo, supongo que no le hacía gracia que las lechuzas se le acumularan en la cocina.

—¡¿Qué?! —la rabia de sus ojos fue directa a la mesa de Ravenclaw, a Cho, que desvió la mirada para conversar con una amiga de su Casa—. Estoy perfectamente bien, gracias. —refunfuñó la castaña sin creerse la traición de ambas.

—Ya, sí, lo sé, tan bien que Parkinson te retó a un duelo y un grupo de cuarto te pateó el culo literalmente. Pero admito que reí cuando me explicó la de hechizos que utilizaste contra ellas. Fue maravilloso leerlo.

—Pero q-

—No pasa nada, tranquila, shhh —susurró Ginny acariciando la cabellera de la mayor.

—¡Ginny!

—Sé que no necesitas protección, todo Hogwarts conoce tu habilidad en los duelos, pero no es lo mismo luchar uno contra uno o dos, que luchar uno contra cuatro o más que es el número de personas que suelen tener cada grupo de Slytherins.

—Con esa lógica, tú y yo no podemos defendernos mucho.

—Bah —replicó Ginny con un ademán de desinterés—. Primero, estamos hablando de Hermione Jean Granger y Ginevra Molly Weasley, juntas, inseparables, y aunque yo sea más patética que tú en cuanto a duelos, puedo llegar a ser una verdadera molestia para los enemigos —respiró con orgullo y se deshinchó con una risa nerviosa—. O también podemos acoplarnos con el grupo de Chang y c'est finite.

—No tienes remedio.

—Además, ¿no seria genial llamar al grupo "Las Grifo"? Ya sabes... mitad águila, mitad león, je.

Las dos Gryffindors mantuvieron la mirada; Hermione molesta y Ginny con ojitos de cordero. La mayor acabó suspirando.

—Dejémoslo...Reconozco que te eché de menos ¿Y Ron?

—Fred y George le dijeron a mamá que Ron no estaba estudiando para los exámenes y mamá apenas le deja salir de su habitación. Según ella está estudiando, según mi experiencia está durmiendo. Pobre Harry... Ahora sólo son tres personas las que juegan a quidditch en casa.

—Sospechaba que le castigarían, lo veía venir.

—No es ninguna novedad.

De golpe, escucharon un murmullo de risas estridentes. Voltearon incómodas por el ruido y contemplaron al grupo de las Slytherins retirándose de sus asientos. Parkinson, quien iba encabezando el grupo, las guió hacia el pasillo de la mesa de Gryffindor manteniendo una mirada altiva en las dos jóvenes que en esos momentos se encontraban solas. Hermione agachó la cabeza hacia su plato y, disimulando, alargó su cuerpo para alcanzar una tostada. Al regresar a su puesto inicial y mirar a un lado, el estómago de Ginny le cubrió la vista puesto que se había puesto de pie. Dirigió sus ojos a las facciones de su amiga descubriendo un notorio enfado.

—Así me gusta, perro. Levantándote para saludar a tu ama —espetó la Slytherin, regalándole una mirada maliciosa.

—Parkinson, estás molestando a los presentes. Haz el favor de irte con tu grupo —Cho apareció por el lado contrario a ellas junto con sus amigas y se cruzó de brazos esperando la acción.

—Y enfrente de vosotras podéis contemplar a un egocéntrico perro guardián que se cree un superhéroe. Si continuamos con la visita podréis observar a un ratón de campo a vuestra izquierda intentando pasar desapercibido pero, si esperáis un poco más, veréis que esa mata de pelo tiene voz. Sí, lo sé, increíble.

Ginny, de reojo, veía absolutamente todos los rostros expectantes de los alumnos; los ojos viajaban de los grupos enfrentados a Hermione. Tuvo la sensación de que la acusaban del enfrentamiento y una oleada de culpa le cubrió la mente.

—Deberías morderte la lengua si no quieres que te la mordamos nosotras —contestó Hermione, retirando el plato y levantándose.

Las carcajadas burlescas no se hicieron de esperar.

—No tengo claro si quieres callarme o besarme, Granger. Cuidado con tu subconsciente, que te delata.

Parkinson pasó por al lado de ambas y cruzó por en medio de las Ravenclaws, obligándolas a separarse. La tensión se acrecentó cuando una Slytherin tropezó con su propio pie y dejó de caminar para chillarle a una inocente Águila.

—¡¿Qué haces, inútil? Vuelves a hacerme una zancadilla y colgaré tu cabeza en la lanza de una armadura!

—¿Qué te parece culpar a tu torpeza en vez de alguien inocente, inservible despojo de basura mugrienta llena de mocos de troll con escupitajos de gigantes? —la Ravenclaw, de nombre Mónica Goodey, acabó el insulto repasando de arriba a abajo a su contrincante.

Ginny no pudo aguantar sus ruidosas carcajadas y golpeó la mesa varias veces cuando se quedó sin aire. La Slytherin empujó a la Ravenclaw contra el mueble, le agarró del cuello de la túnica y con la varita le alzó la cabeza. Su siseo fue interrumpido por el hundimiento de cuatro varitas, contando con la de la joven amenazada, por todo su cuerpo.

—Sale una sola chispa de tu varita y marcaremos de por vida tu piel. Descubrirás el porqué las Águilas obtenemos las mejores calificaciones en duelos —amenazó Cho.

El grupo de las Serpientes tardaron una milésima de segundo en prepararse. Siete varitas apuntando a cuatro personas; cuatro personas amenazando a una.

Y Hermione y Ginny enviándose miradas dubitativas entre ellas. Si decidían intervenir, ambos grupos interpretarían el gesto como la unión de las dos Leonas al grupo de las Águilas. Encogieron los hombros al leerse las mentes y nadie se movió de su posición hasta que dos varitas más se aliaron en combate desafiando a las Slytherins. Tres personas les devolvieron el desafío. Entre ellas, Parkinson.

—Poca inteligencia lidiará en vuestro cerebro si nos retáis en pleno Gran Comedor: más de un alumno habrá ido a buscar a los profesores que deben de estar haciendo la digestión en sus despachos.

—Espero, y lo comento de verdad, que te acuerdes de quién fue la primera en amenazar —replicó Hermione manteniendo la varita apuntando el pecho de Parkinson.

Con un movimiento de cabeza por parte de la mayor de las Slytherins, la joven Serpiente causante de la disputa guardó su arma a regañadientes. No obstante, las cuatro varitas se mantuvieron clavadas en el cuerpo.

—Una de las tuyas vuelve a amenazar a cualquiera de nosotras y todo tu grupo lo lamentará. Lo digo en serio, Parkinson, los Ravenclaws no nos andamos por las ramas. Y los Gryffindors tampoco —añadió, enviando una mirada significativa a las dos nuevas integrantes.

—Qué poco conoces a los Slytherins, Chang.

—Os hemos advertido —Cho empujó con una mano a la Serpiente para que se reuniera con su grupo.

Cuatro Ravenclaws y dos Gryffindors contra siete Slytherins. Ni una mirada de comprensión para los alumnos que deseaban desayunar con tranquilidad, ni un ápice de interés por los curiosos fantasmas que murmuraban apuestas sobre quién ganaría en una pelea (parecía ser que Nick Casi Decapitado y la Dama Gris reavivaron su amistad), absolutamente nada era capaz de calmar la situación. Según la mentalidad de las Ravenclaws, era necesaria aquella pausa dramática para remarcar la advertencia.

Pasó un largo y fatigoso minuto antes de que las varitas regresaran, poco a poco, a sus respectivos bolsillos, y la supuesta batalla se disipara.

—Wow, qué tensión —comentó Mónica Goodey segundos después de que las Serpientes desaparecieran por la puerta. Acarició la zona dónde se había posado la varita de la Slytherin.

—¡Y qué emocionante! —prosiguió Padma Patil.

—Está claro que aburrirnos no lo haremos —concluyó Lisa Turpin.

Ambas Gryffindors alzaron una ceja al mirarse, extrañadas y cansadas. Y pensar que aquella situación era su día a día...

Salieron del Gran Comedor y de nuevo se toparon con las jóvenes anteriores. Excepto que ahora un nuevo integrante se había unido.

—Odio a tus padres, Pansy, invitaron a los míos a tu casa de Francia para hablar sobre no se qué de tu tío Perseus y me dijeron que todavía era joven para saber de qué hablaban y ahora... ¡Y ahora tengo que estar aquí, en vacaciones! Demasiadas esperanzas tienen si creen que estudiaré en navidades, como mucho adelantaré el trabajo de pociones contigo, además que acabo de venir de la lechucería porque les he enviado a los idiotas de Crabbe y Goyle una carta para que vinier- ¿Qué miráis, estúpidas? —Malfoy infló su pecho y repasó con asco a las integrantes de aquel peculiar grupo.

—Preguntándonos...—Ginny recibió una mirada de advertencia por parte de Cho— la hora que es.

—Como me temía, sois imbéciles.

Las brujas desaparecieron del vestíbulo para evitar nuevos problemas y fueron al patio de armas a conversar. Las dos Gryffindors, a pesar de los ruegos de su nuevo grupo, regresaron a la Sala Común.

—¡Por Merlín! ¿Qué diantres les pasa hoy a todos? ¡Menuda bienvenida matutina!

Las quejas provocaron una tenue risa a Hermione.

—No trae buena suerte madrugar en vacaciones, 'mione. Iré a dormir hasta mañana... Por lo menos si hay una nueva pelea podré mantener los ojos abiertos.

—¡Pero si son las diez de la mañana!

—Soy capaz de dormir hasta las doce del del día siguiente, créeme, está comprobado. Aun así, mañana debo de levantarme temprano e ir a la biblioteca. Maldito Snape y sus deberes, siempre fastidiando a cualquier curso, ojalá alguien le regalara un anti-grasa para su pelo y se relajara un poco... ¿Te quedarás aquí todo el día? Te iría bien entablar conversación con nuestro nuevo grupo.

El chasqueo de lengua fue suficiente respuesta para la joven pelirroja. Subió volando las escaleras y Hermione abrió el libro de curiosidades dispuesta a devorarlo.

Al cabo de dos horas, la butaca le acogió con gusto cuando se durmió.